Saramago, Zizek, la sobreidentificación y todos los santos



Quizás sea por los cuatro años, de 1972 a 1976, que pasé estudiando bachillerato en un colegio de curas expuesto a dosis grandes de liturgia y dogma, o bien, tal vez sea por los relatos de la historia sagrada que me leía mi madre, devota de la Esperanza Macarena, antes de que yo aprendiera a leer, o a lo mejor, por el ambiente general nacionalcatólico de la España de mi niñez, el caso es que las historias de santos siempre me han llamado mucho la atención
.
En los primeros años de mi vida, el pensamiento mágico de los niños me hacía ver en aquellas historias prodigiosas relatos poderosos, en los que los buenos disponían de facultades sobrenaturales, en las que creía firmemente, para ganar a los malos o para contribuir al bien común o a la cristiandad, que entonces venían a ser más o menos lo mismo.

Esas habilidades no las veía en la calle, ni en las personas que me rodeaban salvo en mi padre. Que era un superhéroe sin capa que lo mismo cambiaba una bombilla que no lucía - subiéndose en una enorme escalera con un desprecio total de su seguridad personal - por otra que daba luz mágicamente; que conducía nuestro “cuatro latas” hasta las playas de Levante sin descanso , atravesando mil pueblos que obstinadamente se ponían en medio de la carretera; o que cuidaba de mi madre enferma con un amor insuperable. El resto era gente normal. Para más inri mi madre siempre decía que su marido era un santo, con lo que todo se explicaba.

En cierto modo, en mi primera infancia situaba lo sobrenatural en el pasado, de manos de los prodigiosos santos de la Iglesia y, un poco más mayor, situé lo prodigioso en el futuro de la mano de una ciencia que estaba por llegar; que todavía era ficción. Santos y Jedis, buena receta.

Muchos años más tarde, después de mucho estudio, de mucho aprendizaje, de muchas experiencias malas y buenas, de levantarse el Sol por las mañanas y acostarse por las tardes, de convertirme por tanto en un señor serio, escéptico, científico, tecnólogo y tecnófilo, mantenía esa curiosidad infantiloide por las vidas de los santos y sus magníficos milagros y sacrificios. Tenía muchas ganas de escribir sobre ello, pero no encontraba una forma de dirigirme a esas historias sin que un rubor de escepticismo me detuviera la mano ante el teclado.

Hasta que leí a José Saramago (1), concretamente “El Evangelio según Jesucristo” y “Caín”. En estas novelas, el autor portugués se enfrenta a la historia sagrada desde un punto de vista que para mí resultó tremendamente novedoso. Contaba los hechos sagrados dándolos por hechos consumados tal y como aparecen en las Escrituras y los novelaba con originalidad. Saramago crea una trastienda del relato oficial que tiene la misma validez lógica que el original, pero mucha más ironía y, por supuesto, la envuelve en un halo de la modernidad que contrasta con la antigüedad del texto en el que está basándose.

Esta técnica de acercamiento de Samarago a los asuntos religiosos se parece mucho al principio de la sobreidentificación, si es que no lo es descaradamente. Se trata de renunciar a la distancia con una determinada ideología e identificarse tanto con ella que la tomas más en serio que el mismo sistema ideológico sería capaz de hacerlo.

El sociólogo y filósofo esloveno Zizek (2) parte de la idea de que una ideología cualquiera – política o religiosa - contiene dos partes, los valores explícitos, propagados por el sistema de propaganda y su cara oculta, es decir, todos aquellos elementos ideológicos que contradicen el dogma pero que están reprimidos, callados, convertidos en tabú, o simplemente, ocultos bajo la capa de normalidad que tienen las cosas que te enseñan desde que eres niño. En ese contexto, afirmar estos aspectos callados de la ideología y hacerlo de forma convincente es una herramienta crítica divertida y potente.

Y lo es porque de repente aparece en el texto una reducción al absurdo que enfrenta directamente a lo afirmado oficialmente con lo irracional. Y ante esto caben pocas reacciones. Puedes reírte por aquello del humor de lo absurdo o te puedes cabrear si eres un creyente de la ideología, cuyo empecinamiento deja poco lugar para el sentido del humor. En cualquier caso, nadie queda indiferente, porque muy lerdo tienes que ser si no te das cuenta de la contradicción.

Así, con esta herramienta de la sobreidentificación, me he acercado la hagiografía como ejercicio de redacción y con buen humor, sin ánimo de ofender a nadie, aunque sin duda alguien lo hará. Y es que hay gente sin humor, a la que siempre le queda el recurso de dejar de leer lo que le molesta y dedicarse a otra cosa. Hay mucho que leer y una vida muy corta para hacerlo.

Pueden creerme si afirmo que no busco ofender, yo no soy creyente, pero entro en las iglesias con más respeto que la mayoría de los fieles, precisamente porque no me siento en mi casa. Y es que, en general, las personas educadas nos comportamos mejor en la casa ajena que en la propia.

Sin embargo, estas historias también me pertenecen, en ellas sí que estoy como en casa, una casa cuya decoración no he elegido, pero que he heredado de mis mayores.  No me siento católico, pero lo soy culturalmente, tampoco he apostatado, así que me permito el lujo de un acercamiento jocoso y crítico desde mi posición de católico no practicante que, como dice un amigo mío, es tanto como decir vegetariano no practicante.

Además, si no hubiera perdido la fe, tampoco me importaría mucho ver parte de mi confesión sobreidentificada, pues hay que entender que estas historias tienen siglos de antigüedad, que provienen de una época en la que la humanidad no había renunciado aún al pensamiento mágico bajo peso de la evidencia del conocimiento.

Por todas estas razones he escrito hagiografías a mi manera, siguiendo el principio de sobreidentificación. Me he divertido mucho escribiéndolas y espero que el que quiera leerlas se lo pasé tan bien como yo, adentrándose en un mundo en el que la idea de Dios marcaba todos los ritmos y medía todas las cosas, un mundo que hace mucho que se perdió… A Dios gracias.

Estas historias las tengo colgadas en mi microblog, el blog hermano pequeño de Sociología Divertida, que di en llamar Micro SociologíaDivertida, en la colección de relatos que se llaman “De Martirologios y Milagros”, pues ambos conceptos, el martirio y el milagro, son las dos principales fuentes de la santidad.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo


Notas:

  1. José de Sousa Saramago (Azinhaga, 16 de noviembre de 1922-Tías, 18 de junio de 2010) fue un escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués. En 1998 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca destacó su capacidad para «volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía». 
  2. Slavoj Žižek (Acerca de este sonido /ˈslavoj ˈʒiʒɛk/ (?·i) Liubliana, 21 de marzo de 1949) es un filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural esloveno. Es director internacional del Instituto Birkbeck de Humanidades de la Universidad de Londres.

Bibliografía:

Manual de Guerrilla de la Comunicación
Grupo Autónomo a.f.r.i.k.a
Luther Bisset y Sonja Brünzets
Virus Editorial
Barcelona 2006



Licencia de Creative Commons

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Batallas de Rap


Resumen

Hay fenómenos sociales en los que no reparamos, hay ruidos de fondo en la sociedad que no acertamos a identificar, hay manifestaciones colectivas a las que no hacemos caso, simplemente, porque no las entendemos, no las sabemos apreciar o simplemente nos cogen a contrapié porque no estamos en la onda del grupo social que las protagoniza. Pero, señoras y señores, son objeto de estudio de la sociología y hemos de desembarcar en ellos. Y a ello vamos.

El presente artículo, escrito por el joven periodista Diego Barajas, nos adentra en uno de esos mundos. El de las Batallas de Gallos.



Origen de las batallas de rap

Nadie sabe verdaderamente quién fue la primera persona que empezó a improvisar el rap ni cuándo comenzó, pero generalmente se cree que tuvo origen en la escena Hip Hop de la Costa Este de Estados Unidos (East Coast) a mediados de los 80.

En España adquirió visibilidad con la Red Bull Batalla de los gallos que comenzó en 2005. Hoy en día es una de las manifestaciones de cultura urbana más dinámicas.

¿Qué son las batallas de rap o batallas de gallos?

Las batallas de rap son “peleas” verbales en las que un participante (al que se suele llamar gallo) tiene que vencer al otro con la particularidad de que tiene que hacerlo improvisando la rima y rapeando al ritmo de una música determinada, llamada base y acoplándose a esta.

Se realizan varias rondas y al final de la batalla es el jurado el que decide quién ha ganado. Los jurados se suelen componer por otros freestylers o por raperos famosos.

Mapa de los lugares donde hay competiciones de batallas de rap

Las batallas de rap por el mundo

Debido a la afición que han creado y que sigue creciendo, las batallas de rap se han vuelto internacionales incluyendo a gran parte de los países hispanohablantes. Se han creado así más batallas y competiciones internacionales que atraen a millones de personas por todo el mundo. 

Las mayores potencias de freestyle son España y Argentina, luego en un segundo escalón encontramos a Chile, México y recientemente el nivel de Perú ha aumentado considerablemente ganando el mundial de freestyle 3 vs 3.






¿Por qué hacerse seguidor de las batallas de rap?

El mundo del freestyle ha sufrido un aumento muy considerable de audiencia en los últimos años. La afición se ha extendido en muy poco tiempo y se encuentra en pleno crecimiento. Actualmente se ha creado la llamada FMS (Freestyle Master Series) que se trata de una liga profesional de batallas de rap con su primera y segunda división. Esta competición se encuentra actualmente en la tercera temporada y ya se ha extendido a distintos países como Chile, Argentina y México.

Es un espectáculo dinámico y divertido, en el que se puede comprobar el talento de los jóvenes raperos improvisando rimas, contestando al oponente con ingenio y con coherencia respecto del tema que se está tratando. No es fácil ser gallo, créanme.

Por último, un aviso a los medios de comunicación. Un dato a tener en cuenta es que al ser una nueva tendencia todavía no ha llegado a los grandes medios. Por lo tanto, existe una gran audiencia a la que poder proporcionar, entre otras cosas, informaciones, análisis y entrevistas que actualmente no encuentran el medio adecuado para ello. Por lo que es una buena forma de hacerse un hueco y convertirse en referentes antes de que haya mucha competencia.

Diego Barajas Fernández
Periodista
diegobarajas11@gmail.com

Ejemplos de algunas batallas:

https://www.youtube.com/watch?v=pkxAG_rhj8Q

https://www.youtube.com/watch?v=bzhjSLrS1Zs


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El Funcionalismo III: Alexander y el Neofuncionalismo


Resumen:
En los dos artículos anteriores de Sociología Divertida hemos hecho un viaje por uno de los movimientos teóricos más importantes de la historia de la sociología, en éste, es mi intención echar un vistazo al resurgimiento del movimiento en los años ochenta del siglo pasado, que tomó el nombre de neofuncionalismo pues exploraba nuevos rumbos que expandían el marco teórico del funcionalismo de los primeros tiempos.

Jeoffrey Alexander la figura más representativa del neofuncionalismo

Índice:
Críticas al funcionalismo tradicional
Resurgimiento en la forma “neo”
Problemas y soluciones
El carpetazo de Alexander

Críticas al funcionalismo tradicional

El funcionalismo estructural fue la teoría sociológica más importante, sobre todo en los Estados Unidos, desde los años treinta hasta los años sesenta. Durante todos esos años, se fueron introduciendo un número de críticas importantes por los agujeros que dejaba la teoría.

Como dice Ritzer (1), el movimiento empezó a perder fuelle – allá por los primeros sesenta - cuando las críticas comenzaron a superar a los elogios. Aunque ya hemos hablado de las dificultades teóricas del funcionalismo en los dos artículos anteriores, es importante catalogar al menos estas críticas – sin extenderse demasiado - pues el neofuncionalismo creció unos veinte años después con la intención de superar estos problemas. Para Ritzer existen tres grupos de críticas al funcionalismo: sustantivas, metodológicas y lógicas.

Las críticas sustantivas o básicas comienzan con la acusación de que el funcionalismo es esencialmente ahistórico, no tiene tiempo, no es válido para analizar cuestiones históricas. Para los críticos, las sociedades de los modelos funcional-estructurales son idealizaciones con un grado de abstracción muy importante. Y esto es cierto, sobre todo, en los inicios del movimiento que surgió en parte como reacción a los excesos del enfoque histórico evolucionista de parte de la antropología de principios del siglo XX. El mismo Parsons (2), como hemos relatado, dio pasos para corregir esta carencia.

Muy relacionado con esta primera crítica está el hecho de la incapacidad del funcionalismo estructural por analizar el cambio social de un modo eficaz. Si el enfoque funcionalista tiene problemas con la variable tiempo, difícilmente puede hacer un análisis coherente del cambio social. Siempre he mantenido que el funcionalismo es muy adecuado para el estudio de la estructura social pero para el análisis de cambio social yo me quedo con las teorías del conflicto. En resumen, el funcionalismo es un buen fotógrafo social pero un mal camarógrafo de la sociedad.

Y el conflicto es precisamente la tercera y última crítica sustantiva. Los funcionalistas siempre fueron muy de destacar el consenso social y la estabilidad de los sistemas sociales. Si estás obsesionado con las fórmulas de acuerdo y consenso social, tienes la tentación de construir modelos abstractos de sociedad tipo “todo el mundo es bueno”(3) que dista mucho de las sociedades reales en las que existen acuerdos y períodos estables, sí, pero también son comunes las situaciones de conflicto, porque es difícil una distribución justa de las cosas que molan (4), es decir, privilegios, bienes y estatus.

Dos son las críticas metodológicas más reiteradas en la literatura científico social. En primer lugar, se acusa al funcionalismo de ser ambiguo, poco claro. En segundo lugar, los funcionalistas eran partidarios de grandes teorías que explicaban la sociedad de manera completa, los críticos, en este punto, dicen no encontrar métodos de estudio adecuados para un objeto de estudio tan extenso. Ambas críticas están relacionadas con el hecho de que los funcionalistas estructurales eligieron estudiar sistemas sociales abstractos en vez de sociedades reales.

Por último, las críticas lógicas. Son la teleología y la tautología. Dado que son dos palabrejas que por destacan por su rareza, de esas para las que siempre hay que echar un vistazo al diccionario, creo que no está de más detenernos un momento en ellas.

La teleología, en el más moderno de los sentidos, es la atribución de una finalidad u objetivo a procesos concretos. En nuestro caso es darle a la sociedad y a las estructuras sociales incrustadas en ella, propósitos o metas y, para cumplir sus fines, crean instituciones sociales ad-hoc. Este fenómeno se da en cierta medida, pero según el funcionalismo lo cumplían todos los sistemas sociales. Por ejemplo, la sociedad necesita de la reproducción para existir, ergo se inventa la institución del matrimonio. Esto era más difícil de ver en la primera mitad del siglo XX, hoy en día, una simple mirada a la institución del matrimonio nos indica claramente que hay muchas más razones por las que dos personas se emparejan.

Una tautología (5) es un razonamiento circular, es decir, la conclusión no es un argumento que se infiere de las premisas sino una afirmación de las mismas. Y eso, según Aristóteles (6), es ilegal en el juego de la lógica. Por ejemplo, no se puede definir un sistema social por sus partes componentes y, al mismo tiempo, definir las partes componentes por su pertenencia al sistema social.

Resurgimiento en la forma “neo”

A mediados de los años ochenta se registró una corriente sociológica que asumía parte de las críticas que hemos examinado en el apartado anterior que, sin separarse de la teoría del funcionalismo estructural, se esforzaba por ampliarlo y superar sus deficiencias teóricas principales. Esta corriente teórica recibió el nombre de neofuncionalismo.

Los autores fundamentales de esta corriente fueron Jeffrey Alexander (7) y Paul Colomy (8), este último, definió al neofuncionalismo como “una corriente autocrítica de la teoría funcional cuyo objetivo es ampliar el alcance intelectual del funcionalismo sin perder su núcleo teórico”.

Problemas y programa

Según Alexander los principales problemas que el funcionalismo tiene que superar son: el antiindividualismo, la oposición al cambio, el conservadurismo, el idealismo y el sesgo antiempírico.

Además, el mismo autor, expuso un programa básico en seis puntos, que recoge Ritzer. En primer lugar, el neofuncionalismo rechaza cualquier determinismo monocausal, es abierto y pluralista. Opera con un modelo descriptivo que considera a la sociedad como una configuración de elementos que interactúan entre sí de manera “simbiótica” sin que actúe sobre ellas ninguna “mano invisible” o “fuerza suprema”.

En segundo lugar, las pautas de acción y orden. Mientras el funcionalismo se centra en el orden social, fijando el objeto en la sociedad completa, el neofuncionalismo dedica atención al orden si, pero también a las pautas de acción que actúan en el nivel de la interacción social, es decir, en el ámbito microsociológico, en el que el individuo se relaciona con su entorno social circundante.

En tercer término, el neofuncionalismo no da por hecha la integración social, la admite como una posibilidad social, en este sentido, los sistemas sociales mantienen un equilibrio dinámico, que puede ser parcial y está en movimiento entre situaciones estables.

Cuarto, el neofuncionalismo hereda el esquema parsoniano de la personalidad, la cultura y el sistema social.

En quinto lugar, el neofuncionalismo pone énfasis en que la interrelación entre los sistemas de la personalidad, la cultura y el sistema social lo que representa una fuente constante de cambio y de control. El cambio no produce conformidad y armonía, sino individuación y tensiones institucionales
Por último, Alexander indica que el neofuncionalismo representaun compromiso con la idea de que la conceptualización y la teoría son independientes de otros niveles de análisis sociológico”.

Ambos autores, Alexander y Colomy, consideran que el neofuncionalismo es un esfuerzo de reconstrucción, más que un lavado de cara, del funcionalismo estructural. Destacan sus diferencias con Parsons y su apertura a otros teóricos.

Así manifiestan un esfuerzo para integrar el neofuncionalismo con los viejos maestros como Marx (9) y sus reflexiones sobre las estructuras sociales, o Durkheim, con sus ideas acerca del simbolismo. También demuestran interés por incorporar ideas de la teoría del intercambio, el interaccionismo simbólico, la fenomenología, entre otras escuelas.

Carpetazo de Alexander

A finales de los noventa, Alexander – exponente principal del neofuncionalismo - puso fin de hecho a esta corriente cuando dijo que él había superado la orientación neofuncionalista.

El razonamiento era el siguiente, Alexander no renegaba de los principios del neofuncionalismo, simplemente, afirmaba que la empresa había tenido éxito, que se había logrado el restablecimiento de la legitimidad e importancia de la teoría parsoniana que era su objetivo. Que había llegado el momento de ir más allá del neofuncionalismo y buscar nuevas metas teóricas. Así que Alexander dio un carpetazo en toda regla al movimiento que él había impulsado.

De esta manera terminaron los desarrollos teóricos funcionalistas, pero no hay que olvidar sus aportaciones. Al menos para mí, que antes de ser sociólogo provenía de un mundo en el que la idea de sistema está muy presente, el funcionalismo me ha ayudado a tener una visión comprensible de la estructura social y un método para explicar muchos fenómenos sociales.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas

1.    George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
2.  Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
3.    “Todo el mundo es bueno” o “To er mundo es güeno” (su variante andaluza) es una frase coloquial muy española y muy optimista que viene a decir que el ser humano es en principio bueno. Que luego las personas se maleen y tal, es harina de otro costal. Es una concesión al Emilio de Rousseau.
4.      Molar es verbo del lenguaje coloquial español. Según el Diccionario de la Real Academia significa: gustar, resultar agradable o estupendo. Es término prestado por la lengua de los gitanos, el caló.
5.    Tautología, en lógica matemática, es una proposición que siempre es verdadera. O sea, una perogrullada, una frase de Rajoy…
6.  Aristóteles (Estagira, 384 a. C.-Calcis, 322 a. C.) fue un polímata: filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios. Aristóteles escribió cerca de 200 tratados (de los cuales solo nos han llegado 31) sobre una enorme variedad de temas, entre ellos: lógica, metafísica, filosofía de la ciencia, ética, filosofía política, estética, retórica, física, astronomía y biología.1 Aristóteles transformó muchas, si no todas, las áreas del conocimiento que abordó. Es reconocido como el padre fundador de la lógica y de la biología, pues si bien existen reflexiones y escritos previos sobre ambas materias, es en el trabajo de Aristóteles, donde se encuentran las primeras investigaciones sistemáticas al respecto. Entre muchas otras contribuciones, Aristóteles formuló la teoría de la generación espontánea, el principio de no contradicción, las nociones de categoría, sustancia, acto, potencia y primer motor inmóvil. Algunas de sus ideas, que fueron novedosas para la filosofía de su tiempo, hoy forman parte del sentido común de muchas personas. Aristóteles fue discípulo de Platón y de otros pensadores (como Eudoxo) durante los veinte años que estuvo en la Academia de Atenas. Fue maestro de Alejandro Magno en el Reino de Macedonia. En la última etapa de su vida fundó el Liceo en Atenas, donde enseñó hasta un año antes de su muerte.
7.     Jeffrey C. Alexander (1947) es un destacado pensador y profesor norteamericano que ha contribuido notablemente en la sociología contemporánea; particularmente en la sociología cultural. También es considerado como una referencia necesaria del "neofuncionalismo" en sociología. Es profesor de sociología en la universidad de Yale
8.   Paul Colomy (1960) es un profesor de sociología norteamericano de la Universidad de Denver, especialista en cambio social e institucional, control social, sociedad y naturaleza. Neofuncionalista y neoinstitucionalista.
9.    Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra  en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.

Bibliografía:

George Ritzer
Teoría Sociológica Moderna
Mac Graw-Hill
Madrid 2001

Encyclopedia of Sociology
Coordinada por George Ritzer
Blackwell
Londres 2010

John Mancionis y Ken Plummer
Sociología
Pearson Prentice Hall



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El Funcionalismo II: Robert Merton


Resumen
En este segundo artículo sobre el funcionalismo vamos a detenernos en el pensamiento de Robert Merton, un reformador de este movimiento sociológico que puso sentido común y empirismo a un modelo ideal y teórico.
Se recomienda la lectura del artículo anterior – “Funcionalismo I: Talcott Parsons” – para entender los conceptos de sistema social y función social.


Robert Merton

Índice:
Un funcionalista crítico
Críticas al modelo estructural funcional
Análisis funcional de Merton
Funciones manifiestas y latentes
Estructura social y anomia

Un funcionalista crítico

Efectivamente, Robert Merton (1) le puso sentido común al modelo de sociedad funcionalista. Mientras en el funcionalismo de Parsons (2) todas las funciones y estructuras son buenas, indispensables, tienen un sentido positivo y, el proceso de adaptación al entorno consigue que sean las mejores posibles en cada momento, Merton, con unas buenas dosis de realismo, nos dice que las consecuencias del funcionamiento de las estructuras sociales no son siempre positivas, que a veces son negativas, imprevistas e, incluso, irrelevantes. Eso precisamente es lo que llamo yo aplicar el sentido común a un modelo que como tipo ideal sirve, pero para describir las sociedades reales se queda un poco corto.
Poniendo en solfa los postulados funcionalistas menos defendibles, desarrollando de nuevo alguno de sus principios básicos, logró alargar la vida del funcionalismo como escuela sociológica de primer orden e influyó en la sociología de final de siglo XX.

Metodológicamente, mientras los funcionalistas en general y Parsons en particular, le tuvieron mucho amor a grandes teorías que abarcaban a la sociedad de un modo completo; Merton era más partidario de teorías de alcance medio. 

Merton no se conformaba sólo con planteamientos teóricos, sino que era partidario de una sociología empírica allí donde se pudiera aplicar.

Merton, con más simpatía que Parsons hacia el marxismo, quitó el sesgo conservador al funcionalismo y, en opinión de Ritzer (3) y otros autores, él y sus discípulos empujaron al funcionalismo hacia la izquierda política.

Críticas al modelo estructural funcional

Así que el bueno de don Roberto se puso a ver desde una perspectiva crítica lo que los funcionalistas anteriores habían predicado, empezando por los postulados básicos de la teoría funcionalista que se edificaba por encima de supuestos no empíricos basados en sistemas abstractos.

Para Merton, era responsabilidad del sociólogo examinar empíricamente cada uno de estos supuestos, era partidario del análisis estructural de grupos, organizaciones, sociedades y culturas, así como, de los roles sociales, normas, instituciones, emociones y sentimientos pautados socialmente, la estructura social y los mecanismos control social creados para que nadie se desmande, temas todos ellos, que hemos tratado durante los ocho años de vida de Sociología Divertida.

Los tres postulados básicos del análisis funcional son: la unidad funcional de la sociedad, el postulado de que todas las funciones sociales son positivas y el de la indispensabilidad de las funciones.

El postulado de la unidad funcional de la sociedad sostiene que todas las creencias y pautas socioculturales estandarizadas son funcionales para la sociedad en su conjunto y para cada uno de los individuos que forman parte de la sociedad. Dicho de otra manera, sirven siempre para algo y para todos. Y esto, siempre según Merton, pero no yo puedo dejar de estar de acuerdo, sólo es aplicable en sociedades pequeñas ya que para que ocurra, los diversos subsistemas deben estar muy integrados entre ellos, es decir, algo que – como nos han enseñado los antropólogos – solo pasa en sociedades primitivas, en las sociedades complejas existen fallos de integración entre la miríada de subsistemas que se solapan.

El postulado que afirma que todas las funciones sociales son positivas presupone que todos las formas y estructuras sociales cumplen una labor social buena para la sociedad, es decir, como se dice que dicen los sevillanos: “todo er mundo e güeno”. Es evidente que en el mundo real no toda estructura, pauta, institución, idea o creencia cumple funciones positivas. El nacionalismo fanático, el integrismo religioso, la costumbre de la ablación, el esclavismo… se me ocurren cientos de ejemplos de pautas sociales disfuncionales.

El postulado de la indispensabilidad nos dice que todas estas pautas socioculturales no sólo cumplen funciones positivas sino que son partes indispensables para el funcionamiento de la sociedad, lo que implica además – a poco que pensemos en ello - que ninguna otra estructura alternativa es mejor que la que está funcionando ahora mismo en esa sociedad. Entonces, para que cambiar, ¿verdad?, vamos a dejar todo como está, ¿para que vamos a admitir que pueden existir alternativas funcionales que podrían adecuarse mejor a la sociedad? Ya vendrá, según la misma lógica funcionalista, el mecanismo de adaptación al entorno que pasará por encima de nosotros y mandará a freír espárragos la función esa tan indispensable.

Análisis funcional de Merton
Para Merton las funciones son las consecuencias observadas que favorecen la adaptación o ajuste de un sistema dado, sin embargo, como hemos comentado anteriormente, no todas las funciones tienen consecuencias positivas o se ajustan malamente al entorno. Así que Merton desarrolló la idea de disfunción no contemplada en el funcionalismo temprano.

Las disfunciones son las consecuencias observadas que no tienen efectos positivos para la sociedad. Cualquier decisión económica desfavorable ejecutada por el sistema político, la mala gestión de los residuos, una sociedad apegada a ideas anticuadas en un entorno cambiante sin cambiar a tiempo, son ejemplos de disfunciones sociales.

Merton también definió la no función, es decir, las consecuencias observadas no relevantes que, si bien tuvieron consecuencias positivas o negativas en el pasado, en este momento son irrelevantes. Por ejemplo, la influencia de la masonería o el poder de la aristocracia, un grupo que da la sensación de que se ha convertido en una reunión de amigos disfrazados o, una clase social que fue dominante, pero que guardando un alto nivel económico y mucho glamur, ya no es lo que era.

Claro que si tengo funciones positivas, negativas e irrelevantes sería bueno contar con un índice que permitiera medir el estado de un sistema social. Para esto Merton propuso el saldo neto, pero no es tan fácil sumar las funciones positivas por un lado y las negativas por el otro y determinar la diferencia entre ellas. El motivo no es otro que la complejidad y la subjetividad, los sistemas sociales son muy complejos y las formas de medir la eficacia o negatividad de las funciones es necesariamente subjetiva, depende del observador.

La solución que propuso Merton para solucionar este problema fue estudiar en varios niveles de análisis, lo que supone otra ruptura con la teoría funcionalista clásica, que eran muy dados a la búsqueda de teorías completas, mientras que don Roberto era partidario de estudiar también las organizaciones, las instituciones o los grupos, de esta manera reduces la complejidad y, es de esperar que, si reduces la complejidad, también mejores en objetividad.

El ejemplo que pone Ritzer es el de la esclavitud en el sur de Estados Unidos. Para estudiar el fenómeno se necesitan varios niveles de análisis y plantearse las funciones y las disfunciones de la esclavitud para las familias blancas y negras, para las organizaciones políticas blancas y para las negras, para la economía, y para muchos otros sistemas sociales. De esta manera podremos identificar para qué sectores o unidades sociales fue más funcional o disfuncional y, facilitar el análisis de la funcionalidad de la esclavitud en el sur en su conjunto, mediante un mejor cálculo del saldo neto.

Funciones manifiestas y latentes

Continuando en el análisis funcional de Merton, llegamos a una de sus más famosas contribuciones: las funciones manifiestas y latentes.

Las funciones manifiestas son intencionadas, siguiendo con el ejemplo de Ritzer, la función latente - lo que buscaban los esclavistas del sur de los Estados Unidos – era el aumento de la productividad por el insano método de no pagar a los trabajadores, pero produjo la función latente, es decir no intencionada, de crear una infraclase social sojuzgada que hizo que se elevara el estatus social de los sureños blancos, tanto ricos como pobres. Los ricos sólo esperaban beneficiar a los ricos.

Colin Campbell (4), citado por Ritzer, opina que esta diferenciación entre funciones manifiestas y latentes es una incómoda combinación entre la intencionalidad de la teoría de la acción y las consecuencias estructurales del funcionalismo, algo un tanto confuso, no aclarado del todo por nuestro autor. Por eso, Campbell comenta que esta es la razón por la que la sociología contemporánea apenas usa estos conceptos, pudiera ser que el tocayo de la sopa (5) tuviera razón.

Las funciones manifiestas y latentes enlazan con el concepto de consecuencias previstas y no previstas. Las consecuencias previstas son fácilmente identificables pues somos conscientes de su existencia, en cambio, las no previstas requieren de la mirada sociológica para su definición, requieren de un análisis sociológico detallado. Hasta el punto de que Peter Berger (6) llegó a decir que el verdadero objeto de la sociología era el desenmascaramiento de los efectos producidos por las intenciones enmascaradas, no le falta razón.

Podría parecer que las funciones latentes y consecuencias imprevistas son lo mismo. Merton nos advirtió que no lo eran, una función latente es una consecuencia imprevista que ha resultado funcional, pero también hay consecuencias no previstas disfuncionales e irrelevantes.

Merton profundizó más en la teoría funcional. Las estructuras sociales podían ser disfuncionales y seguir existiendo. Por ejemplo, toda discriminación a una minoría es disfuncional para la sociedad pues provoca la improductividad de un gran número de personas y porque abona el conflicto social, sin embargo, perduran en el tiempo. Por lo tanto, habría que concluir que no todas las estructuras son indispensables para el correcto funcionamiento del sistema social y podrían eliminarse, lo equivale a decir que el cambio social intencional – algo que no admitían los primeros funcionalistas – es factible e incluso deseable. Nuestra sociedad podría eliminar a la discriminación de las minorías y la sociedad, no sólo no desaparecería, sino que sería mejor. Eso no quiere decir que sea fácil, las estructuras sociales son difíciles de cambiar porque forman parte del sistema social por razones profundas y duraderas.

Estructura social y anomia


La estructura social no es más que el conjunto de relaciones sociales que se forman entre los individuos de una sociedad. Dentro de esta definición caben muchas estructuras que hemos visto en los artículos de Sociología Divertida como, por ejemplo, la estratificaciónsocial, losgrupos y redes sociales, la interacciónsocial, los rolessociales y las institucionessociales.

El primer sociólogo que nos habló de la anomia fue Emilio Durkheim (7), para él la sociedad moderna había traído consigo un debilitamiento de la moralidad común. Si la moral no constriñe lo suficiente, cuando se carece de un modelo modelo moral al que seguir, que indique lo que es una conducta apropiada, las normas se degradan, los comportamientos se desvían, las personas sufren malestar consigo mismo y aislamiento y, al final, la sociedad se desorganiza. La anomia es para Durkheim una patología social que se compensaba en parte, antes de llegar al caos, por otras fuerzas sociales.

Merton entendía que la anomia era el resultado de la distancia entre las normas y los objetivos sociales y las capacidades sociales individuales, por ejemplo, la cultura occidental – sobre todo la estadounidense – promueve la búsqueda del éxito personal, sin embargo, la posición socioeconómica de muchas personas en la estructura social pone muchos problemas para alcanzar las posiciones más elevadas. Esta apreciación de Merton es muy diferente de la idea del funcionalismo original de que las personas que ocupan las posiciones más importantes son las más adecuadas para desempeñar tales puestos.

Para Merton esta distancia entre la exigencia cultural y lo que ofrece la estructura social es disfuncional pues conduce a la desviación social y a la anomia.

Conclusión

Hemos dado un repaso a las ideas de Merton que le dieron un balón de oxigeno al funcionalismo, manteniéndolo como un movimiento sociológico de primer orden. Sin embargo, durante los años ’60, las críticas a las ideas funcionalistas arreciaron y acabaron por se más numerosas que los elogios. El funcionalismo perdió fuelle para resucitar parcialmente con el neofuncionalismo en los años ’80. De todo ello hablaremos en los próximos artículos.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:
1.     nacido Meyer Robert Schkolnick (Filadelfia, 4 de julio de 1910 - Nueva York, 23 de febrero de 2003) fue un sociólogo estadounidense. Es padre del Premio Nobel de Economía Robert C. Merton. Padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975), Merton es uno de los clásicos de la escuela estadounidense de esta disciplina. También fue importante su labor en el campo de la sociología de la Ciencia.
2.       Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
3.       George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
4.       ColinCampbell (Sutton Coldfield 1940) es professor emérito de sociología de la Universidad de York
5.       No he podido resistir la tentación de hacer una broma con el apellido del Sr. Campbell y el bote de sopa inmortalizado por Andy Warhol. Pido perdón al Sr. Campbell desde aquí.
6.       Peter Ludwig Berger (Viena, Austria; 17 de marzo de 1929-Brookline, Massachusetts; 27 de junio de 2017)1​ fue un teólogo luterano y sociólogo vienés. Fue director e investigador senior del Instituto de Cultura, Religión y Asuntos Mundiales de la Universidad de Boston. Fue conocido, sobre todo, por su obra La construcción social de la realidad: un tratado en la sociología del conocimiento (1966), que escribió junto con Thomas Luckmann.

Bibliografía:

George Ritzer
Teoría Sociológica Moderna
Mac Graw-Hill
Madrid 2001

Roberto Garvía
Conceptos fundamentales de Sociología
Ciencias Sociales
Alianza Editorial

Encyclopedia of Sociology
Coordinada por George Ritzer
Blackwell
Londres 2010

John Mancionis y Ken Plummer
Sociología
Pearson Prentice Hall
Madrid 2005

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