Funcionalismo IV: sociología aplicada

 

 


 

Resumen

Usualmente, los estudios sobre funcionalismo ofrecen una visión general de la teoría sociológica y ciertos elementos concretos de sociología aplicada. En este artículo se intenta ir directamente a la sociología funcionalista aplicada. Está compuesto de una serie de explicaciones funcionalistas a problemas o conceptos sociales concretos.

Abstract

Usually studies on functionalism offer a general overview of sociological theory and certain concrete elements of applied sociology. In this article an attempt is made to go directly to applied functionalist sociology. It is composed of a series of functionalist explanations of specific social problems or concepts.

Índice

 

 

Introducción

Hemos estudiado el funcionalismo en tres artículos de este mismo blog: “El funcionalismo I: Talcott Parsons”, “El funcionalismo II: Robert Merton” y, por último, “El funcionalismo III: Alexander y el neofuncionalismo”. En estas entradas hemos descrito con detalle este movimiento sociológico y hemos contado cómo Parsons (1), Merton (2) y Alexander (3) entendían las grandes preocupaciones de la teoría sociológica.

En este artículo pretendo ir por otra senda, la de la sociología aplicada, la de los problemas concretos y la soluciones que los funcionalistas dieron a estos problemas.

Es este un punto de vista poco común en la literatura sociológica. Normalmente se viaja en un mismo texto, desde la teoría a la aplicación o al revés, subordinando normalmente la sociología aplicada a la teórica. Espero que esta visión, menos común, sea de utilidad para los estudiantes de sociología en particular y para los lectores interesados en general.

El artículo admite dos lecturas, la lectura de principio a fin, que puede resultar larga para muchas personas, o bien la consulta, ya que el artículo está separado por epígrafes con referencia a asuntos sociales concretos.

Empecemos por la interacción social y ya veremos dónde acabamos.

La interacción social

Podríamos definir la interacción social como el proceso según el cual una persona actúa y reacciona en relación con otras personas. La interacción social nos permite crear y recrear la realidad que percibimos. En nuestra vida cotidiana estamos continuamente interactuando con otras personas, pero no de cualquier modo, sino según pautas sociales determinadas.

Esa interacción entre dos personas puede realizarse por múltiples medios como el lenguaje hablado, la vestimenta y la apariencia en general, los modales o el lenguaje corporal y gestual. Y múltiples contextos sociales como en casa, en el trabajo, por la calle, en una situación cara a cara o en una conversación por teléfono o en un chat de WhatsApp.

Se dice “interacción” porque el mensaje emitido por un individuo tiene algún efecto sobre otro individuo, que responde según su interpretación del mensaje. Si no hay respuesta la interacción termina. Se dice “social” porque las interacciones ocurren en contextos o situaciones sociales, esto es, contextos que ya se han definido socialmente y son conocidos por los individuos que interactúan.

Como ya sabes querido lector, el enfoque funcionalista estima que una sociedad puede entenderse metafóricamente como un organismo vivo que se compone de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función o funciones necesarias para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es un sistema complejo cuyas partes “encajan” entre sí produciendo un equilibrio o estabilidad social. Simplificando se trata de una visión macro de una sociedad dividida en sistemas y subsistemas.

En una visión de este tipo, las aproximaciones funcionalistas a la interacción social la configuran como un sistema social más que integra un conjunto común de símbolos culturales y normas que aseguran que la gente reaccione de la misma manera a las situaciones   cotidianas. Hay que decir que no pusieron mucho interés en bajar la unidad mínima de estudio a nivel de interacción social, en el funcionalismo clásico se quedó en el par estatus-rol.

El cambio social

El cambio social es la transformación de la cultura y de las instituciones sociales, de las pautas sociales al fin y al cabo, a lo largo del tiempo.

Dado que el funcionalismo nos habla de sistemas y subsistemas sociales, el cambio social se entiende como la adaptación del sistema social de que se trate a su entorno, mediante el proceso de diferenciación y el aumento de la complejidad estructural. El cambio se explica como un epifenómeno de la constante búsqueda de equilibrio entre las distintas partes de la sociedad y su entorno.

Talcott Parsons desarrolló una teoría funcionalista de la evolución sociocultural. Para Parsons la evolución social tiene un carácter multidimensional. La diferenciación social (4) que postulara en su momento Spencer (5) es básica pero no es la única dimensión. Ésta se complementa con la adaptación al entorno o el aprendizaje acumulativo – es decir la cultura - que conduce a establecer tecnologías más eficientes y a conseguir un mayor conocimiento de nuestro mundo.

La evolución, para Parsons, actúa – cómo pensaban Comte (6), Durkheim (7) y Spencer - mediante un proceso general que provoca una serie de ciclos, pero este proceso general no afecta a todas las sociedades por igual. Algunas sociedades son más “funcionales” que otras, de manera que trabajan a favor de la evolución y otras, en cambio, debido a conflictos internos o limitaciones ambientales tienen un proceso evolutivo más lento o, simplemente, desaparecen de la historia incapaces de cambiar adecuadamente. Así las sociedades pasaban por las etapas primitiva, intermedia y moderna. Aun así, Parsons intentó evitar dar la impresión de formular una teoría unilineal de etapas diciendo que el proceso evolutivo ni es lineal ni constante.

Las instituciones sociales

Existe consenso en que una institución social es antes que nada una práctica que ha conseguido un grado amplio de aceptación social. En el sentido de que las acciones que se ajustan a esta pauta social no parecen visibles o destacables, siendo por el contrario muy visibles aquellas otras que parecen alejarse de esas pautas o transgredirlas. Cuando una determinada práctica social adquiere esa aceptación generalizada se dice que tal práctica se ha institucionalizado.

Para el funcionalismo, aparte de ser maneras de actuar y creencias con alto grado de aceptación social, las instituciones cumplen funciones que son necesarias para la propia existencia de la sociedad como tal. Talcott Parsons hablaba de un conjunto de prerrequisitos funcionales universales que resultan imprescindibles para que todo el sistema social tenga un orden persistente, dicho de un modo que todo el mundo pueda entender, son aquellas prácticas que una sociedad debe cumplir para que la sociedad pueda seguir funcionando con normalidad.

Para Parsons y sus seguidores los elementos fundamentales de la sociedad – lo que podríamos llamar “sociedad mínima” o la parte imprescindible de una colectividad para poder llamarla sociedad – se compone de cuatro sistemas que funcionan cooperativamente.

En primer lugar existe un sistema de reproducción y socialización básica de los individuos, lo que Parsons denominaba “Sistema Fiduciario”. En segundo término, toda sociedad debe contar con unas estructuras económicas que proveen de bienes y servicios, que promueven la manufactura y el comercio y dan trabajo a las personas. En tercer lugar, debe existir un sistema que proporcione y mantenga el orden, un sistema de poder, de articulación territorial y de uso legítimo de la fuerza. Y, por último, un sistema de creencias, de valores, en el que habría que incluir a la religión, lo que Parsons llamaba “Comunidad Societal”.

Para realizar cada una de estas funciones básicas de la sociedad es dónde Parsons coloca a las instituciones. Las sociedades se han dotado de un conjunto de instituciones sociales específicas para cumplirlas que estarían encuadradas en los sistemas que hemos descrito cómo la familia, las empresas, la política o las religiones.

La familia

Según el paradigma funcionalista la familia cumple cuatro objetivos básicos que la hacen ser una institución esencial para el buen funcionamiento de una sociedad.

En primer lugar, la familia cumple la función de socialización de los hijos, entendida como el aprendizaje de las herramientas básicas para ser miembros bien integrados en la sociedad. No es la única institución social implicada en esta tarea, también está el sistema educativo por ejemplo, pero la familia es esencial sobre todo en los primeros años de la vida de los individuos, aunque por supuesto, la socialización familiar continúa a lo largo de toda la vida.

En segundo término, los funcionalistas señalan la función de regulación de la actividad sexual. Todas las culturas racionalizan la sexualidad mediante sus formas matrimoniales, que como hemos dicho pueden ser muy diferentes de una sociedad a otra, a fin de mantener un cierto orden en la organización del parentesco y los derechos de propiedad. Un universal cultural relacionado con el parentesco y la sexualidad es el tabú del incesto que es una norma que evita las relaciones sexuales o el matrimonio entre parientes y que también, a pesar de su universalidad, adquiere formas diferentes.

La tercera función es la reproducción. La familia es el ámbito en el que nacen los niños y esta función es vital para que la sociedad perdure. La identidad social del individuo definida, entre otras características, por la etnia, la religión y la clase social viene fijada por el nacimiento en el ámbito de una familia determinada. La posición socioeconómica en el origen viene marcada por la familia.

Y por último, los funcionalistas dicen, que ante un mundo exterior hostil, la familia proporciona seguridad material y emocional. El individuo busca entre sus parientes cercanos protección física, apoyo emocional y asistencia económica y, en mayor o menor medida, casi todas las familias proporcionan estas ayudas, lo que no quiere decir que no existan conflictos económicos y relaciones difíciles en su seno.

De hecho, sabemos que en un país como España, en el que la familia es culturalmente muy importante, esta institución ha hecho de válvula de escape, de salvavidas, ante los rigores de la crisis económica. Muchas familias con sus miembros en paro han tenido que recurrir a los sueldos de los padres o a los abuelos y sus pensiones para poder sobrevivir y, aun sin crisis, hemos visto a los abuelos hacerse cargo de los nietos mientras los padres cumplían horarios laborales muy extensos. Podemos encontrar miles de ejemplos de esto que estamos hablando.

La desigualdad y las clases sociales

La desigualdad social es la propiedad por la cual las personas tienen acceso desigual a los recursos, los servicios y las posiciones de la estructura social que la sociedad valora. Valoración que surge de la evaluación continua de los miembros de la sociedad. Al mismo tiempo que nos interrelacionamos estamos clasificándonos mutuamente.

Para los funcionalistas no fue un tema que les preocupara especialmente. Parten de la base de que toda sociedad tiene una estructura social concreta, sin ésta no puede sobrevivir, tiene que haber estratos sociales o clases, en definitiva, un sistema de posiciones sociales más o menos igualitario, pero en todos los casos, existe un sistema de asignación de privilegios y funciones a dichas posiciones. Luego la desigualdad es funcional e inevitable y tenderá a mantenerse estable debido a la autorregulación social que permite a la sociedad adaptarse al medio en el que transita.

La conducta desviada

Paradójicamente, para el funcionalismo, la conducta desviada y el delito contribuyen a mantener el sistema social en equilibrio y a asegurar su conservación y adaptación. En esto siguieron los planteamientos de Emile Durkheim  que consideraba a la desviación como algo funcional.

De esta manera, la conducta desviada consolida los valores y las normas culturales, pues toda definición de lo que está bien o es lícito se demuestra por oposición a lo que está mal o es ilícito. Por tanto, contribuye a la clarificación de las normas morales y desarrolla un sentido colectivo de solidaridad ante la barbarie o el ultraje.

Por otra parte, lo que un buen día es una conducta desviada en el futuro puede no serlo. Las conductas desviadas obligan a pensar en cada momento dónde se colocan los límites y que grado de tolerancia admite una sociedad. Pueden ser alternativas al status quo que pueden llevar en la dirección de un cambio de las normas, lo que en definitiva en definitiva podemos calificar como cambio social.

El género y la sexualidad

Las ideas de Talcott Parsons y del funcionalismo clásico han quedado bastante atrasadas con respecto al pensamiento actual. Parsons se movía entre dos ideas: el género y la complementariedad.

Las diferencias de género, como en la mayoría de los conceptos que maneja el funcionalismo, tienen un efecto integrador de las sociedades. El género constituye un conjunto de roles complementarios uniendo a los hombres y las mujeres en familias que cumplen una serie de funciones vitales para la sociedad.

En este reparto de roles, la mujer se hace cargo de la vida familiar asumiendo las unciones de mantenimiento del hogar y el cuidado de los niños. El hombre pone a la familia en contacto con el mundo externo a través, sobre todo, de su participación en el mundo del trabajo.

Es durante el proceso de socialización cuando se enseñan estos roles, segregando aquellas cualidades – que Parsons denominaba instrumentales – que permiten el acceso al mercado laboral como la competitividad, la racionalidad y la seguridad en uno mismo; de las cualidades expresivas – terminología parsoniana – que preparan a las niñas para el cuidado familiar como la capacidad de respuesta emocional y la sensibilidad hacia los demás.

En versiones posteriores del funcionalismo como el neofuncionalismo se admite que las sociedades modernas se han dado cuenta de que el mantenimiento de los roles tradicionales de género supone un desperdicio de talento. Pero este cambio es lento porque tiene que luchar contra ideas que se encuentran muy enraizadas en la cultura.

El envejecimiento

La visión funcionalista del envejecimiento está contenida en la llamada teoría de la retirada. Según esta teoría, la sociedad mejora su funcionamiento al apartar a las personas mayores de los puestos de responsabilidad.

Según los funcionalistas para que una sociedad se mantenga estable es necesario reemplazar a los ancianos por personas jóvenes capaces de sustituirlos. La retirada se aprecia como una estrategia para el funcionamiento ordenado de la sociedad. Esta estrategia es hace más necesaria en una sociedad moderna, en cambio continuo, porque los trabajadores jóvenes cuentan con una formación más apropiada.

Esta teoría es muy criticada porque no tiene en cuenta alguna que otra cosilla de importancia. Por ejemplo, el coste de perder la experiencia de los mayores, el ostracismo económico al que se lleva a los jubilados, los costes psicológicos que produce el retiro de las personas, la pérdida de estatus y prestigio social o los deseos de aquellos que no quieren retirarse.

La salud

Talcott Parsons, definió la sanidad como el mecanismo por el que un sistema social mantiene a sus miembros sanos. La enfermedad es disfuncional y va en contra de los objetivos de la sociedad.

Parsons habla del rol del enfermo, el lector recordará que un rol social es una pauta de comportamiento socialmente aceptada, pues bien, con este comportamiento específico la sociedad entiende que es la conducta adecuada en alguien que está enfermo y lo acepta como tal.

Este rol presenta ciertas características. En primer lugar, la enfermedad supone una interrupción de las responsabilidades cotidianas. Pero para poder ejercer esta conducta, el paciente necesita de una acreditación médica. En nuestras sociedades es el médico el que otorga el rol de enfermo.

En segundo término, la enfermedad de un individuo no es deliberada, por lo tanto, no debe ser castigado por padecerla. Las conductas individuales que conducen a perder la salud son mal vistas socialmente.

En tercer lugar, un enfermo ha de querer recuperarse. La sociedad está dispuesta a ayudar pues la salud es una función social pero el paciente debe poner de su parte, debe hacer caso al médico y seguir el tratamiento. Obstinarse en seguir los malos hábitos o no seguir el tratamiento también despierta la censura del entorno social del paciente.

Por último, una persona enferma debe recibir ayuda de personal cualificado, no están bien vistos los tratamientos heterodoxos de personas que no pertenecen al estamento médico. Y esto nos lleva al segundo rol social que identifica Parsons: el rol del médico.

El papel del médico se centra se centra en diagnosticar la enfermedad y sanar a los pacientes para que vuelvan a su actividad cotidiana. El cumplimiento de esta función se basa en un conocimiento especializado debidamente justificado.

En la relación entre médico y paciente se produce una dependencia, el primero debe proporcionar información al enfermo y éste debe seguir al pie de la letra sus indicaciones. Esta relación de dependencia acaba siendo jerárquica, se deben cumplir las órdenes del médico, aunque existen diferencias de grado entre sociedades distintas.

Los medios de comunicación

Los funcionalistas consideran a los medios de comunicación como una parte del sistema social que sirve para integrar la sociedad ya que aportan información, educación y entretenimiento.

Entre las funciones de mayor relevancia que ofrecen los medios de comunicación está, en primer lugar, la función de vigilancia. Los medios de comunicación proporcionan información sobre qué es lo que ocurre en el ámbito local, nacional y global. De manera que  pueden avisar de los peligros cercanos desde catástrofes meteorológicas a guerras o delincuencia. La otra cara de la moneda es que pueden ser disfuncionales si provocan alarmas innecesarias.

En segundo lugar, está la función de adjudicación de estatus por la cual las personas que aparecen en los medios se hacen conocidas lo que automáticamente influye en su estatus social.

La tercera función es la presión para la aplicación de normas sociales. El anuncio público de normas sirve para reducir la diferencia entre la actitud privada y la moralidad pública.

En cuarto lugar, los medios sirven para transmitir la cultura. Son agentes de la socialización. Los documentales al público adulto y los programas educativos para los más jóvenes son ejemplos de cómo los medios pueden servir para difundir contenidos culturales o educativos.

Por último, algo que más que una función es una disfunción, el poder narcotizante de los medios que puede conducir a la superficialidad, la frivolidad y al agilipollamiento masivo.

El medio ambiente

El análisis funcionalista siempre hace hincapié en los valores y creencias para el buen funcionamiento del sistema social. De esta manera, la situación del medio ambiente depende básicamente de la actitud de las personas hacia el mundo natural.

Se ha estado manejando, desde el principio de era industrial, el concepto de explotación de la naturaleza como fuente de la comodidad, la felicidad y la realización personal fomentando un consumo ostentoso como medida de la posición social. Esto ha influido en la producción masiva, por ejemplo, en el uso y adquisición de los vehículos privados como medidor de estatus. Esto afecta de forma interdimensional en la vida social, abarcando múltiples sectores y extendiéndose a casi todos los países del mundo.

Los funcionalistas consideran que debido a esta multiplicidad de formas en el que el consumo consume los recursos naturales no es razonable esperar que se frene fácilmente la destrucción de los recursos terrestres.

Pero el funcionalismo es optimista respecto a las posibilidades de que las sociedades respondan de forma constructiva a los desafíos medioambientales. Destacan los pasos que se han dado en los países desarrollados, la concienciación de las personas, el empleo de nuevas tecnologías más ecológicas y el surgimiento de empresas que consiguen beneficios limpiando el entorno físico. En última instancia, dado que las personas tienen que respirar, beber y comer, en una palabra, vivir con la naturaleza se realizarán todos los esfuerzos necesarios para solucionar todos los problemas ecológicos que han surgido y surgirán en el futuro.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas:

  1. Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
  2. Robert Merton, nacido Meyer Robert Schkolnick (Filadelfia, 4 de julio de 1910 - Nueva York, 23 de febrero de 2003) fue un sociólogo estadounidense. Es padre del Premio Nobel de Economía Robert C. Merton. Padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975), Merton es uno de los clásicos de la escuela estadounidense de esta disciplina. También fue importante su labor en el campo de la sociología de la Ciencia.
  3. Jeffrey C. Alexander es un destacado pensador y profesor norteamericano que ha contribuido notablemente en la sociología contemporánea, particularmente en la sociología cultural.​ También es considerado como una referencia necesaria del "neofuncionalismo" en sociología.
  4. La diferenciación social se refiere a un proceso mediante el cual grupos de actividades realizadas por una única institución social con el tiempo pasan a ser realizadas por varias instituciones diferentes, lo que supone una especialización creciente de los diferentes elementos de una sociedad.
  5. Herbert Spencer (Derby, Inglaterra, 1820-Brighton, Inglaterra, 1903) fue un naturalista, filósofo, psicólogo, antropólogo y sociólogo inglés. Fue uno de los más ilustres positivistas de su país. Ingeniero civil y de formación autodidacta, se interesó tanto por la ciencia como por las letras. Ver en este mismo blog: “De cuando la sociología daba sus primeros pasos III: Reino Unido e Italia”.
  6. Auguste Comte, cuyo nombre completo Isidore Marie Auguste François Xavier Comte (Montpellier, Francia, 19 de enero de 1798-París, 5 de septiembre de 1857), es considerado el creador del positivismo y de la sociología, aunque hay sociólogos que solo le atribuyen haberle puesto el nombre. Mirad "De cuando la sociología daba sus primeros pasos".
  7. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “De cuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog.

 

Bibliografía:

Ritzer, George: Teorúa Sociológico Moderna, Mac Graw-Hill, Madrid 2001

Varios autores, Ritzer, George (coordinador): The Blackwell Encyclopaedia of Sociology. Blackwell Publishing. Oxford 2007

Macionis, John; Plummer, Ken: Sociología, Prentice-Hall, Madrid 2006

Giddens, Anthony: Sociología, Alianza Editorial, Madrid 2000

Stompzca, Piotr: Sociología del Cambio Social, Alianza Editorial, Madrid 1995

Kerbo, Harold R.: Estratificación Social y Desigualdad, Pearson-Prentice Hall, Madrid 2005

 


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El interaccionismo simbólico I: George Herbert Mead

 

 




Resumen

Este artículo es un sobrevuelo a las ideas de George Herbert Mead que dieron a luz al interaccionismo simbólico, uno de los movimientos sociológicos más importantes del siglo XX y el primero que fijó el foco en el individuo y su entorno social directo, inaugurando el desarrollo de la microsociología. Dado que alguno de los conceptos psicológicos, filosóficos y sociológicos que se manejan no son ni mucho menos triviales, se ha hecho un especial esfuerzo en clarificarlos, espero que sin perder rigor en el empeño.

Abstract

This article is an overview of George Herbert Mead's ideas that gave birth to symbolic interactionism, one of the most important sociological movements of the twentieth century and the first to focus on the individual and his direct social environment, inaugurating the development of microsociology. Given that some of the psychological, philosophical and sociological concepts involved are far from trivial, a special effort has been made to clarify them, hopefully without losing rigor in the endeavor.

 

Índice:

  • Introducción al Interaccionismo simbólico
  • Fuentes de Mead
  • Preponderancia de lo social en el pensamiento de Mead
  • El acto
  • El gesto
  • Símbolos significantes
  • La mente
  • El self


Introducción al Interaccionismo simbólico

Con el interaccionismo simbólico, por primera vez en la historia de la sociología, se cambia el foco. Hasta este momento los autores intentaban explicar la sociedad de una manera completa, dejando al individuo desamparado sin explicación sociológica de su función social o pasando de puntillas por ella. El interaccionismo en cambio, parte del individuo para llegar a la sociedad como agregado de las conciencias individuales de las personas. Por tanto, si parte del individuo debe acercarse necesariamente a la psicología, es esta una de sus características.

Una curiosidad inherente al interaccionismo simbólico es que es un movimiento exclusivamente norteamericano, todos los autores importantes tienen esa nacionalidad.

El interaccionismo simbólico presenta una perspectiva muy amplia. El núcleo inicial con el Mead (1), Cooley (2) y Thomas (3), que casi podríamos llamar como “preinteraccionistas”, pues el movimiento se inició a partir de ellos - sobre todo de las teorías de Mead - y no estoy seguro de que se les pueda meter en el saco interaccionista. Herbert Brummer (4) representa el interaccionismo simbólico tradicional. Erwing Goffman (5) desarrolló el enfoque dramatúrgico y Manford Khun (6) representa el enfoque científico del interaccionismo simbólico. También hay que destacar la notable influencia que tuvo sobre otras escuelas sociológicas como la fenomenología y la etnometodología.

Decíamos que las ideas John Herbert Mead fueron las que originaron el movimiento. Mead fue profesor de filosofía – sí, no de sociología – en la Universidad de Chicago entre 1894 y 1931. Si era de profesor de filosofía, ¿cómo acabó fundándose una escuela de pensamiento sociológico a partir de él?

Pues fue al estilo socrático, él daba sus clases y los alumnos tomaban apuntes, pero el profesor Mead no publicaba nada, su sistema era la transmisión oral, fueron los apuntes de los alumnos los que dejaron testimonio de sus ideas.

Al parecer, eran tan buenas y amenas sus clases que llenaba su aula de mucho público. La voz de que se impartían unas clases extraordinarias de filosofía social se corrió entre los estudiantes de doctorado de sociología de Chicago y, en ese simple acto, se produjo la transmisión del pensamiento entre las dos disciplinas.

Fue Herbert Blummer el que acuñó el término de interaccionismo simbólico, para expresar su “lectura” del pensamiento de Mead. Blummer lo resumió en tres premisas. En primer lugar, las personas actúan sobre la base de los significados de las cosas. En segundo término, los significados se transmiten y modifican mediante un proceso interpretativo y, por último, los significados surgen en la interacción entre las personas.

En este primer artículo sobre el interaccionismo simbólico nos vamos a centrar precisamente en el pensamiento de Mead.

Fuentes de Mead

Para explicar lo que pensaba Mead es necesario situarse en las fuentes que influyeron en su pensamiento. Fueron básicamente tres: el pragmatismo, el conductismo y las ideas del filósofo y sociólogo alemán Georg Simmel (7).

El pragmatismo es una doctrina filosófica que afirma que la realidad no existe fuera del mundo real. Éste se crea activamente en la medida en que los actores actúan dentro del mundo. Para los pragmáticos el conocimiento se basa en todo aquello que se ha demostrado como útil, por lo que se abandona todo aquello que no funciona de partida o que ya no funciona aunque resultara útil en el pasado, es algo así como el refrán castellano de “si funciona no lo menees”.

Las personas, siguiendo estos razonamientos, definen los objetos físicos y sociales que les rodean de acuerdo con la utilidad práctica que tienen para ellas, de esta forma, para entenderles se debe uno concentrar en lo que efectivamente hacen en el mundo, no en lo que predican, y aquí me viene a la cabeza otro dicho, esta vez sobre los curas: “haz lo que dicen, no lo que hacen”.

El conductismo también llevó a Mead por la senda del realismo y del empirismo. A los conductistas les preocupan las conductas observables de los individuos. Se centran en el proceso que empieza por un estímulo que llega al sujeto y en la respuesta que éste ofrece a ese estímulo. De esta manera analizan la conducta del individuo.

¿Y entre medias?, ¿hay algo entre estímulo y respuesta?, ¿algún tipo de proceso? Pues si lo hay no es algo que haya preocupado mucho a los conductistas, no han dado mucha importancia a los procesos que pudieran darse dentro de la mente entre el estímulo y la respuesta. A mis 61 años ya no tengo puestas las esperanzas en la especie humana, he tirado mucho de pensamiento utópico y me queda más bien poco, pero el conductismo me parece un poco reduccionista.  Esto del estímulo-respuesta puede que sea muy válido para un ratón de laboratorio, pero se me queda corto para las personas. A Mead también debía de parecerle corto pues partiendo del conductismo se dedicó al estudio de los procesos mentales.

La tercera influencia es la del gran sociólogo alemán Georg Simmel que fue el primero en fijarse en la interacción social, es decir, el proceso según el cual una persona actúa y reacciona en relación a otras personas. Esa interacción entre dos personas puede realizarse por múltiples medios como el lenguaje hablado, la vestimenta y la apariencia en general, los modales o el lenguaje corporal y gestual. Y en múltiples contextos sociales como en casa, en el trabajo, por la calle, en una situación cara a cara o en una conversación por teléfono o en un chat de WhatsApp.

Preponderancia de lo social en el pensamiento de Mead

Como punto de partida, me parece interesante señalar que para Mead la sociedad precede a la mente individual. Expresa la naturaleza social del ser humano como la imposibilidad de la persona de ser consciente y pensante sin un grupo social que le preceda.

El acto

El acto es para Mead el elemento más básico de su teoría, algo así como el átomo que la conforma. Como hemos comentado antes, creía que entre el estímulo y la respuesta hay algo intermedio, que el estímulo no provocaba una respuesta automática del actor humano. Definía al estímulo como una oportunidad para actuar, no como un mandato o una compulsión.

Mead decía que el acto, esa unidad de acción del actor, tenía cinco fases. En primer lugar, el impulso, que definía como un estímulo sensorial inmediato. El ejemplo que ponía era el hambre. En mi caso, Mead tenía la guerra perdida con los conductistas, pues yo cuando tengo hambre como, con unas consecuencias nefastas para mi volumen y peso; pero hay humanos más responsables que yo, que pueden contener su hambre y esperar a comer en un momento más propicio.

La segunda fase es la percepción. El actor humano percibe el estímulo y busca entre sus imágenes mentales cuales pueden representar la respuesta más adecuada.

La tercera es la fase de la manipulación. Tras la recepción del estímulo y la percepción del objeto que representa, llega la manipulación del mismo, es decir, qué acciones emprende la persona con el objeto. Mead contemplaba esta fase como una pausa temporal, un retardo. El ejemplo que ponía era una persona en el bosque ante una seta, por mucha hambre que tenga, no se la come inmediatamente, sino que la ojea intentando vislumbrar si es venenosa o no. Aquí tengo que decir que yo no me comería la seta, mi compulsión estímulo-respuesta en cuanto a la comida, se reduce al ámbito de mi nevera, lo que deja claro lo que destacaba Mead que es la importancia del entorno en la toma de la decisión.

Cuando te comes o no la seta es la última fase del acto, la consumación, que es la respuesta efectiva al estímulo original.

Aunque el hecho de describir el acto en fases da la impresión de que existe una secuencialidad entre ellas, Mead afirmaba que había una relación dialéctica y no necesariamente una secuencia, dicho de otro modo, en algunos casos se da una relación lineal y consecutiva entre las fases, pero lo más normal es que aspectos concretos de cada fase estén presentes hasta la consumación del acto.

El gesto

Mientras el acto es individual, el acto social implica la interacción de dos o más personas. En este sentido el gesto es mecanismo básico del acto social y del proceso social. La comunicación entre personas está basada en el gesto.

El gesto está presente también en los animales, pero provoca una respuesta inmediata al estímulo que representa el propio gesto. El ejemplo que pone Mead para ilustrar esto es el ladrido de un perro, lo que provoca inmediatamente la contestación de otro perro, no hay proceso mental entre medias. Este tipo de comunicación también se da en las personas, Mead pone el ejemplo de un combate de boxeo en el que si a un púgil le dan una torta bien dada responderá – siempre que no le noqueen – con otro golpe, y ahí no hay reflexión que valga. A estos gestos que provocan respuesta inmediatas Mead las llamó gestos no significantes.

Evidentemente, los gestos que provocan un proceso mental previo a la respuesta son los gestos significantes, y son propios de las personas.

También Mead distingue entre gestos vocales y gestos físicos, en los primeros se emite un sonido y en los físicos se realiza alguna acción con el cuerpo. Ambos tipos pueden ser significantes o no significantes. Por ejemplo, un ladrido es un gesto vocal no significante, la lectura de un poema es un gesto vocal significante, yo aún diría más, es muy significante, todas las formas del lenguaje lo son.

Símbolos significantes

Bueno, vamos a dar un paso más. Un símbolo significante es a su vez un gesto significante, pero con una particularidad, el emisor y el receptor comparten el significado que hay detrás del gesto y el emisor se permite el lujo de prever la respuesta del receptor. Esto muy humano y no sólo esto, puede ser grupal. El símbolo puede ser manejado en función de la cultura de un grupo, de manera que un tercero no perteneciente a la misma cultura puede no enterarse de la comunicación.

El pensamiento humano para Mead sólo puede realizarse mediante símbolos significantes. El más importante es el lenguaje que nos sirve para comunicarnos con los demás, pero también con nosotros mismos. Para Mead el pensamiento es una conversación con uno mismo. En mi caso esta definición casa perfectamente, tengo un narrador interior, pero no sé si casa con todo el mundo, al parecer hay personas que carecen de ese narrador y piensan de otra manera más lejana del lenguaje y más próxima a la imagen mental.

Los símbolos significantes hacen posible la interacción simbólica lo que facilita el desarrollo de pautas y formas de interacción mucho más complejas de organización social que las que permitirían los gestos.

La mente

Para entender la teoría de la mente de Mead hay que empezar por entender la idea de proceso mental. Para mí, que soy ingeniero en informática, me es muy fácil comparar la idea del proceso mental con la idea de un proceso corriendo en la CPU de un ordenador.

En un ordenador, esta es una clasificación de brocha gorda, corren dos tipos de programas, las aplicaciones y los procesos. Las primeras interactúan con el usuario, de alguna manera deben proyectar resultados al exterior, en cambio, el proceso es interno, es necesario para el funcionamiento de la máquina, pero no provee de información a los usuarios. Pues trasladando el símil del ordenador a la mente podemos hacernos una idea de lo que quería expresar Mead.

Mead solía pensar en términos de procesos más que de estructuras o contenidos, de hecho, se le ha llamado con frecuencia el “filósofo de los procesos”.

Mead también analiza la mente desde una perspectiva más pragmática. Es decir, la mente está implicada en los procesos orientados hacia la resolución de problemas. El mundo real plantea problemas y la función de la mente es intentar solucionarlos, y permitir a las personas que se comporten con eficacia en el mundo.

La inteligencia es uno de esos procesos que residen en la mente, Mead la define como la adaptación mutua de los actos de los organismos. Dicho de este modo los animales tienen inteligencia, en definitiva, inteligencia irracional en la terminología de Mead. Bueno los animales y las personas, que también pueden actuar dentro de este nivel de inteligencia, de hecho, yo conozco a más de uno que apenas abandona este estado de falta de consciencia.

Pero aparte de trabajar en este nivel irracional de la inteligencia, los humanos también podemos usar la inteligencia reflexiva, es decir, la capacidad de adaptación mutua mediante el empleo de símbolos significantes. De esta manera, con este tipo de inteligencia somos capaces de inhibir temporalmente nuestras acciones en la búsqueda de una respuesta adecuada a un estímulo.

Para ello, para retrasar respuestas automáticas, la inteligencia reflexiva tiene tres componentes: organización, prueba implícita y solución final.

La organización es la capacidad de ordenar las posibles respuestas a un estímulo. La prueba implícita presupone la capacidad de elegir mentalmente, mediante una conversación con uno mismo, entre las distintas opciones de respuesta de que se dispone y, por último la selección final, cuando se produce la elección de una de las alternativas examinadas.

Otro de los procesos mentales que analiza Mead es la conciencia. Para Mead la conciencia tiene dos caras, dos capacidades. En primer lugar, es el repositorio de todo aquello a lo que sólo el actor tiene acceso y, en segundo término, como herramienta de trabajo para aplicar la inteligencia reflexiva.

Tradicionalmente se ha colocado a la conciencia en nuestro cerebro, aunque creo que en la antigüedad se colocaba en el corazón. Mead presenta cierta resistencia a colocar los procesos mentales en el cerebro, sino que tiene la tendencia a identificarlos como procesos sociales. Para Mead la conciencia debe analizarse como un fenómeno social. Algo que reside en el mundo objetivo mientras lo que reside en el cerebro es el proceso fisiológico. ¿Cómo algo subjetivo puede encontrarse en el mundo objetivo? Creo que cuando analicemos el concepto de self quedará más claro esta influencia social en la conciencia.

Así que, el concepto de Mead sobre la mente es que es un proceso, que se define como una conversación interna con nosotros mismos, que no se encuentra en el cerebro sino que es un fenómeno social que se desarrolla en sociedad mediante la experiencia. Y la sociedad no es producto de la mente, más bien justo lo contrario, es anterior a la mente. No hay mente sin sociedad.

El mundo real es un generador de problemas y la función de la mente es resolverlos o, al menos, intentarlo. Es la reacción al otro es, en última instancia, la reacción a la comunidad como un todo.




La interacción simbólica

El Self

El self es un concepto original y muy importante en la teoría de la mente de Mead. Como las otras ideas que hemos visto ya, se trata de un proceso mental que concede a la persona la capacidad de verse a sí misma como un objeto sin perder su condición de sujeto. De alguna forma nos permite vernos “desde fuera”, de experimentar lo que creemos que es la visión que tiene nuestro entorno social de nosotros mismos sin abandonar la perspectiva del “yo”.

La forma de ser sujeto y objeto al mismo tiempo se consigue en base a la reflexión o la capacidad de las personas a examinarse a sí mismas de igual manera que los otros les analizan a ella.

También, como en los casos anteriores, el self es un proceso social, de hecho, no se nace con él puesto, sino que aparece con el desarrollo de la mente y, por supuesto, Mead no lo sitúa en el cerebro, sino en el mundo de las relaciones sociales.

El self mantiene una relación dialéctica con la mente y es inseparable de ésta. Por un lado, el self nace con el desarrollo de la mente y la mente no se puede desarrollar sin el self y su proceso reflexivo. Este desarrollo se produce en dos etapas: la etapa del juego y la etapa del deporte.

En la etapa del juego, el niño adopta otros roles, juegan a ser indios y vaqueros o papás y mamás, de esta manera, el niño aprende a convertirse en objeto (“el mi”)  y sujeto (“el yo”) y comienza desarrollar su self. Aunque se trata de un self limitado pues sólo es capaz de ponerse en lugar de otros de forma limitada y en funciones y caracteres muy tasados.

En la etapa del deporte, sobre todo en los deportes de equipo, se lleva a término el desarrollo del self pues el niño tiene que ponerse en el lugar de todos los que forman parte de la interacción, tanto del equipo propio como del contrario. Tiene que saber qué harán todos los demás a fin de poder seguir con su propio juego. En esta etapa se empiezan a manifestar el concepto de organización y a perfilarse la personalidad. Aquí se presenta el origen del otro generalizado, que es un concepto que veremos un poco más adelante.

El caso es que una vez desarrollado el repositorio de experiencias sociales que implica el self, la persona está en condiciones de participar socialmente, adaptarse a las reglas y normas sociales e influir en las relaciones sociales. El self hace que las personas sean más eficientes socialmente, ya que a su través, las personas suelen hacer lo que se espera de ellas en un escenario determinado.

Bien, después de lo visto hasta ahora, hay muy poca individualidad en el self pero Mead resuelve este problema diciendo que el self de cada persona es diferente al de los demás. Los selfs comparten la misma estructura, pero la biografía de cada cual es diferente, ha nacido en el seno de familias distintas y ha recibido educaciones distintas, pero sobre todo, ha vivido experiencias diferentes.

Esos diferentes caminos vitales nos llevan directamente al concepto del otro generalizado, que representa una medida de la actitud del conjunto de la comunidad. Y ese otro generalizado es diferente para cada persona precisamente por las distintas experiencias vividas en las relaciones sociales de cada cual.

El esquema del self se completa con lo que Mead denomina fases o aspectos del self: el “yo” y el “mí”, que son procesos que se desarrollan dentro del proceso general del self.

El “yo” es la respuesta inmediata al otro, es el aspecto imprevisible de la personalidad, su parte creativa. No somos conscientes del “yo” hasta que ha actuado. Es la parte de nosotros que nos sorprende cuando reaccionamos sin controlar la respuesta y nos decimos “si yo no soy así”.

El “mí” es el conjunto de actitudes de los demás que uno asume, es la adopción del otro generalizado. La sociedad controla a la persona a través del “mí” cuando se impone al “yo”. En cierta forma, hay una lucha o oposición entre el “yo” y el “mí”, o lo que es lo mismo, entre el control social y la personalidad.


La sociedad

La sociedad tiene una importancia central para Mead, sin embargo, de manera paradójica no se explayó en una explicación general de la misma.

Para Mead la sociedad es un proceso social que es previa a la mente y al self, representa el conjunto organizado de respuestas que adopta el individuo cuando actúa el “mí”. En este sentido, las personas llevan a la sociedad a cuestas controlando sus acciones mediante la autocrítica.

Pero a poco más llega la teoría de Mead acerca de la sociedad, se centra en el enfoque microsociológico, describió como nadie hasta entonces la interacción social entre el individuo y el grupo social próximo, pero se le echa en falta un análisis general de la sociedad como el que, antes de él, realizaron Weber (8) o Durkheim (9) entre otros autores.

Dos son los puntos en los que Mead invadió el terreno teórico Macrosociológico: la familia como unidad fundamental en el seno de la sociedad y como base de unidades sociales mayores como el clan o el Estado; y las instituciones como formas organizadas de la actividad grupal o social.

Respecto a las instituciones la idea de Mead es que representan una respuesta común de la comunidad hacia el individuo en determinadas circunstancias. Al repetirse la respuesta se forma una institución. Y a partir de ese momento las instituciones acompañan al individuo y le constriñen, restringiendo sus posibles respuestas a los estímulos. El mecanismo por el que los hábitos comunes de la comunidad se internalizan en el individuo es la educación.

Eso sí, Mead pone límites. Las instituciones no destruyen la individualidad o la creatividad a pesar de que existen algunas que son opresivas, estereotipadas y ultraconservadoras como, el ejemplo es de él, la iglesia.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas

  1. George H. Mead (27 de febrero de 1863 - 26 de abril de 1931), filósofo pragmático, sociólogo y psicólogo social estadounidense. Teórico del primer conductismo social, también llamado interaccionismo simbólico en el ámbito de la ciencia de la comunicación. Nació en South Hadley, Massachusetts. Cursó estudios en varias universidades de Estados Unidos y Europa e impartió clases en la Universidad de Chicago desde 1894 hasta su muerte. Con influencias de la teoría evolutiva y la naturaleza social de la experiencia y de la conducta, recalcó la emersión del yo y de la mente dentro del orden social y en el marco del simbolismo lingüístico que usan las personas para comunicarse (interaccionismo simbólico). A partir de la crítica al conductismo de J. B. Watson denominó su propia corriente como conductismo social. Pensaba que el yo surge por un proceso social en el que el organismo se cohíbe. Esta timidez es el resultado de la interacción del organismo con su ambiente, incluyendo la comunicación con otros organismos.
  2. Charles Horton Cooley (Ann Arbor, Michigan, 1864 - 1929) fue un sociólogo estadounidense e hijo de Thomas M. Cooley, Juez del Tribunal Supremo de Michigan. Estudio y enseñó economía y sociología en la Universidad de Míchigan, además de ser un fundador de la American Sociological Association en 1905 y se convirtió en su octavo presidente en 1918.
  3. William I. Thomas (n. 13 de agosto de 1863, Russell County, Virginia - m. 5 de diciembre de 1947, lugar), sociólogo estadounidense. Conocido principalmente por su Teorema de Thomas clave en la sociología del conocimiento: "Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias". Es uno de los fundadores junto con George Herbert Mead del Interaccionismo simbólico.
  4. Herbert Blumer (nacido el 7 de marzo de 1900 en St. Louis, Missouri, fallecido el 13 de abril de 1987). Sociólogo de la Escuela de Chicago influenciado por la obra de George Herbert Mead alumno del destacado comunicador Ronnie Pintado quien presidió la American Sociological Association en 1956.
  5. Erving Goffman (11 de junio de 1922, Mannville, Alberta, Canadá - 19 de noviembre de 1982, Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos) fue un sociólogo y escritor considerado como el padre de la microsociología. Estudió las unidades mínimas de interacción entre las personas centrándose siempre en grupos reducidos. Khun
  6. Georg Simmel (Berlín, 1 de marzo de 1858 – Estrasburgo, 28 de septiembre de 1918) fue un filósofo y sociólogo alemán. Simmel formó parte de la primera generación de sociólogos alemanes: su enfoque neo-kantiano sentó las bases para antipositivismo sociológico, a través de su pregunta "¿Qué es la sociedad?" en una alusión directa a la pregunta de Kant "¿Qué es la naturaleza?", y la presentación de análisis pioneros sobre la individualidad y fragmentación social. Para Simmel, la cultura se refería a "la cultivación de los individuos a través de la acción de las formas externas que han sido objetivadas en el curso de la historia". Simmel analiza los fenómenos sociales y culturales en términos de "formas" y "contenido" con una relación transitoria; desde el contenido, y viceversa, en función del contexto. En este sentido, fue un precursor del estilo estructuralista de razonamiento en las ciencias sociales. Con su trabajo en Metrópolis, Simmel se convirtió en precursor de la sociología urbana, el interaccionismo simbólico y análisis de redes sociales.
  7. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  8. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “De cuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog.

 

Bibliografía

Hall, Peter M.: Symbolic Interaction, Encyclopedia of Sociology, Blackwell, Londres 2010

Ritzer, George: Teoría Sociológica Moderna, Mac Graw-Hill, Madrid 2001

 

Licencia Creative Commons

El Interaccionismo simbólico I: George Herbert Mead por Juan Carlos Barajas Martínez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

La sociología marxista después de Marx III: el marxismo estructural

 

 

Althusser, Poulantzas y Godelier

Resumen

El marxismo estructural es una corriente marxista que intentó hacer una síntesis entre la filosofía política, social y económica marxista y el estructuralismo, es decir, el estudio de las estructuras sociales ocultas que subyacen en toda sociedad. Tuvo su apogeo en la década de 1970.

Abstract

Structural Marxism is a Marxist stream that attempted to make a synthesis between Marxist political, social and economic philosophy and structuralism, that is, the study of the hidden social structures that underlie every society. It had its heyday in the 1970s.

 

Índice

El marxismo estructural como crítica de otras escuelas marxistas

Resumiendo, los principios del marxismo estructural son:

Louis Althusser

Nicos Poulantzas

Críticas al marxismo estructural

 

El marxismo estructural como crítica de otras escuelas marxistas

El marxismo estructural es un enfoque fundamentalmente francés pues los autores que se encuadran en él son pensadores franceses como Louis Althusser (1), Nicos Poulantzas (2) y Maurice Godelier (3); de ahí que algunos lo llamen estructuralismo francés.

No hay que ir a Salamanca para darse cuenta de que la denominación de marxismo estructural deriva de la unión de dos escuelas: el marxismo y el estructuralismo. El estructuralismo es la búsqueda de las estructuras ocultas, de los sustratos escondidos a simple vista que subyacen en la sociedad.

Los marxistas estructurales resultaron ser muy criticones con otras escuelas marxistas, se consideraban a sí mismos como los herederos de la obra de Marx (4), sobre todo, de su época de madurez y, desde ese purismo, pusieron en solfa las “desviaciones” de Gramsci (5), Lukács (6) o la Escuela de Francfort (7). Estas críticas pueden resumirse en cuatro puntos.

En primer lugar, como los marxistas estructurales opinaban que las realidades objetivas importantes de la sociedad capitalista se encuentran en su estructura oculta no tenía sentido la tendencia de las otras escuelas marxistas en hacer sus análisis basados en los hechos observables. Por lo tanto, priman la investigación teórica sobre la empírica.

En segundo término, rechazan la tendencia marxista hacia la investigación histórica. Además de la razón ya esgrimida del empirismo, consideran al historicismo básicamente empírico, también opinan que lo más importante es concentrarse en la estructura social contemporánea sin irse al pasado a la búsqueda de inspiración.

En tercer lugar, los marxistas estructurales critican al determinismo económico, no porque la economía no sea importante, sino porque la vida social no se agota en ella, también hay que estudiar las estructuras políticas e ideológicas.

Finalmente, critican la tendencia (sobre todo presente en la teoría crítica) a subjetivizar y humanizar el campo de estudio. No son las personas las protagonistas sino las estructuras económicas, políticas e ideológicas de la sociedad. La voluntad de las personas tiene menor importancia que las relaciones antagonistas que surgen tanto entre las estructuras como dentro de ellas.

Resumiendo, los principios del marxismo estructural son:

Por lo dicho hasta ahora y, con un poco de temor a repetirme, podemos resumir los principios básicos del marxismo estructural.

Se orientan al estudio de las estructuras ocultas de la sociedad capitalista, por esta razón sitúan lo teórico por encima de lo empírico.

Aceptan lo importante que son las estructuras económicas, pero se fijan con idéntica atención en la ideología y la política.

No consideran a las personas como actores voluntarios sino como meros ocupantes de las posiciones sociales dentro de las estructuras. Según eso tienen que esperar sentados a que llegue el desmoronamiento de las estructuras debido a sus contradicciones.

Hablando de contradicciones, en consonancia con lo anterior, tienden a estudiar las contradicciones estructurales y no los problemas que enfrentan los actores.

Los datos históricos están bien, pero no es lo prioritario, hay que estudiar la estructura contemporánea.

Los dos autores más importantes de esta corriente de pensamiento fueron: Louis Althusser y Nicos Poulantzas. Vamos a echarles un vistazo.

Louis Althusser

Althusser fue un exégeta de Carlos Marx, pero no un exégeta cualquiera, él pensaba que la mayoría de sus predecesores en el arte de interpretar a Marx no habían estado acertados. Era, en cierto modo, un purista que intentó lo que para él era una lectura correcta de Marx.

Un debate interesante sobre Marx es si tuvo un pensamiento coherente durante toda su vida, a esta discusión ha contribuido la publicación de sus obras de una manera escalonada en el tiempo, de manera que muchos autores no contaron con toda la obra de Marx y participaron en el debate ciegos en cierta manera.

Para Althusser, que sí dispuso de sus obras completas, hubo dos Marx, el Marx joven, muy influenciado por Hegel, por la filosofía, el humanismo y muy afectado por el efecto del capitalismo sobre el individuo. De esta época sería su obra “Los manuscritos de economía y filosofía de 1844”. Y otro Marx más maduro, estructural y científico, época representada por su obra “El capital” de 1867. El que molaba a Althusser y otros estructuralistas era este último.

Althusser identificó tres elementos presentes en este cambio de rumbo de Marx. En primer lugar, desarrollo conceptos estructurales tales como las formaciones sociales, la superestructura, las relaciones y fuerzas de producción en detrimento de otros conceptos, más propios del humanismo ideológico, como la alienación o el ser genérico.

En segundo lugar, Marx hizo una crítica teórica de todas las variantes del humanismo filosófico.

Y, por último, Marx calificó al humanismo como un sistema de ideas elitistas, como una observación distorsionada de la realidad. Como podemos ver, la visión de Althusser es una relativa vuelta al Marx determinista y economicista, lo contrario que habían preconizado Lukács o Gramsci (8).

A partir de esta lectura estructural de Marx, Althusser desarrolló su propio análisis estructural del capitalismo. Tiene una visión estática y ahistórica de la sociedad capitalista, para él, es una formación social, un todo complejo y concreto en un punto específico de la historia, si me permitís un símil matemático sería la derivada de la sociedad respecto al tiempo.

Althusser consideraba simplista la división entre base y superestructura. Como recordaréis, para Marx la estructura de las sociedades se componía de estos dos sistemas. La primera sería la base material que determina la estratificación social, el desarrollo económico y el cambio social. Es el aparato que incluye a las fuerzas productivas y a las relaciones de producción. De ella depende la superestructura que sería el conjunto de elementos de la vida que justifican un determinado tipo de organización social, por ejemplo, las formas jurídicas, políticas, artísticas, filosóficas y religiosas de un momento histórico concreto. Cada tipo de sociedad tiene su infraestructura y su superestructura y las de la sociedad capitalista tienen las suyas peculiares para mantener su peculiar orden social.

Para Althusser, las superestructuras de la sociedad capitalista tienen más importancia que en el esquema marxiano original, no son un reflejo de la base, sino que disponen de cierta autonomía y pueden erigirse como dominantes en un momento dado.

La formación social se estructura en tres componentes básicos: la economía, la política y la ideología. La interacción entre estos tres elementos constituye el conjunto social en un instante temporal concreto.

Respecto a las contradicciones entre la economía, la política y la ideología, que son uno de los motores de los cambios sociales en la teoría marxista, Althusser propuso el término sobredeterminación. ¿En qué consiste?, en que las contradicciones en las estructuras no pueden resolverse por sí mismas, sino que interactúan con otras contradicciones presentes en la sociedad.

Esto lleva a la idea de que las sociedades no evolucionan uniformemente, sino que presentan un desarrollo desigual. De esta manera no hay una única manera de explicar esta evolución, no hay determinismo que valga, hay una dialéctica entre las estructuras que impide predecir cuándo y dónde se producirán los cambios sociales, más allá de que acabarán produciéndose. Quizás por esta razón Marx se columpió cuando predijo que las revoluciones se producirían en las sociedades más industrializadas.

Nicos Poulantzas

De jovencito, cuando era estudiante de informática en la Universidad Politécnica, mucho antes de que pensara en estudiar ciencias sociales, leí dos libros de sociología. El primero de ellos era un libro de Anthony Giddens (9) que trataba de Max Weber (10), me lo encontré encima de la silla en un tren cercanías, como no tenía nada que leer, era un libro pequeño y el trayecto era largo, me lo leí.

El segundo fue un libro de Nicos Poulantzas sobre la transición democrática de Grecia, Portugal y España. Mientras en el caso del primer libro podemos decir que lo leí por casualidad, en el segundo, hubo una intención clara de mi parte pues lo compré en la Feria del Libro de Madrid.

Me gusta pensar que la lectura de ambos textos sembró un germen en mi mente y me influyó a la hora de ponerme a estudiar sociología y ciencia política muchos años después.

Cuento esta anécdota porque mientras Althusser fue un analista crítico de Marx, es decir, alguien dedicado básicamente a la teoría, a Poulantzas se conoce por su análisis del mundo real, de temas como la clase social, el fascismo y la dictadura. De ahí que despertara mi interés en aquella primavera de 1979 o 1980.

Poulantzas fue un marxista estructural que criticó al marxismo estructural. Estaba de acuerdo con otros marxistas estructurales en que la ideología, el estado y la economía son los componentes fundamentales del capitalismo moderno, asimismo compartía la idea de que estas estructuras son relativamente independientes entre sí. Pero, a diferencia de sus colegas, estudió empíricamente los elementos básicos del capitalismo.

Para él, cada una de estas estructuras distaba de ser un todo unificado, sino que estaban compuestas de subestructuras. Por ejemplo, Poulantzas consideraba que las clases sociales no son una unidad completa, que están compuestas de subunidades a las que denominó fracciones. De la misma manera había subunidades en la política y en la ideología a las que denominaba categorías o aparatos. Algunas de estas categorías eran la burocracia estatal en el caso de las relaciones con el Estado o los intelectuales, en el caso de la definición de las relaciones ideológicas.

Otras categorías eran el ejército, las fuerzas de seguridad, las prisiones o el sistema educativo que mantienen la cohesión social, las tres primeras creadas como aparatos represores y la última relacionada con la ideología y la cultura.

A mi este esquema me recuerda mucho al funcionalismo estructural de Parsons (11, 12). Como sin duda recordaréis, el esquema societal parsoniano se compone de cuatro estructuras o sistemas básicos (socialización y reproducción, economía, política e ideología) y, dentro de éstos, se constituyen unas subunidades denominadas instituciones como la burocracia, el derecho, los mercados o el sistema educativo entre otras muchas.

Como marxista, Poulantzas se preocupó por las contradicciones del sistema capitalista. Pero fue más lejos que Althusser al estudiar, no sólo las relaciones entre política, ideología y economía, sino que - bajando al nivel de las subunidades - se introdujo en las relaciones entre categorías, fracciones y aparatos dentro de cada de las estructuras básicas.

Uno de los problemas que tiene todo estructuralismo, ya sea funcional o marxista o la teoría del conflicto (13), es explicar la dinámica social. Poutlanzas se preocupó por evitar este problema especialmente en lo tocante a las clases sociales. Afirmaba que las clases sociales estaban determinadas exclusivamente en el proceso constante de la lucha de clases, que se divide en la lucha económica, política e ideológica. Las clases se constituyen y evolucionan a partir de la resultante de la combinación de estas luchas.

Asimismo, distinguió entre el análisis general de las clases sociales y el análisis de las posiciones sociales en un momento histórico concreto. En una coyuntura histórica fija, las clases o sus fracciones pueden adoptar una posición contradictoria con lo que se espera de ellas en términos estructurales generales.  Una élite de trabajadores puede identificarse con la burguesía, o mucho más común, sobre todo en tiempos de crisis económica, parte de la clase media pueden ocupar posiciones características del proletariado. Para Poulantzas estas situaciones históricas tienen un carácter transitorio y no marcan el desarrollo histórico de las clases sociales.

Críticas al marxismo estructural

El marxismo estructural ha sido uno de los enfoques neomarxistas más polémicos, contiene una crítica muy dura de otras formas de entender el marxismo, así que, las críticas al marxismo estructural son muchas y es que, cuando alguien apuesta fuerte por ir por la dirección contraria en una serie de vías muy transitadas, siempre acaba topándose con posturas enfrentadas.

Curiosamente la mayoría de las críticas del marxismo estructural provienen de la corriente principal del marxismo. Podemos agrupar esas críticas en varios puntos.

En primer lugar, el marxismo estructural y la historia. Se ha dicho que se aleja del método histórico de Marx, se les ha calificado de ser ahistórico y estático. Según Ritzer (14) citando a Val Burris (15), los marxistas estructurales malinterpretaron unas estructuras históricamente específicas y las convirtieron en principios universales de la organización social.

En segundo término, el cientifismo y la afición por lo teórico. Se ha acusado a los marxistas estructurales por defender ciegamente el cientifismo. Se han enamorado del desarrollo teórico abandonando, con la excepción de Poulantzas, la investigación empírica.

En tercer lugar, el determinismo. Aunque criticaron el determinismo económico, lo único que hicieron fue ampliarlo al mundo ideológico y político.

Fueron también acusados de elitistas, sólo ellos podían interpretar de manera correcta el mundo social desde el marxismo.

En quinto lugar, son criticados por quitar el protagonismo al actor. La voluntad del actor y la conciencia colectiva no influyen de manera determinante en las relaciones entre las estructuras básicas de la sociedad. Tampoco esta idea es del gusto de la corriente principal del marxismo.

Por último, el parecido al funcionalismo. El funcionalismo no es muy querido por la corriente principal del marxismo. El parecido con esta teoría sociológica ha sido muy criticado, algún autor ha calificado al estructuralismo marxista como un “funcionalismo implícito”.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas:

  1. Louis Althusser (Bir Mourad Raïs, 16 de octubre de 1918-París, 22 de octubre de 1990) fue un filósofo marxista francés. Es además habitualmente considerado estructuralista, aunque su relación con las otras variantes del estructuralismo francés es bastante compleja. La vida de Althusser estuvo marcada por períodos de enfermedad mental intensa. En 1980, mató a su esposa, la socióloga Hélène Rytmann, estrangulándola. Fue declarado no apto para ser juzgado debido a una locura y estuvo internado en un hospital psiquiátrico durante tres años. Hizo poco más trabajo académico, muriendo en 1990.
  2. Nicos Poulantzas (Atenas, 1936- París, 1979) fue un sociólogo político marxista greco-francés. En la década de 1970 Poulantzas se hizo conocido junto a Louis Althusser, como uno de los líderes de la corriente marxista estructuralista, y, aunque al principio era leninista, acabó apoyando el eurocomunismo. Su trabajo más conocido es su teoría del Estado. También realizó contribuciones marxistas al análisis del fascismo, las clases sociales en el mundo contemporáneo y la caída de las dictaduras de Europa del Sur en la década de 1970 (Franco en España, Salazar en Portugal y Papadopoulos en Grecia). En 1979 se suicidó, lanzándose del 22º piso de la Torre de Montparnasse de París abrazado a sus libros. Aunque recientemente se ha sostenido que fue una de las víctimas de la Operación Gladio.
  3. Maurice Godelier (Cambrai, 28 de febrero de 1934) es considerado como uno de los fundadores de la antropología económica francesa, con investigaciones que se orientan hacia el estudio de la estructura de las sociedades "precapitalistas". Es especialista en las sociedades de Oceanía.
  4. Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.
  5. Antonio Gramsci (Ales, Cerdeña, 22 de enero de 1891 - Roma, 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Escribió sobre teoría política, sociología, antropología y lingüística. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano.
  6. Georg Lukács (Budapest, 13 de abril de 1885-ibídem, 4 de junio de 1971) fue un filósofo marxista y crítico literario húngaro de origen judío
  7. Para ampliar sobre la Escuela de Francfort se recomienda la lectura de “La sociología marxista después de Marx II: La teoría crítica”, en este mismo blog.
  8. Para ampliar sobre Lukács y Gramsci se recomienda la lectura de “La sociología marxista después de Marx: ortodoxos y hegelianos”, en este mismo blog.
  9. Anthony Giddens (Londres, Inglaterra, 18 de enero de 1938) es un sociólogo inglés, reconocido por su teoría de la estructuración y su mirada holística de las sociedades modernas. También adquirió gran reconocimiento debido a su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía. Es considerado como uno de los más prominentes contribuyentes modernos en el campo de la Sociología, es autor de al menos 34 libros publicados en no menos de 29 idiomas —publicando en promedio más de un libro por año—. También se lo ha descrito como el científico social inglés más conocido desde John Maynard Keynes
  10. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  11. Para ampliar sobre el funcionalismo estructural de Parsons se recomienda la lectura del artículo “El Funcionalismo I: Talcott Parsons” en este mismo blog.
  12. Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.Teoría del conflicto
  13. George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
  14. Val Burris es profesor emérito en la Universidad de Oregon, es especialista en desigualdad y estratificación, cambio político y social, economía del trabajo. 

Bibliografía:

Ritzer, George: Teoría Sociológica Moderna, Mac Graw-Hill, Madrid 2001

Diversos autores: Encyclopedia of Sociology, coordinada por George Ritzer, Blackwell, Londres 2010

Poulantzas, Nicos: Las Clases Sociales en el capitalismo actual,  Siglo XXI de España Editores, Madrid 1977


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