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El anciano con el nieto, de Domenico Ghirlandaio (1490)
Resumen
Este es el primero de una serie de cuatro artículos sobre
sociología del envejecimiento. En este primer texto exploramos cómo el
envejecimiento se ha convertido en un fenómeno social central y en cómo se
envejece actualmente examinando la cuestión desde un punto de vista social. En
los próximos artículos abordaremos los problemas sociales de la vejez, las
políticas públicas y, finalmente, las teorías sociológicas que intentan
explicarla.
Abstract
This is the
first of a four-part series on the sociology of ageing. In this opening
article, we explore how ageing has become a central social phenomenon and how
people age today, examining the issue from a social perspective. In the
following articles, we will address the social problems of old age, public
policies, and, finally, the sociological theories that seek to explain it.
Índice
- El envejecimiento en nuestra sociedad
- Procesos de envejecimiento
- El reloj biológico
- El reloj psicológico
- El reloj social
- ¿Y cómo afrontan las personas el envejecimiento?
- Conclusión
El envejecimiento en
nuestra sociedad
Una revolución silenciosa
está transformando el mundo occidental: el número de personas mayores de 65
años está creciendo considerablemente, lo cual está planteando nuevos desafíos.
Las causas principales de
este fenómeno, más acusado en las sociedades industriales, es el hecho de que
las personas vivan más años y la reducción del número de hijos por familia.
En efecto, las sociedades
están envejeciendo en todo el mundo, aunque el proceso no se desarrolle de modo uniforme. La esperanza de vida al nacer,
según datos estimados por las Naciones Unidas, se sitúa en torno a los 73,8
años. Las mujeres viven una media de 5 años más que los hombres. Así, se
estima que la esperanza de vida es de 76,4 años para ellas y de 71,2 años para
ellos.
Por países la diferencia
es abismal. Mientras que en países como Mónaco (86,7 años), Japón (85,2
años) o España (84,1 años) se superan los 84 años, en países como Nigeria la
esperanza de vida apenas alcanza los 54,6 años.
Al mismo tiempo y
refiriéndonos a la reducción de las familias, Según Eurostat, la tasa de
fertilidad de la Unión Europea en 2024 fue de 1,34 nacidos vivos por mujer,
recordemos que el mantenimiento de la población requiere de 2,1 hijos por
mujer.
De esta forma, en la Unión
Europea se está produciendo un cambio a largo plazo en la estructura de
edad (que es típica de los países desarrollados), lo que supone, por ejemplo, que alrededor de una tercera parte
de la población europea tendrá más de 65
años hacia el 2060, más de una quinta parte superará los ochenta años,
mientras que la población en edad de
trabajar (de 15 a 64 años) se reducirá alrededor de un 10% respecto a la actual, hasta constituir el 56% de la
población total europea.
El envejecimiento de la
población mundial tiene enormes implicaciones para la política social. La tasa de dependencia es uno
de los indicadores que mejor retrata el profundo cambio demográfico que está
experimentando Europa. Mide la relación entre la población potencialmente
inactiva (menores de 16 años y mayores
de 64) y la población en edad de trabajar (de 16 a 64 años).
En la Unión Europea, entre 2024 y 2025, la tasa de dependencia de la
tercera edad aumentó 0,6 puntos porcentuales, pasando del 33,9% al 34,5%. Las
proyecciones apuntan a que esta tasa se duplicará, alcanzando el 56,7% en 2050,
un cambio estructural que condicionará el futuro de todo el continente.
En España, el desafío es aún mayor. Nuestro país, junto con
Italia, Alemania y Portugal, se encuentra entre los más envejecidos de la UE,
con una tasa de dependencia de mayores que no deja de crecer. Según las estimaciones
de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), que es el organismo supervisor creado en 2013
para velar por la sostenibilidad de las finanzas públicas españolas, la tasa de
dependencia de mayores (mayores de 74 sobre población de 15 a 74 años) pasará
del 13,3% en 2025 al 24,5% en 2050. Para 2050, se prevé que España tenga 53
dependientes por cada 100 trabajadores, frente a una media europea del 45,8%.
El impacto económico
será profundo. Como advierte la AIReF, este envejecimiento disparará el gasto
en pensiones hasta el 16,3% del PIB en 2049 y el sanitario hasta el 8,4% del
PIB, mientras el gasto en educación caerá. Sin medidas, la deuda podría escalar
al 186% del PIB en 2070.
En la actualidad, más de
ciento cincuenta naciones proporcionan asistencia pública a los ancianos o discapacitados, o a sus
supervivientes cuando mueren. Las personas mayores suelen necesitar con mayor
frecuencia servicios de atención médica costosos. El rápido aumento de sus cifras amenaza con incrementar
la tensión de los sistemas sanitarios de muchas naciones industrializadas.
Pero antes de que el lector
se lleve una impresión demasiado sombría, conviene recordar dos cosas. La
primera es que quienes hoy son mayores han cotizado durante décadas, han
contribuido a construir el Estado de bienestar que ahora disfrutamos, y merecen
una vejez digna no por caridad, sino por justicia.
En segundo lugar, debemos
tener en cuenta que el envejecimiento no es una catástrofe económica inevitable;
es un logro de la humanidad que exige adaptación, no resignación. Existen
medidas viables —desde la revalorización de las pensiones, pasando por las
migraciones, hasta la apuesta por el envejecimiento activo— que pueden mantener
el estatus y el bienestar de la población mayor sin condenar al resto de la
sociedad a la ruina. El problema no es que vivamos más; es que no hemos sabido
aún ajustar nuestras instituciones a esa realidad. Pero ajustarlas está
en nuestras manos
Los procesos de
envejecimiento.
Pero el envejecimiento no es
solo un dato demográfico o un desafío económico. Detrás de las estadísticas hay
personas. Para entender la experiencia social real de envejecer hemos de pasar
a un enfoque menos generalista.
Anthony Giddens (1), en su
manual de sociología, define el envejecimiento como la combinación de
los procesos biológicos, psicológicos y sociales que afectan a las personas a
medida que se hacen mayores. Estos procesos sugieren la metáfora de tres
diferentes, aunque interrelacionados, «relojes» evolutivos: el biológico, vinculado
al cuerpo físico; el psicológico, relacionado con la mente y las capacidades
mentales; y el social, que hace referencia a las normas culturales, los valores
y las expectativas de roles asociados con la edad.
El reloj biológico
Los efectos biológicos del
envejecimiento están bien
documentados, aunque la edad cronológica exacta a la que se manifiestan varía
enormemente de un individuo a otro en función de los factores genéticos y el
estilo de vida. Todos conocemos —sobre todo los que los padecemos en carne
propia— los cambios graduales y continuos que se sufren conforme te van cayendo
los años: disminución de la visión, pérdida de audición, aparición de arrugas,
pérdida de masa muscular acompañada de acumulación de grasa, descenso de la
eficiencia cardiovascular... entre otras lindezas que nos depara la edad.
Los procesos normales de
envejecimiento no se pueden evitar, pero sí compensar parcialmente mediante una
buena salud, una alimentación adecuada y una cantidad razonable de ejercicio.
Los gerontólogos llaman "compresión de la morbilidad" (teoría
de James Fries) a la posibilidad de aplazar las enfermedades y discapacidades
graves hasta el final de la vida, de modo que se viva más años con buena salud.
Esa es la meta, y depende en buena medida de nuestros hábitos. Yo estoy en
ello, creedme (2).
Aunque la mayoría de las
personas mayores en las sociedades desarrolladas no sufren impedimentos
físicos significativos y se mantienen físicamente activas, continúan
existiendo desafortunados estereotipos sobre los «mayores débiles y delicados».
El mundo de los viejos y el mismo proceso biológico del envejecimiento se
valoran negativamente en la cultura occidental.
El reloj psicológico
Los efectos psicológicos
del envejecimiento están mucho menos
claros que los físicos. La memoria y la capacidad para aprender, por ejemplo,
no disminuyen significativamente hasta una etapa muy tardía en la mayor parte
de las personas. Lo que sí puede reducirse es la velocidad con la que se recuerda
algo o se analiza información, lo que produce la falsa impresión de un
deterioro mental. Ese fenómeno se conoce como "velocidad de
procesamiento".
Sin embargo, la moderna
neurociencia nos dice que la plasticidad cerebral se mantiene toda la
vida: se puede aprender, solo se tarda un poco más. La clave está en el método,
no en la edad. Además, la capacidad para utilizar ideas ya conocidas se
mantiene invariable e, incluso, según algunos estudios, se produce una mejora
de las habilidades verbales y matemáticas en aquellos que las han practicado
durante su vida.
Muchas personas se preguntan
si el paso de la edad cambiará su personalidad. Según el modelo de los
"cinco grandes rasgos" (apertura, conciencia, extraversión,
amabilidad y neuroticismo), el más aceptado en psicología de la personalidad,
los gerontólogos han comprobado que los rasgos fundamentales no suelen cambiar
drásticamente con la edad; lo que varía es la intensidad con que se expresan (3).
Quizás la gente se vuelve más introspectiva y menos apegada a lo material —al
fin y al cabo, no te vas a llevar nada al otro mundo— aunque, en esto último,
hay deshonrosas excepciones en eso del desapego materialista.
El reloj social
La edad social está constituida por las normas, valores y roles
culturalmente asociados a una determinada edad cronológica. Las ideas sobre la
edad social difieren de una sociedad a otra y evolucionan a lo largo del
tiempo. Estas ideas se construyen socialmente. Si bien el envejecimiento es
universal, lo que significa ser viejo es muy distinto según vas cambiando de
continente o de país. Por lo tanto, cuánto y cómo viven las personas de una
sociedad concreta depende del nivel tecnológico y de los estándares de vida de
los que disfruta o padece esa sociedad.
Mientras que en algunas
sociedades asiáticas se practica una suerte de "gerontocracia"
—el gobierno o la autoridad moral de los mayores—, en Occidente impera lo que
el gerontólogo Robert Butler (4) acuñó como "edadismo": un
sistema de creencias que justifica la discriminación por edad y que equipara
juventud con valor y vejez con obsolescencia.
En España, según el "Estudio sobre el Edadismo" de
enero de 2025 del CIS, la imagen que los españoles tienen de las personas
mayores es compleja y está llena de matices, mostrando una mezcla de
preocupación genuina, condescendencia y, en ocasiones, un claro edadismo. Se ve
a estas personas como un grupo con problemas económicos y de soledad, pero
también como una "carga" o un colectivo al que hay que
"limitar" en ciertos aspectos (un 62,1% está de acuerdo con que se
debería limitar la edad para renovar el carnet de conducir), lo que refleja un
claro conflicto generacional.
¿Y cómo afrontan las
personas el envejecimiento?
Las investigaciones
demuestran que casi todos los individuos hacen frente a los retos de la vejez bastante
bien. Es paradigmática la investigación de Neugarten (5) sobre personas
entre los 70 y los 79 años. Neugarten descubrió que solo una minoría no
conseguía adaptarse y aceptar el envejecimiento: eran lo que ella llamó personalidad
desintegrada. Un segundo grupo que lo lleva muy mal sería el de los pasivos-dependientes,
que tienen poca confianza para enfrentarse a las rutinas de cada día y tienden
a solicitar ayuda incluso cuando no la necesitan. Una tercera categoría
desarrolla una personalidad defensiva: son los que viven de modo
independiente, pero con miedo a la decrepitud, y hacen todo lo posible por
mantenerse jóvenes y conservarse en buena forma física. Por último, Neugarten
señala un cuarto grupo, los de personalidad integrada: son los que se
esfuerzan por mantener la propia dignidad, la confianza en sí mismos y el
optimismo, mientras aceptan el envejecimiento.
Eso sí, la clasificación de
Neugarten, como todas las tipologías, es una simplificación. Las personas no
encajan siempre en una sola casilla, y el afrontamiento del envejecimiento es
dinámico: una persona puede ser "integrada" en unos aspectos y
"defensiva" en otros. Pero como herramienta para entender la
diversidad de respuestas ante la vejez, sigue siendo útil.
Conclusión
El envejecimiento es un proceso complejo que no se
agota en las arrugas o en las estadísticas demográficas. Como hemos visto a lo
largo de este artículo, envejecer es mucho más que sumar años: es un fenómeno
que entrelaza lo biológico, lo psicológico y lo social, y que se vive de manera
muy distinta según el país, la cultura o la clase social.
Pero, más allá de los desafíos que plantea —y son muchos—,
el envejecimiento es también un logro de la humanidad. No olvidemos que
llegar a viejo es un privilegio que no todos han tenido y que quienes hoy son
mayores han contribuido a construir el mundo en el que vivimos. Comprender el
envejecimiento desde una mirada sociológica no solo nos ayuda a entender mejor a
los demás, sino también a prepararnos para nuestra propia vejez.
Hasta aquí hemos recorrido los procesos que acompañan al
envejecimiento y cómo se vive en nuestra sociedad. Pero la teoría no basta.
¿Qué ocurre cuando esos procesos se topan con la realidad cotidiana? ¿Cómo
afecta la jubilación a la identidad? ¿Por qué la pobreza, la soledad o la
brecha digital golpean con más fuerza a las personas mayores? Esas son las
preguntas que abordaremos en el segundo artículo de la serie, donde nos
adentraremos en los problemas sociales del envejecimiento.
Sociólogo
Notas
- Anthony Giddens (Londres, Inglaterra, 18 de enero de 1938) es un sociólogo inglés, reconocido por su teoría de la estructuración y su mirada holística de las sociedades modernas. También adquirió gran reconocimiento debido a su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía. Es considerado como uno de los más prominentes contribuyentes modernos en el campo de la Sociología, es autor de al menos 34 libros publicados en no menos de 29 idiomas —publicando en promedio más de un libro por año—. También se lo ha descrito como el científico social inglés más conocido desde John Maynard Keynes
- James F. Fries (1938-2021) fue un médico reumatólogo y profesor de la Universidad de Stanford. No era un sociólogo, sino un epidemiólogo y clínico, pero su trabajo tuvo un impacto enorme en cómo entendemos el envejecimiento saludable. Fue un pionero en el uso de bases de datos computarizadas para estudios epidemiológicos, lo que le permitió analizar a grandes poblaciones de pacientes y obtener conclusiones muy sólidas. La "compresión de la morbilidad" sugiere que, si logramos retrasar la aparición de la primera enfermedad crónica e incapacitante más de lo que retrasamos la muerte, conseguiremos comprimir el periodo de enfermedad y dependencia en una fase muy corta al final de la vida. Los pilares de la teoría son: La esperanza de vida tiene un límite biológico, la enfermedad no es inevitable y la prevención es la clave.
- el Modelo de los Cinco Grandes (Big Five) es el enfoque más aceptado en la psicología actual para describir la personalidad. Piensa en él como un mapa de los rasgos fundamentales que nos hacen ser quienes somos. A diferencia de las tipologías que nos etiquetan como un "tipo" de persona (por ejemplo, introvertida o extrovertida), el Big Five utiliza dimensiones. Esto significa que cada persona se sitúa en un continuo para cada uno de los cinco rasgos, pudiendo tener un nivel alto, medio o bajo en cada uno. Los rasgos son: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión/introversión, amabilidad, neuroticismo o cómo las personas tienden a experimentar emociones de forma negativa. La investigación sugiere que estos rasgos son relativamente estables, pero no inmutables.
- Robert Neil Butler (21 de enero de 1927 – 4 de julio de 2010) fue un médico, psiquiatra, gerontólogo y autor estadounidense, conocido mundialmente por ser el primero en acuñar el término "edadismo" (ageism). Butler creció con sus abuelos, una experiencia que le marcó profundamente. Durante su etapa en la facultad de medicina, se sintió indignado por la actitud despectiva y desdeñosa de muchos de sus profesores hacia las personas mayores. Esta vivencia fue el germen de su futura lucha contra la discriminación por edad.
- Bernice L. Neugarten (1916-2001) es una de las figuras más influyentes en la psicología del desarrollo adulto y la gerontología. Fue una de las primeras en desafiar los estereotipos sobre el envejecimiento, demostrando que no es un proceso homogéneo, sino que está lleno de diversidad.
Bibliografía
CIS (2025). Estudio 3493 'Edadismo'
INE (2025). Encuesta de Condiciones de Vida (ECV)
AIReF(2023). Opinión sobre la Sostenibilidad de las
Administraciones Públicas a Largo Plazo
Eurostat (2026). Fertility statistics (Estadísticas de
fertilidad). https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Fertility_statistics
Eurostat
(2026). EU fertility rate at 1.34 live births per woman in 2024. Nota de
prensa https://ec.europa.eu/eurostat/en/web/products-eurostat-news/w/ddn-20260306-1
Eurostat (2026). Population projections in the EU
(Proyecciones de población en la UE) https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Population_projections_in_the_EU
Eurostat (2026). Tasa de dependencia de la tercera edad
(Old-age dependency ratio). https://tradingeconomics.com/euro-area/old-age-dependency-ratio-eurostat-data.html
Mancionis
John J. y Plummer Ken (2005). Sociología. Pearson-Prentice Hall
Giddens Anthony y Sutton Philip W. (2025). Sociología. Alianza-Editorial

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