Urich Beck y la sociedad del riesgo

 


Resumen

Este artículo describe las ideas de Ulrich Beck sobre la sociedad postindustrial desde la perspectiva de los nuevos riesgos que la tecnología han traído, nuevas amenazas que generan un miedo difuso y constante que ha provocado una forma de pensar (la modernidad reflexiva) y un nuevo modelo de sociedad (la sociedad del riesgo).

Es también muy interesante la opinión de Beck sobre el cálculo obsoleto de las probabilidades de que los riesgos se materialicen en desastres, la falta de expertos, la falta de límites territoriales y temporales de las amenazas, la percepción social del riesgo y la correlación inversa entre riesgo y nivel económico.

Abstract

This article describes Ulrich Beck's ideas about post-industrial society from the perspective of the new risks that technology has brought, new menaces that generate a diffuse and constant fear that has provoked a way of thinking (reflexive modernity) and a new model of society (the risk society).

Beck's opinion about the outdated calculation of the probabilities of risks materializing into disasters, the lack of experts, the lack of territorial and temporal limits of hazards, the social perception of risk and the inverse correlation between risk and economic level is also very interesting.

 

Índice

 

La modernidad reflexiva y la sociedad del riesgo

Cómo ya hemos comentado muchas veces en este blog, la revolución industrial trajo de su mano un nuevo mundo, el mundo moderno. Diversos autores dividen este período histórico de la sociedad contemporánea entre diferentes modernidades, distinguen entre modernidad inicial y modernidad avanzada o modernidad clásica y modernidad reflexiva o entre modernidad sólida y modernidad líquida o entre modernidad y posmodernidad, hay un debate acalorado al respecto, pero si somos sinceros vienen todos a decir lo mismo y las diferencias son meros matices.

El caso es que sacando mínimo común divisor de todas estas ideas habría una modernidad asociada a los comienzos de la sociedad industrial, de relaciones más estables, más asentadas en un determinado territorio, con tecnologías menos cambiantes y una nueva modernidad mucho más variable, flexible, informe como un líquido, no relacionada únicamente con el tejido industrial sino con la información y el conocimiento, ni con un territorio concreto sino que es global y en lo que no sirve ya se tira, ya sean animales, vegetales o minerales. Y lo curioso es que, como los cambios sociales se acumulan como los estratos en un terreno, podemos reconocer a nuestro alrededor elementos de ambos tipos de modernidades.

Toda esta tecnología nos ha traído prosperidad, pero también ha venido cargada de nuevos peligros. La energía nuclear, la inteligencia artificial, la producción industrial robotizada, entre otras muchas tecnologías, ha proporcionado una cantidad nunca antes vista de crecimiento económico, pero al mismo tiempo, han traído consigo nuevos peligros y formas de destruirnos a nosotros mismos y a nuestro entorno. Todos estos avances han abierto la posibilidad de que ocurran desastres de alcance global y cuyas consecuencias, en caso de producirse, son difícilmente reparables.

Esta situación ha generado un nuevo tipo de reflexión en individuos y sociedades, un nuevo pensamiento relacionado con la seguridad y los riesgos de que se lleguen a producir accidentes irreversibles.

El gran sociólogo alemán Ulrich Beck (1) analizó con detalle este nuevo modo de pensar. Como otros sociólogos y filósofos, Beck pensaba que la vida social había evolucionado hacia una segunda etapa de la modernidad, fue uno de los que junto con Anthony Giddens (2) usó el termino modernidad reflexiva.

Esta modernidad reflexiva está marcada por la toma de conciencia de que no es posible, no ya dominar a la Naturaleza, sino que no podemos estar seguros de que podamos controlar las propias realizaciones del ser humano.

Así que, de manera casi natural, la modernidad reflexiva ha dado lugar a la emergencia de una sociedad del riesgo en la que los dirigentes, científicos, políticos y público en general están cada vez más preocupados con la producción, difusión y permanencia de los riesgos asociados a la actividad humana.

¿Qué es el riesgo?

Podemos entender el riesgo como la proximidad de sufrir algún daño, es decir, como la probabilidad de que se produzca un problema, teniendo en cuenta que cabe la posibilidad de que éste no llegue a materializarse. Esto es importante porque el riesgo es una amenaza, pero no necesariamente una realidad, nos pasamos la vida temiendo sucesos que no llegan a ocurrir.  Esa amenaza constante genera un miedo constante y difuso, miedo al riesgo de padecer una enfermedad, al desempleo, al terrorismo yihadista y a tantas cosas más, reales o irreales.

Beck señala cuatro propiedades básicas en los riesgos modernos. En primer lugar, los riesgos son hijos de las fuentes de riqueza de la sociedad moderna.

En segundo término, no tienen limitaciones ni en el espacio – no están sujetos a un territorio, por ejemplo, ni la contaminación nuclear ni el terrorismo global se paran en las fronteras – ni en el tiempo – las consecuencias pueden presentarse durante generaciones.

En tercer lugar, son irreparables, no se puede volver a la situación anterior al daño producido.

Y, por último, las formas de calcular las probabilidades de que un riesgo se materialice han quedado obsoletas dado que son muy nuevos o no hay precedentes ni experiencia previa de los desastres que pueden producir.

La percepción del riesgo y los expertos

Otra variable muy importante en el análisis de Beck es la percepción del riesgo pues de ello depende la respuesta social al mismo, influye en cómo la sociedad mide la gravedad y lo que está dispuesta a invertir en la prevención y en los procedimientos de contingencia si el riesgo llega a convertirse en desastre.

Beck detecta una ambigüedad en la percepción social del riesgo, por un lado, los riesgos son reales y no pueden ignorarse, pero al mismo tiempo, son virtuales porque no dejan de ser un temor a situaciones que no se han producido.

Gestionar esto no es fácil, gastar dinero y esfuerzos en prevenir posibles peligros no siempre es popular. Representa un problema para gobiernos y empresas, unos porque normalmente tienen que adoptar políticas muy impopulares que necesitan de mucha pedagogía o tienen que responder con mayor diligencia a los grupos de presión que a sus ciudadanos, los otros porque tienen la inveterada costumbre de repartir dividendos entre sus accionistas y no siempre se preocupan por la ética en el modo de hacerlo.

Por si fuera poco, Beck apunta que ni los mismos expertos tienen una idea clara en materia de riesgos, concluye, que no hay expertos sino gente que pasa por serlo. El razonamiento es el siguiente, muchos de los riesgos actuales son tan complejos que ni científicos ni ingenieros consiguen ponerse de acuerdo en cuanto a su probabilidad, gravedad, prevención y contingencia. Además, para una parte de la sociedad los mismos expertos son parte del problema y no de la solución, por ejemplo, los expertos en energía nuclear son los que hacen malabarismos con los átomos, aunque no todas personas son iguales, estudian y trabajan en lo mismo, entonces, ¿cómo tomarles en serio? Beck lo expresa diciendo que "han dilapidado hasta nuevo aviso su reputación histórica de racionalidad".

De todas las formas Beck concluye que, a pesar de los pesares, los científicos son indispensables en la sociedad del riesgo porque no tenemos otro remedio que recurrir a ellos, aunque sean falibles y se vean sorprendidos o superados.

Las sociedades tecnológicas presentan tres clases de respuestas ante los riesgos. En primer lugar, la negación; se hace como si no existieran, es la reacción más común. En segundo término, la apatía, se reconoce el riesgo, pero no se hace nada. Y, por último, la transformación que Beck define como la gestión colectiva global – cosmopolita según su terminología – para vivir de forma positiva bajo la sombra del riesgo.

Riesgos y clase social

Para Beck el riesgo y la clase social guardan una cierta relación. El riesgo, como la riqueza, sigue una pauta clasista, sólo que inversa. Mientras la riqueza se acumula arriba, los riesgos lo hacen abajo. En este sentido parecen reforzar, no abolir, la sociedad de clases. La pobreza atrae a una elevada y desafortunada cantidad de riesgos, en cambio, la riqueza – en renta, en educación o poder – puede comprar seguridad y liberación de los riesgos.

Lo que ocurre en las clases sociales también se da entre las naciones. Los riesgos se concentran en las naciones pobres mientras que es más fácil que las naciones ricas los eviten y encima se beneficien de los riesgos que ellas generan, ensayando en el tercer mundo medidas de prevención y contingencia que pudieran ser aplicables ante crisis posteriores similares.

Sin embargo, en la sociedad del riesgo, ni los individuos ni las naciones ricas están completamente a salvo, es lo que Beck denomina efecto bumerang, los propios agentes de la modernización están atrapados por los peligros que ellos mismos han desatado, al menos mientras que nadie se pueda bajar en marcha de esta nave espacial que es nuestro planeta. La radiactividad generada por Chernóbil no necesitó de pasaporte para desplazarse por Europa, la pandemia del Covid parecía durante las navidades de 2019 que era cosa de los chinos que no tienen criterio a la hora de elegir animales con los que alimentarse, tres meses después estábamos confinados en casa.

Temor y esperanza

En contra de lo que pudiera parecer Beck no es un pesimista irredento, sino que se mueve entre el temor y la esperanza.

Por el lado del temor, es indudable que la globalización ha traído consecuencias negativas que incluyen las crisis financieras periódicas, el cambio climático y la amenaza del terrorismo, entre otras plagas bíblicas.

Por el lado de la esperanza, Beck aprecia aspectos positivos en este marco aparentemente deprimente. Considera que el aumento del riesgo nos ha llevado a una situación que denomina “cosmopolitismo”.

El cosmopolitismo es un concepto multidimensional. En primer lugar, afrontar un riesgo global implica una respuesta global, las consecuencias catastróficas de la materialización de un riesgo afecta a toda o a gran parte de la humanidad lo que requiere de la respuesta de naciones y organizaciones internacionales lo que favorece la cooperación entre ellas.

La segunda dimensión del cosmopolitismo es la cobertura mediática internacional que ayuda a entender el mayor impacto de los desastres en los sectores pobres de la población y en las naciones en vías de desarrollo.

Por último, beck señala que la sociedad civil se organiza, se informa y se opone, en lo denomina la conciencia pública del riesgo. Suelen ser las propias personas, las víctimas de los riesgos, quienes empiezan a reflexionar sobre ellos. Observan y recogen datos sobre los riesgos y sus consecuencias para la gente y para el entorno. . 

Esta conciencia social del riesgo fomenta alianzas entre grupos sociales, por ejemplo ante el problema del cambio climático, el diálogo entre grupos ecologistas y ciertas empresas - que han descubierto que esta es una vía conjuga el negocio y la sostenibilidad-  promueve la acción coordinada en la protesta por la falta de respuesta de los gobiernos entretenidos en que Beck llama "subpolíticas", es decir, las actuaciones de gobiernos y grupos de presión que actúan al margen de los sistemas parlamentarios y del control ciudadano.

Conclusión

Las ideas de Beck han tenido un gran eco más allá del debate puramente sociológico pues su enfoque multidisciplinar está dirigido hacia muchas de las principales preocupaciones de la humanidad. La publicación de su obra “La Sociedad del Riesgo” coincidió con el debate sobre la capa de ozono (3), el accidente de Bhopal (4) y el desastre de Chernóbil (5), pero la historia no se ha detenido ahí y hemos acumulado accidentes, pandemias y desastres naturales que derivan de riesgos que estaban identificados y para los que no estábamos suficientemente preparados.

Esto genera miedo, pero finalmente Beck presenta un mensaje positivo: la necesidad de afrontar el riesgo global puede generar soluciones innovadoras y cambio sociales constructivos que superen los egoísmos e intereses limitados de particulares, empresas y Estados.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas

  1. Ulrich Beck (Słupsk, Pomerania, 15 de mayo de 1944-Múnich, Baviera, 1 de enero de 2015)​ fue un sociólogo alemán, profesor de la Universidad de Múnich y de la London School of Economics. Estudió aspectos como la modernización, los problemas ecológicos, la individualización y la globalización. En los últimos tiempos se embarcó también en la exploración de las condiciones cambiantes del trabajo en un mundo de creciente capitalismo global, de pérdida de poder de los sindicatos y de flexibilización de los procesos del trabajo, una teoría enraizada en el concepto de cosmopolitismo. También contribuyó con nuevos conceptos a la sociología alemana, incluyendo la llamada «sociedad del riesgo» y la «modernidad reflexiva».
  2. Anthony Giddens (Londres, Inglaterra, 18 de enero de 1938) es un sociólogo inglés, reconocido por su teoría de la estructuración y su mirada holística de las sociedades modernas. También adquirió gran reconocimiento debido a su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía. Es considerado como uno de los más prominentes contribuyentes modernos en el campo de la Sociología, es autor de al menos 34 libros publicados en no menos de 29 idiomas —publicando en promedio más de un libro por año—. También se lo ha descrito como el científico social inglés más conocido desde John Maynard Keynes
  3. La capa de ozono es una capa que envuelve la Tierra impidiendo que los rayos solares y los rayos ultravioleta lleguen a los seres vivos. Se denomina capa de ozono u ozonosfera a la zona de la estratosfera terrestre que contiene una concentración relativamente alta1​ de ozono. Esta capa, que se extiende aproximadamente de los 15 km a los 50 km de altitud, reúne el 90 % del ozono presente en la atmósfera y absorbe del 97 al 99 % de la radiación ultravioleta de alta frecuencia (150-300 nm). Fue descubierta por los físicos Charles Fabry y Henri Buisson en el año 1913. El seguimiento observacional de la capa de ozono, llevado a cabo en los últimos años, ha llegado a la conclusión de que dicha capa puede considerarse seriamente amenazada. El desgaste grave de la capa de ozono provocará el aumento de los casos de melanomas, cáncer de piel, cataratas oculares, supresión del sistema inmunitario en humanos y en otras especies. También afectará a los cultivos sensibles a la radiación ultravioleta. Las últimas mediciones realizadas con satélites indican que el agujero en la capa de ozono se está reduciendo, a la vez que los niveles de clorofluorocarburos (CFC) han disminuido. Esos compuestos químicos dañan la capa de ozono de la atmósfera que protege nuestro planeta. Durante más de cincuenta años, el número de CFC presentes en la parte alta de la atmósfera ha aumentado a un ritmo constante hasta el año 2000.​ Desde entonces, la concentración de CFC se ha reducido a razón de casi un 1 % anual. El descenso permite esperar que el agujero de la capa de ozono pueda cerrarse a mediados de siglo
  4. El desastre de Bhopal, ocurrido entre el 2 y el 3 de diciembre de 1984 en la región de Bhopal (Madhya Pradesh, India), se originó al producirse una fuga al aire libre de isocianato de metilo (MIC)en una fábrica de plaguicidas propiedad de un 51 % de la compañía estadounidense Union Carbide​ (parte de cuyos activos fueron posteriormente adquiridos por Dow Chemical) y del restante 49 %, del Gobierno de la India. Dejando más de 25 000 muertos​ y 500 000 heridos. Se considera uno de los peores desastres industriales del mundo. ​ Más de 500.000 personas estuvieron expuestas al gas MIC. La sustancia altamente tóxica se abrió camino hacia los pequeños pueblos ubicados cerca de la planta y sus alrededores.
  5. El accidente de Chernóbil fue un accidente nuclear sucedido el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania, que en ese momento pertenecía a la Unión Soviética, a 2,7 km de la ciudad de Prípiat, a 18 km de la ciudad de Chernóbil y a 17 km de la frontera con Bielorrusia. Es considerado el peor accidente nuclear de la historia, y junto con el accidente nuclear de Fukushima I en Japón en 2011, como el más grave en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (accidente mayor, nivel 7). Asimismo, suele ser incluido entre los grandes desastres medioambientales de la historia.

 

Bibliografía

Juan Carlos Barajas Martínez, La muerte de Juan Sin Miedo, Sociología Divertida, 2015

C. Thorpe, C. Yuil, M. Hobbs, M. Todd, S. Tomley, M. Week: El Libro de la Sociología, Akal Editores, Madrid 2016

George Ritzer: Teoría Sociológica Moderna, 5ª Edición, ED. McGraw-Hill, Madrid 2001

Adolfo Vásquez Rocca, Zygmunt Bauman: Modernidad Líquida y Fragilidad Humana, Nómadas, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, Universidad Complutense de Madrid, marzo 2008

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