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¿Qué es el transhumanismo?

 


Este guapo muchacho es el prof. Nick Bostrom


Resumen

El transhumanismo es una corriente filosófica que busca mejorar la condición humana mediante la aplicación de la ciencia y la tecnología. Este artículo tiene como objetivo brindar una visión comprensiva sobre el concepto del transhumanismo.

En primer lugar, exploraremos brevemente la intrahistoria del transhumanismo, centrándonos en los principales autores y pensadores que han contribuido al desarrollo de esta corriente. Luego, nos adentraremos en la manera en que el transhumanismo plantea la mejora de la condición humana, resaltando el papel fundamental de la ciencia y la tecnología en este proceso.

Para un segundo artículo, abordaremos el transhumanismo desde una perspectiva crítica, examinando los problemas éticos que podrían surgir como consecuencia de su aplicación, como por ejemplo la creación de nuevas desigualdades sociales. Además, analizaremos aquellos principios del transhumanismo que, si bien no están directamente relacionados con aspectos morales, han generado un debate crítico en torno a este enfoque.

Abstract

Transhumanism is a philosophical movement that seeks to enhance the human condition through the application of science and technology. This essay aims to provide a comprehensive insight into the concept of transhumanism.

Firstly, we will briefly explore the intrahistory of transhumanism, focusing on the key authors and thinkers who have contributed to the development of this movement. We will then delve into how transhumanism proposes the enhancement of the human condition, emphasizing the fundamental role of science and technology in this process.

However, we will also approach transhumanism from a critical perspective, examining the ethical issues that may arise as a result of its application, such as the creation of new social inequalities. Additionally, we will analyze those principles of transhumanism which, although not directly related to moral aspects, have sparked critical debate surrounding this approach.

Índice

Pues eso, ¿Qué es el transhumanismo?

Breve historia del movimiento transhumanista

Autores principales

Un intento de transformar la condición humana

La ciencia y la tecnología como base del transhumanismo

Pues eso, ¿qué es el transhumanismo?

El transhumanismo es una corriente filosófica que busca mejorar la condición humana mediante la aplicación de la ciencia y la tecnología. Su objetivo principal es ampliar las capacidades humanas en términos de inteligencia, resistencia y longevidad (Postigo, 2019). Para lograr esto, propone el uso de diversas tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica, la nanotecnología, la biotecnología y la realidad virtual y aumentada.

Estas tecnologías buscan superar las limitaciones biológicas y mejorar aspectos como la memoria, la capacidad cognitiva, la resistencia física, la longevidad y la calidad de vida en general. Además, el transhumanismo plantea la posibilidad de fusionar la inteligencia humana con la inteligencia artificial, lo que daría lugar a seres posthumanos con habilidades sobrehumanas.

En la sociedad actual, el transhumanismo ha ganado relevancia debido a los avances científicos y tecnológicos. Sin embargo, su planteamiento de una transformación radical de la condición humana también ha generado debates éticos y morales. ¿Cuál es la obligación moral de mejorar al ser humano? ¿Qué significa exactamente "mejorar" a las personas? Estas son preguntas fundamentales.

Es importante reconocer que el transhumanismo encuentra su razón de ser en el progreso científico y tecnológico actual. La posibilidad de modificar controladamente a los seres humanos no parece una mera locura, ya que existen argumentos sólidos respaldados por el estado actual de la ciencia. Ray Kurzweil(1), un futurista y defensor del transhumanismo, afirmó: "La humanidad siempre ha deseado vivir eternamente, pero ahora, gracias a la ciencia y la tecnología, podemos comenzar a trabajar en serio para hacerlo realidad" (Kurzweil, 2005, p. 235).

El propósito de los dos artículos que voy a dedicar a este asunto es realizar un análisis crítico del transhumanismo, comprendiendo sus enfoques principales, debatiendo sus implicaciones éticas y evaluando su viabilidad en términos de justicia social. También se cuestionará la relación del transhumanismo con la naturaleza y la dignidad humana, planteando interrogantes sobre los límites del progreso científico ilimitado, la deseabilidad de la inmortalidad y la relación entre perfección y felicidad.

Se presentarán definiciones, corrientes y autores relevantes relacionados con el transhumanismo, y se analizarán los avances tecnológicos y científicos que hacen posible su realización. Por último, se reflexionará sobre las posibles consecuencias de la transformación posthumana en la sociedad y se considerarán perspectivas críticas fundamentales.

El transhumanismo es una corriente filosófica compleja y polifacética que se puede contemplar desde múltiples perspectivas. Según Postigo(2) (2019), el transhumanismo se puede entender como una ideología, un movimiento social, una corriente filosófica o incluso como una especie de religión secular. Por tanto, no es de extrañar que se haya clasificado a este enfoque con el apellido de “humanismo” por tener un cierto sentido de movimiento cultural. Esta complejidad se debe, en gran medida, a la amplitud de los temas que aborda y a la diversidad de enfoques que se han desarrollado en su entorno.

Dado que el transhumanismo es un enfoque complejo que se puede contemplar desde distintas perspectivas, encontrar una definición única que lo contemple en su totalidad puede resultar una tarea difícil. Sin embargo, diversos autores consagrados han propuesto definiciones que permiten aproximarnos a esta corriente filosófica.

Por ejemplo, Max More(3), filósofo y fundador del Partido Transhumanista, ofrece una definición amplia del transhumanismo. Según More, el transhumanismo no solo se trata del uso de la tecnología para mejorar las capacidades humanas, sino que es una filosofía que aboga por la búsqueda activa de la mejora en todos los aspectos de la condición humana. Esta búsqueda abarca áreas como la vida humana, la salud, la inteligencia, la creatividad, el placer, la felicidad y la duración de la vida (More, 1990).

La perspectiva de More sitúa al transhumanismo en un contexto más amplio, donde la mejora y el desarrollo humano son considerados como objetivos fundamentales. Al enfocarse en aspectos más allá de la tecnología, se reconoce que la mejora humana puede abarcar tanto avances científicos y tecnológicos como cambios en la forma en que entendemos y vivimos la experiencia humana.

De manera similar, el filósofo Nick Bostrom(4), reconocido por su trabajo en el Future of Humanity Institute de la Universidad de Oxford, proporciona una perspectiva adicional sobre el transhumanismo. Según Bostrom, el transhumanismo se define como "el estudio interdisciplinario de las formas en que la tecnología puede ser utilizada para mejorar la condición humana, tanto a nivel individual como colectivo". Además, lo presenta como una visión del futuro que postula la posibilidad y la necesidad de mejorar la condición humana mediante el uso de la razón, la ciencia y otras tecnologías avanzadas (Bostrom, 2005).

En esta definición, Bostrom enfatiza el carácter prospectivo del transhumanismo, presentándolo como una visión de futuro. Además, destaca la obligación moral de buscar mejoras en la condición humana y resalta la factibilidad real de lograrlo. En su obra "Superintelligence: Paths, Dangers, Strategies", Bostrom explora la aspiración del transhumanismo de trascender las limitaciones biológicas y abrir nuevas posibilidades para la evolución humana (Bostrom, 2014, p. 8). Mark Walker lo define como “una filosofía que busca mejorar la condición humana a través del uso de la tecnología y la ciencia, con el objetivo final de lograr la inmortalidad y la perfección humana" (Walker, 2013).

Existen perspectivas que consideran al transhumanismo como más que una corriente filosófica, sino como una cultura en sí misma. Algunos autores sostienen esta visión, como Susan Schneider(5), quien argumenta que el transhumanismo es "una cultura que abraza la idea de la mejora tecnológica humana" (Schneider, 2018, p. 12). Esta perspectiva destaca la importancia de la cultura en la adopción y promoción de la mejora humana a través de la tecnología.

El profesor Antonio Diéguez(6), en su libro “transhumanismo la búsqueda tecnológica del mejoramiento humano” -una referencia imprescindible en español sobre este asunto que nos ocupa-, ofrece una definición clara del transhumanismo. Según Diéguez, el transhumanismo se caracteriza como una corriente de pensamiento que aboga por la utilización de las nuevas tecnologías con el objetivo de mejorar de manera radical la condición humana (Diéguez, 2014, p. 13). Esta postura implica trascender las limitaciones biológicas y fomentar la evolución consciente del ser humano.

El enfoque propuesto por Diéguez subraya la aspiración del transhumanismo de superar las barreras biológicas y explorar nuevas posibilidades de desarrollo y mejora a través de la tecnología. Además, señala que esta perspectiva puede ser interpretada como una respuesta al pesimismo generalizado que rodea a la tecnología, desafiando la idea de que su impacto es principalmente negativo y planteando la idea de que tiene el potencial de mejorar la vida humana de manera significativa.

¿Qué es lo que podemos extraer de todas estas definiciones que nos pueden ayudar a contestar de una manera fiable y comprensiva a la pregunta de qué es el transhumanismo?

En primer lugar, el transhumanismo se nos presenta como una filosofía, una ideología, una forma de pensamiento o una cultura. Lo que indica que, si bien el transhumanismo no es un sistema cerrado de creencias, sí implica una serie de valores y principios que se derivan de su visión del futuro y de la importancia que le otorga a la mejora y trascendencia de la condición humana mediante la tecnología. Por tanto, puede ser considerado como una perspectiva integral que abarca tantos aspectos científicos como éticos y metafísicos.

En segundo término, tiene el objetivo de trascender las limitaciones biológicas del ser humano y alcanzar un estado de superación, aunque no todos los autores se han planteado que las mejoras tecnológicas pueden generar desigualdades sociales.

En tercer lugar, existe una cierta obligación moral de mejorar al ser humano, algo así como, “debemos hacerlo”. Si bien es cierto que no todos los autores comparten este concepto y sostienen que debe ser una opción personal o social.

Por último, después del “debemos hacerlo” estaría el “podemos hacerlo”, existe una confianza sólida en el presente y, subsidiariamente en el futuro, de la ciencia y de la tecnología. Los transhumanistas creen que la tecnología puede ser utilizada para superar las limitaciones biológicas del ser humano y lograr una mejora significativa en diversos aspectos, muchas veces sin tener en cuenta los posibles efectos negativos o indeseados que pudiera surgir de aplicar determinadas técnicas.

En resumen, el transhumanismo es un enfoque filosófico, cultural, e ideológico que busca mejorar la condición humana a través del uso de la tecnología y la ciencia, con el objetivo final de superar las limitaciones biológicas y alcanzar la perfección humana. Se puede entender como una visión del futuro que postula que podemos y debemos mejorar la condición humana mediante el uso de la razón, la ciencia y otras tecnologías avanzadas. Aunque existen múltiples definiciones, todas coinciden en que el transhumanismo busca la mejora radical de las capacidades humanas más allá de lo que es posible en los seres humanos que no han experimentado ningún cambio o mejora.

Breve historia del movimiento transhumanista

Respecto de la pequeña historia del movimiento transhumanista, podemos situar sus orígenes en la década de 1950 y 1960, cuando los futuristas y escritores de ciencia ficción comenzaron a explorar las posibilidades de la mejora humana a través de la tecnología (Sorgner, 2013).

El término "transhumanismo" fue acuñado por primera vez por el filósofo Julian Huxley en 1957, y el concepto fue desarrollado más tarde por otros pensadores como Fereidoun M. Esfandiary (7)y Robert Ettinger(8).  Aunque, si hemos de hacer caso a la filósofa española Elena Postigo, el término “transhumanar” estaba ya en la “Divina Comedia” de Dante.

En la década de 1980, el movimiento transhumanista comenzó a ganar fuerza, impulsado en parte por el rápido avance de la tecnología y la creciente conciencia de las posibilidades de la ingeniería genética, la inteligencia artificial y la nanotecnología. En 1986, el filósofo y futurista Max More fundó el Extropy Institute, que se convirtió en un centro de investigación y discusión para el movimiento transhumanista.

Durante los años 90, el transhumanismo experimentó un notable aumento en su popularidad y en los debates públicos que generaba. Fue en este contexto que el filósofo y futurista Max More desempeñó un papel destacado al fundar la revista Extropy en 1990, la cual se convirtió en un importante punto de encuentro para discutir las ideas transhumanistas. A través de esta plataforma, se abrieron espacios para explorar y debatir las posibilidades de mejora de la condición humana mediante la aplicación de la ciencia y la tecnología.

Además, en 1998, figuras influyentes como Nick Bostrom, David Pearce y el propio Max More, entre otros, establecieron la Asociación Transhumanista Mundial, que posteriormente evolucionaría y se transformaría en la asociación Humanity+. Su objetivo principal era fomentar la investigación y el desarrollo de tecnologías que pudieran mejorar la condición humana, al tiempo que se analizaban los impactos éticos y sociales derivados de su implementación.

Es importante destacar que el crecimiento y la difusión del transhumanismo se vieron favorecidos por el aumento de la disponibilidad de tecnologías, especialmente Internet. Esta nueva herramienta permitió una mayor difusión de las ideas transhumanistas y facilitó el intercambio de conocimientos y perspectivas entre personas interesadas en el tema.

Durante la década de 2000, el transhumanismo comenzó a atraer una mayor atención pública y académica. Algunos defensores prominentes del transhumanismo, como el filósofo Nick Bostrom y el ingeniero Ray Kurzweil, se convirtieron en figuras destacadas en el movimiento y publicaron libros influyentes sobre el tema. También durante esta misma década, comenzaron a surgir preocupaciones sobre los posibles riesgos y consecuencias negativas del transhumanismo, lo que llevó a un mayor debate y crítica en los medios de comunicación y la comunidad académica.

En los últimos años el transhumanismo ha seguido evolucionando y creciendo en popularidad y relevancia. Ha desembarcado en el mundo de la empresa desde que Google en 2013 creó la empresa Calico, cuyo objeto es la investigación y desarrollo de tecnologías para aumentar la longevidad y mejorar la calidad de vida de las personas.

Desde entonces, el transhumanismo ha seguido creciendo y desarrollándose como un movimiento cultural y filosófico, con una variedad de grupos y organizaciones dedicados a explorar y promover la mejora humana a través de la tecnología. Aunque el movimiento transhumanista sigue siendo una minoría, sus ideas y perspectivas han influido en una variedad de campos, desde la ética y la filosofía hasta la ciencia y la tecnología.

Autores principales

Lo mismo que sucede con las definiciones de tranhumanismo pasa a la hora de citar a los autores principales de esta corriente. Si combinamos diferentes fuentes bibliográficas relacionadas con el transhumanismo, suelen aparecer los nombres que se detallan en los párrafos subsiguientes (More, M., & Vita-More, N., 2013) (O'Connell, M., 2017)(Kak, M., 2018) ("The Top 10 Transhumanists", 2015).

Ray Kurzweil es un ingeniero y futurista conocido por su teoría de la "singularidad", que sugiere que la inteligencia artificial superará a la humana en el futuro cercano, lo que provocará cambios radicales en la sociedad y la humanidad misma.

En relación con la inmortalidad tecnológica, Kurzweil ha sido un defensor destacado de la idea de que la tecnología permitirá a los seres humanos prolongar su vida indefinidamente. Él ha propuesto el concepto de la "descarga de mente", que implica transferir la mente y la conciencia de una persona a un sustrato digital, como una computadora, con el objetivo de lograr la inmortalidad.

Es importante tener en cuenta que estas ideas propuestas por Kurzweil son altamente especulativas y están basadas en su visión optimista de la evolución tecnológica y el potencial ilimitado de la inteligencia artificial. Aunque algunos avances en el campo de la neurociencia y la computación podrían considerarse como pasos hacia la realización de la descarga de mente, todavía estamos lejos de comprender plenamente la complejidad de la mente humana y las implicaciones éticas y filosóficas de tales tecnologías.

Aubrey de Grey (10) es un destacado biogerontólogo (11) reconocido por su enfoque revolucionario sobre el envejecimiento. Según la teoría propuesta por De Grey, el envejecimiento no es un proceso inevitable e irreversible, sino más bien una enfermedad que puede ser tratada y curada mediante la aplicación de la tecnología médica y científica.

De Grey es un defensor apasionado de la ingeniería de tejidos y las células madre como herramientas clave en la lucha contra el envejecimiento. Ha argumentado que al abordar los procesos moleculares y celulares que causan el deterioro del cuerpo humano a lo largo del tiempo, es posible revertir y prevenir los efectos del envejecimiento, prolongando así la vida saludable de las personas.

Con el objetivo de impulsar la investigación y el desarrollo en este campo, De Grey fundó la Fundación SENS (Strategies for Engineered Negligible Senescence). Esta organización sin ánimo de lucro se dedica a investigar y promover soluciones prácticas para abordar los problemas asociados con el envejecimiento, centrándose en estrategias de rejuvenecimiento y prolongación de la vida.

Las ideas de Aubrey de Grey han generado un debate significativo en la comunidad científica y han desafiado las concepciones tradicionales sobre el envejecimiento y la longevidad humana. Si bien su enfoque es innovador y ha generado interés, sigue siendo objeto de investigación y estudio para determinar la viabilidad y eficacia de las propuestas y tecnologías involucradas.

Ya hemos hablado de Nick Bostrom, reconocido filósofo y académico, se ha destacado por su investigación en el campo de la superinteligencia artificial y sus implicaciones. A lo largo de su trabajo, Bostrom ha abogado por una aproximación cautelosa y rigurosa hacia el desarrollo de la inteligencia artificial.

Bostrom ha planteado la posibilidad de que en el futuro se desarrolle una inteligencia artificial que supere ampliamente las capacidades humanas, lo que podría tener profundas repercusiones en la sociedad y la humanidad en general. Sus investigaciones se han centrado en comprender los posibles escenarios futuros, incluyendo tanto los beneficios como los riesgos asociados con la superinteligencia artificial. Ha enfatizado la importancia de establecer salvaguardias y medidas de seguridad para garantizar que la IA sea desarrollada de manera segura y en beneficio de la humanidad. Además, ha propuesto la necesidad de un diálogo amplio y una participación multidisciplinaria para abordar los desafíos éticos y sociales que surgen con la superinteligencia.

El filósofo y futurista Max More ha escrito extensamente sobre el transhumanismo y la posibilidad de mejorar la humanidad a través de la tecnología. More ha propuesto la idea de "transhumanismo proactivo", que implica la toma de medidas proactivas para mejorar la humanidad en lugar de esperar a que la tecnología lo haga de forma natural.

La mujer de este último, con el que ha colaborado a menudo, Natasha Vita-More, es una artista y futurista que ha abogado por la mejora de la humanidad a través de la tecnología. Vita-More ha desarrollado el concepto de "Prótesis Inteligentes" que permiten la ampliación de la capacidad humana en lugar de reemplazarla.

Anders Sandberg(12), que es un filósofo y neurocientífico sueco, ha realizado importantes contribuciones al campo del transhumanismo, especialmente en lo que respecta a la mejora cognitiva y el aumento de la inteligencia humana mediante la tecnología. También ha trabajado en áreas como la ética de la biotecnología, la simulación y la realidad virtual.

El sociólogo y bioético estadounidense James Hughes ha escrito ampliamente sobre transhumanismo y la mejora humana. Es conocido por su enfoque pragmático y centrado en la justicia social para la implementación de tecnologías transhumanistas, y ha abogado por una regulación responsable y una distribución equitativa de los beneficios de la tecnología.

Ben Goertzel (13)es un científico de la computación y experto en inteligencia artificial que ha trabajado en áreas como la robótica, el procesamiento del lenguaje natural y la creación de agentes inteligentes. Es conocido por sus trabajos sobre inteligencia artificial general (AGI, por sus siglas en inglés). La AGI se refiere a la creación de sistemas de inteligencia artificial que posean habilidades cognitivas y de aprendizaje comparables o incluso superiores a las capacidades humanas en múltiples dominios. A diferencia de la inteligencia artificial específica, que se centra en tareas particulares, la AGI tiene como objetivo lograr una inteligencia general que pueda abordar una amplia gama de problemas de manera autónoma y flexible. El enfoque de Goertzel en la AGI ha estado guiado por su visión de utilizar esta tecnología para impulsar la mejora humana y superar las limitaciones biológicas.

Martine Rothblatt (14) es una empresaria y abogada estadounidense, así como una activista por los derechos de la comunidad LGBTQ+. También es conocida por su trabajo en el campo de la genómica y la medicina personalizada, y ha fundado varias empresas en estas áreas. En el contexto del transhumanismo, ha abogado por la inmortalidad digital y la transferencia de la conciencia humana a una plataforma tecnológica.

Cada uno de estos autores ha contribuido significativamente al desarrollo del movimiento transhumanista y ha impulsado la discusión sobre las posibilidades y los límites de la mejora humana a través de la tecnología.

Un intento de transformar la condición humana

¿Qué significa transformar la condición humana en el contexto del transhumanismo? Se refiere a la idea de que la tecnología puede ser utilizada para mejorar significativamente las capacidades físicas, mentales y emocionales de los seres humanos, superando las limitaciones biológicas y mejorando nuestra calidad de vida en general.

En otras palabras, los transhumanistas creen que la humanidad no debe aceptar la condición humana actual como algo inmutable, sino que debe trabajar para superarla y mejorarla. Esta mejora puede incluir la eliminación de enfermedades, la ampliación de nuestras capacidades cognitivas y físicas, la prolongación de la vida y la eliminación de barreras sociales y culturales. A través de estas mejoras, el transhumanismo no busca solo mejorar la vida individual de las personas, sino también transformar la condición humana en su conjunto, impulsando la evolución de nuestra especie hacia formas más avanzadas y sofisticadas de ser.

De esta definición se extraen cuatro consecuencias, en primer lugar, la condición humana no es inmutable. En segundo lugar, la transformación de la condición humana es sinónimo de mejora. En tercer lugar, la mejora tiene un sentido de deber, de obligatoriedad moral. Y, por último, se pasa de la evolución natural de ser humano, común al resto de las especies, a un nuevo tipo de evolución, completamente artificial.

Atendiendo a este último punto sobre la evolución artificial, parte destacada del transhumanismo tiene la visión de la mejora de la condición humana como un proceso gradual que se desarrollaría en dos fases: la primera fase sería la creación del "transhumano", un ser humano mejorado, pero aún basado en la biología humana; la segunda fase sería la creación del "posthumano", un ser completamente distinto, que ya no estaría limitado por las restricciones biológicas humanas.

En la fase del "posthumano", se imagina una especie completamente nueva y radicalmente diferente, que estaría basada en tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial, la robótica y la nanotecnología. Se cree que esta nueva especie podría tener una inteligencia y capacidades mucho mayores que los seres humanos actuales, y podría ser capaz de superar muchos de los problemas y limitaciones que actualmente enfrentamos.

Uno de los principales promotores de esta idea es Nick Bostrom, que argumenta que la inteligencia artificial y la tecnología podrían ser utilizadas para crear una "superinteligencia" que supere la capacidad cognitiva humana y permita la creación de un posthumano (Bostrom, 2014).

El filósofo y futurista Max More, quien en su obra "Principios Extropianos" propone una "escalada hacia lo transhumano" a través de la aplicación de la tecnología. En esta visión, la humanidad se transforma gradualmente a través de la modificación de los límites biológicos y la eliminación de las limitaciones que nos impiden alcanzar nuestro máximo potencial. More argumenta que la construcción de un ser transhumano es solo el primer paso en esta escalada y que, con el tiempo, se debería aspirar a la creación de un ser posthumano, una entidad que haya superado completamente las limitaciones biológicas y que esté dotada de capacidades extraordinarias, tanto físicas como mentales (More, 1990).

Y en esta búsqueda de la mejora humana hay muchos autores que no acompañan en este viaje a los transhumanistas, hay críticos que ven este proceso como una amenaza para la humanidad. Difícilmente se puede estar en desacuerdo en mejorar la condición humana, pero qué significa realmente mejorar, ¿es algo biológico o moral? 

Elena Postigo argumenta que la mejora constante del ser humano sea lo que sea lo que realmente signifique, podría llevarnos a perder nuestra humanidad y generar nuevas formas de desigualdad entre los mejorados y los no mejorados (Postigo, 2019a). Por su parte, Susan Bordo sostiene que la creación de posthumanos podría implicar la pérdida de nuestra identidad y humanidad.

Esta búsqueda de la mejora humana ha generado un intenso debate ético y filosófico sobre el futuro de la humanidad y la relación entre la tecnología y nuestra identidad como seres humanos.

La ciencia y la tecnología como base del transhumanismo

Aunque es cierto que muchas de las ideas transhumanistas pueden parecer futuristas o incluso fantasiosas, existe una base científica sólida para creer que muchas de estas propuestas pueden hacerse realidad en un futuro no muy lejano.

Elena Postigo, aunque es crítica con el enfoque transhumanista, reconoce que muchas de las tecnologías y avances que propone no son meramente utópicos o irreales. De hecho, algunas ya están presentes en nuestra sociedad, y es probable que en las próximas décadas se desarrollen aún más (Postigo, 2020). Dado este panorama, Postigo defiende la importancia de abordar estos avances desde una perspectiva bioética y filosófica, ya que son cuestiones que implican importantes decisiones éticas, sociales y políticas. Es necesario reflexionar sobre los posibles impactos que estos avances tendrán en la vida humana, en la sociedad y en la naturaleza.

Por ejemplo, actualmente ya existen tecnologías que permiten mejorar la vida humana de manera significativa, como prótesis avanzadas que permiten a las personas con discapacidades físicas llevar una vida más plena, implantes cocleares que permiten a personas sordas recuperar la audición, terapias génicas que pueden curar enfermedades hereditarias y avances en el campo de la medicina regenerativa que podrían permitir la reparación y regeneración de tejidos y órganos.

Además, la inteligencia artificial y la robótica están avanzando a un ritmo acelerado, y se espera que en el futuro cercano estas tecnologías puedan ser utilizadas para mejorar la vida de las personas en muchos aspectos, desde la atención médica hasta el transporte y la logística.

Desde su visión cristiana se siente particularmente preocupada por el auge de la eutanasia y el suicidio asistido.

Postigo, en el mismo texto, menciona diversas tecnologías que se están desarrollando y que podrían ser utilizadas en tiempos futuros no muy lejanos y que plantean cuestiones éticas de gran importancia.

En el ámbito del mejoramiento genético, se encuentran la edición genética, la eugenesia, el alargamiento de telómeros y la aplicación de CRISPR(15), la fecundación asexual, la biología sintética(16) , la creación de híbridos humano-animal, el uso de úteros de alquiler y úteros artificiales.

En cuanto al mejoramiento psíquico-cognitivo, se están explorando formas de mejorar las capacidades cognitivas de los seres humanos mediante el uso de tecnologías como interfaces cerebro-computadora, la nanotecnología aplicada al cerebro, prótesis cognitivas (17).

En cuanto al mejoramiento moral y afectivo, se plantea el uso de fármacos para estos fines, así como la modulación del amor a través de sustancias como la oxitocina y las feromonas.

Asimismo, menciona tecnologías como la criogenización post mortem o pre mortem, la reanimación de pacientes en suspensión criogénica, los cyborgs (18) y la posible existencia postbiológica.

Este conjunto de tecnologías ya está aquí, al menos en su planteamiento, y si no son reales en este momento son factibles en el futuro. En conclusión, como plantea Postigo, más vale prepararse un buen argumentario filosófico y sociológico para afrontar los desafíos éticos y sociales que se nos vienen encima.

Y para terminar… de momento

Creo que a estas alturas del artículo estamos en condiciones, si no de escribir un libro o dar una conferencia magistral, sí deberíamos tener una idea bien formada – como para discutir con el cuñado listillo durante la cena de nochebuena – sobre lo que es el transhumanismo.

Nos falta estudiar dónde falla, lo criticable, adónde no llega o dónde se pasa. Para ello, querido lector, te convoco a leer el próximo artículo de Sociología Divertida en el que abordaremos todos estos asuntos tan interesantes.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo e informático

Notas

  1. Raymond Kurzweil (Queens, Nueva York, 12 de febrero de 1948) es un inventor estadounidense, además de músico, empresario, escritor y científico especializado en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial. Desde 2012 es director de Ingeniería en Google.
  2. Elena M. Postigo Solana (Segovia, siglo XX) es una filósofa y bioeticista española. Profesora Adjunta de Filosofía y Bioética y directora del Instituto de Bioética de la Universidad Francisco de Vitoria.1​ Se dedica a tareas académicas docentes, de investigación y divulgación en Bioética desde una fundamentación filosófica.
  3. Max More (nacido Max T. O'Connor, enero 20 de 1964) es un filósofo y futurólogo que escribe y da conferencias sobre prospectiva y el impacto de las tecnologías emergentes.Fundador del Extropy Institute, More ha escrito numerosos artículos exponiendo la filosofía transhumanista conocida como extropianismo.
  4. Nick Bostrom (en sueco, Niklas Boström) es un filósofo sueco de la Universidad de Oxford, nacido en 1973. Es conocido por sus trabajos sobre el principio antrópico, el riesgo existencial, la ética sobre el perfeccionamiento humano, los riesgos de la superinteligencia y el consecuencialismo. Obtuvo un PhD en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres en el año 2000. En 1998, Bostrom cofundó junto a David Pearce la Asociación Transhumanista Mundial.
  5. Susan Schneider es una filósofa y académica estadounidense. Es la directora fundadora del Center for the Future Mind de la Florida Atlantic University, donde también ocupa la Cátedra William F. Dietrich.1​ Schneider también ocupó la Cátedra Baruch S. Blumberg de la NASA / Biblioteca del Congreso en Astrobiología, Exploración e Innovación Científica en la NASA y la Cátedra de Académico Distinguido en la Biblioteca del Congreso.
  6. Antonio Javier Diéguez Lucena (Málaga, España, 1961) es un filósofo y Epistemólogo español. Doctor en filosofía por la Universidad de Málaga y catedrático de lógica y filosofía de la ciencia en esa misma universidad. Sus investigaciones giran alrededor de la filosofía de la ciencia, el realismo científico y el transhumanismo.1​ Se le considera un referente del transhumanismo en el mundo hispanohablante gracias a dos de sus libros: Transhumanismo (2017) y Cuerpos inadecuados (2021)
  7. Fereidoum M. Esfandiary, (15 de octubre de 1930-8 de julio de 2000) filósofo y futurólogo transhumanista norteamericano de origen iraní.
  8. Robert Chester Wilson Ettinger (Atlantic City, Nueva Jersey; 4 de diciembre de 1918​-23 de julio de 2011​) fue un académico estadounidense, conocido por ser el padre de la criónica debido a la publicación de su libro The Prospect of Immortality. Algunos le consideran también como un pionero del transhumanismo a raíz de su libro de 1972 Man into Superman.
  9. David Pearce es un filósofo británico defensor de la ética utilitarista negativa, el veganismo y el transhumanismo. Pearce es más famoso por su idea de que existe un fuerte imperativo ético para los seres humanos por trabajar hacia la abolición del sufrimiento de todos los seres sintientes.​ La postura de Pearce se presenta con mayor prominencia en El imperativo hedonista (The Hedonistic Imperative), un manifiesto en el que el autor delinea cómo la ingeniería genética y la nanotecnología eliminarán, con el tiempo, toda forma de experiencia desagradable. Debido a su desacuerdo con el maltrato a los animales, Pearce practica el veganismo y promueve esta práctica en sus escritos y entrevistas. Pearce es el cofundador (con Nick Bostrom) de la Asociación Transhumanista Mundial (World Transhumanist Association), actualmente llamada Humanity+,1​2​ y el director de BLTC Research.
  10. Aubrey David Nicholas Jasper de Grey (Londres, 20 de abril de 1963) es un gerontólogo biomédico inglés educado en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. De Grey es autor de la obra The Mitochondrial Free Radical Theory of Aging (La teoría del envejecimiento de los radicales libres mitocondriales). Trabaja en el desarrollo de la senescencia negligible ingenierizada - una estrategia de reparación de tejidos que rejuvenecería el cuerpo humano y por lo tanto permitiría una esperanza de vida indefinida.
  11. Un biogerontólogo es un científico que se especializa en el estudio del envejecimiento y los procesos biológicos asociados a él. El término "biogerontología" se deriva de la combinación de "bio" (referente a la biología) y "gerontología" (el estudio del envejecimiento).
  12. Anders Sandberg (nacido el 11 de julio de 1972) es un investigador, conferenciante científico, futurista, transhumanista y escritor. Tiene un doctorado en neurociencia computacional por la universidad de Estocolmo y actualmente es miembro de James Martin Research en el Instituto del Futuro de la Humanidad en la Universidad de Oxford.
  13. Ben Goertzel es informático, investigador en inteligencia artificial y empresario. Contribuyó a popularizar el término "inteligencia artificial general". Goertzel se doctoró en Matemáticas por la Universidad de Temple bajo la supervisión de Avi Lin en 1990, a la edad de 23 años. Goertzel es el fundador y consejero delegado de SingularityNET, un proyecto creado para distribuir datos de inteligencia artificial a través de cadenas de bloques.
  14. Martine Aliana Rothblatt es una abogada, autora, empresaria y defensora de los derechos de los transexuales estadounidense. Rothblatt se licenció en Derecho y obtuvo un máster en Administración de Empresas en la Universidad de California en Los Ángeles en 1981, y a continuación comenzó a trabajar en Washington D.C., primero en el campo de la legislación sobre satélites de comunicaciones y, finalmente, en proyectos de ciencias de la vida como el Proyecto Genoma Humano.
  15. CRISPR-Cas9 es un sistema de edición genética que utiliza una enzima llamada Cas9 y una secuencia de ARN guía para realizar cortes precisos en el ADN de un organismo. Esta técnica permite modificar de manera selectiva y precisa los genes, ya sea eliminando, reemplazando o insertando segmentos de ADN.
  16. La biología sintética es un campo interdisciplinario que combina principios de la biología, la ingeniería y la informática para diseñar y construir nuevas entidades biológicas y sistemas biológicos que no existen en la naturaleza o que se encuentran en la naturaleza pero se modifican de manera significativa.
  17. Las prótesis cognitivas son dispositivos o sistemas diseñados para mejorar o complementar las capacidades cognitivas del ser humano. Estas prótesis se utilizan para ayudar en el procesamiento de información, la memoria, la atención, el razonamiento y otras funciones mentales. Las prótesis cognitivas pueden tomar diversas formas y utilizar diferentes tecnologías. Algunos ejemplos comunes incluyen:  Interfaces cerebro-computadora, dispositivos de asistencia cognitiva (Estos dispositivos ayudan a las personas con dificultades cognitivas, como trastornos de memoria o déficits de atención, a mejorar su rendimiento cognitivo), prótesis de memoria, prótesis de aprendizaje (Estas prótesis se centran en mejorar el proceso de aprendizaje y adquisición de conocimientos)
  18. Un cíborg​ o cyborg (del acrónimo en inglés cyborg: de cyber [‘cibernético’] y organism [‘organismo’], ‘organismo cibernético’) es una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos​ generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de tecnología

 

Bibliografía

Ayuso, M.  (2019) ¿Transhumanismo o posthumanidad? La política y el derecho después del humanismo". Ed. Marcial Pons.

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 ¿Qué es el transhumanismo? © 2023 by Juan Carlos Barajas Martínez is licensed under Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International 

La ciencia a examen crítico

El Programa Fuerte de la sociología II

Este señor tan divertido es David Bloor
 

Ensayo Completo


Resumen

En el primer artículo de esta serie (El Programa Fuerte de la sociología) se trató de la definición y de cuáles eran los principios básicos de este movimiento sociológico. En este segundo artículo se profundiza en sus características y se describe el análisis crítico que realiza del pensamiento científico. Se deja para un tercer y último artículo la descripción de las críticas y de la polémica que surgieron ante los escritos de los autores del Programa Fuerte.

Abstract

The first article in this series (The Strong Program of sociology) dealt with the definition and basic principles of this sociological movement. This second article elaborates on its characteristics and describes its critical analysis of scientific thought. A third and final article is left for a description of the criticisms and polemics that arose in the face of the writings of the authors of the Strong Program.

 


 

Índice

  • Un breve resumen del Programa Fuerte
  • Los “ismos” del Programa Fuerte
  • Ciencia e ideología
  • La racionalidad natural
  • Teoría social de la objetividad
  • La sociología de las matemáticas y de la lógica de Bloor
  • Conclusión

 

Un breve resumen del Programa Fuerte

En el primer artículo de esta serie (El Programa Fuerte de la sociología) se trató de la definición y de cuáles eran los principios básicos de este movimiento sociológico, así como de los famosos cuatro postulados de David Bloor (1). Con el fin de hacer este artículo autocomprensivo  vamos a hacer una breve reseña, aunque se recomienda la lectura del primer artículo.

El Programa Fuerte es un puñetazo encima de la mesa por parte de un grupo de sociólogos – que se agrupó en la Universidad de Edimburgo como David Bloor, Barry Barnes (2), Harry Collins y Trevor Pinch, entre otros – que como primer punto mantenía la intención teórica de que la sociología puede ser una ciencia empírica rigurosa y objetiva, similar a la física o la biología.

A partir de la consideración de que la sociología es una ciencia como lo son las llamadas ciencias duras, ¿por qué no hacer sociología de la ciencia yendo más allá del institucionalismo que es lo que había hecho hasta ese momento la sociología clásica?

Esto implica el estudio, entre otros temas, de cómo las comunidades científicas llegan a acuerdos sobre lo que se considera como conocimiento científico válido, de cómo se resuelven las controversias entre los científicos o de las relaciones entre la ciencia y el poder, en las que el programa fuerte ve una influencia esencial de los procesos sociales y culturales.

Programa Fuerte ha ido más allá, ha puesto sobre la mesa un debate necesario sobre los fundamentos de la ciencia, con una discusión que entra de lleno en principios que afectan a la historiografía y a la filosofía de la ciencia.

Bloor propone usar, para hacer esta labor de estudio, el método científico.  Para ello hay que tratar al conocimiento, incluido el conocimiento científico, como un fenómeno natural.

Por lo tanto, para el estudio de la creación y mantenimiento del conocimiento hay que establecer leyes causales y aplicarse tanto a las creencias verdaderas como a las falsas con el fin de satisfacer el principio de máxima generalidad. En ese sentido, Bloor propone cuatro postulados acerca de la aplicación del Programa Fuerte.

En primer lugar, el Programa Fuerte será causal, es decir, ocupado con las condiciones que producen creencias o estados de conocimiento.

El segundo postulado nos dice que será imparcial con respecto a la falsedad o la verdad, la racionalidad o irracionalidad, el éxito o el fracaso de las creencias.

En tercer lugar, será simétrico en su estilo de explicación. los mismos tipos de causas explicarán las creencias verdaderas y falsas.

Por, último, será reflexivo, sus patrones de explicación serán también aplicables también a la sociología.

Los “ismos” del Programa Fuerte

El programa fuerte se distingue por su pluralidad de "ismos" que conforman su base conceptual, tales como el naturalismo, el antiteleologismo, el antiindividualismo, el constructivismo, el finitismo y el instrumentalismo.

Primero vamos con el naturalismo. El Programa Fuerte adopta un enfoque naturalista que reconoce que la ciencia y el conocimiento científico no existen de manera aislada e independiente de la sociedad y la cultura en las que se desarrollan. Según este enfoque, las teorías científicas son construcciones sociales, y su validez y aceptación están influenciadas por diversos factores sociales.

Estos factores incluyen las interacciones entre científicos, las instituciones científicas, las presiones políticas y económicas, así como las tradiciones y paradigmas científicos establecidos. En este sentido, se entiende que la ciencia es una empresa humana que se ve moldeada por el contexto en el que se lleva a cabo, y no como un cuerpo de conocimiento objetivo y neutral.

Otra consecuencia de la afirmación de que la ciencia es una construcción social es que el Programa Fuerte adopta una postura antiteleológica. Esto significa que rechaza la idea de que el desarrollo de la ciencia sigue una dirección predefinida hacia una meta o propósito final. Según esta perspectiva, los avances científicos no se deben a un impulso teleológico en busca de una verdad última o un conocimiento absoluto, sino que son el resultado de procesos sociales complejos y contingentes.

Bloor utiliza el término "modelo teleológico de explicación" para referirse al enfoque que divide las creencias en dos categorías: verdaderas o racionales y falsas o irracionales. Según este modelo, las creencias verdaderas no requieren explicación, ya que se consideran justificadas por la lógica o los requisitos de la sensatez y la verdad. En cambio, se busca explicar las creencias falsas, adoptando una especie de "sociología del error” (Bloor, 1976).

Un ejemplo que utiliza Bloor es el de Imre Lakatos (3), quien propone una visión de la historia de la ciencia en la que, una vez que se elige una metodología científica como guía, se realiza una reconstrucción racional de la ciencia que ajusta el proceso de desarrollo histórico de acuerdo con la metodología elegida.

Otra característica del Programa Fuerte de la sociología es su oposición al individualismo empirista. El empirismo es una corriente filosófica y epistemológica que sostiene que el conocimiento se adquiere a través de la experiencia sensorial y la observación directa del mundo. Según el empirismo, la mente humana es un "lienzo en blanco" al nacer y todas nuestras ideas y conocimientos provienen de la experiencia.

Bloor y otros sociólogos del Programa Fuerte se oponen al individualismo presente en el enfoque del empirismo filosófico. Argumentan que la ciencia es un producto social, mientras que el empirismo asume que la experiencia individual es objetiva y que las observaciones directas pueden proporcionar una base sólida para la construcción del conocimiento científico.

Desde la perspectiva del Programa Fuerte, se sostiene que la psique individual está influenciada y dirigida por patrones colectivos de pensamiento que tienen una realidad cultural. Es decir, forman parte de la cultura de la sociedad en la que se piensa, se siente y se actúa. En este sentido, el conocimiento científico no se construye de manera aislada por individuos independientes, sino que está enraizado en una red de relaciones sociales, prácticas y creencias compartidas.

El Programa Fuerte de la sociología está muy influido por el constructivismo social que fue una corriente que pegó fuerte en los años de la década de 1960. En 1966 Berger (4) y Luckman (5) escribieron el libro “la construcción social de la realidad. Tratado de la Sociología del conocimiento”, texto que tuvo una influencia enorme en la sociología posterior.

El constructivismo social sostiene que cualquier experiencia que los seres humanos consideren "real" es en sí misma una creación social, siendo producto y producción social al mismo tiempo. Según Berger y Luckmann, "La sociedad es un producto humano. La sociedad es una realidad objetiva. El hombre es un producto social" (Berger y Luckmann, 1966). Estas tres simples afirmaciones proporcionan una estructura teórica para comprender cómo las personas se relacionan no solo con su mundo social externo, sino también con sus propias identidades.

Barnes, por su parte, define dos modos de conocimiento: la concepción contemplativa y la concepción constructiva (Molina, 1999). La concepción contemplativa es el resultado de la contemplación desinteresada que los individuos hacen de algún aspecto de la realidad. El conocimiento, en este caso, es algo que los individuos aislados adquieren de manera pasiva al aprehender la realidad.

Frente a esta perspectiva, Barnes se adhiere a la concepción constructiva que considera al conocimiento como algo fundamentalmente social, como parte de la cultura que se transmite de generación en generación y que está sujeta a cambios en respuesta a contingencias sociales. Según Barnes, para comprender este proceso no es necesario recurrir a la psicología, sino que es necesario analizar el contexto cultural y social en el que surge o se transforma el conocimiento.

Del proceso descrito en los párrafos anteriores, se puede inferir que la "máquina" del conocimiento social propuesta por el Programa Fuerte debe ser necesariamente institucional. Si aceptamos que el conocimiento es una construcción social desarrollada a lo largo de generaciones como parte de una cultura que se adapta al entorno, debemos reconocer que el conocimiento es una convención social. El convencionalismo del Programa Fuerte en sociología se aplica tanto a ideas y teorías como a conceptos.

Sin embargo, el hecho de que sean convenciones sociales no implica que sean arbitrarias. Lo que los autores del Programa Fuerte sostienen es que la aplicación futura de los conceptos no está completamente determinada por su aplicación pasada, sino que siempre es un asunto de decisión colectiva, negociación y convención en última instancia.

Los autores del Programa Fuerte llaman a esta propiedad, por la cual el concepto pasado no determina al concepto futuro, "finitismo", inspirándose en la obra de Wittgenstein, que sostiene que el significado establecido de una palabra no determina sus aplicaciones futuras, sino que los significados nuevos son creados a través del uso (Molina, 1999).

En este sentido, las teorías son consideradas como convenciones sociales que, según Barnes, pueden ser explicadas en términos de objetivos e intereses compartidos. Barnes se basa en Jürgen Habermas, que afirma que el conocimiento es evaluado, modificado y reevaluado en función de objetivos e intereses que inicialmente son de naturaleza técnica y están orientados hacia el mantenimiento de la comunicación social, así como la predicción y el control de los acontecimientos. Esto implica que existe una conexión esencial entre los intereses y la evaluación del conocimiento.

Sin embargo, el Programa Fuerte, es también un enfoque instrumentalista, sostiene que los intereses sociopolíticos también desempeñan un papel importante en la modificación de los sistemas de ideas. Aunque estos intereses sociopolíticos a menudo no son reconocidos por los actores implicados, frecuentemente actúan como el estímulo inicial para la modificación de las teorías. En este sentido, el Programa Fuerte amplía la noción de intereses involucrados en la evaluación y modificación del conocimiento científico, reconociendo la influencia de factores sociopolíticos en la conformación de las teorías."

El Programa Fuerte de la sociología, en su enfoque relativista, sostiene que el conocimiento científico no puede ser evaluado desde una perspectiva absoluta y objetiva, sino que está influenciado por factores sociales, culturales e históricos. Desde esta perspectiva, se entiende que las teorías científicas son construcciones sociales y están sujetas a cambios y revisiones a lo largo del tiempo.

El relativismo del Programa Fuerte cuestiona la idea de que exista una única verdad o método científico válido y sostiene que las teorías científicas son contingentes y dependen del contexto en el que se desarrollan. Esto implica que diferentes comunidades científicas pueden tener interpretaciones y teorías diferentes sobre un mismo fenómeno, y que no existe un criterio objetivo para determinar cuál es la teoría correcta.

Este enfoque relativista busca entender la ciencia como una actividad social y cultural, en la que las creencias, valores y prácticas influyen en la producción y aceptación del conocimiento científico. Reconoce que los científicos están inmersos en un contexto social y que sus investigaciones y teorías están influenciadas por factores como intereses políticos, económicos y culturales.

Es importante tener en cuenta que el relativismo del Programa Fuerte no implica que todas las interpretaciones o teorías sean igualmente válidas o que no exista progreso científico. Más bien, señala que el conocimiento científico es una construcción social compleja y que su validez y aceptación están determinadas por dinámicas sociales y culturales.

Ciencia e ideología

Existen dos significados fundamentales de la palabra "ideología", como señala el profesor Molina (6). En primer lugar, se refiere a la ideología como un conjunto articulado de ideas, una cosmovisión que proporciona una estructura conceptual para comprender el mundo. Por otro lado, también existe un sentido peyorativo, influenciado por el pensamiento marxiano, que concibe la ideología como un conjunto de ideas falsas, una cosmovisión errónea que distorsiona la realidad y sirve a intereses sociopolíticos cuestionables (Molina, 1999).

Esta distinción ha llevado a la percepción de una oposición entre la ideología, entendida como algo negativo y engañoso, y la ciencia, considerada como una empresa auténtica y objetiva. Tal concepción ha generado la idea de que la ciencia es opuesta a la ideología falsa y que su búsqueda de conocimiento está desprovista de intereses políticos o sesgos. Sin embargo, esta dicotomía no siempre es tan clara ni tan simple como se ha planteado, y es precisamente dentro de este contexto donde el programa fuerte de la sociología desafía esta perspectiva convencional.

El núcleo del problema radica en la relación entre el conocimiento científico, en su dimensión descriptiva y explicativa, y la ideología. Para abordar esta cuestión, resulta crucial enfocarse en la definición misma de ideología. Según Barnes, se pueden establecer tres requisitos para que una tesis, idea o afirmación sea considerada como ideología.

En primer lugar, debe cumplir alguna función social o estar en consonancia con los intereses de un grupo social específico. Es decir, la ideología surge en el contexto de las necesidades y objetivos de determinados colectivos.

En segundo lugar, las afirmaciones ideológicas suelen ser falsas, incompletas o carecer de fundamentación suficiente. Esta falta de correspondencia con la realidad se convierte en una característica distintiva de la ideología.

En tercer lugar, la función o interés social que subyace a la ideología constituye la causa de su naturaleza insatisfactoria. La ideología se considera como un pensamiento distorsionado, influenciado y moldeado por factores sociales.

De todo lo anterior no hay que colegir que el contenido de las distintas creencias predetermina la función que vayan a cumplir, ya que depende siempre de las situaciones en las que se emplean. Las creencias son herramientas que pueden adaptarse para cumplir distintas funciones en distintas situaciones. Así, por ejemplo, las ideas igualitarias se han usado tanto para la crítica de los sistemas estructurales injustos que filtran la meritocracia como coartada para justificar la desigualdad apelando a rasgos psicológicos como la pereza o la falta de iniciativa.

Según Barnes, es posible distinguir entre dos tipos de intereses que impulsan el desarrollo y la evolución del conocimiento. Por un lado, encontramos los intereses explícitos, que están relacionados con la capacidad de predecir, manipular y controlar los fenómenos. Estos intereses son considerados legítimos, ya que buscan comprender y dominar el mundo en función de objetivos concretos. Por otro lado, existen los intereses ocultos, como la racionalización y la persuasión, que subyacen de manera implícita en la formulación y promoción de teorías. Estos intereses ocultos tienen un carácter ideológico, ya que su propósito principal es justificar determinadas posiciones o influir en la percepción y aceptación de ciertas ideas (Barnes citado por Molina, 1999).

Es importante destacar que la distinción entre intereses legítimos e intereses ideológicos no implica una valoración absoluta de su validez o invalidez. Más bien, se refiere al grado en que una teoría o conjunto de ideas está influenciado por intereses ocultos que pueden distorsionar su objetividad y neutralidad.

Según Molina, dos problemas quedan por resolver en el tratamiento de la ideología que hace el Programa Fuerte. El primero consiste en aclarar con precisión cual es el criterio que nos permite discriminar con precisión conceptual entre los intereses legítimos y los ilegítimos. El segundo consiste en identificar el procedimiento que se debe emplear para detectar si hay o no intereses ilegítimos (Molina, 1999).

Como ejemplo de la presencia de intereses ilegítimos, Barnes señala, entre otros, ciertas explicaciones hereditarias de las diferencias raciales que son utilizadas como justificaciones de prejuicios racistas. Por otro lado, en el extremo opuesto, se encuentra la obra de Euclides, cuya relevancia perdura debido a su gran valor predictivo y su utilidad en diversas actividades humanas.

En cuanto a la definición del criterio para determinar la legitimidad de un interés, Barnes recurre a una teoría de la racionalidad natural que será abordada en la siguiente sección.

La racionalidad natural

Según Barnes, existe una distinción entre la racionalidad natural y la racionalidad normativa. La racionalidad natural se refiere al modo en que pensamos y razonamos de manera habitual, sin tener que reflexionar conscientemente sobre ello. Es lo que podríamos llamar nuestro pensamiento "natural" o instintivo. Por otro lado, la racionalidad normativa se refiere a un conjunto de normas o reglas que dictan cómo deberíamos pensar y razonar. Estas normas son el resultado de la reflexión sobre la naturaleza y están orientadas hacia objetivos específicos de la racionalidad.

Barnes inicia su análisis distinguiendo entre las teorías de la racionalidad natural "tolerantes" e "intolerantes". Las teorías intolerantes son aquellas que establecen de manera precisa qué tipos de inferencias son válidos y cuáles no lo son, diferenciando claramente entre las creencias que son racionalmente aceptables y las que no lo son.

Por otro lado, las teorías tolerantes reconocen similitudes en las propensiones racionales entre diferentes culturas. Estas teorías tienden a considerar las diferencias culturales como simples variaciones, mientras que las teorías intolerantes calificarían esas diferencias como irracionales.

Las teorías tolerantes se basan en primer lugar en la unidad psíquica de la humanidad (7) y, en segundo lugar, en que todas las creencias y modos de pensamiento de las distintas sociedades son naturalmente racionales, por lo que las variaciones entre ellas son meramente culturales.

En este contexto, Barnes adopta como modelo la teoría tolerante de la racionalidad natural propuesta por Mary Hesse (8). Esta teoría se puede resumir en tres puntos principales. Primero, postula que los seres humanos poseen propensiones inductivas naturales. Segundo, establece que la inferencia inductiva requiere que las observaciones se consideren instancias de una clase y funcionen a través de semejanzas primitivas en nuestras percepciones, así como mediante metáforas y analogías basadas en creencias aceptadas. Por último, señala que la racionalidad natural opera dentro de un conjunto preexistente de conceptos y creencias que no pueden explicarse únicamente mediante la operación de la propia racionalidad natural (Barnes, 1985).

Conviene tener en cuenta que el hecho de que ejerzamos nuestra capacidad racional natural en el seno de creencias preexistentes no quiere decir que éstas no puedan ser sometidas a escrutinio. La experiencia proporciona retroalimentación a estas creencias, y su verosimilitud puede aumentar o disminuir en función de la evidencia y el análisis crítico.

Es importante tener en cuenta que el conjunto inicial de creencias, al cual podemos asociar el concepto de cultura, tiene implicaciones significativas. En primer lugar, al estudiar culturas consideradas etnocéntricamente como “primitivas", observamos que sus modos de pensamiento reflejan las propensiones inductivas y analógicas propias de la racionalidad natural, lo que descarta la noción de una irracionalidad institucionalizada.

En segundo lugar, en el análisis sociológico del cambio de creencias, las diferencias deben entenderse como variaciones culturales y no como desviaciones de la racionalidad natural.

Por último, en lo que respecta al estudio de la ciencia, se cuestiona la idea de que la ciencia es una actividad excepcionalmente racional y, por lo tanto, que no puede ser el objeto de estudio de la sociología del conocimiento. Al contrario, se concluye que la ciencia, al igual que cualquier otra parte de la cultura, incorpora la racionalidad natural de manera similar. Por lo tanto, la ciencia debe ser abordada de la misma manera que cualquier otro aspecto cultural.

Teoría social de la objetividad

Bloor propone una teoría social de la objetividad basada en la ontología de Popper. En primer lugar, sostiene que la objetividad es un fenómeno social. La imparcialidad y la estabilidad de ciertas creencias compartidas, así como su sentido de realidad, se derivan del hecho de que estas creencias son institucionales. Una creencia se considera objetiva cuando no pertenece a ningún individuo en particular y no fluctúa como los estados subjetivos o las preferencias personales (Bloor, 1976).

La teoría de Bloor se fundamenta en la ontología de los tres mundos propuesta por Popper. El primer mundo es el de los objetos y procesos materiales, el segundo mundo se refiere a los estados y procesos psicológicos, y el tercer mundo abarca los objetos inteligibles, como proposiciones, teorías, conjeturas y obras de arte.

Bloor identifica este tercer mundo como el mundo social, lo que implica que la ontología pluralista de Popper se transforma en una teoría social que considera tres niveles: el mundo material, la mente individual y el mundo sociocultural.

Bloor plantea dos opciones para definir la objetividad. La primera opción, que se encuentra en la teoría de la objetividad de Popper, sostiene que los significados de los términos y las proposiciones determinan tanto su uso futuro como el comportamiento de las personas. La segunda opción, respaldada por Wittgenstein (9) y Bloor, plantea que es la acción la que determina el significado. Según esta perspectiva, el significado no se establece de manera definitiva, y ninguna regla puede determinar un curso de acción específico, ya que cualquier acción puede ser interpretada de acuerdo con una regla.

Para Bloor, lo que confiere objetividad a una regla es una convención. El cumplimiento de una regla, en concordancia con su intención subyacente, es una cuestión de convención social. En otras palabras, la objetividad de una regla tiene una naturaleza social, ya que depende del acuerdo compartido sobre lo que constituye obedecer dicha regla.

La sociología de las matemáticas y de la lógica de Bloor

David Bloor, en su obra "Knowledge and Social Imagery" (Conocimiento e Imaginario Social) de 1976 (Bloor,1976), aborda el tema de las matemáticas alternativas desde la perspectiva de la sociología del conocimiento científico. Según Bloor, las matemáticas no pueden ser clasificadas en términos absolutos de "verdaderas" o "falsas", ya que su validez depende de las normas y convenciones establecidas por la comunidad científica.

Desde su enfoque sociológico, Bloor sostiene que las matemáticas son un producto social y no un conjunto de verdades eternas. En lugar de eso, son sistemas de reglas y convenciones establecidas por los matemáticos a lo largo del tiempo.

Las matemáticas alternativas, según Bloor, no son consideradas como "falsas" en este enfoque sociológico. En cambio, son vistas como sistemas de reglas y convenciones diferentes que pueden ser válidos dentro de contextos o comunidades específicas. Bloor propone que estas matemáticas alternativas sean estudiadas desde una perspectiva sociológica, analizando su origen, desarrollo y aceptación o rechazo por parte de la comunidad matemática.

Aunque Bloor reconoce la existencia de reglas lógicas y razonamientos válidos en las matemáticas, destaca que la legitimidad y aceptación de las matemáticas están arraigadas en prácticas sociales y culturales particulares. Su enfoque busca comprender cómo se construye y establece el conocimiento matemático en el contexto de la actividad científica y la comunidad de matemáticos.

Para respaldar su argumento, Bloor utiliza ejemplos concretos, como la aceptación gradual de los números complejos, la geometría no euclidiana y la teoría de conjuntos a lo largo del tiempo. Todas estas teorías matemáticas fueron inicialmente recibidas con escepticismo, sin embargo, con el tiempo, se convirtieron en parte aceptada de las matemáticas gracias al acuerdo y adopción gradual de las reglas y convenciones necesarias para trabajar con ellas. Estos ejemplos demuestran cómo las matemáticas evolucionan a medida que la comunidad matemática adopta nuevas convenciones y reglas.

En suma, Bloor postula que las matemáticas son un producto social, y su validez depende de las normas y convenciones establecidas por la comunidad científica. Las matemáticas alternativas no son consideradas como falsas, sino como sistemas diferentes de reglas y convenciones que pueden ser válidos dentro de contextos específicos. El enfoque sociológico de Bloor busca comprender cómo se construye y establece el conocimiento matemático en el contexto social y cultural.

David Bloor aborda el tema de la lógica desde una perspectiva sociológica y argumenta que la lógica también es un sistema de convenciones y reglas establecidas por la comunidad científica. Según Bloor, la lógica no es una entidad universal e inmutable, sino que su desarrollo y aceptación están influenciados por factores sociales, culturales e históricos.

Bloor sostiene que diferentes comunidades científicas pueden tener enfoques y reglas lógicas distintas, lo que implica que la lógica no es una entidad única y objetiva. Argumenta que las reglas y convenciones lógicas son construcciones sociales que se desarrollan y cambian con el tiempo, influenciadas por factores como las tradiciones académicas, las prácticas profesionales y las normas establecidas dentro de una comunidad científica en particular.

Además, Bloor también destaca que la lógica no es una herramienta neutral y desinteresada, sino que está sujeta a sesgos y perspectivas particulares. Sugiere que la elección de un enfoque lógico en la investigación científica está influenciada por las creencias, intereses y agendas de los científicos, así como por el contexto sociocultural en el que operan.

Algunos ejemplos que Bloor ha utilizado para reforzar sus tesis son, en primer lugar, las reglas de inferencia, de las que argumenta que en la lógica pueden variar según la tradición o escuela de pensamiento. Por ejemplo, diferentes comunidades lógicas pueden tener reglas de inferencia distintas para lidiar con la negación, la implicación o la cuantificación. Esto demuestra que las reglas de la lógica no son fijas e inmutables, sino que pueden ser objeto de debate y cambio en diferentes contextos.

En segundo término, los silogismos aristotélicos, una forma tradicional de razonamiento lógico, han sido cuestionados y reevaluados a lo largo de la historia, la introducción de la lógica simbólica y la lógica formal planteó desafíos a la forma clásica de los silogismos aristotélicos.

En tercer lugar, la lógica no clásica, que incluye sistemas como la lógica modal, la lógica intuicionista y la lógica borrosa, que desafían las convenciones de la lógica clásica

Estos ejemplos demuestran para Bloor que las reglas de la lógica no son fijas e inmutables, sino que pueden ser objeto de debate y cambio en diferentes contextos.

Conclusión

Hay quien dice por ahí que la ciencia es para algunos un sustitutivo de la religión. No dudo que para algunos es así, creo que esto se da más entre los aficionados a la ciencia que entre los propios científicos. No obstante, tiene algo de “sagrado” si no lo tomamos como algo referido a Dios, sino en el significado opuesto al de “profano”.

El caso es que estás ideas del Programa fuerte han desatado una fuerte controversia en la que no todo es razonamiento lógico, sino que uno se atrevería a ver cierta reacción visceral.

En el tercer artículo de la serie sobre el Programa Fuerte vamos a explicar estas críticas y algunas contracríticas de los autores del Programa.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

Notas

  1. David Bloor (Derby, 1942) es un catedrático y ex director de la Unidad de Estudios de la Ciencia de la Universidad de Edimburgo, Escocia. Comenzó su carrera académica en el estudio de la filosofía y psicología. En los años 1970, él y Barry Barnes fueron las principales figuras del llamado "Programa fuerte en sociología de las ciencias" (también traducido como "Programa radical en sociología de las ciencias"), que sustentaba posiciones contrarias al positivismo en ciencia, atribuyendo esta posición a la "Escuela de Edimburgo". Su libro ‘Knowledge and Social Imagery’ (Routledge, 1976) es uno de los marcos de referencia del programa fuerte
  2. S. Barry Barnes (nacido el 27 de marzo de 1943) fue catedrático de Sociología en la Universidad de Exeter. Barnes trabajó en la "Unidad de Estudios Científicos" de la Universidad de Edimburgo con David Bloor desde los años setenta hasta principios de los noventa, donde desarrollaron el sólido programa de Sociología del Conocimiento Científico. En 1992 se trasladó al departamento de Sociología de Exeter. Barnes es conocido por su enfoque naturalista de la ciencia, una visión elaborada en su libro Scientific Knowledge and Sociological Theory (1974). Defendía un enfoque postkuhniano del conocimiento científico y sugería que filósofos, historiadores y otros investigadores estudiaran la práctica científica en diversos campos como tradiciones culturales cuyo desarrollo pudiera recibir explicaciones causales. Desde este punto de vista, el cambio conceptual en la ciencia normal es un proceso que se desarrolla a través del debate y la negociación entre expertos. Esta última perspectiva se desarrolló en T. S. Kuhn y la ciencia social (1982).
  3. Imre Lakatos, nacido Imre Lipschitz (Debrecen, Hungría, 9 de noviembre de 1922 – Londres, 2 de febrero de 1974), fue un economista, filósofo y matemático húngaro reconocido por sus contribuciones a la filosofía de la ciencia y la filosofía de las matemáticas.
  4. Peter Ludwig Berger (Viena, Austria; 17 de marzo de 1929-Brookline, Massachusetts; 27 de junio de 2017)1​ fue un teólogo luterano y sociólogo vienés. Fue director e investigador senior del Instituto de Cultura, Religión y Asuntos Mundiales de la Universidad de Boston. Fue conocido, sobre todo, por su obra La construcción social de la realidad: un tratado en la sociología del conocimiento (1966), que escribió junto con Thomas Luckmann.
  5. Thomas Luckmann (Jesenice, 14 de octubre 1927-10 de mayo de 2016)1​ fue un sociólogo alemán de origen esloveno. Sus campos de investigación principales fueron la sociología de la comunicación, sociología del conocimiento, sociología de la religión, y filosofía de la ciencia.
  6. Ángel Manuel Montoro Molina es profesor de sociología e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada 
  7. La unidad psíquica de la humanidad es un criterio según el cual todos los seres humanos poseen un pensamiento común y uniforme. Esta concepción sugiere que todas las personas participan de una condición mental de base. La doctrina de la unidad psíquica de la humanidad presupone que la unidad biológica del hombre determina su unidad psíquica. Otro supuesto subyacente es que las mentes humanas comparten características similares en todo el mundo.
  8. Mary Brenda Hesse (Reigate, 15 de octubre de 1924 – 2 de octubre de 2016)1​ fue una filósofa de la ciencia inglesa,2​ profesora emérita de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cambridge, conocida por su trabajo sobre la relevancia de las analogías y los modelos en ciencia. Su libro Models and Analogies of Science (1963/66) está considerado un trabajo fundamental en el campo de la ciencia y se sitúa entre los más influyentes del siglo xx
  9. Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, 26 de abril de 1889-Cambridge, 29 de abril de 1951), conocido como Ludwig Wittgenstein, fue un filósofo, matemático, lingüista y lógico austríaco, posteriormente nacionalizado británico. Publicó el Tractatus logico-philosophicus,​ que influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena,​ movimiento del que nunca se consideró miembro. Tiempo después, el Tractatus fue severamente criticado por el propio Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón y en sus Investigaciones filosóficas, ambas obras póstumas. Fue discípulo de Bertrand Russell en el Trinity College de la Universidad de Cambridge, donde más tarde también él llegó a ser profesor.

 

Bibliografía

 

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Berger, P. L., & Luckmann, T. (1966). La construcción social de la realidad: Tratado de sociología del conocimiento. Amorrortu Editores.

Bloor, D (1976) Conocimiento e Imaginario Social, editorial Gedisa

Montoro Molina, A.M. (1999), El Programa Fuerte de la Sociología. Un Estudio Crítico. Universidad de Granada

Sekulic, D (2007), Social Change (págs 4368-4372), The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Blackwell Publishing

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El Programa Fuerte de la sociología

Barry Barnes


Ensayo Completo


Resumen

Resumen

Con este escrito se inicia una serie de tres artículos que tratan sobre el Programa Fuerte de la sociología. Es este un movimiento sociológico que estudia la influencia social en el desarrollo de la ciencia y que, a pesar de haber provocado una gran controversia, no es muy conocido fuera de los interesados en la filosofía de la ciencia, en la historiografía de la ciencia y en la sociología del conocimiento.

El primer artículo, el que tienes querido lector en tus manos, trata de explicar los fundamentos teóricos del Programa Fuerte. Para entender las críticas que han levantado las ideas del Programa Fuerte, es necesario profundizar más allá de los fundamentos, a eso he dedicado el segundo de los artículos. Y, por último, el tercero está dirigido a entender las críticas al Programa Fuerte realizadas por destacados filósofos de la ciencia y se destaca la dificultad de encontrar un punto de encuentro entre ambas perspectivas: la filosófica y la de la sociología del conocimiento.

 

Abstract

This paper begins a series of three articles dealing with the Strong Program in sociology. This is a sociological movement that studies the social influence on the development of science and that, despite having provoked great controversy, is not well known outside those interested in the philosophy of science, in the historiography of science and in the sociology of knowledge.

The first article, the one you hold dear reader in your hands, tries to explain the theoretical foundations of the Strong Program. To understand the criticisms that have raised the ideas of the Strong Program, it is necessary to go beyond the fundamentals, to which I have devoted the second article. And finally, the third is aimed at understanding the criticisms of the Strong Program made by leading philosophers of science and highlights the difficulty of finding a meeting point between the two perspectives: the philosophical and the sociology of knowledge.

Índice

  • Introducción con tintes biográficos
  • El Programa Fuerte de la sociología
  • Los cuatro postulados del Programa Fuerte
  • Conclusión
  • Continuará…

 

Introducción con tintes biográficos

 

Empezar hablando de uno mismo es algo pretencioso a la par que poco ortodoxo, pero he llegado a una edad en la que se espera de los demás cierta condescendencia. En las puertas de la ancianidad uno espera el perdón de sus pecados y, por otra parte, no se me ocurre ninguna otra manera de comenzar este escrito.

De joven estudié ingeniería informática y, aunque los ingenieros somos la retaguardia de la ciencia –en el sentido de que nosotros usamos lo que los científicos hallan antes, a veces, mucho antes- mi comprensión de la ciencia era dogmática, como algo – quizás el único aspecto de la humanidad -que era independiente de toda desviación emocional, irracional, ideológica y, por tanto, algo que carecía de cualquier influencia social.

Pasados los años ya alcanzada la madurez y, por una necesidad en aquellos tiempos inconsciente de abrazar las humanidades, estudié sociología y esto me abrió los ojos ante esa formalidad indiscutible de la ciencia.

La sociología clásica estudia la ciencia desde un punto de vista institucionalista, centrándose en el estudio de los factores sociales que influyen en la producción del conocimiento científico, tales como las influencias políticas, económicas y culturales. Esto ya fue un primer paso en un cambio personal de opinión, la ciencia ya no era un concepto tan puro como reflejaba mi ideal de juventud.

Emmanuel Lizcano (1), profesor de Sociología del Conocimiento de la UNED, continuó dinamitando este ideal personal con su análisis socio-metafórico (Lizcano, 2009). Partiendo del análisis de la metáfora que realiza Nietzsche  en su libro “Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral” (Nietzsche, 1990), el método socio-metafórico se basa en dos hipótesis, por un lado, que todos los conceptos científicos son metafóricos, y lo son en varios sentidos: nacen como metáforas, como tales son rebatidos y defendidos y como metáforas se reelaboran y refinan para resultar coherentes, como metáforas circulan de unas disciplinas a otras y, al final, como metáforas sufren el olvido cuando el uso continuado de la misma la convierte en un concepto puro sin rastro de la metáfora que le dio vida. Por otro lado, toda metáfora es social. Depende de la cultura y del momento histórico de la sociedad en la que nace.

Como ejemplo de la potencia desmitificadora de este método, baste citar uno del profesor Lizcano, “extraer la raíz cuadrada”. Este concepto tiene que ver con que el descubrimiento de esta operación algebraica fue realizado por una civilización agraria. Para las personas que vivían en la antigua Grecia, en el Medievo y en el Renacimiento, arraigados a la tierra, era natural percibir un cuadrado como algo asociado al suelo, del cual se extraen los alimentos vegetales. Para estas gentes la expresión “raíz del cuadrado” tenía un sentido casi literal que se hizo más metafórico cuando, a partir de la edad contemporánea, la gente empezó a irse del campo a la ciudad (ver “La agitada vida social de la metáfora” en este mismo blog).

El tercer paso en mi proceso de secularización de mi ideal científico de juventud lo representó el Programa Fuerte de la Sociología. El Programa Fuerte es un puñetazo encima de la mesa por parte de un grupo de sociólogos – que se agrupó en la Universidad de Edimburgo como David Bloor, Barry Barnes, Harry Collins y Trevor Pinch, entre otros - con la intención teórica de que la sociología puede ser una ciencia empírica rigurosa y objetiva, similar a la física o la biología. Esta perspectiva se contrapone a la visión más tradicional de la sociología como una disciplina que se enfoca en la interpretación subjetiva de la realidad social y cultural.

A partir de la consideración de que la sociología es una ciencia como lo son las llamadas ciencias duras, ¿por qué no hacer sociología de la ciencia yendo más allá del institucionalismo? Esto dio lugar a uno de los principales enfoques de la sociología de la ciencia: el análisis de la construcción social del conocimiento científico.

Esto implica el estudio, entre otros temas, de cómo las comunidades científicas llegan a acuerdos sobre lo que se considera como conocimiento científico válido, de cómo se resuelven las controversias entre los científicos o de las relaciones entre la ciencia y el poder, en las que el programa fuerte ve una influencia esencial de los procesos sociales y culturales.

Pero el programa fuerte ha ido más allá, ha puesto sobre la mesa un debate necesario sobre los fundamentos mismos de la ciencia, con una discusión que entra de lleno en principios que afectan a la historiografía de la ciencia, a la filosofía de la ciencia y a cómo se habían hecho las cosas hasta ese momento en la sociología del conocimiento.

Llegados a este punto, no voy a decir que abjuré de mi fe en la ciencia, pero sí que la veía de una forma diferente, creo que más real y, desde luego, lejos de mi ideal juvenil de perfección. Y lo mismo que me pasó a mí, les ha pasado a otros muchos, parece el Programa Fuerte ha puesto el dedo en más de una llaga, lo que explicaría la gran polémica que aún en nuestros días – las principales contribuciones se realizaron en la década de 1970 – sigue retumbando.

Abundaron las críticas relacionadas con un exceso de reduccionismo sociológico, radicalidad, ausencia de una teoría de la verdad que pudiera afirmar la falsedad o verdad de las teorías científicas, falta de atención a las prácticas experimentales, entre otras.

Y ya llegamos al objetivo de esta serie de artículos, el primero de los cuales tienes en tus manos. El objetivo es  analizar lo que dice el Programa Fuerte, examinar las principales críticas que se han realizado contra esta corriente de pensamiento e intentar encontrar el punto de equilibrio entre lo que dicen los detractores y los promotores, con la intención – aparte de dar a conocer esta línea de pensamiento sociológico - de encontrar cierto sosiego personal.

 

El Programa Fuerte de la sociología

 

Como ya se ha indicado, el Programa Fuerte se propone el estudio sociológico del conocimiento científico y para ello no admite la limitación autoimpuesta por la sociología clásica de circunscribirse al estudio institucionalista de lo científico, sino que se amplía el objeto de estudio a las mismísimas teorías científicas. Y esta característica involucra directamente a la filosofía de la ciencia.

En sociología, la ciencia se incluye en un campo de aplicación más grande, se suele colocar dentro de la sociología del conocimiento. De hecho, lo voy a decir como curiosidad, yo no tuve ninguna asignatura de sociología de la ciencia, pero sí tuve sociología del conocimiento, dentro de la cual, se estudiaba a la ciencia como un conocimiento humano más.

Sobre Programa Fuerte hay que hacer dos consideraciones iniciales para ver desde dónde parte su argumentario. En primer lugar, las ciencias naturales son consideradas como un caso particular – con sus especificidades – del conjunto de creencias humanas sobre cómo es el mundo. Al bajar de su pedestal a la ciencia como algo intocable, no entra en la validez de la misma, sino que se desentiende programáticamente de su justificación para adquirir más independencia en su estudio.

En segundo lugar, y en parte como consecuencia de lo dicho en el párrafo anterior, el Programa Fuerte usa el término conocimiento en el sentido de creencia aceptada y no necesariamente en el sentido de creencia correcta.

Barnes (2), uno de los autores principales de esta corriente, señala que existe todo un abanico de creencias en conflicto entre las que se consideran verdaderas, sensatas y racionales y las que se consideran erróneas. Esta manera de entender las creencias para Barnes es un error que no deja realizar un estudio adecuado del conocimiento humano (Barnes citado por Molina, 1999).

La idea de la ciencia como modelo de sistema creencias verdaderas, según Barnes, ha tenido una considerable importancia en el trabajo académico y una de sus consecuencias más importantes ha sido la concepción del conocimiento científico como una acumulación progresiva de hechos.

Frente a esta concepción de la ciencia, el Programa Fuerte propone que el conocimiento general – y el científico en particular – tiene un carácter teórico, Barnes ve en precisamente en ese carácter lo que hace posible una explicación sociológica de todas las creencias, científicas o no.

En opinión del profesor Angel Manuel Molina (3), en este argumento pueden distinguirse dos aspectos: en el primero se ataca la idea del inductivismo ingenuo y en el segundo se proyecta una relación entre lo teórico y lo social (Molina, 1999)

El inductivismo ingenuo es una posición filosófica que sostiene que el conocimiento científico se deriva exclusivamente de la observación empírica y la generalización de los hechos observados, sin tomar en cuenta el papel de las teorías, la creatividad y la imaginación en la ciencia.

Barnes expresa claramente que la mayor parte de las creencias – incluidas las científicas – no son el resultado de generalizaciones de nuestra experiencia sino de teorías anteriores que mediatizan la opinión. De hecho, sugiere que no es posible tratar la verdad o, como él dice literalmente, “las inducciones naturalmente razonables” como puntos de partida válidos, sino que el punto de partida debe ser un conjunto inicial de teorías en las que extraer la causación social que subyace en ellas (Barnes citado por Molina, 1999).

Uno podría pensar que, aunque el empirismo sea insuficiente y la ciencia sea fundamentalmente teórica, siempre nos quedan los datos, aquellos hechos que nos permitirían evaluar las teorías. Pero Barnes apunta que no es posible porque no existe un lenguaje observacional independiente, porque no hay un lenguaje natural de observación para describir la experiencia, que cualquier intento en este sentido incorpora alguna posición teórica o mediatización cultural como la metáfora o la analogía. De esta manera la cultura establecida en general - y la subcultura científica en particular - influyen poderosamente en la formación de las creencias científicas.

De todo lo anterior se puede deducir que el Programa Fuerte entiende que la ciencia es parte de la cultura. Y llegados al punto de reconocer a la ciencia como una subcultura, la primera pregunta que surge es si las ciencias naturales como formas de cultura presentan características definitorias que permitan desligarlas de otras formas de cultura.

La respuesta que encuentran los autores de este enfoque es que la ciencia presenta rasgos   diferenciales significativos. En la ciencia académica, en palabras de Barnes, se pueden roles científicos muy definidos, formas lingüísticas típicas para iniciados, ámbitos específicos de actividad y artefactos característicos.

En este contexto, no cabe hablar de un método científico universal, ni como método de producción de tesis ni como medio de constatación de dichas tesis. Es la clase científica, es decir una convención social, la que define lo que es ciencia o no a partir de un conjunto de relaciones y estructuras sociales como los roles de los científicos, grupos y subgrupos, disciplinas, procedimientos y pautas de comunicación, entre otras.

Para Barnes el mecanismo básico para la elaboración de las teorías es la metáfora. Son metáforas creadas para comprender fenómenos nuevos, sorprendentes o fuera de lo normal. Y el trabajo de los científicos es precisar, ampliar y defender mediante las herramientas definidas por las estructuras sociales creadas por la clase científica.

Con este pensamiento está claro que Barnes se encuentra mucho más cerca de Thomas Khun (4) que de Karl Popper(5). Popper mantenía que para distinguir una teoría científica de otra que no lo es debía ser falsable, es decir, debería ser posible someterla a pruebas o experimentos que pudieran demostrarla o refutarla.

De esta manera la ciencia popperiana avanza a través de un proceso de falsación. Una teoría científica se formula como una explicación provisional de un fenómeno o conjunto de fenómenos observados. Sin embargo, una teoría científica nunca puede ser aprobada definitivamente como verdadera, ya que siempre existe la posibilidad de que nuevos datos o experimentos futuros la contradigan (Tezanos, 1998).

Barnes, alineándose con Khun, no cree que la ciencia avance a través de la refutación de teorías preexistentes, sino que falsar las teorías no es algo que ocurra frecuentemente en el mundo de la ciencia. El hecho de que se puedan encontrar ejemplos de refutaciones en la historia de la ciencia lo que muestra es que es una herramienta más pero no la única.

Aquí el Programa Fuerte se separa de Khun. Para Khun la ciencia se desarrolla en períodos de "ciencia normal" y "revoluciones científicas". Durante la ciencia normal, los científicos trabajan dentro de un paradigma establecido, que incluye un conjunto de teorías, métodos y supuestos compartidos. Durante este período, los científicos se centran en resolver problemas dentro de los límites del paradigma y no buscan necesariamente falsar las teorías existentes.

Sin embargo, cuando surgen anomalías o problemas irresolubles dentro del paradigma, puede ocurrir una revolución científica. Durante estas revoluciones, los científicos pueden adoptar un nuevo paradigma que reemplace al anterior. En este proceso, las teorías científicas no se abandonan simplemente por falsabilidad, sino que se reemplazan por otras teorías que ofrecen una mejor explicación de los fenómenos observados (Tezanos, 1998).

El Programa Fuerte, congruente con su visión cultural de la ciencia, considera el cambio científico como un caso particular del cambio cultural. De esta manera, las herramientas sociológicas desarrolladas para el estudio del cambio cultural pueden usarse para el estudio de los cambios en la ciencia.

Podríamos definir el cambio cultural como la transformación de la cultura y de las instituciones sociales, de las pautas sociales, al fin y al cabo, a lo largo del tiempo. Y hay pautas culturales que son relativamente estáticas, entre las cuales el Programa Fuerte sitúa a la ciencia, y otras muy dinámicas, como la moda en el vestir o el lenguaje, pero todas están sujetas a cambio (Sekulik, 2007).

La transmisión cultural sería el mecanismo para la evolución cultural. Barnes usa esta herramienta para describir el mantenimiento y la evolución de las creencias científicas en el cual el factor explicativo esencial es el proceso de socialización de los científicos.

Para Barnes ese proceso de formación del espíritu científico es dogmático y autoritario.  Dice literalmente:

“Para producir esta uniformidad en el estilo cognitivo y procedimental, el entrenamiento científico en la universidad es generalmente dogmático y autoritario. Se desalienta la crítica y la discusión de los puntos de vista dominantes” (Barnes, 1985).

 

Los cuatro postulados del Programa Fuerte

Pero ¿cuál es el procedimiento que el Programa Fuerte propone para el estudio del conocimiento científico? Aquí hemos de recurrir a otro de los autores principales del Programa Fuerte: David Bloor (6)).

Bloor establece como Barnes que la sociología del conocimiento puede investigar y explicar la ciencia no solo como institución social, sino que puede navegar a través del mismo contenido y naturaleza del conocimiento científico y que no hay mejor manera de hacerlo que utilizar el método científico. Una especie de mirada recursiva de la ciencia a la propia ciencia (Molina, 1999).

Para ello hay que tratar al conocimiento, incluido el conocimiento científico, como un fenómeno natural. La mirada del sociólogo será por tanto necesariamente diferente de la del filósofo, en lugar de definirlo como creencia verdadera, el conocimiento será cualquier cosa que las personas convengan en definirlo como conocimiento que coincidirá con aquellas creencias que los individuos mantienen con confianza y mediante las cuales rigen sus vidas.

Si tomamos toda la historia en su conjunto, las ideas de los seres humanos sobre el modo en que funciona el mundo han variado mucho. Bloor dice que estas variaciones constituyen el punto de partida para la sociología del conocimiento, pero al mismo tiempo constituyen su principal problema.

Por lo tanto, para el estudio de la creación y mantenimiento del conocimiento hay que establecer leyes causales y aplicarse tanto a las creencias verdaderas como a las falsas con el fin de satisfacer el principio de máxima generalidad.

Bloor propone cuatro postulados acerca de la aplicación del Programa Fuerte. En primer lugar, el Programa Fuerte será causal, es decir, ocupado con las condiciones que producen creencias o estados de conocimiento.

El segundo postulado nos dice que será imparcial con respecto a la falsedad o la verdad, la racionalidad o irracionalidad, el éxito o el fracaso de las creencias.

En tercer lugar, será simétrico en su estilo de explicación. los mismos tipos de causas explicarán las creencias verdaderas y falsas.

Por, último, será reflexivo, sus patrones de explicación serán también aplicables también a la sociología.

Conclusión

Como conclusión podemos decir que este enfoque desafía las nociones arraigadas sobre la objetividad y la neutralidad de la ciencia, invitando a una comprensión más profunda y matizada de cómo se forma y se difunde el conocimiento científico.

A pesar de las controversias y críticas que ha suscitado, el Programa Fuerte ha dejado una huella duradera en la sociología de la ciencia, cuestionando la distinción entre hechos y valores y destacando la importancia de abordar la ciencia desde una perspectiva contextual y socialmente informada.

En última instancia, este enfoque nos recuerda que la ciencia es un producto de la sociedad y, como tal, debe ser examinada desde una variedad de perspectivas para una comprensión más completa y enriquecedora.

 

Continuará…

Por ahora, para no hacer muy extenso este escrito, vamos a terminar. Todavía no hemos visto las críticas que se han hecho al Programa Fuerte y, para entender esas críticas, hay que profundizar previamente en algunas características de este enfoque sociológico, lo que haremos en el próximo artículo.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas

  1. Emmánuel Lizcano Fernández es licenciado en Matemáticas, doctor en Filosofía y profesor titular de Sociología del Conocimiento en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Mi trayectoria de investigación y publicaciones se ha centrado en las relaciones entre el imaginario moderno y el tradicional, en particular, en los vínculos y conflictos entre saberes y prácticas locales, tradicionales, y el conocimiento científico o experto. Fruto de ello son los estudios y publicaciones sobre las relaciones entre las matemáticas académicas y las muy variadas formas de matemáticas indígenas o etnomatemáticas, los imaginarios utópicos a lo largo de la historia, o los conflictos actuales entre prácticas y saberes agrícolas locales y la agroindustria, entre los conocimientos y prácticas culinarios tradicionales y las recomendaciones expertas o entre la pesca de bajura y las políticas europeas.
  2. S. Barry Barnes (nacido el 27 de marzo de 1943) fue catedrático de Sociología en la Universidad de Exeter. Barnes trabajó en la "Unidad de Estudios Científicos" de la Universidad de Edimburgo con David Bloor desde los años setenta hasta principios de los noventa, donde desarrollaron el sólido programa de Sociología del Conocimiento Científico. En 1992 se trasladó al departamento de Sociología de Exeter. Barnes es conocido por su enfoque naturalista de la ciencia, una visión elaborada en su libro Scientific Knowledge and Sociological Theory (1974). Defendía un enfoque postkuhniano del conocimiento científico y sugería que filósofos, historiadores y otros investigadores estudiaran la práctica científica en diversos campos como tradiciones culturales cuyo desarrollo pudiera recibir explicaciones causales. Desde este punto de vista, el cambio conceptual en la ciencia normal es un proceso que se desarrolla a través del debate y la negociación entre expertos. Esta última perspectiva se desarrolló en T. S. Kuhn y la ciencia social (1982).
  3. Ángel Manuel Montoro Molina es profesor de sociología e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada 
  4. Thomas Samuel Kuhn (Cincinnati, 18 de julio de 1922 - Cambridge, 17 de junio de 1996) fue un físico, historiador y filósofo de la ciencia estadounidense, conocido por su contribución al cambio de orientación de la filosofía y la sociología científica en la década de 1960.
  5. Karl Raimund Popper (Viena, 28 de julio de 1902-Londres, 17 de septiembre de 1994) fue un filósofo, politólogo y profesor austriaco, nacionalizado británico, célebre por haber fundado el falsacionismo y por sus teorías de la falsabilidad y el criterio de demarcación. Es considerado como uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo xx.1​2​ Popper argumentó que una teoría en las ciencias empíricas nunca puede ser probada, pero puede ser falsada, lo que significa que puede y debe ser examinada por experimentos decisivos para distinguir la ciencia de la pseudociencia.3​ En el discurso político, es conocido por su vigorosa defensa de la democracia liberal y los principios de crítica social que creía que hacían posible una floreciente sociedad abierta. Su filosofía política abarca ideas de todas las principales ideologías políticas democráticas e intenta conciliarlas, como la socialdemocracia, el liberalismo clásico y el conservadurismo liberal
  6. David Bloor (Derby, 1942) es un catedrático y ex director de la Unidad de Estudios de la Ciencia de la Universidad de Edimburgo, Escocia. Comenzó su carrera académica en el estudio de la filosofía y psicología. En los años 1970, él y Barry Barnes fueron las principales figuras del llamado "Programa fuerte en sociología de las ciencias" (también traducido como "Programa radical en sociología de las ciencias"), que sustentaba posiciones contrarias al positivismo en ciencia, atribuyendo esta posición a la "Escuela de Edimburgo". Su libro ‘Knowledge and Social Imagery’ (Routledge, 1976) es uno de los marcos de referencia del programa fuerte

Bibliografía

Barnes, B (1985) Sobre la Ciencia, Editorial Labor Barcelona

Berger, P. L., & Luckmann, T. (1966). La construcción social de la realidad: Tratado de sociología del conocimiento. Amorrortu Editores.

Bloor, D (1976) Conocimiento e Imaginario Social, editorial Gedisa

Lizcano, E (1999) La metáfora como analizador social, revista Empiria, 2(1999):29-60

Montoro Molina, A.M. (1999), El Programa Fuerte de la Sociología. Un Estudio Crítico. Universidad de Granada

Sekulic, D (2007), Social Change (págs 4368-4372), The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Blackwell Publishing

Tezanos, JF (1998) La explicación sociológica: una introducción a la sociología. UNED


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El Programa Fuerte de la sociología por Juan Carlos Barajas Martínez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 4.0 Internacional.