Urich Beck y la sociedad del riesgo

 


Resumen

Este artículo describe las ideas de Ulrich Beck sobre la sociedad postindustrial desde la perspectiva de los nuevos riesgos que la tecnología han traído, nuevas amenazas que generan un miedo difuso y constante que ha provocado una forma de pensar (la modernidad reflexiva) y un nuevo modelo de sociedad (la sociedad del riesgo).

Es también muy interesante la opinión de Beck sobre el cálculo obsoleto de las probabilidades de que los riesgos se materialicen en desastres, la falta de expertos, la falta de límites territoriales y temporales de las amenazas, la percepción social del riesgo y la correlación inversa entre riesgo y nivel económico.

Abstract

This article describes Ulrich Beck's ideas about post-industrial society from the perspective of the new risks that technology has brought, new menaces that generate a diffuse and constant fear that has provoked a way of thinking (reflexive modernity) and a new model of society (the risk society).

Beck's opinion about the outdated calculation of the probabilities of risks materializing into disasters, the lack of experts, the lack of territorial and temporal limits of hazards, the social perception of risk and the inverse correlation between risk and economic level is also very interesting.

 

Índice

 

La modernidad reflexiva y la sociedad del riesgo

Cómo ya hemos comentado muchas veces en este blog, la revolución industrial trajo de su mano un nuevo mundo, el mundo moderno. Diversos autores dividen este período histórico de la sociedad contemporánea entre diferentes modernidades, distinguen entre modernidad inicial y modernidad avanzada o modernidad clásica y modernidad reflexiva o entre modernidad sólida y modernidad líquida o entre modernidad y posmodernidad, hay un debate acalorado al respecto, pero si somos sinceros vienen todos a decir lo mismo y las diferencias son meros matices.

El caso es que sacando mínimo común divisor de todas estas ideas habría una modernidad asociada a los comienzos de la sociedad industrial, de relaciones más estables, más asentadas en un determinado territorio, con tecnologías menos cambiantes y una nueva modernidad mucho más variable, flexible, informe como un líquido, no relacionada únicamente con el tejido industrial sino con la información y el conocimiento, ni con un territorio concreto sino que es global y en lo que no sirve ya se tira, ya sean animales, vegetales o minerales. Y lo curioso es que, como los cambios sociales se acumulan como los estratos en un terreno, podemos reconocer a nuestro alrededor elementos de ambos tipos de modernidades.

Toda esta tecnología nos ha traído prosperidad, pero también ha venido cargada de nuevos peligros. La energía nuclear, la inteligencia artificial, la producción industrial robotizada, entre otras muchas tecnologías, ha proporcionado una cantidad nunca antes vista de crecimiento económico, pero al mismo tiempo, han traído consigo nuevos peligros y formas de destruirnos a nosotros mismos y a nuestro entorno. Todos estos avances han abierto la posibilidad de que ocurran desastres de alcance global y cuyas consecuencias, en caso de producirse, son difícilmente reparables.

Esta situación ha generado un nuevo tipo de reflexión en individuos y sociedades, un nuevo pensamiento relacionado con la seguridad y los riesgos de que se lleguen a producir accidentes irreversibles.

El gran sociólogo alemán Ulrich Beck (1) analizó con detalle este nuevo modo de pensar. Como otros sociólogos y filósofos, Beck pensaba que la vida social había evolucionado hacia una segunda etapa de la modernidad, fue uno de los que junto con Anthony Giddens (2) usó el termino modernidad reflexiva.

Esta modernidad reflexiva está marcada por la toma de conciencia de que no es posible, no ya dominar a la Naturaleza, sino que no podemos estar seguros de que podamos controlar las propias realizaciones del ser humano.

Así que, de manera casi natural, la modernidad reflexiva ha dado lugar a la emergencia de una sociedad del riesgo en la que los dirigentes, científicos, políticos y público en general están cada vez más preocupados con la producción, difusión y permanencia de los riesgos asociados a la actividad humana.

¿Qué es el riesgo?

Podemos entender el riesgo como la proximidad de sufrir algún daño, es decir, como la probabilidad de que se produzca un problema, teniendo en cuenta que cabe la posibilidad de que éste no llegue a materializarse. Esto es importante porque el riesgo es una amenaza, pero no necesariamente una realidad, nos pasamos la vida temiendo sucesos que no llegan a ocurrir.  Esa amenaza constante genera un miedo constante y difuso, miedo al riesgo de padecer una enfermedad, al desempleo, al terrorismo yihadista y a tantas cosas más, reales o irreales.

Beck señala cuatro propiedades básicas en los riesgos modernos. En primer lugar, los riesgos son hijos de las fuentes de riqueza de la sociedad moderna.

En segundo término, no tienen limitaciones ni en el espacio – no están sujetos a un territorio, por ejemplo, ni la contaminación nuclear ni el terrorismo global se paran en las fronteras – ni en el tiempo – las consecuencias pueden presentarse durante generaciones.

En tercer lugar, son irreparables, no se puede volver a la situación anterior al daño producido.

Y, por último, las formas de calcular las probabilidades de que un riesgo se materialice han quedado obsoletas dado que son muy nuevos o no hay precedentes ni experiencia previa de los desastres que pueden producir.

La percepción del riesgo y los expertos

Otra variable muy importante en el análisis de Beck es la percepción del riesgo pues de ello depende la respuesta social al mismo, influye en cómo la sociedad mide la gravedad y lo que está dispuesta a invertir en la prevención y en los procedimientos de contingencia si el riesgo llega a convertirse en desastre.

Beck detecta una ambigüedad en la percepción social del riesgo, por un lado, los riesgos son reales y no pueden ignorarse, pero al mismo tiempo, son virtuales porque no dejan de ser un temor a situaciones que no se han producido.

Gestionar esto no es fácil, gastar dinero y esfuerzos en prevenir posibles peligros no siempre es popular. Representa un problema para gobiernos y empresas, unos porque normalmente tienen que adoptar políticas muy impopulares que necesitan de mucha pedagogía o tienen que responder con mayor diligencia a los grupos de presión que a sus ciudadanos, los otros porque tienen la inveterada costumbre de repartir dividendos entre sus accionistas y no siempre se preocupan por la ética en el modo de hacerlo.

Por si fuera poco, Beck apunta que ni los mismos expertos tienen una idea clara en materia de riesgos, concluye, que no hay expertos sino gente que pasa por serlo. El razonamiento es el siguiente, muchos de los riesgos actuales son tan complejos que ni científicos ni ingenieros consiguen ponerse de acuerdo en cuanto a su probabilidad, gravedad, prevención y contingencia. Además, para una parte de la sociedad los mismos expertos son parte del problema y no de la solución, por ejemplo, los expertos en energía nuclear son los que hacen malabarismos con los átomos, aunque no todas personas son iguales, estudian y trabajan en lo mismo, entonces, ¿cómo tomarles en serio? Beck lo expresa diciendo que "han dilapidado hasta nuevo aviso su reputación histórica de racionalidad".

De todas las formas Beck concluye que, a pesar de los pesares, los científicos son indispensables en la sociedad del riesgo porque no tenemos otro remedio que recurrir a ellos, aunque sean falibles y se vean sorprendidos o superados.

Las sociedades tecnológicas presentan tres clases de respuestas ante los riesgos. En primer lugar, la negación; se hace como si no existieran, es la reacción más común. En segundo término, la apatía, se reconoce el riesgo, pero no se hace nada. Y, por último, la transformación que Beck define como la gestión colectiva global – cosmopolita según su terminología – para vivir de forma positiva bajo la sombra del riesgo.

Riesgos y clase social

Para Beck el riesgo y la clase social guardan una cierta relación. El riesgo, como la riqueza, sigue una pauta clasista, sólo que inversa. Mientras la riqueza se acumula arriba, los riesgos lo hacen abajo. En este sentido parecen reforzar, no abolir, la sociedad de clases. La pobreza atrae a una elevada y desafortunada cantidad de riesgos, en cambio, la riqueza – en renta, en educación o poder – puede comprar seguridad y liberación de los riesgos.

Lo que ocurre en las clases sociales también se da entre las naciones. Los riesgos se concentran en las naciones pobres mientras que es más fácil que las naciones ricas los eviten y encima se beneficien de los riesgos que ellas generan, ensayando en el tercer mundo medidas de prevención y contingencia que pudieran ser aplicables ante crisis posteriores similares.

Sin embargo, en la sociedad del riesgo, ni los individuos ni las naciones ricas están completamente a salvo, es lo que Beck denomina efecto bumerang, los propios agentes de la modernización están atrapados por los peligros que ellos mismos han desatado, al menos mientras que nadie se pueda bajar en marcha de esta nave espacial que es nuestro planeta. La radiactividad generada por Chernóbil no necesitó de pasaporte para desplazarse por Europa, la pandemia del Covid parecía durante las navidades de 2019 que era cosa de los chinos que no tienen criterio a la hora de elegir animales con los que alimentarse, tres meses después estábamos confinados en casa.

Temor y esperanza

En contra de lo que pudiera parecer Beck no es un pesimista irredento, sino que se mueve entre el temor y la esperanza.

Por el lado del temor, es indudable que la globalización ha traído consecuencias negativas que incluyen las crisis financieras periódicas, el cambio climático y la amenaza del terrorismo, entre otras plagas bíblicas.

Por el lado de la esperanza, Beck aprecia aspectos positivos en este marco aparentemente deprimente. Considera que el aumento del riesgo nos ha llevado a una situación que denomina “cosmopolitismo”.

El cosmopolitismo es un concepto multidimensional. En primer lugar, afrontar un riesgo global implica una respuesta global, las consecuencias catastróficas de la materialización de un riesgo afecta a toda o a gran parte de la humanidad lo que requiere de la respuesta de naciones y organizaciones internacionales lo que favorece la cooperación entre ellas.

La segunda dimensión del cosmopolitismo es la cobertura mediática internacional que ayuda a entender el mayor impacto de los desastres en los sectores pobres de la población y en las naciones en vías de desarrollo.

Por último, beck señala que la sociedad civil se organiza, se informa y se opone, en lo denomina la conciencia pública del riesgo. Suelen ser las propias personas, las víctimas de los riesgos, quienes empiezan a reflexionar sobre ellos. Observan y recogen datos sobre los riesgos y sus consecuencias para la gente y para el entorno. . 

Esta conciencia social del riesgo fomenta alianzas entre grupos sociales, por ejemplo ante el problema del cambio climático, el diálogo entre grupos ecologistas y ciertas empresas - que han descubierto que esta es una vía conjuga el negocio y la sostenibilidad-  promueve la acción coordinada en la protesta por la falta de respuesta de los gobiernos entretenidos en que Beck llama "subpolíticas", es decir, las actuaciones de gobiernos y grupos de presión que actúan al margen de los sistemas parlamentarios y del control ciudadano.

Conclusión

Las ideas de Beck han tenido un gran eco más allá del debate puramente sociológico pues su enfoque multidisciplinar está dirigido hacia muchas de las principales preocupaciones de la humanidad. La publicación de su obra “La Sociedad del Riesgo” coincidió con el debate sobre la capa de ozono (3), el accidente de Bhopal (4) y el desastre de Chernóbil (5), pero la historia no se ha detenido ahí y hemos acumulado accidentes, pandemias y desastres naturales que derivan de riesgos que estaban identificados y para los que no estábamos suficientemente preparados.

Esto genera miedo, pero finalmente Beck presenta un mensaje positivo: la necesidad de afrontar el riesgo global puede generar soluciones innovadoras y cambio sociales constructivos que superen los egoísmos e intereses limitados de particulares, empresas y Estados.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas

  1. Ulrich Beck (Słupsk, Pomerania, 15 de mayo de 1944-Múnich, Baviera, 1 de enero de 2015)​ fue un sociólogo alemán, profesor de la Universidad de Múnich y de la London School of Economics. Estudió aspectos como la modernización, los problemas ecológicos, la individualización y la globalización. En los últimos tiempos se embarcó también en la exploración de las condiciones cambiantes del trabajo en un mundo de creciente capitalismo global, de pérdida de poder de los sindicatos y de flexibilización de los procesos del trabajo, una teoría enraizada en el concepto de cosmopolitismo. También contribuyó con nuevos conceptos a la sociología alemana, incluyendo la llamada «sociedad del riesgo» y la «modernidad reflexiva».
  2. Anthony Giddens (Londres, Inglaterra, 18 de enero de 1938) es un sociólogo inglés, reconocido por su teoría de la estructuración y su mirada holística de las sociedades modernas. También adquirió gran reconocimiento debido a su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía. Es considerado como uno de los más prominentes contribuyentes modernos en el campo de la Sociología, es autor de al menos 34 libros publicados en no menos de 29 idiomas —publicando en promedio más de un libro por año—. También se lo ha descrito como el científico social inglés más conocido desde John Maynard Keynes
  3. La capa de ozono es una capa que envuelve la Tierra impidiendo que los rayos solares y los rayos ultravioleta lleguen a los seres vivos. Se denomina capa de ozono u ozonosfera a la zona de la estratosfera terrestre que contiene una concentración relativamente alta1​ de ozono. Esta capa, que se extiende aproximadamente de los 15 km a los 50 km de altitud, reúne el 90 % del ozono presente en la atmósfera y absorbe del 97 al 99 % de la radiación ultravioleta de alta frecuencia (150-300 nm). Fue descubierta por los físicos Charles Fabry y Henri Buisson en el año 1913. El seguimiento observacional de la capa de ozono, llevado a cabo en los últimos años, ha llegado a la conclusión de que dicha capa puede considerarse seriamente amenazada. El desgaste grave de la capa de ozono provocará el aumento de los casos de melanomas, cáncer de piel, cataratas oculares, supresión del sistema inmunitario en humanos y en otras especies. También afectará a los cultivos sensibles a la radiación ultravioleta. Las últimas mediciones realizadas con satélites indican que el agujero en la capa de ozono se está reduciendo, a la vez que los niveles de clorofluorocarburos (CFC) han disminuido. Esos compuestos químicos dañan la capa de ozono de la atmósfera que protege nuestro planeta. Durante más de cincuenta años, el número de CFC presentes en la parte alta de la atmósfera ha aumentado a un ritmo constante hasta el año 2000.​ Desde entonces, la concentración de CFC se ha reducido a razón de casi un 1 % anual. El descenso permite esperar que el agujero de la capa de ozono pueda cerrarse a mediados de siglo
  4. El desastre de Bhopal, ocurrido entre el 2 y el 3 de diciembre de 1984 en la región de Bhopal (Madhya Pradesh, India), se originó al producirse una fuga al aire libre de isocianato de metilo (MIC)en una fábrica de plaguicidas propiedad de un 51 % de la compañía estadounidense Union Carbide​ (parte de cuyos activos fueron posteriormente adquiridos por Dow Chemical) y del restante 49 %, del Gobierno de la India. Dejando más de 25 000 muertos​ y 500 000 heridos. Se considera uno de los peores desastres industriales del mundo. ​ Más de 500.000 personas estuvieron expuestas al gas MIC. La sustancia altamente tóxica se abrió camino hacia los pequeños pueblos ubicados cerca de la planta y sus alrededores.
  5. El accidente de Chernóbil fue un accidente nuclear sucedido el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania, que en ese momento pertenecía a la Unión Soviética, a 2,7 km de la ciudad de Prípiat, a 18 km de la ciudad de Chernóbil y a 17 km de la frontera con Bielorrusia. Es considerado el peor accidente nuclear de la historia, y junto con el accidente nuclear de Fukushima I en Japón en 2011, como el más grave en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (accidente mayor, nivel 7). Asimismo, suele ser incluido entre los grandes desastres medioambientales de la historia.

 

Bibliografía

Juan Carlos Barajas Martínez, La muerte de Juan Sin Miedo, Sociología Divertida, 2015

C. Thorpe, C. Yuil, M. Hobbs, M. Todd, S. Tomley, M. Week: El Libro de la Sociología, Akal Editores, Madrid 2016

George Ritzer: Teoría Sociológica Moderna, 5ª Edición, ED. McGraw-Hill, Madrid 2001

Adolfo Vásquez Rocca, Zygmunt Bauman: Modernidad Líquida y Fragilidad Humana, Nómadas, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, Universidad Complutense de Madrid, marzo 2008

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Zygmunt Bauman y la licuefacción de la sociedad

 


Resumen

En marzo de 2011 quedé muy impresionado con el terremoto de Japón que llegó a 9,1 de magnitud, provocó un tsunami cuyas olas llegaron a una altura máxima de 40,5 metros y se llevó por delante la central nuclear de Fukushima. Murieron casi dieciséis mil personas, hubo más de seis mil heridos y dos mil quinientos desaparecidos. Pudimos ver mil imágenes imposibles de borrar de la memoria, una de ellas fue el proceso por el cual empezó a salir agua del asfalto y de las aceras de las ciudades, agua que no procedía de las tuberías sino de la tierra. A este proceso se le denomina licuefacción, se produce por la enorme presión que se ejerce sobre bloques de terreno hasta el punto de que exprime toda el agua que contiene como si de una esponja se tratara.

Para el gran sociólogo Zygmunt Bauman este fenómeno se ha producido también en la sociedad, un gran cataclismo de cambios sociales ha provocado que en pocas generaciones se haya pasado de una sociedad sólida asentada sobre bases indiscutibles y duraderas a una sociedad líquida en la que no hay nada seguro ni permanente, ni las instituciones, ni las costumbres, ni la ética, ni el trabajo, ni la vida. Yo mismo, que ya tengo mis años, apenas reconozco en mi entorno social algún carácter de la sociedad en la que nací.

Abstract

In March 2011, I was very impressed by the earthquake in Japan, which reached a magnitude of 9.1, triggered a tsunami whose waves reached a maximum height of 40.5 meters, and swept away the Fukushima nuclear power plant. Almost sixteen thousand people died, more than six thousand were injured and two thousand five hundred were missing. We were able to see a thousand images impossible to erase from our memory.

In one of them, you could see how water began to come out of the asphalt and the sidewalks of the cities, the water did not come from the pipes but from the ground.

This process is called liquefaction, produced by the enormous pressure exerted on blocks of land to the point that it squeezes out all the water it contains as if it were a sponge.

For the great sociologist Zygmunt Bauman, this phenomenon has also occurred in society. A great cataclysm of social change has meant that in just a few generations we have gone from a solid society based on unquestionable and lasting foundations to a liquid society in which nothing is certain or permanent, neither institutions, nor customs, nor ethics, nor work, nor life.

Now that I am 60 years old, I hardly recognize my social environment or any character of the society in which I was born.

Índice

  • Introducción
  • Modernidad sólida
  • Proceso de licuefacción
  • Modernidad líquida
  • Somos lo que compramos
  • A todo el mundo no le va todo igual
  • Conclusión

Introducción

A finales del siglo XIX se produjo la segunda revolución industrial que trajo consigo una serie de fenómenos sociales y económicos. Entre estos fenómenos habría que destacar la economía financiera gracias a la mayor acumulación de capitales, la producción masiva de bienes y equipos gracias a la cadena de montaje y al uso industrial de la electricidad, el consumo generalizado de esos bienes y equipos para lo que fue necesario aumentar el nivel de vida de las clases menos favorecidas, la industrialización de la agricultura al introducir maquinaria en el campo, la mejora de los transportes gracias al motor de explosión y la mejora de las telecomunicaciones gracias en primera instancia al telégrafo eléctrico y, posteriormente, al teléfono y la radio.

Estos cambios repercutieron en las sociedades de los países desarrollados produciendo un nuevo tipo de mundo al que la mayoría de los autores denomina modernidad. Un mundo cuyas instituciones eran relativamente estables, el pleno empleo era un objetivo factible y el nivel de vida razonablemente alto, más que en ninguna etapa histórica anterior.

Según el gran sociólogo polaco Zygmunt Bauman (1), este mundo moderno se fue alejando, a lo largo del siglo XX, de esta modernidad que califica de “sólida” hacia un nuevo tipo de modernidad que define como “líquida” que se caracteriza por incertidumbre y el cambio continuo que afecta tanto a la sociedad en su conjunto como a cada uno de los individuos que la componen.

El concepto de “líquido” hace referencia a la fluidez, al cambio, a la impredecibilidad; es una idea atractiva porque explica los cambios históricos que se produjeron durante el siglo XX y, al mismo tiempo es fácil de comprender. No extraño entonces que haya trascendido el mundo académico para llegar, a través de los medios de comunicación, a las conversaciones de los ciudadanos medios, convirtiendo a Bauman – que recibió los premios Adorno y Príncipe de Asturias – en una especie de sociólogo “superstar”.

Modernidad sólida

Como el concepto de modernidad líquida se construye por oposición a la modernidad sólida, vendría bien que nos centráramos en primer lugar en definir el marco histórico en el que se desarrolló está última, así como las características que presentaba.

Como ya hemos avanzado, la modernidad sólida empezó a gestarse a finales del siglo XIX con la segunda revolución industrial. El proceso de industrialización que venía produciéndose desde finales del siglo XVIII cambió su naturaleza y el modelo económico varió hacia formas en las que economía financiera tomó una importancia mayor.

La tecnología avanzó enormemente, múltiples inventos y aplicaciones, así como nuevas fuentes de energía como la electricidad o el petróleo y todos sus derivados se incorporaron al proceso industrial, en este contexto tecnológico, se inventó la cadena de montaje. Todos estos cambios aplicados al proceso industrial desembocaron en un aumento sin precedentes de la productividad.

Esta mayor producción provocó cambios que afectaron a la organización del trabajo, al consumo y, por último, a la política. Dentro de esta última, el ciudadano, en tanto que consumidor y productor, acabó teniendo voto y empezó a participar de manera perceptible en las decisiones colectivas.

Si la primera revolución industrial se limitó territorialmente casi en su totalidad al Reino Unido, esta segunda se desarrolló también en casi toda Europa Occidental, Estados Unidos y Japón lo que indujo a la creación de un gran mercado internacional y la consolidación de las diferencias entre el centro mundial constituido por esas regiones económicas desarrolladas y la periferia del mundo constituida por todas las demás naciones, muchas de ellas, bajo el yugo colonial.

Y en estos países del centro es dónde se desarrolló ese modelo de sociedad que muchos autores denominan modernidad y que Bauman identifica como modernidad sólida. Para Bauman este modelo se caracterizaba por ser ordenado, predecible, racional, relativamente estable y organizado según métodos burocráticos que es – siempre según el criterio de este autor – la forma más eficiente de organizar la conducta y la interacción en organizaciones con un gran número de personas.

Bauman destaca el alto grado de equilibrio en las estructuras sociales en la modernidad sólida. Tanto las normas, como las tradiciones y las instituciones tenían vocación de permanecer estables lo que no significa que no sufrieran cambios sociopolíticos, sino que se sucedían de un modo ordenado y predecible. La modernidad sólida no era revolucionaria sino evolucionista.

El nivel de seguridad en el empleo era muy alto en la modernidad sólida, casi todas las personas tenían la esperanza de conseguir un trabajo indefinido, jubilarse en la misma empresa y pasar toda su vida en la misma zona geográfica, cerca de sus padres.

Es la época en la que se producen avances en la protección de las clases trabajadoras caminando tímidamente hacia el concepto de Estado del bienestar.

Bauman considera que la modernidad sólida es la quintaesencia de los valores de la Ilustración. Representa la materialización de la idea ilustrada de que la razón – mediante el conocimiento científico, la comprensión y control del mundo natural – conduce a la emancipación de la humanidad. Nunca ha habido en las instituciones ni en la sociedad en general tanta fe en el progreso, tanta admiración hacia las grandes obras de la arquitectura y la tecnología modernas.

En una sociedad estable o conceptualmente estable como la modernidad sólida, no es extraño que produjera un repertorio de identidades estables y posibles versiones de la individualidad con las que las personas podían identificarse. En aquel momento las personas tenían una identidad estable, coherente y racional formadas por varias categorías como la profesión, la religión, el género, la nacionalidad y la etnia o el estilo de vida; para los que encajaban bien es esas clases – la mayoría de la gente – era una vida confortable y segura, pero para los que no conseguían encajar en una de esas categorías la vida no era tan fácil.

Este mundo gobernado por la modernidad sólida se mantuvo predominante hasta después de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de las crisis económicas y bélicas que de vez en cuando atizaban fuerte. Después, de manera gradual, las cosas empezaron a cambiar.

El proceso de licuefacción

 

En palabras de Bauman, a partir de la segunda mitad del siglo XX, se reinventó el mundo de una manera “compulsiva, obsesiva y adictiva”.

Cinco son los cambios que cita Bauman para explicar el paso de la modernidad sólida a la líquida. En primer lugar, la pérdida de poder de los estados-nación. Los gobiernos han ido perdiendo capacidad de decisión tanto en las esferas nacionales como en el escenario internacional. En la esfera nacional con el surgimiento de mesogobiernos, formas de gobernanza que se alejan del “ordeno y mando” y la presión de los grupos de interés. En la sociedad internacional los gobiernos han sido debilitados, por un lado, por el aumento del poder de las multinacionales y, desde otro punto de vista, por el surgimiento de organizaciones supranacionales sobre las que se ha depositado parte de la soberanía nacional.

En segundo término, Bauman señala la expansión global del capitalismo que ha contribuido a la descentralización de la autoridad estatal.

En tercer lugar, las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones permiten un intercambio supranacional de información y conocimiento en microsegundos.

En cuarto lugar, Bauman señala que las sociedades están cada vez más preocupadas por la seguridad. Quizás porque hay miedo a perder ciertas cotas de bienestar y cierto grupo de derechos sociales que se han alcanzado con el esfuerzo de las generaciones precedentes. También, al haber más intercambio de información hay más miedo ante peligros potenciales.

Y, por último, los flujos migratorios han aumentado enormemente en el planeta. Si con la modernidad sólida se dio un flujo del campo a la ciudad, en la modernidad líquida, la gente emigra de la periferia al centro.

Modernidad líquida

Lo primero que destaca Bauman es que definir a la modernidad líquida es una cuestión paradójica. ¿Cómo definir algo que está en continuo cambio? Quizás por eso hay tantas definiciones distintas para describir este período de tiempo y, no sólo entre autores diferentes, sino también hay diferencias en las opiniones del mismo autor a lo largo del tiempo de manera que es muy difícil glosar su obra, algo que con – mayor o menor acierto – intento hacer yo.

No obstante, a pesar de su miedo inicial, Bauman consigue una buena descripción de la modernidad líquida abordando sus aspectos principales.

Para empezar, se ha perdido la idea de progreso, aquella fe en la ciencia y la tecnología de la que hablábamos en párrafos anteriores. Ya no se sigue el ideal racionalista de la Ilustración, sino que la ciencia y la tecnología – y por tanto los científicos y los tecnólogos – están bajo sospecha. Se les identifica como la causa de los problemas medioambientales, políticos y de empleo.

Aquella vida razonablemente asegurada y estable ha dejado de existir. Las personas han perdido la certidumbre acerca del empleo y la educación. Los padres ven como un hecho muy probable que sus hijos vivan con menor bienestar que ellos y los jóvenes se preguntan si merece la pena el esfuerzo de abordar los estudios superiores si una carrera universitaria no te garantiza un nivel salarial alto.

El empleo para toda la vida también ha muerto y en su lugar ha venido para quedarse la precariedad en los contratos laborales. Bauman coincide con Richard Sennet (2) en que se ha producido un proceso de reestructuración en las empresas – entendido este término como una disminución en el tamaño – con el fin de aumentar la productividad y la competitividad en un mercado global reduciendo los costes salariales.

La reestructuración de las empresas redunda en la precariedad laboral provocando una mayor movilidad en el empleo que obliga a las personas a seguir formándose – muchas veces a su cargo – a lo largo de su carrera profesional para diferenciar su currículo y seguir siendo competitivo en el mercado de trabajo.

Toda esta precariedad se desarrolla todavía en peores condiciones porque la protección social está disminuyendo. El Estado del bienestar retrocede y con él la red de seguridad para el caso de sufrir enfermedad o desempleo; y sin acudir a las desgracias, las ayudas en educación y vivienda también disminuyen con lo cual todavía nos hacemos más pobres.

Somos lo que compramos

Durante la modernidad sólida, se desarrolla el consumo porque hay que dar salida a los productos industriales, por eso mejoran económicamente las clases sociales menos privilegiadas. Vuelvo a hacer constar que esto pasaba en los países industrializados.

En este contexto, la modernidad líquida convierte al consumo en algo desaforado, rápido y constante, los bienes son de usar y tirar ( “throw away society”) cuando no de tirar directamente.

Durante la modernidad sólida las identidades personales estaban claras, o bien pertenecías a una de las categorías estándar de género, profesión, etnia o nacionalidad; o bien, quedabas fuera del sistema. Lo que eras no dependía de lo que consumías sino de donde se te etiquetara.

En la modernidad líquida la identidad personal está fragmentada, carece de coherencia, para Bauman, la identidad personal no es más que la resultante de las elecciones de consumo que acaban representando a las personas. De ahí viene la pasión por las marcas, entre los jóvenes, si no tienes una determinada marca de zapatillas, de camiseta, de pantalones o de teléfono móvil, no eres nadie independientemente de la clase a la que se pertenezca; entre los adultos, suele ser el automóvil.

Para Bauman, el yo auténtico y la representación del yo se difuminan mediante elecciones de consumo, dice, “somos lo que compramos y nada más, el significado profundo y superficial se han fusionado y resulta imposible separarlos”.

Así las cosas, sin identidades sólidas, la gente acude a todo tipo de gurús, desde los más alternativos como “coaches”, religiones sectarias o terapeutas de dudoso origen a la ayuda profesional de psicólogos. La persecución de una identidad que nos defina y a la que agarrarse se ha convertido en un problema, se necesita realizar una introspección constante, un ponerse al día cada poco tiempo lo que genera ansiedad y confusión. No bien has aprendido a ser un “hombre sensible” lees un artículo en El País Semanal que te dice que lo que mola ahora es ser “metrosexual”. El concepto de metrosexual se pierde tan rápido como llegó y tienes que hacerte hípster para volver a cambiar a no sé qué porque ya no se habla de hípsters pero no sé por cual gilipollez ha sido sustituido. Francamente, es un sinvivir.

A todo el mundo no le va todo igual

Vivimos en un mundo desigual, hemos analizado en este blog estas diferencias y sus causas. Por otra parte, hemos visto que el flujo de migraciones es una de las características principales de la modernidad líquida. Pues Bauman funde ambos conceptos cuando habla de turistas y vagabundos.

Los turistas son los que se benefician de la fluidez de la modernidad líquida, son los privilegiados que tienen formación en idiomas, conocimientos competitivos, acceso a la información – normalmente a través de internet – y que, gracias a las posibilidades que ofrecen los medios modernos de comunicación, pueden viajar a cualquier parte del globo y realizar sus actividades allá dónde las condiciones económicas sean más estables y ventajosas. Ningún gobierno pone peros a este tipo de migrantes.

Por otro lado, los vagabundos pertenecen al grupo de personas que por sus condiciones económicas y por la estructura de las sociedades a las que pertenecen no disponen de ese nivel de formación, ni acceso a la información ni facilidad para desplazarse. Están obligados a quedarse estancados en sus lugares de procedencia con un nivel de vida muy bajo o salir de su país en condiciones muy precarias como refugiados económicos o asilados políticos. Estas buenas gentes se encuentran con todo tipo de trabas, de barreras físicas y burocráticas, por parte de las autoridades.

Conclusión

Bauman nunca quiso acogerse a ninguna tradición sociológica concreta, sin embargo, se le considera uno de los pensadores más influyentes de las últimas décadas. Como él mismo decía la definición de la modernidad líquida es asimismo líquida, esto causa que haya múltiples nombres y teorías de muchos autores diferentes para explicar el funcionamiento de la sociedad y, no sólo eso, sino que el mismo autor va dando diferentes versiones de su visión en estudios sucesivos, las explicaciones se renuevan constantemente.

La fortaleza del pensamiento de Bauman reside en una característica doble, por un lado, explica muy bien la problemática del mundo actual y, por otro lado, es muy fácil de entender. Estas dos características hacen a la de Bauman una de las mejores explicaciones que tenemos de la sociedad actual.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas

  1. Zygmunt Bauman (Poznań, 19 de noviembre de 1925 — Leeds, 9 de enero de 2017)​ fue un sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío. Su obra, que comenzó en la década de 1950, se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones como las clases sociales, el socialismo, el holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza. Desarrolló el concepto de la «modernidad líquida», y acuñó el término correspondiente. Junto con el también sociólogo Alain Touraine, Bauman recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010
  2. Richard Sennett (Chicago, 1 de enero de 1943) es un sociólogo estadounidense adscrito a la corriente filosófica del pragmatismo. Es profesor emérito de Sociología en la London School of Economics, profesor adjunto de Sociología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y profesor de Humanidades en la Universidad de Nueva York. Ha sido miembro del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias de la Conducta y es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y de la Royal Society of Literature de Gran Bretaña. Es también el director fundador del New York Institute for the Humanities.

 

Bibliografía

C. Thorpe, C. Yuil, M. Hobbs, M. Todd, S. Tomley, M. Week: El Libro de la Sociología, Akal Editores, Madrid 2016

George Ritzer: Teoría Sociológica Moderna, 5ª Edición, ED. McGraw-Hill, Madrid 2001

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La democracia como mercado político

 

Resumen

En el texto que va a empezar a leer se describen las bases del proceso electoral y del comportamiento político en el sistema de partidos como si de un mercado se tratara. Un mercado que, en vez de intercambiar bienes y servicios por dinero, se intercambian (según la definición de Schumpeter) promesas electorales por votos

Este artículo tiene la intención de divulgar un modelo del proceso político que puede ayudar a entender el comportamiento político y electoral, por tanto, no tiene la intención de ser un estudio científico. Eso sí, como siempre en este blog, se ha intentado un compromiso entre el rigor y la claridad.

Es una versión actualizada del artículo “La playa de los seis carritos de los helados” escrito en 2012.

Abstract

The text you are about to read describes the basis of the electoral process and political behavior in the party system as if it were a market. A market in which, instead of exchanging goods and services for money, electoral promises are exchanged (according to Schumpeter's definition) for votes.

This article is intended to disseminate a model of the political process that can help to understand political and electoral behavior, therefore, it is not intended to be a scientific study. However, as always in this blog, a compromise between rigor and clarity has been attempted.

It is an updated version of the article "The beach of the six ice cream carts" written in 2012.

Índice

  • El mercado político, sus intercambios y sus fallos
  • El símil de la playa y los carritos de los helados
  • Aplicación del modelo a la política española

 

El mercado político, sus intercambios y sus fallos

El siglo XX fue el siglo de la economía. El dinero ha sido la medida de todas las cosas, el afán de lucro ha sido el motor que ha movido todo lo que es susceptible de ser móvil. Los mercados lo gobiernan todo, son el nuevo ídolo, el becerro de oro, ponen y quitan gobiernos, se autorregulan, se autorregeneran, son anónimos, no responden ante nadie, nunca se equivocan y su palabra es la ley.

El siglo XXI lleva el mismo camino, aunque probablemente – como dice Ernst von Weizsäcker (1) – cuando esté ya bien entrado, allá por 2040 por poner una fecha, se convierta en el siglo de la ecología. Llegado ese momento, cuando – debido a las consecuencias del calentamiento global - una botella de agua mineral cueste lo que una de buen cava, entonces no nos quedará otra que ser ecologistas. Claro que a buenas horas.

Así las cosas, no es de extrañar que en la última centuria la ciencia económica haya sido la más considerada de entre las ciencias sociales y que su influencia haya traspasado los límites de éstas y que algunas teorías económicas hayan sido adoptadas en la ciencia política, la sociología o en la historia. Uno de estos casos es el del estudio de la democracia como un mercado político.

El primero que escribió sobre esto fue Schumpeter (2). Partiendo de la definición de mercado como un mecanismo de decisión colectiva, es decir, de asignación de recursos escasos a fines diversos mediante la interacción entre varios actores, Schumpeter define el mercado político como un lugar donde se intercambia principalmente las promesas políticas de los candidatos por votos de los electores.

Otros intercambios presentes en el mercado del voto serían: los apoyos financieros y organizativos de los militantes de un partido o de un grupo de presión por concesiones en el programa político, los intercambios de gestión de los altos burócratas por partidas presupuestarias concedidas por los gobiernos electos, los intercambios de favores entre un gobierno central y los gobiernos regionales y muchos más intercambios menos obvios que el de propuestas por votos.

Y como todos los mercados, excepto el modelo teórico de los economistas sobre el mercado de competencia perfecta, presenta fallos de mercado.

Aparentemente, el mercado político en democracia tiene una ventaja inicial con respecto al mercado económico, la distribución inicial de los recursos es igualitaria, ya que cada ciudadano tiene un mismo poder: un voto. Sin embargo, en la práctica sabemos que no todo el mundo obtiene las mismas recompensas por su voto, no todos los individuos con derecho a voto tienen la misma capacidad de obtener satisfacción o utilidad, es más, la mayoría nos quedamos frustrados, si no la noche de recuento electoral porque el partido de nuestras preferencias ha ganado, sí nos defraudamos unos meses después cuando vemos que el partido del gobierno no cumple con nuestras expectativas.

El número de partidos es siempre limitado y mucho menor que el número de electores, por lo tanto, no se pueden satisfacer todas las aspiraciones de todos los electores. De tal forma que éstos deben elegir el que se parece más a su modelo de cómo debería gobernarse su país, su región o su ciudad dependiendo de tipo de elección de que se trate. Por lo tanto, se trata de la crónica de una frustración anunciada, en algún momento de la legislatura, más pronto que tarde, una medida o un acto del gobierno te defraudará, es prácticamente imposible que un gobierno – aunque tú lo hayas votado – responda siempre según los criterios que tu habrías elegido en el caso de que tú mismo fueras el gobierno. Y todo esto suponiendo que todos los electores son perfectamente racionales, tienen una información perfecta sobre todos los entresijos de la política, y los partidos y políticos son perfectos. En política, ni el más teórico de los modelos de mercado puede ser de competencia perfecta.

Así que en la práctica no se trata tanto de elegir a tu partido ideal como de elegir al que según tu criterio es el menos malo y no se trata de si te vas a decepcionar o no, sino de hasta qué punto te van a defraudar y en cuánto tiempo lo van a hacer.

Para entender todo este entramado, para comprender cómo sólo puede haber un número limitado de partidos y cómo compiten entre sí, los politólogos que han seguido este enfoque del mercado político han concebido un símil o metáfora muy ilustrativo: la playa y los carritos de los helados.

 

El símil de la playa y los carritos de los helados

Imaginemos una de esas playas a las que vamos todos los veranos. Yo soy madrileño, y como todos los de Madrid, soy un amante de las playas, razones geográficas nos obligan a serlo. En esa playa imaginaria se encuentran tumbados debajo de sus sombrillas grupos de bañistas.

Normalmente los jubilados y las familias con hijos pequeños, de esos de cubo y pala, que se levantan pronto, ocupan los lugares más próximos al agua, y los bañistas jóvenes, más amigos de las copas y aventuras nocturnas y que se levantan por tanto más tarde, van ocupando los lugares más alejados de la orilla y más próximos al paseo marítimo. En cualquier caso, los bañistas van ocupando uniformemente la playa, empezando por la orilla y centro.


A esa playa llega un vendedor con su carrito de los helados. Por ejemplo, ese señor de la foto que ilustra este artículo y que, según el diario El Mundo, fue el primero que hubo en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1892. Se llamaba José Bornay. ¿En qué posición le sería aconsejable a situarse para vender el mayor número posible de helados? Si no introducimos más variables que el coste de recorrer la distancia desde la toalla hasta el carrito es obvio que, para convencer al mayor número posible de bañistas, lo mejor para el Sr. Bornay sería situarse en el centro de la playa.

Supongamos ahora que, al reclamo del gran número de helados vendidos por el Sr. Bornay, se acerca a la playa de Sanlúcar un segundo vendedor. ¿Cuál será su posición ideal? Como cada uno de los vendedores intentará convencer al máximo número de bañistas colocándose de manera que éstos recorran la mínima distancia hacia el helado, lo lógico será que se sitúen relativamente próximos hacia el centro de la playa.

Si viniera un tercer vendedor, en primer lugar, el Sr. Bornay añoraría aquel año de 1892 en el que estaba sólo y, en segundo lugar, se abriría una batalla entre los vendedores ya que los tres desearían permanecer en los aledaños del centro de la playa pero ninguno querría quedarse en medio.

Ahora si sustituimos los bañistas por electores y los carritos por partidos tenemos el comportamiento electoral. Los partidos persiguen la obtención del máximo número de votos, así como los vendedores persiguen la venta del máximo número de helados. Lo electores deciden sobre todo en función de la “distancia” entre su posición favorita y las posiciones de los partidos en el espacio político izquierda-derecha. Los electores tienen preferencias situadas en posiciones relativamente estables de la misma forma que los bañistas suelen colocar las toallas casi en los mismos sitios todos los días, es cuestión de querencia.

Los partidos disponen de mayor movilidad a corto plazo que los votantes-bañistas, ya que pueden modificar sus promesas electorales o seleccionar nuevos temas de campaña de la misma manera que el vendedor puede coger el carrito y moverse un poco más a la izquierda o a la derecha.

La oferta en número de partidos es limitada, muchos carritos en la misma playa no venderían ni un ochavo y no merecería la pena ir a pasar calor a la playa sin bañarse – algo que para mí sería una tortura-. Y, por último, los partidos/carritos ocupan posiciones de equilibrio centristas y próximas entre sí.

En los modelos de competencia entre dos partidos, las posiciones de éstos se sitúan en torno a la mediana de la distribución de las preferencias de los electores. El resultado suele ser robusto, tanto para sociedades en las que prima el consenso como para sociedades polarizadas, produciéndose una convergencia de políticas en torno a posiciones moderadas y posiciones más o menos centristas.

Con tres partidos se suele producir situaciones estables con un partido más a la derecha o más a la izquierda y con menos votantes, si dos partidos intentan ocupar el mismo lugar la competencia elimina a uno de los dos volviendo a la situación de dos partidos.

Existen modelos de más de cuatro partidos en los que el equilibrio se encuentra situándose a pares a ambos lados del espectro político. Cuantos más partidos hay las posiciones de equilibrio son más difíciles de encontrar y los modelos son más cambiantes y menos duraderos.

Aplicación del modelo a la política española

En España, después de casi veinte años de bipartidismo imperfecto se desarrolló, a mediados de la década pasada, un sistema político multipartidista fruto de una crisis en la sociedad española a consecuencia del crack económico de 2008.

No es mala la metáfora la de la playa pues España tiene 7.780 km de costa. Podríamos considerarla como una larga playa con muchos carritos de helados: PP (3), PSOE (4), Unidas Podemos(5), Más País (6),  Ciudadanos (7), Vox (8), nacionalistas catalanes y nacionalistas vascos.  Estos últimos grupos, subdivididos también en el eje de izquierda-derecha, sólo están básicamente interesados en las playas catalanas y vascas lo que descoloca un poco el modelo a nivel nacional, se podría hacer un estudio específico para esas Comunidades Autónomas.

Sin ánimo de ofender o minusvalorar, con el fin de simplificar - se trata de divulgar no de hacer ciencia - vamos a escoger las fuerzas políticas de ámbito nacional, con lo que nos quedamos con ocho carritos de helado. Incluso podrían ser nueve si tenemos en cuenta las tensiones internas entre Izquierda Unida y Podemos, pero hemos dicho que estamos simplificando.

Es grande la potencia de este modelo de la playa, en el artículo anterior, escrito en 2012, dejábamos entrever la posible desaparición de la UPyD (a pesar de haber irrumpido con fuerza en el parlamento) en base a que no es nada fácil nacer y desarrollarse en el centro político teniendo que luchar por hacerse un hueco contra dos poderosos carros de helados; uno al centroizquierda, el PSOE, y el otro al centroderecha, el PP.

En aquel momento ya habían desaparecido dos partidos en ese espacio político: la UCD y el CDS. Y parece que la historia se confirma una vez más con Ciudadanos.

En cambio, es mucho más estable con dos partidos consolidados en el centro, situarse a la izquierda o a la derecha de éstos. El espacio político de Izquierda Unida (y sucesores) se ha mantenido estable a lo largo de los años y parece que Vox ha encontrado un hueco a la derecha del PP, a pesar de que los conservadores han intentado con mucho esfuerzo atraer a los bañistas situados en el ala más derechista de la playa.

Si echamos un vistazo al último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) (9) encontraremos una pregunta muy interesante para el asunto que tratamos. El CIS pregunta al encuestado que se sitúe en una escala ideológica del espectro político entre izquierda y derecha, el valor 1 es lo más a la izquierda posible, el valor 10 lo más a la derecha que se pueda ser. No hay referencia directa a los partidos políticos.




En el siguiente gráfico muestro más claramente este espectro político relacionando esta escala de auto colocación ideológica con los partidos políticos. Trazo unos segmentos de colores que abarcan la parte del espectro ideológico en el que tradicionalmente buscan sus votos los partidos, sus zonas objetivo, ojo, no se trata de colocarlos ideológicamente según sus políticas sino de dónde creen que pueden sacar sus votos, lo que se ha venido a describir con la metáfora pesquera: caladeros políticos.


Si empezamos por la izquierda del PSOE - que he preferido no especificar porque nunca se sabe si van a ir juntos o separados - podemos observar que se centran entre los valores 1 y 4 de la escala del CIS, lo que representa el 38,5% de los bañistas/electores y representaría su techo electoral. Esta situación es estable para ellos pues no tienen que competir en la parte más izquierdista del espectro. Sus problemas principales están relacionados con la división entre distintas fuerzas políticas que componen esta tendencia y la lucha contra la abstención (negarse a comprar helados) que es muy alta en esta zona de la playa.

Los socialistas del PSOE intentan vender sus helados en el espacio central de la playa y en la parte izquierda de la misma cercana al centro, su techo sería entonces de un 58,9% de los electores. Tienen una fuerte competencia en el centro, pues allí sus proclamas tienen que hacerse un hueco entre las de Ciudadanos y el Partido Popular, no obstante, tienen una situación sólida en la izquierda moderada lo que le permite tener resultados estables y ser un candidato permanente al gobierno.

Los conservadores del PP han estado muy cómodos durante décadas como único partido de la derecha, tan solo le salían rivales por el centro político. Su zona objetivo está compuesta por un 51,2% de los electores. La aparición de Vox compitiendo por su derecha ha supuesto una reordenación de sus expectativas, han intentado en primera instancia discutir ese espacio y al comprobar que Vox tiene suficiente solidez para resistir, ha normalizado ideas de derecha extrema y ha llegado a pactos de gobierno en el ámbito regional y local, lo que le ha permitido seguir gobernando a pesar de su pérdida electoral.

Tiene pinta de que Vox ha entrado en la política española para quedarse, al menos por un tiempo considerable. Soplan vientos de extrema derecha en toda Europa y el caso del Frente Nacional francés nos indica hasta que punto pueden normalizarse ciertas ideas que en otros momentos serían consideradas como agresiones a la ciudadanía y a la democracia, y de cómo han encontrado una posición fuerte y estable en el panorama electoral francés.

Vox busca sus votos en el sector más derechista de la población lo que supone un 21% de los posibles electores, incluso más, si tenemos en cuenta que una cosa es la imagen que cada uno tiene de su propia ideología y otra lo que realmente piensa y … vota, que es el concepto en el que se basa la pregunta del CIS. En las elecciones de 2019 obtuvieron un 15% de los sufragios. En cualquier caso, tienen una posición y un espacio estable a la derecha del PP.

Nos queda Ciudadanos. Este partido nació como un partido de centro, incluso con alguna presunción de socialdemocracia claramente desmentida por el día a día de la política y con un historial de lucha contra la independencia de Cataluña que era muy atractivo en el resto de España. Después de obtener unos resultados electorales impresionantes en las elecciones generales de abril de 2019 con 50 diputados, se hundió en las de noviembre del mismo año quedándose con 10 como consecuencia de abandonar el centro político, competir en la derecha y seguir planteamientos electorales que carecían de coherencia política.

Su espacio natural es el centro y la derecha, lo que representa según los datos del CIS, casi el 50% de los electores, un objetivo muy atractivo si no tuviera que competir con todos los partidos políticos a excepción de los de la izquierda del PSOE. Es un espacio electoral difícil, en el que coexisten partidos con mucha tradición y peso. En consecuencia, su discurso político intenta contentar a todos y pierde consistencia. No veo un futuro muy halagüeño para la formación naranja, como hemos visto en el símil de la playa, el centro es un mal sitio para el nacimiento de un partido político.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas

  1. Enrst Ulrich Von Weizsäcker (nacido el 25 junio de 1939 in Zürich, Suiza) es un científico y político ecologista alemán.
  2. Joseph Alois Schumpeter (Trest, Moravia, 8 de febrero de 1883-Taconic, Salisbury, 8 de enero de 1950)​ fue un destacado economista austro-estadounidense, ministro de Finanzas en Austria (1919-1920). Estudió en la Universidad de Viena y fue discípulo de Eugen Böhm von Bawerk y Friedrich von Wieser. Enseñó economía durante años en las universidades de Viena, Czernowitz (actual Chernovtsi, Ucrania), Graz y Bonn a partir de 1909. Se radicó en Estados Unidos en 1932 y allí fue profesor de la Universidad de Harvard hasta su fallecimiento en 1950.  Destacó por sus investigaciones sobre el ciclo económico y por sus teorías sobre la importancia vital del empresario, subrayando su papel en la innovación que determinan el aumento y la disminución de la prosperidad. Popularizó el concepto de destrucción creativa como forma de describir el proceso de transformación que acompaña a las innovaciones. Predijo la desintegración sociopolítica del capitalismo, que, según él, se destruiría debido a su propio éxito.
  3. El Partido Popular (PP) es un partido político liberal conservador español situado entre el centroderecha y la derecha política. Fue fundado el 20 de enero de 1989 para sustituir la antigua Alianza Popular (AP).15​ Entre los años 1996 y 2004, así como entre los años 2011 y hasta 2018, fue el partido que ocupó el Gobierno de España, bajo los mandatos de José María Aznar y Mariano Rajoy, respectivamente.
  4. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) es un partido político español que se sitúa en la centroizquierda del espectro político. Desde el 18 de junio de 2017 está dirigido por el secretario general Pedro Sánchez, proclamado durante la celebración del XXXIX Congreso del partido. 
  5. Fundado en 1879 por Pablo Iglesias Posse, durante cien años se definió como un partido de clase obrera, socialista y marxista, hasta el Congreso Extraordinario de 1979, en el que abandonó el marxismo como definición ideológica. Se convirtió en uno de los dos partidos políticos mayoritarios de España, junto con el Partido Popular, habiendo gobernado el país durante la mayor parte del régimen constitucional iniciado en 1978, con las presidencias de Felipe González (1982-1996), José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011) y Pedro Sánchez (2018-actualidad).
  6. Unidas Podemos (conocida por las siglas UP y, oficialmente, Podemos-IU),30​ previamente conocido como Unidos Podemos, es un espacio político y coalición electoral española de partidos políticos situados en la izquierda del espectro político formada en 2016. Desde enero de 2020, participa en el Gobierno de España a través de una Vicepresidencia y cuatro Ministerios. Desde su creación, el líder del espacio político fue Pablo Iglesias Turrión, líder también de Podemos, hasta su dimisión el 4 de mayo de 2021, cuando el liderazgo del espacio fue asumido por Yolanda Díaz, exmilitante de Izquierda Unida y militante del Partido Comunista de España.
  7. Más País es un partido político de izquierda con tendencias ecologistas presentado el 25 de septiembre de 2019 por exmilitantes de Podemos.
  8. Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía ​(Cs; anteriormente, C's) o simplemente Ciudadanos, es un partido político español fundado en 2006 en Barcelona, con germen en la plataforma cívica Ciutadans de Catalunya. Es actualmente un partido de ámbito nacional, con representación en el Parlamento Europeo,​ el Senado y el Congreso de los Diputados,​ diversos parlamentos autonómicos​ y numerosos ayuntamientos.
  9. Vox («voz» en latín) ​ es un partido político español fundado a finales de 2013. Su presidente es Santiago Abascal, su vicepresidente es Jorge Buxadé y su secretario general es Javier Ortega Smith. Vox está calificado por especialistas como de ultraderecha, de derecha radical populistan. 7​ o de extrema derecha,​ aunque algunos medios de tendencia conservadora lo sitúan en la derecha del espectro político.
  10. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es un organismo autónomo, adscrito al Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, cuyo fin es el estudio científico de la sociedad española, normalmente a través de la elaboración de encuestas periódicas, por propia iniciativa del Centro o por petición de otros organismos. Desde enero de 2009 el CIS difunde gratuitamente, a través de su página web, todos los archivos de microdatos de las encuestas realizadas por el Centro, junto con la información necesaria para su utilización secundaria por parte de analistas e investigadores. Además de su actividad de realización y archivo de encuestas (a las que se suman algunas investigaciones cualitativas) el CIS edita una revista de investigación, la Revista Española de Investigaciones Sociológicas (Reis) y diversas colecciones de libros especializados en distintas materias de las ciencias sociales. Asimismo, el CIS organiza anualmente un Curso de posgrado de formación de especialistas en investigación social aplicada y análisis de datos y mantiene abiertos diversos programas de fomento de la investigación social.

Bibliografía:

Andrés de Blas Guerrero, Jaime Pastor Verdú: Fundamentos de Ciencia Política, UNED, Madrid 1997

Ernst U. Von Weizsäcker: Política de la tierra, 3ª edición, Madrid 1992

Irene Delgado Sotillos, Lourdes López Nieto: Comportamiento Político, Partidos y Grupos de Presión, Sociología Electoral, UNED, Madrid 2004

Centro de Investigaciones Sociológicas: Bárometro de abril de 2022, Madrid 2022


Licencia Creative Commons

La hiperrealidad de Baudrillard

 

(O como ponernos en disposición de entender un mundo fake)

Jean Baudrillard

La realidad es un constructo creado

por idiotas ingenuos

Dr. Soong

(personaje de Star Trek Picard)

Resumen

La aportación de Baudrillard a la sociología de finales del siglo XX es una manera de entender el mundo que nos toca vivir en el siglo XXI, este artículo es una aproximación a su teoría de la hiperrealidad.

Abstract

Baudrillard's contribution to late twentieth century sociology is a way of understanding the world we live in in the twenty-first century, this article is an approach to his theory of hyperreality.

Índice

  • Emisor-Mensaje-Receptor
  • Simplificación del mundo
  • La hiperrealidad y el fin del mundo
  • Utopías peligrosas
  • Críticas

 

Emisor-Mensaje-Receptor

Durante toda su vida Jean Baudrillard coqueteó con muchos “ismos”, el existencialismo de Sartre (1), el marxismo de Althusser (2), el estructuralismo de Saussure (3), el posmodernismo (del que en su versión radical es el principal autor) y la teoría de comunicación de McLuhan (4) (que no acaba en “ismo” pero es muy importante para nuestro artículo).

Supongo yo que todas estas aportaciones le llevaron a configurar una teoría que explica muy bien cómo es la percepción del mundo que tenemos las personas en la actualidad y de cómo somos cómplices necesarios en una especie de desastre cultural que padecemos.

Para entender la original teoría de la hiperrealidad de Jean Baudrillard (5) voy a empezar por recordarle al tenaz lector la Teoría de la Comunicación. En toda comunicación hay un emisor, un mensaje que se transmite, un canal a través del cual se transmite y un receptor. Este es un esquema simplificado del que, a finales de los años cuarenta, propuso Claude Shannon (6) en su teoría matemática de la comunicación (7).

En el esquema, el emisor puede ser una persona, un dispositivo electrónico, un artista o cualquier persona, animal o cosa que quiere comunicar algo. El mensaje es una información, de mayor o menor en tamaño, que no es sino un subconjunto de la realidad que observa el emisor. El canal de la comunicación puede ser oral, escrito, un par de cables de cobre trenzado, el aire mediante ondas electromagnéticas o una obra de arte que una al artista y al observador diletante. Y por último, el receptor puede ser una persona, un grupo de personas, un observador diletante por supuesto, un dispositivo o cualquier persona, animal o cosa dispuesta a recibir información e intentar entenderla.

Para comprender la teoría de Baudrillard es muy importante tener en cuenta este contexto, sobre todo, la transformación que sufre el mensaje desde que lo envía el emisor hasta que lo comprende el receptor. El emisor observa la realidad, extrae una información y la envía, pero la información que llega y comprende el receptor no es la misma que la original, ha sufrido el filtro de dos percepciones – del emisor y del receptor -, y ha sido deformada por el ruido que hay en el canal. La calidad de la información dependerá entonces de la calidad de las percepciones y del canal de comunicación.

Donde incide precisamente el pensamiento de Baudrillard es en que cada vez más, el mensaje tiene una mayor deformación, hasta el punto de que vivimos en un mundo deformado, un mundo fake, un mundo en el que algunos objetos ni siquiera existen en el mundo real; en lenguaje de Baudrillard: un mundo hiperreal.

Simplificación del mundo

Baudrillard decía que conforme avanza la tecnología el mensaje se separa más de la realidad y pierde importancia respecto al hecho de comunicar.

Como resultado de la expansión de los medios de comunicación electrónicos, ya no hay una "realidad" que esté separada de la que muestran los programas de televisión, internet y otros productos culturales. En realidad, lo que consideramos "realidad" lo estructuran esos mismos medios de comunicación. Por ejemplo, las noticias de las que se informa en los telediarios no sólo tienen que ver con conjuntos de acontecimientos independientes, sino que ellas mismas definen y construyen lo que son dichos acontecimientos.

Vamos a poner un ejemplo un tanto chusco. Supongamos que dos pastores - muy alegres y muy pastoriles como los de la poesía renacentista - tienen una conversación, al primero un lobo le ha comido una oveja y se lo cuenta al receptor. En este caso la calidad de la información es tan buena, el canal de comunicación es tan puro y la percepción del receptor tan clara - él también ha tenido ese problema – que el mensaje apenas se deforma y su imagen del original es casi perfecta, una correspondencia biunívoca entre lo real y lo imaginado en la mente del segundo pastor.

Ahora pensemos en la comunicación entre un instagrammer y sus seguidores, les envía una imagen suya comiendo en el “Tour d’Argent” de París y los seguidores alucinan. En realidad, el instagrammer ha tomado una foto suya y la ha fotocompuesto digitalmente con la imagen del restaurante, ni siquiera está en París, ni siquiera ha estado en París en su vida y, además, “La Tour d’Argent” ya no es el restaurante que solía ser. En este caso, el instagrammer ha creado una nueva realidad en la mente de los seguidores.

A principios del siglo XXI hemos condensado nuestra vida en una serie de imágenes, es más importante hacer un fotorreportaje que la boda misma, es más importante la foto ante el Taj Mahal que estar en el Taj Mahal de verdad; en esta dinámica cada vez más absurda, más de un insensato ha sacrificado su vida por un buen selfie.

Baudrillard señala que el capitalismo ha amplificado esto al consumo a través de la publicidad, de manera que hasta los productos se separan de sí mismos, cuando te dicen “cereales” no piensas en los amarillos campos de Castilla llenos de plantas y espigas, piensas en una caja de cartón de Kellogg’s, los niños y los no tan niños piensan que la carne de pollo nace en bandejas plastificadas en el congelador de un supermercado, y el repollo, por generación espontánea en los estantes de la verdulería.

La hiperrealidad y el fin del mundo

En esta nueva realidad nos dice Baudrillard que se produce una inversión perversa, el mundo hiperreal para nosotros, en nuestra posición de receptores, es más real que el original.

Poco antes de comenzar las hostilidades en 1991, en lo que se ha llamado primera Guerra del Golfo, Baudrillard escribió un artículo de periódico titulado "La Guerra del Golfo no puede ocurrir". Cuando se declaró la guerra y tuvo lugar un sangriento enfrentamiento, pareció evidente que Baudrillard no tenía razón. No era así. Al terminar la guerra, este autor escribió un segundo artículo, "La Guerra del Golfo no ha ocurrido". ¿Qué quería decir?: que esta contienda no había sido como otras anteriores. Era una guerra de la era de la comunicación, un espectáculo televisivo en el que, junto a otros espectadores de todo el mundo, George Bush y Saddam Husseim seguían los reportajes de la CNN para saber qué estaba "pasando" realmente.

En los años noventa, Baudrillard sostuvo que, “en cierto sentido”, el fin del mundo ya había sucedido y que el año 2000 no ocurriría, que el siglo XXI estaría “más allá del fin”. Hizo este anuncio – cuando menos atrevido – porque se había cometido un crimen perfecto: “el asesinato de lo real”.

Se asistiría año 2000 en las revistas, la televisión, los periódicos y las páginas web a través de imágenes diseñadas para nuestro consumo. Se había producido esa inversión a la que hacíamos referencia, en la que la representación empezó a preceder a la realidad.

Es más, se han llegado a crear imágenes que no existen en la realidad original. Sin ir más lejos, tenemos publicidad que resucita a muertos como Lola Flores o Salvador Dalí, no es un actor haciendo de Dalí es una imagen hiperreal de Dalí que raya con la perfección.

A este tipo de objetos hiperreales que no tienen original Baudrillard lo llama “simulacro”. Con tono de humor, llegó a decir que él no era Baudrillard sino un simulacro de Baudrillard.

Utopías peligrosas

El ciudadano contemporáneo asiste a una explosión de información que inunda su vida desde múltiples medios. Cuando esto ocurre la verdad se nos oculta fácilmente ya que hay mucho ruido en el canal de comunicación. Como se suele decir, en una inundación, lo primero que falta es el agua potable, en una inundación de información lo que falta es información fidedigna.

En puridad, para Baudrillard es justo lo contrario. Lo real desaparece no porque nos falte sino porque nos sobra, el exceso de información que se vierte sobre nosotros nos ahoga, la complejidad nos asfixia, así que buscamos la solución más fácil: la simplicidad de lo hiperreal. Los simulacros dan sentido a nuestra vida a costa de la renuncia a entender la complejidad del mundo real. La vida es cada vez más superficial cuando la realidad “real” es cada vez más compleja.

Claro que Baudrillard nos advierte del peligro que encierra esta utopía hiperreal. Creamos mundos artificiales para maximizar el placer. La guerra a través de los medios se convierte en una especie de videojuego, la desgracia en reality, lo feo lo disfrazamos de bello.

Construimos utopías porque tenemos los medios para hacerlo, pero para Baudrillard esto equivale a una especie de muerte, ya que no queremos vivir la experiencia real sino la experiencia de que nos hablen de la experiencia real. No la protagonizamos, no la vivimos, asistimos a una representación.

La cultura entonces está experimentando una revolución masiva y catastrófica que implica que las buenas gentes son cada vez más pasivas en vez de – como creyeron los marxistas – más rebeldes. De esta manera, se considera a las masas como un agujero negro que absorbe grandes cantidades de contenidos que carecen de significado ignorando todos los intentos de manipulación a los que son sometidos. La apatía, la indiferencia y la inercia dominan las mentes saturadas de añagazas mediáticas, simulacros e hiperrealidad. Para Baudrillard, la misma sociedad está implosionando en el agujero negro de nihilismo y falta de significado que son las masas.

 

Críticas

A Baudrillard se le critica por haber abandonado la teoría marxista de la cultura, ignorando que sí hay realidad detrás de la imagen. El teórico de la comunicación Kenneth Rufo (8) dijo que la obra de Baudrillard está repleta de cosas interesantes incluso cuando se equivoca.

Para otros tiene una forma hiperreal de transmitir su teoría acudiendo a imágenes impactantes como la del fin del mundo real o cuando dijo que la primera guerra del golfo no había ocurrido en la realidad sino en nuestros televisores, de tal manera que él también cae en la hiperrealidad (quizás a esto se refería cuando decía que era un simulacro de sí mismo).

Yo precisamente no destaco por ser la “alegría de la huerta”, cada vez tengo menos confianza en nuestra especie, pero para mí Baudrillard describe un futuro muy pesimista. No hay esperanza para la revolución como la había en la obra de Marx (9). Tampoco existe la posibilidad de reformar la sociedad al estilo de Durkheim (10). Parece que no queda otra que vivir en la simulación, la hiperrealidad y la implosión social sin mucha esperanza para la salvación colectiva.

Yo quiero creer en el cambio cultural a partir de la educación, del cultivo del espíritu crítico, de la divulgación de las ciencias y de la filosofía, en la enseñanza del arte de pensar. Parece el único antídoto ante el nihilismo, la falta de significado y la hiperrealidad. Ahora bien, a ver quién es el guapo que pone todo esto de moda.

En lo que sí parece que hay bastante consenso es que su descripción de la cultura posindustrial es una guía fundamental para entender los peligros culturales que presenta el siglo XXI.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

Notas

  1. Jean Paul Sartre cuyo nombre completo era Jean-Paul Charles Aymard Sartre (París, 21 de junio de 1905-Ib., 15 de abril de 1980), fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo, posmodernismo y del marxismo humanista.2​ Fue el décimo escritor francés seleccionado como Premio Nobel de Literatura, en 1964, pero lo rechazó explicando en una carta3​ a la Academia Sueca que él tenía por regla rechazar todo reconocimiento o distinción y que los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones establecidas del sistema.4​ Fue pareja de la también filósofa Simone de Beauvoir. El corazón de su filosofía era la preciosa noción de libertad y su sentido concomitante de la responsabilidad personal. Insistió, en una entrevista pocos años antes de su muerte, en que nunca había dejado de creer que «El hombre se hace a sí mismo»
  2. Louis Althusser (Bir Mourad Raïs, 16 de octubre de 1918-París, 22 de octubre de 1990) fue un filósofo marxista francés. Es además habitualmente considerado estructuralista, aunque su relación con las otras variantes del estructuralismo francés es bastante compleja. La vida de Althusser estuvo marcada por períodos de enfermedad mental intensa. En 1980, mató a su esposa, la socióloga Hélène Rytmann, estrangulándola. Fue declarado no apto para ser juzgado debido a una locura y estuvo internado en un hospital psiquiátrico durante tres años. Hizo poco más trabajo académico, muriendo en 1990
  3. Ferdinand de Saussure (Ginebra, 26 de noviembre de 1857-Vufflens-le-Château, 22 de febrero de 1913) fue un lingüista, semiólogo y filósofo suizo cuyas ideas sirvieron para el inicio y posterior desarrollo del estudio de la lingüística moderna en el siglo XX.​ Se le conoce como el padre de la "lingüística estructural" del siglo XX.​ También inició la Escuela de Ginebra dentro de las llamadas "Escuelas Estructuralistas".
  4. Herbert Marshall McLuhan ( Edmonton, 21 de julio de 1911-Toronto, 31 de diciembre de 1980) fue un filósofo, erudito y profesor canadiense. Profesor de literatura inglesa, crítica literaria y teoría de la comunicación, McLuhan es reconocido como uno de los fundadores de los estudios sobre los medios, y ha pasado a la posteridad como uno de los grandes visionarios de la presente y futura sociedad de la información. Hacia finales de la década de 1960 y principios de los años 1970, McLuhan acuñó el término «aldea global» para describir la interconexión humana a escala global generada por los medios electrónicos de comunicación. ​Es famosa su frase «el medio es el mensaje».
  5. Jean Baudrillard (Reims, 27 de julio de 1929-París, 6 de marzo de 2007) fue un filósofo y sociólogo francés, crítico de la cultura francesa. Su trabajo se relaciona con el análisis de la posmodernidad y la filosofía del postestructuralismo.
  6. Claude Elwood Shannon (30 de abril de 1916 - 24 de febrero de 2001) fue un matemático, ingeniero eléctrico y criptógrafo estadounidense recordado como «el padre de la teoría de la información». Shannon es reconocido por haber fundado el campo de la teoría de la información con la publicación Una teoría matemática de la comunicación, que supuso un hito en 1948. Es quizás igualmente conocido por haber sentado las bases de la teoría del diseño de circuitos digitales en 1937, con apenas 21 años de edad. Mientras realizaba su maestría en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), demostró en su tesis que las aplicaciones electrónicas de álgebra booleana podrían construir cualquier relación lógico-numérica.3​ Shannon contribuyó asimismo al campo del criptoanálisis para la defensa de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, con trabajos sobre el descifrado de códigos y la seguridad en las telecomunicaciones.
  7. Una teoría matemática de la comunicación es un importante e influyente artículo ideado por Claude Elwood Shannon en 1948, conocido por ser «el padre de la teoría de la información».​Shannon trabajó en ella durante ocho años, mientras era empleado de los laboratorios Bell. El artículo deriva de la propuesta conocida como teoría de la información. Después fue publicado como un libro titulado La teoría matemática de la comunicación (ISBN 0-252-72546-8), y salió al público en edición de bolsillo en 1963 (ISBN 0-252-72548-4). Contiene un artículo adicional por Warren Weaver, que proporciona una visión general de la teoría para un público más general. El artículo de Shannon expuso los elementos básicos de la comunicación: Una fuente de información que produce un mensaje. Un transmisor que opera en el mensaje para crear una señal que puede ser enviado a través de un canal. Un canal que es el medio para llevar la información. Un receptor que transforma la señal. Un destino, que puede ser una persona o una máquina. Además, desarrolló los conceptos de entropía de la información y redundancia. También introdujo el término bit (que el propio Shannon atribuyó a John Tukey) como unidad de información.
  8. Kenneth Rufo es profesor en el Departamento de Comunicación de la Universidad de Washington en Seattle.
  9. Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra  en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.
  10. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “De cuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog

 

Bibliografía

Anthony Giddens: Sociología, 3ª Edición, Alianza Editorial, Madrid 2000

C. Thorpe, C. Yuil, M. Hobbs, M. Todd, S. Tomley, M. Week: El Libro de la Sociología, Akal Editores, Madrid 2016

George Ritzer: Teoría Sociológica Moderna, 5ª Edición, ED. McGraw-Hill, Madrid 2001


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