Los Cinco Tipos de Funcionarios


Sucesión de pinturas de Magritte (1)


Antes de comenzar este artículo me gustaría curarme en salud, poner las vendas antes de la herida,  adelantándome a las críticas que pudieran hacerse y que, por cierto, me temo que podrían estar justificadas si no se explican debidamente mis intenciones.

En primer lugar éste no es un artículo científico, si acaso, lo único científico que he hecho ha sido observar,  durante 32 años de servicio a mis compañeros y a mí mismo, y extraer unas hipótesis. Pero tengo que admitir que no las he contrastado empíricamente, los tipos que voy a exponer aquí no tienen validez científica, pueden que a algunos os resulten caricaturas,  aunque – si conocéis a la Administración española por dentro - seguro que vais a reconocer a ciertas personas en alguna de mis caricaturas. En mi descargo diré que no he encontrado ningún estudio serio acerca de la productividad del funcionariado en España, no digo que no lo haya, simplemente lo he buscado y no lo he encontrado. Tampoco se trata de un artículo divulgativo, de esos que acostumbro hacer, en los que cito a los autores importantes e intento hacer sencillos los conceptos complicados para llegar al público en general.

En segundo lugar querría dejar más claro todavía que este artículo no es ningún ataque al funcionariado. Soy funcionario y a mucha honra. Últimamente con este debate que se está manteniendo acerca de los límites del humor, provocado por el poco sentido del humor de ciertas instituciones y organizaciones de nuestro país, he oído a ciertos maestros de la comedia decir que si alguien pertenece a un determinado colectivo está legitimado para hacer humor sobre ese colectivo, de alguna forma, una persona de raza negra podría hacer chistes racistas o una persona discapacitada podría mofarse de su propia discapacidad. No estoy seguro de ello, sí que he visto muestras de este tipo de humor y me he reído claro, pero no estoy seguro de que ser funcionario me habilite para decir cualquier cosa, humorística o no, de los funcionarios. En cualquier caso no voy a hacer chistes pero sí que me voy a aproximar desde el humor a las distintas clases de personas con las que me ha tocado trabajar, como subordinado o como jefe, durante esos 32 años de servicio que decía antes y puedo afirmar que lo último que quiero es ridiculizar al colectivo al que pertenezco.

Una de las formas principales de análisis de cualquier fenómeno, ya sea social o natural, es realizar una clasificación de los valores que puede tomar. Todo fenómeno se puede descomponer en categorías en función de esos valores y se puede hacer de maneras diferentes, desde distintos puntos de vista o dimensiones. Una de esas dimensiones, en el estudio del funcionariado que es de lo que se trata, puede ser la productividad. Podrían ser los Cuerpos funcionariales, los grupos de titulación, la edad o la remuneración, pero en este artículo nos vamos a fijar en la productividad.

Si nos ponemos serios, por productividad se entiende, de un modo general, la producción por cada trabajador, o bien, la producción por cada hora trabajada, o cualquier otro tipo de indicador de la producción en función del factor trabajo. Es decir, en este artículo nos hemos impuesto la tarea – nada más y nada menos - de clasificar a los funcionarios según la cantidad de trabajo que llevan a cabo.

Esto no es fácil, por eso quizás sea tan difícil encontrar un estudio acerca de este tema, es más sencillo medir la productividad en una fábrica que en una oficina, es más fácil medir la productividad en un sector concreto que en la Administración en la que trabajan cientos de miles de personas con funciones muy distintas en muy diversos sectores. Es más en España, al menos en lo tocante a la Administración General del Estado, la productividad es sinónimo de productividad horaria, es decir, se trata de un complemento que se cobra por el horario extendido que el funcionario cumple no por la cantidad ni por la calidad del trabajo que desempeña. Situándonos en el extremo, el funcionario en cuestión podría calentar la silla durante toda la jornada sin hacer nada y le pagarían el complemento de productividad porque lo que se mide es el tiempo de permanencia en el trabajo. No es broma, conozco casos.

Así pues, ante tanta dificultad para medir, como he adelantado en párrafos anteriores, vamos a rebajar el nivel científico de este asunto y nos vamos a conformar con hablar de cantidad de trabajo abstrayéndonos de unidades y medidas.

Para hacerlo vamos a recurrir a una metodología que inventó el gran sociólogo alemán Max Weber (2): “Los tipos ideales”.  Para Weber, la identificación de tipos ideales era una de las tareas básicas de la sociología. Consiste en establecer unos valores genéricos, que actúen como modelos que permitan describir un fenómeno, a partir de los valores reales del mismo. Son una abstracción de la realidad, nunca se verá un tipo ideal caminando a nuestro lado, sin embargo, si se observarán las  características de ese tipo ideal.  Por todo ello, los tipos ideales no pueden agotar la realidad, esta es mucho más compleja, pero nos dan una idea de la misma. En definitiva, como dijo Lachman (3), los tipos ideales son en esencia una vara de medir.

Los tipos ideales que se van a usar son de mi cosecha. Les he puesto un nombre, desde el buen humor, lo más descriptivo posible. De esta manera intento hacer más fácil la identificación por parte de los lectores que conocen esos tipos de personas y, por supuesto, se intenta la comprensión de los lectores que se hallan lejos de la Administración, a los que no les es nada fácil comprender los mecanismos internos de la misma, porque muchas veces para entender lo que pasa en los organismos públicos hay que estar dentro de ellos, y a veces ni eso te garantiza la comprensión de lo que pasa. Lo que sí puedo afirmar es que a todas las personas que he conocido trabajando las puedo colocar en alguno de estos tipos que he ido identificando con el tiempo. Los tipos los voy a ordenar desde los menos trabajadores a los que más trabajan.

El primer tipo ideal es el “barredor de medias baldosas”. El término está tomado de “Astérix y el escudo averno”, en este álbum, “Magníficus” es el legionario más vago de todo el ejército romano. Con ese currículo, como es natural, se pasa su vida militar arrestado por sus superiores y cuando le castigan a barrer el patio de armas de la casa del Gobernador, barre primero media baldosa, descansa o dormita un buen rato apoyado en su escoba y, a continuación, barre la otra media para desesperación de su decurión que le amenaza con barrer todas las medias baldosas desde la Galia hasta Roma.

Puede parecer sólo un personaje de cómic pero hay personas que no hacen absolutamente nada. De hecho pensé en el símil de Magnificus cuando conocí un archivero de un Registro Civil que dejaba a menudo las carpetas a medio archivar encima de los archivadores o de su mesa de trabajo.

Estos funcionarios rebotan de una unidad administrativa a otra y en todas ellas siempre pasa lo mismo. Se les aísla y se espera la oportunidad de colocárselo a otra unidad. En esta operación de traslado se suelen ocultar sus malos hábitos con el fin de que los destinatarios no pongan reparos a la hora de aceptar los servicios del barredor.

El “barredor de medias baldosas” es consciente de sus limitaciones, no aspira a ascender, no pide subidas, espera tranquilamente la jubilación.

El “barredor de medias baldosas” existe pero es muy poco común, el grupo está compuesto por pocas y selectas personas. ¿Por qué se trata de un número pequeño de empleados?, básicamente porque para ser barredor de medias baldosas hay que valer. Se es de esta manera, se nace. Una persona medianamente normal necesita de alguna actividad cerebral, los barredores se pueden pasar horas sin hacer absolutamente nada.

El "barredor de medias baldosas" es un fenómeno que sólo puede darse en la Administración pública pues en la empresa privada, por definición, no puede consentirse su presencia, ya que sería antieconómico. La facilidad para el despido es mucho mayor en la empresa privada por lo que no cargan con este tipo de personas.

El segundo tipo ideal es el “de la carretilla boca abajo”. He denominado a este grupo de esta manera pues cada vez que me he encontrado con uno de ellos siempre me he acordado de un chiste que contaba mi padre. El chiste es como sigue: “en una obra todos los obreros están confundidos, ha entrado recientemente un obrero que lleva siempre la carretilla boca abajo. Cada vez que le echan ladrillos éstos se caen por los lados pero él, impertérrito, sigue llevando la carretilla del mismo modo. Hasta el punto de que ya ni se molestan en echarle ladrillos. Todos andan diciendo en voz alta y entre grandes risas que el nuevo está loco; pero él cada vez que los oye dice entre dientes para que no le oigan: ¿loco?, sí, pero a mí no me pesa la carretilla”.

Este tipo es más frecuente que el anterior y, al contrario que él, solicita traslados, empuja y da codazos ante una plaza libre que mejora su situación o ante un ascenso.

Si el “barredor de medias baldosas” no se da en la empresa privada pues es antieconómica su presencia, el de la carretilla si está presente, pues él no se niega por principio a trabajar. Su estrategia es más sutil, no hace bien su trabajo, dice que no sabe o que no ha recibido tal o cual curso de formación, pone muchos inconvenientes o se equivoca selectivamente cuando el trabajo no es de su agrado. De manera que su inmediato superior, que es el que normalmente tiene que bregar con él, acaba no encargándole trabajos, pues es más fácil realizarlos uno mismo que encargarlos a alguien tan ineficaz.

Esta estrategia laboral se acompaña de otra estrategia en las relaciones con los compañeros. Este tipo de personas se comporta de manera agresiva, antipática, a veces un poco errática. De esta manera se gana un espacio a su alrededor que pocos osan pisar. Este espacio neutral, esta tierra de nadie, contribuye a crear una imagen asocial que ayuda a su estrategia general en el sentido de que hace todavía más difícil que se le encarguen trabajos.

El siguiente tipo es el “cumplidor del expediente”. Se trata del tipo ideal más común. El cumplidor es el tipo adaptativo por excelencia, estudia el nivel medio de trabajo del grupo al que pertenece y se ajusta no saliéndose de ese margen. Esta continuamente estudiando este nivel medio de trabajo y decidiendo si él está ajustado al mismo, si decide que no lo está incrementará su productividad hasta conseguir adaptarse, en caso contrario reducirá su trabajo hasta alcanzar lo que él considera que es justo.

En caso de traslado de un grupo de trabajo a otro se convierte temporalmente en el siguiente tipo ideal – el eficiente – hasta que calibra la nueva cantidad media de trabajo y las costumbres laborales del nuevo grupo, reduce su actividad y vuelve al tipo ideal del que partió. 

Es un experto en agravios comparativos, está pendiente de cada movimiento que se realiza en su grupo de trabajo y cuando se considera tratado injustamente intenta por todos los medios que se vuelva al status quo de partida.

Los miembros de este grupo son los que marcan el nivel medio de trabajo de una unidad. Presionan sobre el resto de los funcionarios para que se adapten a ese nivel medio. Esta presión se realiza tanto sobre los que están por debajo de ese nivel de trabajo como los que están por encima, de esta manera, acaban por  establecer el nivel medio de trabajo aceptado grupalmente.

El cuarto tipo que te puedes encontrar si te relacionas con la Administración pública es el “eficiente”. Es el funcionario que resuelve problemas, el que  conoce la normativa al dedillo, aquel al que todos preguntan cuando surge una pregunta - normalmente porque la formula un ciudadano - que no estaba prevista en el guion.

Podría entenderse, en buena lógica, que el “eficiente” destacara y ascendiera en la estructura jerárquica, o al menos que tuviera el reconocimiento de los compañeros. Pero las organizaciones jerárquicas no funcionan de esa manera. No existe una correlación directa entre la eficiencia y el progreso en una carrera administrativa. Existen muchos condicionamientos, restricciones que impiden que esto sea así. Por ejemplo, se puede ser competente pero estar en la parte inferior del escalafón o carecer de la titulación universitaria exigida. 

En cuanto al reconocimiento de los méritos, todos sabemos cómo es el ser humano - no sólo los funcionarios - y cuánto nos cuesta reconocer las virtudes de los demás.

Por estas razones, el ser eficiente, es un estado que generalmente solo es temporal. Se suele producir cuando alguien es nuevo en el puesto, cuando eres un joven recién salido a la selva del mercado laboral, cuando existe una posibilidad de ascenso o cuando algún funcionario se halla en comisión de servicio y puede regresar fácilmente a su situación anterior.

El “eficiente” representa el tipo ideal de funcionario que deseamos que nos toque cuando tenemos contacto con la Administración. Sus características representan el ideal de funcionamiento de las instituciones. Por tanto representa el nivel medio de trabajo solicitado socialmente a la Administración del Estado.

El quinto, y último, tipo es el “héroe funcionarial”. El héroe es aquel funcionario que es eficiente durante toda su vida laboral a pesar de los problemas descritos en el apartado anterior. Es inasequible al desaliento, a la presión del ambiente y a la falta de recompensas. Nada de esto mina su espíritu y siempre resolverá problemas, cumplirá el horario, conocerá la normativa y contestará a las preguntas no previstas en el guion.

El héroe funcionarial es muy poco común, como le pasa al “barredor de las medias baldosas” que es su tipo opuesto, se trata de alguien que tiene que nacer con esas características.

Estos son los cinco tipos que he extraído de mi observación continua durante tantos años, es una clasificación subjetiva, por tanto otros podrían proponer otra distinta o quitar y poner tipos. Mi mujer, cuando leyó los borradores de este artículo, me dijo que echaba a faltar otras clases. Cuando le dije que concretara más me dio dos ejemplos: el trepa y el acomplejado. Pero lo cierto es que para mí, el trepa – una institución que no afecta solamente a los organismos públicos – y el acomplejado, pertenecen a otro tipo de clasificaciones, el primer tipo estaría dentro del campo de las motivaciones o de la ética y el segundo de la psicología, no me parecen tipos de una clasificación en función de la cantidad y calidad de trabajo que realizan. El trepa, que viene de trepar, sería aquel que busca el ascenso o la influencia sin importarle los medios que usa para conseguirlo. Los trepas que yo he conocido suelen ser eficientes porque algo tienen que aportar para postularse además de sus sucias técnicas a la hora de medrar. En cuanto a las personas con algún tipo de complejo patente pueden ser cualquier cosa, pero yo me los suelo encontrar entre los de la “carretilla boca abajo”, en el centro justo de ese espacio vacío que mantienen en su relaciones sociales.

Existe en la sociedad la idea de que el funcionariado no trabaja. Cuántos chistes, cuántos comentarios se pueden oír al respecto. Pero alguien ha de trabajar puesto que, de mejor o peor manera, la Administración está operativa. La idea general que hay en la sociedad de que el funcionario no trabaja viene de la existencia de tipos como el “barredor de medias baldosas” y el de la “carretilla boca abajo”, que muchas veces es patente y trasciende al medio social. La tolerancia a estas posturas viene de la dificultad de la Administración para despedir a ese tipo de personal. Pero si obviamos estas figuras, que al fin y al cabo son minoritarias, ¿qué diferencia se observa entre, por ejemplo, el personal de un Ministerio y el de una empresa privada dotada de una organización burocrática?. 

Los problemas que manifiesta la Administración tienen su origen, más que en su personal – siendo éste un aspecto de urgente estudio y mejora - en otras esferas, como son la falta de una organización funcional superpuesta a la jerárquica, una falta total de planificación, falta de objetivos identificados, la rutinización, la anomia y otras cuestiones organizacionales. Bastaría con que cada unidad estableciera unos objetivos para sus empleados y un tiempo para llevarlos a cabo para que inmediatamente mejoraran las cifras, al final probablemente sólo se trata de eso, de cierto abandono por parte de los que mandan. No quiero ser cínico pero, aunque no lo comparta totalmente, no me resisto a poner aquí la opinión del escritor francés Paul Masson (4) cuando escribió que los funcionarios son como los libros de una biblioteca: los situados en los lugares más altos son los más inútiles.

Y no puedo terminar este artículo sin mojarme, sin autocalificarme dentro de mi clasificación. Me parece justo que si me atrevo a opinar de los demás opine de mí mismo también. Mi situación, como la de todos los empleados públicos con una antigüedad significativa, ha pasado por todos los estados. He tenido épocas buenas y malas, en algunas ocasiones muy malas, cuando no contaba con la confianza de algún superior indigno de confianza. En general, puedo decir que he llevado bien este tipo de situaciones, pero no puedo decir que en esos momentos yo fuera eficiente, en parte porque no me dejaban serlo. Reconozco que ha habido períodos en los que me he limitado a cumplir el expediente en espera de tiempos mejores. En el resto del tiempo, la mayoría diría yo, creo que he sido bastante eficiente.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo



Dedicatoria:

A Sara, mi heroína funcionarial, a la espera de que le lleguen tiempos mejores.

Notas:

  1. René François Ghislain Magritte (21 de noviembre de 1898, en Lessines, Bélgica - 15 de agosto de 1967, en Bruselas, Bélgica) fue un pintor surrealista belga. Conocido por sus ingeniosas y provocativas imágenes, pretendía con su trabajo cambiar la percepción precondicionada de la realidad y forzar al observador a hacerse hipersensitivo a su entorno. Magritte dotó al Surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de palabras, poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y uno real, en este sentido, me parece maravilloso el cuadro en el que pinta una pipa muy realista y pone un texto en el que dice “esto no es una pipa”, repite este tipo de pinturas con las manzanas, “esto no es una manzana”. Yo me siento extrañamente identificado con los cuadros en los que aparece un hombre formalmente vestido, incluso con sombrero bombín, al que nunca se le ve el rostro.
  2. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  3. Richard Lanchman es profesor de la Universidad del Estado de Nueva York en Albany, especialista en historia de la sociología.
  4. Paul Masson (1849-1896) fue un abogado, magistrado,  mistificador y escritor francés



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¿Qué es la Ciencia de la Administración?




Introducción

Una primavera de mediados de los años ’90, esa primavera que suele ser corta y maravillosa en Madrid, andaba paseando – no recuerdo por qué – por los alrededores de la Ciudad Universitaria (1), cuando levanté la vista hacia un edificio de reciente factura del que provenía el bullicio propio de un grupo alborotado y numeroso de jóvenes.

El edificio pertenecía a una universidad privada, miré al frontispicio, en el que grabada en la piedra aparecía la frase “Facultad de Ciencias de la Administración(2). Me paré asombrado, era la primera vez que veía las palabras “ciencia” y “Administración” juntas y no podía dar crédito a mis ojos.

Hay que decir que en aquel entonces yo estaba muy mediatizado por mi experiencia y formación, y para mí, que provenía del mundo de la ingeniería y que llevaba varios años trabajando como empleado público, las palabras ciencia y Administración me parecían antitéticas. 

Me costaba admitir como ciencia cualquier disciplina que no pudiera expresarse en términos matemáticos, deformación profesional de ingeniero supongo, y la Administración pública se me antojaba lo más alejado de la ciencia que pudiera encontrarse. Afortunadamente he aprendido mucho desde entonces, soy una persona más culta,  antaño confundía el lenguaje en el que se explica una ciencia con el método científico y el sujeto de la ciencia con su objeto, la Administración podía ser desastrosa pero eso no quiere decir que no se la pudiera estudiar sistemáticamente. 

No obstante, como veremos más adelante, el debate sobre si la ciencia de la Administración es una ciencia o no y sobre sus métodos de estudio no está agotado y puede encontrarse en cualquier libro de esta disciplina. No en balde, como indica Olmeda (3), Caiden (4) dejó escrito: “ninguna otra disciplina parece tener tantos problemas ante sí y ante el mundo en general. Es asaltada desde todas partes por quienes desean que no exista en absoluto y creen que la humanidad mejoraría sin ella y por otros que reclaman que es parte (….) de alguna otra disciplina”. Así visto, mis prejuicios de antaño son compartidos por muchos otros.

Bueno, quizás va siendo hora ya de dar una primera definición de ciencia de la Administración, con el fin de ir quitando hierro al asunto y aminorar el suspense de aquellos lectores que no saben exactamente en qué consiste esta disciplina. Tomemos otra vez a Olmeda por ejemplo, para este autor, la ciencia de la Administración es una ciencia social empírica, de enfoque multidisciplinar y cuyo objeto de conocimiento son las administraciones públicas contemporáneas y sus génesis históricas. Vamos a ir viendo a lo largo del presente artículo todas estas características.

Origen

La primera cátedra de ciencia de la Administración en España - que ocupa el profesor Baena del Alcázar (5) - se crea en 1985. Empezó a verse como carrera universitaria a mediados de los década de 1990, sin embargo, el origen de la disciplina hay situarla distante en el tiempo. 

Aunque algún autor sitúa sus principios en el cameralismo (6) alemán del siglo XVII, su antecedente inmediato es la llamada entonces – estamos hablando del siglo XVIII y principios del siglo XIX – ciencia de la policía.

La ciencia de la policía según Robert Von Mohl (7) – que en opinión del profesor Omar Guerrero (8) es el autor que mejor representa el tránsito de ésta a la ciencia de la Administración – estudia cómo se consiguen los propósitos del Estado de Derecho para ordenar la vida colectiva del pueblo. Para Bonnin (9), al que se considera fundador de la ciencia de la Administración, el concepto de policía entre los europeos de la época significaba la forma de institución de la sociedad y tenía un significado político, implicaba la vigilancia que mantiene la seguridad, la tranquilidad y la salubridad pública. Lo que pasó, siempre según Bonnin, es que estos ideales degeneraron en una forma de inquisición política durante el Antiguo Régimen.

Omar Guerrero describe el tránsito de la ciencia de la policía a la ciencia de la Administración como el salto de una ciencia de los súbditos a una ciencia de los ciudadanos. En efecto, dentro de su primera modalidad teórica como policía, la Administración pública correspondía a un tipo de Estado concreto. La palabra policía reflejaba la esencia de ese Estado, el absolutista, el que se llamó después de la Revolución francesa, Antiguo Régimen. Una vez que el Estado absolutista comienza a desaparecer de la faz de Europa y es reemplazado por el Estado de derecho, alguno de los elementos que constituían el concepto de policía se mantuvieron, otros desaparecieron, y aparecieron muchos otros. La definición fue perdiendo valor y la palabra “policía” terminó por ser sustituida por el vocablo “Administración”, al que se añadió el adjetivo de “pública” para resaltar el carácter ciudadano de la misma.

Este fenómeno comienza gradualmente a partir de 1808 en Francia, Bonnin publica “Los principios de Administración Pública” en 1809, y durante el primer cuarto de siglo la Administración pública adquiere legitimidad académica en un tiempo en que la ciencia empieza adquirir importancia para las sociedades más desarrolladas del momento como herramienta para describir, explicar y evaluar empíricamente distintos objetos de conocimiento y que asiste, más o menos al mismo tiempo y por las mismas razones, al nacimiento de la sociología.

La definición que da Bonnin en sus principios sobre la Administración pública tiene una extraña vigencia, para este autor, personifica la mediación entre el pueblo como comunidad y los individuos como tales, y es en esa mediación donde reside la garantía de la realización de la persona en su dualidad de ciudadano y de ser privado.

Desde los tiempos de su fundador,  la ciencia de la Administración ha tenido que adaptarse a las profundas transformaciones que ha sufrido la Administración pública. Baena del Alcázar nos advierte que mientras el Parlamento y los Tribunales de Justicia del siglo XIX apenas se diferencian de los actuales en su organización y sus aspectos formales, la Administración pública ha sido la que ha sufrido transformaciones más profundas. 

El Estado de derecho liberal ha dado paso en el siglo XX al Estado social de derecho. Con el objeto de administrar los nuevos derechos sociales los Estados tuvieron que ampliar sus funciones y, esto trajo consigo, una serie de consecuencias, entre las que cabe destacar: el aumento del tamaño y de la complejidad de las organizaciones públicas, el acceso de las clases populares a servicios que anteriormente sólo encontraban en la beneficencia, una mayor participación de los ciudadanos en las decisiones públicas y, por todo ello, una corriente continua de influencia mutua entre la Administración y la sociedad. Me da que el bueno de Bonnin, si hoy resucitara,  no reconocería fácilmente el objeto de sus desvelos.

Objeto 

El objeto principal de la ciencia de la Administración es la compleja y cambiante organización que constituye la Administración pública y los grupos humanos que la dominan.

Según Baena del Alcázar y otros autores, no se trata de una ciencia en el sentido convencional – volvemos al sempiterno debate – ya que no existe la identificación mutua entre el objeto y el método que es precisamente lo convencional en las ciencias, sino que presenta un enfoque multidisciplinar tomado de distintas ciencias sociales, presentando un distintivo predominio del  objeto sobre el método.

Y este objeto, la Administración pública, esta organización extensa y compleja que son las administraciones, presenta unas características especiales que influyen en el modo de hacer de la ciencia que se ocupa de ellas, por tanto, no veo otro remedio que explorarlas si queremos saber más acerca de la ciencia de la Administración.

La primera de estas propiedades es su carácter específico si lo comparamos con las organizaciones privadas. Cuántas veces habré oído comentarios acerca de que las empresas privadas son más eficaces que las entidades públicas. Aparte del machacón dogma neoliberal que nos bombardea con estas ideas, lo privado es un ídolo, un becerro de oro que no se puede criticar so pena de ser calificado de “antiguo” en el menor de los casos; pero lo cierto es que he podido comprobar muchas veces que la pretendida eficacia de ciertas empresas era ficticia. Las comparaciones son odiosas y lo primero que se hace a menudo es comparar a toda la Administración pública con casos particulares de empresas, se compara la generalidad con la particularidad. Jamás se dice, a pesar de que conozco organizaciones públicas de funcionamiento ejemplar, algo que por otra parte tampoco sería justo, que tal o cual  organismo público funciona a las mil maravillas y que ya podrían aprender las empresas privadas.

Está también la cuestión de la titularidad del poder y de los fines que hacen que la Administración sea una organización sí, pero completamente diferente de las empresas privadas. La titularidad formal del poder pone a la Administración, junto a otros poderes políticos y económicos, en una posición de dominación. Por otra parte el objetivo del interés común, es decir, la gestión de todos los intereses de la sociedad y no de unos particulares por encima de otros, se encuentra  alejado del ánimo de lucro de las empresas. Por todas estas razones está más que justificado un área de estudio específico para las administraciones.

Además de las diferencias con respecto a las empresas, la Administración pública tiene diferencias importantes respecto a otras organizaciones que no tienen el afán de lucro como motor de su existencia, al menos formalmente. Hablamos de los partidos, sindicatos o las iglesias, entre otros. Ninguna de estas organizaciones tiene la titularidad formal del poder – informalmente hablando hay mucho que decir – por lo que su estudio no está recogido en la ciencia de Administración aunque sí por la sociología o la ciencia política.

La segunda característica de las administraciones públicas es su extensión. Tanto por el ámbito territorial que deben cubrir las administraciones como por la multiplicidad de fines que la mueven hacen que la extensión de las mismas sea extraordinaria.

El factor esencial en cuanto a la extensión de la organización administrativa es el aumento de la intervención del Estado social de derecho en la sociedad. Antes de esta evolución del Estado, la Administración, se conformaba con un grupo de ministerios clásicos que gestionaban la defensa, los asuntos exteriores, la hacienda y el orden público. En primer lugar, se extendió el número de ministerios para contemplar los nuevos servicios que proporciona el Estado, tales como la sanidad, la educación o la seguridad social. 

Pronto dejó de ser suficiente, los nuevos fines del Estado no pueden ser cumplidos ágilmente por los ministerios tradicionales y se crea un enorme sector público formado por organizaciones públicas. Pero pronto no basta y surgen empresas de titularidad pública que dependen de las organizaciones para cumplir mejor con ciertos aspectos de los nuevos fines que se exigen al Estado en sectores como los transportes, las comunicaciones o el sector financiero. 

Según Baena del Alcázar, este aumento de los fines y de las organizaciones estatales que los cumplen, con la influencia económica que conlleva, nos emplaza a considerar a los Estados actuales como grandes unidades económicas que tienen una enorme influencia en los mercados nacionales. Una bajada en la inversión pública puede suponer el drama de muchos sectores económicos. La planificación económica que ejerce la Administración es de vital importancia para las sociedades.  Además, esta universalidad de los fines de la Administración y del esfuerzo por cubrirlos tiene como consecuencia el aumento de las relaciones entre la Administración y la sociedad que administra. 

Así las organizaciones públicas presentan en el Estado actual una dualidad como estructuras que ejercen el poder por medio de la coacción y la represión y, por otra parte, como proveedoras de servicios a los ciudadanos o, en su defecto, como organizaciones que regulan y controlan los servicios que prestan las entidades privadas, sin olvidar que gastan unos presupuestos esenciales para la economía de la sociedad. 

De esta multiplicidad de fines y la consecuente extensión para cumplirlos se deriva la tercera característica de las administraciones públicas que estudia la ciencia de la Administración. Se trata de la fragmentación. Hemos visto como las organizaciones públicas han ido multiplicándose en la misma medida que aumentaban sus fines, lo que se traduce a su vez, en una gran diversidad de grupos humanos que dominan estas estructuras administrativas que son también objeto de estudio por la ciencia de la Administración. Otros conceptos relacionados con la fragmentación de las administraciones son la descentralización territorial y la prolongación funcional que representan los organismos autónomos.

En cuarto lugar la Administración pública se caracteriza por su estado actual y su historia. Las administraciones se definen en función del territorio, la población, las pautas culturales, las relaciones societales, la riqueza y el grado de desarrollo de un país determinado en el momento actual. Ahora bien, para llegar al momento actual se ha pasado por una serie de estados anteriores, es decir, la Administración pública es también un producto histórico. Por lo tanto, la ciencia de la Administración debe estudiar la historia del país de que se trate. En definitiva, como afirma el profesor Crespo, la Administración pública y la ciencia que la estudia, están inmersos en una relación de dependencia, o contingencia, con el momento histórico, así como con las características culturales de cada sociedad (10).

Como quinta y última propiedad de la Administración pública tenemos a la interdependencia entre política y Administración. Este asunto me interesa especialmente, no porque yo sea un alto funcionario, un burócrata, sino porque lo que sí soy es el técnico que trabaja con los burócratas. Por otra parte, el concepto de interdependencia entre política y Administración es muy intuitivo y, está claro que, cuanto más intuitivo es un tema más difícil es de explicar formalmente. Es obvio que toda organización pública, por su misma esencia, es parte del poder político.

Si tomamos una organización u organismo público cualquiera, a medida que se estudian los niveles jerárquicos más altos, las decisiones y – no lo olvidemos – los comportamientos, son cada vez más políticos y menos administrativos. Esto que es parte de la doctrina de la ciencia de la Administración coincide con mi experiencia personal.

Metodología

Una vez analizado el objeto de la ciencia de la Administración, vamos a pasar a estudiar el método de la misma, que hemos visto que está subordinado al objeto, lo que hace esta disciplina sea peculiar entre las ciencias sociales. 

Como señala Baena del Alcázar, en los primeros tiempos de la ciencia de la Administración el método era estudiar los fines de las organizaciones públicas. Langrod (11) intentó aislar un “hecho administrativo” típico – la idea me recuerda al “hecho social” de Durkheim – que podría aportar un conjunto de conocimientos sobre la Administración, solo que, las organizaciones públicas realizan actividades muy diversas, que no pueden reconducirse a un hecho administrativo delimitado y real con características típicas que sirva de base.

En esta línea de reducir objetivos para aumentar el conocimiento sobre los mismos, Timsit (12) sugiere que existen tres modelos administrativos: el liberal, el marxista y el burocrático, y que hay que centrarse en su estudio.

El modelo liberal tiene en cuenta dos cuestiones de partida: el poder de los funcionarios que se han asentado en la estructura del Estado y en cierta forma lo dominan y, en segundo término, la influencia del Estado en la sociedad en la que está instaurado.

Son partidarios de una Administración fuerte, pero entendida de una manera peculiar, fuerte pero lo menos extensa posible. La Administración liberal debe mantener el orden y crear las condiciones para que se produzca un aumento de la riqueza sin que sea el protagonista de la actividad económica porque para eso ya está el sector privado. Es un modelo que preconiza la separación entre lo público y lo privado, entre el Estado y la Sociedad Civil.

El modelo marxista, siempre según Timsit, considera a la Administración Pública íntimamente ligada al Estado, inseparablemente unida. Esto, al menos, es lo que se deriva de los escritos de Marx (13) y Engels (14). Más adelante, marxistas posteriores como Gramsci (15) y Poulantzas (16), distinguen entre el Estado y la Administración afirmando la autonomía de la segunda y comprendiendo el fenómeno de la extensión y la fragmentación del aparato administrativo estatal en cuyo seno se producen conflictos entre grupos burocráticos. Tanto Gramsci como Poulantzas plantean un análisis más completo yendo más allá de lo afirmado en los escritos marxistas originales.
 
Por último, el modelo burocrático de Max Weber (17) del que hemos hablado en muchas ocasiones en Sociología Divertida (18) y, al contrario de los dos anteriores, no es un modelo que se intente aplicar a la realidad sino que surge del estudio de esa realidad. Para Weber el mundo ha evolucionado en sus formas de dominación y, en esta evolución histórica en la que previamente se ha pasado por la dominación carismática y tradicional, nos ha tocado vivir la dominación de corte burocrático. 

El motor de esta evolución es el proceso de racionalización que han seguido las sociedades, sobre todo en las occidentales, que nos ha llevado a un sistema que se basa en la legalidad, en el carácter impersonal de las actuaciones administrativas, en servidores públicos que han obtenido sus puestos por medios meritocráticos y que actúan según normas escritas.

En tiempos más recientes el método de la ciencia de la Administración se ha orientado al conocimiento de la realidad, al pragmatismo, al empirismo, en una palabra, al método científico. 

El mismo Olmeda, olvida planteamientos anteriores, y dirige entusiasta la metodología hacia el método científico. Este autor presenta para esta disciplina un camino basado en cuatro puntos. En primer lugar la ciencia de la Administración se fundamenta en el análisis empírico como cualquier otra ciencia social. 

En segundo término tiene un carácter interdisciplinar. Se deben formular hipótesis a partir de las ciencias sociales, resulta imprescindible estudiar las administraciones públicas como elementos del sistema político de cada país, hay que tener en cuenta las aportaciones de la historia y las limitaciones del medio geográfico, hay que analizar las relaciones con la sociedad civil y no hay que olvidar el análisis del derecho público que permite estudiar las relaciones jurídicas, pues como dice Baena del Alcázar, es la vía formal de expresión del poder.

En tercer lugar, se destaca que la ciencia de la Administración debe aplicar el método científico, formulando problemas, aportando teorías con explicaciones tentativas, eliminando los errores que surjan mediante la contrastación y la discusión crítica y llegando a la formulación de nuevos problemas, en un ciclo continuo que es compartido por todas las ciencias desde la física hasta mi querida sociología por decir una ciencia social.

Y, por último, Olmeda señala que la ciencia de la Administración debe desarrollar técnicas específicas, no tributarias de otras ciencias sociales, derivadas en todo caso del estudio de las organizaciones,  que ayuden al estudio de las administraciones públicas.

¿Para qué sirve?

Quizás sea esta la pregunta fundamental, hemos visto el origen, el objeto, la metodología y nos queda discutir sobre la finalidad práctica de la ciencia de la Administración. Baena del Alcázar a este respecto nos da siete razones prácticas para la justificación de que esta disciplina esté presente en las facultades de ciencias sociales.

En primer lugar, la ciencia de la Administración proporciona conocimiento y valoración de la Administración pública como elemento del sistema político general. Hay que tener en cuenta el carácter indispensable de la Administración sin la cual no es posible poner en práctica las políticas públicas y la prestación de los servicios esenciales a los ciudadanos.

Otra finalidad práctica de interés es la que ya señalaba Bonnin en su tiempo, la formación de los administradores. Se considera indispensable en la formación de los administradores un conocimiento amplio de esta ciencia y no sólo sobre los aspectos teóricos de la misma sino también en cuanto a la práctica de la función pública.

El tercer aspecto práctico de la ciencia de la Administración sería su aportación, aquí pueden resultar útiles los estudios norteamericanos que buscan la eficiencia, al diseño de las organizaciones públicas.

De la misma manera, y van cuatro, es muy útil el estudio de los grupos de los empleados públicos - sus modos de cooperación entre sí, sus conflictos y sus características peculiares-  en la descripción de las relaciones internas del personal de las organizaciones de la Administración.

En quinto lugar Baena cita el estudio de la Administración presupuestaria, asunto muy importante porque está presente en su influencia en la sociedad, así como como la cuestión del poder de los grupos humanos que disponen de los recursos financieros públicos.

En sexto término está la elaboración, el acopio y la circulación de la información. Alguien dijo que la información es poder.

Y, por último, una cuestión muy importante en la que todos los puntos anteriores deben ser ponderados, la toma de decisiones de alto nivel y la ejecución de las mismas.

Salidas profesionales

Si antes muchas universidades ofrecían titulaciones en ciencia política y sociología en una sola carrera, yo mismo tengo una de estas licenciaturas, hoy en día es más común ver en los programas el título de grado en ciencia política y de la Administración.
Teniendo en cuenta esto, las salidas profesionales típicas, son las de la consultoría, asesoría y análisis político; análisis y evaluación de las políticas públicas; funcionario de las tres administraciones, en concreto, el cuerpo administrativo superior por excelencia, es decir, los administradores civiles del Estado, los conocidos como TAC; agentes de desarrollo local y, por último, la docencia y la investigación (19).

Epílogo

Creo que debemos poner el punto final aquí. Hemos tratado de manera sucinta pero creo que suficiente la definición, el origen, el objeto, la metodología, las funciones y las salidas profesionales de la ciencia de la Administración. Y como siempre he intentado hacerlo de manera sencilla, comprensible y amena, hablando de una disciplina muy interesante pero que puede ser un auténtico “ladrillo” según se explique. Espero haberlo conseguido.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo
Miembro del ICCA

http://www.ucm.es/icca













Quiero expresar mi agradecimiento por sus consejos al profesor Jorge Crespo González, profesor de Ciencia Política y de la Administración, Vicedecano de Asuntos Económicos y de Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, Secretario del ICCA y, sobre todo, un buen amigo.

Notas:
  1. La CiudadUniversitaria de Madrid, también conocida como Campus de Moncloa, está situada en el distrito de Moncloa-Aravaca, en el noroeste de la ciudad. Allí se ubican la mayor parte de las facultades y escuelas superiores de la Universidad Complutense de Madrid, de la Universidad Politécnica de Madrid, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia e instalaciones de universidades privadas como la Antonio de Nebrija, la Pontificia de Salamanca y el CEU. En esta área de marcado ambiente universitario existen, además de las facultades y rectorados, numerosas residencias de estudiantes, colegios mayores, tres polideportivos, piscinas, un jardín botánico, hospitales y extensas zonas verdes. En todas sus dependencias se desarrollan una amplia variedad de actividades culturales y para-universitarias. En sus centros docentes, cerca de 90.000 alumnos pueden cursar cada año 77 titulaciones oficiales, alrededor de 200 títulos propios y aproximadamente igual número de doctorados. Se empezó a construir en 1928. A partir de noviembre de 1936, la Ciudad Universitaria fue donde tuvo lugar gran parte de la defensa de Madrid, de los ataques de las tropas rebeldes, que llegaron a ocupar los restos que quedaban del Hospital Clínico, el Asilo de Santa Cristina, el Instituto de Higiene, las Escuelas de Agrónomos y de Arquitectura, la Casa de Velázquez y el Palacete de la Moncloa. Las tropas republicanas se mantuvieron en el resto de los edificios y en el Parque del Oeste. Esta situación se mantuvo durante un largo período, lo que dio lugar a la práctica destrucción de los edificios reconstruidos después de la guerra y lo que fue peor, a la pérdida de valiosísima documentación, archivos, libros, etc.
  2. Un gran amigo me ha comentado que no conoce ninguna facultad en España específicamente dedicada a la ciencia de la Administración. Como es persona docta, me ha hecho dudar de mis recuerdos, cabe dentro de lo posible que mi memoria me engañe – ¿no fue Edgar Allan Poe el que dijo así como que la memoria se marchita como las flores?-. En cualquier caso, leí una referencia a los estudios de ciencia de la Administración que me llamó la atención en el sentido que describo en el artículo.
  3. José Antonio Olmeda Gómez es Catedrático de Ciencia Política y de la Administración en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED desde el año 2007, y desde julio del año 2011 hasta octubre de 2015, fue Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, también de la UNED. Fue mi profesor de ciencia de la Administración, entonces no era catedrático, el único que me suspendió un examen parcial en toda la carrera, en mi opinión, de manera un poco dura, le reclamé pero no dio su brazo a torcer.
  4. Gerald Caiden, Ph.D., profesor de Administración Pública en la Universidad del Sur de California, especializado en investigación en Ciencia y Teoría de la Administración, en estudios comparados sobre administraciones públicas, mala administración y lo que él llama buropatología. Ha publicado 29 libros y más de 270 artículos académicos. Es miembro del panel de expertos en administración pública de las Naciones Unidas.
  5. Mariano Baena del Alcázar (Granada, 9 de septiembre de 1937) es un politólogo español que ha trabajado principalmente en el campo de la teoría de la Administración Pública. Doctor en Derecho y Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, ha ejercido como catedrático de Derecho Administrativo así como de Ciencia Política y Administración en la Universidad Complutense de Madrid. Además de ejercer altos cargos en la Administración, como magistrado en el Tribunal Supremo, promocionó la creación de la ciencia de la Administración en España. Su aportación al estudio de las sociedades es principalmente la investigación sobre las élites españolas en el periodo 1939-1992. En el campo de la administración, es fundamental su nueva perspectiva respecto al derecho público, centrándose en las cuestiones de eficacia y relaciones de su estructura orgánica y burocrática a diferencia de cómo se había realizado hasta entonces, que se centraba en el control de ésta. En 1996 fundó el ICCA (Instituto Complutense de Ciencia de la Administración), cuya actual directora es Gema Pastor. En 2007 cesó de sus funciones como catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, cuya jubilación fue forzosa al cumplir los setenta años. A don Mariano tengo el gusto de conocerle, fue durante un acto en el Instituto Nacional de Administración Pública con el Profesor Arenilla, su director general, la profesora Gema Pastor y el profesor Jorge Crespo de la Universidad Complutense y del ICCA. Su sabiduría, sencillez y conversación me cautivaron.
  6. Cameralismo fue el nombre de una corriente del mercantilismo que existió principalmente en Alemania durante los siglos XVII y XVIII. Al igual que el colbertismo que existió en Francia en esas épocas, se la considera sobre todo un conjunto de prácticas o políticas más que una teoría económica propiamente.1 Sin embargo, el cameralismo llegó a constituir una disciplina académica, con un contenido teórico e ideológico más formal que otras versiones del mercantilismo. El término se origina en el vocablo alemán "Kammer" ( cámara, pieza o habitación) refiriéndose a los cuartos en los cuales se realizaban reuniones para discutir los asuntos tanto comerciales como de gobierno.
  7. Robert von Mohl (Stuttgart, 1799-Berlín, 1875) Jurista y político alemán. Miembro de la Asamblea Nacional de Frankfurt, fue ministro de Justicia (1849 y 1861-1866) y escribió varias obras sobre derecho público y ciencias políticas, en las que establecía el poder del Estado ante la Revolución industrial.
  8. Omar Guerrero Orozco es doctor en Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, profesor de carrera de la misma institución e investigador nacional nivel III. Dirigió la Revista de Administración Pública del Instituto Nacional de Administración Pública (1980-1982) y formó parte la Comisión de Ciencias Sociales del Sistema Nacional de Investigadores (1999-2003), cuerpo colegiado al que presidió en 2003. Obtuvo el Premio de Administración Pública (1979), auspiciado por el Instituto Nacional de Administración Pública, del que es miembro desde 1980; y de su Consejo Directivo (1997-2002). Asimismo, es integrante de la Academia Mexicana de Ciencias a partir de 1987, y Miembro Titular del Seminario de Cultura Mexicana desde mayo del 2006.
  9. Bonnin, Charles-Jean Baptiste (Francia, 4 de octubre de 1772 - octubre de 1846) Pensador político y social, autor progresista de la Revolución Francesa y de la primera mitad del siglo XIX, y padre fundador de la ciencia de la Administración Pública. Se desprende de la obra escrita de Bonnin una gran actividad política e intelectual. Su trabajo académico lo acredita como precursor del derecho público, del derecho constitucional y del derecho administrativo. Incluso, su Doctrina Social debe situarlo entre los iniciadores de lo que después sería conocida como la sociología. También practicó la crónica parlamentaria y se interesó por los problemas educativos. Auguste Comte describió a Bonnin como “un hombre maduro y enérgico, una persona con profunda afinidad espontánea con el positivismo y en quien se puede encontrar el verdadero espíritu de la Revolución.
  10. A propósito de cómo influye la cultura de la sociedad a la Administración pública tengo una batallita que no puedo resistirme contar aunque sea en una nota. Durante la década de 1990 yo era responsable, en el Ministerio de Asuntos Exteriores, del desarrollo de software para las representaciones diplomáticas y consulares que España tiene repartidas por el mundo. Esto me obligó a visitar a menudo oficinas consulares y pude darme cuenta, sin haber estudiado todavía nada de sociología ni de ciencia de la Administración, de que el funcionamiento de los consulados era muy diferente dependiendo del país en el que estaban situados, a pesar de que todos pertenecían a la Administración española, estaban regidos por la misma normativa y realizaban exactamente las mismas funciones. Por ejemplo el Cónsul en París tenía que enfrentarse a una sociedad muy concienciada políticamente, los ciudadanos eran muy conscientes de sus derechos y estaban muy acostumbrados a ejercerlos; mientras que el Cónsul en Buenos Aires afrontaba una sociedad cuyos ciudadanos tenían problemas más agobiantes, en una situación de hiperinflación, pero acostumbrados a una Administración local menos eficiente y con una menor cultura de la reclamación y del ejercicio de los derechos. El resultado era que la estructura y funcionamiento de ambos consulados era diferente.
  11. Jerzy Stefan Wladyslaw Langrod (n. 20 de septiembre de 1903 en Cracovia , d. 24 de de diciembre de  1990 en París ) - abogado polaco, especialista en derecho administrativo y ciencia de la Administración.
  12. Gérard Timsit es profesor emérito de derecho público en la Universidad de la Sorbona de París
  13. Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra  en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.
  14. Friedrich Engels, llamado a veces en español  Federico Engels (Barmen-Elberfeld, Prusia; 28 de noviembre de 1820-Londres; 5 de agosto de 1895), fue un filósofo y revolucionario alemán. Amigo y colaborador de Karl Marx, fue coautor con él de obras fundamentales para el nacimiento de los movimientos socialista, comunista y sindical, y dirigente político de la Primera Internacional y de la Segunda Internacional.
  15. Antonio Gramsci (Ales, Cerdeña, 22 de enero de 1891 - Roma, 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Escribió sobre teoría política, sociología, antropología y lingüística. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano
  16. Nicos Poulantzas (Νίκος Πουλαντζάς en griego) (Atenas, 1936- París, 1979) fue un sociólogo político marxista greco-francés. En la década de 1970 Poulantzas se hizo conocido junto a Louis Althusser, como uno de los líderes de la corriente marxista estructuralista, y, aunque al principio era leninista, acabó apoyando el eurocomunismo. Su trabajo más conocido es su teoría del Estado. También realizó contribuciones marxistas al análisis del fascismo, las clases sociales en el mundo contemporáneo y la caída de las dictaduras de Europa del Sur en la década de 1970 (Franco en España, Salazar en Portugal y Papadopoulos en Grecia). En 1979 se suicidó, lanzándose del 22º piso de la Torre de Montparnasse de París abrazado a sus libros. Aunque recientemente se ha sostenido que fue una de las víctimas de la Operación Gladio
  17. Max Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  18. Una explicación de la burocracia podéis encontrarla en varios artículos de Sociología Divertida pero os recomiendo: I La Burocracia según Max Weber, IIlos problemas de la Burocracia y III ¿Qué ha sido de la Burocracia hoy en día?.
  19. Una simple búsqueda en Google pondrá al alcance de los interesados múltiples enlaces en los que consultar las salidas profesionales de la ciencia de la Administración, así como, las universidades de tu país que tienen la carrera y las titulaciones que entregan.

Bibliografía:

Mariano Baena del Alcázar,
Curso de Ciencia de la Administración
3ª Edición
Editorial Tecnos
Madrid 1994

Omar Guerrero,
Teoría Administrativa del Estado,
Universidad Nacional Autónoma de México,
México

Manuel Arenilla
Administración Pública y Ciencia de la Administración”, en M. Arenilla (Coor.) La Administración pública entre dos siglos. Libro Homenaje a Mariano Baena del Alcázar,  p. 39-68.
INAP
Madrid 2010

José Antonio Olmeda
Ciencia de la Administración
Volumen I Teoría de la Organización y Gestión Pública
Universidad Nacional de Educación a Distancia
Madrid 1999

Jorge Crespo
Análisis intergubernamental de la alta función pública de la Administración General del Estado. El caso de los Administradores Civiles del Estado
Universidad Complutense
Madrid 2016

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