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El interaccionismo simbólico I: George Herbert Mead

 

 




Resumen

Este artículo es un sobrevuelo a las ideas de George Herbert Mead que dieron a luz al interaccionismo simbólico, uno de los movimientos sociológicos más importantes del siglo XX y el primero que fijó el foco en el individuo y su entorno social directo, inaugurando el desarrollo de la microsociología. Dado que alguno de los conceptos psicológicos, filosóficos y sociológicos que se manejan no son ni mucho menos triviales, se ha hecho un especial esfuerzo en clarificarlos, espero que sin perder rigor en el empeño.

Abstract

This article is an overview of George Herbert Mead's ideas that gave birth to symbolic interactionism, one of the most important sociological movements of the twentieth century and the first to focus on the individual and his direct social environment, inaugurating the development of microsociology. Given that some of the psychological, philosophical and sociological concepts involved are far from trivial, a special effort has been made to clarify them, hopefully without losing rigor in the endeavor.

 

Índice:

  • Introducción al Interaccionismo simbólico
  • Fuentes de Mead
  • Preponderancia de lo social en el pensamiento de Mead
  • El acto
  • El gesto
  • Símbolos significantes
  • La mente
  • El self


Introducción al Interaccionismo simbólico

Con el interaccionismo simbólico, por primera vez en la historia de la sociología, se cambia el foco. Hasta este momento los autores intentaban explicar la sociedad de una manera completa, dejando al individuo desamparado sin explicación sociológica de su función social o pasando de puntillas por ella. El interaccionismo en cambio, parte del individuo para llegar a la sociedad como agregado de las conciencias individuales de las personas. Por tanto, si parte del individuo debe acercarse necesariamente a la psicología, es esta una de sus características.

Una curiosidad inherente al interaccionismo simbólico es que es un movimiento exclusivamente norteamericano, todos los autores importantes tienen esa nacionalidad.

El interaccionismo simbólico presenta una perspectiva muy amplia. El núcleo inicial con el Mead (1), Cooley (2) y Thomas (3), que casi podríamos llamar como “preinteraccionistas”, pues el movimiento se inició a partir de ellos - sobre todo de las teorías de Mead - y no estoy seguro de que se les pueda meter en el saco interaccionista. Herbert Brummer (4) representa el interaccionismo simbólico tradicional. Erwing Goffman (5) desarrolló el enfoque dramatúrgico y Manford Khun (6) representa el enfoque científico del interaccionismo simbólico. También hay que destacar la notable influencia que tuvo sobre otras escuelas sociológicas como la fenomenología y la etnometodología.

Decíamos que las ideas John Herbert Mead fueron las que originaron el movimiento. Mead fue profesor de filosofía – sí, no de sociología – en la Universidad de Chicago entre 1894 y 1931. Si era de profesor de filosofía, ¿cómo acabó fundándose una escuela de pensamiento sociológico a partir de él?

Pues fue al estilo socrático, él daba sus clases y los alumnos tomaban apuntes, pero el profesor Mead no publicaba nada, su sistema era la transmisión oral, fueron los apuntes de los alumnos los que dejaron testimonio de sus ideas.

Al parecer, eran tan buenas y amenas sus clases que llenaba su aula de mucho público. La voz de que se impartían unas clases extraordinarias de filosofía social se corrió entre los estudiantes de doctorado de sociología de Chicago y, en ese simple acto, se produjo la transmisión del pensamiento entre las dos disciplinas.

Fue Herbert Blummer el que acuñó el término de interaccionismo simbólico, para expresar su “lectura” del pensamiento de Mead. Blummer lo resumió en tres premisas. En primer lugar, las personas actúan sobre la base de los significados de las cosas. En segundo término, los significados se transmiten y modifican mediante un proceso interpretativo y, por último, los significados surgen en la interacción entre las personas.

En este primer artículo sobre el interaccionismo simbólico nos vamos a centrar precisamente en el pensamiento de Mead.

Fuentes de Mead

Para explicar lo que pensaba Mead es necesario situarse en las fuentes que influyeron en su pensamiento. Fueron básicamente tres: el pragmatismo, el conductismo y las ideas del filósofo y sociólogo alemán Georg Simmel (7).

El pragmatismo es una doctrina filosófica que afirma que la realidad no existe fuera del mundo real. Éste se crea activamente en la medida en que los actores actúan dentro del mundo. Para los pragmáticos el conocimiento se basa en todo aquello que se ha demostrado como útil, por lo que se abandona todo aquello que no funciona de partida o que ya no funciona aunque resultara útil en el pasado, es algo así como el refrán castellano de “si funciona no lo menees”.

Las personas, siguiendo estos razonamientos, definen los objetos físicos y sociales que les rodean de acuerdo con la utilidad práctica que tienen para ellas, de esta forma, para entenderles se debe uno concentrar en lo que efectivamente hacen en el mundo, no en lo que predican, y aquí me viene a la cabeza otro dicho, esta vez sobre los curas: “haz lo que dicen, no lo que hacen”.

El conductismo también llevó a Mead por la senda del realismo y del empirismo. A los conductistas les preocupan las conductas observables de los individuos. Se centran en el proceso que empieza por un estímulo que llega al sujeto y en la respuesta que éste ofrece a ese estímulo. De esta manera analizan la conducta del individuo.

¿Y entre medias?, ¿hay algo entre estímulo y respuesta?, ¿algún tipo de proceso? Pues si lo hay no es algo que haya preocupado mucho a los conductistas, no han dado mucha importancia a los procesos que pudieran darse dentro de la mente entre el estímulo y la respuesta. A mis 61 años ya no tengo puestas las esperanzas en la especie humana, he tirado mucho de pensamiento utópico y me queda más bien poco, pero el conductismo me parece un poco reduccionista.  Esto del estímulo-respuesta puede que sea muy válido para un ratón de laboratorio, pero se me queda corto para las personas. A Mead también debía de parecerle corto pues partiendo del conductismo se dedicó al estudio de los procesos mentales.

La tercera influencia es la del gran sociólogo alemán Georg Simmel que fue el primero en fijarse en la interacción social, es decir, el proceso según el cual una persona actúa y reacciona en relación a otras personas. Esa interacción entre dos personas puede realizarse por múltiples medios como el lenguaje hablado, la vestimenta y la apariencia en general, los modales o el lenguaje corporal y gestual. Y en múltiples contextos sociales como en casa, en el trabajo, por la calle, en una situación cara a cara o en una conversación por teléfono o en un chat de WhatsApp.

Preponderancia de lo social en el pensamiento de Mead

Como punto de partida, me parece interesante señalar que para Mead la sociedad precede a la mente individual. Expresa la naturaleza social del ser humano como la imposibilidad de la persona de ser consciente y pensante sin un grupo social que le preceda.

El acto

El acto es para Mead el elemento más básico de su teoría, algo así como el átomo que la conforma. Como hemos comentado antes, creía que entre el estímulo y la respuesta hay algo intermedio, que el estímulo no provocaba una respuesta automática del actor humano. Definía al estímulo como una oportunidad para actuar, no como un mandato o una compulsión.

Mead decía que el acto, esa unidad de acción del actor, tenía cinco fases. En primer lugar, el impulso, que definía como un estímulo sensorial inmediato. El ejemplo que ponía era el hambre. En mi caso, Mead tenía la guerra perdida con los conductistas, pues yo cuando tengo hambre como, con unas consecuencias nefastas para mi volumen y peso; pero hay humanos más responsables que yo, que pueden contener su hambre y esperar a comer en un momento más propicio.

La segunda fase es la percepción. El actor humano percibe el estímulo y busca entre sus imágenes mentales cuales pueden representar la respuesta más adecuada.

La tercera es la fase de la manipulación. Tras la recepción del estímulo y la percepción del objeto que representa, llega la manipulación del mismo, es decir, qué acciones emprende la persona con el objeto. Mead contemplaba esta fase como una pausa temporal, un retardo. El ejemplo que ponía era una persona en el bosque ante una seta, por mucha hambre que tenga, no se la come inmediatamente, sino que la ojea intentando vislumbrar si es venenosa o no. Aquí tengo que decir que yo no me comería la seta, mi compulsión estímulo-respuesta en cuanto a la comida, se reduce al ámbito de mi nevera, lo que deja claro lo que destacaba Mead que es la importancia del entorno en la toma de la decisión.

Cuando te comes o no la seta es la última fase del acto, la consumación, que es la respuesta efectiva al estímulo original.

Aunque el hecho de describir el acto en fases da la impresión de que existe una secuencialidad entre ellas, Mead afirmaba que había una relación dialéctica y no necesariamente una secuencia, dicho de otro modo, en algunos casos se da una relación lineal y consecutiva entre las fases, pero lo más normal es que aspectos concretos de cada fase estén presentes hasta la consumación del acto.

El gesto

Mientras el acto es individual, el acto social implica la interacción de dos o más personas. En este sentido el gesto es mecanismo básico del acto social y del proceso social. La comunicación entre personas está basada en el gesto.

El gesto está presente también en los animales, pero provoca una respuesta inmediata al estímulo que representa el propio gesto. El ejemplo que pone Mead para ilustrar esto es el ladrido de un perro, lo que provoca inmediatamente la contestación de otro perro, no hay proceso mental entre medias. Este tipo de comunicación también se da en las personas, Mead pone el ejemplo de un combate de boxeo en el que si a un púgil le dan una torta bien dada responderá – siempre que no le noqueen – con otro golpe, y ahí no hay reflexión que valga. A estos gestos que provocan respuesta inmediatas Mead las llamó gestos no significantes.

Evidentemente, los gestos que provocan un proceso mental previo a la respuesta son los gestos significantes, y son propios de las personas.

También Mead distingue entre gestos vocales y gestos físicos, en los primeros se emite un sonido y en los físicos se realiza alguna acción con el cuerpo. Ambos tipos pueden ser significantes o no significantes. Por ejemplo, un ladrido es un gesto vocal no significante, la lectura de un poema es un gesto vocal significante, yo aún diría más, es muy significante, todas las formas del lenguaje lo son.

Símbolos significantes

Bueno, vamos a dar un paso más. Un símbolo significante es a su vez un gesto significante, pero con una particularidad, el emisor y el receptor comparten el significado que hay detrás del gesto y el emisor se permite el lujo de prever la respuesta del receptor. Esto muy humano y no sólo esto, puede ser grupal. El símbolo puede ser manejado en función de la cultura de un grupo, de manera que un tercero no perteneciente a la misma cultura puede no enterarse de la comunicación.

El pensamiento humano para Mead sólo puede realizarse mediante símbolos significantes. El más importante es el lenguaje que nos sirve para comunicarnos con los demás, pero también con nosotros mismos. Para Mead el pensamiento es una conversación con uno mismo. En mi caso esta definición casa perfectamente, tengo un narrador interior, pero no sé si casa con todo el mundo, al parecer hay personas que carecen de ese narrador y piensan de otra manera más lejana del lenguaje y más próxima a la imagen mental.

Los símbolos significantes hacen posible la interacción simbólica lo que facilita el desarrollo de pautas y formas de interacción mucho más complejas de organización social que las que permitirían los gestos.

La mente

Para entender la teoría de la mente de Mead hay que empezar por entender la idea de proceso mental. Para mí, que soy ingeniero en informática, me es muy fácil comparar la idea del proceso mental con la idea de un proceso corriendo en la CPU de un ordenador.

En un ordenador, esta es una clasificación de brocha gorda, corren dos tipos de programas, las aplicaciones y los procesos. Las primeras interactúan con el usuario, de alguna manera deben proyectar resultados al exterior, en cambio, el proceso es interno, es necesario para el funcionamiento de la máquina, pero no provee de información a los usuarios. Pues trasladando el símil del ordenador a la mente podemos hacernos una idea de lo que quería expresar Mead.

Mead solía pensar en términos de procesos más que de estructuras o contenidos, de hecho, se le ha llamado con frecuencia el “filósofo de los procesos”.

Mead también analiza la mente desde una perspectiva más pragmática. Es decir, la mente está implicada en los procesos orientados hacia la resolución de problemas. El mundo real plantea problemas y la función de la mente es intentar solucionarlos, y permitir a las personas que se comporten con eficacia en el mundo.

La inteligencia es uno de esos procesos que residen en la mente, Mead la define como la adaptación mutua de los actos de los organismos. Dicho de este modo los animales tienen inteligencia, en definitiva, inteligencia irracional en la terminología de Mead. Bueno los animales y las personas, que también pueden actuar dentro de este nivel de inteligencia, de hecho, yo conozco a más de uno que apenas abandona este estado de falta de consciencia.

Pero aparte de trabajar en este nivel irracional de la inteligencia, los humanos también podemos usar la inteligencia reflexiva, es decir, la capacidad de adaptación mutua mediante el empleo de símbolos significantes. De esta manera, con este tipo de inteligencia somos capaces de inhibir temporalmente nuestras acciones en la búsqueda de una respuesta adecuada a un estímulo.

Para ello, para retrasar respuestas automáticas, la inteligencia reflexiva tiene tres componentes: organización, prueba implícita y solución final.

La organización es la capacidad de ordenar las posibles respuestas a un estímulo. La prueba implícita presupone la capacidad de elegir mentalmente, mediante una conversación con uno mismo, entre las distintas opciones de respuesta de que se dispone y, por último la selección final, cuando se produce la elección de una de las alternativas examinadas.

Otro de los procesos mentales que analiza Mead es la conciencia. Para Mead la conciencia tiene dos caras, dos capacidades. En primer lugar, es el repositorio de todo aquello a lo que sólo el actor tiene acceso y, en segundo término, como herramienta de trabajo para aplicar la inteligencia reflexiva.

Tradicionalmente se ha colocado a la conciencia en nuestro cerebro, aunque creo que en la antigüedad se colocaba en el corazón. Mead presenta cierta resistencia a colocar los procesos mentales en el cerebro, sino que tiene la tendencia a identificarlos como procesos sociales. Para Mead la conciencia debe analizarse como un fenómeno social. Algo que reside en el mundo objetivo mientras lo que reside en el cerebro es el proceso fisiológico. ¿Cómo algo subjetivo puede encontrarse en el mundo objetivo? Creo que cuando analicemos el concepto de self quedará más claro esta influencia social en la conciencia.

Así que, el concepto de Mead sobre la mente es que es un proceso, que se define como una conversación interna con nosotros mismos, que no se encuentra en el cerebro sino que es un fenómeno social que se desarrolla en sociedad mediante la experiencia. Y la sociedad no es producto de la mente, más bien justo lo contrario, es anterior a la mente. No hay mente sin sociedad.

El mundo real es un generador de problemas y la función de la mente es resolverlos o, al menos, intentarlo. Es la reacción al otro es, en última instancia, la reacción a la comunidad como un todo.




La interacción simbólica

El Self

El self es un concepto original y muy importante en la teoría de la mente de Mead. Como las otras ideas que hemos visto ya, se trata de un proceso mental que concede a la persona la capacidad de verse a sí misma como un objeto sin perder su condición de sujeto. De alguna forma nos permite vernos “desde fuera”, de experimentar lo que creemos que es la visión que tiene nuestro entorno social de nosotros mismos sin abandonar la perspectiva del “yo”.

La forma de ser sujeto y objeto al mismo tiempo se consigue en base a la reflexión o la capacidad de las personas a examinarse a sí mismas de igual manera que los otros les analizan a ella.

También, como en los casos anteriores, el self es un proceso social, de hecho, no se nace con él puesto, sino que aparece con el desarrollo de la mente y, por supuesto, Mead no lo sitúa en el cerebro, sino en el mundo de las relaciones sociales.

El self mantiene una relación dialéctica con la mente y es inseparable de ésta. Por un lado, el self nace con el desarrollo de la mente y la mente no se puede desarrollar sin el self y su proceso reflexivo. Este desarrollo se produce en dos etapas: la etapa del juego y la etapa del deporte.

En la etapa del juego, el niño adopta otros roles, juegan a ser indios y vaqueros o papás y mamás, de esta manera, el niño aprende a convertirse en objeto (“el mi”)  y sujeto (“el yo”) y comienza desarrollar su self. Aunque se trata de un self limitado pues sólo es capaz de ponerse en lugar de otros de forma limitada y en funciones y caracteres muy tasados.

En la etapa del deporte, sobre todo en los deportes de equipo, se lleva a término el desarrollo del self pues el niño tiene que ponerse en el lugar de todos los que forman parte de la interacción, tanto del equipo propio como del contrario. Tiene que saber qué harán todos los demás a fin de poder seguir con su propio juego. En esta etapa se empiezan a manifestar el concepto de organización y a perfilarse la personalidad. Aquí se presenta el origen del otro generalizado, que es un concepto que veremos un poco más adelante.

El caso es que una vez desarrollado el repositorio de experiencias sociales que implica el self, la persona está en condiciones de participar socialmente, adaptarse a las reglas y normas sociales e influir en las relaciones sociales. El self hace que las personas sean más eficientes socialmente, ya que a su través, las personas suelen hacer lo que se espera de ellas en un escenario determinado.

Bien, después de lo visto hasta ahora, hay muy poca individualidad en el self pero Mead resuelve este problema diciendo que el self de cada persona es diferente al de los demás. Los selfs comparten la misma estructura, pero la biografía de cada cual es diferente, ha nacido en el seno de familias distintas y ha recibido educaciones distintas, pero sobre todo, ha vivido experiencias diferentes.

Esos diferentes caminos vitales nos llevan directamente al concepto del otro generalizado, que representa una medida de la actitud del conjunto de la comunidad. Y ese otro generalizado es diferente para cada persona precisamente por las distintas experiencias vividas en las relaciones sociales de cada cual.

El esquema del self se completa con lo que Mead denomina fases o aspectos del self: el “yo” y el “mí”, que son procesos que se desarrollan dentro del proceso general del self.

El “yo” es la respuesta inmediata al otro, es el aspecto imprevisible de la personalidad, su parte creativa. No somos conscientes del “yo” hasta que ha actuado. Es la parte de nosotros que nos sorprende cuando reaccionamos sin controlar la respuesta y nos decimos “si yo no soy así”.

El “mí” es el conjunto de actitudes de los demás que uno asume, es la adopción del otro generalizado. La sociedad controla a la persona a través del “mí” cuando se impone al “yo”. En cierta forma, hay una lucha o oposición entre el “yo” y el “mí”, o lo que es lo mismo, entre el control social y la personalidad.


La sociedad

La sociedad tiene una importancia central para Mead, sin embargo, de manera paradójica no se explayó en una explicación general de la misma.

Para Mead la sociedad es un proceso social que es previa a la mente y al self, representa el conjunto organizado de respuestas que adopta el individuo cuando actúa el “mí”. En este sentido, las personas llevan a la sociedad a cuestas controlando sus acciones mediante la autocrítica.

Pero a poco más llega la teoría de Mead acerca de la sociedad, se centra en el enfoque microsociológico, describió como nadie hasta entonces la interacción social entre el individuo y el grupo social próximo, pero se le echa en falta un análisis general de la sociedad como el que, antes de él, realizaron Weber (8) o Durkheim (9) entre otros autores.

Dos son los puntos en los que Mead invadió el terreno teórico Macrosociológico: la familia como unidad fundamental en el seno de la sociedad y como base de unidades sociales mayores como el clan o el Estado; y las instituciones como formas organizadas de la actividad grupal o social.

Respecto a las instituciones la idea de Mead es que representan una respuesta común de la comunidad hacia el individuo en determinadas circunstancias. Al repetirse la respuesta se forma una institución. Y a partir de ese momento las instituciones acompañan al individuo y le constriñen, restringiendo sus posibles respuestas a los estímulos. El mecanismo por el que los hábitos comunes de la comunidad se internalizan en el individuo es la educación.

Eso sí, Mead pone límites. Las instituciones no destruyen la individualidad o la creatividad a pesar de que existen algunas que son opresivas, estereotipadas y ultraconservadoras como, el ejemplo es de él, la iglesia.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas

  1. George H. Mead (27 de febrero de 1863 - 26 de abril de 1931), filósofo pragmático, sociólogo y psicólogo social estadounidense. Teórico del primer conductismo social, también llamado interaccionismo simbólico en el ámbito de la ciencia de la comunicación. Nació en South Hadley, Massachusetts. Cursó estudios en varias universidades de Estados Unidos y Europa e impartió clases en la Universidad de Chicago desde 1894 hasta su muerte. Con influencias de la teoría evolutiva y la naturaleza social de la experiencia y de la conducta, recalcó la emersión del yo y de la mente dentro del orden social y en el marco del simbolismo lingüístico que usan las personas para comunicarse (interaccionismo simbólico). A partir de la crítica al conductismo de J. B. Watson denominó su propia corriente como conductismo social. Pensaba que el yo surge por un proceso social en el que el organismo se cohíbe. Esta timidez es el resultado de la interacción del organismo con su ambiente, incluyendo la comunicación con otros organismos.
  2. Charles Horton Cooley (Ann Arbor, Michigan, 1864 - 1929) fue un sociólogo estadounidense e hijo de Thomas M. Cooley, Juez del Tribunal Supremo de Michigan. Estudio y enseñó economía y sociología en la Universidad de Míchigan, además de ser un fundador de la American Sociological Association en 1905 y se convirtió en su octavo presidente en 1918.
  3. William I. Thomas (n. 13 de agosto de 1863, Russell County, Virginia - m. 5 de diciembre de 1947, lugar), sociólogo estadounidense. Conocido principalmente por su Teorema de Thomas clave en la sociología del conocimiento: "Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias". Es uno de los fundadores junto con George Herbert Mead del Interaccionismo simbólico.
  4. Herbert Blumer (nacido el 7 de marzo de 1900 en St. Louis, Missouri, fallecido el 13 de abril de 1987). Sociólogo de la Escuela de Chicago influenciado por la obra de George Herbert Mead alumno del destacado comunicador Ronnie Pintado quien presidió la American Sociological Association en 1956.
  5. Erving Goffman (11 de junio de 1922, Mannville, Alberta, Canadá - 19 de noviembre de 1982, Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos) fue un sociólogo y escritor considerado como el padre de la microsociología. Estudió las unidades mínimas de interacción entre las personas centrándose siempre en grupos reducidos. Khun
  6. Georg Simmel (Berlín, 1 de marzo de 1858 – Estrasburgo, 28 de septiembre de 1918) fue un filósofo y sociólogo alemán. Simmel formó parte de la primera generación de sociólogos alemanes: su enfoque neo-kantiano sentó las bases para antipositivismo sociológico, a través de su pregunta "¿Qué es la sociedad?" en una alusión directa a la pregunta de Kant "¿Qué es la naturaleza?", y la presentación de análisis pioneros sobre la individualidad y fragmentación social. Para Simmel, la cultura se refería a "la cultivación de los individuos a través de la acción de las formas externas que han sido objetivadas en el curso de la historia". Simmel analiza los fenómenos sociales y culturales en términos de "formas" y "contenido" con una relación transitoria; desde el contenido, y viceversa, en función del contexto. En este sentido, fue un precursor del estilo estructuralista de razonamiento en las ciencias sociales. Con su trabajo en Metrópolis, Simmel se convirtió en precursor de la sociología urbana, el interaccionismo simbólico y análisis de redes sociales.
  7. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  8. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “De cuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog.

 

Bibliografía

Hall, Peter M.: Symbolic Interaction, Encyclopedia of Sociology, Blackwell, Londres 2010

Ritzer, George: Teoría Sociológica Moderna, Mac Graw-Hill, Madrid 2001

 

Licencia Creative Commons

El Interaccionismo simbólico I: George Herbert Mead por Juan Carlos Barajas Martínez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

De Cuando la Sociología Daba sus Primeros Pasos II: Alemania



Hay una primera parte de este artículo, De cuando la Sociología Daba sus Primeros pasos, en el que se describe el desarrollo de los primeros años de la sociología y sus antecedentes inmediatos y que se circunscriben, casi en su totalidad, a Francia.  

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Antes de comenzar con este apasionante relato de los primeros tiempos de la sociología en Alemania vamos a comenzar con humor, con uno de los sketches que para mi representa la cumbre del humor universal. Un número cómico lleno de ironía y de un profundo conocimiento de la historia de la filosofía, el partido de fútbol final del mundial de los filósofos del grupo cómico británico Monty Pithon (1). Se trata de un partido entre los filósofos griegos y los alemanes. Creo que es pertinente porque vamos a hablar de más de uno de los seleccionados para el equipo de Alemania.

 

El sketch no tiene desperdicio, desde la alineación de Beckenbauer (2) hasta los halos de santos de San Agustín y Santo Tomás de Aquino que actúan como jueces de línea, pasando por la tarjeta amarilla a Nietzsche o el increíble gol de Sócrates cuando Arquímedes, al grito de ¡eureka!, descubre para qué sirve el balón. Y es que hoy vamos a hablar de varios de los seleccionados alemanes, Kant (3), Hegel (4) y Marx (5) que, en el partido de los filósofos, sale sustituyendo a Wittgenstein (6).

Mientras que los orígenes de la sociología, que como hemos dicho antes tuvieron lugar en Francia, se pueden representar por una línea coherente desde la Ilustración y la Revolución Francesa, la reacción conservadora, Saint-Simon, Comte y Durkheim. La sociología alemana, que tomó el testigo a la francesa, estuvo fragmentada desde el principio, entre la sociología de Carlos Marx y sus seguidores y la corriente principal de la sociología alemana representada por Weber (7) y Simmel (8), que se vieron influenciados por los escritos marxistas, aunque en gran parte se trató de influencia más por oposición a sus ideas que debida a la coincidencia con las mismas, de ahí lo de la fractura.

Marx

La figura de Carlos Marx ha sido y es tremendamente controvertida, no sólo por el Marx cuya ideología revolucionaria gobernó la mitad del mundo durante buena parte del siglo XX y que sigue levantando ampollas entre el personal, sino por la propia figura de Marx, ¿fue un filósofo?, ¿acaso un economista?, ¿un sociólogo?. Fijaos en que los geniales humoristas de Monty Phyton le alinean como suplente, como si ellos tampoco lo  tuvieran claro.

Para el profesor de metafísica de la UNED (9), Francisco José Martínez (10)  Marx no fue un filósofo puro, ni un economista puro, ni un sociólogo puro – de hecho él no se consideró a sí mismo nunca como sociólogo-. Lo que hizo Marx fue construir una totalidad, una descripción del mundo encajando todos esos elementos, es decir, la filosofía, la economía y la  sociología. Sin embargo, no se puede concebir la economía política ni la filosofía actuales sin la obra de Marx. Para el profesor Martínez, Marx fue el “Galileo de las ciencias sociales”.

Y en cuanto a la sociología, aunque su obra es demasiado extensa como para comprimirla en el término “sociología”, podemos encontrar una teoría sociológica en ella y existió y sigue existiendo una corriente continua en la sociología marxista, sobre todo en Europa, y ha sido siempre una inspiración para todo tipo de sociología crítica.

Hegel fue la principal influencia sobre Marx. Dos conceptos, la dialéctica y el idealismo representan la esencia de la filosofía de Hegel. La dialéctica es un modo de pensar que da importancia a los procesos, a las relaciones, a las dinámicas, los conflictos y las contradicciones. Es el discurso en el que se contrapone una determinada concepción, entendida como tesis, y la muestra de los problemas y conceptos que se oponen a ella denominada antítesis. De esta confrontación surge, en un tercer momento, la llamada síntesis, una resolución o una nueva comprensión del problema. Para Hegel se trataba de una superlógica, algo alejado de la típica relación entre la causa y el efecto. La dialéctica trascendía a la lógica, y, sin duda, es más descriptiva pero también es mucho menos formal.

Hegel, al contrario que Marx que pensaba que la dialéctica se podía aplicar a todo, sólo la creía aplicable a las ideas. Hegel era un idealista, daba más importancia  a la mente y a los procesos mentales que al mundo material, incluso expuso una teoría de la evolución histórica de la humanidad en términos idealistas cuyos cambios se producían en el nivel de la conciencia, de lo que él llamaba el espíritu de la sociedad.

Otro autor que influyó en Marx fue Feuerbach que criticó a Hegel por la excesiva importancia que concedía a la conciencia y al espíritu de la sociedad. Era más partidario de apuntar, no hacia las ideas, sino hacia la realidad material de los seres humanos, a la vida real. Sólo que Feuerbach se centró en la religión, expuso su filosofía materialista como método de superación de las religiones.

Marx recibió la influencia de Hegel y de Feuerbach pero también les criticó. Marx criticaba la adscripción de Hegel al idealismo porque conducía a un pensamiento muy conservador, ya que con esa filosofía no había necesidad de ningún cambio revolucionario, la evolución del mundo seguía su propio curso en la dirección deseada. Y Marx opinaba que los problemas reales como los que planteaba el capitalismo sólo se podían solucionar desde la acción real. Los filósofos debían dejar de explicar el mundo y debían empezar a cambiarlo. A Feuerbach le criticó que se centrara en el examen del mundo religioso, según Marx, lo que debía analizarse era el conjunto del mundo social y, en especial, la economía. Así que Marx tomó la dialéctica de Hegel y el materialismo de Feuerbach y los incorporó a su propia orientación teórica, el materialismo dialéctico (11), ese intento de explicar el mundo real dialécticamente.

Otra influencia en Marx fue el grupo de los economistas políticos como Adam Smith (12) y David Ricardo (13), sobre todo, por la premisa de que el trabajo era la fuente de la riqueza y por la descripción de los horrores del sistema capitalista. Lo que no le gustaba es que, a pesar de ser conscientes de esos males, los consideraran inevitables y aceptaran de forma general al capitalismo.

A partir de los economistas políticos construyó su teoría del valor trabajo, de acuerdo con la cual las ganancias de los capitalistas se basaban en la estratagema de pagar a los trabajadores menos de lo que merecían por el valor que realmente producían con su trabajo. En este valor añadido, retenido y reinvertido por el capitalista se basaba todo el sistema.

Marx pensaba que las personas son esencialmente productivas. Producen alimentos, ropa, herramientas y demás cosas necesarias para poder sobrevivir Y además, las personas son esencialmente sociales, necesitan producir juntas los bienes que les son necesarios. Es decir, las personas tienen un modo natural de producir. Y este modo natural ha sido subvertido por la sociedad capitalista ya que impone barreras entre el individuo y el proceso de producción en lo que él denominaba proceso de alienación, es decir, la ruptura de la interconexión natural entre las personas y lo que producen.

La alienación se produce porque el capitalismo se desarrolla dentro de un sistema de dos clases en el que unos pocos capitalistas poseen los medios de producción, los productos y el tiempo de trabajo de los trabajadores. Las personas no trabajan para sí mismas sino para otros, para unos pocos. Todo esto se consigue gracias a la estructura social del capitalismo  que tenía efectos opresivos sobre los trabajadores.

Para Marx la estructura de las sociedades se componía de dos sistemas: la infraestructura y la superestructura (14). La primera sería la base material que determina la estratificación social, el desarrollo económico y el cambio social. Es el aparato que incluye a las fuerzas productivas y a las relaciones de producción. De ella depende la superestructura que sería el conjunto de elementos de la vida que justifican un determinado tipo de organización social, por ejemplo, las formas jurídicas, políticas, artísticas, filosóficas y religiosas de un momento histórico concreto. Cada tipo de sociedad tiene su infraestructura y su superestructura y las de la sociedad capitalista tienen las suyas peculiares para mantener su peculiar orden social.

Creía que los conflictos y contradicciones del capitalismo llevarían dialécticamente a su colapso final pero no de manera inevitable, las personas deberían actuar en momentos oportunos y de manera adecuada para derrotar al capitalismo mediante la revolución y crear un nuevo tipo de sociedad igualitaria que denominó, en su estadio más utópico, como comunismo. Tipo de sociedad que no se paró a describir en detalle, pero que supondría una especie de paraíso terrenal en la que la distribución de la riqueza sería según un método que se podría describir como “a cada cual según sus necesidades”.

Por último, para completar el conjunto de influencias que recibió Marx, hay que realizar una mínima referencia al espíritu de la Revolución Francesa. Mientras los primeros sociólogos reaccionaron frente al desorden surgido de dicha revolución, a Marx no le preocupaban en absoluto. Marx era un revolucionario, heredero en cierto modo de la tradición de la Revolución Francesa, cuyo objetivo era desarrollar una teoría que explicara el aspecto opresivo del capitalismo y contribuyera a su destrucción.

Hemos comentado más arriba que Marx tuvo mucha influencia, en primera instancia, en el movimiento obrero y en la política pero tardo en llegar al mundo académico, y lo hizo sobre todo en el continente europeo, como señalan autores como Kerbo (15) y Ritzer (16), tardó mucho más en alcanzar las universidades norteamericanas. Más adelante, cuando veamos la obra de Max Weber analizaremos las razones.

Weber y Simmel
Como ya hemos comentado Max Weber construyó en parte su teoría sociológica en oposición a la teoría marxista, pero esto no es del todo cierto, en ciertos aspectos Weber trabajó dentro de esta teoría intentando, como dice Ritzer, redondearla. Por otra parte, existen otras muchas influencias en la teoría weberiana, aparte de las ideas de Marx.

Debe tenerse en cuenta que una parte importante de la obra de Marx no se publicó hasta después de la muerte de Weber, por lo que éste se opuso más bien a la obra de ciertos marxistas antes que a la del propio Marx.

Weber tendía a pensar que los marxistas eran unos deterministas económicos que reducían la vida social explicándola con teorías monocausales. Lo que hacían los marxistas era explicar todos los desarrollos históricos a partir de fundamentos económicos lo que indudablemente era una simplificación. Por lo tanto Weber, en lugar de concentrarse en los factores económicos y en sus efectos sobre las ideas, dedicó muchas más atención a las ideas y a sus efectos sobre la economía. Ejemplo de esto último sería su influyente estudio sobre “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” en el que analiza al protestantismo como sistema de ideas y su influencia en el nacimiento del sistema económico capitalista.

Como hemos indicado anteriormente, según Ritzer, Weber no sólo se opuso a Marx sino que se involucró en un proceso de redondeo de ciertos aspectos de su teoría. Un ejemplo de ello sería la teoría de estratificación social. Marx sólo veía una variable a la hora de clasificar a las clases sociales, la dimensión económica o de clase. Aunque Weber admitía la importancia de esta variable propuso otras dos dimensiones de la estratificación, el prestigio o estatus y la autoridad o poder. De manera que había que acudir a las tres dimensiones para averiguar la posición socioeconómica de las personas. Es sin duda un análisis más completo que el marxista (17).

Aparte de Marx, otra influencia importante en Weber, es el filósofo Immanuel Kant, otro de los seleccionados alemanes del partido “montyphitoniano” de los filósofos. Para Kant el mundo era tan complejo que su comprensión era inabarcable sino se filtraba, seleccionaban y categorizaban los acontecimientos por medio de procesos del pensamiento. Weber utilizó de hecho en toda su sociología un sistema de análisis basado en lo que el denominaba tipos ideales.

Se trataría de entresacar del fenómeno social real aquellas propiedades que le definen arquetípicamente, pero no serían imágenes especulares del fenómeno sino exageraciones unilaterales de lo que ocurre en el mundo real. En este sentido Weber opinaba que cuanto más exagerada fuera la imagen ideal, más útil sería para el estudio. Una vez construido el tipo ideal nos servirá como vara de medir, como patrón para comparar el fenómeno real que se estudia en un momento determinado de la historia con el tipo ideal que es esencialmente ahistórico.

Mientras que Marx expuso básicamente una teoría del capitalismo, Weber propuso una teoría sobre lo que él denominó proceso de racionalización. Este proceso consistiría en la evolución a lo largo de la historia de las estructuras sociales hacia formas más racionales. Esta evolución, que afectó a todas las áreas de la vida social desde la religión hasta la música, se habría manifestado sobre todo en el mundo occidental, que donde se habrían dado las condiciones ideales para su desarrollo. La burocratización, que Weber estudió con particular interés, es un ejemplo del proceso de racionalización en las organizaciones. Del mismo modo el sistema de autoridad en las sociedades habría evolucionado “racionalmente” desde el tipo ideal tradicional – basado en la sacralización de la tradición -, carismático – basado en la autoridad carismática de un líder – al racional-legal, basado en la creencia en la aplicación de normas legales.

Weber tuvo una influencia enorme en la teoría sociológica por encima de la Marx. Entiéndaseme bien, estamos hablando de la influencia sobre los sociólogos no sobre el mundo político real. En opinión de Ritzer esto ocurrió porque Weber fue menos polémico y radical que Marx, porque el sustrato filosófico kantiano sobre el que se apoyaba Weber – basado en términos de causa-efecto – era más cómodo y más próximo a la formación de los sociólogos que la filosofía dialéctica en la que se basaba Marx y, por último, porque Weber se preocupó más de los fenómenos sociales y Marx por la economía.

A principios del siglo XX Weber se convirtió en el sociólogo más importante de Alemania, su influencia que traspasó las fronteras y el océano Atlántico, en América, en donde Talcott Parsons hizo llegar a una amplia audiencia las ideas de Weber.

George Simmel fue contemporáneo y amigo de Weber. Se inventó una nueva forma de hacer sociología pensando más en el individuo y sus interacciones con otros individuos que en la sociedad en su conjunto, es decir, fue el primero que se situó dentro de un enfoque microsociológico. Esto facilitó una influencia temprana en la incipiente sociología norteamericana y sus ideas fueron el sustrato sobre el que se basó una de las escuelas sociológicas más importantes, el interaccionismo simbólico.

Así que mientras Weber y Marx se ocuparon de cuestiones de gran envergadura como la racionalización de la sociedad y la economía capitalista, Simmel se centró en fenómenos a pequeña escala, en concreto, la acción y la interacción individual. Su análisis, derivado de la filosofía de Kant, se fijó en las formas de interacción - como el conflicto o la cooperación o el intercambio – y los tipos de interactores – como el extraño, el conocido, el familiar -. Lo que comprendió perfectamente Simmel fue que en el estudio de las relaciones entre personas estaba una de las grandes tareas de la sociología. También fue de los primeros autores en estudiar los grupos sociales y su dinámica.

En su libro, “La filosofía del dinero”, manifestaba que el mundo moderno hacía cada vez más pequeño al individuo, por ejemplo, cuanto mayor y más automática se hacía la tecnología industrial menos importantes se volvían las capacidades y aptitudes del trabajador. Esta tesis ha tenido mucha influencia posterior, por ejemplo, en los partidarios de la tesis de la proletarización o descualificación (18).

Quien ha leído a Weber y a Marx sabe de sobra lo densos que son estos autores, lo difícil que es la lectura de sus escritos. Recuerdo que en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” hay más notas al margen que texto. En cambio,  Simmel escribía con una engañosa sencillez sobre fenómenos cotidianos lo que facilitó la difusión de gran parte de sus ensayos.

La sociología alemana aportó como hemos visto tres grandes autores a la teoría sociológica. La sociología empezó en Francia, continuó en Alemania y siguió expandiéndose por los países europeos y los Estados Unidos adónde, si continuamos en el futuro con esta serie de artículos, tendremos que irnos, quizás con una parada en el Reino Unido para hablar del filósofo e ingeniero Spencer (19) que pasa por ser otro de los padres de la sociología.




Juan Carlos Barajas Martínez



Notas:

  1. Monty Phiton es un grupo cómico británico famoso por sus progamas de televisión y sus películas entre las que destaca “La vida de Brian”
  2. Franz Beckenbauer es un famoso jugador de fútbol del Bayern Munich y de la selección alemana. Pasa por ser uno de los mejores jugadores de fútbol de todos los tiempos, para mí, el mejor “líbero” que he visto jugar.
  3. Immanuel Kant, fue un filósofo prusiano de la Ilustración. Es el primero y más importante representante del criticismo y precursor del idealismo alemán y está considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal.
  4. Georg Wilhelm Friedrich Hegel, es considerado por la historia clásica de la filosofía como el representante de «la cumbre del movimiento decimonónico alemán del idealismo filosófico» y como un revolucionario de la dialéctica.
  5. Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx, fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío.
  6. Ludwig Josef Johann Wittgenstein, fue un filósofo, matemático, lingüista y lógico austríaco, y posteriormente nacionalizado británico. Publicó el Tractatus logico-philosophicus, que influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena.
  7. Maximilian Carl Emil Weber fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública.
  8. Georg Simmel fue un filósofo y sociólogo alemán. Simmel formó parte de la primera generación de sociólogos alemanes.
  9. La Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), es una universidad pública española de ámbito estatal. La UNED imparte cursos a distancia por medio de apoyo audiovisual e internet. Tiene su sede central en Madrid. Y fue la universidad en la que estudié ciencias políticas y sociología.
  10. Francisco José Martínez es profesor titular de metafísica en la UNED.
  11. Materialismo dialéctico es la corriente del materialismo filosófico de acuerdo con los planteamientos originales de Friedrich Engels y Karl Marx.
  12. Adam Smith fue un economista y filósofo escocés, uno de los mayores exponentes de la economía clásica.
  13. David Ricardo, fue un economista inglés de origen judío sefardí-portugués, miembro de la corriente de pensamiento clásico económico, y uno de los más influyentes junto a Adam Smith y Thomas Malthus.
  14. La infraestructura y la superestructura son conceptos que forman parte de la teoría social marxista.
  15. Harold Kerbo es profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la California State Politechnic University (CalPol).
  16. George Ritzer es profesor de sociología de la Universidad de Maryland, famoso por su tesis de la macdonaldización del mundo, ver en este mismo blog, “El mundo está Macdonaldizado” y su continuación en “….¿Quién lo desmacdonalizará?
  17. Sobre este punto es interesante mi artículo en este mismo blog, “Yo soy de clase media, ¿y usted?
  18. A este respecto es interesante mi artículo en este mismo blog, “La proletarización de los informáticos”


Bibliografía:


Epistemología Marxista
Francisco José Martínez
Apuntes de Materialismo Histórico y Teoría Crítica
Universidad Complutense
Madrid 2002

Estratificación Social y Desigualdad
Harold R. Kerbo
5ª Edición
McGraw-Hill
Madrid 2003

Teoría Sociológica Moderna
George Ritzer
5ª Edición
ED. McGraw-Hill
Madrid 2001

Los orígenes de la Teoría Sociológica
María C. Iglesias, Julio R Aramberri y Luis R. Zúñiga
2º Edición
Akal
Madrid 1989

Burocracia y organizaciones burocráticas
Juan Carlos Barajas Martínez
2013



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