Funcionalismo IV: sociología aplicada

 

 


 

Resumen

Usualmente, los estudios sobre funcionalismo ofrecen una visión general de la teoría sociológica y ciertos elementos concretos de sociología aplicada. En este artículo se intenta ir directamente a la sociología funcionalista aplicada. Está compuesto de una serie de explicaciones funcionalistas a problemas o conceptos sociales concretos.

Abstract

Usually studies on functionalism offer a general overview of sociological theory and certain concrete elements of applied sociology. In this article an attempt is made to go directly to applied functionalist sociology. It is composed of a series of functionalist explanations of specific social problems or concepts.

Índice

 

 

Introducción

Hemos estudiado el funcionalismo en tres artículos de este mismo blog: “El funcionalismo I: Talcott Parsons”, “El funcionalismo II: Robert Merton” y, por último, “El funcionalismo III: Alexander y el neofuncionalismo”. En estas entradas hemos descrito con detalle este movimiento sociológico y hemos contado cómo Parsons (1), Merton (2) y Alexander (3) entendían las grandes preocupaciones de la teoría sociológica.

En este artículo pretendo ir por otra senda, la de la sociología aplicada, la de los problemas concretos y la soluciones que los funcionalistas dieron a estos problemas.

Es este un punto de vista poco común en la literatura sociológica. Normalmente se viaja en un mismo texto, desde la teoría a la aplicación o al revés, subordinando normalmente la sociología aplicada a la teórica. Espero que esta visión, menos común, sea de utilidad para los estudiantes de sociología en particular y para los lectores interesados en general.

El artículo admite dos lecturas, la lectura de principio a fin, que puede resultar larga para muchas personas, o bien la consulta, ya que el artículo está separado por epígrafes con referencia a asuntos sociales concretos.

Empecemos por la interacción social y ya veremos dónde acabamos.

La interacción social

Podríamos definir la interacción social como el proceso según el cual una persona actúa y reacciona en relación con otras personas. La interacción social nos permite crear y recrear la realidad que percibimos. En nuestra vida cotidiana estamos continuamente interactuando con otras personas, pero no de cualquier modo, sino según pautas sociales determinadas.

Esa interacción entre dos personas puede realizarse por múltiples medios como el lenguaje hablado, la vestimenta y la apariencia en general, los modales o el lenguaje corporal y gestual. Y múltiples contextos sociales como en casa, en el trabajo, por la calle, en una situación cara a cara o en una conversación por teléfono o en un chat de WhatsApp.

Se dice “interacción” porque el mensaje emitido por un individuo tiene algún efecto sobre otro individuo, que responde según su interpretación del mensaje. Si no hay respuesta la interacción termina. Se dice “social” porque las interacciones ocurren en contextos o situaciones sociales, esto es, contextos que ya se han definido socialmente y son conocidos por los individuos que interactúan.

Como ya sabes querido lector, el enfoque funcionalista estima que una sociedad puede entenderse metafóricamente como un organismo vivo que se compone de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función o funciones necesarias para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es un sistema complejo cuyas partes “encajan” entre sí produciendo un equilibrio o estabilidad social. Simplificando se trata de una visión macro de una sociedad dividida en sistemas y subsistemas.

En una visión de este tipo, las aproximaciones funcionalistas a la interacción social la configuran como un sistema social más que integra un conjunto común de símbolos culturales y normas que aseguran que la gente reaccione de la misma manera a las situaciones   cotidianas. Hay que decir que no pusieron mucho interés en bajar la unidad mínima de estudio a nivel de interacción social, en el funcionalismo clásico se quedó en el par estatus-rol.

El cambio social

El cambio social es la transformación de la cultura y de las instituciones sociales, de las pautas sociales al fin y al cabo, a lo largo del tiempo.

Dado que el funcionalismo nos habla de sistemas y subsistemas sociales, el cambio social se entiende como la adaptación del sistema social de que se trate a su entorno, mediante el proceso de diferenciación y el aumento de la complejidad estructural. El cambio se explica como un epifenómeno de la constante búsqueda de equilibrio entre las distintas partes de la sociedad y su entorno.

Talcott Parsons desarrolló una teoría funcionalista de la evolución sociocultural. Para Parsons la evolución social tiene un carácter multidimensional. La diferenciación social (4) que postulara en su momento Spencer (5) es básica pero no es la única dimensión. Ésta se complementa con la adaptación al entorno o el aprendizaje acumulativo – es decir la cultura - que conduce a establecer tecnologías más eficientes y a conseguir un mayor conocimiento de nuestro mundo.

La evolución, para Parsons, actúa – cómo pensaban Comte (6), Durkheim (7) y Spencer - mediante un proceso general que provoca una serie de ciclos, pero este proceso general no afecta a todas las sociedades por igual. Algunas sociedades son más “funcionales” que otras, de manera que trabajan a favor de la evolución y otras, en cambio, debido a conflictos internos o limitaciones ambientales tienen un proceso evolutivo más lento o, simplemente, desaparecen de la historia incapaces de cambiar adecuadamente. Así las sociedades pasaban por las etapas primitiva, intermedia y moderna. Aun así, Parsons intentó evitar dar la impresión de formular una teoría unilineal de etapas diciendo que el proceso evolutivo ni es lineal ni constante.

Las instituciones sociales

Existe consenso en que una institución social es antes que nada una práctica que ha conseguido un grado amplio de aceptación social. En el sentido de que las acciones que se ajustan a esta pauta social no parecen visibles o destacables, siendo por el contrario muy visibles aquellas otras que parecen alejarse de esas pautas o transgredirlas. Cuando una determinada práctica social adquiere esa aceptación generalizada se dice que tal práctica se ha institucionalizado.

Para el funcionalismo, aparte de ser maneras de actuar y creencias con alto grado de aceptación social, las instituciones cumplen funciones que son necesarias para la propia existencia de la sociedad como tal. Talcott Parsons hablaba de un conjunto de prerrequisitos funcionales universales que resultan imprescindibles para que todo el sistema social tenga un orden persistente, dicho de un modo que todo el mundo pueda entender, son aquellas prácticas que una sociedad debe cumplir para que la sociedad pueda seguir funcionando con normalidad.

Para Parsons y sus seguidores los elementos fundamentales de la sociedad – lo que podríamos llamar “sociedad mínima” o la parte imprescindible de una colectividad para poder llamarla sociedad – se compone de cuatro sistemas que funcionan cooperativamente.

En primer lugar existe un sistema de reproducción y socialización básica de los individuos, lo que Parsons denominaba “Sistema Fiduciario”. En segundo término, toda sociedad debe contar con unas estructuras económicas que proveen de bienes y servicios, que promueven la manufactura y el comercio y dan trabajo a las personas. En tercer lugar, debe existir un sistema que proporcione y mantenga el orden, un sistema de poder, de articulación territorial y de uso legítimo de la fuerza. Y, por último, un sistema de creencias, de valores, en el que habría que incluir a la religión, lo que Parsons llamaba “Comunidad Societal”.

Para realizar cada una de estas funciones básicas de la sociedad es dónde Parsons coloca a las instituciones. Las sociedades se han dotado de un conjunto de instituciones sociales específicas para cumplirlas que estarían encuadradas en los sistemas que hemos descrito cómo la familia, las empresas, la política o las religiones.

La familia

Según el paradigma funcionalista la familia cumple cuatro objetivos básicos que la hacen ser una institución esencial para el buen funcionamiento de una sociedad.

En primer lugar, la familia cumple la función de socialización de los hijos, entendida como el aprendizaje de las herramientas básicas para ser miembros bien integrados en la sociedad. No es la única institución social implicada en esta tarea, también está el sistema educativo por ejemplo, pero la familia es esencial sobre todo en los primeros años de la vida de los individuos, aunque por supuesto, la socialización familiar continúa a lo largo de toda la vida.

En segundo término, los funcionalistas señalan la función de regulación de la actividad sexual. Todas las culturas racionalizan la sexualidad mediante sus formas matrimoniales, que como hemos dicho pueden ser muy diferentes de una sociedad a otra, a fin de mantener un cierto orden en la organización del parentesco y los derechos de propiedad. Un universal cultural relacionado con el parentesco y la sexualidad es el tabú del incesto que es una norma que evita las relaciones sexuales o el matrimonio entre parientes y que también, a pesar de su universalidad, adquiere formas diferentes.

La tercera función es la reproducción. La familia es el ámbito en el que nacen los niños y esta función es vital para que la sociedad perdure. La identidad social del individuo definida, entre otras características, por la etnia, la religión y la clase social viene fijada por el nacimiento en el ámbito de una familia determinada. La posición socioeconómica en el origen viene marcada por la familia.

Y por último, los funcionalistas dicen, que ante un mundo exterior hostil, la familia proporciona seguridad material y emocional. El individuo busca entre sus parientes cercanos protección física, apoyo emocional y asistencia económica y, en mayor o menor medida, casi todas las familias proporcionan estas ayudas, lo que no quiere decir que no existan conflictos económicos y relaciones difíciles en su seno.

De hecho, sabemos que en un país como España, en el que la familia es culturalmente muy importante, esta institución ha hecho de válvula de escape, de salvavidas, ante los rigores de la crisis económica. Muchas familias con sus miembros en paro han tenido que recurrir a los sueldos de los padres o a los abuelos y sus pensiones para poder sobrevivir y, aun sin crisis, hemos visto a los abuelos hacerse cargo de los nietos mientras los padres cumplían horarios laborales muy extensos. Podemos encontrar miles de ejemplos de esto que estamos hablando.

La desigualdad y las clases sociales

La desigualdad social es la propiedad por la cual las personas tienen acceso desigual a los recursos, los servicios y las posiciones de la estructura social que la sociedad valora. Valoración que surge de la evaluación continua de los miembros de la sociedad. Al mismo tiempo que nos interrelacionamos estamos clasificándonos mutuamente.

Para los funcionalistas no fue un tema que les preocupara especialmente. Parten de la base de que toda sociedad tiene una estructura social concreta, sin ésta no puede sobrevivir, tiene que haber estratos sociales o clases, en definitiva, un sistema de posiciones sociales más o menos igualitario, pero en todos los casos, existe un sistema de asignación de privilegios y funciones a dichas posiciones. Luego la desigualdad es funcional e inevitable y tenderá a mantenerse estable debido a la autorregulación social que permite a la sociedad adaptarse al medio en el que transita.

La conducta desviada

Paradójicamente, para el funcionalismo, la conducta desviada y el delito contribuyen a mantener el sistema social en equilibrio y a asegurar su conservación y adaptación. En esto siguieron los planteamientos de Emile Durkheim  que consideraba a la desviación como algo funcional.

De esta manera, la conducta desviada consolida los valores y las normas culturales, pues toda definición de lo que está bien o es lícito se demuestra por oposición a lo que está mal o es ilícito. Por tanto, contribuye a la clarificación de las normas morales y desarrolla un sentido colectivo de solidaridad ante la barbarie o el ultraje.

Por otra parte, lo que un buen día es una conducta desviada en el futuro puede no serlo. Las conductas desviadas obligan a pensar en cada momento dónde se colocan los límites y que grado de tolerancia admite una sociedad. Pueden ser alternativas al status quo que pueden llevar en la dirección de un cambio de las normas, lo que en definitiva en definitiva podemos calificar como cambio social.

El género y la sexualidad

Las ideas de Talcott Parsons y del funcionalismo clásico han quedado bastante atrasadas con respecto al pensamiento actual. Parsons se movía entre dos ideas: el género y la complementariedad.

Las diferencias de género, como en la mayoría de los conceptos que maneja el funcionalismo, tienen un efecto integrador de las sociedades. El género constituye un conjunto de roles complementarios uniendo a los hombres y las mujeres en familias que cumplen una serie de funciones vitales para la sociedad.

En este reparto de roles, la mujer se hace cargo de la vida familiar asumiendo las unciones de mantenimiento del hogar y el cuidado de los niños. El hombre pone a la familia en contacto con el mundo externo a través, sobre todo, de su participación en el mundo del trabajo.

Es durante el proceso de socialización cuando se enseñan estos roles, segregando aquellas cualidades – que Parsons denominaba instrumentales – que permiten el acceso al mercado laboral como la competitividad, la racionalidad y la seguridad en uno mismo; de las cualidades expresivas – terminología parsoniana – que preparan a las niñas para el cuidado familiar como la capacidad de respuesta emocional y la sensibilidad hacia los demás.

En versiones posteriores del funcionalismo como el neofuncionalismo se admite que las sociedades modernas se han dado cuenta de que el mantenimiento de los roles tradicionales de género supone un desperdicio de talento. Pero este cambio es lento porque tiene que luchar contra ideas que se encuentran muy enraizadas en la cultura.

El envejecimiento

La visión funcionalista del envejecimiento está contenida en la llamada teoría de la retirada. Según esta teoría, la sociedad mejora su funcionamiento al apartar a las personas mayores de los puestos de responsabilidad.

Según los funcionalistas para que una sociedad se mantenga estable es necesario reemplazar a los ancianos por personas jóvenes capaces de sustituirlos. La retirada se aprecia como una estrategia para el funcionamiento ordenado de la sociedad. Esta estrategia es hace más necesaria en una sociedad moderna, en cambio continuo, porque los trabajadores jóvenes cuentan con una formación más apropiada.

Esta teoría es muy criticada porque no tiene en cuenta alguna que otra cosilla de importancia. Por ejemplo, el coste de perder la experiencia de los mayores, el ostracismo económico al que se lleva a los jubilados, los costes psicológicos que produce el retiro de las personas, la pérdida de estatus y prestigio social o los deseos de aquellos que no quieren retirarse.

La salud

Talcott Parsons, definió la sanidad como el mecanismo por el que un sistema social mantiene a sus miembros sanos. La enfermedad es disfuncional y va en contra de los objetivos de la sociedad.

Parsons habla del rol del enfermo, el lector recordará que un rol social es una pauta de comportamiento socialmente aceptada, pues bien, con este comportamiento específico la sociedad entiende que es la conducta adecuada en alguien que está enfermo y lo acepta como tal.

Este rol presenta ciertas características. En primer lugar, la enfermedad supone una interrupción de las responsabilidades cotidianas. Pero para poder ejercer esta conducta, el paciente necesita de una acreditación médica. En nuestras sociedades es el médico el que otorga el rol de enfermo.

En segundo término, la enfermedad de un individuo no es deliberada, por lo tanto, no debe ser castigado por padecerla. Las conductas individuales que conducen a perder la salud son mal vistas socialmente.

En tercer lugar, un enfermo ha de querer recuperarse. La sociedad está dispuesta a ayudar pues la salud es una función social pero el paciente debe poner de su parte, debe hacer caso al médico y seguir el tratamiento. Obstinarse en seguir los malos hábitos o no seguir el tratamiento también despierta la censura del entorno social del paciente.

Por último, una persona enferma debe recibir ayuda de personal cualificado, no están bien vistos los tratamientos heterodoxos de personas que no pertenecen al estamento médico. Y esto nos lleva al segundo rol social que identifica Parsons: el rol del médico.

El papel del médico se centra se centra en diagnosticar la enfermedad y sanar a los pacientes para que vuelvan a su actividad cotidiana. El cumplimiento de esta función se basa en un conocimiento especializado debidamente justificado.

En la relación entre médico y paciente se produce una dependencia, el primero debe proporcionar información al enfermo y éste debe seguir al pie de la letra sus indicaciones. Esta relación de dependencia acaba siendo jerárquica, se deben cumplir las órdenes del médico, aunque existen diferencias de grado entre sociedades distintas.

Los medios de comunicación

Los funcionalistas consideran a los medios de comunicación como una parte del sistema social que sirve para integrar la sociedad ya que aportan información, educación y entretenimiento.

Entre las funciones de mayor relevancia que ofrecen los medios de comunicación está, en primer lugar, la función de vigilancia. Los medios de comunicación proporcionan información sobre qué es lo que ocurre en el ámbito local, nacional y global. De manera que  pueden avisar de los peligros cercanos desde catástrofes meteorológicas a guerras o delincuencia. La otra cara de la moneda es que pueden ser disfuncionales si provocan alarmas innecesarias.

En segundo lugar, está la función de adjudicación de estatus por la cual las personas que aparecen en los medios se hacen conocidas lo que automáticamente influye en su estatus social.

La tercera función es la presión para la aplicación de normas sociales. El anuncio público de normas sirve para reducir la diferencia entre la actitud privada y la moralidad pública.

En cuarto lugar, los medios sirven para transmitir la cultura. Son agentes de la socialización. Los documentales al público adulto y los programas educativos para los más jóvenes son ejemplos de cómo los medios pueden servir para difundir contenidos culturales o educativos.

Por último, algo que más que una función es una disfunción, el poder narcotizante de los medios que puede conducir a la superficialidad, la frivolidad y al agilipollamiento masivo.

El medio ambiente

El análisis funcionalista siempre hace hincapié en los valores y creencias para el buen funcionamiento del sistema social. De esta manera, la situación del medio ambiente depende básicamente de la actitud de las personas hacia el mundo natural.

Se ha estado manejando, desde el principio de era industrial, el concepto de explotación de la naturaleza como fuente de la comodidad, la felicidad y la realización personal fomentando un consumo ostentoso como medida de la posición social. Esto ha influido en la producción masiva, por ejemplo, en el uso y adquisición de los vehículos privados como medidor de estatus. Esto afecta de forma interdimensional en la vida social, abarcando múltiples sectores y extendiéndose a casi todos los países del mundo.

Los funcionalistas consideran que debido a esta multiplicidad de formas en el que el consumo consume los recursos naturales no es razonable esperar que se frene fácilmente la destrucción de los recursos terrestres.

Pero el funcionalismo es optimista respecto a las posibilidades de que las sociedades respondan de forma constructiva a los desafíos medioambientales. Destacan los pasos que se han dado en los países desarrollados, la concienciación de las personas, el empleo de nuevas tecnologías más ecológicas y el surgimiento de empresas que consiguen beneficios limpiando el entorno físico. En última instancia, dado que las personas tienen que respirar, beber y comer, en una palabra, vivir con la naturaleza se realizarán todos los esfuerzos necesarios para solucionar todos los problemas ecológicos que han surgido y surgirán en el futuro.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas:

  1. Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
  2. Robert Merton, nacido Meyer Robert Schkolnick (Filadelfia, 4 de julio de 1910 - Nueva York, 23 de febrero de 2003) fue un sociólogo estadounidense. Es padre del Premio Nobel de Economía Robert C. Merton. Padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975), Merton es uno de los clásicos de la escuela estadounidense de esta disciplina. También fue importante su labor en el campo de la sociología de la Ciencia.
  3. Jeffrey C. Alexander es un destacado pensador y profesor norteamericano que ha contribuido notablemente en la sociología contemporánea, particularmente en la sociología cultural.​ También es considerado como una referencia necesaria del "neofuncionalismo" en sociología.
  4. La diferenciación social se refiere a un proceso mediante el cual grupos de actividades realizadas por una única institución social con el tiempo pasan a ser realizadas por varias instituciones diferentes, lo que supone una especialización creciente de los diferentes elementos de una sociedad.
  5. Herbert Spencer (Derby, Inglaterra, 1820-Brighton, Inglaterra, 1903) fue un naturalista, filósofo, psicólogo, antropólogo y sociólogo inglés. Fue uno de los más ilustres positivistas de su país. Ingeniero civil y de formación autodidacta, se interesó tanto por la ciencia como por las letras. Ver en este mismo blog: “De cuando la sociología daba sus primeros pasos III: Reino Unido e Italia”.
  6. Auguste Comte, cuyo nombre completo Isidore Marie Auguste François Xavier Comte (Montpellier, Francia, 19 de enero de 1798-París, 5 de septiembre de 1857), es considerado el creador del positivismo y de la sociología, aunque hay sociólogos que solo le atribuyen haberle puesto el nombre. Mirad "De cuando la sociología daba sus primeros pasos".
  7. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “De cuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog.

 

Bibliografía:

Ritzer, George: Teorúa Sociológico Moderna, Mac Graw-Hill, Madrid 2001

Varios autores, Ritzer, George (coordinador): The Blackwell Encyclopaedia of Sociology. Blackwell Publishing. Oxford 2007

Macionis, John; Plummer, Ken: Sociología, Prentice-Hall, Madrid 2006

Giddens, Anthony: Sociología, Alianza Editorial, Madrid 2000

Stompzca, Piotr: Sociología del Cambio Social, Alianza Editorial, Madrid 1995

Kerbo, Harold R.: Estratificación Social y Desigualdad, Pearson-Prentice Hall, Madrid 2005

 


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