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La patología de la derecha


 

patología

Del fr. pathologie, y este de patho- 'pato-' y -logie '-logía'.

1. f. Med. Parte de la medicina que estudia las enfermedades.

2. f. Med. Conjunto de síntomas de una enfermedad. U. t. en sent. fig. Patología social.

3. f. Constr. Estudio de los defectos y problemas que presenta una construcción.

Diccionario de la Real Academia Española, edición del tricentenario

 

Resumen

Este artículo explora la patología de la derecha política desde una perspectiva crítica, destacando dos síntomas clave: la pérdida de un freno moral y la visión patrimonial del Estado. En respuesta al diagnóstico de José Mujica, quien considera que la "reacción" caracteriza a la derecha, se argumenta aquí que la reacción no es una patología, sino la esencia misma del pensamiento conservador. Para comprender las verdaderas patologías de la derecha, se analizan cómo la desvinculación de la ética religiosa ha propiciado una libertad negativa sin restricciones y un individualismo extremo. En segundo lugar, se aborda el sentido patrimonial del Estado en la derecha, que percibe el poder como su propiedad exclusiva y utiliza estrategias para mantener su dominio, incluso si esto implica socavar instituciones y el orden democrático. Este análisis permite entender cómo la pérdida de un fundamento moral y la instrumentalización del poder han radicalizado a la derecha contemporánea, llevándola a debilitar los principios de convivencia en las democracias occidentales.

 

Abstract

This article explores the pathology of the political right from a critical perspective, highlighting two key symptoms: the loss of a moral brake and the patrimonial view of the state. In response to José Mujica's diagnosis, which defines "reaction" as a core characteristic of the right, it is argued here that reaction is not a pathology but rather the essence of conservative thought. To understand the true pathologies of the right, the article analyzes how the disengagement from religious ethics has fostered unrestricted negative freedom and extreme individualism. Secondly, it addresses the right's patrimonial sense of the state, seeing power as its exclusive property and using strategies to maintain dominance, even at the expense of democratic institutions and order. This analysis sheds light on how the loss of a moral foundation and the instrumentalization of power have radicalized the contemporary right, leading it to undermine principles of coexistence in Western democracies.

 

Índice

Introducción

Pérdida del freno moral

Sentido patrimonial del Estado

 

Introducción

Hace algunos años, el periodista español Jordi Évole (1) entrevistó al expresidente uruguayo José Mujica (2). Durante la entrevista, Évole le preguntó cuál era, a su juicio, la patología de la izquierda, a lo que Mujica respondió: "El infantilismo, confundir el deseo con la realidad".

Coincidía plenamente con el expresidente en su diagnóstico y escribí un artículo (La patología de la izquierda) en el que desarrollaba esta idea del infantilismo, basándome principalmente, aunque no exclusivamente, en el pensamiento de los autores Srnicek (3) y Williams (4).

Estos autores hablan de la "política folk", una constelación de ideas e intuiciones dentro de la izquierda contemporánea que moldea las formas de organizarse, actuar y pensar la política, pero que, al final, no trasciende los límites impuestos por la ideología neoliberal hegemónica. Según Srnicek y Williams, esta política amenaza con debilitar a la izquierda, ya que no puede expandirse más allá de los intereses locales, al estar basada en estrategias incapaces de generar cambios permanentes, que es precisamente el objetivo del progresismo.

En la misma entrevista, Évole le preguntó a Mujica cuál era la patología de la derecha, y el político contestó: "La reacción".

Creo que Mujica se equivocaba. La reacción no es la patología de la derecha, sino su esencia, su naturaleza. El pensamiento conservador busca conservar, y por eso debe reaccionar ante el cambio, ante la novedad. Es natural que se oponga a las aventuras prometedoras que aspiran a mejorar lo establecido, sustituyendo lo que ha funcionado de una manera determinada durante generaciones, aunque sea de forma deficiente.

A una izquierda ideal con propuestas, le respondería una derecha ideal con contrapropuestas —reaccionarias por definición—, y de esta dialéctica ideal surgiría una síntesis provechosa para la sociedad. Idealmente, claro.

Por tanto, no es la reacción la patología de la derecha. Así que vamos a iniciar la búsqueda de lo que hace que el pensamiento conservador no funcione de manera ideal.

A mí me vienen a la mente dos síntomas perniciosos que constituyen la patología conservadora. En primer lugar, parece que la derecha anda desenfrenada; cada día que pasa es más osada en sus diversas manifestaciones. Una vez que crees que lo has visto todo y que la situación no se podía tensar más, al día siguiente dan una nueva vuelta de tuerca.

En segundo lugar, un clásico fundacional que ha existido desde siempre es el sentido patrimonial del Estado. Dicho de una manera menos formal: la consideración de las instituciones como su cortijo.

Vamos a ocuparnos de estos dos puntos con más detalle.

 

La pérdida del freno moral

En Occidente tanto el pensamiento como la praxis conservadora han perdido el freno que suponía la religión. Jamás en la historia las gentes, que antes eran consideradas “de bien”, se han apartado tanto del cristianismo en su comportamiento y en su práctica diaria. Hoy en día la frase “yo soy católico no practicante” es la que más se escucha en las conversaciones, y los que van a misa dejan las enseñanzas cristianas en la iglesia, para cuando se están tomando el vermú dominical ya no recuerdan nada de la homilía.

La democracia cristiana ha desaparecido del panorama político europeo con la notable excepción de Alemania, aunque al partido alemán se le conoce mucho más por sus siglas CDU que por Unión Demócrata Cristiana. La mayoría de los partidos de derecha europeos no hace gala del pensamiento cristiano, más allá de una referencia a sus orígenes fundacionales o a una lejana referencia a la inspiración de sus principios.

En las culturas católicas esto ha supuesto el abandono de la doctrina social de la Iglesia en favor de los principios antisociales del neoliberalismo y en las culturas protestantes el abandono del sentido moral que el luteranismo y el calvinismo introdujo en los principios del capitalismo.

Las consecuencias de todo esto son conocidas: La falta de caridad, no digamos ya de solidaridad que nunca fue un valor de la derecha; el desprecio por lo social; el uso indiscriminado del bulo y de la mentira política; la destrucción de las instituciones con tal de obtener el poder; esto último, no sólo es inmoral, sino que atenta contra la propia naturaleza de ser conservador.

Sé que la praxis política del desprecio por lo social, el engaño, la exageración y la demagogia se ha utilizado desde antes de que las derechas abandonaran a Dios, generalmente bajo el escudo de lo que solemos llamar hipocresía. Lo que quiero expresar es que antes existía un freno moral que hoy ya no está; este freno no evitaba las prácticas indeseables, pero sí las contenía en cierta medida. Había personas profundamente afectadas por la ética cristiana; hoy, el número de esas personas es menor. Y se nota.

Algún lector podría aducir que exagero, pero el día que vi al presidente saliente (y ahora reentrante) de los Estados Unidos llamar al asalto al Congreso por no haber sido reelegido me di cuenta de que ese proceso proceloso de la derecha mundial hacia la inmoralidad es irreversible.

Pero ¿con qué ha sido rellenado este vacío moral que ha dejado la ausencia de Dios?, pues con nuevos ídolos: el mercado y la libertad.

El mercado es el ser supremo, es como el Dios del antiguo testamento. “Es el mercado señores” dijo aquel prohombre, que fue directamente de la presidencia de Fondo Monetario Internacional a la cárcel de Soto del Real, como si esa frase lo explicara todo. El mercado está en todas partes, juzga, tiene una mano invisible que lo ajusta todo, es infalible y es omnipresente, todos estos atributos que hasta ahora solo se le adjudicaban a Dios. Como Jehová, el mercado exige una fe ciega porque sus caminos son inescrutables.

En el caso de la libertad hay que explicar qué tipo de libertad defiende la derecha actual por todo el mundo. En la filosofía política, desde los tiempos de Isaiah Berlin (5) se habla de dos tipos de libertad: la negativa y la positiva.

La libertad negativa es la que tienen los individuos frente a la interferencia arbitraria de otros individuos, colectivos o instituciones, normalmente se identifica como oposición a la acción del Estado. Está libertad se iza como un estandarte contra oponentes supuestamente totalitarios.

En realidad, se trata de un concepto raquítico pues se traduce en un mínimo de libertad contra el poder del Estado y en las libertades económicas para vender nuestra fuerza del trabajo y para escoger entre los resplandecientes bienes de consumo, en su versión castiza, la libertad de tomar cañas en una terraza.

Bajo la libertad negativa los ricos y los pobres están considerados como entes iguales que disfrutan de la misma cantidad de libertad pese a las diferencias evidentes en sus capacidades para actuar.

La libertad positiva Berlin la define como la capacidad de autodeterminación, o el control sobre las propias decisiones y acciones, en tanto ser racional y autónomo. Aquí, la libertad implica no solo la ausencia de barreras, sino la realización de una vida plena según la voluntad propia, libertad "para" hacer o ser algo.

Más tarde, pensadores como Amartya Sen (6), Martha Nussbaum (7) con su teoría de las capacidades (8) y, sobre todo, Philippe Van Parijs (9) desarrollaron el concepto de libertad real o sintética, un concepto intermedio entre la libertad negativa y positiva. La libertad sintética reconoce que un derecho formal sin una capacidad material resulta ineficaz. Por ejemplo, se disfruta de la libertad formal de no aceptar un trabajo, pero gran parte de la gente se ve forzada a aceptar cualquier cosa que se le ofrezca; por lo tanto, no son realmente libres. A diferencia de la libertad negativa, la libertad real o sintética está vinculada al poder, entendido como la capacidad de producir efectos intencionales en las cosas o en las personas.

En las últimas décadas, la derecha en Occidente ha pasado de considerar la libertad —inspirada en una ética cristiana ahora abandonada— como algo sospechoso que podría conducir al libertinaje, pues había dudas sobre lo que la gente haría con ella, a proclamar la libertad en su versión negativa como una herramienta a la que recurrir cuando algo se opone a lo que uno quiere hacer, sea legítimo o no. Parafraseando a un personaje inspirador de la derecha española: ¿Quién me va a decir cuánto vino puedo beber? Pues, si estás en tu casa, nadie; pero si vas a conducir, el código de circulación sí lo hará.

Este amor por la libertad negativa está alcanzando cotas alarmantes de radicalismo con los llamados libertarios. Antes, los libertarios eran los anarquistas, los seguidores de Bakunin (8) en la Primera Internacional (9), así que supongo que los milicianos de la CNT(10) se revolverían en sus tumbas si supieran que el término ahora se refiere más al anarcocapitalismo que al anarcosindicalismo. Más de uno no habría entregado su vida a la causa para que las cosas acabaran así.

Los libertarios capitalistas, con influencia en Estados Unidos y Argentina, sostienen que el Estado no debería existir en absoluto y que todas las funciones, incluidas la seguridad y la justicia, pueden y deben ser provistas por individuos o empresas privadas en un sistema de mercado totalmente libre. Un llamamiento que en la práctica lleva a la ley del más fuerte.

 

El sentido patrimonial del Estado

Existe una clara tendencia en la derecha política a considerar el Estado como una propiedad privada —suya, por supuesto—, en claro contraste con la izquierda, que tiende a verlo como un instrumento, como una herramienta para lograr ciertos fines. Sentido patrimonial versus sentido instrumental.

De esta manera, un político conservador llevará a cabo su labor de gobierno desde una cultura política que lo inclina a actuar como lo haría el dueño de un negocio o una propiedad. Esto no implica necesariamente que su gestión vaya a ser deficiente, ya que hay quienes administran bien sus propios asuntos; sin embargo, con esta mentalidad son menos propensos a una gestión pública transparente y participativa.

Solo desde este punto de vista se puede comprender la idea de que cualquier inquilino de la Casa Blanca, el Elíseo o la Moncloa que no sea de su misma corriente política es visto como un okupa. Asimismo, en países con una cultura política más deficiente, se sostiene sin rubor que cualquier pacto de gobierno o coalición es legítimo si lo forman partidos de derecha, pero es ilegítimo y una burla a las urnas si la coalición de gobierno es de izquierda.

Por eso, el período de estancia en la oposición les resulta insufrible, ya que hay otros ocupando lo que consideran su casa natural, es decir, el poder. Basta imaginar que, por un pacto social, tuviéramos que abandonar nuestra propia casa y dejarla en manos de intrusos durante al menos un cuatrienio.

Como la estancia en la oposición resulta insufrible, se busca acortar el período al mínimo tiempo posible. Se buscan atajos, se fuerzan mecanismos, se exagera lo nimio, se denuncia lo normal como abominación. En este proceso demoledor, pueden poner en peligro la convivencia y el propio Estado; pero cualquier desaguisado, consideran, será corregido cuando vuelvan al poder. Lo peligroso de este proceso es que, por una parte, pueden llegar a quebrar el Estado y, en segundo lugar, no son tan competentes como para arreglar lo que destrozan.

Algún lector podría pensar que cómo puede conjugarse la búsqueda del Estado mínimo con el concepto del Estado propiedad pues normalmente el propietario con sentido común no quiere que su negocio sea mínimo. Lo cierto es que el sentido patrimonial de lo público no ciega tanto como para considerar al Estado como su propiedad real, se trata más bien, de una ideología que busca el usufructo vitalicio de la gestión del poder.

De esta manera, si el Estado me preocupa en términos de orden y mando, pero no me quita el sueño su eficacia —al fin y al cabo, en casa hago lo que me da la gana— sí puedo ver al Estado como un garante de las pérdidas privadas, una manera de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.

De hecho, algunos teóricos señalan que la principal diferencia entre el liberalismo clásico y el neoliberalismo radica precisamente en la idea del Estado mínimo. El Estado neoliberal es interventor; su función es crear y mantener los mercados mediante constructos materiales, técnicos y legales, como puede ser un sistema legal que refuerce los derechos de propiedad o promueva la desregulación normativa. El Estado neoliberal no debe ser pasivo, sino activo y enérgico. Debe reducir al mínimo sus efectos nocivos sobre la economía y, al mismo tiempo, eliminar todos los obstáculos para su funcionamiento libre. El principio subyacente sería: un Estado pequeño pero matón.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

Nota especial

Este artículo forma parte de una serie de dos sobre las patologías políticas, el artículo anterior es: La patología de la izquierda

Notas

  1. José Alberto Mujica Cordano (Montevideo, 20 de mayo de 1935), más conocido como Pepe Mujica, es un político uruguayo. Fue el 40.º presidente de Uruguay entre 2010 y 2015.
  2. Nick Srnicek (nacido en 1982) es un escritor y académico canadiense. Actualmente es profesor de Economía Digital en el Departamento de Humanidades Digitales, King's College London. Srnicek está asociado con la teoría política del aceleracionismo y una economía posterior a la escasez.
  3. Alex Williams es profesor de sociología en la Universidad de Londres.
  4. Isaiah Berlin (6 de junio de 1909-5 de noviembre de 1997) fue un politólogo, filósofo e historiador de las ideas de etnia judía, nacido en la actual Letonia y nacionalizado británico; considerado como uno de los principales pensadores liberales del siglo XX. Entre sus principales contribuciones al terreno de la filosofía y la teoría política destacan la distinción de libertad positiva y libertad negativa, el término Contrailustración o el llamado pluralismo de valores.
  5. Amartya Kumar Sen (Santiniketan, Bengala —Raj británico—, 3 de noviembre de 1933) es un economista indio de etnia bengalí. En 1998 fue laureado con el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel. En 2021 obtuvo el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales.
  6. Martha Craven Nussbaum (Nueva York, 6 de mayo de 1947) es una filósofa estadounidense. Sus intereses se centran, en particular, en la filosofía antigua, la filosofía política, la filosofía del derecho y la ética.
  7. La teoría o enfoque de las capacidades de estos autores, discute  cómo la libertad real no solo implica la ausencia de restricciones, sino también la creación de condiciones que permitan a las personas realizar sus potencialidades, lo cual podría entenderse como una "libertad sintética" en un sentido amplio.
  8. Philippe van Parijs (Bruselas, 23 de mayo de 1951) es un filósofo belga y economista político. Principalmente, se le conoce por ser un defensor del concepto de renta básica y por ofrecer uno de los primeros tratamientos sistemáticos de los problemas de la justicia lingüística.
  9. Mijaíl Aleksándrovich Bakunin (Priamújino, Torzhok, Imperio ruso, 30 de mayo de 1814 - Berna, Suiza, 1 de julio de 1876), conocido como Mijail Bakunin, fue un teórico político, filósofo, sociólogo y revolucionario anarquista ruso. Es uno de los más conocidos pensadores de la primera generación de filósofos anarquistas junto a Piotr Kropotkin, Pierre-Joseph Proudhon, Carlo Cafiero y Errico Malatesta. Está considerado uno de los padres de este pensamiento, dentro del cual propuso los planteamientos del anarcocolectivismo. Su legado marcó una fuerte influencia para el socialismo revolucionario, el ateísmo militante, el movimiento obrero, el anarcosindicalismo y los posicionamientos ético-filosóficos y críticos del autoritarismo y el poder político.
  10. La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o Primera Internacional fue una organización fundada en Londres en 1864 que agrupó inicialmente a los sindicalistas ingleses, anarquistas y socialistas franceses e italianos republicanos. Sus fines eran la organización política del proletariado en Europa y el resto del mundo, así como un foro para examinar problemas en común y proponer líneas de acción. Colaboraron en ella Karl Marx, Friedrich Engels y Mijaíl Bakunin.
  11. La Confederación Nacional del Trabajo (CNT) es un sindicato anarquista español, el cual desempeñó un papel fundamental en la consolidación del anarquismo en España en el primer tercio del siglo XX, creando un contraste con el resto de los países donde el movimiento anarquista tuvo alguna incidencia, pero en declive por aquella época. Entre las agrupaciones políticas socialistas o de izquierda de España, la CNT —tanto la histórica (1910 a 1939) como su sucesora legal (1977) y otras informales— se ha caracterizado por la propuesta de una colectivización asamblearia de la economía y la sociedad.

 

Bibliografía

Berlin, Isaiah (2005). Dos conceptos de libertad y otros escritos. El libro de bolsillo – Filosofía. Alianza Editorial

Van Parijs, Philippe (1996). Libertad real para todos. Qué puede justificar el capitalismo, si hay algo que pueda hacerlo. Editorial Paidós

Srnicek, Nick; Williams, Alex. Inventar el futuro. Poscapitalismo y un mundo sin trabajo. Malpaso Editores

La patología de la derecha © 2024 by Juan Carlos Barajas Martínez is licensed under CC BY-NC-SA 4.0 

La patología de la izquierda

 


La fetichización de los “resultados inmediatos”

conduce a un pragmatismo vacío que lucha

por mantener el equilibrio presente del poder,

en lugar de buscar cambiar las condiciones estructurales

Rosa Luxemburgo

 

Resumen

Para el autor se puede identificar la patología de la izquierda actual con la política folk. Esta política es una constelación de ideas e intuiciones dentro de la izquierda contemporánea que moldea las formas de organizarse, actuar y pensar la política que al final no se sale de los límites que impone la ideología neoliberal hegemónica. Esta política amenaza con debilitar a la izquierda, ya que no puede expandirse más allá de los intereses locales pues son estrategias incapaces de generar cambios permanentes.

Summary

For the author, the pathology of today's left can be identified with folk politics. This politics is a constellation of ideas and intuitions within the contemporary left that shapes the ways of organizing, acting and thinking politics that in the end does not step outside the boundaries imposed by the hegemonic neoliberal ideology. These politics threaten to weaken the left, as they cannot expand beyond local interests because they are strategies incapable of generating permanent change.

Índice

 

 

Tres cuestiones previas

Antes de entrar en materia quería comentaros, amigos lectores, tres cuestiones previas. En primer lugar, hace ya algún tiempo, el expresidente de Uruguay José Mujica (1) le dijo al gran periodista español Jordi Évole (2) en una entrevista televisada, que la patología de la izquierda era el infantilismo y, cuando le fue preguntado que en qué consistía ese infantilismo, Mujica se tomó su tiempo y añadió: “confundir el deseo con la realidad”.

A mí esta contestación me dejó muy pensativo porque yo albergaba sensaciones parecidas. Yo me había dado cuenta por mí mismo, desde muy joven, de que la izquierda que representaban mis tíos Pepe y Paco, viejos comunistas, no tenía nada que ver con la izquierda moderna, con la nueva izquierda.

Yo había observado, y aquí entramos en la segunda cuestión previa, una política izquierdista más preocupada por la forma que por el fondo, y la manera de actuar del expresidente Rodríguez Zapatero (3) – por señalar a alguien próximo - me parecía sintomática de este tipo de política, al punto de que empecé a llamarla “política gestual”, más preocupada por el “qué dirán” que del efecto positivo para la sociedad, una política con efecto cosmético que no influye para nada en el status quo.

Por último, la tercera cuestión, es que durante los años peores de la crisis económica que empezó en 2008, sufrí de cierta radicalización en mis ideas. La enorme estafa que supuso aquella crisis y el hecho de que afectara directamente a mi bolsillo me hizo sobrepasar los límites que mi moderación natural siempre había establecido y me vi a mí mismo protestando en la calle, poniéndome camisetas negras o sosteniendo una pancarta de inicio de una manifestación. Esto me hizo sentir que había un rumor general de disgusto y desafección política que podía desembocar en algo, un “algo” que no podía explicar o identificar pues lo ocultaba la realidad neoliberal hegemónica que todo lo tapa o minimiza, o quizás, simplemente era que cuando uno está en medio de algo que llama “algo” - porque no sabe cómo llamarlo - no puede percibir en medio de qué está, nos falta perspectiva. El movimiento del 15M no hizo sino confirmar este sentimiento.

El libro de Srnicek y Williams

En ese contexto me daba por pensar que alguien por ahí estaría escribiendo algún texto que tendría una influencia unificadora, utópica y agitadora como la que “El Capital” (4) supuso en el siglo XIX. Que el conflicto presente en el momento, entre los de “arriba” y los de “abajo”, más allá del espectro izquierda-derecha tradicional, trajera una nueva filosofía política propia del siglo XXI.

El año pasado cayó en mis manos un libro que, desde casi el comienzo, me hizo pensar que a lo mejor estábamos ante un nuevo “El Capital”, con un diagnóstico crítico muy sólido, casi indiscutible, sobre la situación actual y una propuesta sobre una utopía que, como dice mi buen amigo el filósofo Joaquín Herrero (5), se puede “comprar”, pues está basada en características que ya presenta la sociedad actual.

Es realizable desde el punto de vista tecnológico, es difícil pero factible desde el punto de vista económico (al fin y al cabo, no se pretende acabar con el capitalismo sino transformarlo), pero muy difícil desde la óptica de las ideas ya que, para hacerse realidad, se necesita un gran cambio de mentalidad, sobre todo, en la influencia que tiene la idea de trabajo remunerado en el pensamiento colectivo.

El libro en cuestión es “Inventar el Futuro”, subtitulado, “Poscapitalismo y un mundo sin trabajo”, de Nick Srnicek (6) y Alex Williams (7) y desde aquí recomiendo su lectura para todos los públicos.

“Inventar el Futuro”, parte del análisis de la hegemonía neoliberal y del porqué ha llegado a invadirlo todo, del comportamiento político de la izquierda actual, de la situación de las poblaciones excedentes en las relaciones económicas, del crecimiento inevitable de la tecnología que incrementa el número de personas que engrosan esas poblaciones excedentes. Con todo este cóctel elabora un diagnóstico y proporciona una hoja de ruta para construir una nueva forma de ver el futuro desde el pensamiento de izquierdas que pasa, entre otras características, por la automatización plena, la reducción de la jornada laboral, el ingreso básico universal, un giro cultural sobre la ideología del trabajo remunerado cuyo fin último sea el que el ser humano pueda elegir entre trabajar (en el sentido de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”) o no (que no sería simple vaguería sino trabajar en aquello que realiza a la persona sin tener asociada necesariamente una remuneración).

Es evidente que se trata de un objetivo utópico, pero una vez leído el libro, no te parece imposible, tan solo te parece muy difícil; además sin la creencia en la posibilidad de crear un mundo nuevo cualquier horizonte de progreso que uno se plantee queda inmediatamente excluido.

La protesta

He dicho más arriba que el libro de Srnicek y Williams analiza el comportamiento político actual de la izquierda mundial e identifica cuál es la patología que la consume. Es lo que estos autores denominan política folk. Pero antes de entrar a definir el concepto, “Inventar el futuro” introduce la herramienta básica de la misma: la protesta.

Estos autores piensan que la protesta presenta una cierta futilidad. Es efímera y se realiza en pequeña escala. Esa pequeñez provoca que sea posible cambiar algo, pero es completamente incapaz de transformar la sociedad. Es más, ese algo que se cambia, es fagocitado por la sociedad neoliberal y se convierte en un elemento más del sistema. Si lo miras de manera absoluta, es posible que hayamos conseguido con nuestra protesta mejorar la sociedad, pero de manera infinitesimal, ínfima, pírrica. El gran edificio del sistema neoliberal sigue ahí en pie, colosal e impertérrito.

La protesta es elevar lo afectivo a la praxis política, en este contexto, lo emocional y lo visceral sustituye al análisis. Es una especie de fuego artificial que surge ante la indignación y la injusticia, pero que no dura en el tiempo ni se continua con un movimiento político, así, hasta que una nueva injusticia levanta las banderas y las barricadas en una nueva cruzada corrosiva que no conecta con la anterior y ni con la siguiente.

Recuerdo el caso de los abusos policiales a ciudadanos negros que motivaron un gran movimiento en los Estados Unidos, en parte violento en parte pacífico, que desaparecieron tan pronto como estallaron; y recuerdo a los líderes políticos negros pidiendo que la gente se registrara para votar como medio para intentar cambiar las cosas de una manera duradera, aquello – aunque consiguieron que mucha gente votara – no dejó de ser una prédica en el desierto pues la inmensa mayoría de la población negra ha seguido absteniéndose.

En definitiva, estos ciclos de protesta tienen efectos limitados, se produce una movilización a gran escala que obtiene éxitos a pequeña escala. Este estado de las cosas produce consecuentemente una debilidad de la izquierda que pierde una gran energía de movilización para conseguir poco, que siempre espera a una causa indignante en vez de adelantarse y construir un futuro mejor, que repercute en una frustración y una pérdida de prestigio porque se tiene la sensación de que nada puede cambiar en el sistema.

La política folk

La política folk es lo que Mujica señalaba como infantilismo y yo he llamado política gestual. Para Srnicek y Williams la política folk identifica una constelación de ideas e intuiciones dentro de la izquierda contemporánea que moldea las formas de organizarse, actuar y pensar la política que al final no se sale de los límites que impone la ideología neoliberal hegemónica. Esta política amenaza con debilitar a la izquierda, no puede expandirse más allá de los intereses locales pues son estrategias incapaces de generar cambios permanentes.

La política folk es inmediata en tres dimensiones: la temporal, la espacial y la conceptual. La temporal porque es cortoplacista, es muy táctica, es incapaz de pensar en estrategias a largo plazo.

La espacial porque es muy localista, lo local para lo folk es la sede de la autenticidad y rechaza, no ya lo global, sino que se empeña en reducirse a la dimensión humana, a la comunidad pequeña.

Por último, en términos de inmediatez conceptual, existe una preferencia de lo cotidiano sobre lo estructural, el gesto sobre el cambio verdadero, lo particular sobre lo universal, lo ético sobre lo político. Al final, es la supremacía del sufrimiento particular y la autenticidad de lo local sobre las imágenes clásicas de la emancipación y el cambio universales. Es el abandono del “proletarios de mundo uníos”, de la solidaridad internacional, al que dedicaron su vida mis tíos Pepe y Paco, estuvieran equivocados o no.

No se puede negar que la política folk tiene mucho de refuerzo psicológico, permite localizar la causa por la que luchar, si se triunfa y se consigue revertir una situación injusta se produce un efecto inmediato de alivio y un sentimiento de que se está haciendo algo, efecto que no se experimenta en estrategias a largo plazo.

Así las cosas, la política folk es necesariamente reactiva no proactiva, se queda esperando al siguiente abuso para reaccionar, la cacicada siguiente para responder llenos de indignación y, en el proceso, mientras se arregla una nos meten ocho.

La política folk desprecia las instituciones, no vota porque desprecia el sistema, juega un partido de fútbol sin salir a la cancha donde se juega, no quiere ganarlo si tiene que ensuciarse mezclándose con el capitalismo porque no quieren contagiarse de su impureza ética.

Según Srnicek y Williams esto lleva a una paradoja, al dilema existencial de la política folk. Por un lado, la negociación o el acuerdo con las estructuras de poder lleva directamente por el camino de la corrupción de la izquierda, pero si se permanece al margen hay que renunciar a la transformación completa de la sociedad. Ergo, es mejor moverse en los márgenes y picar allí y allá sin resolver cuestiones de fondo.

El pensamiento folk no se da cuenta de que la lucha también hay que darla en los parqués de los parlamentos, de los tribunales, en los despachos del poder ejecutivo y, el “más difícil todavía”, en los del poder económico. Pero no desde fuera rodeando el Congreso, o al menos no sólo desde fuera, sino desde dentro dando la batalla en comisiones y plenos.

Como es muy local es muy de democracia directa, muy de asamblea, muy de votación a mano alzada y recuento a ojo de buen cubero y menos partidaria de elecciones generales en urnas y colegios electorales. La abstención es una tentación permanente.

El problema principal de la política folk no es que se comience por lo local, inmediato y táctico, la verdadera cuestión de fondo es que se conforma con esa inmediatez, sin solución de continuidad.

Para los autores de “Inventar el futuro”, como primer paso, la política folk no está mal, es un buen punto de partida pero no de llegada. Cualquier proyecto de izquierda verdaderamente transformador debe ser mucho más ambicioso, abstracto, complejo y global. Claro, esto es mucho más difícil y requiere de mucho tiempo. La política folk puede ser necesaria, pero es claramente insuficiente.

Historia de la política folk

La política folk no ha salido de la nada, es la respuesta compresible a los problemas de los últimos cincuenta años.

Ya empiezan a verse sus elementos básicos en el movimiento asambleario de la nueva izquierda surgida de los movimientos de 1968.

Se ha asentado con la proliferación de la ideología neoliberal (ver “El neoliberalismo” en este mismo blog) a partir de la crisis económica de la década de 1970, posteriormente se ha alimentado del desprestigio del socialismo real y la caída del muro de Berlín.

El neoliberalismo ha funcionado muy bien en el arte de socavar la autoridad y el prestigio de los sindicatos, lo que cambió notoriamente el equilibrio de poder entre el factor trabajo y el factor capital. La debilitación sindical ha dejado paso a otras formas de resistencia diferentes de las clásicas del movimiento obrero.

La terciarización de la economía tampoco ha ayudado a mantener las formas antiguas de la política de izquierda, pues el trabajador de los servicios ha sido tradicionalmente menos proclive a mantener la conciencia de clase.

Por último, los partidos socialdemócratas se han visto incapaces de reaccionar a las demandas sociales, han acabado por adoptar políticas neoliberales abandonando el carro del keynesianismo en lo que se ha dado en llamar socialiberalismo. Estrategia que ha tenido un coste en la izquierda sociológica, ha supuesto un empujón definitivo de los que votaban socialdemócrata a regañadientes, hacia posiciones coincidentes con la política folk.

Las posiciones de la política folk se han ido sedimentando poco a poco. Expresándose en su forma más nítida en una primera etapa que va de mediados de la década de 1990 y primeros años de la década de 2000, en movimientos alterglobalizadores, anticapitalistas, Foro Social Mundial y otros. Los objetos de la lucha eran entonces el comercio global y las organizaciones de gobierno.

Una segunda etapa se desarrolló a partir de la crisis económica de 2008, comprendió a varios grupos en diferentes países como Occupy o el 15M español. Su objetivo era contrarrestar los efectos perniciosos de la crisis financiera, la desigualdad y la deuda.

En la actualidad la política folk está presente en mayor o menor grado en la izquierda política. Sigue habiendo grupos minoritarios que beben de sus fuentes y, al mismo tiempo, tiene una presencia muy importante en los partidos más a la izquierda, e incluso, la socialdemocracia ha tomado prestado de ésta ciertos hábitos, propuestas, apariencias; en definitiva, lo que en España conocemos con el descriptivo término de postureo.

Los logros de la política folk

La política folk no ha sido completamente yerma. Ha logrado, aparte de los éxitos locales ante problemas concretos, poner en la agenda política ideas, valores y deseos nuevos que tuvieron un impacto significativo en el ámbito global.

En este sentido, Srnicek y Williams señalan la difusión de las demandas feministas, antirracistas, antiburocráticas y en favor de los derechos de los homosexuales. Al mismo tiempo, estos autores resaltan que estos logros han quedado confinados a los términos hegemónicos establecidos por el neoliberalismo, articulados en torno a demandas centradas en el mercado y a los derechos y retórica liberales, quedando fuera del sistema los elementos más radicales y anticapitalistas de los proyectos de la izquierda folk.

Conclusión personal por si a alguien le interesa

Querido lector llegados a este punto no te reprocharía que fueras directamente al final, porque ahora voy a dar unas pinceladas personales que a lo mejor son brochazos sin interés para ti.

Me considero una persona de izquierdas por varias causas pero, sobre todo, porque me afecta mucho la desigualdad social y creo que hay margen para la mejora.

No soy un revolucionario ni por edad, ni por convencimiento porque la historia nos demuestra que las revoluciones se sabe como comienzan pero no como acaban, muchas de ellas terminan sometiendo al que querían liberar. Siendo cínico, lo mejor que puede pasar con las revoluciones es que estallen en el país vecino y que el miedo a que se reproduzca en tu país provoque que las élites reaccionen de modo positivo.

En los últimos años, quizás décadas, me he sentido huérfano de opciones políticas a las que apoyar o apoyarme o identificarme, los unos me parecían demasiado liberales y los otros demasiado folks. No voy a decir aquella frase tan cínica de que he votado tapándome la nariz, pero he votado como he podido.

Mantendré este camino, votaré como pueda según el momento y las circunstancias. Defendiendo, en la medida de mis fuerzas, las conquistas del Estado del bienestar y la democracia. Pero también os confieso que he de volver al pensamiento utópico de mi juventud, me voy a centrar en inventar el futuro aunque no lo llegue a ver, como mi tío Pepe y mi tío Paco.

Continuará.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

Notas:

  1. José Alberto Mujica Cordano (Montevideo, 20 de mayo de 1935), más conocido como Pepe Mujica, es un político uruguayo. Fue el 40.º presidente de Uruguay entre 2010 y 2015.
  2. Jordi Évole Requena​ (Cornellá de Llobregat, Barcelona, España, 21 de julio de 1974) es un periodista español, cómico, presentador y guionista de televisión. Alcanzó la popularidad en la primera mitad de los años 2000 interpretando a su personaje El Follonero en los programas Una altra cosa y Buenafuente. Entre 2008 y 2019 presentó el programa Salvados en la cadena de televisión La Sexta. Escribe también artículos de opinión en el diario La Vanguardia y anteriormente en El Periódico.
  3. José Luis Rodríguez Zapatero (Valladolid, 4 de agosto de 1960) es un político español que fue el quinto presidente del Gobierno de España después de la Transición, entre 2004 y 2011. Miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), ejerció como secretario general de este entre 2000 y 2012. Fue diputado en la iii, iv, v, vi, vii, viii y ix legislaturas del Congreso.
  4. El capital: Crítica de la economía política (en alemán, Das Kapital - Kritik der politischen Ökonomie; 1867-1883) es un texto teórico fundamental en la filosofía, economía y política de Karl Marx. Como reza su subtítulo, un tratado de crítica de la economía política; al mismo tiempo, ha sido también leído como una obra de filosofía, como un tratado de economía, o como un tratado político sobre las relaciones de dominación entre las clases, de un lado los proletarios y de otro los burgueses.
  5. Joaquín Herrero. Graduado en filosofía por la UNED, investiga sobre causalidad, complejidad y procesos de creación de conocimiento basados en deliberación colectiva online. Creador de filosofias.es y editor de su revista desde 2009. Analista y desarrollador de sistemas informáticos con énfasis en el minimalismo. Imparte cursos sobre colaboración en línea. Programa chatbots y los integra con inteligencia artificial, la cual también estudia filosóficamente. Baila fatal pero baila.
  6. Nick Srnicek (nacido en 1982) es un escritor y académico canadiense. Actualmente es profesor de Economía Digital en el Departamento de Humanidades Digitales, King's College London. Srnicek está asociado con la teoría política del aceleracionismo y una economía posterior a la escasez.
  7. Alex Williams es profesor de sociología en la Universidad de Londres.

Bibliografía:

Inventar el futuro

Poscapitalismo y un mundo sin trabajo

Nick Srnicek

Alex Williams

Malpaso Editores

Barcelona 2017

 

Episodio 36: Inventando el futuro con Nick Srnicek, parte 1

La filosofía no sirve para nada

Jose Carlos García, Juan Antonio Torrero, Sergio Muñoz

Joaquín Herrero y Juan Carlos Barajas

https://filosofias.es/wiki/doku.php/podcast/episodios/36

 

Episodio 38: Inventando el futuro con Nick Srnicek, parte 2

La filosofía no sirve para nada

Jose Carlos García, Juan Antonio Torrero, Sergio Muñoz

Joaquín Herrero y Juan Carlos Barajas

https://filosofias.es/wiki/doku.php/podcast/episodios/38

 

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De cuando la sociología daba sus primeros pasos III: Reino Unido e Italia

Diagramas que describen las relaciones entre autores que se tratan este artículo






Evolution… is a change from an indefinite incoherent homogeneity,
To a definite coherent heterogeneity
Herbert Spencer
First Principles 16, 138

40) El denominado principio de Pareto; empleado frecuentemente en el enfoque estadístico de garantía de calidad del SW
a) "El número de defectos del SW crece exponencialmente con el número de niveles jerárquicos presentes en el equipo de desarrollo";
b) "El 80% de los defectos tienen su origen común en el 20% de los factores causantes";
c)  "Cuando un buen programador es ascendido a analista la tasa de errores se duplica, con un nivel de confianza del 95%";
d) "Para una complejidad dada en un proyecto informático el número de errores se duplica cada período de 18 meses o fracción";
La respuesta es b
Pregunta 40ª del Ejercicio 1º de la oposición al Cuerpo Superior de las TIC  de la Administración General del Estado en 2003


Hemos examinado ya, en dos artículos anteriores, los primeros pasos de la sociología en Francia y en Alemania y hemos conocido la obra y los milagros de autores como Saint-Simon, Comte, Durkheim, Marx, Weber y Simmel. En este artículo vamos a dar un paseo por los primeros tiempos de la sociología en el Reino Unido e Italia, que es tanto como darse un garbeo por la sociología de Spencer y Pareto.

Reino Unido y Spencer
Los primeros tiempos de la sociología británica están marcados por la importancia de tres escuelas de pensamiento que están relacionadas con la ideología liberal: la economía política, el ameliorismo y la evolución social.

La escuela de la economía política estaba formada por científicos sociales que aceptaban en gran parte la teoría de la sociedad industrial y capitalista de Adam Smith (1). Según las ideas de Smith, en todo mercado existe una “mano invisible” que lo modela y regula. El mercado era considerado por estas gentes – y por muchos hoy en día – como una realidad independiente que se situaba por encima de los individuos y controlaba su conducta. El mercado era una fuente positiva de orden, armonía e integración para la sociedad y, como el mercado era de esta manera y no de otra, la función de los sociólogos no consistía en criticar a la sociedad sino simplemente en reunir los datos sobre las leyes que la regían.

Fijaron su objeto de estudio en el individuo y para estudiar las estructuras sociales simplemente había que agregar los datos individuales para obtener una descripción colectiva. Así que a principios del siglo XIX los estadísticos dominaban la ciencia social británica, acumulando datos y desentendiéndose de las preocupaciones sociales. En lugar de plantear teorías explicativas, su esfuerzo iba en el sentido de establecer indicadores sociales más exactos.

Conforme fue pasando el tiempo se fueron dando cuenta de que era necesario un mayor esfuerzo de teorización, que no tenían explicación para los fallos del mercado y de la sociedad en general. Detectaron el problema de la pobreza pero, dada su obcecación con el individuo,  fueron incapaces de asociarla al resultado de las relaciones en las estructuras sociales, se dedicaron a realizar estudios de campo más detallados y desarrollar técnicas empíricas más complicadas y exactas. Los estadísticos no llegaron a la conclusión de que el conjunto del sistema económico y político era el problema y que la mano invisible no lo resolvía todo.

Los seguidores del ameliorismo sí creyeron que había solución a los problemas sociales. Una solución que previniera la violencia y la revolución, una solución que reformara el sistema sin alterar su esencia. 

Así que siguiendo esos puntos de partida decidieron que el problema no estaba en la sociedad sino en el individuo. Esta corriente precisamente lo que buscaba era la reforma de la sociedad por medio de la reforma del individuo. Si se reformaba a los individuos y la suma de los individuos constituía la sociedad se reformaba a la sociedad en su conjunto. Las causas de la pobreza, por ejemplo, había que buscarlas en las personas, en su pobreza intelectual y espiritual, en su impureza, falta de higiene e inmoderación. 

Y como origen último de todas estas causas de miseria moral había un único motivo: el alcoholismo. Ahí encontraron su piedra filosofal, la causa perfecta, ya que era una patología individual y no social, a la sociedad había que dejarla en paz. Por estas razones,  los partidarios del ameliorismo, no desarrollaron ninguna teoría de la estructura social  sino una teoría sobre las causas sociales de esos problemas individuales.

La tercera escuela, la evolución social, representa una teoría con mayor peso que las anteriores. Tiene una notable influencia de la obra de Comte (2) pero sobre todo, descansa sobre la imponente figura de Herbert Spencer. La influencia de Spencer en la sociología británica hasta bien entrado el siglo XX fue enorme ya fuera para seguirle como para oponerse a sus ideas. 

Spencer mantuvo durante toda su vida posiciones claramente liberales. Era partidario del “laissez faire” (3), pensaba que el Estado no debía intervenir en los asuntos individuales salvo en asuntos muy concretos como la protección de las personas. Al contrario de su admirado Comte, Spencer no sentía interés por las reformas sociales, la sociedad debía funcionar libre de todo control externo.

Spencer era un darwinista social (4), aunque el término en aquellos tiempos no tenía el sentido peyorativo que con todo mérito ha adquirido después. Sostenía la idea evolucionista de que el mundo mejoraba progresivamente y, si lo hacía por su propio movimiento, no tenía sentido la intervención externa.

Adoptó la idea de que las instituciones sociales, como los animales y las plantas en el mundo natural, se adaptaban a su entorno social. Era partidario también del concepto de selección natural de la supervivencia del más apto (5). Entre dos instituciones sociales de funciones similares sobreviviría la que mejor se adaptase al medio social. 

Como en el caso de Comte y Durkheim (6), Spencer veía a la sociedad como un organismo vivo con un conjunto de órganos, cada uno con su función específica, que trabajan juntos para el buen funcionamiento de la sociedad.

Dentro de su teoría evolucionista es posible identificar dos grandes perspectivas. La primera de ellas hace referencia al tamaño creciente de la sociedad. La sociedad crece por mor del aumento de la población y por la unión de los grupos sociales adyacentes, lo que llamó “composición”. Así, se produce un movimiento evolucionista desde sociedades más simples a las compuestas, doblemente y triplemente compuestas. El aumento del tamaño de la sociedad conlleva el crecimiento de las estructuras sociales y una mayor diferenciación en las funciones que desempeñan.

Spencer divide a las sociedades entre sociedades militares y sociedades industriales. Las sociedades militares son más antiguas, están caracterizadas por tener una estructura preparada siempre para la guerra. No era el tipo de sociedad ideal para Spencer pero, en una primera fase, eran funcionales para mantener unidas a las sociedades y crear a través de la composición las poblaciones necesarias para desarrollar las sociedades industriales.

Las sociedades industriales, las favoritas de Spencer, tienen superado ese estado de guerra permanente. La sociedad industrial se basa en la amistad, el altruismo, la especialización, la colaboración voluntaria entre las personas y el reconocimiento del mérito. 

Estas sociedades se mantienen mediante contratos voluntarios y, en un concepto muy parecido al de la solidaridad en Durkheim, mediante una ética común muy consolidada. Si esto es así, ¿quién necesita de un gobierno que lo controle todo?, debe limitarse a controlar lo que las personas no deben hacer. 

La evolución general lleva a las sociedades militares hacia la forma de las sociedades industriales modernas, aunque Spencer reconoce que es posible la existencia de regresiones periódicas al estado de guerra.

La segunda perspectiva del progreso social que nos ofrece Spencer está relacionada con la idea de que las sociedades evolucionan, por un lado, hacia un estado moral superior o perfecto y, por otro lado, considera que las sociedades más aptas sobrevivirán y las que no alcancen el nivel se extinguirán. Todo ello como resultado de un proceso progresivo de adaptación al mundo.

Al principio las ideas de Spencer disfrutaron de un gran éxito, incluso sus ideas tuvieron compañeros de viaje con los que Spencer no se hubiera tomado ni un café, ideas que se sacaron de contexto y se radicalizaron. Esto provocó un rechazo durante muchos años hasta el nacimiento de recientes teorías de la evolución social que lo han recuperado, incluyendo en este rechazo partes de su teoría – como la de las instituciones sociales  – que son interesantes. La mayor reacción contra Spencer se basaba en su concepto de supervivencia del más apto, idea en la que siempre se mantuvo a pesar de que de otros conceptos que podrían calificarse de ofensivos si se retractó.

Italia y Pareto
 Wilfredo Pareto,  aunque actualmente es una figura poco influyente, monopolizó la sociología italiana a caballo de los siglos XIX y XX. Las ideas más importantes de Pareto se desarrollan en oposición a la figura de Carlos Marx (7) y al racionalismo derivado de la Ilustración (8).

Frente a Marx opuso una teoría elitista del cambio social, frente a la ilustración Pareto subrayaba el papel irracional de ciertos factores como los instintos humanos que configuran en gran parte el comportamiento social.

Tres son las aportaciones que vamos a destacar de Pareto: la teoría del cambio social, la concepción sistémica de la sociedad y el principio de Pareto o del 80-20.

Como hemos señalado Pareto desarrolló una teoría del cambio social en contraste con la teoría marxista. Mientras para Marx el papel de cambio era protagonizado por las masas, para Pareto eran unas elites de egoístas ilustrados.  Es la elite racional la que dirige a las masas irracionales. Al carecer de capacidades racionales, las masas no constituyen una fuerza revolucionaria. De esta manera, el cambio social, se debería a la degeneración de las elites.

Cuando la degeneración de la elite llega a un determinado grado se sustituye por otra elite no gobernante o por los elementos sobresalientes de las masas. Instalada en el poder la nueva elite, el proceso comienza de nuevo y así cíclicamente.

En segundo lugar, Pareto concebía a la sociedad como un sistema en equilibrio constituido por partes o subsistemas independientes. Está idea caló en el funcionalismo norteamericano y en su figura señera, Talcott Parsons (9), que le citó profusamente en su obra “La estructura de la acción social”. La teoría de Pareto jugó un papel muy importante en la teoría de Parsons.

Por último vamos a hablar del principio de Pareto o regla de 80-20. Es este un aspecto de la obra de Pareto que personalmente  me interesa mucho por tres razones, aunque sociológicamente no le veo mucha relevancia. En primer lugar porque se trata de un principio que ha saltado de disciplina en disciplina , en segundo término, porque no veo justificación científica para ese salto y, en tercer lugar, por razones biográficas, ya que el dichoso principio me ha asaltado en los sitios más insospechados aplicado a las cosas más dispares.

Pareto estudió la acumulación de la propiedad de la tierra en Italia. Llegó a la conclusión de que el 20% de los propietarios poseían el 80% de la tierra y el 20% restante de los terrenos era propiedad del 80% de la población restante. Pareto pensaba que esta distribución se repetía en otros órdenes de la vida, de manera que la sociedad se dividía naturalmente entre “los pocos de mucho” y los “muchos de poco”. De ahí al concepto de elite hay poca distancia.

De esta manera, cada vez que se produce una distribución de este tipo de manera aproximada, alguien se acuerda de Pareto y aplica su nombre a esa distribución. Así, el principio de Pareto se ha aplicado a la política, a la economía, a la distribución de productos – es en este ámbito cuando alguien que no fue Pareto inventó el diagrama de Pareto (10) -, en control de calidad y, cómo no, en ingeniería del software (11).

En este último ámbito, que me toca muy de cerca, se suele decir que el 80% del esfuerzo de desarrollo – en tiempo y recursos – produce el 20% de los programas, mientras que el 80% restante se produce con el 20% del esfuerzo. También se aplica a las fases de prueba de los programas en parecidos términos. Lo he leído en muchos libros pero yo nunca he visto una demostración matemática o estadística, no digo que no la haya, sólo que yo no la he visto. Para mí que tiene que ver con una apreciación, más o menos subjetiva, extraída de la experiencia, que sigue a la realidad de manera aproximada,  y repetida hasta la saciedad hasta convertirla en una verdad incontestable. No olvidemos por ejemplo, que ahora los economistas en su mayoría dividen la renta normalmente en deciles (12) y aplican – en un contexto de gran desigualdad – la regla del 90-10.

No creo que Pareto imaginara ni por un instante que su principio, o al menos su nombre, se aplicaría al desarrollo de programas para unas máquinas que ni siquiera existían en su época.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo y, para su condenación eterna (13) , ingeniero de software.




Notas:

  1.  Adam Smith (5 de junio de 1723 - 17 de julio de 1790) fue un economista y filósofo escocés, uno de los mayores exponentes de la economía clásica.
  2. Auguste Comte, nacido como Isidore Marie Auguste François Xavier Comte (Montpellier, 19 de enero de 1798-París, 5 de septiembre de 1857), es considerado el creador del positivismo y de la sociología, aunque hay sociólogos que solo le atribuyen haberle puesto el nombre. Ver “De cuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog.
  3. La frase “laissez faire, laissez passer” es una expresión francesa que significa «dejen hacer, dejen pasar», refiriéndose a una completa libertad en la economía: libre mercado, libre manufactura, bajos o nulos impuestos, libre mercado laboral y mínima intervención de los gobiernos. Fue usada por primera vez por Vincent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII, contra el intervencionismo del gobierno en la economía.
  4.  El darwinismo social es una teoría social  que defiende que la teoría de la evolución de Charles Darwin tiene aplicaciones sociales en instituciones humanas. Está basado en la idea de la supervivencia del más apto concebido como mecanismo de evolución social  y la creencia de que el concepto darwiniano de la selección natural puede ser usado para el manejo de la sociedad humana, insistiendo en la competición (étnica, nacional, de clase, etc.) por recursos naturales o diversos puestos sociales. En general, defiende la eugenesia como argumento para aplicar métodos de "depuración" o "mejora" de la especie humana e implica un conjunto de reformas a las leyes sociales o políticas en un plano de lucha entre individuos o grupos humanos, concebidas como una forma de progreso social y biológico.
  5.  La "supervivencia del más apto" es una frase propia de la teoría evolutiva de Charles Darwin y el darwinismo social, como una descripción alternativa de la selección natural. En su sentido esencial, se refiere a la competencia por la supervivencia o predominancia de una especie (o raza) sobre otra. El concepto fue acuñado por Herbert Spencer y retomado por Charles Darwin.
  6. Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia. Ver “Decuando la sociología daba sus primeros pasos” en este mismo blog.
  7. Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818 - Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra, incursionó en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital. Ver “Decuando la sociología daba sus primeros pasos II: Alemania” en este mismo blog.
  8. La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual europeo (especialmente en Francia e Inglaterra) que se desarrolló desde fines del siglo XVII hasta el inicio de la Revolución francesa, aunque en algunos países se prolongó durante los primeros años del siglo XIX. Fue denominado así por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. El siglo XVIII es conocido, por este motivo, como el Siglo de las Luces. Los pensadores de la Ilustración sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía para construir un mundo mejor. La Ilustración tuvo una gran influencia en aspectos económicos, políticos y sociales de la época. La expresión estética de este movimiento intelectual se denominará neoclasicismo.
  9. Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia. Ver “Las Instituciones Sociales” en este mismo blog
  10. El diagrama de Pareto, también llamado curva cerrada o Distribución A-B-C, es una gráfica para organizar datos de forma que estos queden en orden descendente, de izquierda a derecha y separados por barras. Permite, pues, asignar un orden de prioridades. El diagrama facilita el estudio de las fallas en las industrias o empresas comerciales, así como fenómenos sociales o naturales.
  11. Ingeniería de software es la aplicación de un enfoque sistemático, disciplinado y cuantificable al desarrollo, operación y mantenimiento de software, y el estudio de estos enfoques, es decir, la aplicación de la ingeniería al software. Integra matemáticas, ciencias de la computación y prácticas cuyos orígenes se encuentran en la ingeniería. Una curiosidad, los diagramas que uso para describir las relaciones entre escuelas y autores en estos artículos son una simplificación de una técnica de modelado de datos de ingeniería del software denominada diagrama entidad-relación.
  12. Decil. Los cuantiles son puntos tomados a intervalos regulares de la función de distribución de una variable aleatoria. Existen diversos tipos de cuantiles, los cuartiles, que dividen a la distribución en cuatro partes (corresponden a los cuantiles 0,25; 0,50 y 0,75); los quintiles, que dividen a la distribución en cinco partes (corresponden a los cuantiles 0,20; 0,40; 0,60 y 0,80); los deciles, que dividen a la distribución en diez partes; los percentiles, que dividen a la distribución en cien partes.
  13. Evidentemente esto es una broma.


Bibliografía:

Teoría Sociológica Moderna
George Ritzer
5ª Edición
ED. McGraw-Hill
Madrid 2001

Los orígenes de la teoría sociológica
María C. Iglesias, Julio R. Aramberri, Luis R. Zúñiga
Akal Editor
Madrid 1989


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