Sociología en Halloween

Imagen de 1904. Fuente: Wikipedia




La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas….
Leyenda 15: El Monte de las Ánimas
Rimas y Leyendas
Gustavo Adolfo Bécquer

Cuando yo era un crío la noche de Halloween no era una fiesta precisamente, era la noche de difuntos y el asunto era bastante serio. Para empezar, en todos los campanarios de las iglesias del país sonaba el monotóno y eterno toque de difuntos durante toda la noche. Ese sonido lúgubre, tal como describiera Gustavo Adolfo Bécquer en su “Monte de las Ánimas” un siglo antes, recorría imponente las calles de Madrid (1). Aquello ya te ponía en situación de que era una festividad triste.

Mi tía Virtudes ponía candelas de aceite en los pasillos, una por cada alma de los difuntos de la familia, como recuerdo de tías y abuelos que fueron y ya no eran. Y quizás era triste, no sólo porque ya no estaban con nosotros sino porque no había seguridad de que estuvieran en el cielo a la derecha del Padre, tal vez como mucho en algún estado intermedio como el Purgatorio. Según me enseñaron, tal era la exigencia de entrar en el Paraíso, que incluso el más justo entre los justos tenía dificultades para hacerse un hueco entre ángeles y querubines.

No era noche de risas ni de bromas, te lo dejaban muy claro los adultos, que aprovechaban para contarte cosas de los abuelos ya fallecidos o del tío Antonio que mataron en la guerra civil o del bisabuelo Gregorio que había muerto muy joven por unas fiebres que había traído del ejército de Cuba o de aquel tío de mi madre que también había muerto muy joven de un cólico miserere recién vuelto de la guerra de África que ya es mala suerte librarte en una guerra para morir al poco en tu cama. Finado al que tengo cogiendo polvo de uniforme militar en una foto colgada en la buhardilla, no porque le tenga cariño – no deja de ser una leve sombra de un pasado que no conocí - sino porque es muy decorativa.

Tampoco lo recuerdo como una noche de terror, de esas en las que se cuentan historias de fantasmas, ánimas que vagan sin descanso atrapando a incautos paseantes, a pesar de la abundante literatura al respecto, empezando por el propio Bécquer. Al menos en mi familia, mi recuerdo es más triste y aburrido que terrorífico.

Pasada la noche de difuntos amanecía la fiesta de Todos los Santos, el primero de noviembre. Yo me libraba de acudir al cementerio porque a los niños no se nos solía llevar al camposanto. Pero era el día, y lo sigue siendo, en el que las familias acuden a los cementerios a visitar las tumbas, a limpiarlas, a dar un repaso a su estado, a poner flores nuevas encima o, en caso de pícara pobreza muy española, a quitárselas a la tumba vecina porque, al fin ya al cabo, el otro no se va a enterar.  Era y es día de atascos a las puertas del cementerio y de negocio para las floristerías.

La primera noticia que tuve de que en otras partes del mundo la víspera de Todos los Santos se celebraba de otra manera fue en la televisión. Debió ser hacia 1968 o 1969 en unos dibujos animados de “Carlitos”, el Charlie Brown de las tiras cómicas de “Peanuts” del gran dibujante norteamericano Charles M. Schultz. Era algo tan divertido que no asocié el “Jalogüin” ese del que hablaban Carlitos y compañía a nuestra noche de difuntos, no podía ser la misma fiesta. Me acuerdo de que aquellos dibujos me provocaron una sensación de envidia, nostalgia incomprensible y fascinación que hace que el recuerdo perdure en mi memoria desde hace cuarenta y cinco años (2). Y hace que no desee, bajo ningún concepto, volver a ver a aquellos dibujos, como dice Joaquín Sabina, “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”.

Hoy en día en cambio, en mi barrio, en cuanto anochece, los críos disfrazados toman posesión de nuestras calles y van de casa en casa con su “truco o trato”. Algo así como la escena de la película ET en la que los protagonistas aprovechan para sacar al alienígena de la casa gracias el descontrol de la fiesta de disfraces. Y conviene tener caramelos a mano, y administrarlos convenientemente de manera que lleguen a todos los pedigüeños. Los más mayores salen de fiesta de disfraces, a veces a macro fiestas que no siempre terminan bien (3).

Si hace unos años me llegan a decir que la fiesta de Halloween llegaría a tomar la fuerza que tiene ahora en España, al menos en los barrios residenciales de las afueras de Madrid, borrando del mapa festivo a la noche de difuntos de mi infancia, hubiera dicho que no, que eso era cosa de los americanos. Sin embargo ha llegado y parece que para quedarse. Evidentemente surge la pregunta, ¿Qué es lo que ha pasado para tal cambio?.

Casi toda la bibliografía que he consultado sitúa los orígenes de la fiesta en una festividad celta conocida como “Samhain”, que deriva del irlandés antiguo y que significa “fin del verano” o “fiesta de los muertos” según las fuentes. Festividad que, según el antropólogo norteamericano Philip Kottak, se celebraba ya hace dos mil años, cuando casi toda Europa Occidental estaba poblada por pueblos celtas. (4)

 
Expansión de los pueblos celtas. En verde oscuro lenguas de influencia celta (Wikipedia)




En esa fecha se celebraba el final de la temporada de las cosechas  y el comienzo de la estación oscura. Los antiguos celtas creían que la línea que une a este mundo con el otro se estrechaba con la llegada del “Samhain”, permitiendo a los espíritus, tanto a los buenos como a los burlones o malévolos, comunicarse con los vivos. Se trataba de dejar pasar a los ancestros familiares y de ahuyentar a los espíritus dañinos, se cree que por esa necesidad se usaban trajes y máscaras a los que los finados familiares eran inmunes pero las otras ánimas no. También se encendían hogeras, o linternas o candelas para guiar e iluminar el camino y, es o era, costumbre en las zonas rurales de Portugal y España usar velas o candiles como hacía aquella andaluza tremenda – y no lo digo en sentido peyorativo precisamente - que era mi tía Virtudes. No parece casualidad que se pongan luces en las calabazas de Halloween, las famosas “Jack O’Lantern(5) que podríamos traducir por “Juanito Linterna”.

Cuando tuvo lugar la ocupación romana de los dominios celtas la festividad se extendió por el mundo latino, cuando el Imperio se cristianizó, cristianizó también las fiestas paganas. Los papas Gregorio III y Gregorio IV en los siglos VIII y IX trasladaron la fiesta católica de “Todos los Santos” del 13 de mayo al 1 de noviembre y, con mayor o menor suerte dependiendo del país, cristianizaron la fiesta pero siempre quedó, como en tantas otras festividades anteriores al cristianismo, un sustrato pagano.

El origen del nombre Halloween es una contracción escocesa de la frase inglesa “All Hallows Eve” que significa víspera de Todos los Santos y viene utilizándose desde el siglo XVI. A mediados del siglo XIX la festividad llega con fuerza a Estados Unidos y Canadá reforzada con la gran emigración irlandesa por causa de la “gran hambruna” (6). Fue este segmento de población el que se llevó la famosa calabaza Jack O’Lantern al nuevo mundo.

La fiesta permaneció en el ámbito familiar hasta principios del siglo XX en que trascendió a la calle. El primer desfile de Halloween registrado se celebró en el estado de Minnesota en 1921 y, a partir de entonces, se fue difundiendo por los Estados Unidos y, de ahí, al resto del mundo.

Es muy interesante la visión que tiene el antropólogo Kottak de la fiesta de Halloween en los Estados Unidos. Para él representa el ritual norteamericano de rebelión, de inversión cultural permitida. Para Kottak el ritual de Halloween se asemeja al de los carnavales en los países de tradición católica.

El carnaval no es una fiesta completamente ajena a los Estados Unidos, aunque tiene una distribución limitada. Fuera de una ciudad tan latina como Nueva Orleans y de otras poblaciones del sur, con su famoso “Mardi Gras”, el carnaval no se sigue con mucha afición, carecen de una celebración nacional equivalente, pero tienen Halloween que es similar en algunos aspectos.(7)

Aun cuando los norteamericanos no salen a bailar a las calles, lo niños salen por la noche a pedir con su famoso “truco o trato” o, quizás sería una mejor traducción, “susto o broma”, frase que rememora los tiempos en los que los niños si no obtenían regalos gastaban bromas como enjabonar ventanas, tirar macetas y tirar petardos, aunque a veces, la fiesta de una oportunidad a los gamberros y tiran huevos contra las fachadas, mala costumbre que también se ha importado.

Como se trata de incumplir las normas de manera simbólica se disfrazan de “malos”, los disfraces de Darth Vader o Freddy Krueger son mucho más populares que los de Luke Skywalker o Bugs Boney.

A los niños norteamericanos no se les permite trasnochar, ir a la calle a armar jaleo ni pedir donativos a los vecinos. Por tanto, para Kottak, el hilo conductor común de los carnavales y de Halloween es que son fechas en las que se produce una inversión culturalmente aceptada, mucho mayor en el carnaval, pero Halloween es la única fiesta en los Estados Unidos en la que se invierte la relación normal entre niños y adultos. Halloween se convierte, por tanto, en una fecha muy especial para los niños, en su noche favorita.

Es como los rituales de rebelión que los antropólogos han descrito en las sociedades africanas, momentos en los que las relaciones de poder normales se invierten, cuando los débiles se tornan en poderosos, expresando el resentimiento reprimido durante todo el año.

Kottak señala que es una celebración que invierte dos oposiciones muy importantes en la vida norteamericana: el equilibrio de poder niño-adulto y las expectativas sobre el bien y el mal. La moralidad puritana y necesidad de un comportamiento público adecuado son muy importantes en la sociedad americana, la inversión de Halloween representa – como en el carnaval – una válvula de escape para las frustraciones y resentimientos que se producen durante la enculturación. (8)

Pero aun cuando represente también una inversión cultural para los niños españoles – tampoco a los niños de por aquí se le permite deambular por las noches invernales pidiendo dinero a los vecinos - me parece que no es la razón principal por la que la fiesta ha tenido tanto éxito, ya que la enculturación a la española me parece menos rígida que la de los anglosajones y por tanto con menor necesidad de válvulas de escape.

A mí se me ocurren tres razones de más peso: el aspecto lúdico, la secularización y la americanización.

El aspecto lúdico es para mí muy importante pera explicar el fenómeno de la difusión de la fiesta a la americana, por eso he empezado hablando de cómo era la víspera de Todos los Santos cuando yo era un niño. Es que no hay color si comparamos la tristeza de la festividad en mi infancia y lo divertida que ha sido la de mis hijos. Es evidente de que si te dan a elegir entre una y otra, eliges Halloween sin dudar.

Sólo que para poder elegir entre una festividad y otra la sociedad tiene que ser permisiva con esa inversión de las costumbres. Es evidente que la sociedad nacional-católica de mi infancia era muy reacia a una fiesta lúdica en una festividad religiosa que conmemoraba a los muertos. Ha tenido que darse un importante cambio social en las últimas décadas para que aumentara el grado de permisividad en este y otros asuntos. Y este cambio social es el proceso de secularización.

La secularización es el desapego de los miembros de una sociedad hacia las doctrinas oficiales de sus iglesias y una menor observancia de sus ritos y prescripciones normativas. Es el repliegue de la experiencia de la vida religiosa al ámbito lo privado desapareciendo de casi todos los aspectos de la vida cotidiana en los que antaño la presencia de la religión era patente. Es indudable,  que ese repliegue se ha producido en España, aunque la Iglesia Católica sigue siendo un “lobby  de primera magnitud por su poder político y económico. Pero no hace falta más que echar un vistazo a las encuestas del CIS para ver que cada vez menos personas viven la religión como la vivían nuestros abuelos.

Aun así la Iglesia, o cierto sector de la misma, no ha visto con buenos ojos la invasión de Halloween y no se ha retirado sin luchar o no se ha retirado en absoluto. En octubre de 2009 la Conferencia Episcopal publicó un documento en el que se atacaba a la fiesta importada porque "no es una fiesta inocente", porque "tiene un trasfondo de ocultismo y de anticristianismo". Y calificaba a los padres que dejaban disfrazarse a sus hijos como “faltos de lógica”. Y el año pasado, el arzobispo de Toledo, manifestaba su oposición a Halloween  calificándola como "una fiesta pagana de mal gusto" en la que no hay "buenos sentimientos" y en la que sólo "se asusta y se da miedo". Creo sinceramente que esta gente no se entera de nada, francamente no veo nada de esto cuando niños de cinco años disfrazados de mosquetero o de pirata me piden caramelos mientras su padres a cierta distancia les miran con cariño. (9)

Pero, a pesar de estas opiniones tan poco moderadas como desconocedoras de la realidad social, estos jerarcas de la Iglesia no tienen la suficiente influencia como para parar la expansión de Halloween. Hace cuarenta años, las declaraciones del arzobispo de Toledo hubieran tenido mucho más peso; eso es precisamente la secularización.

Por último, la fiesta de Halloween no se habría difundido de ese modo si no se hubiera publicitado suficientemente bien, y es aquí donde entra, la tercera razón: la americanización.

En el nivel más general la americanización es un término que describe la influencia de Estados Unidos, sus normas, valores, estructuras e instituciones en el resto del mundo. Y se trata de una corriente de pensamiento bastante crítica, en parte porque la mayoría de sus autores no son norteamericanos sino franceses. Para lograr esa capacidad de difusión de la cultura norteamericana está el poder de la industria de Hollywood y su desarrollo durante el siglo XX – qué curioso que una de las productoras más importantes fuera la Twentieth Century - ha dado a Estados Unidos una herramienta de propaganda – ni mucho menos la única pero sí la más artística -  y una plataforma para expansión de sus valores y creencias.

Conforme fue avanzando el siglo la cosa fue a más, por la mejora en los medios de comunicación, y abarcaba todos los aspectos del “american way of life”. De forma que la mitad de la humanidad se queja de la invasión cultural y la otra mitad se deja seducir por sus iconos.

El hecho de que la fiesta haya llegado hasta aquí con esa fuerza es, en cierta media, gracias al enorme despliegue comercial y la publicidad engendrada en el cine de Hollywood y en las series de televisión. La imagen de los niños norteamericanos correteando por las calles oscuras disfrazados de duendes, fantasmas, pidiendo dulces y golosinas a los habitantes de un barrio tranquilo ha quedado grabada en la mente de muchas personas gracias a los medios modernos de difusión cultural.

Así que si juntamos el hecho de que se trata de una opción festiva mucho más divertida, que los controles sociales permiten sin mucho problema una inversión de las costumbres y de la enorme propaganda que se ha hecho desde la industria audiovisual norteamericana, pensándolo bien, lo realmente raro habría sido que la fiesta de Halloween no hubiera tenido éxito.

De todas formas, siendo más partidario de lo lúdico y profano que de lo triste y sacro, creo que hay que hablar a nuestros hijos de los que nos precedieron y ellos no conocieron, recordándoles con cariño, sobre todo en los días en que fueron felices, bellos o se comportaron como gigantes. Y se puede recordar a los seres queridos cualquier día en cualquier momento, no hace falta esperar a la noche del 31 de octubre.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo


Notas:

(1)    Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida (Sevilla, 17 de febrero de 1836 - Madrid, 22 de diciembre de 1870), más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, fue un poeta y narrador español, perteneciente al movimiento del Romanticismo. Por ser un romántico tardío, ha sido asociado igualmente con el movimiento posromántico. Aunque en vida ya alcanzó cierta fama, solo después de su muerte y tras la publicación del conjunto de sus escritos alcanzó el prestigio que hoy se le reconoce.
(2)    “It'sthe Great Pumpkin, Charlie Brown”, en español llamado Es la gran calabaza, Charlie Brown, es el tercer especial animado en horario prime-time basado en el popular cómic diario Peanuts, de Charles M. Schulz. Fue el primer especial de Halloween producido y animado por Bill Melendez. Su estreno fue el 27 de octubre de 1966, por la cadena CBS. CBS retransmitió el especial anualmente hasta el 2000 inclusive, y a partir de 2001 es transmitido por ABC. El programa fue nominado para un premio Emmy.
(3)    En la noche de Halloween, en un concierto multitudinario de música electrónica en el Madrid Arena se produjo un accidente en el que fallecieron cinco jóvenes.
(4)    La fiesta de Samhain en la Wikipedia. Es muy curiosa la parte del Samaín gallego y que llegue hasta las aldeas del norte de Cáceres. Y no menos curiosas las calaveras de melón que recuerdan la tradición de Jack O’Lantern.
(6)    Se denomina la Gran Hambruna Irlandesa (en inglés Great Famine o Great Hunger y en irlandés An Gorta Mór o An Drochshaol) a la situación de falta de alimentos ocurrida en Irlanda entre los años 1845 y 1849, causada entre otros motivos por la escasez de la patata, por lo que también es conocida como la Irish Potato Famine (Hambruna Irlandesa de la Patata). Irlanda perdió un cuarto de su población entre fallecimientos y la emigración.
(7)    Mardi Gras  es el nombre del carnaval que se celebra en Nueva Orleans, Luisiana y Mobile, Alabama (EEUU). Su nombre deriva del francés, que se traduce directamente al español como «martes graso», (semejante al Jueves Lardero español) pero se denomina tradicionalmente como "Martes de Carnaval". Se celebra el día antes del Miércoles de Ceniza. Mardi Gras es propiamente el desfile que tiene lugar el último día, aunque muchas veces, se le asocia con toda la temporada. El llamado «Martes de grasa» se refiere a que era el último día para disfrutar de los placeres tanto culinarios como carnales antes de la época de abstinencia que marca el inicio de la Semana Santa y la Cuaresma.
(8)    La endoculturación oenculturación, es el proceso de transmisión cultural de una generación a otra. La enculturación se basa, principalmente, en el control que la generación de más edad ejerce sobre los medios de premiar y castigar a los niños.


Bibliografía

Antropología, una explicación de la diversidad humana,
Conrad Phillip Kottak,
McGraw-Hill,
Madrid 1999

Conceptos Fundamentales de Sociología
Roberto Garvía
Segunda Reimpresión
El Libro Universitario
Alianza Editorial
Madrid  2003

La Reyerta del OK Corral y la Americanización
Juan Carlos Barajas Martínez

Diario El Mundo

Diario Público



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3 comentarios:

  1. me gustó mucho su relato de como era la noche de difuntos antes. Madrid repicando y velas en casa suena escalofriante

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  2. Muy bueno Barajas, Me ha recordado las noches de difuntos de mi infancia. Lúgubres, tristes. Con esaas lamparillas colocadas en el tazón con aceite que alumbraban durante toda la noche "en memoria de las ánimas del purgatorio". Yo que era niño me moría de miedo.

    Nada que ver con los tiempos actuales. Sin ir mas lejos, este año en las mencionadas fechas me encontraba en mi casa cuando llamaron a la puerta. Abrí y me encontré a tres niñas disfrazadas que me soltaron de sopetón y a coro: "Truco o trato". "Cuán gritan esas malditas" pensé, emulando al Tenorio, otro gran clásico de la noche de difuntos.

    Me entró la risa y me fui derecho a la cocina. Les metí en la bolsa un buen puñado de caramelos y un par de tabletas de kit-kat.

    Un abrazo
    Luis

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  3. Muchas gracias Luis. Después de escribir el artículo me su cuenta de que no había hablado. De la tradición de representar Don Juan Tenorio en los teatros del país la.misma noche de difuntos. Te agradezco q conformes mis recuerdos infantiles de la noche de difuntos porque esto ha cambiado tanto q a veces me parecen recuerdos inventados por mi imaginación.
    Un abrazo y otra vez gracias

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