Sociología del envejecimiento 2: problemas sociales

 

Las edades y la muerte de Hans Baldung Grien (1544) 
que no se diga que no empezamos con alegría


Resumen

En el primer artículo de esta serie exploramos cómo el envejecimiento se ha convertido en un fenómeno social central y analizamos los procesos biológicos, psicológicos y sociales que lo acompañan. En este segundo texto abordamos los problemas concretos que afectan a las personas mayores: la jubilación y sus consecuencias, la pobreza y la desigualdad, la feminización de la vejez, el peso de la pertenencia a una etnia, el aislamiento social, la brecha digital, el edadismo y el maltrato.

Abstract

In the first article of this series, we explored how ageing has become a central social phenomenon and examined the biological, psychological, and social processes that accompany it. In this second article, we address the concrete problems affecting older people: retirement and its consequences, poverty and inequality, the feminisation of old age, the weight of ethnic belonging, social isolation, the digital divide, ageism, and mistreatment. 

Índice

  • Introducción
  • La vejez no es una categoría homogénea
  • Jubilación
  • Desigualdad y pobreza
  • Feminización de la vejez
  • Vejez y etnia
  • Aislamiento social
  • Brecha digital
  • Discriminación por razón de edad: edadismo
  • Maltrato a las personas mayores


Introducción

En el primer artículo de esta serie (“Sociología del envejecimiento 1: la vejez en nuestra sociedad”), exploramos cómo el envejecimiento se ha convertido en un fenómeno social central de nuestro tiempo. Hablamos de los tres relojes que marcan el paso de los años: el biológico (el cuerpo que se resiente), el psicológico (la mente que se adapta) y el social (las normas y expectativas que la sociedad deposita sobre los mayores). Vimos que envejecer es un proceso universal, pero que lo que significa ser viejo varía enormemente según el país, la cultura y, sobre todo, la clase social, el género o la pertenencia étnica.

Ahora toca bajar al barro. En este segundo artículo vamos a recorrer los problemas concretos que afectan a las personas mayores: la jubilación y sus consecuencias emocionales y económicas, la pobreza y la desigualdad que se acentúan con la edad, la feminización de la vejez (porque las mujeres viven más años y con menos recursos), la soledad que aísla a muchos, la brecha digital que los excluye de un mundo cada vez más tecnológico, el edadismo que los estereotipa y discrimina, y el maltrato, que es la cara más oscura de todos estos problemas.

No es un panorama halagüeño, pero tampoco es un drama. Hay luces y sombras, como casi todo en la vida. Y conocer estos problemas es el primer paso para abordarlos. Si el lector se quedó con ganas de más después del primer artículo, aquí tiene material para reflexionar. Y si llega por primera vez, no se preocupe: los conceptos clave están explicados de manera que cualquier persona pueda entenderlos, aunque no haya leído el artículo anterior. Dicho esto, pongámonos cómodos y empecemos.


La vejez no es una categoría homogénea

Las personas mayores son ricas, pobres y de clase media; pertenecen a todos los grupos étnicos; viven solas o en familias de toda índole; tienen ideologías y preferencias políticas diversas; y son tanto homosexuales como heterosexuales. Además, su estado de salud varía enormemente, lo que condiciona su capacidad para mantener la autonomía y el bienestar. Esta diversidad es fundamental para entender que los problemas de la vejez no son universales, sino que se distribuyen de manera desigual.


La jubilación

Uno de los retos que marcan una transición significativa es la jubilación. El trabajo no solo proporciona un salario, sino que forma parte de la identidad de la persona. Perder ese rol puede generar problemas emocionales e, incluso, una cierta pérdida del sentido de la vida —lo que algunos sociólogos llaman «muerte social»—. Además, la jubilación supone una reducción drástica de los ingresos y una disminución del estatus social asociado a la ocupación.

Las diferencias de clase son cruciales. Las personas de clase trabajadora suelen carecer de un «proyecto de jubilación» activo; su retiro es más un cese del trabajo que una nueva etapa planificada. En cambio, quienes disponen de más recursos han generado toda una industria especializada —viajes, formación, ocio cultural— que convierte la jubilación en un mercado floreciente.

Al mismo tiempo, se dan dos tendencias contradictorias. Por una parte, existe una presión para anticipar la edad de jubilación, ya sea voluntariamente o mediante jubilaciones forzosas. Esto ocurre sobre todo en sectores tecnológicos y financieros, donde el prestigio del dinamismo y el conocimiento digital que se atribuye a los jóvenes influye en la percepción sobre la cualificación de los trabajadores mayores.

Por otra parte, el coste de las pensiones provoca que los gobiernos estén interesados en aumentar la edad de jubilación. Según la OCDE, más de la mitad de sus países miembros ya han aprobado o tienen en marcha aumentos en la edad de jubilación.

Esta contradicción responde a los diferentes intereses del Estado y las empresas. El Estado busca la sostenibilidad del sistema público de pensiones; las empresas, la reducción de costes y la renovación de plantillas. El resultado es un sistema esquizofrénico: el Estado dice «trabaja más años», pero las empresas dicen «vete antes». Y el trabajador mayor queda atrapado en medio, a veces con ofertas de prejubilación, a veces con la necesidad de seguir cotizando para no perder derechos.


Desigualdad y pobreza

Las desigualdades de clase, género y raza no desaparecen con la jubilación; al contrario, tienden a acentuarse. La desigualdad añadida por la edad hace que las mujeres, las minorías étnicas y los obreros manuales sean, en la vejez, significativamente más pobres que sus iguales de mediana edad.

La capacidad de suscribir un fondo de pensiones profesional o privado durante la vida laboral es uno de los principales determinantes de la desigualdad de ingresos entre los jubilados. Quienes pudieron ahorrar o tuvieron acceso a planes de pensiones privados mantienen rentas elevadas; quienes dependen exclusivamente de la pensión pública —mayoritariamente mujeres y trabajadores de baja cualificación— son los más vulnerables.

La situación de las personas mayores en Europa respecto a la pobreza es compleja y presenta un panorama de luces y sombras. Aunque, en términos generales, los mayores de 65 años tienen tasas de pobreza más bajas que otros grupos de edad, esta media esconde una profunda heterogeneidad entre países.

A nivel comunitario, la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) para los mayores de 65 años se situó en el 19,4% en 2024 (Eurostat). Esto significa que casi 1 de cada 5 personas mayores en la UE está en riesgo de pobreza o exclusión, una cifra que, aunque relevante, es la más baja entre todos los grupos de edad. Ahora bien, la realidad es muy distinta según el país que se observe, con diferencias que superan los 30 puntos porcentuales.

Los países bálticos (Lituania, Letonia, Estonia) presentan los mayores riesgos de pobreza entre los mayores, a pesar de su crecimiento económico, que no ha revertido en unas pensiones dignas. En el extremo opuesto, los países nórdicos y centroeuropeos (Dinamarca, Suecia, Países Bajos, Austria) registran las tasas más bajas, gracias a sistemas de pensiones más generosos y a políticas de protección social consolidadas.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de 2025 del INE, España se encuentra muy cerca de la media europea (19,2%) y representa el menor riesgo de pobreza de todos los grupos de edad. Esto se debe a tres factores: la protección del sistema público de pensiones, especialmente a partir de las reformas de 2021 y 2023 que blindaron su revalorización con el IPC; el alto porcentaje de mayores propietarios de su vivienda; y las políticas específicas dirigidas a este colectivo. Eso sí, la tasa AROPE no es homogénea dentro del propio colectivo: crece conforme aumenta la edad, de modo que los mayores de 80 años son significativamente más vulnerables que los de 65 a 70 años.


Feminización de la vejez

En todas las sociedades del mundo, las mujeres viven más años que los hombres. Esta brecha de género en la esperanza de vida hace que la viudedad sea la norma entre las mujeres más mayores. Este predominio numérico de las mujeres ha sido denominado la «feminización de la vejez».

La feminización de la vejez no está exenta de problemas. Las mujeres mayores tienen más probabilidades de ser pobres que los varones, un fenómeno que se conoce como la brecha de género en las pensiones. En la mayoría de los países, es mucho menos probable que las mujeres tengan derecho a una pensión contributiva plena, debido a la diferencia salarial por motivos de género y a la pérdida de ahorros derivada del cuidado de hijos y familiares.

La forma de vida de las personas mayores también tiene una dimensión de género. Según un estudio de 2006 de Delbès (1) y Gaymu (2), citado por Giddens(3), en algunos países europeos las mujeres envejecen solas, mientras que los hombres lo hacen acompañados. Las mujeres mayores tenían el doble de probabilidades que los hombres de vivir en una institución. Los autores sugerían una hipótesis reveladora: quizás los hombres tienen más dificultades para manejar los problemas de salud de sus parejas, mientras que las mujeres asumen ese cuidado. Así, cuando la mujer enferma, el hombre recurre a una institución; cuando el hombre enferma, la mujer lo cuida en casa.


Vejez y etnia

No todos los mayores envejecen igual. Da igual que la biología sea universal: la experiencia de la vejez está atravesada por la clase, el género y, también, por la pertenencia a una minoría étnica. Como señala Giddens, el envejecimiento se vive de manera muy distinta según el grupo étnico al que se pertenezca. Y no es casualidad: es el resultado de toda una vida de desventajas acumuladas.

Las personas mayores pertenecientes a minorías étnicas suelen tener rentas inferiores a las de sus homólogos blancos y dependen en mayor grado de subsidios sociales. También están en desventaja en otras medidas de riqueza, como la tenencia de un coche o la propiedad de una vivienda. Y un factor clave: las minorías étnicas jubiladas a menudo no pueden complementar su pensión estatal, porque el tipo de empleo que han tenido durante su vida rara vez ofrecía un plan de pensiones privado.

Giddens cita un estudio británico que apunta a tres causas de esta carencia: un historial laboral más reducido (por períodos de desempleo o empleo a tiempo parcial), la discriminación en el mercado laboral y la escasez de empleos de calidad en las zonas donde se asientan. Pero podríamos añadir una cuarta: la precariedad estructural que ha marcado la trayectoria laboral de muchos inmigrantes, especialmente en sectores como la hostelería, la agricultura o el servicio doméstico. Sectores donde las pensiones privadas son un lujo.

El problema, además, se agrava con la edad. Porque la discriminación no se queda en el mercado laboral. Se traslada a la vejez y se multiplica. Y como ocurre con la feminización de la vejez, la etnia añade otra capa de vulnerabilidad. Una mujer mayor, inmigrante y con baja cualificación no es solo una jubilada más: es el resultado de décadas de desigualdades que el sistema de pensiones no ha sabido corregir.

En España, el fenómeno es aún más opaco porque apenas tenemos estudios específicos sobre la intersección entre vejez y origen étnico. Sabemos que el riesgo de pobreza entre la población extranjera es muy superior al de la población autóctona —el 53% de los residentes de fuera de la UE estaban en riesgo de pobreza en 2022, frente al 16% de los nacionales—, pero rara vez cruzamos esos datos con la edad. Es como si los inmigrantes, cuando se jubilan, desaparecieran de las estadísticas.

Porque la vejez de las minorías étnicas es, en gran medida, una vejez invisible. Y la invisibilidad, según nos enseña la sociología, suele ser la antesala de la exclusión.


Aislamiento social

La soledad es una de las principales preocupaciones de los mayores. La jubilación —lo sé por experiencia propia— te separa de compañeros y amigos del trabajo, reduciendo el círculo de relaciones que has ido tejiendo durante la vida laboral. Poco a poco, conforme cumples años, las parcas se llevan a personas de tu generación. Una persona mayor puede también quedarse viuda o tener problemas de salud que dificulten mantener una vida social activa. Por último, como señalan Macionis (4) y Plummer (5), el aislamiento social aumenta por el miedo a ser víctima de un delito, lo que lleva a muchos a refugiarse en sus hogares.

Según Eurostat, en 2023, la media de personas mayores de 65 años que viven solas en la UE es del 31,6%. Lituania encabeza la lista con un 51%, mientras que Eslovaquia ocupa el último lugar con un 11,6%. España se sitúa por debajo de la media europea, con un 25,2%.

Tal y como señalan Macionis y Plummer, vivir solo es una realidad objetiva (el «aislamiento social»), mientras que sentirse solo es una experiencia subjetiva (la «soledad no deseada»). En esto, las encuestas no acaban de ponerse de acuerdo; es lo que tiene la subjetividad.

La encuesta más fiable al respecto es la de Condiciones de Vida del INE, que desde hace unos años incluye un módulo específico sobre soledad. Pregunta directamente: «¿Con qué frecuencia se siente solo/a?». Los datos de 2024 muestran que el 18,7% de la población de 65 y más años declaró sentirse sola «parte del tiempo» o «la mayor parte del tiempo». Ese porcentaje es más del doble en el caso de las mujeres mayores que viven solas.

Macionis y Plummer señalan que los mayores de los países del norte de Europa se sienten menos solos que los del sur. Esto puede deberse, en mi humilde opinión, a que las culturas nórdicas trabajan más el sentimiento de independencia y el individualismo positivo, lo que les dota de más «anticuerpos» contra los efectos negativos de la soledad.


Brecha digital

Vivimos en una sociedad que se ha vuelto digital a toda velocidad. Trámites bancarios, citas médicas, declaración de la renta, comunicación con la administración, compras, ocio, relaciones personales… todo pasa por una pantalla. Y para quienes crecimos con lápiz y papel, o incluso con tarjetas perforadas (como un servidor), este mundo no siempre es fácil de navegar. Pero lo preocupante no es que algunos vayamos más lentos; es que el sistema ha decidido que, para ser ciudadano de pleno derecho, hay que ser también usuario digital competente. Y ahí, los mayores tenemos un problema.

Según datos que proporcionó el Ministerio de Transformación Digital y Función Pública correspondientes a 2024, solo la mitad de las personas de 75 años o más ha usado Internet alguna vez. Uno de cada dos mayores de 75 años nunca ha pulsado un enlace. Y la cosa empeora con la edad y el nivel educativo: mientras el 96% de los mayores con doctorado usa mensajería instantánea, solo el 15% de quienes tienen estudios inferiores a primaria lo hace. La clase social, una vez más, se cuela en la vejez.

Pero el problema no es solo de acceso. Cuando los mayores se conectan, lo hacen sobre todo para comunicarse (WhatsApp con los nietos). Solo el 18% accede a la banca online y apenas el 7% ha comprado por Internet. Es decir, pueden hablar con la familia, pero no pagar el recibo de la luz. Y en un mundo donde las oficinas bancarias cierran y la Administración exige cita previa digital, eso no es un problema menor.

Yo, que he estudiado y trabajado en informática durante más de 40 años, me siento un privilegiado. Sé cómo funciona esto. Pero la mayoría de mis coetáneos se enfrentan a una interfaz hostil y se sienten idiotas. No lo son. Es el sistema el que no está pensado para ellos.

La brecha digital no se resuelve repartiendo tabletas. Se resuelve con diseño inclusivo, con alfabetización digital adaptada y con políticas públicas que no obliguen a una persona de 80 años a ser experta en tecnología para sobrevivir en este mundo. Porque excluir a los mayores del mundo digital es excluirlos de la participación social, del acceso a derechos básicos y de la posibilidad de mantener relaciones significativas.


Discriminación por razón de edad: edadismo

La discriminación por razón de la edad es la expresión que sirve para designar los prejuicios y el tratamiento desigual que sufren los mayores. En los últimos tiempos se ha impuesto el término edadismo, acuñado por el psiquiatra y gerontólogo estadounidense Robert N. Butler (5) en 1969. Butler creó este concepto para describir la discriminación sistemática y los prejuicios contra las personas mayores, y lo equiparó a otros "ismos" como el racismo y el sexismo.

Existe, sin embargo, una diferencia fundamental entre el edadismo y el racismo o el sexismo: todos cumplimos años. Discriminar a una persona de otra raza es moralmente deleznable, pero discriminar a una persona mayor es, además, tremendamente estúpido, porque —en el mejor de los casos y dado que la alternativa al envejecimiento es mucho peor— las personas mayores representan el futuro deseable de cada persona. Tratar bien a los mayores es tratar bien tu futuro.

Pero el edadismo no es solo una cuestión de actitudes individuales. Como señala Anthony Giddens, se manifiesta en tres áreas clave de la vida social: las relaciones sociales, el empleo y la distribución de bienes y servicios.

En el ámbito de las relaciones sociales actúan numerosos estereotipos falsos. Se suele decir de los mayores —entre otras lindezas como "seres desvalidos", "resentidos", "opuestos a todo" o "infelices"— que la mayoría de los mayores de 70 años están en hospitales o residencias, y que una gran proporción está senil. Pero la realidad es muy distinta: la gran mayoría vive en viviendas privadas, y menos del 10% de quienes tienen entre 65 y 80 años muestran síntomas de demencia senil. Sin embargo, estos estereotipos persisten y alimentan actitudes negativas y, en muchos casos, el maltrato a los mayores en entornos institucionales y domésticos.

En el ámbito laboral, suele creerse que los trabajadores mayores son menos capaces y competentes que los jóvenes. Los estudios psicológicos, sin embargo, indican que los trabajadores mayores puntúan mejor en aspectos como fiabilidad, productividad y rendimiento cognitivo diario. La productividad no decae con la edad; lo que cambia es el tipo de productividad.

En la distribución de bienes y servicios, las personas mayores pagan más por su seguro de vacaciones o de coche, y son tratadas de manera diferente en las instituciones sanitarias, solo por razón de su edad. Una discriminación que, en muchos casos, pasa desapercibida porque está normalizada.

En las últimas décadas, muchos gobiernos han puesto en marcha propuestas para prohibir la discriminación por edad en la contratación, la formación, los ascensos y los derechos de jubilación. Pero las leyes, por sí solas, no cambian los prejuicios.

El edadismo sigue siendo el "ismo" más tolerado socialmente. Para ilustrar esta afirmación, basta con pensar que los chistes racistas o sexistas ya no están bien vistos; en cambio, se siguen haciendo innumerables bromas sobre la vejez. Muchas personas envían tarjetas de cumpleaños cuyo humor se basa en la decrepitud que avanza con cada año que pasa.


Maltrato a las personas mayores

El maltrato a las personas mayores es el edadismo llevado a su máxima expresión. Este maltrato puede manifestarse de muchas formas, desde la negligencia (o "abandono pasivo") hasta la ofensa verbal, el daño emocional o incluso el maltrato físico. Es un problema agravado por el infradiagnóstico y por la escasez de fuentes que proporcionen datos fiables.

La Organización Mundial de la Salud estima que, a nivel global, una de cada seis personas mayores de 60 años sufre algún tipo de maltrato en su comunidad cada año. En las instituciones, como las residencias de ancianos, la situación es aún más alarmante: dos de cada tres trabajadores de estos centros reconocen haber infligido algún tipo de maltrato en el último año. La pandemia de COVID-19 no hizo sino agravar esta realidad, dejando a miles de mayores aislados y en situaciones de desprotección extrema.

Los datos en España son igualmente preocupantes. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, el porcentaje de personas que declaran haber sufrido maltrato aumenta con la edad: mientras que en el grupo de 65 a 74 años la cifra es del 18%, entre los mayores de 75 años asciende al 24,2%. Y, como ocurre con otros problemas de la vejez, el maltrato tiene rostro de mujer. Cruz Roja atendió en 2024 a 2.232 personas mayores en situación de maltrato, de las cuales el 85% eran mujeres.

El maltrato psicológico es el más frecuente, seguido del abandono, el abuso económico y la negligencia. En la mayoría de los casos, el agresor pertenece al entorno familiar —especialmente cuando el mayor tiene problemas económicos o de salud— o a los entornos de cuidados públicos. Una realidad que, por vergüenza, miedo o dependencia del agresor, permanece en gran medida oculta. Las cifras reales, advierten los expertos, son probablemente mucho mayores.

Conclusión

Si algo deja claro este recorrido es que los problemas de la vejez no son inevitables. No son un castigo divino ni una consecuencia natural del paso del tiempo. Son, en gran medida, el resultado de decisiones sociales, políticas y económicas que pueden revisarse. Las desigualdades que se acentúan con la edad no son un designio del destino, sino el reflejo de un sistema que ha tratado a los mayores como una carga en lugar de como una conquista social.

Conocer estos problemas —como hemos hecho a lo largo de estas páginas— es el primer paso para abordarlos. Y abordarlos no es una cuestión de caridad, sino de justicia. Porque quienes hoy son mayores merecen envejecer con el respeto que se ganaron durante décadas de trabajo y contribución.

La vejez no es un destino aciago, sino una etapa de la vida que merece ser vivida con la misma dignidad que cualquier otra. Y que, aunque los problemas que presenta son reales, también lo son las soluciones. Solo falta ponerlas en marcha. En este sentido, en el próximo artículo de esta serie, subiremos un peldaño más y nos preguntaremos qué papel juegan las políticas públicas en todo esto. Porque los problemas que hemos descrito no son solo personales; son también políticos.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

Notas

  1. Christiane Delbès fue una demógrafa y socióloga francesa, especializada en el estudio del envejecimiento y las condiciones de vida de las personas mayores. Fue investigadora en la Fondation nationale de gérontologie (FNG) en París, donde desempeñó el cargo de chargée de recherche (investigadora). Además, fue investigadora asociada al Institut national d'études démographiques (INED), el prestigioso instituto francés de estudios demográficos. Su trayectoria profesional se centró en el análisis de la transición a la jubilación, las diferencias de género en la vejez y las dinámicas del envejecimiento poblacional. Christiane Delbès falleció el 30 de diciembre de 2023.
  2. Joëlle Gaymu es una demógrafa e investigadora francesa, especializada en el estudio del envejecimiento y las condiciones de vida de las personas mayores. Es investigadora en el Institut national d'études démographiques (INED) de París, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. También ha estado vinculada a la Fondation nationale de gérontologie (FNG), colaborando estrechamente con Christiane Delbès. Su trayectoria profesional se ha centrado en el análisis de las diferencias de género en la vejez, las modalidades de vida de las personas mayores y el impacto del envejecimiento en la estructura familiar.
  3. Anthony Giddens (Londres, Inglaterra, 18 de enero de 1938) es un sociólogo inglés, reconocido por su teoría de la estructuración y su mirada holística de las sociedades modernas. También adquirió gran reconocimiento debido a su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía. Es considerado como uno de los más prominentes contribuyentes modernos en el campo de la Sociología, es autor de al menos 34 libros publicados en no menos de 29 idiomas —publicando en promedio más de un libro por año—. También se lo ha descrito como el científico social inglés más conocido desde John Maynard Keynes.
  4. John Macionis es profesor de sociología en el Kenyon College en Ohio, EEUU.
  5. Ken Plummer es profesor de sociología en la Universidad de Essex, Reino Unido
  6. Robert Neil Butler (21 de enero de 1927 – 4 de julio de 2010) fue un médico, psiquiatra, gerontólogo y autor estadounidense, conocido mundialmente por ser el primero en acuñar el término "edadismo" (ageism). Butler creció con sus abuelos, una experiencia que le marcó profundamente. Durante su etapa en la facultad de medicina, se sintió indignado por la actitud despectiva y desdeñosa de muchos de sus profesores hacia las personas mayores. Esta vivencia fue el germen de su futura lucha contra la discriminación por edad.

Bibliografía

CIS (2025). Estudio 3493 'Edadismo'

INE (2025). Encuesta de Condiciones de Vida (ECV)

AIReF(2023). Opinión sobre la Sostenibilidad de las Administraciones Públicas a Largo Plazo

Eurostat (2026). Fertility statistics (Estadísticas de fertilidad). https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Fertility_statistics

Eurostat (2026). EU fertility rate at 1.34 live births per woman in 2024. Nota de prensa https://ec.europa.eu/eurostat/en/web/products-eurostat-news/w/ddn-20260306-1

Eurostat (2026). Population projections in the EU (Proyecciones de población en la UE) https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Population_projections_in_the_EU

Eurostat (2026). Tasa de dependencia de la tercera edad (Old-age dependency ratio). https://tradingeconomics.com/euro-area/old-age-dependency-ratio-eurostat-data.html

Mancionis John J. y Plummer Ken (2005). Sociología. Pearson-Prentice Hall

Giddens Anthony y Sutton Philip W. (2025). Sociología. Alianza-Editorial

Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad. (2025). El uso de las tecnologías por mayores en España (Edición 2025 - Datos 2024). Red.es. Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial. Ministerio de Asuntos Económicos y de la Función Pública



Sociología del envejecimiento 2: problemas sociales © 2026 by Juan Carlos Barajas Martínez is licensed under CC BY-NC-SA 4.0

Sociología del envejecimiento 1: la vejez en nuestra sociedad

El anciano con el nieto, de Domenico Ghirlandaio (1490)



 Resumen

Este es el primero de una serie de cuatro artículos sobre sociología del envejecimiento. En este primer texto exploramos cómo el envejecimiento se ha convertido en un fenómeno social central y en cómo se envejece actualmente examinando la cuestión desde un punto de vista social. En los próximos artículos abordaremos los problemas sociales de la vejez, las políticas públicas y, finalmente, las teorías sociológicas que intentan explicarla.

Abstract

This is the first of a four-part series on the sociology of ageing. In this opening article, we explore how ageing has become a central social phenomenon and how people age today, examining the issue from a social perspective. In the following articles, we will address the social problems of old age, public policies, and, finally, the sociological theories that seek to explain it.

Índice

  • El envejecimiento en nuestra sociedad
  • Procesos de envejecimiento
    • El reloj biológico
    • El reloj psicológico
    • El reloj social
  • ¿Y cómo afrontan las personas el envejecimiento?
  • Conclusión

El envejecimiento en nuestra sociedad

Una revolución silenciosa está transformando el mundo occidental: el número de personas mayores de 65 años está creciendo considerablemente, lo cual está planteando nuevos desafíos.

Las causas principales de este fenómeno, más acusado en las sociedades industriales, es el hecho de que las personas vivan más años y la reducción del número de hijos por familia.

En efecto, las sociedades están envejeciendo en todo el mundo, aunque el proceso no se desarrolle de  modo uniforme. La esperanza de vida al nacer, según datos estimados por las Naciones Unidas, se sitúa en torno a los 73,8 años. Las mujeres viven una media de 5 años más que los hombres. Así, se estima que la esperanza de vida es de 76,4 años para ellas y de 71,2 años para ellos.

Por países la diferencia es abismal. Mientras que en países como Mónaco (86,7 años), Japón (85,2 años) o España (84,1 años) se superan los 84 años, en países como Nigeria la esperanza de vida apenas alcanza los 54,6 años.

Al mismo tiempo y refiriéndonos a la reducción de las familias, Según Eurostat, la tasa de fertilidad de la Unión Europea en 2024 fue de 1,34 nacidos vivos por mujer, recordemos que el mantenimiento de la población requiere de 2,1 hijos por mujer.

De esta forma, en la Unión Europea se está produciendo un cambio a largo plazo en la estructura de edad (que es típica de los países desarrollados), lo que supone, por  ejemplo, que alrededor de una tercera parte de la población europea tendrá más de 65  años hacia el 2060, más de una quinta parte superará los ochenta años, mientras que la  población en edad de trabajar (de 15 a 64 años) se reducirá alrededor de un 10% respecto  a la actual, hasta constituir el 56% de la población total europea.

El envejecimiento de la población mundial tiene enormes implicaciones para la política  social. La tasa de dependencia es uno de los indicadores que mejor retrata el profundo cambio demográfico que está experimentando Europa. Mide la relación entre la población potencialmente inactiva  (menores de 16 años y mayores de 64) y la población en edad de trabajar (de 16 a 64 años).

En la Unión Europea, entre 2024 y 2025, la tasa de dependencia de la tercera edad aumentó 0,6 puntos porcentuales, pasando del 33,9% al 34,5%. Las proyecciones apuntan a que esta tasa se duplicará, alcanzando el 56,7% en 2050, un cambio estructural que condicionará el futuro de todo el continente.

En España, el desafío es aún mayor. Nuestro país, junto con Italia, Alemania y Portugal, se encuentra entre los más envejecidos de la UE, con una tasa de dependencia de mayores que no deja de crecer. Según las estimaciones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF),  que es el organismo supervisor creado en 2013 para velar por la sostenibilidad de las finanzas públicas españolas, la tasa de dependencia de mayores (mayores de 74 sobre población de 15 a 74 años) pasará del 13,3% en 2025 al 24,5% en 2050. Para 2050, se prevé que España tenga 53 dependientes por cada 100 trabajadores, frente a una media europea del 45,8%.

El impacto económico será profundo. Como advierte la AIReF, este envejecimiento disparará el gasto en pensiones hasta el 16,3% del PIB en 2049 y el sanitario hasta el 8,4% del PIB, mientras el gasto en educación caerá. Sin medidas, la deuda podría escalar al 186% del PIB en 2070.

En la actualidad, más de ciento cincuenta naciones proporcionan asistencia pública  a los ancianos o discapacitados, o a sus supervivientes cuando mueren. Las personas mayores suelen necesitar con mayor frecuencia servicios de atención médica costosos. El rápido  aumento de sus cifras amenaza con incrementar la tensión de los sistemas sanitarios de muchas naciones industrializadas.

Pero antes de que el lector se lleve una impresión demasiado sombría, conviene recordar dos cosas. La primera es que quienes hoy son mayores han cotizado durante décadas, han contribuido a construir el Estado de bienestar que ahora disfrutamos, y merecen una vejez digna no por caridad, sino por justicia.

En segundo lugar, debemos tener en cuenta que el envejecimiento no es una catástrofe económica inevitable; es un logro de la humanidad que exige adaptación, no resignación. Existen medidas viables —desde la revalorización de las pensiones, pasando por las migraciones, hasta la apuesta por el envejecimiento activo— que pueden mantener el estatus y el bienestar de la población mayor sin condenar al resto de la sociedad a la ruina. El problema no es que vivamos más; es que no hemos sabido aún ajustar nuestras instituciones a esa realidad. Pero ajustarlas está en nuestras manos

Los procesos de envejecimiento.

Pero el envejecimiento no es solo un dato demográfico o un desafío económico. Detrás de las estadísticas hay personas. Para entender la experiencia social real de envejecer hemos de pasar a un enfoque menos generalista.

Anthony Giddens (1), en su manual de sociología, define el envejecimiento como la combinación de los procesos biológicos, psicológicos y sociales que afectan a las personas a medida que se hacen mayores. Estos procesos sugieren la metáfora de tres diferentes, aunque interrelacionados, «relojes» evolutivos: el biológico, vinculado al cuerpo físico; el psicológico, relacionado con la mente y las capacidades mentales; y el social, que hace referencia a las normas culturales, los valores y las expectativas de roles asociados con la edad.

El reloj biológico

Los efectos biológicos del envejecimiento están bien documentados, aunque la edad cronológica exacta a la que se manifiestan varía enormemente de un individuo a otro en función de los factores genéticos y el estilo de vida. Todos conocemos —sobre todo los que los padecemos en carne propia— los cambios graduales y continuos que se sufren conforme te van cayendo los años: disminución de la visión, pérdida de audición, aparición de arrugas, pérdida de masa muscular acompañada de acumulación de grasa, descenso de la eficiencia cardiovascular... entre otras lindezas que nos depara la edad.

Los procesos normales de envejecimiento no se pueden evitar, pero sí compensar parcialmente mediante una buena salud, una alimentación adecuada y una cantidad razonable de ejercicio. Los gerontólogos llaman "compresión de la morbilidad" (teoría de James Fries) a la posibilidad de aplazar las enfermedades y discapacidades graves hasta el final de la vida, de modo que se viva más años con buena salud. Esa es la meta, y depende en buena medida de nuestros hábitos. Yo estoy en ello, creedme (2).

Aunque la mayoría de las personas mayores en las sociedades desarrolladas no sufren impedimentos físicos significativos y se mantienen físicamente activas, continúan existiendo desafortunados estereotipos sobre los «mayores débiles y delicados». El mundo de los viejos y el mismo proceso biológico del envejecimiento se valoran negativamente en la cultura occidental.

El reloj psicológico

Los efectos psicológicos del envejecimiento están mucho menos claros que los físicos. La memoria y la capacidad para aprender, por ejemplo, no disminuyen significativamente hasta una etapa muy tardía en la mayor parte de las personas. Lo que sí puede reducirse es la velocidad con la que se recuerda algo o se analiza información, lo que produce la falsa impresión de un deterioro mental. Ese fenómeno se conoce como "velocidad de procesamiento".

Sin embargo, la moderna neurociencia nos dice que la plasticidad cerebral se mantiene toda la vida: se puede aprender, solo se tarda un poco más. La clave está en el método, no en la edad. Además, la capacidad para utilizar ideas ya conocidas se mantiene invariable e, incluso, según algunos estudios, se produce una mejora de las habilidades verbales y matemáticas en aquellos que las han practicado durante su vida.

Muchas personas se preguntan si el paso de la edad cambiará su personalidad. Según el modelo de los "cinco grandes rasgos" (apertura, conciencia, extraversión, amabilidad y neuroticismo), el más aceptado en psicología de la personalidad, los gerontólogos han comprobado que los rasgos fundamentales no suelen cambiar drásticamente con la edad; lo que varía es la intensidad con que se expresan (3). Quizás la gente se vuelve más introspectiva y menos apegada a lo material —al fin y al cabo, no te vas a llevar nada al otro mundo— aunque, en esto último, hay deshonrosas excepciones en eso del desapego materialista.

El reloj social

La edad social está constituida por las normas, valores y roles culturalmente asociados a una determinada edad cronológica. Las ideas sobre la edad social difieren de una sociedad a otra y evolucionan a lo largo del tiempo. Estas ideas se construyen socialmente. Si bien el envejecimiento es universal, lo que significa ser viejo es muy distinto según vas cambiando de continente o de país. Por lo tanto, cuánto y cómo viven las personas de una sociedad concreta depende del nivel tecnológico y de los estándares de vida de los que disfruta o padece esa sociedad.

Mientras que en algunas sociedades asiáticas se practica una suerte de "gerontocracia" —el gobierno o la autoridad moral de los mayores—, en Occidente impera lo que el gerontólogo Robert Butler (4) acuñó como "edadismo": un sistema de creencias que justifica la discriminación por edad y que equipara juventud con valor y vejez con obsolescencia.

En España, según el "Estudio sobre el Edadismo" de enero de 2025 del CIS, la imagen que los españoles tienen de las personas mayores es compleja y está llena de matices, mostrando una mezcla de preocupación genuina, condescendencia y, en ocasiones, un claro edadismo. Se ve a estas personas como un grupo con problemas económicos y de soledad, pero también como una "carga" o un colectivo al que hay que "limitar" en ciertos aspectos (un 62,1% está de acuerdo con que se debería limitar la edad para renovar el carnet de conducir), lo que refleja un claro conflicto generacional.

¿Y cómo afrontan las personas el envejecimiento?

Las investigaciones demuestran que casi todos los individuos hacen frente a los retos de la vejez bastante bien. Es paradigmática la investigación de Neugarten (5) sobre personas entre los 70 y los 79 años. Neugarten descubrió que solo una minoría no conseguía adaptarse y aceptar el envejecimiento: eran lo que ella llamó personalidad desintegrada. Un segundo grupo que lo lleva muy mal sería el de los pasivos-dependientes, que tienen poca confianza para enfrentarse a las rutinas de cada día y tienden a solicitar ayuda incluso cuando no la necesitan. Una tercera categoría desarrolla una personalidad defensiva: son los que viven de modo independiente, pero con miedo a la decrepitud, y hacen todo lo posible por mantenerse jóvenes y conservarse en buena forma física. Por último, Neugarten señala un cuarto grupo, los de personalidad integrada: son los que se esfuerzan por mantener la propia dignidad, la confianza en sí mismos y el optimismo, mientras aceptan el envejecimiento.

Eso sí, la clasificación de Neugarten, como todas las tipologías, es una simplificación. Las personas no encajan siempre en una sola casilla, y el afrontamiento del envejecimiento es dinámico: una persona puede ser "integrada" en unos aspectos y "defensiva" en otros. Pero como herramienta para entender la diversidad de respuestas ante la vejez, sigue siendo útil.

Conclusión

El envejecimiento es un proceso complejo que no se agota en las arrugas o en las estadísticas demográficas. Como hemos visto a lo largo de este artículo, envejecer es mucho más que sumar años: es un fenómeno que entrelaza lo biológico, lo psicológico y lo social, y que se vive de manera muy distinta según el país, la cultura o la clase social.

Pero, más allá de los desafíos que plantea —y son muchos—, el envejecimiento es también un logro de la humanidad. No olvidemos que llegar a viejo es un privilegio que no todos han tenido y que quienes hoy son mayores han contribuido a construir el mundo en el que vivimos. Comprender el envejecimiento desde una mirada sociológica no solo nos ayuda a entender mejor a los demás, sino también a prepararnos para nuestra propia vejez.

Hasta aquí hemos recorrido los procesos que acompañan al envejecimiento y cómo se vive en nuestra sociedad. Pero la teoría no basta. ¿Qué ocurre cuando esos procesos se topan con la realidad cotidiana? ¿Cómo afecta la jubilación a la identidad? ¿Por qué la pobreza, la soledad o la brecha digital golpean con más fuerza a las personas mayores? Esas son las preguntas que abordaremos en el segundo artículo de la serie, donde nos adentraremos en los problemas sociales del envejecimiento.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

Notas

  1. Anthony Giddens (Londres, Inglaterra, 18 de enero de 1938) es un sociólogo inglés, reconocido por su teoría de la estructuración y su mirada holística de las sociedades modernas. También adquirió gran reconocimiento debido a su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía. Es considerado como uno de los más prominentes contribuyentes modernos en el campo de la Sociología, es autor de al menos 34 libros publicados en no menos de 29 idiomas —publicando en promedio más de un libro por año—. También se lo ha descrito como el científico social inglés más conocido desde John Maynard Keynes
  2. James F. Fries (1938-2021) fue un médico reumatólogo y profesor de la Universidad de Stanford. No era un sociólogo, sino un epidemiólogo y clínico, pero su trabajo tuvo un impacto enorme en cómo entendemos el envejecimiento saludable. Fue un pionero en el uso de bases de datos computarizadas para estudios epidemiológicos, lo que le permitió analizar a grandes poblaciones de pacientes y obtener conclusiones muy sólidas. La "compresión de la morbilidad" sugiere que, si logramos retrasar la aparición de la primera enfermedad crónica e incapacitante más de lo que retrasamos la muerte, conseguiremos comprimir el periodo de enfermedad y dependencia en una fase muy corta al final de la vida. Los pilares de la teoría son: La esperanza de vida tiene un límite biológico, la enfermedad no es inevitable y la prevención es la clave.
  3. el Modelo de los Cinco Grandes (Big Five) es el enfoque más aceptado en la psicología actual para describir la personalidad. Piensa en él como un mapa de los rasgos fundamentales que nos hacen ser quienes somos. A diferencia de las tipologías que nos etiquetan como un "tipo" de persona (por ejemplo, introvertida o extrovertida), el Big Five utiliza dimensiones. Esto significa que cada persona se sitúa en un continuo para cada uno de los cinco rasgos, pudiendo tener un nivel alto, medio o bajo en cada uno. Los rasgos son: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión/introversión, amabilidad, neuroticismo o cómo las personas tienden a experimentar emociones de forma negativa. La investigación sugiere que estos rasgos son relativamente estables, pero no inmutables.
  4. Robert Neil  Butler (21 de enero de 1927 – 4 de julio de 2010) fue un médico, psiquiatra, gerontólogo y autor estadounidense, conocido mundialmente por ser el primero en acuñar el término "edadismo" (ageism). Butler creció con sus abuelos, una experiencia que le marcó profundamente. Durante su etapa en la facultad de medicina, se sintió indignado por la actitud despectiva y desdeñosa de muchos de sus profesores hacia las personas mayores. Esta vivencia fue el germen de su futura lucha contra la discriminación por edad.
  5. Bernice L. Neugarten (1916-2001) es una de las figuras más influyentes en la psicología del desarrollo adulto y la gerontología. Fue una de las primeras en desafiar los estereotipos sobre el envejecimiento, demostrando que no es un proceso homogéneo, sino que está lleno de diversidad.

Bibliografía

CIS (2025). Estudio 3493 'Edadismo'

INE (2025). Encuesta de Condiciones de Vida (ECV)

AIReF(2023). Opinión sobre la Sostenibilidad de las Administraciones Públicas a Largo Plazo

Eurostat (2026). Fertility statistics (Estadísticas de fertilidad). https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Fertility_statistics

Eurostat (2026). EU fertility rate at 1.34 live births per woman in 2024. Nota de prensa https://ec.europa.eu/eurostat/en/web/products-eurostat-news/w/ddn-20260306-1

Eurostat (2026). Population projections in the EU (Proyecciones de población en la UE) https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Population_projections_in_the_EU

Eurostat (2026). Tasa de dependencia de la tercera edad (Old-age dependency ratio). https://tradingeconomics.com/euro-area/old-age-dependency-ratio-eurostat-data.html

Mancionis John J. y Plummer Ken (2005). Sociología. Pearson-Prentice Hall

Giddens Anthony y Sutton Philip W. (2025). Sociología. Alianza-Editorial



Sociología del envejecimiento 1: la vejez en nuestra sociedad © 2026 by Juan Carlos Barajas Martínez is licensed under CC BY-NC-SA 4.0

Quince años tiene mi blog

 


Cuando yo era pequeño, yo diría que muy pequeño, el Dúo Dinámico —grupo musical que nos acompañó durante décadas— puso de moda una canción que se llamaba “Quince años tiene mi amor”. Así que, cuando empecé a pensar en qué escribir para el quince cumpleaños de Sociología Divertida, resonaba esa cancioncilla en mi cabeza, soniquete en el que cambiaba “amor” por “blog” y me dije: pues voy a ponerle ese título al artículo que conmemore el aniversario.

Pero vayamos a lo nuestro, desde 2011 el mundo ha cambiado mucho, casi no lo reconocemos y la tarea de explicarlo, algo que en parte se hace desde la sociología, se ha complicado en la misma medida. Ha cambiado el mundo, ha cambiado Sociología Divertida y he cambiado yo.

Empecemos por mí, por aquello que nos decían en la escuela: “el burro delante para que no se espante”. Hace 15 años yo todavía tenía inquietudes profesionales, aún (ya tenía 51 años) guardaba esperanza de mejorar y trabajaba duro para conseguirlo. Hoy en día soy un jubilado y, entiéndaseme bien, estoy encantado, pero en lo tocante a ilusiones de prosperidad y mejora, todo queda disuelto como un azucarillo en agua. Otra cosa es cómo te lo tomes, hay quien se lo toma muy mal, en mi caso, como he adelantado antes, mientras mi salud me respete, soy un individuo feliz.

A pesar de tener poco tiempo libre, entre trabajo, oposiciones y familia, ya no me resistí más a un impulso que llevaba ya muchos meses rumiando: hacer un proyecto que me permitiera divulgar lo que había aprendido estudiando sociología. La idea era explicar qué había detrás de las normas y usos sociales, el porqué de la desigualdad, entender las opciones políticas con el fin de dotar de herramientas personales a mis lectores para fomentar el espíritu crítico e intentar que la reflexión se impusiera —desde el conocimiento— a la visceralidad. En una palabra: ir a contracorriente.

Empecé escribiendo un artículo por semana, luego cada quince días, más tarde uno al mes y ahora sólo cuando me apetece. Al principio, tenía multitud de anécdotas históricas, asociaciones graciosas entre conceptos, originalidad en los planteamientos acumulados en los años de estudio. Un poco como el novelista o cantautor novel en su primera novela o disco inicial que suelen ser un modelo de originalidad que pocas veces llegan a repetir. Por eso puse al blog el apellido “Divertida”. Pero eso se agota, se vacía el anecdotario, las asociaciones son limitadas y se terminan pronto.

Al mismo tiempo, descubrí que lo que a mí me interesaba era minoritario (mal diagnóstico para un sociólogo, la verdad) y el público se me fue especializando, y éste, me especializó a mí. El blog empezó a interesar más a personas con conocimientos de ciencias sociales, a estudiantes y profesores, sobre todo en Latinoamérica. Pasé del anecdotario a la formalidad y a una divulgación con más fundamento académico.

 Por ambas razones, el agotamiento del anecdotario y la demanda del público, los artículos se hicieron más sesudos y profundos, Sociología Divertida se hizo más sociología y menos divertida, aunque siempre intenté un estilo desenfadado sin abandonar el rigor científico, algo que no es nada fácil.

¿Y el mundo? ¡Ay el mundo! Hace tres días murió a los ciento cuatro años Edgar Morin, el sociólogo de la complejidad. Hace unos años escribió: "nos encontramos en una nave espacial, la Tierra, en la que navega la humanidad. Esta nave es propulsada hoy por cuatro motores: ciencias, técnica, economía y afán de lucro, y esos motores están descontrolados". Pues bien, hoy esa nave está más cerca de la colisión que nunca y, por eso, las ciencias sociales y la filosofía son más necesarias que nunca.

Así que seguiremos aquí, mientras el cuerpo aguante, defendiendo los ideales que siempre defendí desde que tengo uso de razón política: la libertad positiva, la igualdad, la democracia, el Estado de bienestar, la justicia democrática y la decencia, que yo defino como el imperativo moral de no aceptar que “todo vale”.

En conmemoraciones anteriores de Sociología Divertida solía hacer el comentario de que me bastaba un solo lector al que de alguna forma ayudara Sociología Divertida para justificar mi esfuerzo. Yo creo que son más de uno, quince años después, el pasado mes de mayo entraron 46168 personas en mi blog. Así que, mientras el cuerpo aguante…

 

Juan CarlosBarajas Martínez

Sociólogo

En Las Matas, al noroeste de Madrid, a 2 de junio de 2026

 

Primer artículo de Sociología Divertida: Breve historia de la publicidad de las maquinillas de afeitar (21 de julio de 2011)


Un fallo en Matrix

Morfeo ofrece a Neo una pastilla roja y una verde

 

Del guion de The Matrix (1999)

(Neo observa el pasillo a su izquierda. Un gato negro camina con calma de fondo a primer plano y desaparece por la derecha. Neo lo sigue con la mirada, casi sin interés. Luego, en el MISMO lugar, un gato negro IDÉNTICO repite EXACTAMENTE el mismo recorrido, al mismo ritmo. Neo pestañea, confundido. Mira a Trinity, que ha estado observándolo a él, no al pasillo).

NEO:
(Con voz baja, perpleja)
¡Guau!

TRINITY:
¿Qué?

NEO:
(Señalando débilmente hacia el pasillo)
Un gato... acaba de pasar ahí.

TRINITY:
(Con calma, sin inmutarse)
¿Y?

NEO:
(Sacudiendo la cabeza, como si dudara de su cordura)
Nada... solo que he visto lo mismo un momento antes. Fue como un... “déjà vu”.

(La palabra "déjà vu" actúa como un disparador. La expresión de Trinity cambia instantáneamente de curiosidad a alerta máxima. Su mirada se endurece).

TRINITY:
¿Un déjà vu? ¿Qué hiciste? ¿Qué viste exactamente?

NEO:
(Desconcertado por su reacción)
Un gato negro. Pasó por ahí, y luego... pasó otra vez.

TRINITY:
¿Cómo "otra vez"? ¿Viste al mismo gato dos veces?

NEO:
(Ahora inseguro)
No... no lo sé. Quizás no era el mismo gato. Fue raro.

(En ese momento, Mouse, el joven y nervioso programador del grupo, que ha estado escuchando, se acerca. Habla con un tono de fascinación técnica, como explicando un bug de software).

MOUSE:
(Con una sonrisa ligeramente torcida)
Eh, eh... Un déjà vu. ¡Eso es! ¡Suele pasar cuando cambian algo!

(Neo lo mira, sin comprender).

TRINITY:
(Explicando a Neo, con seriedad absoluta)
Un déjà vu es, por lo general, un error en Matrix. Ocurre cuando ellos alteran una parte del código.

(La cámara se acerca al rostro de Neo, que empieza a entender la gravedad de lo que eso significa. No es un fallo de su mente; es un fallo en el mundo mismo).

TRINITY: (continuando)
Significa que las defensas están levantadas. Nos han localizado. Tenemos que irnos. ¡YA!

 

Resumen

 A partir de una experiencia personal inexplicable —la desaparición imposible de un corredor en un parque—, el autor emprende un viaje intelectual que va del cine a la filosofía, pasando por la física y la cultura digital. Si antes Platón hablaba de sombras en una caverna, hoy hablamos de "glitches" en una posible simulación. Este artículo explora esa inquietud moderna a través de la lógica implacable del trilema de Bostrom: tres futuros posibles, todos incómodos, que nos fuerzan a cuestionar la solidez de lo real.

Abstract

From an inexplicable personal experience —the impossible disappearance of a runner in a park— the author embarks on an intellectual journey that goes from cinema to philosophy, through physics and digital culture. If Plato once spoke of shadows in a cave, today we speak of “glitches” in a possible simulation. This article explores that modern disquiet through the relentless logic of Bostrom’s trilemma: three possible futures, each more unsettling than the last, which force us to question the solidity of reality.

Índice

  • Una experiencia extranatural
  • La racionalización de una situación irracional
  • "Glitch on the Matrix"
  • El trilema de Bostrom
  • Anexo 1: Cálculo de velocidades
  • Anexo 2: Críticas a Bostrom

 Una experiencia extranatural

No he llevado una vida excesivamente interesante y aventurera, sino más bien pequeñoburguesa, y no ha sido casualidad: ha sido una decisión consciente. Lo mío ha sido la búsqueda de la felicidad por medio de la conquista de la normalidad. Soy epicúreo, partidario del “aurea mediocritas”  (ver en este mismo blog: Aurea mediocritas)(1). Pero a veces, la realidad se obstina en llevarnos por otro camino; el Universo siempre se las arregla para acabar con tu tranquilidad.

Hace unos días —apenas una semana en el momento en el que estoy escribiendo— paseaba plácidamente por los alrededores de mi casa con mi perra. Tengo que abrir un paréntesis para explicar al lector cuál es el carácter de Alexia: apacible y bonachón en casa, el diablo de Tasmania (2) en la calle. Es por esto que siempre debo andar vigilante cuando paseo con ella, para que no se arranque ante la presencia de alguna persona vestida de negro (un color que odia) u otro perro que considere ella digno de sus ladridos. Ante esta conducta, miro posibles dianas cercanas y tomo medidas: la desenfoco de su objetivo, la tranquilizo con mimos, la siento o, simplemente, la cambio de acera. Con Alexia estoy siempre pendiente de lo que pasa a mi alrededor.

En estas, un señor paseaba por la acera contraria con un perrito chiquitín, una chica caminaba delante de nosotros con dirección a la A-6 y alguien tiraba la basura en un contenedor: una escena cotidiana. Orienté a Alexia hacia nuestro destino, el “pipí-can” (3) más cercano, en un parquecito aledaño.

A dos pasos de la entrada al “pipí-can”, de repente, apareció andando un señor a mi espalda. Tendría unos cincuenta años, era muy alto, bastante atlético y llevaba ropa deportiva cara de color negro, unas zapatillas deportivas de un color amarillo fosforito como los rotuladores esos que se usan para subrayar y un gorro de invierno del mismo color. Mientras nosotros entrábamos en el “pipí-can”, él se fue hacia la valla del recinto y se puso a hacer ejercicios de estiramiento.

La perra no le hizo ni puñetero caso a pesar de llevar puesta ropa del color que más la encabrita; se puso a husmear cerca de él, al otro lado de la valla, sin prestarle atención. Esto, ya de por sí, me llamó la atención. Alexia hizo sus cosas de perrita y, unos cinco minutos después de entrar, se dirigió a la puerta del recinto indicándome que ya se quería largar. Al mismo tiempo, el corredor había dejado de hacer sus ejercicios y se dirigía también a la puerta por el otro lado de la valla.

Llegamos los dos al mismo tiempo a la puerta del “pipí-can”, yo por el interior y él por el exterior, camino de la calle. En ese momento, me agaché para ponerle la correa a Alexia y, al levantar la vista, el señor en cuestión había desaparecido. Cuando bajé la vista, estaba a cinco metros de mí; mi mente no podía comprenderlo. Miré en todas las direcciones hasta donde me alcanzaba la vista y no estaba.

Pensé que podía haberse caído en el parterre, por lo que salí del “pipí-can” corriendo, alarmado. Busqué entre las plantas y no estaba. Me llegué hasta la calle, hasta el punto de mayor cobertura visual, y allí estaba el señor con el perro chiquitín en la acera de enfrente; la chica que iba hacia la A-6 probablemente ya estaría en la estación del tren, por lo que no había ni rastro de ella; y había gente nueva paseando hacia mí, pero del corredor no había señal alguna. Incluso registré los árboles que hay en el centro de la rotonda, por si estaba jugando al escondite. Se había esfumado.

Al llegar a casa, lo primero que le dije a mi mujer fue: “He vivido un fallo en Matrix”.

La racionalización de una situación irracional

Posteriormente, más sereno, me puse a racionalizar lo que había pasado. Descartando la combustión espontánea con evaporación incluida, que me pareció una opción más bien delirante, supuse que se había ido corriendo pues, al fin y a la postre, era un corredor.

Lo primero fue sacar a pasear a la física. Medí las distancias mediante Google Maps. Repetí mis movimientos con mi perra para medir los tiempos que empleé.

Entre en el punto donde dejé de verle y el punto más corto en el que se pudo ocultar (La esquina del instituto Federico García Lorca) hay 65.44 metros. Y el tiempo medio que tardo en quitarle y ponerle la correa a la perra es de 7 segundos. Usando las ecuaciones del movimiento uniformemente acelerado para recorrer esa distancia en ese tiempo resulta una velocidad final de 62 kilómetros por hora y una aceleración de 2.2 metros por segundo al cuadrado (para ver los cálculos que he realizado ver “Anexo: cálculo de velocidades”, al final del artículo).

Bien, nuestro corredor era sobrehumano: la aceleración es la misma que la de un BMW 320i (4) y la velocidad final es imposible para una persona. Entonces, solo son posibles dos soluciones: un error en mi mente o un error en la realidad.

Soy una persona muy lógica, he hecho de ella una guía para mis decisiones y, después de la física, saqué a pasear a la Navaja de Ockham (5): “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta”. Entre atribuir un fallo a mi mente o al Universo, decidí ser humilde y pensar que es mucho más fácil que mi percepción del mundo falle a que sea el mismo mundo el que incumpla las leyes de la física —sus propias leyes, a las que de sobra sé que tiene mucho cariño—.

Ni que decir tiene que pasé el resto de la tarde buscando acerca de alucinaciones, pérdidas de la noción del tiempo y recuperando la tarjeta de mi psicóloga por si la cosa se repite.

No obstante, pensé: ¿por qué no adentrarme en la idea de un mundo falible? Y por eso me propuse escribir este artículo, para analizar mi experiencia desde otros puntos de vista y, de paso, no perder la cordura.

"Glitch on the Matrix"

Al parecer, el término “glitch” entró en el inglés desde el alemán “glitschen” —que significa “resbalar”— en la década de 1960, inicialmente en el contexto de la industria aeroespacial y la electrónica, para describir pequeños fallos en equipos de radio, radar y naves espaciales.

Actualmente tiene mucho predicamento en el mundo de los videojuegos para describir comportamientos no intencionados o fallos, como personajes que atraviesan paredes, aceleraciones imposibles (¿os suena de algo?), objetos que flotan en el aire o texturas inverosímiles.

"Glitch in the Matrix" significa "un fallo o error en Matrix". El término se popularizó masivamente por la película The Matrix (1999), donde el protagonista, Neo, ve un gato negro idéntico pasar dos veces seguidas por el mismo sitio. Un personaje lo explica como una "falla" en la simulación que controla su realidad. Os he puesto al principio un segmento del guion con la escena en cuestión.

Por extensión, en la cultura popular actual se refiere a cualquier evento extraño, coincidencia increíble o anomalía en la realidad que nos hace cuestionar brevemente si el mundo es real, estable y consistente. Es la sensación de que "algo no encaja" en la trama de la realidad. Algo como los fallos en los videojuegos, pero que te ocurren en un parque de tu pueblo.

En siglos anteriores se podría atribuir a un milagro o a la magia; cada cultura, en cada época, acude al estado del conocimiento disponible en ese momento. También la filosofía, desde los griegos, se ha ocupado de preguntarse qué es real o sobre la falta de fiabilidad de nuestra percepción. La frase de Descartes “Pienso, luego existo” es una manifestación extrema de desconfianza en los sentidos.

En nuestro tiempo, el concepto de “glitch” está muy ligado a la hipótesis de la simulación, pues cada vez más los juegos de ordenador simulan mejor la realidad, con lo que la comparación entre el mundo virtual y el real surge naturalmente. Hay multitud de foros, conversaciones y vídeos en las redes sociales que hablan de ello, la inmensa mayoría de muy poca credibilidad.

Pero más allá de los foros y las teorías conspirativas, esta inquietud moderna —la sospecha de que nuestra realidad podría tener “errores de programación”— encontró una formulación lógica seria y despojada de misticismo en el trabajo del filósofo Nick Bostrom.

Si el glitch es el síntoma anecdótico que nos hace desconfiar del sistema, el trilema de Bostrom es el diagnóstico estructurado que explora las implicaciones últimas de esa desconfianza. Ya no se trata solo de preguntarnos si un evento extraño fue un fallo en Matrix, sino de afrontar una disyuntiva mucho más profunda y desconcertante sobre el destino de nuestra civilización y la naturaleza de lo real. De la cultura pop a la filosofía de la ciencia: es hora de cambiar el chip y examinar el argumento que convierte nuestra inquietud en un puzle lógico con tres piezas, todas igualmente incómodas.

El trilema de Bostrom

Nick Bostrom (6) es probablemente el filósofo más conocido de la corriente transhumanista. Pero ¿qué es el transhumanismo?

El transhumanismo (7) es una corriente filosófica que busca mejorar la condición humana mediante la aplicación de la ciencia y la tecnología. Su objetivo principal es ampliar las capacidades humanas en términos de inteligencia, resistencia y longevidad. Para lograr esto, propone el uso de diversas tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica, la nanotecnología, la biotecnología y la realidad virtual y aumentada.

Estas tecnologías buscan superar las limitaciones biológicas y mejorar aspectos como la memoria, la capacidad cognitiva, la resistencia física, la longevidad y la calidad de vida en general. Además, el transhumanismo plantea la posibilidad de fusionar la inteligencia humana con la inteligencia artificial.

Para el transhumanismo, la última fase en la evolución humana sería la del ser “posthumano”, que se imagina como una especie completamente nueva y radicalmente diferente, basada en tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial, la robótica y la nanotecnología. Se cree que esta nueva especie podría tener una inteligencia y capacidades mucho mayores que los seres humanos actuales, y podría ser capaz de superar muchos de los problemas y limitaciones que enfrentamos (ver en este mismo blog: ¿Qué es el transhumanismo?).

Es importante reconocer que el transhumanismo encuentra su razón de ser en el progreso científico y tecnológico actual. La posibilidad de modificar controladamente a los seres humanos no parece una mera locura, ya que existen argumentos sólidos respaldados por el estado actual de la ciencia. Aunque ahora resulte un poco fantasioso, cada vez resulta menos fantástico.

Una vez comentado quién es Bostrom y qué es el transhumanismo, deberíamos recordar lo qué es un trilema (8). Un trilema es una estructura argumentativa que presenta tres proposiciones mutuamente excluyentes y, en su formulación clásica y más potente, se supone que colectivamente exhaustivas. Es decir, se plantea que no hay una cuarta opción posible dentro del marco establecido.

Por lo tanto, la fuerza lógica del trilema reside en que, si aceptas sus premisas iniciales, estás forzado a concluir que al menos una de las tres debe ser verdadera. No puedes rechazar las tres sin contradecir las premisas.

El enunciado es el siguiente:

1.      La humanidad se extinguirá antes de alcanzar una etapa "posthumana".

2.      Cualquier civilización posthumana avanzada tendrá cero interés en ejecutar simulaciones de sus ancestros.

3.      Casi con toda certeza, estamos viviendo dentro de una simulación por computadora.

Gráfico del trilema de Bostrom


Su potencia radica en una premisa simple: si asumimos que la tecnología computacional puede avanzar hasta simular universos enteros con seres conscientes como nosotros, entonces solo hay tres destinos posibles. De las tres proposiciones del trilema, una debe ser verdadera.

La primera proposición afirma que la humanidad se extinguirá antes de alcanzar una etapa "posthumana" capaz de crear tales simulaciones. Representa el fracaso existencial, en el que sucumbimos a nuestros propios riesgos —guerra nuclear, inteligencia artificial descontrolada, patógenos de diseño— o a una catástrofe cósmica. Un final prematuro que corta de raíz cualquier sueño en el futuro de la humanidad.

La segunda proposición es más sutil: supone que logramos sobrevivir y alcanzamos ese poder tecnológico casi divino, pero que cualquier civilización así de avanzada no tendrá ningún interés en desarrollar simulaciones de sus ancestros. Quizás por aburrimiento, por ética, o porque les resulte un ejercicio trivial. En este escenario, el universo está lleno de civilizaciones maduras e inmensamente poderosas que, en su sabiduría o apatía, deciden no crear mundos simulados.

La tercera proposición es la que captura la imaginación popular: si las dos anteriores son falsas —si sobrevivimos y si tenemos interés en simular—, entonces el número de realidades simuladas sería astronómicamente mayor que la realidad original. Por pura estadística, es abrumadoramente más probable que seamos una de las incontables conciencias simuladas que el puñado de seres "originales". Algunos piensan entonces que, casi con toda certeza, ya estamos viviendo dentro de una simulación por computadora.

Aquí es donde nace la verdadera inquietud intelectual. No es un miedo superficial, sino un vértigo ontológico que sacude los cimientos de nuestra percepción. Esta inquietud surge porque cada alternativa del trilema ataca un pilar de nuestro sentido de la realidad y el significado. La primera opción aniquila nuestro futuro; la segunda, nuestra relevancia; y la tercera, nuestra autenticidad. Nos reduce de ser los potenciales amos del cosmos a ser, en el mejor de los casos, personajes de una narrativa cuyo guion desconocemos, o el pasatiempo de una inteligencia incomprensible. Es la desestabilización última: si todo es simulación, ¿el esfuerzo, el amor, el arte y el sufrimiento son solo datos? ¿Es la realidad una mentira bien construida?

Sin embargo, la filosofía no nos deja desamparados frente a este abismo —una manera de poner nuestras barbas a remojar antes de que nos las corten—. Existen perspectivas valiosas para enfrentar esta inquietud y, quizás, hallar un terreno firme desde el cual contemplar el vacío. La perspectiva pragmática o estoica nos recuerda que, si no podemos distinguir la diferencia entre una realidad simulada y una de base, no hay diferencia práctica alguna. Nuestra experiencia es real para nosotros; sus consecuencias nos moldean. Debemos vivir y actuar como si esta fuera la realidad fundamental, porque es el único marco que poseemos para la ética y la acción. El amor importa porque lo sentimos; el dolor duele porque lo padecemos.

La perspectiva del asombro propone un cambio de mirada radical: en lugar de ver la simulación como una degradación, podemos verla como la mitología fundacional de una nueva era: un nuevo creacionismo. Que nadie se me ofenda, pero en el fondo, en la idea básica es la misma: si el Universo ha sido creado por un programador Java tirando código a destajo o un demiurgo que trabajó seis días y al séptimo descansó. Significaría que la conciencia y la belleza pueden emerger de la información, que el universo es, en esencia, matemática y código hecho experiencia. Es una visión tan poética y poderosa como cualquier mito de la creación.

Finalmente, la perspectiva ética, defendida por pensadores como David Chalmers, añade una capa de responsabilidad. Si somos una simulación, nuestros simuladores podrían tener deberes morales hacia nosotros. Y de manera crucial, si nosotros algún día nos convertimos en los creadores de tales simulaciones, cargaremos con una responsabilidad divina y terrible sobre las vidas conscientes que engendremos. El trilema se convierte así en una llamada a la humildad y a la prudencia tecnológica extrema.

En última instancia, el verdadero poder del Trilema de Bostrom no reside en darnos una respuesta, sino en forzarnos a plantear las preguntas muy incómodas e importantes. Nos arranca de la inercia cotidiana y nos coloca frente al espejo del cosmos y del tiempo. Ya sea que lo veamos como una advertencia sobre los riesgos existenciales, un ejercicio de humildad cósmica o un misterio por resolver, su valor perdurable es ese: despertar en nosotros un asombro reflexivo y profundo, esa misma inquietud que es, irónicamente, una de las señales más vibrantes y genuinas de estar vivo, sea lo que sea lo que la vida, al final, termine siendo.

Yo sigo pensando, siguiendo a Ockham, que lo más probable es que vi a alguien que no estaba o que me entretuve en pensamientos espirales mientras colocaba la correa a Alexia, dejando pasar más tiempo que esos 7 segundos, pero Bostrom no me deja indiferente.

Juan Carlos Barajas Martínez

 

Anexo 1: cálculo de velocidades

Si calculo la velocidad media, siendo la distancia de 65.44 m y el tiempo 7s:

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Que es una velocidad a la que solo puede llegar un velocista de élite. Pero esto es la velocidad media, nuestro corredor partió de unos 5 kilómetros por hora porque estaba andando y, si se puso a correr como un desesperado con el único fin de dejarme confuso, debió hacerlo con un movimiento uniformemente acelerado.

La velocidad inicial sería entonces:

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La aceleración:

 Tabla

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Y la velocidad final:

Texto

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Anexo 2: Críticas a Bostrom

Para no hacer excesivamente extenso el artículo, para no dejar cojo el texto y contestar a los más interesados en el tema, expongo en un apéndice las críticas que ha sufrido el trilema.

Aunque el argumento de Nick Bostrom es lógicamente elegante e intelectualmente provocador, no está exento de críticas sólidas desde la filosofía, la ciencia e incluso la epistemología (9). Estas objeciones no buscan desacreditarlo por completo, sino poner en perspectiva sus supuestos y limitaciones.

1      Argumento no falible. La hipótesis de simulación, especialmente la tercera proposición, es acusada de ser inverificable e irrefutable por principio. La ciencia, según Popper, debe construir hipótesis falsables, luego esto sería pseudociencia. Esto no me acaba de convencer pues, al fin y al cabo, Bostrom no es un científico sino un filósofo con un grado de libertad que la ciencia no tiene: la especulación
2.      Crítica al supuesto computacional. El trilema asume que una civilización posthumana podría simular mentes conscientes como las nuestras. Esto presupone que la conciencia es funcionalmente replicable en un sustrato digital. Este argumento me convence más porque simular un cerebro átomo por átomo no garantizaría la aparición de la experiencia subjetiva.
3.      Crítica antropocéntrica. El argumento proyecta nuestra psicología humana actual (nuestra curiosidad por simular ancestros, nuestro interés en videojuegos) sobre mentes posthumanas que, por definición, serían radicalmente distintas. Es una falacia de composición extrapolar nuestro comportamiento al de una inteligencia que podría haber trascendido la biología, la mortalidad y quizás incluso la curiosidad histórica. En mi opinión, si los posthumanos llegan existir algún día, si tienen un poquito de humanos, querrían simularnos.
4.      Crítica a la premisa tecnológica inicial. Bostrom asume que el progreso computacional puede continuar casi sin límites hasta permitir simulaciones de universos enteros con seres conscientes. Sin embargo, existen límites físicos teóricos que podrían hacer que tal emulación a escala cósmica sea energéticamente inviable. Como informático que soy, sé que se puede construir un escenario suficientemente grande pero parcial, no necesariamente del tamaño del Universo y dar el pego a los seres conscientes simulados.
5.      Crítica estadística. El núcleo probabilístico del argumento (si hay muchas simulaciones, es más probable que estemos en una) ha sido cuestionado. Algunos filósofos argumentan que comete una falacia de muestreo: para que el cálculo probabilístico sea válido, deberíamos poder situarnos como observadores aleatorios entre todas las mentes conscientes posibles. Creo que Bostrom se sitúa en otro plano, el de las civilizaciones no en el de las mentes, pero no tengo una opinión muy desarrollada al respecto.
6.      Crítica de la Navaja de Ockham. Muchos críticos apelan al principio de parsimonia. La hipótesis de que estamos en una simulación añade una capa ontológica (10) enorme e innecesaria (los simuladores, su hardware, su realidad, sus motivos) para explicar una realidad que, hasta donde sabemos, se rige por leyes coherentes y autosuficientes. La explicación más simple y que requiere menos supuestos es que la realidad es tal como parece ser: fundamental. Esta crítica me parece impecable.
7.      Crítica Ético-Existencial. Algunos pensadores advierten que tomar en serio la tercera proposición podría tener un efecto paralizante o nihilista en nuestro compromiso ético y científico. Si todo es una simulación, ¿qué importan la injusticia social, el sufrimiento o la búsqueda de conocimiento? En mi opinión hay que tomarse muy en serio la tercera proposición.

Estas objeciones no anulan el valor del trilema. Lo convierten en lo que probablemente siempre fue: un magnífico experimento mental que obliga a examinar nuestros supuestos sobre la realidad, la conciencia y el futuro tecnológico.


Notas:

  1. El epicureísmo es un movimiento filosófico fundado alrededor del 307 a. C. basado en las enseñanzas del antiguo filósofo griego Epicuro de Samos, el cual fundó una escuela llamada "El Jardín" y cuyas ideas fueron seguidas por otros filósofos, llamados "epicúreos". El Jardín se hizo famoso por el cultivo de la amistad y por estar abierto a la participación de las mujeres, en contraste con lo habitual en la Academia fundada por Platón y en el Liceo de su discípulo Aristóteles. De hecho, Epicuro se opuso a platónicos y peripatéticos, y sus enseñanzas quedaron recogidas en un conjunto de obras muy numerosas, según el testimonio de Diógenes Laercio, pero de las que ha llegado hasta nosotros solo una parte muy pequeña, aunque significativa, compuesta esencialmente por fragmentos. Con todo, el pensamiento de Epicuro quedó inmortalizado en el poema latino De rerum natura (De la naturaleza de las cosas), del poeta latino Tito Lucrecio Caro.
  2. Alexia es una perrita mestiza a la adoptamos hace dos años y cuya infancia no fue, al parecer, muy fácil. Tiene mucho miedo a todo y reacciona agresivamente. Tengo que decir, porque si no mi mujer me mata, que ha mejorado mucho y que los paseos no son como al principio. (Ver en el blog microsociología divertida el post: Biografía inventada de Alexia)
  3. Pipí-can es como se denominan, al menos en el municipio de Las Rozas de Madrid, a los espacios reservados para el solaz de perros y dueños.
  4. IA dixit
  5. La navaja de Ockham (a veces escrito Occam u Ockam), principio de economía o principio de parsimonia (lex parsimoniae) es un principio filosófico y metodológico atribuido al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham (1285-1347) (aunque investigaciones más profundas sugieren que este se puede rastrear más atrás, al menos hasta Aristóteles), según el cual «en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable». Esto implica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.
  6. Nick Bostrom (en sueco, Niklas Boström) es un filósofo sueco de la Universidad de Oxford, nacido en 1973. Es conocido por sus trabajos sobre el principio antrópico, el riesgo existencial, la ética sobre el perfeccionamiento humano, los riesgos de la superinteligencia y el consecuencialismo. Obtuvo un PhD en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres en el año 2000. En 1998, Bostrom cofundó junto a David Pearce la Asociación Transhumanista Mundial.
  7. Un trilema es una elección entre tres opciones, que son (o aparentan ser) contradictorias entre sí, o bien, conducen aparentemente a resultados distintos. Un trilema se puede expresar de dos formas lógicamente equivalentes: como una elección entre tres opciones contradictorias en la que solo se puede elegir una, o como un problema con tres proposiciones aparentemente favorables pero en la que solo dos son posibles al mismo tiempo. Deriva del término mucho más antiguo «dilema», formado por dos proposiciones contrarias y disyuntivas.
  8. El primer uso registrado del término fue en 1672 por el predicador inglés Philip Henry, y más tarde, en 1725 y aparentemente sin relación con el anterior, por el predicador Isaac Watts.
  9. La epistemología, del griego πιστήμη ─epist («conocimiento justificado como verdad»)─ y λόγος ─lógos («estudio»)─, es la rama de la filosofía que estudia el conocimiento: su naturaleza, posibilidad, alcance y fundamentos. Algunos autores distinguen a la epistemología, de la gnoseología (estudio del conocimiento en general), al circunscribirla al conocimiento del tipo científico; otros, en cambio, consideran que el término «epistemología» ha ido ampliando su significado y lo utilizan como sinónimo de «teoría del conocimiento», sobre todo en el mundo anglosajón.
  10. La ontología (del griego antiguo ν [on] —genitivo ντος— [ontos], 'ente'; y λόγος [lógos] 'ciencia, estudio, teoría') o metafísica general es la rama de la filosofía que estudia lo que hay, así como las relaciones entre los entes (por ejemplo, la relación entre un universal —como el rojo— y un particular que lo "tiene" —como una manzana—) o la relación entre un acto (como el que Sócrates bebiera la cicuta) y sus participantes (Sócrates y la cicuta).

 

Bibliografía

Bostrom, Nick (2003). Are you living in a computer simulation? Philosophical Quarterly. http://www.simulation-argument.com/simulation.html

Alonso-Finn, (1976). Física Volumen 1 Mecánica. Fondo Educativo Interamericano

Barajas, Juan Carlos (2023) ¿Qué es el Transhumanismo? Sociología Divertida. Sociología Divertida: ¿Qué es el transhumanismo?

Barajas, Juan Carlos (2014). Aurea Mediocritas. Sociología Divertida. Sociología Divertida: Aurea Mediocritas


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