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El Algoritmo del Museo Británico

La sala de lectura del Museo Británico según el gran dibujante belga Edgar P. Jacobs 



Nuestros recuerdos eran traidores y marchitos
Edgar Allan Poe, Ulalume

Tiene razón Poe, no hay nada más traidor que un recuerdo. Hay algunos tremendamente fuertes y muy lejanos en el tiempo que te parecen ciertos y a lo mejor son producto de tu imaginación, tengo muchos recuerdos de la infancia que pertenecen a esta categoría. Otros en cambio, son próximos en el tiempo pero débiles y te parecen propios de tu imaginación y sin embargo son reales. En todo caso, los recuerdos son flores marchitas en nuestra mente.

Tengo un recuerdo sobre el Museo Británico muy fuerte y, sin embargo, lo recuerdo en una atmosfera tan onírica que me parece producto de mi imaginación. Corría la primavera del año de 1976, Semana Santa, y yo andaba por Londres con el sexto de bachillerato del Colegio Salesiano San Rafael de Elche.

Me recuperaba de la emoción de la visita del museo, con tantas obras que había visto en las fotos de mi libro de texto de historia del arte, como el código de Hamurabi (1) o la piedra Rosseta por poner dos ejemplos. También me recuperaba de mi hambre adolescente y canina, estaba en la cantina del semisótano, hasta recuerdo que me estaba comiendo un “roast beef sandwich” que me estaba sabiendo a gloria - aunque claro puede ser invento de mi imaginación – y una “Pepsi(2). Cuando terminé llevé mi bandeja a un aparador de la pared y caí en la cuenta de una puerta de cristal, cerrada por una cadena y un candado. Me acerqué a mirar y vi algo maravilloso.

Era una biblioteca, una enorme sala de lectura circular, con una magnífica cúpula, con anaqueles llenos de libros hasta el comienzo de la cúpula y con pupitres para que los lectores se sentaran a leer dispuestos de forma radial, en el centro un mostrador de forma circular servía para que los bibliotecarios pudieran atender a los lectores. Nunca en mis dieciséis años de vida había visto nada igual.

Salí de la cantina corriendo y busque la puerta de aquel templo del saber, la encontré y la traspasé, pero no mucho, me quedé unos pasos más allá, boquiabierto, asombrado, supongo que con los ojos bien abiertos, intentando quedarme con el mayor número de detalles e incapaz de avanzar por si me pedían algún carné o alguna autorización y me echaban.

No sé cuanto tiempo estuve así, mirándolo todo, pudo ser un minuto o quince, me despertó de mi ensoñación un compañero que me dijo: “joer Barajas todos te estamos buscando, que el Danone  dice que nos vamos” y, con mucha pena, le seguí hasta donde estaba el resto de la clase, con el “Danone” – mote por el que era conocido el  director del colegio – a la cabeza (3).

La sala de lectura en la actualidad

Pocos años después, cuando estudiaba informática en la Universidad Politécnica de Madrid, oí hablar del algoritmo del Museo Británico que, como veremos más adelante tiene que ver con aquella magnífica biblioteca, y me retrotrajo al momento asombroso en que la descubrí desde la cantina del semisótano del museo.

Un algoritmo (4), como dice el diccionario de la Real Academia, es un conjunto ordenado y finito de operaciones que permiten resolver un problema. Si es finito, ordenado y constituido por operaciones concretas, puede ser realizado por una persona, o bien, se puede diseñar un programa de ordenador que lo lleve a cabo.

El concepto que hay detrás del algoritmo del Museo Británico es un procedimiento que consiste en generar todas las soluciones posibles a un determinado problema partiendo desde las más pequeñas o sencillas hasta las más complicadas y con más operaciones. Es un procedimiento iterativo que consiste en probar cada solución alternativa y si no funciona continuar con la siguiente así hasta que encuentras una solución que resuelve el problema (5).

El algoritmo del Museo Británico se refiere a una técnica conceptual no a una técnica que pueda ser llevada a la práctica, pues el número de veces que habría repetir el procedimiento sería enorme. En teoría, con tiempo suficiente, se lograría encontrar la solución óptima. Pero ese tiempo suficiente tendería a ser infinito, con lo que el algoritmo es intratable computacionalmente. Se utiliza mucho para desechar soluciones costosas, se dice “esa solución es como aplicar el algoritmo del Museo Británico”, con eso esta todo dicho, hay que buscar otra manera de hacer las cosas.

De hecho, Newell, Shaw y Simon (6) – los autores que formularon el algoritmo en 1958 – dejaron escrito: “Ya que les parecía que era tan razonable como colocar monos delante de máquinas de escribir para reproducir todos los libros de la biblioteca del Museo Británico”. Y de ahí le viene el nombre.

La idea es que el algoritmo en cuestión es como sentar un grupo de monos delante de máquinas de escribir, si tienen todo el tiempo del mundo, llegarán a escribir todos los libros que vi cuando era joven en aquella sala circular del Británico. Pero claro, ¿cuanto texto ininteligible producirían?.

No es la primera vez que en la historia de las matemáticas se utiliza el símil de los monos delante de máquinas de escribir para expresar una idea muy parecida. El matemático francés Émile Borel, en 1913, en su libro “Mécanique Statistique et Irréversibilité” usó la metáfora de los monos para ilustrar la magnitud de un acontecimiento extraordinariamente improbable. De hecho esa idea desembocó – y no es cachondeo - en el Teorema del Mono Infinito que afirma que un mono pulsando teclas al azar sobre un teclado durante un período de tiempo infinito “casi seguramente” (7) podrá escribir cualquier libro que se halle en la Biblioteca Nacional de Francia. Como podéis observar cada uno arrima su formulación a su biblioteca nacional. Por cierto este teorema es serio y tiene demostración.

En cualquier caso, tanto la formulación anglosajona – que se refiere más a la búsqueda de una solución computacional a un problema – como la formulación francesa – que se refiere a un teorema de la teoría de la medida – se basan en la misma idea: con tiempo infinito, de manera aleatoria, se puede conseguir cualquier cosa.

Y es ahí donde yo quería llegar. A mi me da que la Naturaleza en su desarrollo emplea el algoritmo del Museo Británico. Al parecer, si hacemos caso de la teoría cosmológica que más cuadra con la observación científica y las matemáticas aplicadas a la física – es decir la teoría del Big Bang -, todo comenzó hace 13.700 millones de años – aproximadamente mil millones arriba o abajo - a partir de una singularidad espaciotemporal de densidad infinita, a la que el dedo creador del demiurgo puso en expansión, y desde entonces se expande.

El caso es que vamos desde formas más simples y mayor orden cósmico a formas más complejas y mayor desorden cósmico. Aquí la cuestión del orden no tiene un sentido peyorativo ni moral pues no estamos pensando en orden público u orden social, estamos hablando de orden físico, de entropía (8). El Universo se autodefine combinando soluciones que, unas funcionan y siguen en su evolución, y otras que son caminos cerrados y se extinguen.

Cierto que el Universo no ha dispuesto de un tiempo infinito, sólo de 13.700 millones de años, pero no está mal el ratito, sobre todo si lo comparamos con la vida media de una persona.

Pareciera que el buen Dios puso al mono infinito del teorema a teclear sobre una galáctica máquina de escribir a redactar la historia del Universo y después se retiró a observarnos desde una dimensión a la que nosotros no tenemos acceso, si no es – como todo el mundo sabe – por medio de la oración. Eso si, existen restricciones en la aleatoriedad, deben cumplirse las leyes naturales y existe causalidad en la evolución hasta que se llega al final de uno de los caminos posibles.

Así que cuando los pobres humanos miramos una flor y la vemos tan bella, nos sentimos conmovidos, al menos los que hemos nacido con sensibilidad, y elogiamos a la Creación por haber llegado a hilar tan fino en el brocado de la vida. Pero si pensamos en todas las pruebas y errores realizados en estos últimos 13.700 millones de años hasta llegar a la flor la cosa pierde romanticismo y no dejas de pensar que así se las ponían a Felipe II (9).

En dónde mejor se puede apreciar lo que quiero decir está descrito en los últimos tramos de la historia del Universo, cuando el Sol – no olvidemos que es una estrella de tercera generación y que las galaxias ya habían dado muchas vueltas para cuando nació – se montó el chiringuito del Sistema Solar y entró en ignición, dando luz y calor al tercer planeta.

Y en ese astro pequeño, inocente y azul, durante años y años, se hicieron continuos experimentos – el mono seguía dándole a la tecla – con sustancias orgánicas y todo tipo de catalizadores hasta que, ¡puf!, apareció la primera célula capaz de crecer, reproducirse y morir, y desde entonces todo fue rodado. De las células simples a los organismos pluricelulares, de ahí a moluscos gigantes con aspecto de escudo normando, los peces teleósteos, los anfibios con forma de pez, los reptiles con forma de anfibio, los dinosaurios “espilberguianos”, los mamíferos entrañables y peludos, y todas las demás criaturas de la Creación.

Los humanos tendemos a pensar que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y, por tanto, todo estuvo organizado desde el principio en espera de que llegáramos nosotros. De hecho pensamos en un desarrollo lineal cuando la naturaleza ha usado una estructura en árbol y nosotros salimos de una de sus innúmeras ramas. No sé si Dios se basó en Él mismo para nuestro diseño, bajando el nivel de las especificaciones claro está, de lo que si estoy seguro es que hasta nuestra aparición no se siguió una línea maestra sino que de la máquina de escribir surgió un reglón con sentido, o bien, quizás seamos un renglón torcido, en cualquier caso somos unos de los infinitos renglones escritos.

Una de las cosas que nos distinguen a los humanos del resto de los seres vivos conocidos es nuestra capacidad para desarrollar una cosa que llamamos cultura. La cultura es un conjunto de conocimientos que permiten a las sociedades adaptarse al medio en el que viven con la utilización de todo un arsenal de medios materiales e instrumentos muy diversos que permite a las personas elevarse por encima de las posibilidades originarias fijadas por la lógica natural. Mediante la cultura los humanos recreamos un ambiente propio, que nos proporciona una gran autonomía sobre la naturaleza, con la cultura nos separamos de nuestra propia evolución, aunque a su vez – y paradójicamente – quedamos atrapados por la nueva lógica de nuestra obra histórica. Como dice el sociólogo español José Félix Tezanos, el ser humano es al tiempo artífice y esclavo de sus creaciones culturales.

Con el invento de la cultura las personas intentamos  rebelarnos contra la naturaleza, seguir nuestro propio camino para resolver nuestros problemas y en un momento dado empezamos a pensar – allá por los tiempos de Bacon y Galileo (10) - que éramos lo suficientemente fuertes como para dominarla, explotarla y someterla.

De esta manera, siguiendo nuestra lógica cultural, cuando resolvemos un problema concreto, no aplicamos el algoritmo del Museo Británico, no disponemos de tiempo infinito – la esperanza de vida en el planeta Tierra es de 69,6 años (11) -, no ponemos una hoja de papel en nuestra máquina y empezamos a teclear sin tino, sino que - cuando hacemos las cosas bien porque de cuando las hacemos mal más vale no hablar - estudiamos los problemas, los analizamos, los sintetizamos y parimos la mejor solución que encontramos.

Y así buscamos siempre la solución menos costosa, la que menos esfuerzo requiere, buscamos maximizar y minimizar según el caso, optimizar según las circunstancias. Pero, al hacer las cosas de esta manera y no poder hacerlas de otro modo, perdemos la visión que la Naturaleza tiene de las cosas, perdemos la perspectiva completa, holística, de cada cosa en función de todas las demás del Universo y claro, producimos los efectos colaterales.

Creamos el motor de combustión interna, magnífico para desplazarnos a velocidades muy superiores de las que podemos alcanzar con las características físicas que la Naturaleza nos dotó, pero contaminamos el aire. Curamos con un medicamento un tumor pero fastidiamos al hígado. Y, al contrario, buscamos un sustituto del marfil y encontramos el celuloide, buscamos algo para criar bacterias y descubrimos la penicilina que las mata, buscamos las Indias y encontramos las Américas (12). Creamos un motón de efectos no deseados, no como la Naturaleza que tardará millones de años pero encuentra la manera de criar bacterias o de matarlas de forma natural, y lo hace como nadie.

Quizás por eso lo natural tiene tanto prestigio en nuestra sociedad. En la publicidad, por poner un ejemplo, hasta el producto más artificial está elaborado de forma natural. De esta manera, los cosméticos, los medicamentos, la comida preparada, que tienen detrás complejos procesos de elaboración, se convierten en productos naturales. Sospecho que los publicistas, de manera inconsciente, intuyen que detrás de lo natural está el poderoso algoritmo del Museo Británico y saben que eso vende.

El caso es que vamos tirando, pero no sé por cuanto tiempo, Dios dirá. Le hemos ganado y le ganaremos miles de batallas a la Naturaleza, pero al final nos extinguiremos, ya veremos cómo, ya se apuntan maneras. Un buen día la Naturaleza cerrará nuestro experimento y el mono seguirá escribiendo como si nada.

Al final el buen Dios tenía razón, más sabe por viejo que por dios, hubiera sido un error poner a un hombre infinito delante de la máquina de escribir, hubiera querido escribir cosas con sentido desde el principio. El Universo ya habría colapsado hace tiempo. Un fanático religioso a los mandos de la máquina universal habría construido planetas como catedrales; un ingeniero, galaxias cuadradas que son más fáciles de guardar en un refrigerador y un banquero, ¿qué planeta tendríamos si escribiera los renglones torcidos un banquero?, ¡coño!, ¿a ver si Dios quitó en algún momento al mono y puso a un banquero?.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo



(1)    Luego descubrí que el código de Hamurabi era una copia, que el original está en el Museo del Louvre
(2)    Tengo un fuerte recuerdo de aquel rosbif pues no estaba comiendo muy bien desde mi llegada a Londres. En cuanto a la Pepsi, tengo que decir que estaba cabreado porque yo he sido siempre más de Coca Cola y no había manera de encontrar un sitio en el que me la vendieran.
(3)    El “Danone” era el mote del director del colegio, D. José Luis Mélida creo que se llamaba, sacerdote salesiano, se le llamaba el Danone por el yogur de está marca y porque según la mayoría del alumnado tenía mala leche. Tenía la costumbre de dar palmetazos en la espalda cuando se enfadaba con alguien y al tiempo que daba el golpe gritaba: “¡hermanito!”. Era un tipo alto y fuerte, norteño y daba un poco de miedo. Yo lo recuerdo como un buen profesor pero hay personas que guardan malos recuerdos de él.
(4)    Según el DRAE, la palabra algoritmo viene latín tardío “algobarismus”, y este del árabe clásico “hisabu igubarq”que significa cálculo mediante cifras arábigas. Según otras fuentes, la palabra algoritmo vendría del matemático persa Al-Juarismi versado en álgebra e introductor de los números árabes en nuestra vida.
(5)    La formulación del algoritmo del Museo Británico podría ser la siguiente: Generar todos los posibles códigos fuente de la longitud de un carácter. Para cada uno, comprobar para ver si se soluciona el problema. Si no es así, generar y comprobar todos los programas de dos caracteres, tres caracteres, Hasta que se encuentre un programa que solucione el problema. Conceptualmente, este algoritmo encuentra el programa más pequeño que resuelve el problema, pero en la práctica tiende a tomar una cantidad inaceptable de tiempo (más que la vida del universo, en muchos casos). (Fuente Wikipedia en inglés)
(6)    Herbert Simon, fue un auténtico personaje, economista, politólogo, teórico de las ciencias sociales y especialista en inteligencia artificial, premio Nobel de Economía en 1978 y premio Turing en 1975, curriculum impresionante con múltiples aportaciones en múltiples disciplinas científicas distintas. Para más información pulsad aquí.
Allen Newell fue un investigador en informática, inteligencia artificial y psicología cognitiva en la corporación RAND y en la escuela de informática de Carnegie Mellon, para más información pulsad aquí.
John Cilfford Shaw, informático y especialista en inteligencia artificial en Carnegie Mellon, para más información pulsad aquí.
(7)    “Casi seguramente” es un término matemático para expresar certeza dentro de un conjunto de valores que cumplen una propiedad, pero que no existe dicha certeza fuera del conjunto. No es que lo entienda muy bien pero aquí os pongo el enlace de la Wikipedia en francés por si queréis ampliar pulsad aquí y dentro ir a “presque sûrement”.
(8)    En termodinámica, la entropía (simbolizada como S) es una magnitud física que, mediante cálculo, permite determinar la parte de la energía que no puede utilizarse para producir trabajo. Coloquialmente, suele considerarse que la entropía es el desorden de un sistema, es decir, su grado de homogeneidad. La segunda Ley de la Termodinámica dice: la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo.
(9)    Por si esta frase coloquial no se usa en Latinoamérica, “A si se las ponían a” seguido del nombre de un monarca, que suele ser Felipe II, casi todos los Carlos (I, III, IV y V), y Fernando VII, viene a significar que cuando se es poderoso todo son facilidades. El origen más serio de la frase, según el académico José María Iribarren de la Real Academia de la Lengua y de la Real Academia de la Historia, es el siguiente: Fernando VII era un gran aficionado al billar, y no por ello buen jugador, pese a que consumía muchas horas taco en ristre. Sus colaboradores más directos sabían de la incurable egolatría regia y aprovechaban los 'descuidos' del monarca para recolocar las bolas en una disposición más sencilla para el 'lucimiento' del monarca. Éste, aparentemente ajeno a la maniobra, se dedicaba a rematar la faena con el aplauso de los pelotas de turno.
(10)    Me refiero a Francis Bacon (1561-1626) y Galileo Galilei (1564-1642) por sus aportaciones al concepto moderno de ciencia y al método científico.
(11)    Según datos del Banco Mundial
(12)    Al hecho afortunado de ir buscando una cosa y descubrir o encontrarse con otra se le conoce como serendipia. No es voz admitida por el DRAE.

Bibliografía:

La explicación sociológica
Una introducción a la sociología
2ª Edición
José Félix Tezanos
UNED
Madrid 1998

Apuntes de clase de Teoría de la Programación y Algoritmica que todavía conservo.

Wikipedia en español, inglés y francés.

El porqué de los dichos
11ª edición
José María Iribarren
Gobierno de Navarra
Pamplona 1998

Los modelos de Mintzberg




Don Isaac Newton, no sé si antes o después de que la manzana golpeara su cabeza, describió al Universo conocido con cuatro leyes físicas. A saber, la ley de la inercia, la ley fundamental de la dinámica – aquélla de que la fuerza es la masa por la aceleración –, la ley de  la acción y de la reacción y la ley de la gravitación universal. Con eso, con esa “pequeña” aportación, don Isaac construyó un modelo que nos permitía predecir  el movimiento de los planetas o de un ciclista por la carretera o de un paracaidista en caída libre. Todo movimiento de una masa a una velocidad sensata, es decir muy alejada de la velocidad de la luz, queda descrito por estas leyes. Para las otras, para las velocidades inconcebibles, está la relatividad de Einstein y su E=mc2.

Podríamos entonces definir un modelo como una forma de representación a escala reducida de una realidad mayor. El modelo puede ser matemático - como es el caso que acabamos de describir -, es decir, mediante ecuaciones que describen un comportamiento o puede ser un modelo esquemático, es decir, mediante la reducción del fenómeno real a unas cuantas ideas representativas que nos dan una explicación sin tener que reproducir toda la complejidad de lo real. En todo caso, un modelo es una simplificación de la realidad en aras de una mayor comprensión de esa realidad. Que yo recuerde, esta idealización de la realidad está presente durante toda la historia de la filosofía y de la ciencia desde Platón hasta nuestros días.

Hay millones organizaciones humanas que se dedican a producir bienes y servicios, es decir, las empresas. Muchas de ellas son privadas y tienen ánimo de lucro, otras son públicas y proveen de servicios a la sociedad sin estar tan claro dicho ánimo pero siempre con algún interés más o menos oculto, pues – como decía continuamente mi tía Virtudes -, nadie da duros a pesetas.

El profesor canadiense Henry Mintzberg ha construido un modelo del comportamiento de las empresas. No voy a decir que los modelos de Mintzberg tengan la belleza matemática – de hecho son modelos esquemáticos o arquetipos - ni la trascendencia histórica que atesora el modelo de Universo que nos proporcionó Newton  pero, para mí - en el ámbito del estudio de las organizaciones formales - , no hay  otra aportación igual. Vamos pues a la búsqueda del modelo universal de la empresa, y puede ser hasta divertido identificar a Google como adhocracia o tal vez como forma divisional compuesta por adhocracias y al bar de los Hermanos Pozo – el bar de la esquina de mi barrio de toda la vida - como estructura simple.

Mintzberg comienza por afirmar que para que una organización funcione necesita de una consistencia interna o armonía, necesaria para afrontar un entorno externo hostil o de competencia, y una estructura interna que produce lo que quiera que sea basándose en la división del trabajo, lo cual no deja de ser un embrollo porque coordinar equipos de trabajo no es fácil. Y para constituir esa armonía o consistencia se necesita de una serie de mecanismos coordinadores que favorecen la interacción entre las personas que forman la organización.

En primer lugar tenemos la adaptación o ajuste mutuo, entendido como la coordinación por el simple proceso de la comunicación informal entre las personas sin supervisión ni relaciones de autoridad. La autogestión para entendernos. El segundo mecanismo de coordinación es La supervisión directa, que se produce cuando una persona asume la responsabilidad del trabajo que ejecutan otros. En este caso si se produce una estructura jerárquica. Y por último, las organizaciones se coordinan mediante la normalización, en la que la coordinación se realiza mediante la especificación o programación de los diversos aspectos del trabajo. La normalización se puede aplicar a los procesos de trabajo, a los productos de la organización (outputs), a las habilidades o destrezas requeridas al personal para desarrollar los trabajos y  a las reglas que la organización emplea para controlar de forma general todos los trabajos.

Mecanismos de coordinación.
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Evidentemente en una organización real se emplean los tres tipos de mecanismos, del grado en que se usen dependerá en parte el tipo de organización de que se trate.

Mintzberg elabora a continuación un modelo general que cumplen todas las organizaciones, es decir para nuestro caso serían el equivalente a F=m.a o E=mc2 ,cuya descripción gráfica se encuentra en la figura siguiente:

Estructura de Mintzberg


Como se puede apreciar en la figura las organizaciones se componen de las siguientes partes:

  • El núcleo de operaciones
En la base de cualquier organización se encuentran los operarios, las personas que realizan el trabajo básico relacionado con la fabricación de los productos o la prestación de los servicios provistos por el organismo a la sociedad.
  • El ápice estratégico
Lo conforman los altos directivos que tienen la responsabilidad general de la organización.
  • La línea intermedia
Forma la cadena de directivos medios, desde los gerentes a los supervisores directos de los operarios, que ocupan posiciones desde la alta dirección hasta el núcleo de operaciones. Se trataría de la mesocracia organizativa.
  • La tecnoestructura
Son grupos de personas que se encargan de estandarizar o normalizar los procesos de trabajo y sirven a la organización afectando al trabajo de otros. Se encuentran fuera de la corriente operacional representada por la línea intermedia. Ejemplos de grupos pertenecientes a la tecnoestructura son los departamentos de selección de personal, formación, organización y métodos, etc.
  • El personal o “staff” de apoyo
Son unidades especializadas que proporcionan diversos servicios a toda la organización desde el ápice hasta el núcleo. Como en el caso de la tecnoestructura están fuera de la corriente operacional del trabajo. Ejemplos de staff de apoyo son los departamentos de personal y retribuciones, seguridad, cafetería, informática (siempre que no sea el objeto de la organización).

En la figura  podemos apreciar también  que la ideología lo engloba todo. Para Mintzberg la ideología representa la cultura de la organización, es decir, las creencias y tradiciones, el acervo del organismo que tiene una indudable influencia en la forma en que se trabaja en la entidad.

Mintzberg identifica dentro de esta estructura tres flujos de información claramente diferenciados:
  • El flujo de trabajo de operaciones  que atraviesa el núcleo de operaciones y corresponde a las funciones de “input”, de proceso de transformación y de “output”.
  • Los flujos verticales de información y de toma de decisiones que subiendo desde el núcleo de operaciones y atraviesa la cadena de autoridad hasta el ápice estratégico.
  • El flujo de información de staff que comunica la línea intermedia y el staff cuyo fin consiste en proporcionar la información y asesoramiento de staff a las decisiones de la línea.

En paralelo a este sistema de comunicaciones oficiales existe un conjunto de comunicaciones informales que son esenciales para el funcionamiento de la organización de las que ya hablé en el artículo “la ley de la velocidad de las comunicaciones”. Este conjunto de comunicaciones informales establece pequeñas constelaciones de conexiones que al final actúan como una estructura paralela al organigrama oficial de la organización.




Resumiendo mucho las tesis de Mintzberg, a partir de los atributos mencionados[i] y  del entorno en el que la organización ha nacido y crecido, elabora los distintos tipos de configuraciones que una organización puede adoptar. Como indica el propio Mintzberg es “un conjunto de configuraciones como una tipología de formas ideales o puras, cada una de las cuales es una descripción de un tipo básico de estructura organizativa”, y añade un poco más adelante, “no hay estructura (real) que se ajuste perfectamente a una configuración, pero a algunas les falta realmente poco”. Lo interesante de Mintzberg es que las organizaciones se ven atraídas por una de las configuraciones en busca de una armonía interna de su estructura. Lo que quiere decir que de alguna manera las organizaciones reales buscan su sitio entre las configuraciones ideales, algo así como un personaje en busca del autor.

Estos tipos de configuraciones son: la estructura simple, la burocracia maquinal, la burocracia profesional, la forma divisional y la adhocracia[ii].

Esta es una de las partes más curiosas de este modelo, Mintzberg adapta el gráfico de su modelo de empresa a cada una de las tipologías, como indica la figura siguiente:

Modelos de organizaciones
  
La estructura simple, es eso, simple, informal, flexible. Son empresas pequeñas y medias en que las actividades giran alrededor del director general que realiza la supervisión directa de los empleados. A este esquema responde desde una tienda de zapatos hasta una empresa de decenas de empleados que carecen de staff o de tecnoestructura.

En el caso de la organización divisional o diversificada se presenta una estructura basada en divisiones autónomas, cada de ellas con una estructura propia, débilmente acopladas bajo una dirección administrativa única. Es típica de organizaciones grandes con varias sedes administrativas. Sería una empresa u organización compuesta por empresas u organizaciones de menor tamaño. Las multinacionales son un claro ejemplo de forma divisional.

La adhocracia (del latín ad hoc = para esto o para este fin) significa cualquier estructura altamente flexible capaz de adaptarse continuamente a las condiciones cambiantes del ambiente. Es una organización fluida, descentralizada, de equipos multidisciplinarios coordinados mediante adaptación mutua, con directivos integradores y estructura matricial. En este tipo de organización se fomenta la innovación por lo que suele presentarse en el mundo de la alta tecnología. Este tipo es especialmente interesante, ya que podríamos ponerlo como lo opuesto a la burocracia.

Bien y llegamos a la burocracia maquinal. Es el mismo concepto de burocracia que describió el gran sociólogo alemán Max Weber, por lo tanto en este tipo de organizaciones, se da una proliferación de reglas, normas y comunicación formal. El poder de decisión está centralizado en el ápice estratégico y posee una elaborada estructura administrativa, en la que destaca la tecnoestructura debido a la importancia que tiene la normalización en estas organizaciones.

Uno de los principios de Mintzberg – comprobados empíricamente – es que cuando mayor es la edad de una organización[iii] más formalizado es su comportamiento. Así que, de partida, una organización con burocracia maquinal no suele ser una organización joven. Su trabajo de operaciones es rutinario, generalmente sencillo y repetitivo, y, debido a ello, los procesos de trabajo están muy normalizados.

Mintzberg hace hincapié también en la obsesión por el control en todos los niveles jerárquicos, intentando eliminar toda incertidumbre posible para que la máquina burocrática pueda funcionar con regularidad.

Según Mintzberg pertenecen a este tipo de configuración una oficina de correos, una agencia de seguridad, una empresa siderúrgica, una prisión, unas líneas aéreas, un gran fabricante de automóviles. Hay que pensar que Mintzberg es canadiense y la estructura del Estado anglosajón es diferente de la que percibimos en nuestro país, por eso yo añadiría a estos ejemplos los departamentos ministeriales.

En cambio, para la última de las configuraciones que vamos a ver – la burocracia profesional – pone como ejemplos las universidades, los hospitales, centros escolares, empresas de contabilidad y de producción artesanal. Todas cuentan con las habilidades y los conocimientos de profesionales operativos para funcionar y todas producen bienes y servicios normalizados. Yo añadiría a esta lista aquellos organismos públicos que tienen una fuerte dependencia de un cuerpo profesional, por ejemplo, algunos ministerios con un cuerpo directivo de funcionarios propio se pueden encontrar en la frontera entre las burocracias maquinal y profesional.

Por tanto, la burocracia profesional cuenta para su coordinación con la normalización de las habilidades profesionales y con el adoctrinamiento[iv]. Contrata a especialistas debidamente preparados y adoctrinados – profesionales – para su núcleo de operaciones, confiriéndoles a continuación un control considerable sobre su propio trabajo.

Esta configuración tiene naturaleza burocrática por el uso de normas que predeterminan lo que hay que hacer. Se diferencia de la burocracia maquinal en que ésta genera sus propias normas mediante su tecnoestructura y que los operarios deben cumplir en el núcleo, en cambio, en la burocracia profesional las normas surgen fuera de su propia estructura, en las asociaciones profesionales que reúnen a los operarios con sus colegas de otras burocracias profesionales[v]. La burocracia maquinal recurre a la autoridad de naturaleza jerárquica mientras que en la profesional se hace hincapié en la autoridad de naturaleza profesional, en el poder del experto.

Es bastante común ver a profesionales también en su ápice estratégico, estamos acostumbrados a ver a médicos dirigiendo hospitales en vez de gestores económicos. Esto se debe a que los profesionales no sólo controlan su propio trabajo, sino también aspiran a tomar las decisiones administrativas que les afectan. En muchos casos esto plantea problemas por lo que muchas burocracias profesionales tienen una doble jerarquía paralela formada por profesionales del ramo de la organización y otros de gestión pura no pertenecientes a dicho ramo.

Es muy difícil resumir los libros de Mintzberg en unas pocas líneas, me dejo cosas importantes en el tintero, pero claro necesitaría un libro entero para explicar con detalle toda la teoría “mintzbergiana” y para eso están ya los originales. Sin embargo, creo que he puesto lo más importante sin perder demasiado por el camino. Si he conseguido picaros la curiosidad os ánimo a seguir leyendo por vuestra cuenta, aparte de los libros del propio autor, hay muchos artículos en Internet en “pdf” que, por no estar limitados por el formato web, amplían lo que aquí he reflejado.

Todos conocemos organizaciones que se ajustan más o menos a los modelos, a mi me gusta – cuando trabajo con empresas y voy conociéndolas según avanzan los proyectos – identificarlas con las estructuras de Mintzberg. En caso de la organización en la que trabajo, como ha quedado ya claro en muchos artículos en este blog, se trata de una burocracia maquinal como la copa de un pino. Pero a veces no sé si es maquinal de máquina o de maquinación.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo




[i]  Mintzberg usa también otros atributos como los parámetros de diseño, el entorno y la historia de la organización que no he incluido aquí para no extender el artículo más allá de lo razonable.

[ii] En libros posteriores, Mintzberg desarrolla dos estructuras organizativas nuevas, la organización ideológica o misionera y la organización política, pero a mi me parece que más que nuevos tipos de estructura son dos formas de relación con el entorno. Por ejemplo en el primer caso, las organizaciones misioneras, son organizaciones basadas en un sistema rico de valores y creencias, pero esto puede serlo una organización simple o una burocracia, por lo tanto no veo tan claro que se trate de una nueva estructura y como el artículo ya va quedando largo no voy a entrar a tratarlas.
[iii] También pasa, según Mintzberg con el tamaño de la organización, a mayor tamaño mayor formalización en su comportamiento
[iv] Este adoctrinamiento se produce desde la universidad y se fomenta en organizaciones profesionales, instituciones como los colegios profesionales en España
[v] Si se contempla la figura de las configuraciones se puede observar el tamaño reducido de la tecnoestructura de la burocracia profesional


Bibliografía

La estructuración de las organizaciones
Henry Minztberg
Ariel Economía
Barcelona 6ª reimpresión 1999

Profesor Carlos Ramírez Guerra
Escuela de Gobierno, Gestión Pública y Ciencia Política
Instituto de Ciencia Política
Universidad de Chile

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociología Divertida, artículos divulgativos

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El Sentido Común

Albert Einstein y Kurt Gödel paseando por Princeton
Fuente: fisicazone.com

Soror Eloisa, odiosurum me mundum reddidit Dialectica
Hermana  Eloísa, la  Dialéctica me ha hecho odioso el mundo
Pedro Abelardo, filósofo y lógico  francés 1079-1142


Siempre he intentado regirme por el sentido común. Se ha dicho que es el menos común de los sentidos y puedo dar fe de ello pues durante un tiempo me dediqué profesionalmente a sacar de apuros a personas que se habían metido en problemas fuera de España. Y en estas situaciones puedes apreciar que hay mucha gente que no piensa, que no reflexiona, que anda por la vida sin ton ni son y, claro, se la pega.
       
Yo no soy de esos, yo soy de los que se sienta y se pone a ver pros y contras e, incluso, algunas veces hago diagramas sobre el papel viendo todas las posibilidades, todas las opciones que tengo ante un problema. Esto no me ha librado de los errores, yo también en mi vida me la he pegado, pero me ha salvado de muchas, como cuando de joven, viviendo en Móstoles, alguien me ofreció un aceite muy barato y no lo compré pensando que de dónde habría salido y me libré del síndrome tóxico. O, ya hablando de asuntos más livianos, me he librado de compras de enciclopedias absurdas o de contratar ofertas telefónicas de ADSL que tienes que firmar inmediatamente porque si no pierdes la ganga.

Pero esta tendencia a la reflexión a veces puede convertirse en una tendencia a la obsesión y le das tantas vueltas a las cosas que te cuesta mucho decidirte o, puesto a tomar en consideración opciones, acabas examinando acontecimientos poco probables. En cualquier caso prefiero usar la cabeza en vez de llevarla para usar la gorra.

Aplico esto que llamo sentido común – que no es más que la aplicación práctica de la lógica - a todo y no sólo a mis problemas domésticos. Cuando ocurre algún acontecimiento social o político, antes de opinar o tomar alguna postura, pongo en marcha la máquina de pensar y examino la situación.

Y de esta manera intento ir por la vida de forma coherente pero, por otra parte, reconozco que tengo una limitación personal, es duro confesar un defecto como este pero creo que es honesto reconocer los fallos: tengo grandes dificultades en entender todas y cada una de las leyes que he leído y, en general, no comprendo la filosofía que hay detrás del Derecho.

Me ha tocado muchas veces tener que interpretar una ley y siempre me he encontrado con muchas dificultades para comprender lo que había detrás. He trabajado en informática jurídica, es decir, en programas de ordenador que trabajan en un entorno legal y siempre he tenido grandes problemas en entender la esencia de lo que estaba detrás del articulado de la ley que pretendía “informatizar”. Y cuando he echado mano del sentido común, que tan bien me ha funcionado en otros órdenes de mi vida, no me ha servido de mucho en este tipo de análisis.

Como podréis entender, dado mi carácter reflexivo, me he preguntado por qué me ocurre esto. He buscado el porqué de esta incapacidad mía. Y he concebido una teoría muy personal, como es personal todo el problema que aquí estamos analizando. Toda mi formación, he estudiado informática y sociología, tiene – aunque parezca mentira por la aparente distancia entre ambas disciplinas – el mismo sustrato: la lógica. Soy una persona que desde muy joven me he entrenado para pensar lógicamente. Y me da la impresión de que la lógica y el Derecho no se llevan muy bien.

Alguno, al leer estas líneas, estará pensando en que estoy cometiendo un sacrilegio. El Derecho, uno de los pilares de nuestra sociedad, según este pobrecito hablador, no es lógico. Y esta misma persona escandalizada pensará que,  o lo explico un poco mejor, o me deberían juzgar por desacato. Bien, lo intentaré, no tengo ninguna gana de que se me acuse de desacato pues soy persona cumplidora y obediente.

Para explicarlo me apoyaré primero que nada en una anécdota de la vida del que puede ser el matemático más importante del siglo XX, con el permiso de Alan Turing claro está, se trata de Kurt Gödel.

Al señor Gödel se le reconoce como uno de los más importantes lógicos de todos los tiempos, su trabajo ha tenido un inmenso impacto en el pensamiento científico y filosófico.

Gödel nació austrohúngaro pero como tantos otros cerebros europeos huyó de la Segunda Guerra Mundial y se exilió en los Estados Unidos. Acabó trabajando en el famoso Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, en dónde conoció a Albert Einstein y con quién trabó una legendaria amistad.

Ya que residía en los Estados Unidos resultaba práctico acogerse a esa nacionalidad. Siendo alguien que se tomaba las cosas realmente en serio, aunque se pudiera tratar de meras formalidades, decidió estudiar en detalle la Constitución de los Estados Unidos para su examen de nacionalización. El día antes del mismo llamó muy nervioso a Oskar Morgenstern, matemático de origen alemán padre de la Teoría de Juegos, había descubierto una inconsistencia lógica en la Constitución por la que se podía instaurar una dictadura en los Estados Unidos. El buen Dios, cuando allá en el cielo reparte cerebros, suele ser equitativo y al que le da la genialidad por un lado, le quita picardía por el otro.  Morgenstern, intentó calmarle, pues conocía a su amigo de sobras y sabía que no era muy bueno en relaciones públicas, temeroso de las consecuencias que un comentario de ese tenor podría tener sobre sus posibilidades de nacionalizarse.

Al día siguiente el propio Morgenstern y Einstein acompañaron a Gödel, intentando distraerle para que olvidara el asunto. El juez, impresionado por el dúo de genios que hacían de padrinos les permitió quedarse durante el examen. En el desarrollo del mismo le pregunto a Gödel “Vd. tenía la nacionalidad alemana hasta ahora, ¿no?” -”Austriaca” le corrigió Gödel; “Es igual” -prosiguió el juez- “aquello fue durante una horrible dictadura, pero afortunadamente eso no puede pasar aquí“; “¡De ninguna manera, yo puedo demostrarle que sí!” afirmó Gödel, que comenzó a explicarle el mecanismo que había descubierto. Afortunadamente, el juez le interrumpió, y Einstein y Morgenstern consiguieron calmar a Gödel, que poco más tarde juraría su nueva nacionalidad.

Es aún un misterio qué fue lo que Gödel había descubierto. Algunos expertos apuntan que podría tratarse del Artículo V que describe cómo se cambia la Constitución, pero no pone límites a dichos cambios, aunque es difícil creer que fuera algo tan relativamente simple lo que hubiera llamado la atención de Gödel. A mí lo que me cuesta mucho trabajo creer es que no encontrara más contradicciones, no por la Constitución, sino por Gödel(*).

Esta es una pista de que algo tan tasado y tamizado como la Constitución de los Estados Unidos si se analiza desde el punto de vista de la lógica formal se puede llegar a contradicciones. Pero si rebuscas en el ordenamiento jurídico y no te limitas a una sola ley, encontrarás todo tipo de contradicciones, correcciones indefinidas, derogaciones limitadas, controversias y todo esto no tiene nada que ver con la lógica. Dos abogados de dos partes enfrentadas en un pleito argumentan posturas antagónicas basándose en la ley, esto es imposible en la lógica.

Por supuesto que el Derecho tiene su lógica, pero no se trata de lógica formal, en cuyo reino no pueden coexistir una afirmación y su contraria, sino otro tipo de lógica.

Rebuscando en la historia de la filosofía creo que lo que más se parece a la forma de razonamiento del Derecho es la dialéctica. La dialéctica en su sentido moderno, tal y como la concibió el gran filósofo alemán Hegel, es la teoría de los contrapuestos en las cosas y en los conceptos. Es el discurso en el que se contrapone una determinada concepción, entendida como tesis, y la muestra de los problemas y conceptos que se oponen a ella denominada antítesis. De esta confrontación surge, en un tercer momento, la llamada síntesis, una resolución o una nueva comprensión del problema. Para Hegel se trataba de una superlógica, la dialéctica trascendía a la lógica, y, sin duda, es más descriptiva pero también es mucho menos formal.

Este guapo muchacho es Hegel pintado por Schlesinger
Fuente: Wikipedia
La lógica, al menos la lógica clásica,  no admite discusión. Una proposición es verdadera o falsa, pero la dialéctica si la admite, es más, la dialéctica – parafraseando a Sadam - es la madre de todas las discusiones.

Y esa naturaleza dialéctica del Derecho hace que tanta gente viva de este negocio. Unos se dedican a la tesis – abogados, fiscales, abogados del Estado y demás figuras que pueden actuar ante un tribunal – como una de las partes en un litigio, otros se dedican a la antítesis – otros  abogados, otros fiscales, etc - y representan a la otra parte. Y otros se dedican a la búsqueda de la síntesis, resolución o sentencia que son los jueces y magistrados.

Es quizá esa naturaleza dialéctica que sustenta el Derecho la que me hace incapaz de entender en toda su magnitud las leyes, las sentencias judiciales, el mecanismo judicial o procesal. Y es también por esa razón, porque no comprendo todo este entramado, por lo que cuando voy por la plaza de Castilla, en dónde están los juzgados de Madrid, procuro no pasar por la misma acera y me entran unas enormes ganas de cruzar los dedos. Tengo miedo de la Justicia porque no la entiendo.

No entiendo y el sentido común no me ayuda a comprender, por ejemplo, lo que ha pasado con el Juez Garzón, no comprendo que el juez que instruyó el caso Gürtel sea juzgado y condenado antes que los verdaderos acusados del mismo caso. Y no comprendo que ahora parte de las pruebas en contra de los que han cometido toda clase de fechorías se vayan a quedar invalidadas a consecuencia de la condena del juez. No entiendo nada que no se tenga en cuenta la opinión del fiscal. No comprendo que las pruebas que aparentemente favorecían a Garzón se desestimaran  y se admitieran las que lo inculpaban. No puedo entender que no se admitiera ninguno de los razonamientos de Garzón porque aunque fuera un diablo, como decía Machado, “El Demonio, a última hora, no tiene razón; pero tiene razones”. No entiendo que en otros casos se haya procedido a grabar las conversaciones entre los abogados y los clientes porque según la policía había indicios de delito y, en este caso, en el que aparentemente se daban las mismas circunstancias, sea un atentado contra el derecho de defensa. No entiendo muy bien que se deniegue la recusación de un magistrado que ha actuado como instructor en otros casos contra Garzón, aparentemente, puede ser posible que no esté en mejores las condiciones para ser imparcial y de ser así, por el mismo derecho de defensa que se pretende defender, debería haberse aceptado la recusación. No entiendo que si la otra parte pide diez años de inhabilitación, el tribunal lo condene a once. Y todo esto no lo comprendo del caso que más discusión puede ofrecer de los tres en los que Garzón está encausado, porque de los otros dos ya ni hablamos. Y, por último, no entiendo la reacción agresiva de determinadas personas – miembros o no del tribunal – ante el aluvión de críticas que se le ha venido encima con la sentencia. ¿Es delito tener una opinión contraria a la manifestada en una sentencia mientras no se eche mano del insulto, la calumnia o cualquiera otra de este tipo de malas artes?, porque si lo es, me callo inmediatamente pues como he dicho soy persona obediente, pero antes de callarme diré que no parece muy democrático, ni siquiera parece muy dialéctico.

No pongo en duda la honorabilidad, la profesionalidad y el profundo conocimiento de la ley que tienen los miembros del Tribunal Supremo, ¿quién soy yo para afirmar lo contrario?, simplemente necesito una explicación porque, dada mi incapacidad ya manifestada y reconocida, no entiendo nada. A lo mejor hay por ahí algún leguleyo supralógico que, con el dominio de la dialéctica, pudiera ayudarme.


Juan Carlos Barajas Martínez

(*) Gödel se hizo famoso por muchas cosas, entre otras, puso a temblar los cimientos de las matemáticas con sus dos teoremas de incompletitud, hizo dudar a Einstein de su propia teoría de la relatividad y fue capaz de desarrollar una demostración en lógica modal de la existencia de Dios ( el llamado argumento ontológico de Gödel, el que quiera verla la tiene en http://www.slideshare.net/rafael.mora/los-argumentos-ontolgicos-de-san-anselmo-y-kurt ).
Evidentemente con un individuo así se me hace muy poquito que sólo encontrara un error en la Constitución de los Estados Unidos.

Fotos tomadas de la página web del Instituto de Estudios Avanzados:
http://www.ias.edu/people/godel/institute



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La Mecánica Celeste


¡Qué fácil era la vida antes de la Mecánica Cuántica!. Todo se podía explicar, toda causa tenía sus efectos y todo efecto se podía explicar por sus causas. Galileo y Newton nos enseñaron a predecir el futuro, ya podíamos saber con antelación para cuándo el próximo eclipse de Sol, por qué se caían las manzanas de los manzanos, cuándo entraban en conjunción Júpiter y Saturno y, usando el mecanismo de la deducción,  por qué Juan es mortal a partir de que todos los hombres son mortales.

Así que nuestro Universo era como un reloj, con sus engranajes perfectos que coincidían perfectamente unos con otros en un movimiento perfecto. Y en el centro estaba el ser humano muy cerca del punto en el que nada se mueve. El centro de coordenadas. Y claro, no nos quedó otra que bautizar al invento con el nada presuntuoso nombre de mecánica celeste.

Y por fin llegó ese maldito siglo XX que a lo mejor tendríamos que habernos saltado, ese siglo que se empeñó en contarnos la verdad y despertarnos de nuestro sueño racional, y sesudos pensadores nos demostraron que hay lugares, muy pequeños pero al fin y al cabo existen, en los que las causas y los efectos no casan tan bien, en los que un gato de nombre impronunciable – Schrödinger – puede estar muerto y vivo al mismo tiempo y no te puedes acercar a lo observado porque fastidias el experimento.


¡Qué inseguridad!, con lo bien montado que estaba nuestro Universo precuántico. Y claro estas cosas no se pueden guardar en el patio trasero de nuestra casa, acaban sabiéndose y lo impregnan todo, creando confusión, ofuscando a los sensatos, alterando el orden natural de las cosas.

De esta manera, el prudente banquero deja de prestar dinero a los solventes sino a los que sabe que no se lo van a poder devolver, los Estados premian al banquero restituyendo el dinero que ha perdido con tan poco productivo negocio, y los Estados piden dinero a los bancos a un interés impagable para poder  pagar el dinero que les prestó antes. Pura mecánica cuántica. La causa y el efecto mezclados en una orgía sin método.

Pero incluso en el Reino de lo Cuántico – en el que reina la Reina de Corazones, ¡qué le corten la cabeza! - hay que hacer balances, y alguien tiene que pagar. Así que siguiendo la lógica perversa de tan enrevesado Universo, los que tienen que pagar son los que menos tienen, hay que recortarles los beneficios, los sueldos. Más horas, más días y más años para trabajar los que trabajan, más horas, más días y más años de paro para los que no trabajan. Hay que volver a pagar al médico como si no se cotizase a la Seguridad Social y lo llaman copago cuando lo deberían llamar repago. Hay que ver qué pasa con las pensiones de los más mayores no vaya a ser que pasen sus últimos años cómodamente y sin problemas.

Y todo esto es indiscutible. Por favor, ¡este es el nuevo orden cuántico!, no se puede alterar si no queremos provocar alguna explosión cósmica, que el vuelo de una mariposa en Hong Kong puede tener relación con una tormenta en Nueva York, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora pretendemos discutir a Heisenberg.

De todo este maremagnum sólo se salva una variable, el tiempo, que sigue siendo secuencial, al menos por el momento. El tiempo según Einstein puede dilatarse o contraerse, que todo es relativo, pero al lunes le sigue todavía el martes y a febrero, marzo. Y a un año, el siguiente, de forma que todos los años seguimos teniendo navidades y “Qué bello es vivir” en la tele.

Y en estas fechas tan señaladas, en este tiempo tan entrañable que visto como están las cosas se contraerá en lo posible, proliferan los buenos sentimientos, la esperanza, los buenos deseos y yo no puedo ser una excepción. Os deseo, queridos lectores, queridos amigos, mucha salud, el bienestar que os sea posible conseguir, la compañía de la familia y los amigos. Os deseo feliz navidad. No os podéis imaginar lo que agradezco que me leáis. Muchas gracias.



Juan Carlos Barajas Martínez




Para el que quiera ampliar más:


La paradoja del gato de Schrödinger: http://es.wikipedia.org/wiki/Gato_de_Schr%C3%B6dinger





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