De persianas, cortinas, católicos y protestantes





El pasado mes de abril, el periodista Mario Suárez me hizo una pequeña entrevista para un artículo que estaba preparando para la revista Icon del diario El País (1). El título del artículo era: ¿porqué los españoles somos los únicos europeos obsesionados con las persianas?. 

El artículo en cuestión tuvo mucha difusión. Fue traducido al inglés y al holandés; aparecieron comentarios en la web de “LonelyPlanet(2), y en un periódico digital de residentes holandeses en España.

El día que se publicó tuve diez mil visitas en este humilde blog de mis entretelas y aparecieron muchas referencias y comentarios en las redes sociales, incluso tuve el dudoso honor de que hubiera referencias a mi persona en "ForoCoches" (3). 

Recibí muchos comentarios, la mayoría estaba de acuerdo conmigo, otros eran más críticos pero respetuosos y, uno de los amables usuarios de "ForoCoches", me llamaba "cuñado sociólogo".

No puedo por menos que detenerme un instante en analizar este término, más que nada por las connotaciones sociológicas que presenta. En principio cumplo con las dos condiciones, soy cuñado - aunque por otra parte hay muy pocas personas que pueden afirmar que son cuñados míos - y también soy sociólogo - el Rey y en su nombre el rector de la UNED (4) lo afirman en un diploma muy bonito, presidido por el escudo nacional y el de la universidad, que tengo colgado en la pared de mi estudio.

Pero el señor de "ForoCoches" me asociaba a un fenómeno reciente: el cuñadismo. La Fundación del Español Urgente (5) - la Fondéu - define el término como la tendencia a opinar sobre cualquier asunto, queriendo ser más listo que los demás.

Puedo estar equivocado, uno quiere pensar bien de sí mismo, pero creo que no entro en la definición de la Fondéu, mi intención nunca ha sido sentar cátedra siendo más listo que nadie sino divulgar, en la medida de mis posibilidades, los conceptos básicos de la sociología y otras ciencias sociales.

Hay mucho chiste, mucho comentario en España acerca de los cuñados, de las cenas de navidad con toda la familia y las inevitables discusiones con los cuñados que se producen en su trascurso, incluso llaman cuñado, al político derechista Albert Rivera (6). Se trata de un auténtico fenómeno social, al que habrá que volver en algún momento.

La mayoría de los comentarios aludían a que mi visión era limitada, que veía el problema desde una perspectiva reduccionista, muy local, y que el asunto de ocultar tu casa con cortinas o persianas pasaba también en otros países.

Lo que pasaban por alto estos amables lectores es que yo no era el autor del artículo, sino el periodista - al que estoy agradecido por contar conmigo - que me hizo unas preguntas que yo le contesté lo mejor que pude teniendo en cuenta la premura de tiempo y la falta de fuentes bibliográficas sobre el asunto. Y que el autor hizo una selección de mis contestaciones que yo - como no podría ser de otra manera - respeto totalmente, no puso todo lo que le contesté, pero lo que puso, respetó mis respuestas. ¿Qué más podría pedir?.

Así que el motivo principal de este artículo es aclarar todo lo que le dije al periodista – ampliando un poco - para que se pueda estar de acuerdo o no con mi opinión completa y no sólo con parte de la misma y, de paso, dejar claro que se trata de eso, de una opinión y no de las conclusiones de un sesudo estudio basado en la investigación social.

Dos cosas básicas se quedaron en el tintero del articulista, por un lado, la influencia del clima y, por otro, que el fenómeno no creo que sea tan solo español, sino más amplio. En Italia, Francia y Portugal también hay persianas.   

¿Cómo se explicaría de otro modo la ausencia de cortinas nada más traspasar la frontera entre Bélgica y Holanda?, dos países que comparten el idioma neerlandés aunque son de religiones diferentes, o bien, si somos los españoles los únicos obsesionados con las persianas, ¿por qué hay un tipo de persiana que se llama veneciana o romana y no hay ninguno - que yo sepa - que se la conozca como persiana española?.

Empecemos por el clima.  No echar las persianas en agosto en cualquier parte de España es una actitud casi suicida, las temperaturas que tenemos que soportar en verano pueden llegar perfectamente a los 40 grados centígrados y, en el sur del país, no es extraordinario superar esa temperatura. Tenemos inviernos y veranos largos y primaveras y otoños muy cortos. En los pocos días en que se transita de la primavera al verano, el campo pasa de verde a ocre en unos pocos días y a quemado por el sol en unos cuantos días más, la nieve de las montañas se derrite y deja de llover con la excepción de alguna tormenta veraniega que vienen acompañadas, más por rayos y truenos, que por agua.

En España el consumo de energía se dispara (7), por el uso y abuso del aire acondicionado y, si miras una foto aérea de Madrid o Barcelona y comparas con una de, pongamos Bruselas, habrá una cosa que os llame la atención, la cantidad de piscinas que hay en las ciudades españolas.

También se nos achaca la invención de la siesta, pero es muy fácil dormir en las noches templadas de la Europa Central y del Norte, sin embargo, en las noches tórridas de mi Madrid natal es muy difícil pegar ojo y se aprovecha las horas de después de la comida para echar una cabezada.

Si puedes claro, yo mientras trabajo no puedo pero, en los fines de semana y durante las vacaciones, me pego unas siestorras de las que llaman "de pijama y botijo". Pongo el ventilador del techo, el aire acondicionado, echo las persianas, me acuesto encima de las sábanas, me pongo música clásica en los auriculares y me olvido del mundo. Un auténtico placer.

Este calor intenso afecta a nuestra arquitectura popular y al urbanismo, cuanto más al sur, más blancas son las casas y más estrechas son las calles. En centro de Madrid las asociaciones de comerciantes y el Ayuntamiento financian unos toldos en las calles peatonales para que permanezcan en la sombra y, en las casas, todo hijo de vecino echa las persianas completamente para dejar la casa en penumbra y que no entre el sol a derretirnos los sesos.

Todo esto explica por qué nunca faltan las persianas, y otros inventos como las contraventanas, en una casa española, pero no explica por qué las persianas se cierran nada más anochecer en los cortos días invernales. Es evidente que se usan también para mantener la intimidad de los hogares.

A mi entender existen razones culturales para esta conducta compartida en mayor o menor medida por otros países del sur de Europa - quizás más exageradamente en nuestro país - de ocultar nuestras casas de miradas ajenas. 

Desplegamos las cortinas y visillos durante el día para que entre la luz pero no la curiosidad del prójimo y, al anochecer – cuando encendemos la luz de nuestras casas y afuera reina la oscuridad - cerramos las persianas para que no nos vean. Nuestra casa es nuestro castillo, el sacrosanto templo de nuestra privacidad.

El acto de "enseñar la casa", es un hecho social en sí mismo, es una demostración de confianza y amistad al visitante, si no, se le hace pasar al vestíbulo o al salón como mucho, que es donde metes al vendedor de seguros, alarmas o enciclopedias. Este acto se suele realizar sobre todo cuando la casa es nueva y, por supuesto, cuando está en perfecto estado de revista, de lo contrario se pasa mucha vergüenza, ¡qué dirán si no nuestros vecinos!.

Existe una tendencia clara a tener acondicionada con más gusto y cuidado la parte más visible de los hogares. En mi urbanización pude asistir a un ejemplo claro de esto que digo. Mi calle la habitamos profesionales liberales y funcionarios de cierto nivel - sector donde predomina la mentalidad de la "hidalguía" (ver "Las tres ideologías básicas del Homo Hispanicus") -  muy preocupados por el "qué dirán".

En su día todos ocupamos las casas, de nueva factura, en el transcurso de unas pocas semanas. La mayoría empezó por acondicionar el jardín, luego amueblaron - según los estándares de una revista de decoración - desde la entrada hacia las habitaciones interiores. Es decir, de lo más visto a lo más oculto, no buscaron la comodidad sino la apariencia.

Tres años después de estar instalados, un vecino – que tenía el salón y la entrada de la casa de revista de decoración - me preguntó que cómo se forraba un armario, ¿dónde tendría guardada esa gente la ropa hasta entonces?.

Por aquel tiempo, los amigos que recibía en casa, ante nuestra tardanza en poner cortinas en el salón – más que nada por una cuestión de dinero -, nos preguntaban que cuándo íbamos a ponerlas. Porque, según la opinión general, las cortinas visten mucho los salones.

En mi opinión hay dos razones principales de todo esto que comentamos, por un lado, el tipo de vida social que se lleva en el sur de Europa y, muy conectada con la cuestión anterior, las dos variantes principales de la ética cristiana: la ética católica en el sur y la ética protestante, sobre todo luteranos y calvinistas, en la Europa Central y del Norte.

Es indudable que tradicionalmente - la vida urbana ha suavizado esta tendencia - hay mucha más vida social en los países del sur. Se está más en la calle, se conoce más al vecino. De esa mayor convivencia, se deriva un mayor interés en conocer la vida ajena y un menor interés en que los demás conozcan la propia. Por tanto, hay que colocar barreras.

Esto tiene sus consecuencias en la moral. La ética católica implica una mayor preocupación por el "qué dirán", por demostrar una conducta irreprochable acorde con lo que se espera socialmente de ti, por lavar los trapos sucios en casa. Por lo tanto, tienes que disponer de un interruptor, persianas y cortinas, que desconecte tu casa del exterior para hacer lo que los demás no quieres que vean.

En cambio, la ética protestante favorece un diálogo directo con Dios sin intermediarios, Dios - que está en todas partes- me va a juzgar, entonces, ¿por qué me voy a preocupar por lo que piensen los demás?, además, dentro de esta  ética ser rico es glorificar a Dios, por lo tanto, no hay miedo a la ostentación y, del mismo modo, ser pobre no es una vergüenza pues cumples con el destino que Dios te ha deparado, por lo tanto, ¿para qué gastar el dinero en cortinas para ocultar tu pobreza?.

En el fondo, si lo miramos bien, son dos formas de mantener la reputación intacta. En un lado mediante la ocultación, de manera que nadie pueda decir – sin caer en la maledicencia o la mentira - que llevo un comportamiento indecoroso. En el otro lado mediante la transparencia, si dejo mi casa abierta a las miradas, todo el mundo puede comprobar que tengo un comportamiento decente. En ambos casos hay un sometimiento al control social.

No obstante, voy a ser un poco cínico, me da la impresión de que los norteños llevan sus vergüenzas a las habitaciones sin ventanas o a los sótanos. 

Por último, querría indicar que yo mismo no soy ajeno a mi cultura y cierro persianas y cortinas, porque me gusta preservar la intimidad de mi hogar como me enseñaron mis padres. Creo que también hay que señalar, que esto no es ni malo ni bueno, que son formas de vivir y ninguna es mejor que otra. Yo me encontraría muy incómodo si los vecinos y paseantes me pudieran ver tranquilo en casa haciendo cualquier cosa, por muy inocente y cotidiana que sea.

En los últimos años están llegando series de televisión de países como Suecia y Dinamarca. Lo primero que me sorprende es que sean tan buenas, ¿de dónde han sacado el talento esas gentes tan frías? Y, en segundo lugar, que el psicópata de turno pueda espiar sin problemas a sus víctimas en sus casas sin el estorbo de persianas o cortinas. ¡Estos nórdicos están locos!.



Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo, cuñado de mis cuñados y el que cierra las persianas en casa.




Notas:

  1. ElPaís es un periódico español fundado en 1976. Se redacta en español aunque algunas versiones autonómicas utilizan otros idiomas en algunos suplementos (por ejemplo, en el Quadern Catalunya). Según datos certificados por la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD) y referidos al periodo de julio de 2016 a junio de 2017, el promedio de tirada de El País fue de 231 140 ejemplares y el promedio de difusión de 180 765, lo que le convierte en el diario de mayor difusión de España, incluida la prensa deportiva.​ Tiene su sede social y redacción central en Madrid, aunque cuenta con delegaciones en las principales ciudades de España (Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao, Santiago de Compostela) desde las que edita diferentes ediciones territoriales. Las plantas de impresión están ubicadas en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, La Coruña, Las Palmas de Gran Canaria, Burgos, Palma de Mallorca, Alemania, Bélgica, Italia, México y Argentina. El País tiene también una «edición global» o internacional que se imprime y distribuye en América Latina.​ La versión digital del periódico, ElPais.com, es el periódico digital en español más consultado del mundo con 11 618 000 usuarios únicos (septiembre de 2016).
  2. LonelyPlanet es una de las mayores editoras de guías de viajes en el mundo. Fue la primera serie popular de libros de viajes dirigida a mochileros y a viajeros de bajo presupuesto. Para el 2008, había publicado alrededor de 500 títulos en 8 idiomas, con ventas anuales de más de seis millones de guías de viajes, así como programas de televisión y páginas web.
  3. ForoCoches es un foro de Internet en español orientado inicialmente a la automoción que permite la creación de hilos de discusión sobre prácticamente cualquier tema. De acuerdo con la clasificación elaborada por Alexa Internet, ForoCoches se encuentra entre los 100 sitios web más visitados de España
  4. La Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) es una universidad pública española de ámbito nacional, dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Es la primera universidad de España por número de alumnos matriculados con casi 265.000 estudiantes. Tiene su sede central en la ciudad de Madrid, en los campus universitarios de Senda del Rey y de Ciudad Universitaria, si bien cuenta con una amplia red de centros asociados repartidos por todo el territorio español y parte del extranjero. La UNED se caracteriza por ofrecer una modalidad de estudio a distancia, con el uso de las nuevas tecnologías a través de sus cursos virtuales en Internet, la televisión educativa y los programas de radio, en combinación con tutorías presenciales en ciudades donde dispone de centros asociados. Los estudios de la UNED están basados en el sistema europeo de créditos European Credit Transfer and Accumulation System (ECTS).
  5. La Fundéu BBVA (Fundación del Español Urgente) es una fundación creada en febrero de 2005 en Madrid a partir del Departamento de Español Urgente de la agencia EFE. Es fruto del acuerdo y participación equitativa en su constitución del banco BBVA (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria) y Agencia EFE. El principal objetivo de la fundación es velar por el buen uso del idioma español en los medios de comunicación, en especial los informativos, y cuenta con el asesoramiento de la Real Academia Española, cuyo director, Darío Villanueva, es a su vez el presidente de la Fundéu BBVA.
  6. AlbertRivera Díaz,​ anteriormente Alberto Carlos Rivera Díaz, conocido como Albert Rivera (Barcelona, 15 de noviembre de 1979) es un político español, presidente de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía desde su fundación, diputado del Parlamento de Cataluña de 2006 a 2015 y, actualmente, diputado en las Cortes Generales durante las xi y xii legislaturas.
  7. Un ejemplo de subida del consumo por una ola de calor es https://elpais.com/economia/2015/07/06/actualidad/1436193637_541203.html
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Breve tratado sobre cómo escribir decentemente en la Administración Pública

II Técnicas de Concepción

Juan Carlos Barajas Martínez


Mapa mental de este artículo
Índice:
No se puede empezar a escribir sin más
¿A quién va dirigido?
¿Qué tipo de documento debo escoger?
¿Qué es lo que quiero decir?
¿Qué longitud debe tener?
Veracidad y rigor del escrito

No se puede empezar a escribir sin más

En el artículo anterior de este breve tratado, “Técnicas de Redacción”, se da un repaso a una serie de trucos y consejos sobre cómo escribir documentos en la Administración Pública de una manera eficaz y a gusto de la mayoría.

Las técnicas de redacción son herramientas que se deben utilizar a la hora de escribir. El objetivo de estas técnicas es conseguir claridad y concisión en el texto. Son fundamentalmente herramientas de estilo. Su uso nos ayuda a contestar a la pregunta: ¿cómo quiero decir lo que quiero decir?.

En esta nueva entrada nos vamos a dedicar a desentrañar un método para escribir con facilidad en el mismo entorno burocrático, lo que hemos llamado “Técnicas de Concepción”, es decir, herramientas que nos ayudan a pensar qué es lo que quiero decir y a quién quiero decírselo. 

Si con las técnicas de redacción, puedo llegar a ser eficaz en la comunicación escrita, con las de concepción, puedo llegar a ser eficiente.

Ante la pantalla – o el folio - en blanco, lo que jamás se debe de hacer es empezar a escribir sin más. Es un error muy común pero no por ello deja de ser un inmenso error. Lo contrario es un ejercicio de escritura automática - lo que está muy bien, yo lo hago a menudo - pero como ejercicio, no para escribir un documento que puede acabar en la mesa de tu jefe, un director general o un secretario de estado.

Hay que planificar el escrito que empiezas durante un tiempo variable, desde unos pocos minutos a todo el tiempo que sea necesario, dependiendo – sobre todo - del tipo y de la importancia del documento.

No debo escribir ni un renglón si no tengo claro tres cuestiones esenciales: ¿a quién va dirigido?, ¿qué tipo de documento debo usar?, y, ¿qué es lo que quiero decir?. Contestar a estas preguntas parece una tontería, sin embargo, es la clave para hacer escritos buenos, y no es tan sencillo como parece.

Y, por supuesto, no se puede contestar estas preguntas si me pongo a escribir directamente sin pensar antes.

¿A quién va dirigido?

Siempre hay que tener en cuenta al destinatario del escrito porque es el objeto principal del documento y, esta propiedad, hace que tenga influencia en el estilo, la longitud, el tipo de documento y en lo que puedes decir o tienes que callarte.

En el puesto de funcionario tienes múltiples tipos de destinatario en tus comunicaciones, incluso, en un mismo documento es muy común tener en la dirección muchos destinatarios diferentes. Es más, una vez se ha producido un escrito, no sabes en las manos de quién acabará. Son los destinatarios ocultos.

Muchas veces un informe que había dirigido a mi jefe acabó en la mesa del director general, simplemente porque mi superior se lo había enviado sin decirme nada; en otras ocasiones, la carta que había enviado a un ciudadano acabó en un despacho de abogados.

Luego, cuando nos preguntamos sobre los destinatarios, debemos pensar en los evidentes, al jefe porque te lo ha pedido o al ciudadano porque así te lo ha requerido, y debemos pensar también en los ocultos, el director general o el abogado. No requiere de mucho tiempo, simplemente, pensar un momento en los posibles recorridos del documento y adaptar el texto a estos posibles lectores.

Como decíamos, un documento oficial puede tener un pequeño universo de destinatarios. En primer lugar, yo distinguiría entre los ciudadanos y los destinatarios de la administración pública. El estilo cambia totalmente, eso ya lo vimos en el artículo anterior, pero también cambia la concepción del documento.

En la comunicación con el administrado has de tener siempre presente que eres el representante de la administración, por tanto, debes sujetarte al derecho administrativo, hacer lo que se solicita siempre que sea tu competencia, dirigirle al competente cuando no lo seas y decir que no con la máxima educación posible cuando no es posible decirle que sí, ¡ah!, y aguantar la reacción de algunas personas cuando se les dice que no.

En las comunicaciones con otras unidades administrativas sigue rigiendo el derecho administrativo, cómo no, pero dependiendo de la “distancia” entre tu organismo y el organismo destinatario puedes expresarte con más o menos libertad o recurrir a unos lugares comunes o a otros. Estamos hablando, tanto de distancia jerárquica, es decir, de abajo a arriba, como de distancia horizontal entre distintos ministerios u organismos.

El nivel de confianza, de informalidad y de información disminuye cuando aumenta la distancia, tanto vertical como horizontalmente, esto influye en lo que puedes comunicar. Sabiendo la política de tu unidad, la de tu órgano administrativo, el ámbito competencial – que siempre tienes que tener en cuenta- puedes decir algunas cosas u otras.

Esta distancia estaría definida por un continuo cuyo punto más próximo es el jefe de tu unidad, pasando por el jefe del órgano superior, otro órgano del mismo ministerio, alguien de otro ministerio y, por último, alguien de otra administración, es decir, comunidades autónomas y ayuntamientos.

A pensar en todo esto hay también que dedicarle un rato antes de empezar a escribir una sola línea.

¿Qué tipo de documento debo escoger?


Grafo que indica los tipos de documentos que se usan en el MAEC


Cada organización tiene sus propios tipos de documentos, en unos sitios se habla de memorándum, en otros de nota informativa o de circular; podemos encontrarnos en este aspecto un sinfín de variedades. El gráfico que ilustra este apartado es el conjunto de documentos que se utiliza en el Ministerio de Asuntos Exteriores (MAEC) regulado por Orden Circular número 3.275 de mayo de 2006. Cada uno de los tipos de escritos del grafo tiene un formato y destinatarios diferentes y, por supuesto, una utilidad concreta.

A mí siempre me ha llamado la atención la nota verbal, que es la que se intercambia una legación diplomática de un estado extranjero en España con el MAEC. Y me ha llamado la atención por la inconsistencia lógica de su nombre, porque, si se trata de una nota no puede ser verbal y, si es verbal, no puede ser una nota, sin embargo ahí están, me ha tocado redactar más de una que, como es natural.

De todas formas, lo que quería ilustrar con este ejemplo, era la diversidad de tipos de documentos que podemos encontrar en un sitio tan burocrático como un ministerio. Lo que implica, por un lado, que se tienen que conocer las características de todos los documentos y, por otro lado, se debe emplear un tiempo – aunque sea corto – para decidir qué tipo de documento debo emplear de acuerdo con las normas internas de la organización. La mayoría de las veces la decisión es fácil, la propia situación lo indica, en otras ocasiones – las menos – surgen dudas: “¿envío al “subse” (1) una nota informativa o un informe?”.

En general todos estos tipos de escritos se pueden resumir en tres: comunicaciones, circulares e informes. Las comunicaciones pueden tener uno o varios destinatarios pero no suelen ser muchos; tienen una longitud corta y suelen tener una intención u objetivo claro y puntual.

Las circulares tienen muchos destinatarios, en muchos casos se dirigen a todas las unidades de la organización. Los remitentes suelen ser autoridades o altos cargos que quieren informar sobre cuestiones importantes y de interés general, o bien, establecer una normativa interna; suelen ser de longitud mayor que las comunicaciones, normalmente, porque ya que se envía a tanta gente se incluyen varios asuntos.

El informe es un escrito destinado a facilitar información “in extenso” sobre un determinado tema. Suelen dirigirse a una autoridad superior como explicación detallada de algún asunto, o como análisis de las opciones que se pueden seguir ante una determinada decisión, o bien, para proponer la mejor solución para un determinado problema.

¿Qué es lo que quiero decir?

En este aspecto es más importante, si cabe, la reflexión previa a la escritura. Necesitamos de una técnica que nos permita diseñar el contenido del escrito y, al mismo tiempo, nos ayude a no dejar ninguna idea en el tintero.

Hay que hacer algún tipo de esquema. La tentación de empezar a escribir es muy grande pero, gastar unos minutos en hacer un planteamiento mediante algún diagrama, nos hará aumentar nuestra productividad y la calidad de nuestros escritos.

Yo soy firme partidario de los mapas mentales (2), los uso para todo. Un mapa mental es un diagrama que se usa para representar palabras, ideas, tareas, lecturas, dibujos, u otros conceptos ligados y dispuestos radialmente alrededor de una palabra clave o de una idea central. El mapa mental es un método muy eficaz para extraer conclusiones, memorizar información, analizar cualquier cosa o tomar decisiones.

He puesto al principio el que he diseñado para este artículo. Tengo que decir que yo los hago un poco especiales, un poco a mi manera. Uso una idea principal que sitúo en el centro, pero si las ramas son muy complicadas creo otra idea principal y hago una especie de submapa. Otra cosa que diferencia mis mapas de los mapas ortodoxos es que yo no hago dibujos ilustrativos, sólo pongo textos.
Por cierto, los mapas mentales se leen como los relojes analógicos, me sitúo arriba y luego leo en el sentido de las agujas del reloj, girando a la derecha.

En el mapa apunto todo lo que quiero decir, hago un primer nivel con los temas más importantes que quiero tratar y luego los voy refinando, añadiendo o quitando ideas.

El tiempo que dedico a la planificación del escrito es muy variable. Desde un par de minutos para un correo electrónico ordinario, pasado por unos minutos para las comunicaciones hasta quizás una hora cuando se trata de un informe complejo o un artículo como éste, a veces, en este tipo de escritos complejos, es común que lo deje y lo retome, añadiendo algunas ideas o abandonando otras. Lo que sí puedo afirmar es que no empiezo a escribir hasta que no considero que el mapa mental está acabado.

Una vez te acostumbras a esta técnica de los mapas mentales, no puedes dejarla. Hoy en día me siento incapaz de escribir sin usarla.

¿Qué longitud debe tener?

La respuesta a esta pregunta para mí es: la mínima posible que te dejen las condiciones que te rodean.

Leer aburre a un buen número de personas, otras muy ocupadas, tienen que leer mucho y tienen una tendencia inconsciente a abreviar. Así que no te extiendas sin fin, pero extiéndete lo suficiente como para decir todo lo que tienes que decir. Yo, según voy escribiendo, voy tachando las ramas del mapa mental que he completado, y termino, cuando he tachado todas las ramas.

Pero no todo depende del autor del escrito, la longitud depende básicamente del tipo de documento y de a quién va dirigido.

Si nos fijamos en la clase del escrito, una comunicación suele ser más corta que una circular, y ésta, más corta que un informe. Has de respetar esta norma, no puedes apabullar con datos en una comunicación, no puedes dejar de hacerlo en un informe.

En cuanto al destinatario del documento y su influencia en la longitud del mismo, debemos tener en cuenta este principio básico: cuanto mayor es la jerarquía del destinatario menor debe ser la longitud del documento. Esto, sobre todo, es de aplicación en la redacción de informes.

Conforme vas subiendo en la escala jerárquica el perfil de las personas es menos específico y más generalista, un informe muy especializado provoca urticaria mental en el directivo. A tu jefe inmediato, que probablemente es colega tuyo de profesión, puedes – es más si es competente es muy posible que te lo exija – profundidad y alternativas, pero el directivo agradece concisión y claridad, para poder tomar decisiones sin ser expertos en la especialidad de que se trate.

El informe perfecto para el directivo es aquel que, de forma poco extensa, bien documentado, con argumentos sólidos, recomienda una solución con tanta precisión que hasta toma la decisión final por él. Por cierto, nunca hagas un informe perfecto porque si vienen mal dadas ya tendrá a quien echar la culpa, haz un informe bueno – como decía un gran jefe que tuve “lo mejor es enemigo de lo bueno” – con varias alternativas de solución.

Es buena práctica en esto de los informes poner los datos más específicos, lo más complejo pero necesario, en apéndices. De esta manera reduces el tamaño del informe y nadie te podrá acusar de que no has proporcionado información suficiente.

Veracidad y rigor del escrito

Como funcionario creo que siempre debes de decir la verdad. Lo que escribas debe ser veraz y, en la medida de tus posibilidades, riguroso. Otra cosa es que estés en condiciones de decir todo lo que sabes, desgraciadamente hay muchas situaciones en las que debes guardarte parte de la información.

La más evidente de estas situaciones se produce cuando tratas con información confidencial, en estos casos no hay dudas, sólo puedes decir aquello que te dejan. En otras ocasiones menos claras tienes un debate ético entre manos, incluso alguna vez – gracias a Dios no muchas - me he pasado una noche sin dormir dándole vueltas a un problema moral, entre incumplir la ley o perjudicar a un tercero no informándole de lo que sabía.

La mayor parte de las veces en las que me he encontrado en esta tesitura ha sido cuando ha habido un conflicto entre la política de unidad de la que formaba parte y la autoridad que pedía la información. Simplificando el tema, yo lo suelo como definir como el dilema entre decir la verdad técnica o mantener la opinión de tus jefes. Yo siempre recomiendo lo mismo, ser flexible hasta que tu reputación profesional pueda quedar en entredicho; no es cuestión de enfrentarte a los jefes, pero el límite es siempre lo único que realmente te pertenece: tu reputación. Ni siquiera llego al asunto de la responsabilidad civil, la ley no hay que saltársela nunca, caiga quién caiga. Y, por supuesto, que aquello que afirmes – poco o mucho – sea siempre veraz.

En cuanto al rigor, los datos que aportes siempre han de ser veraces. Si se tienen meras impresiones, hay que explicarlo. Cuando tienes que referirte a opiniones de terceros, usa siempre calificativos difusos como “al parecer” o “según se afirma”, no te identifiques con opiniones no contrastadas. Cuando una variable puede alcanzar varios valores, pero no los conoces todos, cítalos por extensión pero pon la coletilla: “entre otros”. Sólo hay citar exactamente lo que exactamente sabes.

Por último, queda feo decir barbaridades técnicas y, sobre todo en el ámbito administrativo, barbaridades jurídicas. Conviene asesorarse antes de dejar escrita alguna perla. Yo, aparte de los diccionarios de la Real Academia, siempre tengo a mano una serie de direcciones web esenciales y bases de datos jurídicas (no las recomiendo porque no son productos gratuitos). Y sigues teniendo dudas, pues los textos jurídicos son arcanos, siempre tengo algún amigo experto a quien acudir. Porque, la experiencia me ha enseñado que es tan importante saber como saber quién lo sabes.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo
Miembro del ICCA









Notas:
  1.          “Subse” es como se conoce coloquialmente al subsecretario. En la AGE un subsecretario es un alto cargo que depende directamente del ministro y, aunque de rango inferior al de secretario de estado, actúa de hecho como una especie de viceministro pues dependen de él o ella todos los servicios centrales del ministerio. El prefijo “sub”, que tiende a confundir al personal, viene de los tiempos en que dependían de los secretarios de despacho, nombre que recibían los ministros de la época (principios del siglo XIX).
  2.      Un mapa mental es un diagrama usado para representar palabras, ideas, tareas, lecturas, dibujos, u otros conceptos ligados y dispuestos radicalmente alrededor de una palabra clave o de una idea central. Los mapas mentales son un método muy eficaz, para extraer y memorizar información. Son una forma lógica y creativa de tomar notas, organizar, asociar y expresar ideas, que consiste, literalmente, en cartografiar sus reflexiones sobre un tema, es representado por medio de dibujos o imágenes.

Bibliografía:

Bibliografía

Técnicas de Comunicación Escrita
Ask Consultores- Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación
Madrid 2004

Cómo crear mapas mentales
Tony Buzan
Ediciones Urano
Barcelona 2007



Breve tratado sobre cómo escribir decentemente en la Administración Pública

I Técnicas de Redacción

Juan Carlos Barajas Martínez
Instituto Complutense de Ciencia de la Administración


Índice:
  • Introducción
  • Técnicas de redacción
  • Cómo hacer un escrito comprensible
  • Corrección gramatical y ortográfica pero sin pasarse
  • Formas de saludo y respeto

Introducción
Hace ya algunos años escribí para este blog un artículo sobre cómo escribir informes, el título era “Leyes para escribir un buen informe”. En este texto pretendía dar una serie de consejos, formulados como si de leyes científicas se tratara, sobre cómo escribir informes en un entorno burocrático.

En este artículo que ahora abordo pretendo ir más lejos. En primer lugar porque no voy a centrarme exclusivamente en los informes, voy a hablar de escritos en general y, en segundo término, porque voy a poner el foco en cómo escribir documentos en un entorno burocrático más concreto: Administración General del Estado, la AGE. Y esto de ir a lo más concreto debería traer consigo una mayor facilidad pero, al contrario, de manera paradójica, a mí me resulta un ejercicio más complicado. De todas las maneras, recogeré ideas del artículo anterior que me parecen básicas y que son aplicables a cualquier comunicación escrita.

¿Quién o qué me capacita para sentar cátedra en esto de escribir documentos administrativos?, pues en realidad si soy sincero, tendré que responder que nadie y nada respectivamente, no tengo diploma ni título de escritor administrativo otorgado por alguna institución de prestigio. Me atrevo porque dentro de poco cumpliré treinta y tres años de servicio como funcionario de la AGE y, en ese largo período de tiempo, he escrito mucho. Como persona observadora, estudiosa y perfeccionista, me he ido haciendo recetas, truquillos con los que atacar un folio en blanco y producir industrialmente escritos.

Tampoco es que vaya a innovar radicalmente, la mayoría de estos consejos los he encontrado por ahí, otros son recetas personales o son recetas de otros a las que condimento con mis propias especias para darle un sabor personal. El caso es que para lo que cobro por este trabajo no creo que nadie tenga el valor de criticarme ferozmente. Y, por supuesto, siempre queda el recurso de no hacerme caso.

Pues si os parece, vamos a comenzar. Para mí, las técnicas que se utilizan a la hora de parir un documento administrativo pertenecen a dos grupos: técnicas de redacción y técnicas de concepción.

Las técnicas de redacción son herramientas que se deben utilizar a la hora de escribir. Son fundamentalmente herramientas de estilo. El objetivo de estas técnicas es conseguir claridad y concisión en el texto. Son independientes del tipo de documento que se vaya a escribir.

Las técnicas de concepción son herramientas que nos ayudan a pensar qué es lo que quiero decir y a quién quiero decírselo. Podría parecer que esto es fácil, pero no lo es en absoluto. La redacción de documentos es un arte que llama al engaño. ¡Cuántas veces habré creído hacer un buen escrito y haberlo dirigido a quién correspondía y luego ha resultado que no se entendía o no debía ir al que lo dirigí!. En la concepción de un escrito está incluida la elección del tipo de documento a escribir, no es lo mismo concebir un informe que una notificación.

Técnicas de redacción
Yo clasificaría las técnicas de redacción de documentos en tres categorías: técnicas para hacer el escrito más comprensible – hay que huir de lenguajes administrativos poco comprensibles y desagradables para el ciudadano o para el compañero-, técnicas para mantener la corrección gramatical – hay que escribir con cierta decencia gramatical para que el documento sea tomado en serio -  y formas de protocolo – no olvidemos que, o bien nos movemos entre unidades administrativas con su espíritu jerárquico y burocrático, o bien, estamos dirigiéndonos al ciudadano y tenemos que hacerlo con educación y respeto.

Como hacer un escrito comprensible
Si nos fijamos en los modos de hacer un escrito comprensible, lo primero que debe intentarse es hacer el texto lo más agradable de leer que te permita el asunto del documento que no suele ser precisamente divertido y, para ello, es muy recomendable trabajar con el formato del mismo.

Así, es buena práctica usar un tipo de letra suficientemente grande, un buen tamaño es de 11 o 12 puntos. Que la fuente de caracteres sea inteligible – ni “monotipe cursiva”, ni “élfico”, ni “Klingon” están recomendados a tal fin, hay mucha gente que le tiene manía al “comic sans” -; es mejor utilizar los tipos más comunes como “Arial o Times New Roman”. Es buena práctica poner espaciado entre líneas y, sobre todo, entre párrafos, mejora la lectura.

Dado que vivimos en la cultura de la imagen y tenemos muy poca paciencia a la hora de leer, a menudo, las personas hacen una lectura diagonal. Hay gente muy hábil en este tipo de lecturas, pero en general, los lectores diagonales no se enteran de mucho. Usar la negrilla para destacar lo importante facilita la lectura a este tipo de lectores y no repele a los que se lo leen todo, estos últimos son los buenos por cierto. Los que no leen nada, nada se puede hacer por ellos.

Poner una única idea en un párrafo es una gran técnica de redacción. He leído textos imposibles de entender porque se intentaba explicar varias ideas en una frase, en un encomiable intento de ir al grano, pero con resultados claramente ininteligibles. Si concentramos una idea en un párrafo también conseguiremos párrafos cortos con lo que aumentaremos la claridad doblemente.

Debemos usar un lenguaje claro pero no caer en lo chabacano, un lenguaje culto pero sin exceso, sin abuso de adjetivos y adverbios. Debe ser también conciso, yendo al meollo. A menudo en la Administración, como dice el periodista Javier Badía: “nos encontramos con textos incomprensibles para el ciudadano: crípticos, densos, embarullados, ampulosos, rimbombantes, pretenciosos. Expresión de una jerga inaceptable, insoportable. El ciudadano, el administrado, tiene derecho a entender, a saber lo que se le dice. No tiene por qué traducir, y menos buscar traductor. La Administración está obligada a la claridad. Los funcionarios están obligados a escribir para que se les entienda”. Donde hay oscuridad, no hay transparencia.

Para que se me entienda, es preferible decir "fuegos artificiales" a decir "demostración pirotécnica","actuar" a "tomar medidas sobre la cuestión", "rápidamente" a "a la brevedad posible", "medir" que "cuantificar". Nunca hay que decir "curriculums" - por incorrecto -  ni "curricula" - que no eres un catedrático de lenguas muertas -, es mejor dejarse de latinajos e ir al castellano puro y decir "currículos". Y así podemos dar mil ejemplos.

De joven me encantaban los bandos del entonces alcalde de Madrid, el profesor Enrique Tierno Galván. Con ocasión de la escritura de este artículo los he releído y me siguen divirtiendo y admirando. Están redactados, con una bondadosa ironía,  en un español pariente de un castellano más antiguo sin llegar a rebozarse en el fango de lo arcaico. Un funcionario no debe intentar emular al entrañable alcalde, al menos en esto. El intentarlo y obtener el resultado que conseguía el viejo profesor es un lujo que pocos se pueden permitir. Hay que escribir en un lenguaje moderno, huyendo de las formas jurídicas que hace muchos años que se dejaron de usar en el lenguaje usual.

A este ejercicio  de hacer más claro y directo el lenguaje administrativo tomado como un derecho del ciudadano es a lo que Javier Badía llama modernización del lenguaje administrativo.

A la hora de redactar un documento administrativo es muy importante pensar en los destinatarios del mismo. Se tiene que pensar en el destinatario final y en todos los posibles lectores que puede tener el documento, nunca se sabe en qué manos puede caer.

El lenguaje debe ser más llano y claro cuando se dirige el escrito a un ciudadano que no tiene por qué ser un experto en el asunto de que trate el documento.

En cambio, si se trata de un documento que se envía a otra unidad administrativa se puede elevar el nivel sin llegar a hacerlo incomprensible. Tiene que ser moderado no tanto en las críticas que se hagan como en el tono de dichas críticas y debe estar empapado en la cultura propia de la organización en la que se trabaja. Y tiene que estar fundamentado, basado en cifras y datos, con una argumentación clara y unas conclusiones meditadas.

Es buena técnica también destacar aquello que puedes hacer por el destinatario y no regodearte en lo que tienes que denegar o prohibir. Hay que procurar que el sentido general del texto sea positivo. Muchas veces es difícil, un “no” es siempre duro y una mala noticia siempre es triste.

El abuso de los acrónimos y de siglas es otro de los males de nuestro tiempo. Se pueden utilizar acrónimos y siglas, a ver quién es el guapo que lo evita, pero no directamente sin explicar en qué consisten. Así, es buena práctica que la primera vez que aparece el concepto se escriba completo seguido de sus correspondientes siglas entre paréntesis, a partir de ese momento, se pueden utilizar las siglas en el resto del texto.

El mundo de la informática es el principal campo de batalla de siglas y acrónimos, los mediocres los usan descabelladamente en un vano intento de hacer que un lenguaje críptico dé una pátina de experto a quién no lo es. En textos que tratan de tecnologías – no sólo las de la información – o en el uso de cualquier lenguaje profesional, no es mala idea poner un apéndice con un glosario de términos, sobre todo en el caso de los informes.

Otra cuestión que hay que evitar es el uso de neologismos y anglicismos, sobre todo si existe un término equivalente castellano. Una vez un vecino de mi tío Celestino – que en paz descanse - le trajo un tensiómetro digital a su casa para enseñarle su funcionamiento, nada más encenderlo el aparato cobró vida y empezó a escribir en el visor – que no “display” - caracteres raros, yo pensé que se estaba haciendo un test de arranque, pero el vecino le dijo a mi tío: “se está dando un repaso”. A veces es increíblemente sencillo.

No usemos anglicismos, si no es absolutamente necesario porque no encontramos un término español equivalente, o bien, porque están muy aceptados socialmente. Es mejor decir "software" que "logical" – palabra que no usa nadie – o que programación – que significa muchas más cosas -. Ahora bien, es mucho mejor decir habilidad, destreza, talento, aptitud o capacidad que decir “skill”, palabra inglesa que odio cortésmente y que está por todas partes. No por usar voces inglesas va aumentar vuestro prestigio social.

En castellano, en otras lenguas no es tan importante, repetir en una misma frase la misma palabra queda fatal.  El diccionario de sinónimos del Word es una herramienta muy útil para estos menesteres.

Cuando la repetición se vuelve patológica estamos delante de las horribles muletillas, la semana pasada conté doce "y además", en una memoria técnica de tres páginas que se tenía que presentar para aprobar un proyecto de trabajo fin de máster. Hay que luchar contra las muletillas en desigual combate pues quedan feas, pues la gente tienen tanta habilidad en descubrirlas como el autor en no darse cuenta de que las usa.

No escribáis textos telegráficos, el resultado es muy farragoso e incorrecto. No olvidéis que las preposiciones y los artículos existen, no se dice "enviar a Ministerio", ni “consultar a obispado”, ni “Casa Real ha respondido”.

A pesar de todo, se os colarán gazapos, si el que habla se equivoca el que escribe se equivoca menos, pues tiene tiempo para pensar. Pero lo hace para siempre porque lo escrito, escrito queda.

 Corrección gramatical y ortográfica, pero sin pasarse
Nadie puede evitar cometer errores pero un escrito administrativo no puede ser un texto cargado de faltas. Tenemos la suerte de trabajar con ordenadores que nos señalan gran parte de las palabras mal escritas aunque, cuando la palabra equivocada existe – “baca” y “vaca” por ejemplo – el Word no nos puede avisar. Conviene repasar el texto para detectar posibles faltas tan descaradas que son como una pedrada en el ojo del lector. Si no es algo urgente conviene dejar reposar el texto y volverle a echar un vistazo un tiempo después, pues la mente tiende a leer aquello que creemos que hemos escrito y no lo que escribimos en realidad.

Y ya que trabajamos con ordenadores, siempre tengo abierto en otra ventana, el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia (RAE) (http://dle.rae.es). De esta manera, ante cualquier duda sobre el buen uso de una palabra la resuelvo en el diccionario. También es muy útil el Diccionario Panhispánico de Dudas (http://www.rae.es/recursos/diccionarios/dpd) publicado por la misma institución.  Y no recomiendo la Ortografía Básica de la RAE, porque no es gratuita y yo jamás me meto en la economía de nadie.

El gran sociólogo alemán Max Weber dejó escrito que la burocracia se caracteriza por -  entre otras muchas propiedades - su impersonalidad, por sus procedimientos basados en normas escritas, sin favoritismos ni decisiones arbitrarias. Esto debe quedar reflejado en el texto mediante el uso de un lenguaje impersonal. Además, el firmante del documento debe protegerse recalcando que no es él que actúa personalmente, sino que es el representante de un organismo que es el que realmente actúa o resuelve.

Por esta razón es recomendable usar, en primer lugar, la tercera persona, fórmulas como "el Ministerio considera que" o "esta oficina no tiene la competencia en". En segundo lugar, podemos recurrir a las oraciones impersonales, pero tienen el inconveniente de carecer de sujeto lo que aumenta la ambigüedad, aunque a veces, es interesante no poner el sujeto, sobre todo, si el sujeto eres tú. Se pueden usar fórmulas del tipo: "se notifica que" o "se resuelve por medio de esta orden".

En castellano solemos usar la voz activa mucho más que la voz pasiva. El resultado de usar la activa  suele ser frases más cortas y más comprensibles. Es mejor decir "El interventor comprobó las facturas" que "las facturas fueron comprobadas por el interventor". Así que hemos de procurar usar la voz activa y evitar la pasiva, pero hay que decir que ésta última es perfectamente correcta y puede ser preferible cuando tiene carácter impersonal. En general, cuando relees un documento en el que has escrito una frase en pasiva, si es  inoportuna va a rechinarte en los oídos, la cambias a activa y a otra cosa mariposa.

Hay que procurar mantener la coherencia entre los tiempos verbales, la concordancia entre los elementos de una frase en género y número.

Por último, no repitáis en los textos errores que pueden ser disculpables en el lenguaje oral, como hemos dicho, escribiendo se tiene más tiempo para pensar. Cuidad la puntuación, los leísmos y laísmos (sé que es difícil)  y el dequeísmo. Hay que escribir de forma gramaticalmente correcta, o al menos, dentro de una gramática socialmente aceptada,  en la medida de las posibilidades de cada cual.

Fórmulas de saludo y respeto
Cuando escribes un documento en calidad de funcionario de la administración pública debes tener siempre en cuenta de que eres un representante del Estado y, por tanto, no está bien que escribas coloquialmente o tutees al ciudadano o a un compañero de otra oficina administrativa, a no ser que lo conozcas personalmente o seas de su mismo cuerpo administrativo. El “¿quéee passaa tío?” está completamente prohibido y el “usted” se aplica por defecto.

Se debe guardar respeto y educación exquisitas sin caer en la zalamería o el dulzor innecesario, ni tampoco está bien irse al otro extremo y aplicar una impersonalidad de tal grado que el ciudadano sienta que está comunicando con una máquina. Entre ambas actitudes hay mucho trecho en el que podemos encontrar un estilo formal y educado.

La mayoría de las comunicaciones entre órganos administrativos tienen formatos establecidos y no se usan formas de salutación ni despedida. Hace años se utilizaba el “Dios le guarde a usted muchos años” pero eso está superado. A veces se suele poner un “Querido Luis” escrito a mano al principio del texto, si conoces al tal Luis y quieres manifestar proximidad y, para terminar, un “un abrazo” después del texto también escrito a mano. De esta manera manifiestas acercamiento, pero sin salirte de tu función porque el texto es formal y administrativo.

Hasta hace pocos años existían tratamientos como:  Vuestra ilustrísima (VI) e Ilustrísimo Señor (Ilmo. Sr.), para ciertos altos cargos, y Vuestra Excelencia (VE) y Excelentísimo Señor (Excmo. Sr.) para los cargos realmente altos. Gracias a Dios tales tratamientos han desaparecido aunque yo los uso sagazmente cuando he tenido que reconvenir - o informar de algo que había hecho mal - a una autoridad muy por encima de mí en el organigrama. Era una forma de hacer la pelota y distraer al encumbrado destinatario mientras le echabas una bronca discreta.

En cambio, en la comunicación con el ciudadano y las empresas sí se utilizan fórmulas de saludo. Yo creo que es suficiente un “Señor:” o “Señora:” para dirigirte a un ciudadano, o un “Señores:” si te diriges a un grupo o empresa. Si quieres ser un poco más formal puedes poner “Estimado señor” o “Estimada señora” o “Estimados señores”. Lo de “Muy señor mío” me parece excesivo a estas alturas del milenio.

Para despedir creo que basta un “Atentamente”, quizás un “Afectuosamente” o “Cordialmente”, si hay cierta complicidad, o bien, si les has dado un palo denegando su solicitud y quieres manifestar cierta proximidad para endulzarlo.

Mi padre decía que el tratamiento “Don” o “Doña” se otorgaba otrora para el que tenía el bachillerato, en cualquier caso, hoy se aplica a todo el mundo, por lo que ya sabéis: como regla general hay que usar el tratamiento de “Don” y “usted” a todo el personal.

Y, para terminar, si hay que firmar, siempre con el cargo encima de la firma manuscrita y el nombre en caracteres tipográficos debajo. Aunque tengo que reconocer, no se lo digáis a nadie, que alguna vez he firmado sin pie de firma, cuando le tenía que decir que no a un airado ciudadano que atesoraba el mismo tamaño que un armario ropero y tenía cierta propensión a la violencia. ¡Ah!, y no dejes mucho espacio entre la antefirma y el final del texto, alguien podría colarte algún texto no deseado entre medias.

Final… por ahora
No he acabado de daros todos los consejos y recetas sobre el noble arte de hacer escritos administrativos. Hay una continuación de este artículo, que cuenta las técnicas para pensar qué es lo que quiero decir, a quién quiero decírselo y cómo decírselo, es decir, las técnicas que me permiten concebir documentos administrativos de manera apañada, aséptica y eficaz. Las técnicas de concepción.

Juan Carlos Barajas Martínez
Instituto Complutense de Ciencia de la Administración









Bibliografía
Técnicas de Comunicación Escrita
Ask Consultores- Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación
Madrid 2004

En Antena
Libro de estilo de periodismo oral
Cadena SER
Editorial Taurus
Madrid 2017

Sobre la modernización del lenguaje administrativo
Javier Badia

http://lenguajeadministrativo.com

Bandos del Alcalde
Enrique Tierno Galván
Editorial Taurus
Madrid 1986 


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