Papá, ¿es verdad que cuándo tú eras pequeño había democracia?


Propaganda oficial para el Referéndum para la Reforma Política de 1977


Hasta no hace mucho, ¡hay que ver qué deprisa crecen!, mis hijos me preguntaban:

-          ¿Había cine en color cuando eras pequeño?
-          Si
-          ¿Pero no era en blanco y negro?
-          No, eso eran las teles
-          ¡Ah!
-          ¿Había ordenadores?
-          Si hijo
-          ¿Y cómo eran?
-          Muy grandes y lentos
-          ¡Ah!
-          ¿Había móviles?, ¿cómo eran los videojuegos?, ¿jugabais al futbol?, ¿tú padre tenía coche?, ¿es verdad que nuestro Madrid lo ganaba todo?......

Así cientos de preguntas que todas acababan con un “¡ah!”, que confirmaban – para su inocente tranquilidad – que el mundo en el que los padres crecieron era más atrasado que el suyo.

Por lo que yo recuerdo también freí a preguntas a mi padre, ¿teníais tele?, ¿comíais a diario?, ¿ya estaba Franco?, ¿es verdad que nuestro Madrid lo ganaba todo? y, como soy muy cotilla, ¿era guapa la tía Felipa?. Y creo recordar, puede ser una fantasía de mi imaginación, que yo sentía alivio al comprobar que el mundo era más moderno aunque el tal Franco llevaba un huevo de tiempo al mando.

Desde la Revolución Industrial, que nos metió de manera gradual y uniformemente acelerada en esta civilización de consumo, las generaciones de los hijos han tenido un mayor nivel de vida que las de los padres. Sin embargo, por primera vez, los padres nos preguntamos si esto seguirá así, si nuestros hijos y nietos vivirán mejor que nosotros.

Una reciente investigación sociológica española, promovida por la Fundación de Ayuda a la Drogadicción y la Obra Social de Caja Madrid, ha desvelado que el 60% de los padres cree que sus hijos adolescentes vivirán peor que ellos. Piensan que tendrán menos protección social, más paro, menos formación y educación, menos oportunidades y que de todo ello se concluye que serán más pobres que nosotros.

Puede que esta opinión esté motivada por un estado de ánimo, puede que nos deprima la situación actual y que ésta podría ser coyuntural. De hecho, todos sabemos que hay ciclos económicos y que los que ya hemos vivido alguna que otra década, ya hemos oído antes – varias veces – la música esta de la crisis. Pero yo creo que esta vez hay algo más y la gente lo intuye.

Lo que vemos es que por primera vez el mundo está globalizado y que, como decía yo en el artículo sobre la Mecánica Celeste, una pequeña baja en la cotización del índice de Hong Kong (la mariposa) puede convertirse en una catástrofe financiera en la bolsa de Nueva York (la tormenta), pura Teoría del Caos. Y que ese mundo con ese grado de interconexión va a provocar un efecto de vasos comunicantes que nivelará el grado de protección social de los países y, por supuesto, a la baja. Y si no, mirad como disparan con bala contra Europa, la zona del mundo en la que mayor nivel de protección social ha habido hasta ahora. Y un descenso en la protección social y en los salarios conllevará un aumento de la pobreza. Así que sí, creo que hay motivos para la preocupación.

Y esto es lo que tenemos delante de nosotros, pero si miramos por encima de la crisis, vemos un futuro de un color un tanto oscuro por no decir completamente negro, como dice el sociólogo francés Edgar Morin, “la Tierra es una nave espacial propulsada por cuatro motores incontrolados (ciencia, técnica, economía y afán de lucro). Tiene una altísima probabilidad de sufrir catástrofes”. Y cómo dijo el gran economista británico Kenneth Boulding, “quien crea que un crecimiento exponencial puede durar siempre en un mundo finito o está loco o es economista”.

Pero para no deprimirnos más no vayamos tan lejos. Quedémonos en el futuro próximo que ya de por sí está fastidiado. La encuesta de la que hablábamos unos párrafos más arriba no hacía ninguna referencia a parámetros políticos. Políticamente hablando, ¿nuestros hijos vivirán mejor que nosotros?.

Pues me temo que tampoco en esto estamos para tirar cohetes. Tres hechos que ocurrieron en el último tramo del año pasado me parecen muy preocupantes con respecto al futuro de la democracia: la dimisión de Papandreu en Grecia, la dimisión de Berlusconi y la imposición de Merkel y Sarkozy de incorporar en las constituciones de los Estados miembros de la Unión Europea el cumplimiento del 3% de déficit.

La dimisión de Papandreu fue forzada por la Unión Europea después de que anunciara un referéndum kamikaze sobre las medidas que tenía que aplicar su gobierno para recibir la inyección de euros que necesitaban. Cierto es que el referéndum era sobre todo inoportuno y que oportunidades tuvo anteriores para plantarse, todavía hay cancillerías europeas que están intentando explicarse qué se le pasó por la cabeza al bueno de Yoryos. Pero lo cierto es que hemos puesto de vuelta y media a los Estados Unidos por ejercer su irresistible influencia, sobre todo en Latinoamérica, para quitar y poner gobiernos sin contar con el pueblo soberano y ahora resulta que en nuestra casa europea si se puede hacer.

¿Y el caso del cavaliere?. Bueno empezaré por dejar claro que pocos políticos – y mira que en general son malos – pueden agredir la sensibilidad de las personas decentes como este señor. Chulesco, autoritario, mujeriego de pago, corruptor y corrupto son adjetivos que le pueden ser aplicados sin mucho temor a equivocarse. Pero, ¿fue destituido por un parlamento indignado?, ¿fue derrotado en unas elecciones democráticas?. No, dimitió bajo presión y, ¡qué presión debió ejercerse sobre su plásticamente retocado cuerpo!, pues Don Silvio no es de las personas que suelte la poltrona a la primera de cambio.

España ha tenido mejor suerte, el cambio en el gobierno ha surgido de las urnas, con lo que formalmente se ha cumplido con el proceso democrático. Pero reconocido esto, no nos hemos librado de la intromisión de los nuevos poderes fácticos, representados por los mercados, por la canciller Merkel, por Bruselas, por el BCE y por vaya usted a saber quién más, en las decisiones que le correspondían a nuestro gobierno. ¿O es que alguien se puede creer que el cambio de Zapatero en mayo de 2010 salió de él mismo?.

De todas formas, desde el punto de vista político, lo que me ha escandalizado más, ha sido la propuesta de cambio de nuestra Constitución para prohibir un endeudamiento público superior al tres por ciento. Nuestra Constitución fue un gran pacto nacional para superar problemas que habían desgarrado a nuestro país. Esa fue su principal virtud, pues permitió la superación de las dos Españas, y a la vez fue su principal defecto, porque aparcó, dejó sin fecha de resolución algún problema que ahora empieza a quemarnos.

A la Constitución siempre la hemos tratado con mucho cariño, modificarla era prácticamente un tabú, se la ha tratado como si fuera una bomba en la que si cortabas el cable amarillo en vez del rojo podías provocar una explosión de consecuencias impresivisibles. Así que mejor era no tocarla. Pero si ni siquiera se modificó el artículo 57, que establece la línea sucesoria a la Corona, que discrimina a las mujeres en favor de los varones y sobre cuya modificación hay un amplio consenso. Menos mal que el príncipe Felipe – siempre resuelto a cumplir lo mejor posible con los superiores intereses de España – ha tenido hijas y no hijos.

Con este panorama van nuestros políticos y ponen en marcha la reforma de la Constitución, bajo presión del tándem Merkel-Sarkozy. No voy a entrar en la oportunidad o no de la medida – que en el fondo sólo es un cuestión de política económica - pero, ¿reformar la Constitución?, ¿es que no hay leyes para hacer eso?, ¿no hay una Ley General Presupuestaria?. ¿Qué le vamos a decir al Ibarretxe de turno cuando vaya a las Cortes a pedir un Estado Libre Asociado?, qué la Constitución no se puede modificar porque quiere cortar un cable amarillo o rojo y sólo se puede cortar uno azul o verde. Sé que argumentos jurídicos habrá para defenderse pero, ¿habrá buenos argumentos políticos?.  

Revisemos la lógica democrática de todo esto. Si son los electorados alemán y francés los que eligen al canciller alemán y al presidente francés y éstos, ungidos de un poder que no sé de dónde sale, toman decisiones tan importantes como quitar y poner a primeros ministros o reformar constituciones, ¿no deberían votar los griegos, italianos y españoles en las elecciones francesas y alemanas?.

Explicar el origen de todo este cúmulo de despropósitos es tarea complicada, merecería una tesis doctoral o un libro enorme, de esos que llevan los estudiantes de medicina y que son perfectos para aplastar tréboles de cuatro hojas entre sus páginas. La verdad es que un “post” en un blog se queda corto. Como pasa con todos los fenómenos sociales y políticos no hay única causa. Pero hoy me quiero centrar  en lo que tiene que ver con un fenómeno que viene larvándose desde hace bastante tiempo y es la pérdida de poder de los Estados y que quizás sea la causa que tiene una relación más íntima con los sucesos que hemos analizado en los párrafos anteriores.

A partir de la Edad Moderna se fue gestando el Estado tal y como lo conocemos hoy en día, y nuestro planeta está organizado, desde un punto de vista jurídico, en base a una comunidad de Estados soberanos e independientes, al menos sobre el papel. No hay un gobierno mundial, hay una comunidad de vecinos – que se lleva bastante mal – en el que cada vecino es un Estado. Los hay de todos los tamaños y configuraciones, pero en cada momento histórico hay unos pocos, más grandes y poderosos, que son los que rigen los asuntos del mundo entre situaciones de equilibrio de poderes y conflictos más o menos cruentos. Así hemos ido pasando el tiempo los últimos siglos.

Pero en las últimas décadas se ha empezado a ver una disminución del papel rector del Estado, incluso entre los más poderosos. Está transferencia de poder se ha realizado hacia diversos actores, relativamente nuevos en el escenario mundial, relacionados con la globalización. Los mercados financieros internacionales y las multinacionales acumulan un poder económico tal que los Estados deudores son rehenes de sus intereses y bajan la cabeza ante sus peticiones por encima de los intereses de sus respectivos pueblos y por encima de las opiniones públicas. Lo estamos viendo día a día.

Por otra parte, la ideología dominante, el pensamiento único, el neoliberalismo, busca adelgazar el papel del Estado a su mínima expresión, cediendo espacios a la iniciativa privada en sectores que tradicionalmente han sido competencia del Estado. Y la iniciativa privada hoy en día da la casualidad de que es en gran parte multinacional. Con lo que el centro de gravedad administrativo sale del país de que se trate hacia un sitio que nadie es capaz de señalar en un mapa, ya que unas empresas son propietarias de otras en una regresión cuasi infinita.

En Europa, además, el proceso de creación, desarrollo y consolidación de la Unión Europea, que tiene y ha tenido indudables beneficios para nuestro país, ha provocado una importante cesión de soberanía desde los Estados miembros al conglomerado de Bruselas. Conglomerado formado por la Comisión, el Parlamento – que tiene poco poder real -  y la burocracia bruselense-estrasburguesa. Y este conglomerado, por razones históricas, es bastante opaco al ciudadano europeo y, como consecuencia, está fuera del control democrático de esos ciudadanos. Es lo que se suele definir como “déficit democrático”. De manera que, al trasladar la capacidad legislativa y la toma de decisiones políticas a Bruselas, a unas instituciones que difícilmente puede decirse que nos representen, los ciudadanos perdemos parte de nuestro capital decisorio.

Si nuestros Estados fueran dictatoriales, nos daría lo mismo que las decisiones se tomarán en Madrid o Pernambuco, nuestra prioridad sería poder expresarnos libremente, pero nos han enseñado y nos han vendido la idea de que somos ciudadanos, no súbditos. Que tenemos unos derechos civiles garantizados y que participamos – a través de nuestros representantes – en las decisiones que nos atañen. Pero cada vez más tenemos la percepción de que esto ya no es así, tenemos la sensación de que nuestras democracias son cada vez más formales y menos reales.  

Quizás parte la solución esté en que esa cesión de soberanía de los Estados se lleve en paralelo con una mayor democratización de la Unión Europea. Quizás si pudiéramos elegir un parlamento con poder real, si pudiéramos elegir un gobierno europeo que no surgiera de componendas en los pasillos del edificio Berlaymont, entonces quizás, los electorados griego, italiano y español elegirían a sus verdaderos dirigentes y la Merkel, aparte de preocuparse por el electorado de la Baja Sajonia, tendría que interesarse por el electorado de Murcia. O eso, o nuestro gobierno – del color que sea - empieza gobernar pensando en nosotros y a partirse la cara con quien sea y dónde sea.



Edificio Berlaymont de Bruselas.
Único lugar del Universo donde se puede parar el tiempo a petición de los representantes, se discute sobre un punto y coma durante días y tiene pasillos como autopistas en donde se negocia demasiado

Sin duda mis hijos cuando sean padres soportarán el castigo de las preguntas de sus hijos. ¿Papá cuando eras pequeño ya teníais holovisión?, ¿es verdad que los coches no volaban?, ¿es cierto que nuestro Madrid lo ganaba todo?, …………..…….., ¿es verdad que los bomberos apagaban incendios y no quemaban libros?[i], papá, ¿es verdad que cuándo tu eras pequeño había democracia?. Esperemos que mis nietos no tengan motivos para hacer estas dos últimas preguntas.

Juan Carlos Barajas Martínez



[i] No me he podido resistir a un pequeño homenaje a Farenheit 451, la obra maestra de Ray Bradbury y François Truffaut.

Nota Final:
Por cierto – para no dejar cabos sueltos -, al parecer, mi tía abuela Felipa era muy guapa, vamos, el buque insignia de la familia. Lástima que se malograra, pero eso es otra historia


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4 comentarios:

  1. Como siempre el articulo es muy bueno, y creo que hace una buena definicion de lo que espera a nuestros hijos. viviran peor, porque ya estamos nosotros viviendo peor con el paso del tiempo y no veo cambio de tendencia.

    ahora bien, hay algo que no puedo resistir en decirte, (como tu homenaje a Farentheit) y es que por años y años y años se seguiran preguntando si el Madrid lo ganaba todo y la respuesta SIEMPRE sera que no. Ya deberias ir pensando en poner al Barça .......

    Genial como siempre....

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  2. Muchas gracias por tus comentarios y, ahora que lo dices, lo del Barça me es imposible. Lo siento por mis amigos de Barcelona, que los tengo y son muy buenos, pero si yo hago un elogio al Barça mi pobre padre se revuelve en su tumba, jajajajaja

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  3. Me ha encantado el análisis, de esas cosas que lees y te organizan el tarro de forma fácil.
    De todas formas, yo no soy pesimista, ya sabes. Creo que esto tiene remedio, si los padres de los que van a sufrir las consecuencias - y por supuesto nuestros hijos, que son los afectados - nos tomamos en serio que nadie más que nosotros va a arreglar este desaguisado (banqueros, ricachones y sus lacayos del Congreso no lo van a hacer, no es su problema). Al fin y al cabo, hay democracia, al menos toda la democracia que los ciudadanos quieren tener, y los que toman esas medidas en nombre nuestro lo hacen con ese apoyo, con el de los ciudadanos. Así que no es tan difícil, solo hace falta que el personal se tome en serio eso de votar.
    Por lo demás, que haya menos bienes de consumo no es sinónimo de vivir peor. Nuestros hijos tendrán menos que nosotros, pero eso no quiere decir que vayan a vivir peor. Se puede vivir mejor con menos, pero para explicar eso tendría que currarme un blog como el tuyo, y no lo haría tan bien.

    Maquilón

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  4. Muy bueno tu comentario, deberías currarte tu blog.

    gracias Maquilón

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