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La familia vista desde distintas perspectivas

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En un artículo que escribí para este mismo blog hace poco más de un año, utilicé - como ejemplo para introducir la definición sociológica de la familia – la historia de un cumpleaños de una amiga al que mi familia y yo fuimos invitados en el sur de Francia. Era una gran fiesta familiar, que se celebra todos los años con diferentes excusas, que une a abuelos, padres, hermanos, hijos y primos venidos de todas las partes de Francia e, incluso como en el caso de nuestra amiga, desde España. El fin último de la fiesta es reforzar los lazos familiares sometidos a la distancia, ponerse al día, recordar a todos los que no están, comer bien, beber mejor y jugar a la petanca. Todo ello al estilo del sur de Francia tan próximo al nuestro, mucho más próximo de lo que tanto ellos como nosotros pensamos.

En este artículo quiero exponer las diferentes visiones de la familia dadas por las distintas escuelas sociológicas y, antes de entrar en materia, debemos repasar brevemente esas definiciones que ya vimos en el artículo del que hablábamos en el párrafo anterior. 

Según Macionis (1)  y Plummer (2), la familia es una institución social que agrupa a los individuos en grupos cooperativos encargados de tener y cuidar a los niños. Estas unidades sociales se basan en el parentesco  que es un vínculo social definido por la relación sanguínea, el matrimonio o la adopción. Esto quiere decir que son parientes los cónyuges, los hijos o los primos, pero también ese cuñado tan listillo que te da la charla todas las nochebuenas o el hijo adoptado a pesar de no existir ninguna relación consanguínea.

Como ha quedado claro en la definición, las familias se forman por el matrimonio, una relación social sancionada legal o normativamente o simplemente por las pautas socialmente admitidas, que se espera duradera y que engloba la cooperación económica, la actividad social y el cuidado de los niños. Tanto el matrimonio como la familia son universales culturales, es decir, podemos encontrar alguna forma de familia o de matrimonio en todas las sociedades aunque tengan diseños, pautas y manifestaciones diferentes.

Asimismo, en la práctica totalidad de las sociedades se puede identificar lo que los sociólogos y antropólogos denominan familia nuclear que consiste en una estructura formada por dos adultos que viven juntos en un hogar con los hijos propios o adoptados. En la mayoría de las sociedades agrarias tradicionales la familia nuclear – no como pasa en las sociedades modernas industriales en que son protagonistas absolutas del tejido social – está sumergida o difuminada en una red de parentesco más amplia. Además de la pareja casada y sus hijos conviven - o al menos tienen un contacto íntimo y continuo -  con otros parientes. Esta es la familia extensa, que incluye a los abuelos, a los hermanos y las esposas, las hermanas y los esposos, tíos y sobrinos. Estas familias extensas, antes de la revolución industrial, tenían un interés económico, eran unidades de producción, todos trabajaban el campo compartiendo recursos, como propietarios, como arrendatarios o, simplemente, como jornaleros; y trabajaban desde niños hasta ancianos. 

En las sociedades industriales y posindustriales los vínculos de la familia extensa se han hecho mucho más laxos, debido a la pérdida de la función económica que antaño tenían y la separación geográfica impuesta por la vida moderna sobre todo por la emigración del campo a la ciudad.

Y ya que hablamos de modernidad reciente hay que decir que estas definiciones se hacen los suficientemente amplias como para ajustarse, no sólo a los distintos tipos de sociedades, sino también a las nuevas formas de la familia posindustrial como las familias con parejas del mismo sexo o las derivadas de los divorcios como las monoparentales o las de varios núcleos por emparejamientos sucesivos o, las derivadas de nuevas pautas sociales, como la cohabitación de hecho.

Bien, ya asentado el concepto de familia, tenemos que decir que, como pasa en muchos otros conceptos sociológicos, las distintas perspectivas teóricas ofrecen distintos puntos de vista acerca de la familia. Así que vamos a darnos un garbeo por las diferentes escuelas a ver qué opinan sobre la familia como institución social y sobre su papel en la sociedad. Echaremos una ojeada a las perspectivas funcionalista y crítica, desde un punto de vista macrosociológico y a los análisis del interaccionismo simbólico y la teoría del intercambio, ambas de orientación microsociológica.

Funcionalismo
Como hemos visto a lo largo de varios artículos de Sociología Divertida, para el funcionalismo la sociedad puede entenderse metafóricamente como un organismo vivo que se compone de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función o funciones necesarias para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es un sistema complejo cuyas partes “encajan” entre sí produciendo un equilibrio o estabilidad social.

Para la corriente principal del funcionalismo nuestras vidas están orientadas según la dirección que marcan ciertas estructuras sociales, entendiéndose por éstas pautas relativamente estables de relaciones sociales, por ejemplo, las relaciones familiares, las conductas ritualizadas, y otras, que implican comportamientos relativamente estables y predecibles. Así para Talcott Parsons (3), el máximo representante de este paradigma, la sociedad tiende al equilibrio y a la estabilidad. Pero para que este equilibrio se mantenga y puedan permanecer en el tiempo, las sociedades deben cumplir una serie de requisitos que denominó prerrequisitos funcionales como la adaptación al entorno, la satisfacción de los objetivos o la cohesión social entre otros.

Según el paradigma funcionalista la familia cumple cuatro objetivos básicos que la hacen ser una institución esencial para el buen funcionamiento de una sociedad.

En primer lugar la familia cumple la función de socialización de los hijos, entendida como el aprendizaje de las herramientas básicas para ser miembros bien integrados en la sociedad. No es la única institución social implicada en esta tarea, también está el sistema educativo por ejemplo, pero la familia es esencial sobre todo en los primeros años de la vida de los individuos, aunque por supuesto, la socialización familiar continúa a lo largo de toda la vida. Y curiosamente, como saben todos los padres, no sólo los hijos aprenden de éstos sino que los progenitores también aprenden de los hijos. Yo concretamente, tengo conciencia de que la música que me gusta está pasada de moda gracias a la insistente reiteración del asunto por parte de mis hijos. 

En segundo término, los funcionalistas señalan la función de regulación de la actividad sexual. Todas las culturas racionalizan la sexualidad mediante sus formas matrimoniales, que como hemos dicho pueden ser muy diferentes de una sociedad a otra, a fin de mantener un cierto orden en la organización del parentesco y los derechos de propiedad. Un universal cultural relacionado con el parentesco y la sexualidad es el tabú del incesto que es una norma que evita las relaciones sexuales o el matrimonio entre parientes y que también, a pesar de su universalidad, adquiere formas diferentes. 

La tercera función es la reproducción. La familia es el ámbito en el que nacen los niños y esta función es vital para que la sociedad perdure. La identidad social del individuo definida, entre otras características, por la etnia, la religión y la clase social viene fijada por el nacimiento en el ámbito de una familia determinada. La posición socioeconómica en el origen viene marcada por la familia.

Y, por último, los funcionalistas dicen que ante un mundo exterior hostil, la familia proporciona seguridad material y emocional. El individuo busca entre sus parientes cercanos protección física, apoyo emocional y asistencia económica y, en mayor o menor medida, casi todas las familias proporcionan estas ayudas, lo que no quiere decir que no existan conflictos económicos y relaciones difíciles en su seno. De hecho sabemos que en un país como España, en el que la familia es culturalmente muy importante, esta institución ha hecho de válvula de escape, de salvavidas, ante los rigores de la crisis económica. Muchas familias con sus miembros en paro han tenido que recurrir a los sueldos de los padres o a los abuelos y sus pensiones para poder sobrevivir y, aun sin crisis, hemos visto a los abuelos hacerse cargo de los nietos mientras los padres cumplían horarios laborales muy extensos. Podemos encontrar miles de ejemplos de esto que estamos hablando.

Los críticos al enfoque funcionalista le reprochan tener una visión idílica de la familia sin entrar a analizar que existen familias disfuncionales en las que los cónyuges mantienen relaciones sexuales fuera del matrimonio o se dan situaciones de violencia y abuso. Es más, el funcionalismo presta poca atención al grado en que otras instituciones sociales, como por ejemplo el gobierno y la administración, mediante las políticas públicas, pueden satisfacer alguna de las necesidades de las que tradicionalmente se ocupaban las familias.

Sociología del conflicto
Bajo el nombre de paradigma o sociología o teorías del conflicto se agrupan las teorías sociológicas que analizan a la sociedad desde el punto de vista de la desigualdad, el conflicto y el cambio social. Se resaltan las relaciones de dominación que enfrentan a las diferentes categorías de personas y, en el ámbito internacional, a los conflictos entre distintas sociedades que compiten entre sí. Se analizan también las estrategias que emplean los dominadores para mantener su posición y de los dominados para intentar mejorar su situación.

Al hablar de sociología del conflicto es inevitable citar a Carlos Marx (4), cuyas ideas han ejercido una notable influencia en los autores de esta corriente hasta nuestros días. Pero aparte de Marx hay muchos sociólogos importantes en esta corriente como Althusser (5), Dahrendorf (6) y los miembros de la Escuela de Francfort (7).

Al igual que en el funcionalismo, el paradigma del conflicto considera a la familia como una institución central de la sociedad. Pero en vez de fijar su atención en cómo la familia beneficia al conjunto de la sociedad y ayuda a que se cumplan los prerrequisitos funcionales parsonianos, los teóricos del conflicto investigan cómo la familia perpetúa la desigualdad.

En primer lugar, las familias contribuyen a la concentración y a la reproducción de la riqueza y a la reproducción de la estructura de clases entre generaciones. Dicho de un modo marxista, de padres burgueses hijos burgueses.

En segundo lugar, según Engels (8),  la familia perpetúa el patriarcado, es decir, el fenómeno por el cual la organización social se basa en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia. Engels afirmaba que el único modo de identificar a los herederos para transmitir sus propiedades era controlar la sexualidad de las mujeres, de manera que éstas se convierten en propiedad económica y sexual de los hombres.

Y por último, la familia según los teóricos críticos la familia contribuye a mantener las categorías raciales  , étnicas y de clase entre generaciones pues las personas se   suelen casar con sus iguales, tanto desde el punto de vista de la etnia como de la clase social a la que se pertenece.
  
Para los críticos con la perspectiva radical no se puede afirmar, como dijo Engels, que la familia es parte integral del capitalismo, ya que las sociedades no capitalistas también están compuestas por familias con el mismo tipo de problemas. Y que existen ciertas funciones que difícilmente se pueden realizar sin la institución de la familia.

Interaccionismo Simbólico
Dentro de la visión microsociológica de la sociedad destaca un enfoque denominado Interaccionismo simbólico que - como indicamos en el artículo anterior sobre los primeros tiempos de la sociología norteamericana -  tiene su máximo exponente en el filósofo norteamericano George Herbert Mead (9).

El interaccionismo simbólico se centró en explicar cómo las personas van construyendo su propia identidad y definiéndose a sí mismas a través de sus interacciones con otras personas. Y aún fueron más ambiciosos, para Mead y sus seguidores, la sociedad es el producto o resultado de las interacciones cotidianas de las personas, que van definiendo o dotando de sentido al mundo social que les rodea. Algo así como un agregado total de las visiones de todos los individuos.

Siguiendo esta filosofía, la vida familiar consiste en un grupo de individuos que interactúan entre sí en un contexto de intimidad y proximidad. Como resultado de compartir, en ese entorno íntimo, una amplia variedad de actividades durante un período tan dilatado de tiempo, los componentes de la familia desarrollan unos fuertes lazos emocionales entre sí. Estos lazos y relaciones cambian a lo largo del tiempo, las relaciones entre padres e hijos varían según la edad, pero, por muy mayores que sean en general siempre se sienten preocupados e implicados en el bienestar de todos.

Teoría del Intercambio
La teoría del intercambio, otro enfoque microsociológico, descrita en primer término por el sociólogo norteamericano George Homans (10), concibe la conducta social como un intercambio de actividad - tangible o intangible, más o menos gratificante o costosa - entre al menos dos personas.

Profundizando un poco más, Peter Blau (11) - otro de los autores de esta teoría - opina que toda relación social implica un proceso de negociación en el que se intercambian recompensas, que pueden ser intrínsecas - por ejemplo amor, afecto, respeto - o extrínsecas - por ejemplo dinero o trabajo físico -. Como es natural, las partes  no siempre pueden proporcionarse recompensas idénticas, cuando hay desigualdad en el intercambio emerge una diferencia de poder en la relación y surge un proceso de negociación.

En este proceso de negociación que surge en un intercambio, cuando una parte necesita algo de otra pero no tiene nada comparable que ofrecer, el individuo afectado dispone de cuatro alternativas. Puede obligar a la contraparte a que le proporcione eso que necesita, o puede identificar otra fuente en la que obtener eso tan importante, también puede intentar seguir viviendo sin eso que le es necesario y, la alternativa más importante según Blau, puede someterse a la otra parte.

El cortejo, el matrimonio y la formación de una familia son casos particulares de intercambios entre actores y, como tales, derivan en procesos de negociación. Los individuos intentan conseguir la mejor opción a la hora de seleccionar una pareja. 

Si contemplamos el conjunto de intercambios de cortejo y matrimonio podemos contemplar la existencia de un mercado matrimonial que podríamos definir como el lugar teórico de encuentro del conjunto de hombres y mujeres que en un momento dado están dispuestos a constituir legalmente una pareja.
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La atracción física constituye una dimensión muy importante en este tipo de intercambio social. En las sociedades patriarcales y, más en concreto en nuestra sociedad occidental, la belleza física ha sido uno de los recursos ofertados por las mujeres en el mercado matrimonial. El alto valor asignado a la belleza explica la tradicional preocupación de la mujer por la apariencia física y su reparo a declarar su edad. Por contraste los hombres ha sido frecuentemente juzgados por su capacidad económica. En la actualidad la incorporación de la mujer en el mercado de trabajo ha debilitado su dependencia de los hombres y los términos del intercambio han variado, muchas mujeres - no todas - las cosas no cambian tan rápido, también eligen en las mismas condiciones que los hombres y, sintomáticamente, las ventas de cosméticos para éstos se han disparado.

Con los enfoques microsociológicos tenemos el punto de vista del individuo. De cómo experimenta su vida familiar y de cómo dan forma de modo creativo a esta realidad. Esto desde el funcionalismo o desde la sociología del conflicto es mucho más difícil de entender pues su objeto de estudio es la sociedad en su totalidad. Del mismo modo, corremos el riesgo de que ciertas características de orden social se nos oculten si nos fijamos sólo en el individuo. Yo no renuncio a ninguna perspectiva.

No vamos a ir más allá en nuestra explicación pues tampoco es mi intención hacer un tratado de sociología de la familia. Hemos dado un repaso a la idea de la familia según distintas escuelas de un modo bastante completo y he aprovechado para introducir a la interesante teoría del intercambio que, según recuerdo, creo que todavía no habíamos tocado en Sociología Divertida.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:
1. John Macionis es profesor de sociología en el Kenyon College en Ohio, EEUU.
2. Ken Plummer es profesor de sociología en la Universidad de Essex, Reino Unido
3. Talcott Parsons  fue un sociólogo estadounidense. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología
4. Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx, fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío.
5. Louis Althusser  fue un filósofo marxista,  considerado además como estructuralista.
6. Ralf Gustav Dahrendorf, Baron de Dahrendorf, fue un sociólogo, filósofo, politólogo y político germano-británico. Es considerado uno de los autores fundadores de la teoría del conflicto social.
7. Se conoce como Escuela de Fráncfort (o Escuela de Frankfurt) a un grupo de investigadores que se adherían a las teorías de Hegel, Marx y Freud y cuyo centro estaba constituido en el Instituto de Investigación Social, inaugurado en 1923 en Fráncfort del Meno. También se les considera representantes de la teoría crítica que allí se fundó. Autores importantes de esta corriente fueron: Horkheimer, Adorno y Habermas
8. Friedrich Engels, llamado a veces en español Federico Engels, fue un filósofo y revolucionario alemán. Amigo y colaborador de Karl Marx, fue coautor con él de obras fundamentales para el nacimiento de los movimientos socialista, comunista y sindical, y dirigente político de la Primera Internacional y de la Segunda Internacional.
9. George H. Mead filósofo pragmático, sociólogo y psicólogo social estadounidense. Teórico del primer conductismo social, también llamado interaccionismo simbólico en el ámbito de la ciencia de la comunicación.
10. George Casper Homans fue un sociólogo estadounidense, fundador de la sociología del comportamiento y de la teoría del intercambio social.
11. Michael Peter Blau fue un sociólogo y teórico estadounidense. Produjo teorías con muchas aplicaciones dentro de los fenómenos sociales, incluida la movilidad ascendente, oportunidad de trabajo, la heterogeneidad, y cómo las estructuras de población pueden influir en el comportamiento humano

Bibliografía:

Teoría Sociológica Moderna
George Ritzer
5ª Edición
ED. McGraw-Hill
Madrid 2001

Sociología
Anthony Giddens
3ª Edición
Alianza Editorial
Madrid 2000

Sociología
John J. Macionis y Ken Plummer
Paerson-Prentice Hall
Madrid 2005

El Mercado Matrimonial
Juan Carlos Barajas
Sociología Divertida 2011

¿Qué es la Sociología?
Juan Carlos Barajas
Sociología Divertida 2014

es.wikipedia.org

en.wikipedia.org


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La familia vista desde distintas perspectivas por Juan Carlos Barajas Martínez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

La Socialización


Dibujo de la primera edición de 1895 del Libro de la Selva. (Wikipedia)



Los niños salvajes. La literatura nos ha hablado muchas veces de ellos, niños criados por animales o, simplemente, apartados de todo contacto con sus congéneres humanos, ¿quién no recuerda a Mowgli de Rudyard Kipling  o Tarzán de Edgar Rice Borroughs  o la leyenda de Rómulo y Remo fundadores de Roma? (1).

Hay registros de casos históricos de niños salvajes, uno de los más sonados es el de Víctor de Aveyron que fue encontrado en 1799 en aquel maravilloso departamento del sur de Francia o Amala y Kamala  las niñas loba de Midnapur en la India, incluso tenemos un caso en suelo patrio, el de  Marcos Rodríguez que vivió sólo en el monte desde los 7 a los 19 años (2).

Podemos hablar, y de éstos hay muchos más casos, de niños confinados por familiares que se avergonzaban de ellos por alguna discapacidad o porque la discapacidad la tenían los padres o por ambas causas, periódicamente saltan a la prensa noticias de esta índole.

Todos estos casos tienen en común que se trata de personas y personajes que han sufrido aislamiento social en una etapa esencial del desarrollo personal. Y todos presentan grandes carencias  emocionales, tienen grandes problemas para la expresión hablada, incapacidad para la relación con lo demás y retraso psicológico. Cuanto más temprano es el aislamiento y más tardío su hallazgo, más difícil es integrar a estas personas en la sociedad. Por este -a veces- nulo contacto con otros seres humanos y por el trato vejatorio que sufren en ocasiones, su educación es extremadamente compleja y a menudo frustrante para los profesionales que se ocupan de su reinserción y para los tutores que los acogen. Suelen pasar de un hogar adoptivo a otro y es frecuente que mueran jóvenes. Estas personas no han tenido la oportunidad de experimentar el proceso que hace que un recién nacido termine convirtiéndose en un ser social. A este proceso se le llama socialización.

Mediante la socialización los individuos aprenden e interiorizan los valores y normas de la cultura en la que les ha tocado vivir, proceso necesario para alcanzar las habilidades necesarias para ser una persona socialmente competente. Este aprendizaje de la cultura es típico de los seres humanos y es necesario para su propia supervivencia.

Y esta tarea de aprender a vivir en sociedad es una labor que dura toda la vida, pues según se van cumpliendo años se van desempeñando nuevos roles y funciones, lo que exige estar en permanente contacto con personas de la misma cultura.

La experiencia social es la base sobre la que construimos nuestra personalidad, es decir, el entramado coherente de formas de pensar, sentir y actuar de cada persona. Construimos nuestra personalidad interiorizando el entorno social que nos rodea por lo que, para las personas que padecen de aislamiento social, desarrollar la personalidad es una labor prácticamente imposible. 

Algunos autores diferencian entre socialización primaria y secundaria. La primera sería la que tiene lugar en los primeros años de vida hasta la edad adulta. Tradicionalmente se le ha dado más importancia a esta fase de la socialización porque lo aprendido en la infancia determina significativamente los recursos  emocionales, las respuestas aprendidas y las estrategias de actuación que el individuo usa en la edad adulta. Pero hoy en día se insiste mucho en el carácter continuo del proceso desde la cuna a la tumba.

En esa formación de la personalidad que supone la socialización, basada en la interiorización de las pautas culturales, se construye el comportamiento social. Las diferencias de comportamiento entre personas que pertenecen a distintas culturas se explican por los diferentes condicionamientos sociales que, de una u otra manera, siempre están determinados culturalmente. Pero es más, dentro de una misma sociedad, hay comportamientos diferentes dependiendo de condicionamientos sociales que están relacionados con el entorno próximo de la persona como puede ser el seno familiar o la clase social a la que se pertenece.

Aquí nos surge la pregunta de si todo el comportamiento social es aprendido socialmente, más concretamente, de si existe alguna influencia de la biología en la conducta humana. Bueno, los seres humanos no dejamos de tener una naturaleza animal por muy erguidos que andemos y muy preparados que  estemos a priori para entender la incomprensible Ecuación de Onda de Schroedinger (3), así que también respondemos a nuestras características biológicas o genéticas. Hay un carácter hereditario en las características físicas e, incluso, en ciertas características de la personalidad como  el modo que se reacciona ante ciertos estímulos o a la frustración o también hay un cierto componente hereditario en las habilidades artísticas. Ahora bien, si no hay un entorno social apropiado esas habilidades no se desarrollarán adecuadamente. 

Anthony Giddens (4) se plantea si, dado que el entorno cultural en el que nacemos y alcanzamos la madurez tienen tanta influencia sobre nuestro comportamiento, no es sensato pensar que se nos priva de individualidad o de voluntad propia. Es decir, plantea el problema de la relación entre la socialización y la libertad individual

Se podría pensar que nos agarramos a unos moldes preestablecidos para nosotros por la sociedad. El hecho de que durante toda nuestra vida interactuemos con nuestros semejantes condiciona – como hemos venido sosteniendo desde el principio – nuestra personalidad, pero la socialización es también el origen de nuestra propia individualidad y libertad ya que en el proceso desarrollamos nuestra propia identidad y la capacidad de pensar y actuar independientemente.

Giddens ilustra esto con el ejemplo del aprendizaje del lenguaje. Todos estamos condicionados por las reglas de uso lingüístico, sin embargo al mismo tiempo, comprender el lenguaje es unos de los factores básicos que hacen posible nuestra conciencia de nosotros mismo y nuestra creatividad.

Cuando se estudia el proceso de socialización se habla también de los agentes de socialización, es decir, las agencias formales o informales que colaboran en el proceso. Las agencias más estudiadas son la familia, la escuela, el grupo de iguales o de pares, y los medios de comunicación.
 
La familia es el agente de socialización más importante. Esto es porque los primeros años de vida de una persona giran alrededor del núcleo familiar. En la mayoría de los casos son los padres y parientes próximos los que garantizan la supervivencia del niño. Hasta la llegada del colegio, la familia es la única institución social que transmite al niño los valores y normas culturales.

Esta socialización familiar se desarrolla de forma continua, sin seguir ningún programa y los niños absorben como esponjas todo lo que ven en el núcleo familiar empezando con ello a desarrollar su propia personalidad. Y curiosamente, más que la mayor o menor severidad en la educación familiar, lo más importante según los investigadores es la atención que recibe el niño. El contacto físico, la estimulación verbal y el interés que muestran los padres es esencial para el desarrollo infantil y para el equilibrio emocional del niño.

Como ya hemos visto en los artículos de estratificación social (5) la familia transmite al niño un estatus social. Los elementos que constituyen su estatus, como la clase social, pueden cambiar a lo largo de la vida, si me permitís la maldad es más fácil la movilidad descendente que la ascendente,  pero lo más probable es que se produzca un mantenimiento del estatus o reproducción social. En cualquier caso, el estatus social de la familia de origen siempre va a tener alguna influencia en la vida de las personas. Factores como la educación, las redes de contactos, los valores y las aspiraciones que se han vivido en el seno de la familia constituyen un capital cultural que la persona en la edad adulta va a utilizar para intentar mejorar o mantener su posición socioeconómica.

En la escuela, el niño entra en contacto con otras personas que no pertenecen a su entorno familiar, de esta manera, su mundo se ensancha. Aprende a valorar la importancia de conceptos como el género, la etnia, la clase y empieza a actuar de acuerdo a esas valoraciones.

En la escuela hay un aprendizaje formal que sigue el temario oficial pero también aprenden otras cosas que no se enseñan formalmente, lo que Macionis y Plummer denominan currículo oculto, que consiste en una enorme cantidad de mensajes, explícitos o implícitos, en las actividades como juegos o deportes, que reciben los niños y que sirven de refuerzo para la asimilación de los valores de la sociedad en la que viven.

En la enseñanza formal los niños aprenden que pueden ser evaluados de forma impersonal por los profesores, tienen que aceptar que personas ajenas a la familia les valoren según un sistema normativo establecido, según reglas formales y rígidas sin el componente afectivo que suele formar parte de las relaciones familiares. Los niños por primera vez se enfrentan a un entorno que luego será normal en su vida adulta al incorporarse al mundo laboral y pertenecer a una organización o empresa.
Al entrar en la escuela los niños descubren además a otros niños de la misma edad, posición social más o menos parecida e intereses comunes. Son los que los padres llamamos “los amigos de mi hijo o de mi hija” y que en sociología se conoce por el término del grupo de iguales. El grupo de iguales suele estar compuesto por varios círculos complementarios de vecinos, compañeros del colegio o del equipo deportivo o de otras actividades. 

Es en este ámbito en el que los muchachos eluden el control de los adultos, al contrario de lo que pasa en la familia o el colegio. Aquí ganan cierta independencia personal que les resulta clave para aprender a establecer sus propias relaciones sociales y formarse una imagen de sí mismos diferente de la que reciben de padres y profesores. Esta falta de control, que también percibimos los padres, nos trae a maltraer y andamos siempre tratando de averiguar con quien van nuestros hijos y a qué se dedican, conocedores de que las buenas compañías son esenciales para ellos. En esta época los jóvenes pueden desarrollar un fuerte sentimiento de adhesión, incluso sumisión, al grupo de iguales que les ofrece esa nueva identidad, y esto, los padres lo sabemos.

Se trata de una época con un cierto riesgo pero necesaria para el desarrollo de la persona. En general el conflicto entre padres y grupo de iguales no pasa a mayores, sobre todo entornos en los que no hay problemas de marginalidad. El grupo de iguales puede quizá formar los gustos musicales del adolescente o su modo de vestir pero normalmente son los padres los que más influyen en las decisiones importantes y que tienen consecuencias a largo plazo.

La última agencia de socialización y la más moderna son los medios de comunicación de masas. Hay muchas investigaciones que demuestran que la televisión y, más recientemente los medios relacionados con internet, tienen una gran influencia en la vida de las personas, que imitan modos y maneras de vivir que ven en esos medios. Antes de que un niño aprenda a leer ya se ha chupado miles de horas de televisión y cada vez se accede más pronto a los servicios que ofrece internet (6). Por eso debe ser una preocupación de las familias y de los poderes públicos el contenido de los programas destinados a niños y jóvenes. La obligación de los medios a respetar el horario infantil y el control parental de los accesos a internet no son ninguna tontería, aunque también hay que decirlo, sobreproteger en este sentido es también perjudicial, se puede hacer perder gratos ratos de diversión a los niños como mínimo, incluso se puede convertir en un problema de relación para los chicos si no ven un programa de moda que ven la mayoría de sus iguales.

Como hemos comentado desde el principio del artículo el proceso de socialización dura toda la vida de la persona y se va adaptando a la edad y los roles sociales que se desempeñan en un período concreto de la vida.

Ya hemos visto cómo la familia y la escuela como socializan a los niños durante su infancia. En nuestra cultura pensamos en la infancia como una época de relativa libertad, exentos de responsabilidades, sin embargo, esto no es así en otras culturas ni siquiera era así en nuestro países hace más de un siglo cuando los niños asumían ciertas responsabilidades de la vida adulta, en concreto, realizaban trabajos remunerados aunque evidentemente había diferencias entre el trabajo adulto y el infantil. Es decir, cuánto menos desarrollada económicamente está una sociedad más responsabilidades se tienen a edad más temprana.

Esto que en mi opinión está muy bien, me refiero a la protección de la infancia, tiene como contrapunto que, en palabras de Benedict citado por Macionis y Plummer (7),  en las sociedades tecnológicamente avanzadas hemos hecho “irresponsables” a los niños necesitados siempre del cuidado y atención de adultos “responsables”. Con lo que la infancia y la adolescencia en cierto modo se prolongan en el tiempo, dándose un curioso fenómeno, como tienen tan fácil el acceso a la información del mundo real quieren tener acceso a privilegios de la edad adulta sin el contrapeso de las responsabilidades derivadas de ser adulto. La educación de los chicos debe corregir estas carencias racionando responsabilidades y privilegios en función de su edad sin olvidar que son personas que se están formando. No es nada fácil.

 La transición entre la infancia y la edad adulta viene marcada por la adolescencia. El concepto de adolescente es relativamente reciente y muy “occidental”. Los cambios biológicos que suponen la pubertad, es decir, el momento en el que una persona es capaz de tener una actividad sexual adulta y es capaz de reproducirse, son universales. Sin embargo, la adolescencia se experimenta de forma distintas en distintas culturas, en muchas sociedades los jóvenes no experimentan el grado de confusión e incertidumbre tan habitual en los adolescentes occidentales de hoy. Tampoco en nuestro pasado se encontraban ciertas actitudes. Yo fui menos “adolescente” de lo que han sido mis hijos y mis padres fueron mucho menos “adolescentes” de lo que fui yo. No se me olvidará la historia de mi padre, recién terminada la guerra civil española, diciéndole a su maestra que si sólo se iban a limitar a cantar himnos patrióticos y a rezar que dejaba la escuela para ponerse a trabajar que en su casa había necesidad. Ese no es el sentido de la responsabilidad de un chico de catorce años de ahora ni mi sentido de la responsabilidad cuando yo tenía esa edad. La clase social, la situación y el grado de desarrollo económico hacen que la experiencia de la adolescencia sea distinta. 

La particularidad de ser adolescente en las sociedades occidentales está relacionada tanto con la expansión generalizada de los derechos del niño como con el proceso educativo formal. Si se extiende el periodo formativo implica la extensión de ciertos aspectos de la adolescencia por encima de los veinte años. Y, en cierto modo, el paro y la carestía de la vivienda también pueden prolongar la etapa adolescente, incapaces los jóvenes de hacerse económicamente independientes y de formar su propia familia.

Durante los primeros años de la edad adulta los rasgos de la personalidad están formados. Entre los veinte y los cuarenta años las personas tratan de cumplir los objetivos que se habían marcado. Y en ese intento se tienen que atender múltiples facetas de la vida que son díficiles de compatibilizar. Terminar el período de formación, los desafíos del trabajo, y las demandas de la pareja, los hijos, los padres. Las mujeres lo tienen aún más difícil, porque han logrado desembarcar en el mundo del trabajo pero en nuestra cultura se les sigue responsabilizando del hogar.

Entre los cuarenta y los sesenta, es decir, durante los años centrales de la edad adulta, las personas caen en la cuenta de que ya es poco probable que sus vidas vayan a mejorar significativamente. La salud comienza a fallar y la preocupación por mantenerla empieza a adquirir importancia en el catálogo de preocupaciones diarias.

Cerca de la jubilación, ya perdida toda esperanza de mejorar en el trabajo, se empiezan a lamentar los sacrificios hechos a favor de la empresa y a costa de la salud o la familia, se ve la imposibilidad de recuperar el tiempo perdido y se empiezan a albergar dudas de la propia valía aunque nadie la cuestione. Quizá no sea realista esperar grandes cambios en los últimos años de la vida laboral pero es sano mantenerse al día en el aprendizaje de nuevas técnicas y marcase nuevas metas aunque sean menos ambiciosas que las típicas de la juventud. 

Los hijos se independizan, si pueden, y se padece el síndrome del nido vacío al que la pareja se tiene que enfrentar y superar. El paro en estos años agudiza todos estos problemas con la desesperanza de encontrar un trabajo debido lo difícil que es que surjan ofertas para personas que la sociedad empieza a considerar viejos para según qué cosas.

El envejecimiento implica el deterioro físico. En la sociedad occidental este deterioro es más traumático para las mujeres a las que culturalmente se exige que estén siempre “estupendas” como se dice en el argot madrileño.

Existe el acuerdo más o menos tácito de que la vejez comienza a mediados de los sesenta. En las sociedades preindustriales (8) los ancianos gozan de cierto prestigio e influencia social, se les reconoce la sabiduría de la edad y los conocimientos útiles adquiridos por la experiencia. Sin embargo, en las sociedades industriales los jóvenes trabajan por cuenta ajena y fuera del ámbito familiar con lo que son independientes de sus mayores. Los cambios sociales se suceden tan rápidamente que a las personas mayores les es muy difícil mantenerse al día con lo que sus consejos y sabiduría pertenecen a una versión caducada de su sociedad. El culto a la juventud, a lo inmediato, a lo innovador hace el resto. Todo ello permite que se identifique la vejez con la decadencia física y psíquica.

Así que, en nuestra cultura, la vejez es en gran parte renuncia. Renuncia a responsabilidades y tareas que antes eran fuente de satisfacciones personales o que incluso definían la propia identidad social de la persona. Por eso es muy sano dirigir la jubilación hacia actividades que siempre se quisieron hacer pero que nunca se dispuso de tiempo para llevarlas a cabo.

La jubilación tiene otros problemas, una bajada importante en los ingresos con unas pensiones cada vez en mayor peligro por una pirámide demográfica desfavorable y por la desvergüenza de las medidas neoliberales de muchos gobiernos muy amigos de recortar en pensiones y que llevan a buena parte de los ancianos al umbral de la pobreza. 

También se tiene que producir un reajuste en la pareja. Al pasar en el hogar buena parte del tiempo que antes se dedicaba a trabajar, la pareja debe readaptarse y renegociar sus relaciones y las tareas domésticas. Muchas parejas no consiguen superarlo.

Hemos insistido desde el principio en que la socialización es un proceso de adaptación desde el nacimiento hasta el fallecimiento, y para finalizar el artículo debemos hacer una reflexión de lo que significa la muerte en nuestra cultura y en nuestro tiempo.

El Puente de la Capilla de Lucerna. Foto del autor.


Hace unos años visité con mi familia la bella ciudad suiza de Lucerna. En esta ciudad hay un puente medieval maravilloso, es el Puente de la Capilla o Kapellbrücke (9).  Construido en el año 1365 es el puente de madera más viejo de Europa. El puente tiene unas pinturas realizadas sobre la madera de los soportes del tejado. En esas pinturas hay una sobrerrepresentación de la figura de la muerte. De hecho mi hijo mayor, que entonces tenía doce años, me preguntó que por qué había tantas calaveras en las pinturas.

Y es que durante la mayor parte de la historia, las malas condiciones sanitarias y, en general, la dureza de la vida, hacían que la muerte se presentara en edades muy tempranas y estaba presente en todos los órdenes de la vida. Se convivía con ella, se tenía una clara conexión entre la muerte y la sucesión de las generaciones. Esto sigue pasando en las culturas tradicionales.

En el mundo moderno la mayoría de las personas mueren en recintos cerrados de los hospitales, apartados del contacto con sus parientes y amigos. En opinión de Anthony Giddens, hoy en día en Occidente a la muerte se la considera como el final de la vida individual,  como una entidad maligna que viene a castigarnos, a quitarnos el don de la vida, a fastidiarnos la fiesta, no lo vemos como parte del proceso de renovación de las generaciones en el que el individuo se va pero la familia y la comunidad viven indefinidamente. 

Quizás todo esto tenga que ver con el aumento de la esperanza de vida, el 85% de las muertes ocurren en el grupo de edad de las personas mayores de cincuenta y cinco años. Las personas viven mucho más que en la Edad Media y hemos apartado a la muerte de nuestras vidas, a nadie se le ocurre llenar un puente de pinturas con su representación.

Ahora bien a edades avanzadas se presenta un claro deterioro físico y a nadie se le escapa la proximidad del fin. En paralelo con la infrarrepresentación de la muerte en todas nuestras manifestaciones diarias se produce cada vez más un debate sobre el derecho a morir dignamente. Parece que cada vez son más los que prefieren una muerte natural a la prolongación de la vida por tecnologías médicas sofisticadas precedidas por lo general por un largo sufrimiento. Porque se ha prolongado mucho la vida pero no siempre con el bienestar físico y psicológico que un ser humano merece.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:

  1. Un niño salvaje es una persona que ha vivido fuera de la sociedad durante un largo período de su infancia. Esta categoría incluye desde personas que no han tenido el más mínimo contacto humano durante años hasta niños que han sido confinados en sitios donde solamente se les alimentaba. Se han conocido pocos casos pero han sido muy estudiados por su interés psicológico, médico y lingüístico. En los siguientes enlaces podeis encontrar información acerca de Mowgli, Tarzán y la leyenda de Rómulo yRemo
  2. En los siguientes enlaces podéis encontrar más información acerca de Víctor de Aveyron, Amala y Kamala y Marcos Rodríguez
  3.  La ecuación de Schrödinger, desarrollada por el físico austríaco Erwin Schrödinger en 1925, describe la evolución temporal de una partícula masiva no relativista. Es de importancia central en la teoría de la mecánica cuántica, donde representa para las partículas microscópicas un papel análogo a la segunda ley de Newton en la mecánica clásica. Las partículas microscópicas incluyen a las partículas elementales, tales como electrones, así como sistemas de partículas, tales como núcleos atómicos. Yo tuve muchos problemas para entender la dichosa ecuación y, en general, toda la mecánica cuántica cuando estudiaba las asignaturas de física y química en la Facultad.
  4.  Anthony Giddens (Londres, Inglaterra, 18 de enero de 1938) es un sociólogo inglés, reconocido por su teoría de la estructuración y su mirada holística de las sociedades modernas. También adquirió gran reconocimiento debido a su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía. Es considerado como uno de los más prominentes contribuyentes modernos en el campo de la Sociología, es autor de al menos 34 libros publicados en no menos de 29 idiomas —publicando en promedio más de un libro por año—. También se lo ha descrito como el científico social inglés más conocido desde John Maynard Keynes.
  5. Serie de artículos de estratificación social en Sociología Divertida
  6. Sobre los comportamientos sociales en relación con el uso de internet en Sociología Divertida hay dos artículos que tratan en profundidad el tema: “La Educación de los Hijos de la Revolución Digital” y “LaConexión Permanente"
  7.  John Macionis es profesor de sociología en el Kenyon College en Ohio, EEUU. Ken Plummer es profesor de sociología en la Universidad de Essex, Reino Unido
  8.  A este respecto a hay un artículo en Sociología Divertida, “LosTipos de Sociedades I: Las Sociedades Preindustriales
  9. Kapellbrücke (en español, 'puente de la capilla') es un puente que atraviesa el río Reuss en la ciudad de Lucerna, Suiza. Es una de las mayores atracciones turísticas de la ciudad helvética y después del Monte Cervino, es uno de los lugares más fotografiados por los turistas en Suiza. El Kapellbrücke, que cruza el río Reuss, es el puente de madera más antiguo de Europa y el segundo más largo (204,70 metros). Fue construido en 1365 y conecta la ciudad antigua con la ciudad nueva de Lucerna. El puente era más largo, pero sufrió un incendio que lo dañó severamente. En 1835, la parte dañada, de aproximadamente 75 metros, fue eliminada del puente. Esto fue posible gracias al relleno que se hizo de la orilla del río. En el techo del puente se hallan 111 espacios que contienen pinturas que muestran parte de la historia de Lucerna.

Bibliografía:

Sociología
Anthony Giddens
3ª Edición
Alianza Editorial
Madrid 2000

Sociología
John J. Macionis y Ken Plummer
Paerson-Prentice Hall
Madrid 2005

Conceptos Fundamentales de Sociología
Roberto Garvía
Ciencias Sociales
Alianza Editorial
Madrid 2003

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