Saramago, Zizek, la sobreidentificación y todos los santos



Quizás sea por los cuatro años, de 1972 a 1976, que pasé estudiando bachillerato en un colegio de curas expuesto a dosis grandes de liturgia y dogma, o bien, tal vez sea por los relatos de la historia sagrada que me leía mi madre, devota de la Esperanza Macarena, antes de que yo aprendiera a leer, o a lo mejor, por el ambiente general nacionalcatólico de la España de mi niñez, el caso es que las historias de santos siempre me han llamado mucho la atención
.
En los primeros años de mi vida, el pensamiento mágico de los niños me hacía ver en aquellas historias prodigiosas relatos poderosos, en los que los buenos disponían de facultades sobrenaturales, en las que creía firmemente, para ganar a los malos o para contribuir al bien común o a la cristiandad, que entonces venían a ser más o menos lo mismo.

Esas habilidades no las veía en la calle, ni en las personas que me rodeaban salvo en mi padre. Que era un superhéroe sin capa que lo mismo cambiaba una bombilla que no lucía - subiéndose en una enorme escalera con un desprecio total de su seguridad personal - por otra que daba luz mágicamente; que conducía nuestro “cuatro latas” hasta las playas de Levante sin descanso , atravesando mil pueblos que obstinadamente se ponían en medio de la carretera; o que cuidaba de mi madre enferma con un amor insuperable. El resto era gente normal. Para más inri mi madre siempre decía que su marido era un santo, con lo que todo se explicaba.

En cierto modo, en mi primera infancia situaba lo sobrenatural en el pasado, de manos de los prodigiosos santos de la Iglesia y, un poco más mayor, situé lo prodigioso en el futuro de la mano de una ciencia que estaba por llegar; que todavía era ficción. Santos y Jedis, buena receta.

Muchos años más tarde, después de mucho estudio, de mucho aprendizaje, de muchas experiencias malas y buenas, de levantarse el Sol por las mañanas y acostarse por las tardes, de convertirme por tanto en un señor serio, escéptico, científico, tecnólogo y tecnófilo, mantenía esa curiosidad infantiloide por las vidas de los santos y sus magníficos milagros y sacrificios. Tenía muchas ganas de escribir sobre ello, pero no encontraba una forma de dirigirme a esas historias sin que un rubor de escepticismo me detuviera la mano ante el teclado.

Hasta que leí a José Saramago (1), concretamente “El Evangelio según Jesucristo” y “Caín”. En estas novelas, el autor portugués se enfrenta a la historia sagrada desde un punto de vista que para mí resultó tremendamente novedoso. Contaba los hechos sagrados dándolos por hechos consumados tal y como aparecen en las Escrituras y los novelaba con originalidad. Saramago crea una trastienda del relato oficial que tiene la misma validez lógica que el original, pero mucha más ironía y, por supuesto, la envuelve en un halo de la modernidad que contrasta con la antigüedad del texto en el que está basándose.

Esta técnica de acercamiento de Samarago a los asuntos religiosos se parece mucho al principio de la sobreidentificación, si es que no lo es descaradamente. Se trata de renunciar a la distancia con una determinada ideología e identificarse tanto con ella que la tomas más en serio que el mismo sistema ideológico sería capaz de hacerlo.

El sociólogo y filósofo esloveno Zizek (2) parte de la idea de que una ideología cualquiera – política o religiosa - contiene dos partes, los valores explícitos, propagados por el sistema de propaganda y su cara oculta, es decir, todos aquellos elementos ideológicos que contradicen el dogma pero que están reprimidos, callados, convertidos en tabú, o simplemente, ocultos bajo la capa de normalidad que tienen las cosas que te enseñan desde que eres niño. En ese contexto, afirmar estos aspectos callados de la ideología y hacerlo de forma convincente es una herramienta crítica divertida y potente.

Y lo es porque de repente aparece en el texto una reducción al absurdo que enfrenta directamente a lo afirmado oficialmente con lo irracional. Y ante esto caben pocas reacciones. Puedes reírte por aquello del humor de lo absurdo o te puedes cabrear si eres un creyente de la ideología, cuyo empecinamiento deja poco lugar para el sentido del humor. En cualquier caso, nadie queda indiferente, porque muy lerdo tienes que ser si no te das cuenta de la contradicción.

Así, con esta herramienta de la sobreidentificación, me he acercado la hagiografía como ejercicio de redacción y con buen humor, sin ánimo de ofender a nadie, aunque sin duda alguien lo hará. Y es que hay gente sin humor, a la que siempre le queda el recurso de dejar de leer lo que le molesta y dedicarse a otra cosa. Hay mucho que leer y una vida muy corta para hacerlo.

Pueden creerme si afirmo que no busco ofender, yo no soy creyente, pero entro en las iglesias con más respeto que la mayoría de los fieles, precisamente porque no me siento en mi casa. Y es que, en general, las personas educadas nos comportamos mejor en la casa ajena que en la propia.

Sin embargo, estas historias también me pertenecen, en ellas sí que estoy como en casa, una casa cuya decoración no he elegido, pero que he heredado de mis mayores.  No me siento católico, pero lo soy culturalmente, tampoco he apostatado, así que me permito el lujo de un acercamiento jocoso y crítico desde mi posición de católico no practicante que, como dice un amigo mío, es tanto como decir vegetariano no practicante.

Además, si no hubiera perdido la fe, tampoco me importaría mucho ver parte de mi confesión sobreidentificada, pues hay que entender que estas historias tienen siglos de antigüedad, que provienen de una época en la que la humanidad no había renunciado aún al pensamiento mágico bajo peso de la evidencia del conocimiento.

Por todas estas razones he escrito hagiografías a mi manera, siguiendo el principio de sobreidentificación. Me he divertido mucho escribiéndolas y espero que el que quiera leerlas se lo pasé tan bien como yo, adentrándose en un mundo en el que la idea de Dios marcaba todos los ritmos y medía todas las cosas, un mundo que hace mucho que se perdió… A Dios gracias.

Estas historias las tengo colgadas en mi microblog, el blog hermano pequeño de Sociología Divertida, que di en llamar Micro SociologíaDivertida, en la colección de relatos que se llaman “De Martirologios y Milagros”, pues ambos conceptos, el martirio y el milagro, son las dos principales fuentes de la santidad.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo


Notas:

  1. José de Sousa Saramago (Azinhaga, 16 de noviembre de 1922-Tías, 18 de junio de 2010) fue un escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués. En 1998 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca destacó su capacidad para «volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía». 
  2. Slavoj Žižek (Acerca de este sonido /ˈslavoj ˈʒiʒɛk/ (?·i) Liubliana, 21 de marzo de 1949) es un filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural esloveno. Es director internacional del Instituto Birkbeck de Humanidades de la Universidad de Londres.

Bibliografía:

Manual de Guerrilla de la Comunicación
Grupo Autónomo a.f.r.i.k.a
Luther Bisset y Sonja Brünzets
Virus Editorial
Barcelona 2006



Licencia de Creative Commons

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Batallas de Rap


Resumen

Hay fenómenos sociales en los que no reparamos, hay ruidos de fondo en la sociedad que no acertamos a identificar, hay manifestaciones colectivas a las que no hacemos caso, simplemente, porque no las entendemos, no las sabemos apreciar o simplemente nos cogen a contrapié porque no estamos en la onda del grupo social que las protagoniza. Pero, señoras y señores, son objeto de estudio de la sociología y hemos de desembarcar en ellos. Y a ello vamos.

El presente artículo, escrito por el joven periodista Diego Barajas, nos adentra en uno de esos mundos. El de las Batallas de Gallos.



Origen de las batallas de rap

Nadie sabe verdaderamente quién fue la primera persona que empezó a improvisar el rap ni cuándo comenzó, pero generalmente se cree que tuvo origen en la escena Hip Hop de la Costa Este de Estados Unidos (East Coast) a mediados de los 80.

En España adquirió visibilidad con la Red Bull Batalla de los gallos que comenzó en 2005. Hoy en día es una de las manifestaciones de cultura urbana más dinámicas.

¿Qué son las batallas de rap o batallas de gallos?

Las batallas de rap son “peleas” verbales en las que un participante (al que se suele llamar gallo) tiene que vencer al otro con la particularidad de que tiene que hacerlo improvisando la rima y rapeando al ritmo de una música determinada, llamada base y acoplándose a esta.

Se realizan varias rondas y al final de la batalla es el jurado el que decide quién ha ganado. Los jurados se suelen componer por otros freestylers o por raperos famosos.

Mapa de los lugares donde hay competiciones de batallas de rap

Las batallas de rap por el mundo

Debido a la afición que han creado y que sigue creciendo, las batallas de rap se han vuelto internacionales incluyendo a gran parte de los países hispanohablantes. Se han creado así más batallas y competiciones internacionales que atraen a millones de personas por todo el mundo. 

Las mayores potencias de freestyle son España y Argentina, luego en un segundo escalón encontramos a Chile, México y recientemente el nivel de Perú ha aumentado considerablemente ganando el mundial de freestyle 3 vs 3.






¿Por qué hacerse seguidor de las batallas de rap?

El mundo del freestyle ha sufrido un aumento muy considerable de audiencia en los últimos años. La afición se ha extendido en muy poco tiempo y se encuentra en pleno crecimiento. Actualmente se ha creado la llamada FMS (Freestyle Master Series) que se trata de una liga profesional de batallas de rap con su primera y segunda división. Esta competición se encuentra actualmente en la tercera temporada y ya se ha extendido a distintos países como Chile, Argentina y México.

Es un espectáculo dinámico y divertido, en el que se puede comprobar el talento de los jóvenes raperos improvisando rimas, contestando al oponente con ingenio y con coherencia respecto del tema que se está tratando. No es fácil ser gallo, créanme.

Por último, un aviso a los medios de comunicación. Un dato a tener en cuenta es que al ser una nueva tendencia todavía no ha llegado a los grandes medios. Por lo tanto, existe una gran audiencia a la que poder proporcionar, entre otras cosas, informaciones, análisis y entrevistas que actualmente no encuentran el medio adecuado para ello. Por lo que es una buena forma de hacerse un hueco y convertirse en referentes antes de que haya mucha competencia.

Diego Barajas Fernández
Periodista
diegobarajas11@gmail.com

Ejemplos de algunas batallas:

https://www.youtube.com/watch?v=pkxAG_rhj8Q

https://www.youtube.com/watch?v=bzhjSLrS1Zs


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El Funcionalismo III: Alexander y el Neofuncionalismo


Resumen:
En los dos artículos anteriores de Sociología Divertida hemos hecho un viaje por uno de los movimientos teóricos más importantes de la historia de la sociología, en éste, es mi intención echar un vistazo al resurgimiento del movimiento en los años ochenta del siglo pasado, que tomó el nombre de neofuncionalismo pues exploraba nuevos rumbos que expandían el marco teórico del funcionalismo de los primeros tiempos.

Jeoffrey Alexander la figura más representativa del neofuncionalismo

Índice:
Críticas al funcionalismo tradicional
Resurgimiento en la forma “neo”
Problemas y soluciones
El carpetazo de Alexander

Críticas al funcionalismo tradicional

El funcionalismo estructural fue la teoría sociológica más importante, sobre todo en los Estados Unidos, desde los años treinta hasta los años sesenta. Durante todos esos años, se fueron introduciendo un número de críticas importantes por los agujeros que dejaba la teoría.

Como dice Ritzer (1), el movimiento empezó a perder fuelle – allá por los primeros sesenta - cuando las críticas comenzaron a superar a los elogios. Aunque ya hemos hablado de las dificultades teóricas del funcionalismo en los dos artículos anteriores, es importante catalogar al menos estas críticas – sin extenderse demasiado - pues el neofuncionalismo creció unos veinte años después con la intención de superar estos problemas. Para Ritzer existen tres grupos de críticas al funcionalismo: sustantivas, metodológicas y lógicas.

Las críticas sustantivas o básicas comienzan con la acusación de que el funcionalismo es esencialmente ahistórico, no tiene tiempo, no es válido para analizar cuestiones históricas. Para los críticos, las sociedades de los modelos funcional-estructurales son idealizaciones con un grado de abstracción muy importante. Y esto es cierto, sobre todo, en los inicios del movimiento que surgió en parte como reacción a los excesos del enfoque histórico evolucionista de parte de la antropología de principios del siglo XX. El mismo Parsons (2), como hemos relatado, dio pasos para corregir esta carencia.

Muy relacionado con esta primera crítica está el hecho de la incapacidad del funcionalismo estructural por analizar el cambio social de un modo eficaz. Si el enfoque funcionalista tiene problemas con la variable tiempo, difícilmente puede hacer un análisis coherente del cambio social. Siempre he mantenido que el funcionalismo es muy adecuado para el estudio de la estructura social pero para el análisis de cambio social yo me quedo con las teorías del conflicto. En resumen, el funcionalismo es un buen fotógrafo social pero un mal camarógrafo de la sociedad.

Y el conflicto es precisamente la tercera y última crítica sustantiva. Los funcionalistas siempre fueron muy de destacar el consenso social y la estabilidad de los sistemas sociales. Si estás obsesionado con las fórmulas de acuerdo y consenso social, tienes la tentación de construir modelos abstractos de sociedad tipo “todo el mundo es bueno”(3) que dista mucho de las sociedades reales en las que existen acuerdos y períodos estables, sí, pero también son comunes las situaciones de conflicto, porque es difícil una distribución justa de las cosas que molan (4), es decir, privilegios, bienes y estatus.

Dos son las críticas metodológicas más reiteradas en la literatura científico social. En primer lugar, se acusa al funcionalismo de ser ambiguo, poco claro. En segundo lugar, los funcionalistas eran partidarios de grandes teorías que explicaban la sociedad de manera completa, los críticos, en este punto, dicen no encontrar métodos de estudio adecuados para un objeto de estudio tan extenso. Ambas críticas están relacionadas con el hecho de que los funcionalistas estructurales eligieron estudiar sistemas sociales abstractos en vez de sociedades reales.

Por último, las críticas lógicas. Son la teleología y la tautología. Dado que son dos palabrejas que por destacan por su rareza, de esas para las que siempre hay que echar un vistazo al diccionario, creo que no está de más detenernos un momento en ellas.

La teleología, en el más moderno de los sentidos, es la atribución de una finalidad u objetivo a procesos concretos. En nuestro caso es darle a la sociedad y a las estructuras sociales incrustadas en ella, propósitos o metas y, para cumplir sus fines, crean instituciones sociales ad-hoc. Este fenómeno se da en cierta medida, pero según el funcionalismo lo cumplían todos los sistemas sociales. Por ejemplo, la sociedad necesita de la reproducción para existir, ergo se inventa la institución del matrimonio. Esto era más difícil de ver en la primera mitad del siglo XX, hoy en día, una simple mirada a la institución del matrimonio nos indica claramente que hay muchas más razones por las que dos personas se emparejan.

Una tautología (5) es un razonamiento circular, es decir, la conclusión no es un argumento que se infiere de las premisas sino una afirmación de las mismas. Y eso, según Aristóteles (6), es ilegal en el juego de la lógica. Por ejemplo, no se puede definir un sistema social por sus partes componentes y, al mismo tiempo, definir las partes componentes por su pertenencia al sistema social.

Resurgimiento en la forma “neo”

A mediados de los años ochenta se registró una corriente sociológica que asumía parte de las críticas que hemos examinado en el apartado anterior que, sin separarse de la teoría del funcionalismo estructural, se esforzaba por ampliarlo y superar sus deficiencias teóricas principales. Esta corriente teórica recibió el nombre de neofuncionalismo.

Los autores fundamentales de esta corriente fueron Jeffrey Alexander (7) y Paul Colomy (8), este último, definió al neofuncionalismo como “una corriente autocrítica de la teoría funcional cuyo objetivo es ampliar el alcance intelectual del funcionalismo sin perder su núcleo teórico”.

Problemas y programa

Según Alexander los principales problemas que el funcionalismo tiene que superar son: el antiindividualismo, la oposición al cambio, el conservadurismo, el idealismo y el sesgo antiempírico.

Además, el mismo autor, expuso un programa básico en seis puntos, que recoge Ritzer. En primer lugar, el neofuncionalismo rechaza cualquier determinismo monocausal, es abierto y pluralista. Opera con un modelo descriptivo que considera a la sociedad como una configuración de elementos que interactúan entre sí de manera “simbiótica” sin que actúe sobre ellas ninguna “mano invisible” o “fuerza suprema”.

En segundo lugar, las pautas de acción y orden. Mientras el funcionalismo se centra en el orden social, fijando el objeto en la sociedad completa, el neofuncionalismo dedica atención al orden si, pero también a las pautas de acción que actúan en el nivel de la interacción social, es decir, en el ámbito microsociológico, en el que el individuo se relaciona con su entorno social circundante.

En tercer término, el neofuncionalismo no da por hecha la integración social, la admite como una posibilidad social, en este sentido, los sistemas sociales mantienen un equilibrio dinámico, que puede ser parcial y está en movimiento entre situaciones estables.

Cuarto, el neofuncionalismo hereda el esquema parsoniano de la personalidad, la cultura y el sistema social.

En quinto lugar, el neofuncionalismo pone énfasis en que la interrelación entre los sistemas de la personalidad, la cultura y el sistema social lo que representa una fuente constante de cambio y de control. El cambio no produce conformidad y armonía, sino individuación y tensiones institucionales
Por último, Alexander indica que el neofuncionalismo representaun compromiso con la idea de que la conceptualización y la teoría son independientes de otros niveles de análisis sociológico”.

Ambos autores, Alexander y Colomy, consideran que el neofuncionalismo es un esfuerzo de reconstrucción, más que un lavado de cara, del funcionalismo estructural. Destacan sus diferencias con Parsons y su apertura a otros teóricos.

Así manifiestan un esfuerzo para integrar el neofuncionalismo con los viejos maestros como Marx (9) y sus reflexiones sobre las estructuras sociales, o Durkheim, con sus ideas acerca del simbolismo. También demuestran interés por incorporar ideas de la teoría del intercambio, el interaccionismo simbólico, la fenomenología, entre otras escuelas.

Carpetazo de Alexander

A finales de los noventa, Alexander – exponente principal del neofuncionalismo - puso fin de hecho a esta corriente cuando dijo que él había superado la orientación neofuncionalista.

El razonamiento era el siguiente, Alexander no renegaba de los principios del neofuncionalismo, simplemente, afirmaba que la empresa había tenido éxito, que se había logrado el restablecimiento de la legitimidad e importancia de la teoría parsoniana que era su objetivo. Que había llegado el momento de ir más allá del neofuncionalismo y buscar nuevas metas teóricas. Así que Alexander dio un carpetazo en toda regla al movimiento que él había impulsado.

De esta manera terminaron los desarrollos teóricos funcionalistas, pero no hay que olvidar sus aportaciones. Al menos para mí, que antes de ser sociólogo provenía de un mundo en el que la idea de sistema está muy presente, el funcionalismo me ha ayudado a tener una visión comprensible de la estructura social y un método para explicar muchos fenómenos sociales.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas

1.    George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
2.  Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
3.    “Todo el mundo es bueno” o “To er mundo es güeno” (su variante andaluza) es una frase coloquial muy española y muy optimista que viene a decir que el ser humano es en principio bueno. Que luego las personas se maleen y tal, es harina de otro costal. Es una concesión al Emilio de Rousseau.
4.      Molar es verbo del lenguaje coloquial español. Según el Diccionario de la Real Academia significa: gustar, resultar agradable o estupendo. Es término prestado por la lengua de los gitanos, el caló.
5.    Tautología, en lógica matemática, es una proposición que siempre es verdadera. O sea, una perogrullada, una frase de Rajoy…
6.  Aristóteles (Estagira, 384 a. C.-Calcis, 322 a. C.) fue un polímata: filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios. Aristóteles escribió cerca de 200 tratados (de los cuales solo nos han llegado 31) sobre una enorme variedad de temas, entre ellos: lógica, metafísica, filosofía de la ciencia, ética, filosofía política, estética, retórica, física, astronomía y biología.1 Aristóteles transformó muchas, si no todas, las áreas del conocimiento que abordó. Es reconocido como el padre fundador de la lógica y de la biología, pues si bien existen reflexiones y escritos previos sobre ambas materias, es en el trabajo de Aristóteles, donde se encuentran las primeras investigaciones sistemáticas al respecto. Entre muchas otras contribuciones, Aristóteles formuló la teoría de la generación espontánea, el principio de no contradicción, las nociones de categoría, sustancia, acto, potencia y primer motor inmóvil. Algunas de sus ideas, que fueron novedosas para la filosofía de su tiempo, hoy forman parte del sentido común de muchas personas. Aristóteles fue discípulo de Platón y de otros pensadores (como Eudoxo) durante los veinte años que estuvo en la Academia de Atenas. Fue maestro de Alejandro Magno en el Reino de Macedonia. En la última etapa de su vida fundó el Liceo en Atenas, donde enseñó hasta un año antes de su muerte.
7.     Jeffrey C. Alexander (1947) es un destacado pensador y profesor norteamericano que ha contribuido notablemente en la sociología contemporánea; particularmente en la sociología cultural. También es considerado como una referencia necesaria del "neofuncionalismo" en sociología. Es profesor de sociología en la universidad de Yale
8.   Paul Colomy (1960) es un profesor de sociología norteamericano de la Universidad de Denver, especialista en cambio social e institucional, control social, sociedad y naturaleza. Neofuncionalista y neoinstitucionalista.
9.    Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra  en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.

Bibliografía:

George Ritzer
Teoría Sociológica Moderna
Mac Graw-Hill
Madrid 2001

Encyclopedia of Sociology
Coordinada por George Ritzer
Blackwell
Londres 2010

John Mancionis y Ken Plummer
Sociología
Pearson Prentice Hall



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El Funcionalismo II: Robert Merton


Resumen
En este segundo artículo sobre el funcionalismo vamos a detenernos en el pensamiento de Robert Merton, un reformador de este movimiento sociológico que puso sentido común y empirismo a un modelo ideal y teórico.
Se recomienda la lectura del artículo anterior – “Funcionalismo I: Talcott Parsons” – para entender los conceptos de sistema social y función social.


Robert Merton

Índice:
Un funcionalista crítico
Críticas al modelo estructural funcional
Análisis funcional de Merton
Funciones manifiestas y latentes
Estructura social y anomia

Un funcionalista crítico

Efectivamente, Robert Merton (1) le puso sentido común al modelo de sociedad funcionalista. Mientras en el funcionalismo de Parsons (2) todas las funciones y estructuras son buenas, indispensables, tienen un sentido positivo y, el proceso de adaptación al entorno consigue que sean las mejores posibles en cada momento, Merton, con unas buenas dosis de realismo, nos dice que las consecuencias del funcionamiento de las estructuras sociales no son siempre positivas, que a veces son negativas, imprevistas e, incluso, irrelevantes. Eso precisamente es lo que llamo yo aplicar el sentido común a un modelo que como tipo ideal sirve, pero para describir las sociedades reales se queda un poco corto.
Poniendo en solfa los postulados funcionalistas menos defendibles, desarrollando de nuevo alguno de sus principios básicos, logró alargar la vida del funcionalismo como escuela sociológica de primer orden e influyó en la sociología de final de siglo XX.

Metodológicamente, mientras los funcionalistas en general y Parsons en particular, le tuvieron mucho amor a grandes teorías que abarcaban a la sociedad de un modo completo; Merton era más partidario de teorías de alcance medio. 

Merton no se conformaba sólo con planteamientos teóricos, sino que era partidario de una sociología empírica allí donde se pudiera aplicar.

Merton, con más simpatía que Parsons hacia el marxismo, quitó el sesgo conservador al funcionalismo y, en opinión de Ritzer (3) y otros autores, él y sus discípulos empujaron al funcionalismo hacia la izquierda política.

Críticas al modelo estructural funcional

Así que el bueno de don Roberto se puso a ver desde una perspectiva crítica lo que los funcionalistas anteriores habían predicado, empezando por los postulados básicos de la teoría funcionalista que se edificaba por encima de supuestos no empíricos basados en sistemas abstractos.

Para Merton, era responsabilidad del sociólogo examinar empíricamente cada uno de estos supuestos, era partidario del análisis estructural de grupos, organizaciones, sociedades y culturas, así como, de los roles sociales, normas, instituciones, emociones y sentimientos pautados socialmente, la estructura social y los mecanismos control social creados para que nadie se desmande, temas todos ellos, que hemos tratado durante los ocho años de vida de Sociología Divertida.

Los tres postulados básicos del análisis funcional son: la unidad funcional de la sociedad, el postulado de que todas las funciones sociales son positivas y el de la indispensabilidad de las funciones.

El postulado de la unidad funcional de la sociedad sostiene que todas las creencias y pautas socioculturales estandarizadas son funcionales para la sociedad en su conjunto y para cada uno de los individuos que forman parte de la sociedad. Dicho de otra manera, sirven siempre para algo y para todos. Y esto, siempre según Merton, pero no yo puedo dejar de estar de acuerdo, sólo es aplicable en sociedades pequeñas ya que para que ocurra, los diversos subsistemas deben estar muy integrados entre ellos, es decir, algo que – como nos han enseñado los antropólogos – solo pasa en sociedades primitivas, en las sociedades complejas existen fallos de integración entre la miríada de subsistemas que se solapan.

El postulado que afirma que todas las funciones sociales son positivas presupone que todos las formas y estructuras sociales cumplen una labor social buena para la sociedad, es decir, como se dice que dicen los sevillanos: “todo er mundo e güeno”. Es evidente que en el mundo real no toda estructura, pauta, institución, idea o creencia cumple funciones positivas. El nacionalismo fanático, el integrismo religioso, la costumbre de la ablación, el esclavismo… se me ocurren cientos de ejemplos de pautas sociales disfuncionales.

El postulado de la indispensabilidad nos dice que todas estas pautas socioculturales no sólo cumplen funciones positivas sino que son partes indispensables para el funcionamiento de la sociedad, lo que implica además – a poco que pensemos en ello - que ninguna otra estructura alternativa es mejor que la que está funcionando ahora mismo en esa sociedad. Entonces, para que cambiar, ¿verdad?, vamos a dejar todo como está, ¿para que vamos a admitir que pueden existir alternativas funcionales que podrían adecuarse mejor a la sociedad? Ya vendrá, según la misma lógica funcionalista, el mecanismo de adaptación al entorno que pasará por encima de nosotros y mandará a freír espárragos la función esa tan indispensable.

Análisis funcional de Merton
Para Merton las funciones son las consecuencias observadas que favorecen la adaptación o ajuste de un sistema dado, sin embargo, como hemos comentado anteriormente, no todas las funciones tienen consecuencias positivas o se ajustan malamente al entorno. Así que Merton desarrolló la idea de disfunción no contemplada en el funcionalismo temprano.

Las disfunciones son las consecuencias observadas que no tienen efectos positivos para la sociedad. Cualquier decisión económica desfavorable ejecutada por el sistema político, la mala gestión de los residuos, una sociedad apegada a ideas anticuadas en un entorno cambiante sin cambiar a tiempo, son ejemplos de disfunciones sociales.

Merton también definió la no función, es decir, las consecuencias observadas no relevantes que, si bien tuvieron consecuencias positivas o negativas en el pasado, en este momento son irrelevantes. Por ejemplo, la influencia de la masonería o el poder de la aristocracia, un grupo que da la sensación de que se ha convertido en una reunión de amigos disfrazados o, una clase social que fue dominante, pero que guardando un alto nivel económico y mucho glamur, ya no es lo que era.

Claro que si tengo funciones positivas, negativas e irrelevantes sería bueno contar con un índice que permitiera medir el estado de un sistema social. Para esto Merton propuso el saldo neto, pero no es tan fácil sumar las funciones positivas por un lado y las negativas por el otro y determinar la diferencia entre ellas. El motivo no es otro que la complejidad y la subjetividad, los sistemas sociales son muy complejos y las formas de medir la eficacia o negatividad de las funciones es necesariamente subjetiva, depende del observador.

La solución que propuso Merton para solucionar este problema fue estudiar en varios niveles de análisis, lo que supone otra ruptura con la teoría funcionalista clásica, que eran muy dados a la búsqueda de teorías completas, mientras que don Roberto era partidario de estudiar también las organizaciones, las instituciones o los grupos, de esta manera reduces la complejidad y, es de esperar que, si reduces la complejidad, también mejores en objetividad.

El ejemplo que pone Ritzer es el de la esclavitud en el sur de Estados Unidos. Para estudiar el fenómeno se necesitan varios niveles de análisis y plantearse las funciones y las disfunciones de la esclavitud para las familias blancas y negras, para las organizaciones políticas blancas y para las negras, para la economía, y para muchos otros sistemas sociales. De esta manera podremos identificar para qué sectores o unidades sociales fue más funcional o disfuncional y, facilitar el análisis de la funcionalidad de la esclavitud en el sur en su conjunto, mediante un mejor cálculo del saldo neto.

Funciones manifiestas y latentes

Continuando en el análisis funcional de Merton, llegamos a una de sus más famosas contribuciones: las funciones manifiestas y latentes.

Las funciones manifiestas son intencionadas, siguiendo con el ejemplo de Ritzer, la función latente - lo que buscaban los esclavistas del sur de los Estados Unidos – era el aumento de la productividad por el insano método de no pagar a los trabajadores, pero produjo la función latente, es decir no intencionada, de crear una infraclase social sojuzgada que hizo que se elevara el estatus social de los sureños blancos, tanto ricos como pobres. Los ricos sólo esperaban beneficiar a los ricos.

Colin Campbell (4), citado por Ritzer, opina que esta diferenciación entre funciones manifiestas y latentes es una incómoda combinación entre la intencionalidad de la teoría de la acción y las consecuencias estructurales del funcionalismo, algo un tanto confuso, no aclarado del todo por nuestro autor. Por eso, Campbell comenta que esta es la razón por la que la sociología contemporánea apenas usa estos conceptos, pudiera ser que el tocayo de la sopa (5) tuviera razón.

Las funciones manifiestas y latentes enlazan con el concepto de consecuencias previstas y no previstas. Las consecuencias previstas son fácilmente identificables pues somos conscientes de su existencia, en cambio, las no previstas requieren de la mirada sociológica para su definición, requieren de un análisis sociológico detallado. Hasta el punto de que Peter Berger (6) llegó a decir que el verdadero objeto de la sociología era el desenmascaramiento de los efectos producidos por las intenciones enmascaradas, no le falta razón.

Podría parecer que las funciones latentes y consecuencias imprevistas son lo mismo. Merton nos advirtió que no lo eran, una función latente es una consecuencia imprevista que ha resultado funcional, pero también hay consecuencias no previstas disfuncionales e irrelevantes.

Merton profundizó más en la teoría funcional. Las estructuras sociales podían ser disfuncionales y seguir existiendo. Por ejemplo, toda discriminación a una minoría es disfuncional para la sociedad pues provoca la improductividad de un gran número de personas y porque abona el conflicto social, sin embargo, perduran en el tiempo. Por lo tanto, habría que concluir que no todas las estructuras son indispensables para el correcto funcionamiento del sistema social y podrían eliminarse, lo equivale a decir que el cambio social intencional – algo que no admitían los primeros funcionalistas – es factible e incluso deseable. Nuestra sociedad podría eliminar a la discriminación de las minorías y la sociedad, no sólo no desaparecería, sino que sería mejor. Eso no quiere decir que sea fácil, las estructuras sociales son difíciles de cambiar porque forman parte del sistema social por razones profundas y duraderas.

Estructura social y anomia


La estructura social no es más que el conjunto de relaciones sociales que se forman entre los individuos de una sociedad. Dentro de esta definición caben muchas estructuras que hemos visto en los artículos de Sociología Divertida como, por ejemplo, la estratificaciónsocial, losgrupos y redes sociales, la interacciónsocial, los rolessociales y las institucionessociales.

El primer sociólogo que nos habló de la anomia fue Emilio Durkheim (7), para él la sociedad moderna había traído consigo un debilitamiento de la moralidad común. Si la moral no constriñe lo suficiente, cuando se carece de un modelo modelo moral al que seguir, que indique lo que es una conducta apropiada, las normas se degradan, los comportamientos se desvían, las personas sufren malestar consigo mismo y aislamiento y, al final, la sociedad se desorganiza. La anomia es para Durkheim una patología social que se compensaba en parte, antes de llegar al caos, por otras fuerzas sociales.

Merton entendía que la anomia era el resultado de la distancia entre las normas y los objetivos sociales y las capacidades sociales individuales, por ejemplo, la cultura occidental – sobre todo la estadounidense – promueve la búsqueda del éxito personal, sin embargo, la posición socioeconómica de muchas personas en la estructura social pone muchos problemas para alcanzar las posiciones más elevadas. Esta apreciación de Merton es muy diferente de la idea del funcionalismo original de que las personas que ocupan las posiciones más importantes son las más adecuadas para desempeñar tales puestos.

Para Merton esta distancia entre la exigencia cultural y lo que ofrece la estructura social es disfuncional pues conduce a la desviación social y a la anomia.

Conclusión

Hemos dado un repaso a las ideas de Merton que le dieron un balón de oxigeno al funcionalismo, manteniéndolo como un movimiento sociológico de primer orden. Sin embargo, durante los años ’60, las críticas a las ideas funcionalistas arreciaron y acabaron por se más numerosas que los elogios. El funcionalismo perdió fuelle para resucitar parcialmente con el neofuncionalismo en los años ’80. De todo ello hablaremos en los próximos artículos.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:
1.     nacido Meyer Robert Schkolnick (Filadelfia, 4 de julio de 1910 - Nueva York, 23 de febrero de 2003) fue un sociólogo estadounidense. Es padre del Premio Nobel de Economía Robert C. Merton. Padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975), Merton es uno de los clásicos de la escuela estadounidense de esta disciplina. También fue importante su labor en el campo de la sociología de la Ciencia.
2.       Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
3.       George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
4.       ColinCampbell (Sutton Coldfield 1940) es professor emérito de sociología de la Universidad de York
5.       No he podido resistir la tentación de hacer una broma con el apellido del Sr. Campbell y el bote de sopa inmortalizado por Andy Warhol. Pido perdón al Sr. Campbell desde aquí.
6.       Peter Ludwig Berger (Viena, Austria; 17 de marzo de 1929-Brookline, Massachusetts; 27 de junio de 2017)1​ fue un teólogo luterano y sociólogo vienés. Fue director e investigador senior del Instituto de Cultura, Religión y Asuntos Mundiales de la Universidad de Boston. Fue conocido, sobre todo, por su obra La construcción social de la realidad: un tratado en la sociología del conocimiento (1966), que escribió junto con Thomas Luckmann.

Bibliografía:

George Ritzer
Teoría Sociológica Moderna
Mac Graw-Hill
Madrid 2001

Roberto Garvía
Conceptos fundamentales de Sociología
Ciencias Sociales
Alianza Editorial

Encyclopedia of Sociology
Coordinada por George Ritzer
Blackwell
Londres 2010

John Mancionis y Ken Plummer
Sociología
Pearson Prentice Hall
Madrid 2005

Licencia de Creative Commons

El Funcionalismo I: Talcott Parsons


Resumen
En este blog hemos hablado muchas veces del funcionalismo. Cada vez que hemos tratado algún asunto general de la sociología hemos hecho referencia a las ideas funcionalistas aplicadas a dicho asunto.
Y esto no es por casualidad, el funcionalismo ha sido durante varias décadas el pensamiento sociológico dominante y, aunque hoy en día ya no es lo que era, sigue siendo una de las tradiciones teóricas más importantes.
Otro tema recurrente en Sociología Divertida ha sido el debate entre las teorías del consenso y las teorías del conflicto. Las primeras, entre las que destaca el funcionalismo, sostienen que una sociedad no puede sobrevivir sin la aceptación de unos valores y normas colectivas que permiten construir un orden social estable, en el que el cambio social es lento y organizado.
Las segundas, como la sociología crítica y las distintas formas de marxismo, sostienen que hay unas clases dominantes y unas clases dominadas, entre las que existe un conflicto permanente que en ocasiones da paso a cambios sociales desordenados y radicales que afectan al modelo de sociedad.
En este artículo y, probablemente en el siguiente, vamos a tratar de manera monográfica el funcionalismo, algo que hasta ahora no había hecho, con ello pretendo iniciar una serie sobre las principales escuelas de pensamiento sociológico.


Talcott Parsons

Índice:
Generalidades
Talcott Parsons y el esquema AGIL
Sistema social y sociedad en Parsons
El cambio social en Parsons
Conclusión

Generalidades

Al funcionalismo también se le conoce como estructural funcionalismo o funcionalismo estructural, las tres formas hacen referencia al mismo movimiento sociológico.

Según el enfoque funcionalista una sociedad puede entenderse metafóricamente como un organismo vivo que se compone de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función o funciones necesarias para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es un sistema complejo cuyas partes - subsistemas - “encajan” entre sí produciendo un equilibrio o estabilidad social.

Para la corriente principal del funcionalismo nuestras vidas están orientadas según la dirección que marcan ciertas estructuras sociales, entendiéndose por estas, pautas relativamente estables de relaciones sociales, por ejemplo, las relaciones familiares, las conductas ritualizadas, y otras, que implican comportamientos relativamente estables y predecibles

Parten de la base de que toda sociedad tiene una estructura social concreta, sin ésta no puede sobrevivir, tiene que haber estratos sociales o clases, en definitiva, un sistema de posiciones sociales más o menos igualitario, pero en todos los casos, existe un sistema de asignación de privilegios y funciones a dichas posiciones.

Estructura y función, de ahí viene el nombre.

Está dualidad sobre estructura y función nos lleva a tener que resolver dos problemas. En primer lugar, cómo se distribuyen las posiciones sociales teniendo en cuenta que unas desempeñan funciones más importantes para la sociedad que otras. A esto responden que existen estrategias de posicionamiento, pero lo mejor de todo es que, para varios autores funcionalistas, las estrategias de posicionamiento social no son conscientes, la sociedad no desarrolla métodos específicos para alcanzar el logro social, sino que de modo natural, una especie de mano invisible, empuja los más capacitados a ocupar las posiciones idóneas para sus capacidades. Eso sí, ninguna sociedad puede sobrevivir sin aplicar esas estrategias inconscientes.

En segundo término, una vez se ocupa una posición social, surge la pregunta de cómo se consigue que las personas lleven con resignación tales posiciones “tan exigentes y tan poco agradables” y no dimitan a la primera de cambio, es por esto que lo funcionalistas justifican que estos puestos lleven aparejados mayores privilegios. A mayor responsabilidad e importancia de las funciones desempeñadas, mayores recompensas, en bienes materiales, prestigio y poder.

Bueno hemos visto la estructura social funcionalista, pero ¿qué pasa con el cambio social funcionalista? En esto el funcionalismo se encuentra muy cercano al evolucionismo, el cambio se produce como resultado de procesos graduales.

Hemos dicho ya que el funcionalismo contempla a la sociedad como un sistema complejo compuesto de subsistemas interconectados. Cada subsistema tiene unas funciones necesarias para el funcionamiento social normal, en última instancia, para que la sociedad siga existiendo. En este contexto el cambio social se entiende como la adaptación de dicho sistema social a su entorno, mediante el proceso de diferenciación y el aumento de la complejidad estructural.

Un epifenómeno es un fenómeno accesorio que acompaña al fenómeno principal, teniendo poca o nula influencia. Pues bien, el cambio social se explica como un epifenómeno de la constante búsqueda de equilibrio entre las distintas partes de la sociedad y su entorno.

La teoría funcionalista de la estratificación ha recibido multitud de críticas. Richter (1) señala varias.

En primer lugar, se le reprocha que ayuda a perpetuar la posición privilegiada de las personas con más poder, prestigio y dinero aduciendo que merecen recompensas.

Otro aspecto criticado es el de la inevitabilidad de este orden social, lo que presupone que el hecho de que porque una estructura social estratificada haya existido en el pasado implica que deba existir en el futuro.

Se ha sugerido que la idea de que las posiciones funcionales varían de acuerdo a su importancia social es difícil de sostener. Por poner un ejemplo chusco, no parece que los basureros sean menos importantes para la supervivencia de la sociedad que los ejecutivos de publicidad, sin embargo, estos últimos cobran bastante más y tienen más prestigio.

Por último, se me ocurren otras preguntas ¿Hay escasez de personas con talento capaces de desempeñar tareas de importancia social? ¿Cómo se explica la reproducción social si se accede al logro social mediante el mérito? ¿A la gente les mueve sólo las recompensas para acceder a puestos de responsabilidad o puede sentirse motivados por ayudar a la gente o por el gustazo de hacer un trabajo bien hecho? Todas estas son preguntas que se contestan difícilmente desde la teoría funcionalista.

Talcott Parsons y el esquema AGIL

Junto a Robert Merton (2), Parsons (3), ocupa una posición privilegiada en la teoría funcionalista. Richter nos avisa de que la obra de Parsons es muy extensa en el espacio y en el tiempo, y divide su obra entre temprana y madura. Vamos a fijarnos en la obra parsoniana madura y para ello debemos empezar por su concepto de función.

Parsons fijó el concepto de sistema de acción, como un ente genérico que puede incluir a  una sociedad o una colectividad o una tribu urbana, ¡vaya usted a saber!, así como su cultura, su personalidad y sus relaciones con el entorno.

Dentro de este sistema, una función es un conjunto de actividades dirigidas a la satisfacción de una o varias necesidades del sistema. A partir de esta definición Parsons identificaba cuatro funciones básicas necesarias para que un sistema pudiera sobrevivir:

En primer lugar, la Adaptación. Todo sistema debe adaptarse a su entorno y adaptar el entorno a sus necesidades. En segundo término, la Capacidad para alcanzar metas, todo sistema debe definir y alcanzar sus metas principales. En tercer lugar, Integración, todo sistema debe procurar la coordinación entre sus partes. Y, por último, lo que él denominaba Latencia, el mantenimiento en el tiempo de ciertos patrones culturales que mantengan y renueven la motivación de los individuos.

Parsons recogió las iniciales en inglés de estas cuatro funciones y denominó, como regla nemotécnica, a todo el tinglado como esquema AGIL.

Estas cuatro funciones configuran para Parsons cuatro sistemas de acción. El organismo conductual cumple la función de adaptación al entorno y la transformación del mismo entorno, la “A” – adaptación - de AGIL.

El sistema de la personalidad realiza la función de alcanzar las metas mediante la definición de los objetivos y la movilización de los recursos para trabajar por ellos, la “G” – capacidad - de AGIL.

El sistema social desarrolla la función reguladora que controla las partes constituyentes de un sistema, la “I” – integración - de AGIL.

Por último, el sistema cultural proporciona normas y valores para la motivación de los actores, la “L” – latencia – de AGIL.

Estos cuatro sistemas constituyen la estructura del sistema general de la acción. La figura siguiente ilustra todo el esquema.

Estructura del Sistema General de la Acción de Parsons

Tras ver la figura anterior, uno podría entender que son cuatro sistemas que actúan en paralelo, pero la visión de Parsons del funcionamiento de los sistemas era jerárquica. Y este orden jerárquico funciona de dos maneras. En primer lugar, los sistemas inferiores proporcionan las condiciones de funcionamiento o “energía” que necesitan los niveles superiores, por otra parte, en sentido descendente los niveles superiores proporcionan información o “control” a los inferiores. La figura siguiente ilustra este funcionamiento jerárquico.

Jerarquía del Sistema General de la Acción

Un sistema social, según las propias palabras de Parsons, “consiste en una pluralidad de individuos que interactúan entre sí en una situación que tiene, al menos, un aspecto físico o de medio ambiente, actores motivados por una tendencia a obtener un óptimo de gratificación… y cuyas relaciones con sus situaciones – incluyendo a los demás actores – están medidas y definidas por un sistema de símbolos culturales estructurados y compartidos”.

A pesar de que en esta definición se intuye un cierto interaccionismo, Parsons no puso la unidad mínima de estudio en la interacción social (4)- es decir, la relación con los otros - sino en una estructura de mayor complejidad: el par estatus-rol.

El asunto de los roles sociales y de los estatus que llevan aparejados ya lo hemos visto en Sociología Divertida. Los roles, son los papeles que nos toca jugar en nuestro día a día, rol de funcionario, marido, padre, seguidor del Real Madrid o cofrade de una procesión de Semana Santa. El estatus es la posición social derivada del rol que estás desempeñando.

A partir del estudio de los roles y estatus se interesó por los grandes componentes de los sistemas sociales como los valores, las normas y, montando una especie de Lego, a partir de estos componentes, se interesó por aquellas funciones que eran necesarias para que sistema social sobreviviese: los prerrequisitos funcionales.

En primer lugar, los sistemas sociales deben estar constituidos de manera que sean compatibles con otros sistemas. En segundo lugar, el sistema social debe contar con el apoyo de otros sistemas. En tercer término, deben satisfacer hasta cierto punto las necesidades de los individuos que forman parte del sistema. Como cuarto prerrequisito, los sistemas deben promover un cierto grado de participación de sus miembros. En quinto lugar, los sistemas deben controlar, de manera flexible pero eficaz, la conducta de los miembros y, si surgen los conflictos, debe reconducirlos. Por último, un sistema social necesita de un lenguaje común.

Hasta ahora todo el planteamiento que hemos visto es genérico y un tanto abstracto. La idea de sistema social hace referencia a cualquier colectividad, pero hay un caso particular de sistema social especialmente importante, se trata de la sociedad.

Parsons definió a la sociedad como una comunidad relativamente autosuficiente cuyos miembros obtienen la satisfacción de sus necesidades individuales y colectivas y – esto es muy importante – vivir dentro de su marco. De hecho, la cofradía de Semana Santa es un sistema social pero no se puede vivir dentro de ella.

A estas alturas nos decepcionaría mucho si Parsons no hubiera encontrado subsistemas en la sociedad. Distinguía cuatro subsistemas o grandes estructuras en toda sociedad que merezca tal nombre. Estos cuatro sistemas funcionan cooperativamente y constituyen lo que podríamos llamar “sociedad mínima” o la parte imprescindible de una colectividad para poder llamarla sociedad.

En primer lugar existe un sistema de reproducción y socialización (5) básica de los individuos, lo que Parsons denominaba “Sistema Fiduciario”. En segundo término, toda sociedad debe contar con unas estructuras económicas que proveen de bienes y servicios, que promueven la manufactura y el comercio y dan trabajo a las personas. En tercer lugar, debe existir un sistema que proporcione y mantenga el orden, un sistema de poder, de articulación territorial y de uso legítimo de la fuerza. Y, por último, un sistema de creencias, de valores, en el que habría que incluir a la religión, lo que Parsons llamaba “Comunidad Societal”.

Para realizar cada una de estas funciones básicas de la sociedad es dónde Parsons coloca a las instituciones. Las sociedades se han dotado de un conjunto de instituciones sociales específicas para cumplirlas que estarían encuadradas en los sistemas que hemos descrito. Mediante estas instituciones se regulan los comportamientos de los individuos y los orientan al cumplimiento de fines determinados. Las instituciones sociales no son compartimentos estancos, no son verticales sino transversales, operan en sistemas parsonianos diferentes, tienen múltiples relaciones y dependencias y cuanto más evolucionada es una sociedad, más complejo es este entramado de relaciones. En la figura se pueden apreciar los sistemas y algunos ejemplos de instituciones.



El cambio social en Parsons

El cambio social en Parsons es una teoría de la madurez de su vida, iniciada después de las críticas surgidas por la falta en sus ideas de una explicación sólida de la dinámica social.

En este sentido, las ideas de Parsons sobre el cambio social tienen una orientación evolucionista. A medida que pasa el tiempo la sociedad evoluciona, se van creando o dividiendo nuevos subsistemas según el grupo social se va a adaptando a su entorno. Por supuesto, los nuevos subsistemas son mejores que los anteriores, es lo que se llama el ascenso de adaptación.

El que los subsistemas nuevos sean mejores que los anteriores es realmente optimista, intrínsecamente supone que a medida que se evoluciona aumenta la capacidad para resolver problemas. No estoy muy seguro de que esto haya sido siempre así a lo largo de la historia.

Este proceso de diferenciación requiere de capacidades nuevas para manejar los nuevos subsistemas que van surgiendo y evitar, en la medida de lo posible, los problemas de integración que puedan aparecer.

Los valores y las normas sociales deben cambiar también, para ajustarse a las nuevas demandas surgidas de la diferenciación de subsistemas con nuevas estructuras sociales y nuevas funciones. Esto crea conflictos, pues este proceso de aceptación de nuevos valores no se produce a la misma velocidad para todos los sectores sociales, encuentra la resistencia de grupos que están muy identificados con los valores tradicionales.

Por tanto, algunas sociedades evolucionan más rápidamente que otras, en función de los conflictos internos que brotan al diferenciar los subsistemas sociales y los valores que los sustentan, cuanto mayor sea la resistencia interna al cambio menor será la velocidad del mismo y, con más obstáculos, se encontrará la evolución social.

Richter señala una curiosa contradicción en Parsons. Por un lado, se cuidó de asegurar que la evolución social no era unilineal – idea que ya estaba muy en desuso en la década de los sesenta - pero, por otro lado, distinguió tres etapas evolutivas generales: primitiva, intermedia y moderna. Parece ser que esa generalidad de las etapas y su complejidad superaba la idea de linealidad, pero que Dios me perdone, a mi me sigue pareciendo una evolución lineal.

El paso de la etapa primitiva a la intermedia fue el nacimiento del lenguaje escrito. El paso entre la intermedia y la moderna se produjo con los códigos normativos institucionalizados, dicho de otra manera, con el invento del Derecho.

Al final, como nos dice Richter, Parsons se orientó hacia la teoría evolucionista porque había sido acusado de que no era capaz de realizar un análisis del cambio social, pero acabó dando la razón a sus detractores, porque no realizó un análisis de los procesos del cambio. sino un intento de “ordenar tipos estructurales y relacionarlos secuencialmente”, en realidad, hizo un estudio estructural comparado.

Conclusión

No me considero especialmente ungido para juzgar la obra de los grandes autores, pero si que tengo mi modesta – lo digo completamente en serio -, mi modesta opinión. Si se trata de estudiar la estructura social en un momento histórico concreto creo que el funcionalismo y Parsons son muy útiles, pero si se trata de estudiar el cambio social, podemos afirmar siendo muy comedidos, que Dios no llamó al funcionalismo por ese camino. Estoy más de acuerdo con los conceptos críticos de la sociología del conflicto.

En artículos posteriores vamos a seguir hablando de funcionalismo, de la obra de Robert Merton y del neofuncionalismo que estuvo muy de moda en los años ochenta del pasado siglo.

Sociólogo

Notas:
  1.  George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
  2.  nacido Meyer Robert Schkolnick (Filadelfia, 4 de julio de 1910 - Nueva York, 23 de febrero de 2003) fue un sociólogo estadounidense. Es padre del Premio Nobel de Economía Robert C. Merton. Padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975), Merton es uno de los clásicos de la escuela estadounidense de esta disciplina. También fue importante su labor en el campo de la sociología de la Ciencia.
  3.  Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
  4.  En sociología denominamos interacción social al proceso según el cual una persona actúa y reacciona en relación a otras personas. La interacción social nos permite crear y recrear la realidad que percibimos. En nuestra vida cotidiana estamos continuamente interactuando con otras personas, pero no de cualquier modo, sino, como veremos ahora, según pautas sociales determinadas. Esa interacción entre dos personas puede realizarse por múltiples medios como el lenguaje hablado, la vestimenta y la apariencia en general, los modales o el lenguaje corporal y gestual. Y múltiples contextos sociales como en casa, en el trabajo, por la calle, en una situación cara a cara o en una conversación por teléfono o en un chat de WhatsApp.
  5. Socialización es el proceso, según el cual, los individuos aprenden e interiorizan los valores y normas de la cultura en la que les ha tocado vivir, convirtiéndose en personas socialmente competentes. La socialización es proceso continuo que sólo termina con la muerte del individuo, ya que – a lo largo de sus vidas – las personas van desempeñando nuevos roles sociales.

Bibliografía:
George Ritzer
Teoría Sociológica Moderna
Mac Graw-Hill
Madrid 2001

Roberto Garvía
Conceptos fundamentales de Sociología
Ciencias Sociales
Alianza Editorial

Encyclopedia of Sociology
Coordinada por George Ritzer
Blackwell
Londres 2010


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