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La tetera de Russell

 


Resumen

Este artículo analiza el estatuto lógico de la idea de Dios mediante un viaje intelectual que recorre la sociología de la religión de Durkheim, los rigores de la lógica formal, la metafísica de Russell y Epicuro, para finalmente regresar a la profunda visión sociológica de W.I. Thomas.

Puede parecer un recorrido tedioso y exigente, pero a mi parece un viaje intelectual maravilloso. Por eso, querido lector, te ofrezco mi mano y, si quieres, comenzamos juntos.

Abstract

This article analyzes the logical status of the idea of God through an intellectual journey that traverses the sociology of religion of Durkheim, the rigors of formal logic, the metaphysics of Russell and Epicurus, to finally return to the profound sociological insight of W.I. Thomas.

It may seem like a tedious and demanding path, but to me, it is a marvelous intellectual journey. That is why, dear reader, I offer you my hand, and if you wish, we shall begin together.

Índice

La idea de Dios

La carga de la prueba

La idea de la tetera

Epicuro y el teorema de Thomas

En conclusión

Notas

Bibliografía

La idea de Dios

La idea de un Dios único, invisible, que está en todas partes pero que, al mismo tiempo, es inasequible y cuyo reino no es de este mundo, es una de las más brillantes que ha parido la humanidad.

De hecho, el que la humanidad llegara a esa idea le llevó mucho tiempo. Según el gran sociólogo Émile Durkheim (1), las buenas gentes empezaron por atribuir a los objetos el concepto de lo sagrado y lo profano. Durkheim era de la idea de que para estudiar el fenómeno de la religión había que analizar las religiones que consideraba más elementales, lo que le permitía remontarse a las raíces del estudio de todas ellas. Y esa religión elemental era el totemismo. Un tótem es un animal, planta u objeto al que un grupo le da un significado simbólico; es un objeto sagrado, venerado y usado en los rituales.

Esto permitió a Durkheim sostener que la religión trata de aquello que sobrepasa los límites del conocimiento y establecer, en primer término, la diferencia entre lo sagrado y lo profano.

Lo sagrado sería todo aquello que es extraordinario y que inspira un sentimiento de sobrecogimiento, reverencia y, en ocasiones, miedo. Lo profano sería todo elemento corriente en la vida diaria. Lo sagrado sería el elemento constituyente del ritual.

El siguiente paso fue extender ese concepto de lo sagrado a fenómenos naturales o sobrenaturales. Así, empezaron a surgir distintos dioses que gobernaban detrás de los objetos sagrados y que concentraban fuerzas sobre las que los humanos no tenían control. Por lo tanto, había que estar a bien con ellos y ganarse su favor a través de múltiples ritos y caminos iniciáticos.

Hace unos 3500 años, el faraón Akenatón (2) impuso el culto exclusivo a Atón (el disco solar) durante su reinado. Fue la primera religión monoteísta conocida por la historia, pero fue una experiencia efímera (unos 20 años) y no sobrevivió a la muerte de Akenatón. Algunos académicos disidentes lo consideran “monolatría” (adoración a un dios sin negar la existencia de los demás) más que monoteísmo puro.

Hace unos 3200 años surgió el zoroastrismo (3), que fue la primera religión monoteísta en el sentido estricto del término. Ahura Mazda (“Señor Sabio”) es la deidad suprema, creadora del universo y del orden cósmico (Asha). Esta religión introdujo conceptos revolucionarios como el dualismo ético (el bien contra el mal, representado por Spenta Mainyu y Angra Mainyu), el juicio final, el cielo y el infierno, y la resurrección.

Cuando los judíos fueron deportados a Babilonia por Nabucodonosor II en el siglo VI a.C., estos creían que Yahvé era el dios principal, pero convivía con otras deidades menores. Fue durante este exilio cuando desarrollaron el judaísmo “moderno”, sin duda influenciados por el zoroastrismo. Como es sabido, el resultado fue un monoteísmo explícito. A partir del judaísmo nacerían el cristianismo y el islam, configurando así en la historia un Dios intangible, inasible e inasequible.

Parece que esta idea de Dios solo apareció en la historia una vez que las sociedades humanas alcanzaron un determinado nivel de desarrollo cultural, llegado a un punto en el que la filosofía, el conocimiento de la naturaleza y la teología disponían de las herramientas necesarias para realizar abstracciones lo suficientemente complejas.

¿Y dónde está el truco en la definición de Dios como un ser invisible y abstracto que convierte a esta idea en algo tan formidable?

Precisamente, en que es irrefutable. Eres libre de no creer en Él, pero no puedes afirmar lógicamente, de manera categórica, que Dios no existe.

A partir de ahí, se pueden erigir los gigantescos edificios teológicos que constituyen las religiones. Todo lo sostiene un Dios cuya no existencia no puede ser demostrada.

Vamos a explicar todo esto con un poco más de detalle. En lógica formal, los enunciados existenciales negativos —aquellos que afirman que "no existe un 'x' que cumpla la propiedad P(x), en lenguaje formal (¬x P(x)) son indemostrables dentro de un dominio abierto o infinito.

Afirmar que algo no existe equivale a declarar que para todo 'x' no se cumple P(x) (x ¬P(x)). Para probar esto de manera categórica, necesitarías examinar cada rincón del dominio de definición y demostrar que en ninguno de ellos existe un objeto que satisfaga P(x).

Pongamos un ejemplo, supongamos que afirmo: "los unicornios no existen", entendiendo como dominio el universo entero. Es cierto que en la Tierra no existen los unicornios —al menos no en su forma de criaturas rosadas con cola de arcoíris y cuerno de galleta—, pero ¿quién puede asegurar que no hay unicornios en el exoplaneta Kepler-1649c, un mundo muy similar al nuestro que orbita alrededor de su estrella a 301 años luz de distancia? ¿Acaso has estado allí? ¿Puedes afirmar con total certeza que esa bella criatura no existe en ese planeta?

Pues ese, amigos míos, es el truco.

 

La carga de la prueba

Ya sabemos que no se puede demostrar que Dios no existe. Pero, entonces, ¿podemos demostrar que sí existe?

En lógica formal, los enunciados existenciales positivos —afirmar que existe un "x" que cumple la propiedad P(x) (x P(x)) sí son demostrables. Basta con encontrar un solo ejemplo que satisfaga la proposición o encontrar un contraejemplo que no la satisfaga. Sin embargo, aquí radica la complejidad del caso de Dios.

Todas las religiones monoteístas lo han venido diciendo: Dios es externo a este universo, es trascendente; Su reino no es de este mundo. Si se piensa, es lógico. Un pintor crea un cuadro y puede modificarlo a su voluntad, pero no puede entrar dentro del cuadro.

Y aquí radica el problema fundamental: si Dios es trascendente, no forma parte de la cadena causal ni pertenece a la realidad física. Queda fuera del dominio de los objetos empíricos que podemos observar, medir o ejemplificar. Por lo tanto, es imposible encontrar un ejemplo de Dios dentro de este mundo, que es el único dominio que podemos escudriñar. Con la ciencia no se puede llegar a Dios.

¿Y aquí acaba todo? No, si no funciona la lógica-física, podría funcionar la argumentación filosófica o lógico-metafísica. Y han ello se han dedicado muchos filósofos, destacando en esta tarea la escuela escolástica de la Iglesia Católica (5), que emplearon mucho tiempo en encajar la lógica con la fe.

El problema fundamental de las demostraciones puramente filosóficas es que siempre parten de supuestos o asunciones que deben aceptarse como ciertos previamente. Y aceptar un supuesto, al fin y al cabo, no deja de ser un acto de creencia.

Tomemos, como ejemplo paradigmático, la demostración ontológica de Dios () elaborada por el gran matemático Kurt Gödel (6). Gödel, basándose en el razonamiento previo de San Anselmo de Canterbury (7), construyó una demostración en lógica modal de la existencia de Dios que es, en su estructura, formalmente impecable (8).

He aquí la clave: Si aceptas el lenguaje modal que usa Gödel (un cálculo modal de segundo orden, típicamente el sistema S5), si aceptas los axiomas específicos que él introduce y si aceptas su definición formal de "ser divino", entonces la inferencia está correctamente derivada. La conclusión —la existencia necesaria de Dios— se sigue de las premisas mediante las reglas de la lógica modal. Es, en otras palabras, un teorema dentro de ese marco formal.

Pero fíjate, querido lector, en la letra pequeña: la enorme cantidad de cosas que hay que aceptar a priori. Y si las aceptas, ya estás creyendo. Ya tienes fe. La demostración es válida, pero su verdad factual depende por completo de la verdad de sus premisas, que escapan a la propia demostración.

La fe no encaja del todo, por mucho esfuerzo que se haga, con la razón. Por lo tanto, llegados a este punto podemos afirmar que a los efectos prácticos el par de proposiciones “Dios existe/Dios no existe”, que se podría sustituir perfectamente por la proposición “¿existe Dios?”, es indecidible. No puedo ni afirmarla ni negarla.

Y es aquí donde desembocamos, de manera inevitable, en el problema nuclear de la carga de la prueba.

¿Quién debe probar la existencia de Dios? La respuesta, en buena lógica –nunca mejor dicho–, es clara: aquel que hace la afirmación.

El que afirma la existencia de una entidad, de un hecho o de un fenómeno extraordinario es quien debe aportar las evidencias que lo sustenten. El escepticismo, por defecto, no tiene por qué demostrar la no existencia; su postura es la de la no aceptación por falta de pruebas convincentes.

El genio de la tetera de Russell reside precisamente en esto: desplazar el peso de la prueba hacia el lugar que le corresponde. Nos fuerza a reconocer que la mera imposibilidad de una refutación absoluta no constituye, ni por asomo, un argumento a favor de la existencia de algo.

La idea de la tetera

Pero ¿cuál es la parábola de la tetera de Russel? ¿no va siendo hora de que la examinemos? Pues vamos a transcribirla literalmente:

Si yo sugiriese que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana girando alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi afirmación, siempre que me cuidase de añadir que la tetera es demasiado pequeña para ser revelada incluso por nuestros telescopios más potentes. Pero si yo añadiese que, puesto que mi afirmación no puede ser refutada, sería una intolerable presunción por parte de la razón humana dudar de ella, con toda razón se pensaría que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera estuviera afirmada en antiguos libros, enseñada como verdad sagrada todos los domingos e inculcada en la mente de los niños en la escuela, entonces la duda sobre su existencia se convertiría en un signo de excentricidad y daría derecho al escéptico, en una época ilustrada, a la atención del psiquiatra, o en tiempos pasados, a la del inquisidor.”

Russell, que da la impresión de ser bastante ateo, utilizaba el agnosticismo —es decir, ni afirmar ni negar dogmáticamente la existencia de Dios— como una posición lógicamente impecable. Desde esta atalaya, podía desmontar las afirmaciones de los teístas sin necesidad de caer en la afirmación positiva ("Dios no existe"), que también habría requerido asumir una carga de la prueba.

Su legado es el de haber proporcionado el arma retórica definitiva para el escepticismo: no hace falta demostrar que Dios no existe; basta con señalar que no hay ninguna buena razón para creer que sí.

Además, reforzaba su posición con un argumento sociológico impecable: el relativismo cultural —cada sociedad tiene sus propios mitos y creencias— y el análisis del proceso de socialización por el cual, a lo largo de la vida, se internaliza la cultura de la sociedad a la que se pertenece. La tetera, nos dice Russell, solo necesita ser enseñada durante generaciones para volverse incuestionable.

 

Epicuro y el teorema de Thomas

Vamos ahora con Epicuro de Samos (9), mi filósofo favorito, para examinar un nuevo punto de vista. Confieso que me gusta el epicureísmo porque es un intento de tranquilizar a aquellos que, como yo, no afrontamos la idea de la propia muerte con mucha valentía y no acabamos de creernos ciertas promesas de salvación. Epicuro definió la muerte como la carencia de toda sensación; por tanto, consideraba absurdo preocuparse por un trance físico caracterizado por la más absoluta insensibilidad.

Del mismo modo, nuestro filósofo arremetió contra la superstición, contra los infiernos que nos esperan del otro lado, contra los dioses estúpidos o vengativos; todo lo cual no le hizo especialmente popular entre los que viven de este tipo de comercios.

Su genialidad no estuvo en negar a los dioses, sino en observar su poder real donde otros solo veían fe. Podríamos parafrasear su punto de vista así: "¿Cómo voy a ignorar a los dioses, si residen en la mente de miles de mis congéneres y, por tanto, moldean sus actos?".

He aquí la conexión crucial. Epicuro intuyó lo que el sociólogo W. I. Thomas (10) formularía muchos siglos después —el único teorema que conozco dentro de la Sociología—, el Teorema de Thomas. Podemos formularlo de la siguiente manera: si las personas definen una situación como real, esta será real en sus consecuencias. No importa si la creencia es "verdadera" en un sentido objetivo; su poder reside en su capacidad para motivar conductas.

El razonamiento epicúreo era práctico: si la gente cree que los dioses premian y castigan, actuará con miedo o esperanza, construirá templos, seguirá ritos y organizará su sociedad en torno a esa idea. La creencia, al ser compartida, genera una realidad social tangible. Por eso, para Epicuro, el problema no era la existencia metafísica de los dioses, sino la ansiedad que su culto generaba. Su filosofía buscaba liberar al ser humano de ese temor infundado, pero socialmente muy real.

De este modo, Epicuro no se enredaba en discusiones sobre la carga de la prueba. Se adelantaba al sociólogo: comprendía que el verdadero poder de los dioses no radica en su existencia en el más allá, sino en su existencia como fuerza motriz en la mente y, por ende, en las acciones de los hombres. La creencia, demostrada o no, tiene consecuencias.

En conclusión

Hemos recorrido, pues, un camino que va desde la imposibilidad lógica de negar a Dios hasta la imposibilidad práctica de demostrar su existencia. Nos hemos topado con el muro de la indecidibilidad.

Frente a este callejón sin salida metafísico, la tetera de Russell nos devuelve al sentido común: la carga de la prueba recae sobre quien afirma. Y la genialidad de Epicuro, avalada por la sociología, nos recuerda que, más allá de la veracidad de la creencia, su poder real y tangible reside en su capacidad para moldear el mundo a través de quienes actúan convencidos de ella.

Si el amable lector ha llegado hasta aquí puede constatar que en ningún momento he afirmado o negado la existencia de Dios. Teístas, ateos: ¡dejadme vivir en paz!

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas

  1. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia.
  2. Neferjeperura Amenhotep, Amenhotep IV o Amenofis IV fue el décimo faraón de la dinastía XVIII de Egipto; en su cuarto año de reinado, cambió su nombre a Neferjeperura Ajenatón, Ajenatón, Akhenatón o Akenatón (lit., «resplandor del sol»). Su reinado está datado en torno al 1353-1336 a. C. y pertenece al periodo denominado Imperio Nuevo. Es célebre por haber impulsado transformaciones radicales en la sociedad egipcia, al convertir al dios Atón en la única deidad del culto oficial del Estado, en perjuicio del, hasta el momento, predominante culto a Amón. El nuevo culto se centraba en la superioridad de Atón por encima de los demás dioses egipcios, es decir, una religión con una base monoteísta, dejando al resto del panteón egipcio fuera de todo culto. El propio faraón sería el intermediario del dios. Este cambio tuvo grandes consecuencias. Hubo fuertes discrepancias entre la sociedad, ya que se había eliminado de cuajo el culto a los antiguos dioses, muy arraigado entre la población que hasta ese momento era politeísta. Es el primer reformador religioso del que se tiene registro histórico. Su reinado no solo implicó cambios en el ámbito religioso, sino también reformas políticas y artísticas.
  3. El zoroastrismo, por el nombre de su fundador e iniciador, es la denominación de la religión que, derivada de una religión anterior denominada mazdeísmo (devoción a Ahura Mazda), se funda en las enseñanzas del profeta y reformador Zoroastro (Zarathustra), que reconocen como divinidad a Ahura Mazda, considerado por Zoroastro como el único creador increado de todo. El Supremo, y el Absoluto.
  4. La escolástica (palabra originada en el latín medieval scholasticus, a través del latín tardío scholastĭcus, 'erudito' o 'escolar', como préstamo del griego σχολαστικός [scholastikós], adjetivo derivado de σχολή [skholé], 'ocio' o 'tiempo libre') es una corriente teológica y filosófica medieval que utilizó parte de la filosofía grecolatina clásica para comprender la revelación religiosa del cristianismo. Fue la corriente teológico-filosófica predominante del pensamiento medieval, y se basó en la coordinación entre fe y razón, que en cualquier caso siempre suponía una clara subordinación de la razón a la fe (Philosophia ancilla theologiae, «la filosofía es sierva de la teología»).
  5. KurtGödel o también Kurt Goedel (en alemán [ˈkʊʁt ˈɡøːdəl]), (28 de abril de 1906 Brünn, Imperio austrohúngaro, actual República Checa – 14 de enero de 1978, Princeton, Estados Unidos) fue un lógico, matemático y filósofo austriaco-estadounidense. Reconocido como uno de los más importantes lógicos de todos los tiempos, el trabajo de Gödel ha tenido un impacto inmenso en el pensamiento científico y filosófico del siglo XX. Gödel, al igual que otros pensadores como Gottlob Frege, Bertrand Russell, A. N. Whitehead y David Hilbert intentó emplear la lógica y la teoría de conjuntos para comprender los fundamentos de la matemática. A Gödel se le conoce mejor por sus dos teoremas de la incompletitud, publicados en 1931 a los 25 años de edad, un año después de finalizar su doctorado en la Universidad de Viena. El más célebre de sus teoremas de la incompletitud establece que para todo sistema axiomático recursivo auto-consistente lo suficientemente poderoso como para describir la aritmética de los números naturales (la aritmética de Peano), existen proposiciones verdaderas sobre los naturales que no pueden demostrarse a partir de los axiomas. Para demostrar este teorema desarrolló una técnica denominada ahora como numeración de Gödel, la cual codifica expresiones formales como números naturales.
  6. SanAnselmo de Canterbury  (Aosta, 1033 - Canterbury, 21 de abril de 1109), conocido también como Anselmo de Aosta, por el lugar donde nació, o Anselmo de Bec, si se atiende a la población donde estaba enclavado el monasterio del cual llegó a ser prior, fue un monje benedictino que ejerció como arzobispo de Canterbury durante el periodo 1093-1109. Destacó como teólogo y filósofo escolástico. Doctor de la Iglesia. Como teólogo, fue un gran defensor de la Inmaculada Concepción de María y como filósofo se le recuerda, además de por su célebre argumento ontológico, por ser padre de la escolástica.
  7. Bertrand Arthur William Russell (Trellech, Monmouthshire; 18 de mayo de 1872-Penrhyndeudraeth, Gwynedd, 2 de febrero de 1970) fue un filósofo, matemático, lógico y escritor británico, ganador del Premio Nobel de Literatura. Tercer conde de Russell, pertenecía a una de las familias aristocráticas más prominentes del Reino Unido. Era hijo del vizconde de Amberley, John Russell, y ahijado del filósofo utilitarista John Stuart Mill, cuyos escritos tuvieron una gran influencia en su vida. Contrajo matrimonio cuatro veces y tuvo tres hijos. A principios del siglo XX, Russell encabezó la «revuelta contra el idealismo» británica. Es conocido por su influencia en la filosofía analítica junto con Gottlob Frege, su compañero G. E. Moore y su alumno Ludwig Wittgenstein y A. N. Whitehead, coautor de su obra Principia Mathematica. Apoyó la idea de una filosofía científica y propuso aplicar el análisis lógico a problemas tradicionales, como el problema mente-cuerpo o la existencia del mundo físico. Su ensayo filosófico Sobre la denotación ha sido considerado un «paradigma de la filosofía». Su trabajo ha tenido una influencia considerable en matemática, lógica, teoría de conjuntos, inteligencia artificial, ciencia cognitiva, informática, filosofía del lenguaje, epistemología, metafísica, ética y política.
  8. En su obra Proslogion (1077-1078), Anselmo plantea el famoso argumento ontológico, que se resume así:  Dios es “aquello mayor que lo cual nada puede pensarse”.Incluso el insensato (insipiens), que dice que Dios no existe, entiende esa definición en su mente. Pero algo que existe en la realidad es mayor que si existiera solo en la mente. Por tanto, Dios, al ser el ser mayor pensable, debe existir en la realidad. Es un argumento a priori, basado únicamente en la razón y no en la experiencia sensible. Más tarde, Tomás de Aquino y otros escolásticos lo criticaron (Tomás prefirió las “cinco vías” basadas en la experiencia), mientras que autores como Descartes y Leibniz retomaron y reformularon el argumento en la Edad Moderna. La demostración de Gödel basada en el argumento de San Anselmo está en: Los Argumentos OntolóGicos De San Anselmo Y Kurt | PPT | Christianity | Religion & Spirituality
  9. Epicuro (en griego: πίκουρος, Epíkouros) también conocido como Epicuro de Samos, (Samos, 341 a. C. - Atenas, 271 a. C./270 a. C.) fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo racional y el atomismo. Influido por Demócrito, Aristipo, Pirrón, y posiblemente Aristóteles y los cínicos, se volvió contra el platonismo y estableció su propia escuela en Atenas, conocida como el "Jardín" (kêpos; hortus), donde permitió el acceso de mujeres, prostitutas y esclavos. Se dice que escribió más de 300 obras sobre diversos temas, pero la gran mayoría de estos escritos se han perdido. Solo tres cartas escritas por él, la Carta a Heródoto, Pítocles y Meneceo; y dos colecciones de citas, las Máximas capitales y las Sentencias Vaticanas, han sobrevivido intactas.
  10. WilliamI. Thomas (n. 13 de agosto de 1863, Russell County, Virginia - m. 5 de diciembre de 1947, lugar), sociólogo estadounidense. Conocido principalmente por su Teorema de Thomas clave en la sociología del conocimiento: "Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias". Murió en 1947, es uno de los fundadores junto con George Herbert Mead del Interaccionismo simbólico.

 

 

Bibliografía

Barajas Juan Carlos (2015). Sociología de la religión:conceptos básicos. Sociología Divertida

Barajas Juan Carlos (2025). Dios llegó tarde a su cita con el hombre. Micro Sociología Divertida

Deaño Alfredo (2023). Introducción a la lógica formal. Alianza Editorial

Bertrand Russell (1952). ¿Existe Dios?  (escrito para Illustrated Magazine, nunca publicado. Más tarde se hizo una publicación póstuma de sus últimos artículos)

Barajas Juan Carlos (2014). Aurea Mediocritas. Sociología Divertida

Lledó Emilio (2019). El epicureísmo. Editorial Taurus


La tetera de Russell © 2025 by Juan Carlos Barajas Martínez is licensed under CC BY-NC-SA 4.0

Funcionalismo IV: sociología aplicada

 

 


 

Resumen

Usualmente, los estudios sobre funcionalismo ofrecen una visión general de la teoría sociológica y ciertos elementos concretos de sociología aplicada. En este artículo se intenta ir directamente a la sociología funcionalista aplicada. Está compuesto de una serie de explicaciones funcionalistas a problemas o conceptos sociales concretos.

Abstract

Usually studies on functionalism offer a general overview of sociological theory and certain concrete elements of applied sociology. In this article an attempt is made to go directly to applied functionalist sociology. It is composed of a series of functionalist explanations of specific social problems or concepts.

Índice

 

 

Introducción

Hemos estudiado el funcionalismo en tres artículos de este mismo blog: “El funcionalismo I: Talcott Parsons”, “El funcionalismo II: Robert Merton” y, por último, “El funcionalismo III: Alexander y el neofuncionalismo”. En estas entradas hemos descrito con detalle este movimiento sociológico y hemos contado cómo Parsons (1), Merton (2) y Alexander (3) entendían las grandes preocupaciones de la teoría sociológica.

En este artículo pretendo ir por otra senda, la de la sociología aplicada, la de los problemas concretos y la soluciones que los funcionalistas dieron a estos problemas.

Es este un punto de vista poco común en la literatura sociológica. Normalmente se viaja en un mismo texto, desde la teoría a la aplicación o al revés, subordinando normalmente la sociología aplicada a la teórica. Espero que esta visión, menos común, sea de utilidad para los estudiantes de sociología en particular y para los lectores interesados en general.

El artículo admite dos lecturas, la lectura de principio a fin, que puede resultar larga para muchas personas, o bien la consulta, ya que el artículo está separado por epígrafes con referencia a asuntos sociales concretos.

Empecemos por la interacción social y ya veremos dónde acabamos.

La interacción social

Podríamos definir la interacción social como el proceso según el cual una persona actúa y reacciona en relación con otras personas. La interacción social nos permite crear y recrear la realidad que percibimos. En nuestra vida cotidiana estamos continuamente interactuando con otras personas, pero no de cualquier modo, sino según pautas sociales determinadas.

Esa interacción entre dos personas puede realizarse por múltiples medios como el lenguaje hablado, la vestimenta y la apariencia en general, los modales o el lenguaje corporal y gestual. Y múltiples contextos sociales como en casa, en el trabajo, por la calle, en una situación cara a cara o en una conversación por teléfono o en un chat de WhatsApp.

Se dice “interacción” porque el mensaje emitido por un individuo tiene algún efecto sobre otro individuo, que responde según su interpretación del mensaje. Si no hay respuesta la interacción termina. Se dice “social” porque las interacciones ocurren en contextos o situaciones sociales, esto es, contextos que ya se han definido socialmente y son conocidos por los individuos que interactúan.

Como ya sabes querido lector, el enfoque funcionalista estima que una sociedad puede entenderse metafóricamente como un organismo vivo que se compone de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función o funciones necesarias para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es un sistema complejo cuyas partes “encajan” entre sí produciendo un equilibrio o estabilidad social. Simplificando se trata de una visión macro de una sociedad dividida en sistemas y subsistemas.

En una visión de este tipo, las aproximaciones funcionalistas a la interacción social la configuran como un sistema social más que integra un conjunto común de símbolos culturales y normas que aseguran que la gente reaccione de la misma manera a las situaciones   cotidianas. Hay que decir que no pusieron mucho interés en bajar la unidad mínima de estudio a nivel de interacción social, en el funcionalismo clásico se quedó en el par estatus-rol.

El cambio social

El cambio social es la transformación de la cultura y de las instituciones sociales, de las pautas sociales al fin y al cabo, a lo largo del tiempo.

Dado que el funcionalismo nos habla de sistemas y subsistemas sociales, el cambio social se entiende como la adaptación del sistema social de que se trate a su entorno, mediante el proceso de diferenciación y el aumento de la complejidad estructural. El cambio se explica como un epifenómeno de la constante búsqueda de equilibrio entre las distintas partes de la sociedad y su entorno.

Talcott Parsons desarrolló una teoría funcionalista de la evolución sociocultural. Para Parsons la evolución social tiene un carácter multidimensional. La diferenciación social (4) que postulara en su momento Spencer (5) es básica pero no es la única dimensión. Ésta se complementa con la adaptación al entorno o el aprendizaje acumulativo – es decir la cultura - que conduce a establecer tecnologías más eficientes y a conseguir un mayor conocimiento de nuestro mundo.

La evolución, para Parsons, actúa – cómo pensaban Comte (6), Durkheim (7) y Spencer - mediante un proceso general que provoca una serie de ciclos, pero este proceso general no afecta a todas las sociedades por igual. Algunas sociedades son más “funcionales” que otras, de manera que trabajan a favor de la evolución y otras, en cambio, debido a conflictos internos o limitaciones ambientales tienen un proceso evolutivo más lento o, simplemente, desaparecen de la historia incapaces de cambiar adecuadamente. Así las sociedades pasaban por las etapas primitiva, intermedia y moderna. Aun así, Parsons intentó evitar dar la impresión de formular una teoría unilineal de etapas diciendo que el proceso evolutivo ni es lineal ni constante.

Las instituciones sociales

Existe consenso en que una institución social es antes que nada una práctica que ha conseguido un grado amplio de aceptación social. En el sentido de que las acciones que se ajustan a esta pauta social no parecen visibles o destacables, siendo por el contrario muy visibles aquellas otras que parecen alejarse de esas pautas o transgredirlas. Cuando una determinada práctica social adquiere esa aceptación generalizada se dice que tal práctica se ha institucionalizado.

Para el funcionalismo, aparte de ser maneras de actuar y creencias con alto grado de aceptación social, las instituciones cumplen funciones que son necesarias para la propia existencia de la sociedad como tal. Talcott Parsons hablaba de un conjunto de prerrequisitos funcionales universales que resultan imprescindibles para que todo el sistema social tenga un orden persistente, dicho de un modo que todo el mundo pueda entender, son aquellas prácticas que una sociedad debe cumplir para que la sociedad pueda seguir funcionando con normalidad.

Para Parsons y sus seguidores los elementos fundamentales de la sociedad – lo que podríamos llamar “sociedad mínima” o la parte imprescindible de una colectividad para poder llamarla sociedad – se compone de cuatro sistemas que funcionan cooperativamente.

En primer lugar existe un sistema de reproducción y socialización básica de los individuos, lo que Parsons denominaba “Sistema Fiduciario”. En segundo término, toda sociedad debe contar con unas estructuras económicas que proveen de bienes y servicios, que promueven la manufactura y el comercio y dan trabajo a las personas. En tercer lugar, debe existir un sistema que proporcione y mantenga el orden, un sistema de poder, de articulación territorial y de uso legítimo de la fuerza. Y, por último, un sistema de creencias, de valores, en el que habría que incluir a la religión, lo que Parsons llamaba “Comunidad Societal”.

Para realizar cada una de estas funciones básicas de la sociedad es dónde Parsons coloca a las instituciones. Las sociedades se han dotado de un conjunto de instituciones sociales específicas para cumplirlas que estarían encuadradas en los sistemas que hemos descrito cómo la familia, las empresas, la política o las religiones.

La familia

Según el paradigma funcionalista la familia cumple cuatro objetivos básicos que la hacen ser una institución esencial para el buen funcionamiento de una sociedad.

En primer lugar, la familia cumple la función de socialización de los hijos, entendida como el aprendizaje de las herramientas básicas para ser miembros bien integrados en la sociedad. No es la única institución social implicada en esta tarea, también está el sistema educativo por ejemplo, pero la familia es esencial sobre todo en los primeros años de la vida de los individuos, aunque por supuesto, la socialización familiar continúa a lo largo de toda la vida.

En segundo término, los funcionalistas señalan la función de regulación de la actividad sexual. Todas las culturas racionalizan la sexualidad mediante sus formas matrimoniales, que como hemos dicho pueden ser muy diferentes de una sociedad a otra, a fin de mantener un cierto orden en la organización del parentesco y los derechos de propiedad. Un universal cultural relacionado con el parentesco y la sexualidad es el tabú del incesto que es una norma que evita las relaciones sexuales o el matrimonio entre parientes y que también, a pesar de su universalidad, adquiere formas diferentes.

La tercera función es la reproducción. La familia es el ámbito en el que nacen los niños y esta función es vital para que la sociedad perdure. La identidad social del individuo definida, entre otras características, por la etnia, la religión y la clase social viene fijada por el nacimiento en el ámbito de una familia determinada. La posición socioeconómica en el origen viene marcada por la familia.

Y por último, los funcionalistas dicen, que ante un mundo exterior hostil, la familia proporciona seguridad material y emocional. El individuo busca entre sus parientes cercanos protección física, apoyo emocional y asistencia económica y, en mayor o menor medida, casi todas las familias proporcionan estas ayudas, lo que no quiere decir que no existan conflictos económicos y relaciones difíciles en su seno.

De hecho, sabemos que en un país como España, en el que la familia es culturalmente muy importante, esta institución ha hecho de válvula de escape, de salvavidas, ante los rigores de la crisis económica. Muchas familias con sus miembros en paro han tenido que recurrir a los sueldos de los padres o a los abuelos y sus pensiones para poder sobrevivir y, aun sin crisis, hemos visto a los abuelos hacerse cargo de los nietos mientras los padres cumplían horarios laborales muy extensos. Podemos encontrar miles de ejemplos de esto que estamos hablando.

La desigualdad y las clases sociales

La desigualdad social es la propiedad por la cual las personas tienen acceso desigual a los recursos, los servicios y las posiciones de la estructura social que la sociedad valora. Valoración que surge de la evaluación continua de los miembros de la sociedad. Al mismo tiempo que nos interrelacionamos estamos clasificándonos mutuamente.

Para los funcionalistas no fue un tema que les preocupara especialmente. Parten de la base de que toda sociedad tiene una estructura social concreta, sin ésta no puede sobrevivir, tiene que haber estratos sociales o clases, en definitiva, un sistema de posiciones sociales más o menos igualitario, pero en todos los casos, existe un sistema de asignación de privilegios y funciones a dichas posiciones. Luego la desigualdad es funcional e inevitable y tenderá a mantenerse estable debido a la autorregulación social que permite a la sociedad adaptarse al medio en el que transita.

La conducta desviada

Paradójicamente, para el funcionalismo, la conducta desviada y el delito contribuyen a mantener el sistema social en equilibrio y a asegurar su conservación y adaptación. En esto siguieron los planteamientos de Emile Durkheim  que consideraba a la desviación como algo funcional.

De esta manera, la conducta desviada consolida los valores y las normas culturales, pues toda definición de lo que está bien o es lícito se demuestra por oposición a lo que está mal o es ilícito. Por tanto, contribuye a la clarificación de las normas morales y desarrolla un sentido colectivo de solidaridad ante la barbarie o el ultraje.

Por otra parte, lo que un buen día es una conducta desviada en el futuro puede no serlo. Las conductas desviadas obligan a pensar en cada momento dónde se colocan los límites y que grado de tolerancia admite una sociedad. Pueden ser alternativas al status quo que pueden llevar en la dirección de un cambio de las normas, lo que en definitiva en definitiva podemos calificar como cambio social.

El género y la sexualidad

Las ideas de Talcott Parsons y del funcionalismo clásico han quedado bastante atrasadas con respecto al pensamiento actual. Parsons se movía entre dos ideas: el género y la complementariedad.

Las diferencias de género, como en la mayoría de los conceptos que maneja el funcionalismo, tienen un efecto integrador de las sociedades. El género constituye un conjunto de roles complementarios uniendo a los hombres y las mujeres en familias que cumplen una serie de funciones vitales para la sociedad.

En este reparto de roles, la mujer se hace cargo de la vida familiar asumiendo las unciones de mantenimiento del hogar y el cuidado de los niños. El hombre pone a la familia en contacto con el mundo externo a través, sobre todo, de su participación en el mundo del trabajo.

Es durante el proceso de socialización cuando se enseñan estos roles, segregando aquellas cualidades – que Parsons denominaba instrumentales – que permiten el acceso al mercado laboral como la competitividad, la racionalidad y la seguridad en uno mismo; de las cualidades expresivas – terminología parsoniana – que preparan a las niñas para el cuidado familiar como la capacidad de respuesta emocional y la sensibilidad hacia los demás.

En versiones posteriores del funcionalismo como el neofuncionalismo se admite que las sociedades modernas se han dado cuenta de que el mantenimiento de los roles tradicionales de género supone un desperdicio de talento. Pero este cambio es lento porque tiene que luchar contra ideas que se encuentran muy enraizadas en la cultura.

El envejecimiento

La visión funcionalista del envejecimiento está contenida en la llamada teoría de la retirada. Según esta teoría, la sociedad mejora su funcionamiento al apartar a las personas mayores de los puestos de responsabilidad.

Según los funcionalistas para que una sociedad se mantenga estable es necesario reemplazar a los ancianos por personas jóvenes capaces de sustituirlos. La retirada se aprecia como una estrategia para el funcionamiento ordenado de la sociedad. Esta estrategia es hace más necesaria en una sociedad moderna, en cambio continuo, porque los trabajadores jóvenes cuentan con una formación más apropiada.

Esta teoría es muy criticada porque no tiene en cuenta alguna que otra cosilla de importancia. Por ejemplo, el coste de perder la experiencia de los mayores, el ostracismo económico al que se lleva a los jubilados, los costes psicológicos que produce el retiro de las personas, la pérdida de estatus y prestigio social o los deseos de aquellos que no quieren retirarse.

La salud

Talcott Parsons, definió la sanidad como el mecanismo por el que un sistema social mantiene a sus miembros sanos. La enfermedad es disfuncional y va en contra de los objetivos de la sociedad.

Parsons habla del rol del enfermo, el lector recordará que un rol social es una pauta de comportamiento socialmente aceptada, pues bien, con este comportamiento específico la sociedad entiende que es la conducta adecuada en alguien que está enfermo y lo acepta como tal.

Este rol presenta ciertas características. En primer lugar, la enfermedad supone una interrupción de las responsabilidades cotidianas. Pero para poder ejercer esta conducta, el paciente necesita de una acreditación médica. En nuestras sociedades es el médico el que otorga el rol de enfermo.

En segundo término, la enfermedad de un individuo no es deliberada, por lo tanto, no debe ser castigado por padecerla. Las conductas individuales que conducen a perder la salud son mal vistas socialmente.

En tercer lugar, un enfermo ha de querer recuperarse. La sociedad está dispuesta a ayudar pues la salud es una función social pero el paciente debe poner de su parte, debe hacer caso al médico y seguir el tratamiento. Obstinarse en seguir los malos hábitos o no seguir el tratamiento también despierta la censura del entorno social del paciente.

Por último, una persona enferma debe recibir ayuda de personal cualificado, no están bien vistos los tratamientos heterodoxos de personas que no pertenecen al estamento médico. Y esto nos lleva al segundo rol social que identifica Parsons: el rol del médico.

El papel del médico se centra se centra en diagnosticar la enfermedad y sanar a los pacientes para que vuelvan a su actividad cotidiana. El cumplimiento de esta función se basa en un conocimiento especializado debidamente justificado.

En la relación entre médico y paciente se produce una dependencia, el primero debe proporcionar información al enfermo y éste debe seguir al pie de la letra sus indicaciones. Esta relación de dependencia acaba siendo jerárquica, se deben cumplir las órdenes del médico, aunque existen diferencias de grado entre sociedades distintas.

Los medios de comunicación

Los funcionalistas consideran a los medios de comunicación como una parte del sistema social que sirve para integrar la sociedad ya que aportan información, educación y entretenimiento.

Entre las funciones de mayor relevancia que ofrecen los medios de comunicación está, en primer lugar, la función de vigilancia. Los medios de comunicación proporcionan información sobre qué es lo que ocurre en el ámbito local, nacional y global. De manera que  pueden avisar de los peligros cercanos desde catástrofes meteorológicas a guerras o delincuencia. La otra cara de la moneda es que pueden ser disfuncionales si provocan alarmas innecesarias.

En segundo lugar, está la función de adjudicación de estatus por la cual las personas que aparecen en los medios se hacen conocidas lo que automáticamente influye en su estatus social.

La tercera función es la presión para la aplicación de normas sociales. El anuncio público de normas sirve para reducir la diferencia entre la actitud privada y la moralidad pública.

En cuarto lugar, los medios sirven para transmitir la cultura. Son agentes de la socialización. Los documentales al público adulto y los programas educativos para los más jóvenes son ejemplos de cómo los medios pueden servir para difundir contenidos culturales o educativos.

Por último, algo que más que una función es una disfunción, el poder narcotizante de los medios que puede conducir a la superficialidad, la frivolidad y al agilipollamiento masivo.

El medio ambiente

El análisis funcionalista siempre hace hincapié en los valores y creencias para el buen funcionamiento del sistema social. De esta manera, la situación del medio ambiente depende básicamente de la actitud de las personas hacia el mundo natural.

Se ha estado manejando, desde el principio de era industrial, el concepto de explotación de la naturaleza como fuente de la comodidad, la felicidad y la realización personal fomentando un consumo ostentoso como medida de la posición social. Esto ha influido en la producción masiva, por ejemplo, en el uso y adquisición de los vehículos privados como medidor de estatus. Esto afecta de forma interdimensional en la vida social, abarcando múltiples sectores y extendiéndose a casi todos los países del mundo.

Los funcionalistas consideran que debido a esta multiplicidad de formas en el que el consumo consume los recursos naturales no es razonable esperar que se frene fácilmente la destrucción de los recursos terrestres.

Pero el funcionalismo es optimista respecto a las posibilidades de que las sociedades respondan de forma constructiva a los desafíos medioambientales. Destacan los pasos que se han dado en los países desarrollados, la concienciación de las personas, el empleo de nuevas tecnologías más ecológicas y el surgimiento de empresas que consiguen beneficios limpiando el entorno físico. En última instancia, dado que las personas tienen que respirar, beber y comer, en una palabra, vivir con la naturaleza se realizarán todos los esfuerzos necesarios para solucionar todos los problemas ecológicos que han surgido y surgirán en el futuro.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas:

  1. Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
  2. Robert Merton, nacido Meyer Robert Schkolnick (Filadelfia, 4 de julio de 1910 - Nueva York, 23 de febrero de 2003) fue un sociólogo estadounidense. Es padre del Premio Nobel de Economía Robert C. Merton. Padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975), Merton es uno de los clásicos de la escuela estadounidense de esta disciplina. También fue importante su labor en el campo de la sociología de la Ciencia.
  3. Jeffrey C. Alexander es un destacado pensador y profesor norteamericano que ha contribuido notablemente en la sociología contemporánea, particularmente en la sociología cultural.​ También es considerado como una referencia necesaria del "neofuncionalismo" en sociología.
  4. La diferenciación social se refiere a un proceso mediante el cual grupos de actividades realizadas por una única institución social con el tiempo pasan a ser realizadas por varias instituciones diferentes, lo que supone una especialización creciente de los diferentes elementos de una sociedad.
  5. Herbert Spencer (Derby, Inglaterra, 1820-Brighton, Inglaterra, 1903) fue un naturalista, filósofo, psicólogo, antropólogo y sociólogo inglés. Fue uno de los más ilustres positivistas de su país. Ingeniero civil y de formación autodidacta, se interesó tanto por la ciencia como por las letras. Ver en este mismo blog: “De cuando la sociología daba sus primeros pasos III: Reino Unido e Italia”.
  6. Auguste Comte, cuyo nombre completo Isidore Marie Auguste François Xavier Comte (Montpellier, Francia, 19 de enero de 1798-París, 5 de septiembre de 1857), es considerado el creador del positivismo y de la sociología, aunque hay sociólogos que solo le atribuyen haberle puesto el nombre. Mirad "De cuando la sociología daba sus primeros pasos".
  7. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “De cuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog.

 

Bibliografía:

Ritzer, George: Teorúa Sociológico Moderna, Mac Graw-Hill, Madrid 2001

Varios autores, Ritzer, George (coordinador): The Blackwell Encyclopaedia of Sociology. Blackwell Publishing. Oxford 2007

Macionis, John; Plummer, Ken: Sociología, Prentice-Hall, Madrid 2006

Giddens, Anthony: Sociología, Alianza Editorial, Madrid 2000

Stompzca, Piotr: Sociología del Cambio Social, Alianza Editorial, Madrid 1995

Kerbo, Harold R.: Estratificación Social y Desigualdad, Pearson-Prentice Hall, Madrid 2005

 


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Teorías sobre la desigualdad




Un primer análisis
En el artículo anterior vimos qué se entendía por desigualdad social en el ámbito de las ciencias sociales, qué tipos de desigualdad hay y cómo se mide. Damos un paso más y vamos a ver, de una manera sucinta,  las explicaciones a la desigualdad que  ha dado la sociología.

Y como lo voy a hacer de manera resumida, con el fin de no aburrir en demasía al lector curioso pero no experto, no quisiera que el lector informado o docto me reprochara haberme dejado en el tintero cosas importantes; pues de ambos tipos de comentarios recibo. Ruego un poco de flexibilidad y de caridad a mis lectores pues lo que intento no es nada fácil.

En el artículo anterior quedamos en que la desigualdad era la propiedad por la cual las personas tienen acceso desigual a los recursos, los servicios y las posiciones de la estructura social que la sociedad valora. 

Y la explicación a este fenómeno ha sido abordada desde la antigüedad por una legión de filósofos pero, desde que la sociología es ciencia, han existido dos teorías o paradigmas generales, ya lo hemos visto en otros artículos, las teorías del conflicto y las teorías funcionales. Ambos planteamiento son intentos de dar explicación a la pregunta del millón: ¿cómo es posible que la mayoría de la gente obedezca las reglas sin que se produzcan constantes conflictos desintegradores entre los diferentes grupos sociales?, dicho de otra manera, ¿cómo es posible la propia existencia de la sociedad?.

Tres son los puntos de choque entre ambos grupos de teorías. En primer lugar, los funcionalistas afirman que la sociedad se mantiene unida debido fundamentalmente a la existencia de un contrato social sobre los principales valores y normas de la sociedad. Los teóricos del conflicto, en cambio, sostienen que no hay  una argamasa de valores que mantenga unida a la sociedad sino que, o bien el grupo o grupos dominantes tiene el poder de hacer cumplir las reglas, o bien hay tantos grupos de interés solapados y divididos que deben aprender a cooperar. 

En segundo lugar los teóricos funcionales tienden a considerar  a las sociedades como si fueran organismos vivos mientras que los teóricos del conflicto suelen poner el objeto de estudio en las partes y los procesos entre las partes que constituyen la sociedad.

Por último, los funcionalistas ven las sociedades como sistemas con una serie de necesidades que tienen que satisfacer para sobrevivir mientras que los teóricos del conflicto ven las sociedades como un terreno de juego, como una cancha, en la que los distintos grupos con diferentes intereses compiten por llevarse el gato al agua.

¿Cuál es la visión correcta?, ¿qué grupo de sociólogos tiene más razón?. Bueno no estoy seguro que podamos hacer preguntas de este tenor. Son modelos distintos, perspectivas diferentes del mismo objeto de estudio. Kerbo (1) da un ejemplo interesante cuando dice que es como el físico que tiene una imagen de su objeto de estudio. Puede éste tener una imagen relativista del Universo, otro físico tener una imagen cuántica  y hasta Einstein todos los físicos  tenían una visión newtoniana que coincide con nuestra experiencia vital. Estas imágenes no son correctas o incorrectas sino más o menos útiles para contestar preguntas, para aproximarse desde direcciones distintas al objeto real.

A este respecto os voy a contar mi truco. Este artificio mío deriva probablemente de mi formación previa de ingeniero informático, por lo que me encuentro cómodo tanto en el estudio de sistemas y subsistemas como en el estudio de procesos que varían con el tiempo. Por eso, si se trata de estudiar la estructura social en un momento histórico concreto yo creo que usaría más bien una aproximación funcionalista, pero si se trata de estudiar el cambio social, aplicaría los conceptos críticos de la sociología del conflicto.

Un análisis más detallado
Una vez sentado lo básico, vamos a dar una vuelta de tuerca a todo esto, vamos a seguir la estela de Lenski (2), Strasser (3) y el propio Kerbo y vamos a hacer un análisis más detallado ampliando las dimensiones de estudio. Vamos a analizar las teorías sociológicas desde dos puntos de vista o dimensiones, por un lado, desde los valores y, por otro, desde los modelos de sociedad.

Estudiando los diversos autores podemos extraer en la dimensión valorativa tres supuestos. En primer lugar, si la desigualdad es inevitable o evitable, es decir, si toda sociedad humana es desigual por definición o no. En segundo término si la escuela sociológica de que se trate mantiene una visión optimista de la naturaleza humana o no. Y, por último, si la sociología debe ser una ciencia neutral y limitarse a observar, describir y explicar, o bien, debe plantearse como meta la intervención para alcanzar sociedades mejores y más justas. Estos supuestos valorativos los podemos clasificar en dos tendencias, críticos y no críticos.

De la misma manera, podemos extraer dos modelos de sociedad: un modelo basado en el conflicto y un modelo basado en el orden. Básicamente es lo que hemos visto en el apartado anterior. En primer lugar el dilema entre una sociedad que se mantiene unida mediante el conflicto y la lucha del poder o mediante el consenso en normas y valores. En segundo lugar, si el estudio se centra en las partes y procesos que se dan en el seno de la sociedad o se contempla la sociedad como un sistema y, por último, si la sociedad es un contexto para las luchas entre las divisiones o estratos sociales, o bien, el sistema social tiene unas necesidades propias que tiene satisfacer para su supervivencia.

En el cuadro siguiente se muestra todo lo que hemos expresado en los dos últimos párrafos:


La combinación de ambas variables nos da una clasificación, debida a Strasser y Kerbo, formada por cuatro casillas que contienen cuatro paradigmas: el crítico del orden, el no crítico del orden, el crítico del conflicto y el no crítico del conflicto. Y en cada uno de los paradigmas podemos agrupar las teorías específicas de la estratificación social que en mundo han sido. Esto se puede ver en el cuadro siguiente con más claridad, en el que además incluimos los autores más prominentes de cada paradigma:


 Paradigma Crítico del Orden

Lo primero que hay que señalar es que las teorías contemporáneas más importantes han ido por otros derroteros. Tenemos que ir a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX para encontrar autores que se pueden incluir en esta casilla como fueron Louis de Bonald (4) y Joseph de Maistre (5).
 
Ambos autores reaccionaron ante la Revolución Francesa y se alejaron del racionalismo de la Ilustración, reconocían los aspectos irracionales de la vida social – por ejemplo el patriarcado, los ritos, la tradición, la religión - y les asignaban un valor positivo. Con ello investigaron acerca de formas sociales que no habían preocupado a los filósofos de la ilustración más dirigidos a lo natural que a lo humano. Así, fueron los primeros que llegaron a la conclusión de que una sociedad se componía de elementos tales como los roles, posiciones, estatus, relaciones, estructuras e instituciones. Pusieron el énfasis en la familia como unidad de estudio. Hicieron una primera aproximación al estudio de la sociedad como un conjunto de partes – sistemas diríamos actualmente – interrelacionadas e interdependientes.

Ambos autores eran partidarios del Antiguo Régimen, consideraban a Dios como el arquitecto de las sociedades y , el que quisiera cambiarlas, tendría que vérselas con Él. Así que críticos no sé si fueron, no voy a contradecir a autores de mucho prestigio como Strasser y Kerbo, pero desde luego de Bonald y de Maistre gentes de orden sí que fueron.

Paradigma no Crítico del Orden
Coincide en lo básico con la teoría funcional que hemos tratado al principio del artículo. Consideran que la desigualdad social es inevitable por dos razones fundamentales, en primer lugar, por la naturaleza egoísta del ser humano y, en segundo término, porque la sociedad requiere de la desigualdad para satisfacer algunas de sus necesidades básicas.

Un principio clave de este paradigma es que para el mantenimiento de la desigualdad social, por otra parte necesaria, tienen que ponerse en marcha ciertos mecanismo restrictivos que se difunden en el proceso de socialización y se justifican en un proceso continuo de legitimación que mantiene el consenso en torno a las normas y valores sociales. Como resultado de todas estas ideas, los autores de este paradigma no tienen grandes ambiciones críticas y son bastante partidarios del status quo.

Kerbo propone la teoría del sociólogo francés Emile Durkheim (6) como ejemplo para mostrar este paradigma. Toda la obra de Durkheim contiene la idea recurrente de que el orden social sólo es posible si la naturaleza humana, egoísta como sabemos, queda domada por el sistema normativo.

Como hemos comentado, Durkheim como la mayoría de los autores de este paradigma, era partidario de identificar a la sociedad como un organismo vivo compuesto de partes orgánicas cada una con sus funciones asignadas necesarias para que la sociedad pueda existir. Por tanto, veía este sistema social como un todo, como un conjunto interrelacionado de sistemas, lo que dejaba muy poco sitio para teorizar sobre las divisiones sociales e intereses opuestos entre los grupos sociales. Por ejemplo consideraba a las clases sociales como una patología del organismo social.

El Estado sería en este contexto el mecanismo coordinador del organismo social, el conjunto de instituciones social que meterían en cintura a las personas regulando el conflicto egoísta en nombre del bien común.

Paradigma Crítico del Conflicto
Los autores pertenecientes a esta corriente piensan que el conflicto y el poder son las claves del orden social. Las elites coaccionan o manipulan a las clases subordinadas gracias a su influencia en las instituciones básicas de la sociedad.

Al contrario de lo que piensan los autores encuadrados en los paradigmas anteriores la naturaleza humana no es egoísta sino altruista, cooperativa y flexible. Creen que una sociedad más igualitaria y justa es posible.

Por otra parte, para ellos no cabe una ciencia social neutral, de laboratorio. La labor de la sociología deber ser comprender la sociedad actual para promover el cambio social hacia formas mejores.

Podemos encontrar ideas sobre el conflicto en Saint-Simon pero las ideas básicas sobre la lucha entre las clases y las explotación del hombre por el hombre maduraron en los escritos de Carlos Marx (7). Marx y el marxismo han representado la máxima figura en la sociología crítica.

La perspectiva crítica del conflicto es dinámica, se caracteriza por el cambio. El orden social existe porque existe una clase dominante que resulta favorecida por una fase específica del desarrollo económico. Esta fase es estable durante un tiempo pero acaba por desestabilizarse.

Para Marx la principal fuente de esas contradicciones presentes en los modelos de sociedad queda al descubierto cuando se producen cambios económicos. En cualquier sociedad estable existe un equilibrio entre la estructura económica, las relaciones sociales y el sistema económico. Al modificarse las fuerzas productivas, el equilibrio se desmanda, las contradicciones se intensifican conduciendo a choques abiertos entre las clases y, finalmente, a la revolución. Esto ha pasado en la historia varias veces y pasará hasta que se alcance una sociedad igualitaria que, en el marxismo, era el comunismo (8).

Paradigma no Crítico del Conflicto
Los autores que se encuadran en este paradigma no son críticos porque comparten las ideas acerca de la desconfianza en el ser humano y  de la inevitabilidad de la desigualdad que manifestaba Durkheim entre otros.

Asimismo piensan que la sociología, para ser ciencia, debe estar libre de valores. Se debe explicar e interpretar la sociedad como si se estudiara un fenómeno físico o la conducta animal, de manera completamente objetiva.

Y se trata de un paradigma del conflicto porque existen unas relaciones de dominación permanentes. La idea principal de este grupo de autores es que, cuando un grupo social es capaz de alcanzar una posición dominante tenderá a usar esa posición para satisfacer sus intereses egoístas. En el conflicto entre grupos, una clase dominante puede ser sustituida por otra, pero sin llegar a constituir una sociedad realmente igualitaria.

El principal exponente de esta corriente es Max Weber (9). Se suele decir que Weber construyó en parte su teoría sociológica en oposición a la teoría marxista pero, en opinión de importantes autores como Ritzer (10) y Kerbo, esto no es del todo cierto.  Weber trabajó dentro de la teoría del conflicto intentando, como dice Ritzer, redondearla. Por otra parte, existen otras muchas influencias en la teoría weberiana, aparte de las ideas de Marx.

Desarrolló y elaboró ideas de gran influencia en la sociología posterior, por resumir vamos a decir la que tiene que ver con el tema que estamos desarrollando: amplió las dimensiones de la desigualdad. Marx había establecido la dimensión única de la clase social, Weber elaboró una visión multidimensional añadiendo el estatus o prestigio y el poder

Consideraba las relaciones de dominación y el conflicto resultante, más o menos agudo, como las relaciones humanas más importantes en la configuración de la naturaleza de la sociedad. Pero de manera distinta a Marx, Weber era un auténtico pesimista en lo que se refiere la capacidad de la sociedades para hacerse más justas y humanas. 

Esta última característica y la defensa a ultranza de una sociología libre de valores en el estudio de la sociedad son las pautas que hacen que podamos calificar a Weber como no crítico. Y es precisamente esta perspectiva lo que hizo que, al contrario de Marx, se preocupara más por lo que es que por lo que podría ser, nunca escribió un programa para la mejora de la sociedad.


Juan Carlos Barajas Martínez    
Sociólogo

Notas:

  1.  Harold R. Kerbo es profesor de sociología de la Universidad Politécnica de California en San Luis Obispo, especialista en estratificación social y desigualdad.
  2. Gerhard Emmanuel Lenski (nacido el 13 de agosto 1924 en Washington DC) es un sociólogo norteamericano conocido por sus contribuciones a la sociología de la religión, la desigualdad social y la teoría ecológico-evolutiva.
  3. Hermann Strasser (Nacido el 28 de Noviembre de 1941 en Altenmarkt im Pongau) es un profesor de sociología austríaco. Después de trabajar en los años 70  en el departamento de sociología de la Universidad de Oklahoma regresó a Europa, a la universidad de Duisburg-Essen de la que en la actualidad es profesor emérito.  
  4.  Louis de Bonald. Vizconde de Bonald (Millau, 2 de octubre de 1754 - 23 de noviembre de 1840) fue un político, filósofo, escritor y publicista francés, exponente del pensamiento católico tradicionalista en los años posteriores a la Revolución francesa. Ferviente monárquico y católico, Bonald se convirtió en la voz principal de los ultra-legitimistas y ultramonárquicos. En sus numerosas obras atacó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el Contrato social de Rousseau y las innovaciones político-sociales de la Revolución, para abogar por la vuelta a la autoridad de la monarquía y de la religión.
  5.  Joseph de Maistre. Joseph-Marie, conde de Maistre (Chambéry, 1 de abril de 1753 - Turín, 26 de febrero de 1821), teórico político y filósofo saboyano, máximo representante del pensamiento contrarrevoluccionario, opuesto a las ideas de la Ilustración y la Revolución francesa.
  6. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “Decuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog
  7.  Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra  en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.
  8. Comunismo. Para Marx suponía la sociedad sin clases que surgiría de la última revolución, en la que la clase trabajadora podría liberarse de la dominación de la burguesía. Una sociedad que seguiría el principio de cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades.
  9. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  10. George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.

Bibliografía:

Estratificación Social y Desigualdad
Harold R. Kerbo
McGraw-Hill
Madrid 2003. 5ª Edición

Sociología
John J. Mancionis y Ken Plummer
Paerson-Prentice Hall
Madrid 2005

Teoría Sociológica Moderna
George Ritzer
5ª Edición
ED. McGraw-Hill
Madrid 2001


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