Teorías sobre la desigualdad




Un primer análisis
En el artículo anterior vimos qué se entendía por desigualdad social en el ámbito de las ciencias sociales, qué tipos de desigualdad hay y cómo se mide. Damos un paso más y vamos a ver, de una manera sucinta,  las explicaciones a la desigualdad que  ha dado la sociología.

Y como lo voy a hacer de manera resumida, con el fin de no aburrir en demasía al lector curioso pero no experto, no quisiera que el lector informado o docto me reprochara haberme dejado en el tintero cosas importantes; pues de ambos tipos de comentarios recibo. Ruego un poco de flexibilidad y de caridad a mis lectores pues lo que intento no es nada fácil.

En el artículo anterior quedamos en que la desigualdad era la propiedad por la cual las personas tienen acceso desigual a los recursos, los servicios y las posiciones de la estructura social que la sociedad valora. 

Y la explicación a este fenómeno ha sido abordada desde la antigüedad por una legión de filósofos pero, desde que la sociología es ciencia, han existido dos teorías o paradigmas generales, ya lo hemos visto en otros artículos, las teorías del conflicto y las teorías funcionales. Ambos planteamiento son intentos de dar explicación a la pregunta del millón: ¿cómo es posible que la mayoría de la gente obedezca las reglas sin que se produzcan constantes conflictos desintegradores entre los diferentes grupos sociales?, dicho de otra manera, ¿cómo es posible la propia existencia de la sociedad?.

Tres son los puntos de choque entre ambos grupos de teorías. En primer lugar, los funcionalistas afirman que la sociedad se mantiene unida debido fundamentalmente a la existencia de un contrato social sobre los principales valores y normas de la sociedad. Los teóricos del conflicto, en cambio, sostienen que no hay  una argamasa de valores que mantenga unida a la sociedad sino que, o bien el grupo o grupos dominantes tiene el poder de hacer cumplir las reglas, o bien hay tantos grupos de interés solapados y divididos que deben aprender a cooperar. 

En segundo lugar los teóricos funcionales tienden a considerar  a las sociedades como si fueran organismos vivos mientras que los teóricos del conflicto suelen poner el objeto de estudio en las partes y los procesos entre las partes que constituyen la sociedad.

Por último, los funcionalistas ven las sociedades como sistemas con una serie de necesidades que tienen que satisfacer para sobrevivir mientras que los teóricos del conflicto ven las sociedades como un terreno de juego, como una cancha, en la que los distintos grupos con diferentes intereses compiten por llevarse el gato al agua.

¿Cuál es la visión correcta?, ¿qué grupo de sociólogos tiene más razón?. Bueno no estoy seguro que podamos hacer preguntas de este tenor. Son modelos distintos, perspectivas diferentes del mismo objeto de estudio. Kerbo (1) da un ejemplo interesante cuando dice que es como el físico que tiene una imagen de su objeto de estudio. Puede éste tener una imagen relativista del Universo, otro físico tener una imagen cuántica  y hasta Einstein todos los físicos  tenían una visión newtoniana que coincide con nuestra experiencia vital. Estas imágenes no son correctas o incorrectas sino más o menos útiles para contestar preguntas, para aproximarse desde direcciones distintas al objeto real.

A este respecto os voy a contar mi truco. Este artificio mío deriva probablemente de mi formación previa de ingeniero informático, por lo que me encuentro cómodo tanto en el estudio de sistemas y subsistemas como en el estudio de procesos que varían con el tiempo. Por eso, si se trata de estudiar la estructura social en un momento histórico concreto yo creo que usaría más bien una aproximación funcionalista, pero si se trata de estudiar el cambio social, aplicaría los conceptos críticos de la sociología del conflicto.

Un análisis más detallado
Una vez sentado lo básico, vamos a dar una vuelta de tuerca a todo esto, vamos a seguir la estela de Lenski (2), Strasser (3) y el propio Kerbo y vamos a hacer un análisis más detallado ampliando las dimensiones de estudio. Vamos a analizar las teorías sociológicas desde dos puntos de vista o dimensiones, por un lado, desde los valores y, por otro, desde los modelos de sociedad.

Estudiando los diversos autores podemos extraer en la dimensión valorativa tres supuestos. En primer lugar, si la desigualdad es inevitable o evitable, es decir, si toda sociedad humana es desigual por definición o no. En segundo término si la escuela sociológica de que se trate mantiene una visión optimista de la naturaleza humana o no. Y, por último, si la sociología debe ser una ciencia neutral y limitarse a observar, describir y explicar, o bien, debe plantearse como meta la intervención para alcanzar sociedades mejores y más justas. Estos supuestos valorativos los podemos clasificar en dos tendencias, críticos y no críticos.

De la misma manera, podemos extraer dos modelos de sociedad: un modelo basado en el conflicto y un modelo basado en el orden. Básicamente es lo que hemos visto en el apartado anterior. En primer lugar el dilema entre una sociedad que se mantiene unida mediante el conflicto y la lucha del poder o mediante el consenso en normas y valores. En segundo lugar, si el estudio se centra en las partes y procesos que se dan en el seno de la sociedad o se contempla la sociedad como un sistema y, por último, si la sociedad es un contexto para las luchas entre las divisiones o estratos sociales, o bien, el sistema social tiene unas necesidades propias que tiene satisfacer para su supervivencia.

En el cuadro siguiente se muestra todo lo que hemos expresado en los dos últimos párrafos:


La combinación de ambas variables nos da una clasificación, debida a Strasser y Kerbo, formada por cuatro casillas que contienen cuatro paradigmas: el crítico del orden, el no crítico del orden, el crítico del conflicto y el no crítico del conflicto. Y en cada uno de los paradigmas podemos agrupar las teorías específicas de la estratificación social que en mundo han sido. Esto se puede ver en el cuadro siguiente con más claridad, en el que además incluimos los autores más prominentes de cada paradigma:


 Paradigma Crítico del Orden

Lo primero que hay que señalar es que las teorías contemporáneas más importantes han ido por otros derroteros. Tenemos que ir a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX para encontrar autores que se pueden incluir en esta casilla como fueron Louis de Bonald (4) y Joseph de Maistre (5).
 
Ambos autores reaccionaron ante la Revolución Francesa y se alejaron del racionalismo de la Ilustración, reconocían los aspectos irracionales de la vida social – por ejemplo el patriarcado, los ritos, la tradición, la religión - y les asignaban un valor positivo. Con ello investigaron acerca de formas sociales que no habían preocupado a los filósofos de la ilustración más dirigidos a lo natural que a lo humano. Así, fueron los primeros que llegaron a la conclusión de que una sociedad se componía de elementos tales como los roles, posiciones, estatus, relaciones, estructuras e instituciones. Pusieron el énfasis en la familia como unidad de estudio. Hicieron una primera aproximación al estudio de la sociedad como un conjunto de partes – sistemas diríamos actualmente – interrelacionadas e interdependientes.

Ambos autores eran partidarios del Antiguo Régimen, consideraban a Dios como el arquitecto de las sociedades y , el que quisiera cambiarlas, tendría que vérselas con Él. Así que críticos no sé si fueron, no voy a contradecir a autores de mucho prestigio como Strasser y Kerbo, pero desde luego de Bonald y de Maistre gentes de orden sí que fueron.

Paradigma no Crítico del Orden
Coincide en lo básico con la teoría funcional que hemos tratado al principio del artículo. Consideran que la desigualdad social es inevitable por dos razones fundamentales, en primer lugar, por la naturaleza egoísta del ser humano y, en segundo término, porque la sociedad requiere de la desigualdad para satisfacer algunas de sus necesidades básicas.

Un principio clave de este paradigma es que para el mantenimiento de la desigualdad social, por otra parte necesaria, tienen que ponerse en marcha ciertos mecanismo restrictivos que se difunden en el proceso de socialización y se justifican en un proceso continuo de legitimación que mantiene el consenso en torno a las normas y valores sociales. Como resultado de todas estas ideas, los autores de este paradigma no tienen grandes ambiciones críticas y son bastante partidarios del status quo.

Kerbo propone la teoría del sociólogo francés Emile Durkheim (6) como ejemplo para mostrar este paradigma. Toda la obra de Durkheim contiene la idea recurrente de que el orden social sólo es posible si la naturaleza humana, egoísta como sabemos, queda domada por el sistema normativo.

Como hemos comentado, Durkheim como la mayoría de los autores de este paradigma, era partidario de identificar a la sociedad como un organismo vivo compuesto de partes orgánicas cada una con sus funciones asignadas necesarias para que la sociedad pueda existir. Por tanto, veía este sistema social como un todo, como un conjunto interrelacionado de sistemas, lo que dejaba muy poco sitio para teorizar sobre las divisiones sociales e intereses opuestos entre los grupos sociales. Por ejemplo consideraba a las clases sociales como una patología del organismo social.

El Estado sería en este contexto el mecanismo coordinador del organismo social, el conjunto de instituciones social que meterían en cintura a las personas regulando el conflicto egoísta en nombre del bien común.

Paradigma Crítico del Conflicto
Los autores pertenecientes a esta corriente piensan que el conflicto y el poder son las claves del orden social. Las elites coaccionan o manipulan a las clases subordinadas gracias a su influencia en las instituciones básicas de la sociedad.

Al contrario de lo que piensan los autores encuadrados en los paradigmas anteriores la naturaleza humana no es egoísta sino altruista, cooperativa y flexible. Creen que una sociedad más igualitaria y justa es posible.

Por otra parte, para ellos no cabe una ciencia social neutral, de laboratorio. La labor de la sociología deber ser comprender la sociedad actual para promover el cambio social hacia formas mejores.

Podemos encontrar ideas sobre el conflicto en Saint-Simon pero las ideas básicas sobre la lucha entre las clases y las explotación del hombre por el hombre maduraron en los escritos de Carlos Marx (7). Marx y el marxismo han representado la máxima figura en la sociología crítica.

La perspectiva crítica del conflicto es dinámica, se caracteriza por el cambio. El orden social existe porque existe una clase dominante que resulta favorecida por una fase específica del desarrollo económico. Esta fase es estable durante un tiempo pero acaba por desestabilizarse.

Para Marx la principal fuente de esas contradicciones presentes en los modelos de sociedad queda al descubierto cuando se producen cambios económicos. En cualquier sociedad estable existe un equilibrio entre la estructura económica, las relaciones sociales y el sistema económico. Al modificarse las fuerzas productivas, el equilibrio se desmanda, las contradicciones se intensifican conduciendo a choques abiertos entre las clases y, finalmente, a la revolución. Esto ha pasado en la historia varias veces y pasará hasta que se alcance una sociedad igualitaria que, en el marxismo, era el comunismo (8).

Paradigma no Crítico del Conflicto
Los autores que se encuadran en este paradigma no son críticos porque comparten las ideas acerca de la desconfianza en el ser humano y  de la inevitabilidad de la desigualdad que manifestaba Durkheim entre otros.

Asimismo piensan que la sociología, para ser ciencia, debe estar libre de valores. Se debe explicar e interpretar la sociedad como si se estudiara un fenómeno físico o la conducta animal, de manera completamente objetiva.

Y se trata de un paradigma del conflicto porque existen unas relaciones de dominación permanentes. La idea principal de este grupo de autores es que, cuando un grupo social es capaz de alcanzar una posición dominante tenderá a usar esa posición para satisfacer sus intereses egoístas. En el conflicto entre grupos, una clase dominante puede ser sustituida por otra, pero sin llegar a constituir una sociedad realmente igualitaria.

El principal exponente de esta corriente es Max Weber (9). Se suele decir que Weber construyó en parte su teoría sociológica en oposición a la teoría marxista pero, en opinión de importantes autores como Ritzer (10) y Kerbo, esto no es del todo cierto.  Weber trabajó dentro de la teoría del conflicto intentando, como dice Ritzer, redondearla. Por otra parte, existen otras muchas influencias en la teoría weberiana, aparte de las ideas de Marx.

Desarrolló y elaboró ideas de gran influencia en la sociología posterior, por resumir vamos a decir la que tiene que ver con el tema que estamos desarrollando: amplió las dimensiones de la desigualdad. Marx había establecido la dimensión única de la clase social, Weber elaboró una visión multidimensional añadiendo el estatus o prestigio y el poder

Consideraba las relaciones de dominación y el conflicto resultante, más o menos agudo, como las relaciones humanas más importantes en la configuración de la naturaleza de la sociedad. Pero de manera distinta a Marx, Weber era un auténtico pesimista en lo que se refiere la capacidad de la sociedades para hacerse más justas y humanas. 

Esta última característica y la defensa a ultranza de una sociología libre de valores en el estudio de la sociedad son las pautas que hacen que podamos calificar a Weber como no crítico. Y es precisamente esta perspectiva lo que hizo que, al contrario de Marx, se preocupara más por lo que es que por lo que podría ser, nunca escribió un programa para la mejora de la sociedad.


Juan Carlos Barajas Martínez    
Sociólogo

Notas:

  1.  Harold R. Kerbo es profesor de sociología de la Universidad Politécnica de California en San Luis Obispo, especialista en estratificación social y desigualdad.
  2. Gerhard Emmanuel Lenski (nacido el 13 de agosto 1924 en Washington DC) es un sociólogo norteamericano conocido por sus contribuciones a la sociología de la religión, la desigualdad social y la teoría ecológico-evolutiva.
  3. Hermann Strasser (Nacido el 28 de Noviembre de 1941 en Altenmarkt im Pongau) es un profesor de sociología austríaco. Después de trabajar en los años 70  en el departamento de sociología de la Universidad de Oklahoma regresó a Europa, a la universidad de Duisburg-Essen de la que en la actualidad es profesor emérito.  
  4.  Louis de Bonald. Vizconde de Bonald (Millau, 2 de octubre de 1754 - 23 de noviembre de 1840) fue un político, filósofo, escritor y publicista francés, exponente del pensamiento católico tradicionalista en los años posteriores a la Revolución francesa. Ferviente monárquico y católico, Bonald se convirtió en la voz principal de los ultra-legitimistas y ultramonárquicos. En sus numerosas obras atacó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el Contrato social de Rousseau y las innovaciones político-sociales de la Revolución, para abogar por la vuelta a la autoridad de la monarquía y de la religión.
  5.  Joseph de Maistre. Joseph-Marie, conde de Maistre (Chambéry, 1 de abril de 1753 - Turín, 26 de febrero de 1821), teórico político y filósofo saboyano, máximo representante del pensamiento contrarrevoluccionario, opuesto a las ideas de la Ilustración y la Revolución francesa.
  6. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “Decuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog
  7.  Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra  en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.
  8. Comunismo. Para Marx suponía la sociedad sin clases que surgiría de la última revolución, en la que la clase trabajadora podría liberarse de la dominación de la burguesía. Una sociedad que seguiría el principio de cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades.
  9. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  10. George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.

Bibliografía:

Estratificación Social y Desigualdad
Harold R. Kerbo
McGraw-Hill
Madrid 2003. 5ª Edición

Sociología
John J. Mancionis y Ken Plummer
Paerson-Prentice Hall
Madrid 2005

Teoría Sociológica Moderna
George Ritzer
5ª Edición
ED. McGraw-Hill
Madrid 2001


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La Desigualdad




Al igual que me ha pasado en otras ocasiones debería haber escrito este artículo mucho antes. Antes de que escribiera los ocho artículos sobre estratificación social que tiene Sociología Divertida pues, al fin y al cabo, la desigualdad social es la variable sobre la que descansa la estratificación social.

La verdad es que la desigualdad es un concepto que tiene mucho de intuitivo, todo el mundo tiene más o menos una idea formada de lo que significa, además, es un concepto que está de moda, se pone de moda recurrentemente con cada crisis económica, aunque exista siempre, haya crisis o no. Pero el hecho de ser intuitiva y de formar parte de nuestra vida no significa que a veces nos confundamos, o que la comprendamos completamente. Por ejemplo, a menudo confundimos ser diferentes con ser desiguales, o confundimos desigualdad con pobreza, o no entendemos por qué existe o si es inevitable.

Por eso vamos a dedicar este artículo a definir lo que los sociólogos entendemos por desigualdad social. Y lo vamos a hacer de manera genérica, no vamos a estudiar el caso de una sociedad concreta. También proporcionaré sólo unos pocos datos numéricos porque en este tema puedes perderte en los números y no explicar lo esencial que es la meta que me he fijado. Al final, entre las notas al texto y la bibliografía que propondré, espero rellenar esa laguna y proporcionar material para el que quiera pueda seguir ampliando.

Definición
Para entender lo que significa la desigualdad social debemos primeramente que definir lo que es diferenciación social que es, si cabe, un concepto más intuitivo todavía, pues se presenta cada vez que comparamos dos individuos. Las personas se diferencian por sus características biológicas – unos son más altos que otros, o más fuertes, o eres mujer u hombre – o por los roles sociales, tareas u ocupaciones – aquel es juez, aquella otra registradora de la propiedad o albañil o niño o adulto -.

Resulta evidente que cuanto más compleja y desarrollada tecnológicamente sea una sociedad mayor es el número de roles, tareas y ocupaciones que se pueden desempeñar, es decir, a mayor complejidad aumenta la división del trabajo y aumenta la diferenciación social.

Pero como decíamos en la introducción ser diferentes no es necesariamente lo mismo que ser desiguales aunque hay que reconocer que son variables relacionadas. Esto se aprecia en sociedades muy igualitarias como las de cazadores-recolectores pero se pueden encontrar ejemplos en sociedades tan complejas como la nuestra, en la que el lugar del adolescente y sus roles asociados no se consideran normalmente como superiores al lugar del niño y sus roles , simplemente se consideran distintos. 

Es decir, que para hablar de desigualdad, hay que hablar en términos de jerarquías de posiciones sociales. La desigualdad social es la propiedad por la cual las personas tienen acceso desigual a los recursos, los servicios y las posiciones de la estructura social que la sociedad valora. Valoración que surge de la evaluación continua de los miembros de la sociedad. Al mismo tiempo que nos interrelacionamos estamos clasificándonos mutuamente.

Decíamos que la desigualdad y la diferenciación, aunque no son lo mismo, están relacionadas. Según Harold Kerbo (1), lo están desde dos puntos de vista, en primer lugar, debido a la capacidad humana de desarrollar juicios sobre lo que es bueno, malo o lo que es mejor o peor. Así, las posiciones sociales de la personas son evaluadas y ordenadas en una escala de superior a inferior. En este caso se trata de la desigualdad debida al prestigio o el honor o desigualdad de estatus. Esta desigualdad se ha dado en todas las sociedades humanas.

El segundo punto de vista es el económico. La desigualdad puede surgir de la diferenciación social porque algunas posiciones sociales colocan a ciertas personas en condiciones de adquirir una mayor porción de bienes y servicios socialmente valorados. Es la desigualdad económica.

Por ejemplo, mezclando ya ambas desigualdades, en sociedades en las que la fuerza física es importante para conseguir lo que es necesario para vivir, el fuerte puede ser capaz de reclamar recompensas mayores y mayor respeto. En sociedades más complejas los que están en condiciones de coordinar y organizar el trabajo de otros tienen más autoridad y, por ende, puede obtener más recompensas económicas. Esto nos lleva a concluir que existe un reparto desigual de los bienes y es el sustrato sobre el que se edifica lo que llamamos estratificación social.

Según Mancionis (2) y Plummer (3) la estratificación social se define como una clasificación o jerarquización de los individuos según la categoría a la que pertenecen o a la que se les asigna. Para Kerbo significa que la desigualdad ha tomado cuerpo, dicho de otra manera, se ha institucionalizado, y conlleva un sistema de relaciones que determina quién recibe qué y por qué. Está desigualdad institucionalizada puede ser aceptada o no por la mayoría de la sociedad, puede ser mantenida por el uso de la violencia o por otros métodos pero, en todo caso, es reconocida como la forma en que funcionan las cosas.

Cómo se mide la desigualdad de prestigio
Pues es muy difícil. Más que la desigualdad económica. El problema es que la desigualdad de estatus deriva de la valoración de las posiciones sociales por parte de los miembros de la sociedad y esto depende de factores culturales, históricos y de la complejidad social. Habría que estudiar cada sociedad de manera específica en un momento histórico concreto. 

Los funcionalistas como Parsons (4), consideran que la desigualdad de estatus produce una distribución desigual de bienes materiales y de servicios, que son recompensas por haber logrado un estatus alto. Sin embargo, son mayoría los sociólogos que piensan que no tiene justificación está lógica causal funcionalista. Sobre todo en las sociedades complejas, el estatus es más un efecto que una causa de la desigualdad de poder y riqueza, dicho de otro modo, el poder y la riqueza material suelen proporcionar estatus o prestigio pero no al contrario.

Ya lo hemos visto en otros artículos de Sociología Divertida, las divisiones de estatus son muy importantes para entender cómo se mantiene la estratificación social. La interacción social cotidiana necesita de ritos preestablecidos de complicidad entre personas que se consideran a sí mismas en posiciones sociales equivalentes, del mismo modo, las divisiones de estatus generan escalas en los que los miembros de la sociedad se miran, se autoevalúan  y se colocan en grados distintos, de esta manera, consultan su lugar el sistema de estratificación, regulan su autoestima en función del resultado y aceptan la legitimidad del mismo. Así que cabe concluir que estos rituales proporcionan fuerza y justificación al sistema de estratificación. 

Como se mide la desigualdad económica
Los dos tipos más importantes de desigualdad económica son las debidas a la distribución de la renta o del trabajo y a la distribución de la riqueza o capital. La renta o ingresos del trabajo es el dinero, en forma de salarios o pagos, a cambio de una ocupación o como rendimiento a una inversión. La riqueza o ingresos del capital toman varias formas. Es todo aquello que tiene valor económico y es susceptible de comprarse, almacenarse y venderse para obtener rendimientos, en esta definición entran, entre otras cosas, las propiedades, acciones, bonos o cualquier otro instrumento financiero.

Como afirma Piketty (5), en cualquier sociedad la desigualdad es resultado de la suma de estos dos componentes: la renta y la riqueza y cuanto más desigualmente están distribuidos estos componentes, mayor es la desigualdad total.

El tercer factor determinante es el vínculo entre esas dos dimensiones, dicho de otro modo, ¿en qué medida las personas que disponen de un elevado ingreso del trabajo también son las que tienen un elevado ingreso del capital?. Cuanto más grande es ese vínculo, cuando la gente que gana más tienen más propiedades, dicho de un modo más científico cuanto mayor es la correlación entre ambas variables, mayor es la desigualdad.

Los mecanismos que regulan la desigualdad de la renta incluyen la oferta y la demanda de calificaciones, el estado del sistema educativo y las reglas de funcionamiento del mercado laboral y de cálculo de los salarios.

En lo tocante a la desigualdad de la riqueza los mecanismos operantes más significativos son los comportamientos de la gente acerca de ahorro y las reglas de funcionamiento de los mercados inmobiliarios y financieros.

Todos estos mecanismos están sujetos a cambios y la legislación de los Estados no es indiferente, hay políticas redistributivas que inciden a favor o en contra de una menor o mayor desigualdad. 

La desigualdad respecto al capital casi siempre es mayor que la del trabajo. Y esto ocurre recurrentemente en todos los países y en todas las épocas y cada vez con mayor incidencia. Según Piketty, calculando grosso modo, la participación del 10% de las personas con sueldos más elevados suele ser del orden de 25-30% del total de los ingresos del trabajo, mientras que la participación del 10% de las personas poseedoras del capital más elevado es superior al 50% del total de los capitales y, en ciertas sociedades muy desiguales, sube hasta el 90%. Esto nos informa de que el capital tiende a concentrarse en pocas manos y que el mundo laboral es más permeable a la movilidad social. Una excepción a esta regla es el caso de España, que tiene una desigualdad de renta muy alta y, en cambio, respecto de la riqueza resulta ser una sociedad bastante igualitaria. Esto parece deberse en primer lugar a la obsesión cultural española de ser propietarios de su vivienda habitual (6).

Para medir la desigualdad de la renta se utiliza el índice de Gini (7), aunque según Piketty muchas veces se mezclan aspectos de ambos tipos de desigualdad de manera que es muy difícil separar claramente los diferentes mecanismos en acción y las múltiples dimensiones de las desigualdades. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad - todos tienen los mismos ingresos-  y donde el valor 1 se corresponde con la perfecta desigualdad -una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno – evidentemente en el mundo real no se da ni 0 ni 1. Siendo estrictos, si se multiplica el coeficiente de Gini por 100 y se le convierte en un porcentaje obtenemos el índice de Gini.


Otra herramienta que ayuda a medir y comunicar la desigualdad son los gráficos de deciles y quintiles. El primer caso consiste en dividir la renta o la riqueza en distribuciones de un 10% - decil o decila – o un 20% - quintil o quintila – . El decil o quintil que agrupa a los más pobres se le denomina inferior y el decil o quintil que agrupa a los más ricos sería el superior.



El decil superior, como dice Piketty, resulta un mundo en sí mismo, pues reproduce en su seno una escala completa de desigualdad. Reúne a personas que tienen unos ingresos apenas dos o tres veces superior al ingreso medio, junto con otros cuyos recursos son varios cientos de veces superiores. Por eso se fragmenta y se considera para los estudios el 1% o el 5% de más ingresos. Piketty habla de clase dominante los que forman el 1% más rico y los incluidos en el 9% restante los designa como clase acomodada. Habría que mucho hablar al respecto.


















El uso de esta herramienta está tan extendido que lleva a Piketty a plantearse la pregunta, ¿lucha de clases o lucha de percentiles?. De hecho, uno de los indicadores más comunes es el ratio entre el 20% de mayor renta y el 20% de menor renta – o regla de 80-20 o de Pareto de la que ya hablamos en el artículo dedicado al sociólogo italiano -.  La gran ventaja de este tipo de divisiones estriba en que permiten contrastar desigualdades y épocas incomparables de otra manera y proporcionan un lenguaje común aceptable por casi todos los autores.

Como se manifiesta la desigualdad
La desigualdad se manifiesta de muchas maneras. En sociedades multirraciales existe una desigualdad debida a la raza o la etnia, un ejemplo paradigmático de esta propiedad de la desigualdad son los Estados Unidos, según el Pew Research Institute, en el año 2015 los blancos tenían unos ingresos medios de 62.950$, los hispanos 45.158$ y los afroamericanos 36.898$ (8). 

Como vimos en el artículo que dedicamos a la Estratificación de Género, existe una desigualdad de renta debida al sexo en todas las sociedades, por ejemplo, el salario mediano de las mujeres en España representa el 77% del de los hombres.

Estas desigualdades son muy conocidas pero también existen otros tipos de desigualdad menos presentes. Por ejemplo, la desigualdad en los productos básicos, aquellos que tienen que ver con la comida o la vivienda y cuyos precios tienden a subir más rápidamente que los productos que no son esenciales. 

Las desigualdades de salud, la asistencia médica y las condiciones que promueven la mejora de la salud también está desigualmente repartidas. Cuanto más privada es la sanidad o se realizan más recortes en la sanidad pública las familias necesitan gastar más dinero en los servicios sanitarios. Los que pueden pagarla obtienen servicios sanitarios y los que no, pasan sin ella (9)

Lo mismo que hemos afirmado para las desigualdades de salud, podemos aseverarlo para la desigualdad educativa. Los niños de menor estatus socioeconómico y cultural les va peor en la escuela que a sus compañeros más afortunados socialmente. Y las cosas no cambian en la universidad a la que acceden menos jóvenes de clase trabajadora, más cuando en época de recortes, las becas concedidas por el Estado menguan. En España, aunque casi el 100% de los niños entre los seis y los dieciséis años están escolarizados no todos acceden a la educación de la misma forma ni con los mismos medios (10).

Es evidente que todo esto está relacionado con la desigualdad más importante que es la desigualdad política. Los resultados de los procesos políticos favorecen más a unos intereses de clase que a otros. Como dice Kerbo, en el análisis de las desigualdades políticas se descubre que los que están la parte más alta del sistema de estatificación reciben más servicios. El volumen de las ayudas a las corporaciones y grandes empresas supera con mucho las ayudas recibidas por los sectores más pobres de la población. El Estado es una maquinaria que puede convertirse en una institución redistributiva recaudando de unos y redistribuyendo a otros, pero requiere de influencia en el proceso político y de esto tienen más unas clases que otras.

Unas políticas públicas redistributivas que reduzcan los precios de los productos básicos, proporcionando una cobertura mejor de las necesidades primarias podría disminuir la desigualdad en los productos básicos. Lo mismo pasa con la desigualdad de salud y la desigualdad educativa,  si se orientan los recursos escasos a mejorar la sanidad y educación públicas en vez de desviarlos a la sanidad o a la educación privadas, o se reduce ese empecinamiento en hacer ineficaz lo público a favor de las instituciones privadas, conseguiremos disminuir la desigualdad en estos campos. Y, por último, una política fiscal progresiva en vez de recurrir a los impuestos indirectos ayudaría a redistribuir más igualitariamente la renta. 

Para Lenski (11) la desigualdad es inevitable. La existencia de la desigualdad y el conflicto por los recursos escasos es lo que hace necesaria la estratificación social. Sin un sistema de estratificación social existiría un conflicto abierto y permanente por la distribución de esos recursos y, según este autor, eso no hay sociedad que lo resista. Pero aunque se esté de acuerdo con Lenski en la inevitabilidad de la desigualdad eso no quiere decir que se tengan que soportar grandes niveles de desigualdad.

Pero parece que la política actual en casi todos los países no va por los derroteros de construir sociedades igualitarias, el capitalismo posindustrial tiene una gran capacidad para crear riqueza y una gran incapacidad para distribuirla justamente, y no es cosa mía, hay una gran cantidad de economistas, sociólogos o politólogos que avisan de que ese no es el camino, que el aumento de la desigualdad no nos lleva a sociedades más prósperas y estables y, ni mucho menos, más justas.

Juan Carlos Barajas Martínez
sociólogo

Notas:

  1. Harold R. Kerbo es profesor de sociología de la Universidad Politécnica de California en San Luis Obispo, especialista en estratificación social y desigualdad.
  2. John Macionis es profesor de sociología en el Kenyon College en Ohio, EEUU.
  3. Ken Plummer es profesor de sociología en la Universidad de Essex, Reino Unido
  4. Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
  5. Thomas Piketty (Clichy, 7 de mayo de 1971) es un economista francés especialista en desigualdad económica y distribución de la renta. Desde el año 2000 es director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS). Actualmente es profesor asociado de la Escuela de Economía de París. Es autor del libro publicado en 2013 en francés Le Capital au XXIe siècle (El capital en el siglo XXI publicado por el Fondo de Cultura Económica en español y en inglés Capital in the Twenty-First Century publicado en 2014) en el que expone cómo se produce la concentración de la riqueza y su distribución durante los últimos 250 años
  6. A este respecto es muy interesante el artículo de Manuel Alejandro Hidalgo Pérez en Agenda Pública, “La distribución de la Riqueza en España”.
  7. Para más información acerca del coeficiente y del índice de GINI
  8. El Centro de Investigaciones Pew (en inglés: Pew Research Center)? es un think tank con sede en Washington D. C. que brinda información sobre problemáticas, actitudes y tendencias que caracterizan a los Estados Unidos y el mundo.
  9. Ya sabemos las diferencias que existen entre países en cuanto a la esperanza de vida, que está relacionada con los sistemas sanitarios y de higiene. A este respecto es curioso observar también cómo la esperanza de vida va por barrios. Un estudio del Ayuntamiento de Madrid, que recoge datos de los 129 barrios que se agrupan en 21 distritos municipales, apunta que la media de Madrid se sitúa en 82 años. El barrio con una mayor esperanza de vida es Alameda de Osuna – de renta muy alta -, con una media de 84,8 años, y el que menos, Sol, con 78 años, es decir, casi siete de años de diferencia. El barrio de Vallecas, tradicionalmente el modelo de barrio habitado por trabajadores, la esperanza de vida es de 80 años. En Barcelona, una persona que vive en el barrio pudiente de Sant Gervasi, vive ocho años más que una persona que vive en un barrio obrero como el Raval.
  10. Para contrastar la desigualdad educativa en España es muy interesante el estudio de la ONG “Save the Chidren” denominado “Iluminando el Futuro: Invertir en Educación es Luchar contra la Pobreza Infantil
  11. Gerhard Emmanuel Lenski (nacido el 13 de agosto 1924 en Washington DC) es un sociólogo norteamericano conocido por sus contribuciones a la sociología de la religión, la desigualdad social y la teoría ecológico-evolutiva.

Bibliografía

Thomas Piketty
El capital en el siglo XXI
Fondo de Cultura Económica
Madrid 2015

Harold R. Kerbo
Estratificación Social y Desigualdad
McGraw-Hill
Madrid 2003. 5ª Edición

Sociología
John J. Mancionis y Ken Plummer
Paerson-Prentice Hall
Madrid 2005

Pau María Klose, Albert Juliá
Agenda Pública 2016
Conferencia en CaixaForum de Madrid  19 de abril de 2016

Manuel V. Gómez
Diario EL País de 6 de mayo de 2016

Manuel Alejandro Hidalgo Pérez
Agenda Pública 2016

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