Yo, Rafael, Gastón, León y… ¡oh Dios!, Hitler





Carnet de estudiante de mi tío Rafael

Mi tío Rafael era todo un personaje, bajito, desaliñado, culto, políglota y, al mismo tiempo, sin ambiciones claras y de timidez casi enfermiza. Yo, que ya voy cumpliendo años, he conocido a mucha gente en mi vida, doctores, ingenieros, algún científico – lo cual es meritorio pues en España es la de los científicos es una especie muy rara -, diplomáticos, magistrados, gentes de la que se supone que están preparadas y son inteligentes,. Pues, a pesar de ello, la mente de mi tío es la más extraordinaria que yo haya visto jamás. Tenía una memoria portentosa, podía almacenar las cosas más inverosímiles durante toda su vida y en cantidades inmensas, parecía que su memoria no tuviera fin. Esto pueden corroborarlo todas las personas que lo conocieron.

Aquel exceso de memoria muchas veces lo empleaba en cosas poco prácticas, por poner un ejemplo, llevaba una estadística de las cañas de cerveza que se había tomado durante toda su vida. “En 1947”, decía, “me tome 1108 cañas, en 1953, 2003 cañas”, “estuve sin beber un vaso de agua desde el 12 de noviembre de 1949 hasta el 2 de enero de 1952”. “¿Entonces qué bebiste tío? – le decía yo intentando imaginar cómo podría ser la vida sin beber ni agua ni Coca-Cola – “café, vino y cerveza”. Las cifras y las fechas me las he inventado pero las anécdotas no. Mi tío, como podrá adivinar el lector, era un poco cierrabares, pero ahí acababan sus vicios.

Era Rafael un especialista en la Segunda Guerra Mundial. Citaba de memoria batallas, fechas, horas, generales,  estrategias, divisiones y cuerpos de ejército. Había seguido la guerra, día a día, en las páginas del ABC y las ondas de la BBC. Después de la guerra, había ampliado sus conocimientos con numerosos libros, muchos de los cuales ahora los tengo yo en mi casa.

Cuando era yo pequeño, en vez de dormirme con un cuento, mi tío me hablaba del cerco a Berlín por los soviéticos o acerca de la batalla de El Alamein. Y me dormía igual que si me hubiera contado “Caperucita” o “Pulgarcito”.

Mi tío tenía un compañero de profesión un poco peculiar, alto y fornido, de origen belga y con un acento extranjero muy fuerte y muy fácil de imitar, lo digo porque Rafael le imitaba y se partía de la risa. Lo veía de vez en cuando, en reuniones de su asociación profesional. Yo nunca le vi, pero  era a menudo tema de conversación entre mi tío y mi padre, que aparte de hermanos también eran colegas. Lo que no consigo recordar es su nombre, a pesar de que tengo una permanente sensación de tenerlo en la punta de la lengua y estoy seguro de que si lo volviera oír lo reconocería de inmediato. Llamémosle Gastón.

En mi familia la procedencia de Gastón era un secreto a voces, era un nazi oculto en España, aunque mi madre – muy apegada a la tierra – solía decir que era un pobre belga que huía del frío al que su cuñado y su marido le habían colocado un sambenito. No es que él lo admitiera, es que mi tío lo descubrió tomando cervezas. Durante meses, años, mi tío le fue sacando sutilmente la información, sus increíbles conocimientos sobre  la guerra y su extraordinaria memoria le ayudaron. Gastón le habló de sitios y fechas en donde no podía haber estado de no haber pertenecido al ejército alemán y le comentó hechos en  conversaciones espaciadas en el tiempo que le permitieron reconstruir las verdaderas andanzas de Gastón. Así al calor de las cervezas, entre la caña 1058 y la 1059 de 1964, se le escapó un dato y entre la 234 y 235 de 1967 se le escapó un nombre o una situación y mi tío fue apuntándolo en su mente. A  otra persona le habría pasado desapercibido o no se habría vuelto a acordar, pero con mi tío las cosas no funcionaban así.

Al final le hizo un currículo, lo más probable es que Gastón hubiera sido un suboficial de la Legión Valona, también conocida como la 28ª división de las Waffen-SS. También suponía que Gastón había pertenecido a alguna organización católica ultraconservadora antes de la guerra, de ahí había pasado al Partido Rexista de Leon Degrelle y de ahí al nacionalsocialismo como casi todos los jóvenes que acabaron en la Legión Valona. Puede que mi tío estuviera equivocado y mi madre tuviera razón pero, conociéndole, estoy casi seguro de que estaba en lo cierto.

Leon Degrelle fue un aventurero, un periodista, corresponsal de guerra en México durante el período revolucionario. Pasó, en los años ’30, a la política activa en su país Bélgica, fundó el Partido Rexista que se radicalizó desde el pensamiento cristiano hasta el fascismo. Cuando los alemanes invadieron Bélgica abrazó la causa nazi, creó la Legión Valona y acabó la guerra con el grado de general de brigada de las SS. En una entrevista que Degrelle mantuvo con Hitler, éste le dijo que de haber tenido un hijo le hubiera gustado que hubiera sido como él. Al final escapó a España, el Régimen de Franco lo protegió, la monarquía parlamentaria lo consintió y murió en Málaga en 1994.

El que Leon Degrelle y Gastón permanecieran en contacto ni lo sé, ni se lo oí a mi tío, pero él pensaba que muy probablemente se habían conocido antes de la guerra y que sí se habían conocido necesariamente durante la guerra, pues era su comandante y tampoco había tantos soldados en la Legión Valona, el título de 28ª división era honorífico, apenas daba para  una brigada.

Los recuerdos de aquella extraña relación se quedaron acomodados entre otros en la memoria de mi infancia, hasta que un día leí un artículo acerca de una curiosa teoría, la llamada teoría de los seis grados de separación, o también, teoría de “el mundo es un pañuelo”.

Formulada por primera vez por el escritor húngaro Frigyes Karinthy, fue recogida por sociólogo norteamericano Duncan Watts en su libro “Six degrees: the science of a connected age”. Dicha teoría sostiene que todas las personas de nuestro mundo están conectadas por una inmensa red de relaciones, de manera que, entre una persona cualquiera “A” y otra persona cualquiera “B” sólo hay 5 intermediarios, lo que supone 6 tramos, rangos o grados de separación entre ellas. La figura ilustra esta propiedad.

Archivo:Six degrees of separation.png
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La teoría se basa en argumentos bastante sólidos. Empecemos por un argumento numérico, supongamos que cada persona conoce al menos a otras cien, por cada una de esas a su vez habrá otras cien, lo que hace que en segundo grado “A” esté conectado a 10.000, y en el siguiente grado de separación, a 1.000.0000. Así hasta llegar a la persona “B”, la red estará formada por 1.000.000.000.000 de relaciones en las que caben ampliamente los 7.000 millones de personas de la Tierra, aunque haya muchas relaciones repetidas o que sean grafos cerrados que no lleven a ninguna parte.

Se han hecho experimentos que consisten en, dadas dos personas concretas que no se conocen, la primera debe enviar una carta a la segunda mediante la persona que conoce más próxima geográficamente al destinatario, con instrucciones para que éste haga lo mismo, y así sucesivamente hasta llegar al destinatario. Al parecer la carta ha llegado siempre con menos saltos de los 6 de la teoría aunque, según los detractores de la misma, hay muchas cartas que no han llegado a su destino.

En 2008, Microsoft hizo un estudio en el que, según ellos, la teoría quedaba demostrada. El experimento utilizó 30.000 conversaciones electrónicas de Messenger. El resultado era una media de 6’6 grados de separación. No me parece a mí una demostración pero si un argumento a favor. La revista Science, en un estudio publicado en 2003 sobre 60.000 comunicaciones para alcanzar a 18 destinatarios en 13 países, decía que para que la comunicación tuviera éxito era necesaria la colaboración de los intermediarios para lo que debía establecerse algún tipo de incentivo.

Science, de esta manera, tiene en cuenta la diferencia que hay entre que la red exista y que la red se active. El que la red exista es bastante independiente de la voluntad de los que forman parte de ella, se rige por la relación “Fulanito conoce a Menganito”, yo no puedo evitar estar en el mismo hilo que, como veremos más adelante, desemboca en Hitler. Ahora bien, el que la red se active y se establezca una comunicación entre A y B sí depende de la voluntad de cada uno de los nodos intermedios y éstos necesitan algún tipo de incentivo para pasar el testigo al siguiente nodo.

Esta teoría ejemplifica de manera diáfana la tremenda potencia de las redes sociales en Internet. El sustrato relacional existía, las relaciones entre las personas han existido siempre, pero hacía falta la herramienta que pudiera ponerlas en marcha, que activara la comunicación y creará los suficientes incentivos como para que la gente las utilizara. Cuando estás herramientas se crean gracias a las distintas plataformas existentes – Facebook, Twitter, Tuenti, Linkedin, etc – las redes se desarrollan a escala global en muy poco  tiempo. Por poner un ejemplo, a día de hoy tengo 42 contactos en primer grado de separación – según la terminología de la teoría – en la red social profesional Linkedin, no me prodigo mucho la verdad, por ahí tengo amigos que tienen 500 contactos. Pues bueno, según mi perfil en dicha red, esos 42 contactos me unen a 77.234 en segundo grado y  a 845.111 contactos en tercer grado. Y este magnífico poder es independiente de si la teoría es cierta o no, de si son 6, 6’6 o 360 los grados de separación entre dos personas cualesquiera, porque este poder es real.

Como decía anteriormente, la historia de mi tío y Gastón la tenía perdida en mi memoria de la infancia pero al leer un artículo sobre la teoría de los seis grados de separación empecé a pensar en personajes famosos y en qué grado de separación tenía con ellos y todos en los que pensaba estaban mucho más cerca de lo que yo hubiera podido imaginar, hasta llegué a especular que cuánto más famosa es una persona menos separación había.

De esta manera, forzando un poco la cosa porque la teoría no habla de personas fallecidas, empecé a seguir el hilo: empezando por mi, yo conocí evidentemente a mi tío Rafa, éste conoció a Gastón quién, si la teoría de mi tío era cierta, conoció a León Degrelle y, ¡oh Dios!, sabemos por la historia que León Degrelle conoció a Hitler. ¿A que acojona?. ¡ Estoy a cuatro grados de separación de Adolfo Hitler!.

Pero eso no me hizo creer a pies juntillas en la famosa teoría ya que en realidad es un ejemplo muy visual pero no es aplicable a la misma, porque todos están fallecidos salvo yo. Sino otro caso. A principios de este año tuve que realizar un trabajo para una persona muy importante en nuestro país. Tuve dos reuniones preparatorias con él y su equipo y una reunión más, la última, en la que le entregamos los resultados del trabajo y quedó, creó, bastante contento. En cualquier caso pienso que se puede establecer que he conocido a esta persona, aunque creo que ya no se acordará de mí dada mi posición en la escala trófica. Esta persona ha estado varias veces con el presidente Obama lo sé porque he visto fotos de las entrevistas y también lo he visto en la televisión, es decir, que estoy a dos grados de separación del presidente Obama, y todos los que me conocen a mí, a tres. ¿Cómo no voy a creer en la teoría de los 6 grados de separación?.



Juan Carlos Barajas Martínez



In Memoriam
Luis Rafael Barajas López 1922-1981

Por si se quiere saber más:


León Degrelle con uniforme de las SS saludando a Hitler



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Yo, Rafael, Gastón, León y… ¡oh Dios!, Hitler por Juan Carlos Barajas Martínez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
Basada en una obra en sociologiadivertida.blogspot.com.


2 comentarios:

  1. Que bueno pich!!! Me ha gustado mucho esta nueva lectura semanal…. No pares, sigue, sigue…

    Son muchas las cualidades y capacidades de la familia Barajas, pero la capacidad memorística de tu tío Rafael es algo que sobrepasa cualquier entrada del libro Guinness. Puedo dar fe de ello mientras lamento que no hayamos podido disfrutar más tiempo de su sabiduría, sus increibles y minuciosos recuerdos y su compañía.

    Y centrándome en tu tema, ¡Cuántas veces habré oído referencias a la teoría de los grados de separación! Pero eso sí, al no disfrutar de las capacidades memorísticas de tu familia, con tu tío Rafael como máximo exponente, yo no podría recordar (aunque sí desde hoy) si el número de grados necesario era 5 (como creía recordar hasta esta mañana), 6 ó 10.

    Sin embargo, la manera de presentar la teoría, personificándola en tu tío Rafael y tan rápidamente, a través de Gastón y Degrelle, llegar a Hitler, hace que también yo me plantee cuán cerca estoy de tanto personaje, aparentemente tan lejano.

    Por cierto, que casualidad que esta entrada de tu blog coincida con la noticia de la muerte de Paul van Aerschod, colaboracionista belga, experto en turismo… ¿No tendría nada que ver con tu Gastón?

    Un abrazo,

    Jesus

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  2. Gracias Jesús por tus comentarios. Ahora estoy viendo una serie de TV, Unforgettable, cuya protagonista tiene un síndrome muy parecido al de mi tío, más exagerado me parece como ficción qu es.

    Creo que Paul van Aerschod no fue Gastón. Ningún informe dice que pasará los años '60 en Madrid sino que apartir de 1964 se instaló en San Sebastián.

    Un abrazo muy fuerte

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