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La ciencia a examen crítico

El Programa Fuerte de la sociología II

Este señor tan divertido es David Bloor
 

Ensayo Completo


Resumen

En el primer artículo de esta serie (El Programa Fuerte de la sociología) se trató de la definición y de cuáles eran los principios básicos de este movimiento sociológico. En este segundo artículo se profundiza en sus características y se describe el análisis crítico que realiza del pensamiento científico. Se deja para un tercer y último artículo la descripción de las críticas y de la polémica que surgieron ante los escritos de los autores del Programa Fuerte.

Abstract

The first article in this series (The Strong Program of sociology) dealt with the definition and basic principles of this sociological movement. This second article elaborates on its characteristics and describes its critical analysis of scientific thought. A third and final article is left for a description of the criticisms and polemics that arose in the face of the writings of the authors of the Strong Program.

 


 

Índice

  • Un breve resumen del Programa Fuerte
  • Los “ismos” del Programa Fuerte
  • Ciencia e ideología
  • La racionalidad natural
  • Teoría social de la objetividad
  • La sociología de las matemáticas y de la lógica de Bloor
  • Conclusión

 

Un breve resumen del Programa Fuerte

En el primer artículo de esta serie (El Programa Fuerte de la sociología) se trató de la definición y de cuáles eran los principios básicos de este movimiento sociológico, así como de los famosos cuatro postulados de David Bloor (1). Con el fin de hacer este artículo autocomprensivo  vamos a hacer una breve reseña, aunque se recomienda la lectura del primer artículo.

El Programa Fuerte es un puñetazo encima de la mesa por parte de un grupo de sociólogos – que se agrupó en la Universidad de Edimburgo como David Bloor, Barry Barnes (2), Harry Collins y Trevor Pinch, entre otros – que como primer punto mantenía la intención teórica de que la sociología puede ser una ciencia empírica rigurosa y objetiva, similar a la física o la biología.

A partir de la consideración de que la sociología es una ciencia como lo son las llamadas ciencias duras, ¿por qué no hacer sociología de la ciencia yendo más allá del institucionalismo que es lo que había hecho hasta ese momento la sociología clásica?

Esto implica el estudio, entre otros temas, de cómo las comunidades científicas llegan a acuerdos sobre lo que se considera como conocimiento científico válido, de cómo se resuelven las controversias entre los científicos o de las relaciones entre la ciencia y el poder, en las que el programa fuerte ve una influencia esencial de los procesos sociales y culturales.

Programa Fuerte ha ido más allá, ha puesto sobre la mesa un debate necesario sobre los fundamentos de la ciencia, con una discusión que entra de lleno en principios que afectan a la historiografía y a la filosofía de la ciencia.

Bloor propone usar, para hacer esta labor de estudio, el método científico.  Para ello hay que tratar al conocimiento, incluido el conocimiento científico, como un fenómeno natural.

Por lo tanto, para el estudio de la creación y mantenimiento del conocimiento hay que establecer leyes causales y aplicarse tanto a las creencias verdaderas como a las falsas con el fin de satisfacer el principio de máxima generalidad. En ese sentido, Bloor propone cuatro postulados acerca de la aplicación del Programa Fuerte.

En primer lugar, el Programa Fuerte será causal, es decir, ocupado con las condiciones que producen creencias o estados de conocimiento.

El segundo postulado nos dice que será imparcial con respecto a la falsedad o la verdad, la racionalidad o irracionalidad, el éxito o el fracaso de las creencias.

En tercer lugar, será simétrico en su estilo de explicación. los mismos tipos de causas explicarán las creencias verdaderas y falsas.

Por, último, será reflexivo, sus patrones de explicación serán también aplicables también a la sociología.

Los “ismos” del Programa Fuerte

El programa fuerte se distingue por su pluralidad de "ismos" que conforman su base conceptual, tales como el naturalismo, el antiteleologismo, el antiindividualismo, el constructivismo, el finitismo y el instrumentalismo.

Primero vamos con el naturalismo. El Programa Fuerte adopta un enfoque naturalista que reconoce que la ciencia y el conocimiento científico no existen de manera aislada e independiente de la sociedad y la cultura en las que se desarrollan. Según este enfoque, las teorías científicas son construcciones sociales, y su validez y aceptación están influenciadas por diversos factores sociales.

Estos factores incluyen las interacciones entre científicos, las instituciones científicas, las presiones políticas y económicas, así como las tradiciones y paradigmas científicos establecidos. En este sentido, se entiende que la ciencia es una empresa humana que se ve moldeada por el contexto en el que se lleva a cabo, y no como un cuerpo de conocimiento objetivo y neutral.

Otra consecuencia de la afirmación de que la ciencia es una construcción social es que el Programa Fuerte adopta una postura antiteleológica. Esto significa que rechaza la idea de que el desarrollo de la ciencia sigue una dirección predefinida hacia una meta o propósito final. Según esta perspectiva, los avances científicos no se deben a un impulso teleológico en busca de una verdad última o un conocimiento absoluto, sino que son el resultado de procesos sociales complejos y contingentes.

Bloor utiliza el término "modelo teleológico de explicación" para referirse al enfoque que divide las creencias en dos categorías: verdaderas o racionales y falsas o irracionales. Según este modelo, las creencias verdaderas no requieren explicación, ya que se consideran justificadas por la lógica o los requisitos de la sensatez y la verdad. En cambio, se busca explicar las creencias falsas, adoptando una especie de "sociología del error” (Bloor, 1976).

Un ejemplo que utiliza Bloor es el de Imre Lakatos (3), quien propone una visión de la historia de la ciencia en la que, una vez que se elige una metodología científica como guía, se realiza una reconstrucción racional de la ciencia que ajusta el proceso de desarrollo histórico de acuerdo con la metodología elegida.

Otra característica del Programa Fuerte de la sociología es su oposición al individualismo empirista. El empirismo es una corriente filosófica y epistemológica que sostiene que el conocimiento se adquiere a través de la experiencia sensorial y la observación directa del mundo. Según el empirismo, la mente humana es un "lienzo en blanco" al nacer y todas nuestras ideas y conocimientos provienen de la experiencia.

Bloor y otros sociólogos del Programa Fuerte se oponen al individualismo presente en el enfoque del empirismo filosófico. Argumentan que la ciencia es un producto social, mientras que el empirismo asume que la experiencia individual es objetiva y que las observaciones directas pueden proporcionar una base sólida para la construcción del conocimiento científico.

Desde la perspectiva del Programa Fuerte, se sostiene que la psique individual está influenciada y dirigida por patrones colectivos de pensamiento que tienen una realidad cultural. Es decir, forman parte de la cultura de la sociedad en la que se piensa, se siente y se actúa. En este sentido, el conocimiento científico no se construye de manera aislada por individuos independientes, sino que está enraizado en una red de relaciones sociales, prácticas y creencias compartidas.

El Programa Fuerte de la sociología está muy influido por el constructivismo social que fue una corriente que pegó fuerte en los años de la década de 1960. En 1966 Berger (4) y Luckman (5) escribieron el libro “la construcción social de la realidad. Tratado de la Sociología del conocimiento”, texto que tuvo una influencia enorme en la sociología posterior.

El constructivismo social sostiene que cualquier experiencia que los seres humanos consideren "real" es en sí misma una creación social, siendo producto y producción social al mismo tiempo. Según Berger y Luckmann, "La sociedad es un producto humano. La sociedad es una realidad objetiva. El hombre es un producto social" (Berger y Luckmann, 1966). Estas tres simples afirmaciones proporcionan una estructura teórica para comprender cómo las personas se relacionan no solo con su mundo social externo, sino también con sus propias identidades.

Barnes, por su parte, define dos modos de conocimiento: la concepción contemplativa y la concepción constructiva (Molina, 1999). La concepción contemplativa es el resultado de la contemplación desinteresada que los individuos hacen de algún aspecto de la realidad. El conocimiento, en este caso, es algo que los individuos aislados adquieren de manera pasiva al aprehender la realidad.

Frente a esta perspectiva, Barnes se adhiere a la concepción constructiva que considera al conocimiento como algo fundamentalmente social, como parte de la cultura que se transmite de generación en generación y que está sujeta a cambios en respuesta a contingencias sociales. Según Barnes, para comprender este proceso no es necesario recurrir a la psicología, sino que es necesario analizar el contexto cultural y social en el que surge o se transforma el conocimiento.

Del proceso descrito en los párrafos anteriores, se puede inferir que la "máquina" del conocimiento social propuesta por el Programa Fuerte debe ser necesariamente institucional. Si aceptamos que el conocimiento es una construcción social desarrollada a lo largo de generaciones como parte de una cultura que se adapta al entorno, debemos reconocer que el conocimiento es una convención social. El convencionalismo del Programa Fuerte en sociología se aplica tanto a ideas y teorías como a conceptos.

Sin embargo, el hecho de que sean convenciones sociales no implica que sean arbitrarias. Lo que los autores del Programa Fuerte sostienen es que la aplicación futura de los conceptos no está completamente determinada por su aplicación pasada, sino que siempre es un asunto de decisión colectiva, negociación y convención en última instancia.

Los autores del Programa Fuerte llaman a esta propiedad, por la cual el concepto pasado no determina al concepto futuro, "finitismo", inspirándose en la obra de Wittgenstein, que sostiene que el significado establecido de una palabra no determina sus aplicaciones futuras, sino que los significados nuevos son creados a través del uso (Molina, 1999).

En este sentido, las teorías son consideradas como convenciones sociales que, según Barnes, pueden ser explicadas en términos de objetivos e intereses compartidos. Barnes se basa en Jürgen Habermas, que afirma que el conocimiento es evaluado, modificado y reevaluado en función de objetivos e intereses que inicialmente son de naturaleza técnica y están orientados hacia el mantenimiento de la comunicación social, así como la predicción y el control de los acontecimientos. Esto implica que existe una conexión esencial entre los intereses y la evaluación del conocimiento.

Sin embargo, el Programa Fuerte, es también un enfoque instrumentalista, sostiene que los intereses sociopolíticos también desempeñan un papel importante en la modificación de los sistemas de ideas. Aunque estos intereses sociopolíticos a menudo no son reconocidos por los actores implicados, frecuentemente actúan como el estímulo inicial para la modificación de las teorías. En este sentido, el Programa Fuerte amplía la noción de intereses involucrados en la evaluación y modificación del conocimiento científico, reconociendo la influencia de factores sociopolíticos en la conformación de las teorías."

El Programa Fuerte de la sociología, en su enfoque relativista, sostiene que el conocimiento científico no puede ser evaluado desde una perspectiva absoluta y objetiva, sino que está influenciado por factores sociales, culturales e históricos. Desde esta perspectiva, se entiende que las teorías científicas son construcciones sociales y están sujetas a cambios y revisiones a lo largo del tiempo.

El relativismo del Programa Fuerte cuestiona la idea de que exista una única verdad o método científico válido y sostiene que las teorías científicas son contingentes y dependen del contexto en el que se desarrollan. Esto implica que diferentes comunidades científicas pueden tener interpretaciones y teorías diferentes sobre un mismo fenómeno, y que no existe un criterio objetivo para determinar cuál es la teoría correcta.

Este enfoque relativista busca entender la ciencia como una actividad social y cultural, en la que las creencias, valores y prácticas influyen en la producción y aceptación del conocimiento científico. Reconoce que los científicos están inmersos en un contexto social y que sus investigaciones y teorías están influenciadas por factores como intereses políticos, económicos y culturales.

Es importante tener en cuenta que el relativismo del Programa Fuerte no implica que todas las interpretaciones o teorías sean igualmente válidas o que no exista progreso científico. Más bien, señala que el conocimiento científico es una construcción social compleja y que su validez y aceptación están determinadas por dinámicas sociales y culturales.

Ciencia e ideología

Existen dos significados fundamentales de la palabra "ideología", como señala el profesor Molina (6). En primer lugar, se refiere a la ideología como un conjunto articulado de ideas, una cosmovisión que proporciona una estructura conceptual para comprender el mundo. Por otro lado, también existe un sentido peyorativo, influenciado por el pensamiento marxiano, que concibe la ideología como un conjunto de ideas falsas, una cosmovisión errónea que distorsiona la realidad y sirve a intereses sociopolíticos cuestionables (Molina, 1999).

Esta distinción ha llevado a la percepción de una oposición entre la ideología, entendida como algo negativo y engañoso, y la ciencia, considerada como una empresa auténtica y objetiva. Tal concepción ha generado la idea de que la ciencia es opuesta a la ideología falsa y que su búsqueda de conocimiento está desprovista de intereses políticos o sesgos. Sin embargo, esta dicotomía no siempre es tan clara ni tan simple como se ha planteado, y es precisamente dentro de este contexto donde el programa fuerte de la sociología desafía esta perspectiva convencional.

El núcleo del problema radica en la relación entre el conocimiento científico, en su dimensión descriptiva y explicativa, y la ideología. Para abordar esta cuestión, resulta crucial enfocarse en la definición misma de ideología. Según Barnes, se pueden establecer tres requisitos para que una tesis, idea o afirmación sea considerada como ideología.

En primer lugar, debe cumplir alguna función social o estar en consonancia con los intereses de un grupo social específico. Es decir, la ideología surge en el contexto de las necesidades y objetivos de determinados colectivos.

En segundo lugar, las afirmaciones ideológicas suelen ser falsas, incompletas o carecer de fundamentación suficiente. Esta falta de correspondencia con la realidad se convierte en una característica distintiva de la ideología.

En tercer lugar, la función o interés social que subyace a la ideología constituye la causa de su naturaleza insatisfactoria. La ideología se considera como un pensamiento distorsionado, influenciado y moldeado por factores sociales.

De todo lo anterior no hay que colegir que el contenido de las distintas creencias predetermina la función que vayan a cumplir, ya que depende siempre de las situaciones en las que se emplean. Las creencias son herramientas que pueden adaptarse para cumplir distintas funciones en distintas situaciones. Así, por ejemplo, las ideas igualitarias se han usado tanto para la crítica de los sistemas estructurales injustos que filtran la meritocracia como coartada para justificar la desigualdad apelando a rasgos psicológicos como la pereza o la falta de iniciativa.

Según Barnes, es posible distinguir entre dos tipos de intereses que impulsan el desarrollo y la evolución del conocimiento. Por un lado, encontramos los intereses explícitos, que están relacionados con la capacidad de predecir, manipular y controlar los fenómenos. Estos intereses son considerados legítimos, ya que buscan comprender y dominar el mundo en función de objetivos concretos. Por otro lado, existen los intereses ocultos, como la racionalización y la persuasión, que subyacen de manera implícita en la formulación y promoción de teorías. Estos intereses ocultos tienen un carácter ideológico, ya que su propósito principal es justificar determinadas posiciones o influir en la percepción y aceptación de ciertas ideas (Barnes citado por Molina, 1999).

Es importante destacar que la distinción entre intereses legítimos e intereses ideológicos no implica una valoración absoluta de su validez o invalidez. Más bien, se refiere al grado en que una teoría o conjunto de ideas está influenciado por intereses ocultos que pueden distorsionar su objetividad y neutralidad.

Según Molina, dos problemas quedan por resolver en el tratamiento de la ideología que hace el Programa Fuerte. El primero consiste en aclarar con precisión cual es el criterio que nos permite discriminar con precisión conceptual entre los intereses legítimos y los ilegítimos. El segundo consiste en identificar el procedimiento que se debe emplear para detectar si hay o no intereses ilegítimos (Molina, 1999).

Como ejemplo de la presencia de intereses ilegítimos, Barnes señala, entre otros, ciertas explicaciones hereditarias de las diferencias raciales que son utilizadas como justificaciones de prejuicios racistas. Por otro lado, en el extremo opuesto, se encuentra la obra de Euclides, cuya relevancia perdura debido a su gran valor predictivo y su utilidad en diversas actividades humanas.

En cuanto a la definición del criterio para determinar la legitimidad de un interés, Barnes recurre a una teoría de la racionalidad natural que será abordada en la siguiente sección.

La racionalidad natural

Según Barnes, existe una distinción entre la racionalidad natural y la racionalidad normativa. La racionalidad natural se refiere al modo en que pensamos y razonamos de manera habitual, sin tener que reflexionar conscientemente sobre ello. Es lo que podríamos llamar nuestro pensamiento "natural" o instintivo. Por otro lado, la racionalidad normativa se refiere a un conjunto de normas o reglas que dictan cómo deberíamos pensar y razonar. Estas normas son el resultado de la reflexión sobre la naturaleza y están orientadas hacia objetivos específicos de la racionalidad.

Barnes inicia su análisis distinguiendo entre las teorías de la racionalidad natural "tolerantes" e "intolerantes". Las teorías intolerantes son aquellas que establecen de manera precisa qué tipos de inferencias son válidos y cuáles no lo son, diferenciando claramente entre las creencias que son racionalmente aceptables y las que no lo son.

Por otro lado, las teorías tolerantes reconocen similitudes en las propensiones racionales entre diferentes culturas. Estas teorías tienden a considerar las diferencias culturales como simples variaciones, mientras que las teorías intolerantes calificarían esas diferencias como irracionales.

Las teorías tolerantes se basan en primer lugar en la unidad psíquica de la humanidad (7) y, en segundo lugar, en que todas las creencias y modos de pensamiento de las distintas sociedades son naturalmente racionales, por lo que las variaciones entre ellas son meramente culturales.

En este contexto, Barnes adopta como modelo la teoría tolerante de la racionalidad natural propuesta por Mary Hesse (8). Esta teoría se puede resumir en tres puntos principales. Primero, postula que los seres humanos poseen propensiones inductivas naturales. Segundo, establece que la inferencia inductiva requiere que las observaciones se consideren instancias de una clase y funcionen a través de semejanzas primitivas en nuestras percepciones, así como mediante metáforas y analogías basadas en creencias aceptadas. Por último, señala que la racionalidad natural opera dentro de un conjunto preexistente de conceptos y creencias que no pueden explicarse únicamente mediante la operación de la propia racionalidad natural (Barnes, 1985).

Conviene tener en cuenta que el hecho de que ejerzamos nuestra capacidad racional natural en el seno de creencias preexistentes no quiere decir que éstas no puedan ser sometidas a escrutinio. La experiencia proporciona retroalimentación a estas creencias, y su verosimilitud puede aumentar o disminuir en función de la evidencia y el análisis crítico.

Es importante tener en cuenta que el conjunto inicial de creencias, al cual podemos asociar el concepto de cultura, tiene implicaciones significativas. En primer lugar, al estudiar culturas consideradas etnocéntricamente como “primitivas", observamos que sus modos de pensamiento reflejan las propensiones inductivas y analógicas propias de la racionalidad natural, lo que descarta la noción de una irracionalidad institucionalizada.

En segundo lugar, en el análisis sociológico del cambio de creencias, las diferencias deben entenderse como variaciones culturales y no como desviaciones de la racionalidad natural.

Por último, en lo que respecta al estudio de la ciencia, se cuestiona la idea de que la ciencia es una actividad excepcionalmente racional y, por lo tanto, que no puede ser el objeto de estudio de la sociología del conocimiento. Al contrario, se concluye que la ciencia, al igual que cualquier otra parte de la cultura, incorpora la racionalidad natural de manera similar. Por lo tanto, la ciencia debe ser abordada de la misma manera que cualquier otro aspecto cultural.

Teoría social de la objetividad

Bloor propone una teoría social de la objetividad basada en la ontología de Popper. En primer lugar, sostiene que la objetividad es un fenómeno social. La imparcialidad y la estabilidad de ciertas creencias compartidas, así como su sentido de realidad, se derivan del hecho de que estas creencias son institucionales. Una creencia se considera objetiva cuando no pertenece a ningún individuo en particular y no fluctúa como los estados subjetivos o las preferencias personales (Bloor, 1976).

La teoría de Bloor se fundamenta en la ontología de los tres mundos propuesta por Popper. El primer mundo es el de los objetos y procesos materiales, el segundo mundo se refiere a los estados y procesos psicológicos, y el tercer mundo abarca los objetos inteligibles, como proposiciones, teorías, conjeturas y obras de arte.

Bloor identifica este tercer mundo como el mundo social, lo que implica que la ontología pluralista de Popper se transforma en una teoría social que considera tres niveles: el mundo material, la mente individual y el mundo sociocultural.

Bloor plantea dos opciones para definir la objetividad. La primera opción, que se encuentra en la teoría de la objetividad de Popper, sostiene que los significados de los términos y las proposiciones determinan tanto su uso futuro como el comportamiento de las personas. La segunda opción, respaldada por Wittgenstein (9) y Bloor, plantea que es la acción la que determina el significado. Según esta perspectiva, el significado no se establece de manera definitiva, y ninguna regla puede determinar un curso de acción específico, ya que cualquier acción puede ser interpretada de acuerdo con una regla.

Para Bloor, lo que confiere objetividad a una regla es una convención. El cumplimiento de una regla, en concordancia con su intención subyacente, es una cuestión de convención social. En otras palabras, la objetividad de una regla tiene una naturaleza social, ya que depende del acuerdo compartido sobre lo que constituye obedecer dicha regla.

La sociología de las matemáticas y de la lógica de Bloor

David Bloor, en su obra "Knowledge and Social Imagery" (Conocimiento e Imaginario Social) de 1976 (Bloor,1976), aborda el tema de las matemáticas alternativas desde la perspectiva de la sociología del conocimiento científico. Según Bloor, las matemáticas no pueden ser clasificadas en términos absolutos de "verdaderas" o "falsas", ya que su validez depende de las normas y convenciones establecidas por la comunidad científica.

Desde su enfoque sociológico, Bloor sostiene que las matemáticas son un producto social y no un conjunto de verdades eternas. En lugar de eso, son sistemas de reglas y convenciones establecidas por los matemáticos a lo largo del tiempo.

Las matemáticas alternativas, según Bloor, no son consideradas como "falsas" en este enfoque sociológico. En cambio, son vistas como sistemas de reglas y convenciones diferentes que pueden ser válidos dentro de contextos o comunidades específicas. Bloor propone que estas matemáticas alternativas sean estudiadas desde una perspectiva sociológica, analizando su origen, desarrollo y aceptación o rechazo por parte de la comunidad matemática.

Aunque Bloor reconoce la existencia de reglas lógicas y razonamientos válidos en las matemáticas, destaca que la legitimidad y aceptación de las matemáticas están arraigadas en prácticas sociales y culturales particulares. Su enfoque busca comprender cómo se construye y establece el conocimiento matemático en el contexto de la actividad científica y la comunidad de matemáticos.

Para respaldar su argumento, Bloor utiliza ejemplos concretos, como la aceptación gradual de los números complejos, la geometría no euclidiana y la teoría de conjuntos a lo largo del tiempo. Todas estas teorías matemáticas fueron inicialmente recibidas con escepticismo, sin embargo, con el tiempo, se convirtieron en parte aceptada de las matemáticas gracias al acuerdo y adopción gradual de las reglas y convenciones necesarias para trabajar con ellas. Estos ejemplos demuestran cómo las matemáticas evolucionan a medida que la comunidad matemática adopta nuevas convenciones y reglas.

En suma, Bloor postula que las matemáticas son un producto social, y su validez depende de las normas y convenciones establecidas por la comunidad científica. Las matemáticas alternativas no son consideradas como falsas, sino como sistemas diferentes de reglas y convenciones que pueden ser válidos dentro de contextos específicos. El enfoque sociológico de Bloor busca comprender cómo se construye y establece el conocimiento matemático en el contexto social y cultural.

David Bloor aborda el tema de la lógica desde una perspectiva sociológica y argumenta que la lógica también es un sistema de convenciones y reglas establecidas por la comunidad científica. Según Bloor, la lógica no es una entidad universal e inmutable, sino que su desarrollo y aceptación están influenciados por factores sociales, culturales e históricos.

Bloor sostiene que diferentes comunidades científicas pueden tener enfoques y reglas lógicas distintas, lo que implica que la lógica no es una entidad única y objetiva. Argumenta que las reglas y convenciones lógicas son construcciones sociales que se desarrollan y cambian con el tiempo, influenciadas por factores como las tradiciones académicas, las prácticas profesionales y las normas establecidas dentro de una comunidad científica en particular.

Además, Bloor también destaca que la lógica no es una herramienta neutral y desinteresada, sino que está sujeta a sesgos y perspectivas particulares. Sugiere que la elección de un enfoque lógico en la investigación científica está influenciada por las creencias, intereses y agendas de los científicos, así como por el contexto sociocultural en el que operan.

Algunos ejemplos que Bloor ha utilizado para reforzar sus tesis son, en primer lugar, las reglas de inferencia, de las que argumenta que en la lógica pueden variar según la tradición o escuela de pensamiento. Por ejemplo, diferentes comunidades lógicas pueden tener reglas de inferencia distintas para lidiar con la negación, la implicación o la cuantificación. Esto demuestra que las reglas de la lógica no son fijas e inmutables, sino que pueden ser objeto de debate y cambio en diferentes contextos.

En segundo término, los silogismos aristotélicos, una forma tradicional de razonamiento lógico, han sido cuestionados y reevaluados a lo largo de la historia, la introducción de la lógica simbólica y la lógica formal planteó desafíos a la forma clásica de los silogismos aristotélicos.

En tercer lugar, la lógica no clásica, que incluye sistemas como la lógica modal, la lógica intuicionista y la lógica borrosa, que desafían las convenciones de la lógica clásica

Estos ejemplos demuestran para Bloor que las reglas de la lógica no son fijas e inmutables, sino que pueden ser objeto de debate y cambio en diferentes contextos.

Conclusión

Hay quien dice por ahí que la ciencia es para algunos un sustitutivo de la religión. No dudo que para algunos es así, creo que esto se da más entre los aficionados a la ciencia que entre los propios científicos. No obstante, tiene algo de “sagrado” si no lo tomamos como algo referido a Dios, sino en el significado opuesto al de “profano”.

El caso es que estás ideas del Programa fuerte han desatado una fuerte controversia en la que no todo es razonamiento lógico, sino que uno se atrevería a ver cierta reacción visceral.

En el tercer artículo de la serie sobre el Programa Fuerte vamos a explicar estas críticas y algunas contracríticas de los autores del Programa.

 

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

Notas

  1. David Bloor (Derby, 1942) es un catedrático y ex director de la Unidad de Estudios de la Ciencia de la Universidad de Edimburgo, Escocia. Comenzó su carrera académica en el estudio de la filosofía y psicología. En los años 1970, él y Barry Barnes fueron las principales figuras del llamado "Programa fuerte en sociología de las ciencias" (también traducido como "Programa radical en sociología de las ciencias"), que sustentaba posiciones contrarias al positivismo en ciencia, atribuyendo esta posición a la "Escuela de Edimburgo". Su libro ‘Knowledge and Social Imagery’ (Routledge, 1976) es uno de los marcos de referencia del programa fuerte
  2. S. Barry Barnes (nacido el 27 de marzo de 1943) fue catedrático de Sociología en la Universidad de Exeter. Barnes trabajó en la "Unidad de Estudios Científicos" de la Universidad de Edimburgo con David Bloor desde los años setenta hasta principios de los noventa, donde desarrollaron el sólido programa de Sociología del Conocimiento Científico. En 1992 se trasladó al departamento de Sociología de Exeter. Barnes es conocido por su enfoque naturalista de la ciencia, una visión elaborada en su libro Scientific Knowledge and Sociological Theory (1974). Defendía un enfoque postkuhniano del conocimiento científico y sugería que filósofos, historiadores y otros investigadores estudiaran la práctica científica en diversos campos como tradiciones culturales cuyo desarrollo pudiera recibir explicaciones causales. Desde este punto de vista, el cambio conceptual en la ciencia normal es un proceso que se desarrolla a través del debate y la negociación entre expertos. Esta última perspectiva se desarrolló en T. S. Kuhn y la ciencia social (1982).
  3. Imre Lakatos, nacido Imre Lipschitz (Debrecen, Hungría, 9 de noviembre de 1922 – Londres, 2 de febrero de 1974), fue un economista, filósofo y matemático húngaro reconocido por sus contribuciones a la filosofía de la ciencia y la filosofía de las matemáticas.
  4. Peter Ludwig Berger (Viena, Austria; 17 de marzo de 1929-Brookline, Massachusetts; 27 de junio de 2017)1​ fue un teólogo luterano y sociólogo vienés. Fue director e investigador senior del Instituto de Cultura, Religión y Asuntos Mundiales de la Universidad de Boston. Fue conocido, sobre todo, por su obra La construcción social de la realidad: un tratado en la sociología del conocimiento (1966), que escribió junto con Thomas Luckmann.
  5. Thomas Luckmann (Jesenice, 14 de octubre 1927-10 de mayo de 2016)1​ fue un sociólogo alemán de origen esloveno. Sus campos de investigación principales fueron la sociología de la comunicación, sociología del conocimiento, sociología de la religión, y filosofía de la ciencia.
  6. Ángel Manuel Montoro Molina es profesor de sociología e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada 
  7. La unidad psíquica de la humanidad es un criterio según el cual todos los seres humanos poseen un pensamiento común y uniforme. Esta concepción sugiere que todas las personas participan de una condición mental de base. La doctrina de la unidad psíquica de la humanidad presupone que la unidad biológica del hombre determina su unidad psíquica. Otro supuesto subyacente es que las mentes humanas comparten características similares en todo el mundo.
  8. Mary Brenda Hesse (Reigate, 15 de octubre de 1924 – 2 de octubre de 2016)1​ fue una filósofa de la ciencia inglesa,2​ profesora emérita de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cambridge, conocida por su trabajo sobre la relevancia de las analogías y los modelos en ciencia. Su libro Models and Analogies of Science (1963/66) está considerado un trabajo fundamental en el campo de la ciencia y se sitúa entre los más influyentes del siglo xx
  9. Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, 26 de abril de 1889-Cambridge, 29 de abril de 1951), conocido como Ludwig Wittgenstein, fue un filósofo, matemático, lingüista y lógico austríaco, posteriormente nacionalizado británico. Publicó el Tractatus logico-philosophicus,​ que influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena,​ movimiento del que nunca se consideró miembro. Tiempo después, el Tractatus fue severamente criticado por el propio Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón y en sus Investigaciones filosóficas, ambas obras póstumas. Fue discípulo de Bertrand Russell en el Trinity College de la Universidad de Cambridge, donde más tarde también él llegó a ser profesor.

 

Bibliografía

 

Barnes, B (1985) Sobre la Ciencia, Editorial Labor Barcelona

Berger, P. L., & Luckmann, T. (1966). La construcción social de la realidad: Tratado de sociología del conocimiento. Amorrortu Editores.

Bloor, D (1976) Conocimiento e Imaginario Social, editorial Gedisa

Montoro Molina, A.M. (1999), El Programa Fuerte de la Sociología. Un Estudio Crítico. Universidad de Granada

Sekulic, D (2007), Social Change (págs 4368-4372), The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Blackwell Publishing

Licencia Creative Commons

El Programa Fuerte de la sociología

Barry Barnes


Ensayo Completo


Resumen

Resumen

Con este escrito se inicia una serie de tres artículos que tratan sobre el Programa Fuerte de la sociología. Es este un movimiento sociológico que estudia la influencia social en el desarrollo de la ciencia y que, a pesar de haber provocado una gran controversia, no es muy conocido fuera de los interesados en la filosofía de la ciencia, en la historiografía de la ciencia y en la sociología del conocimiento.

El primer artículo, el que tienes querido lector en tus manos, trata de explicar los fundamentos teóricos del Programa Fuerte. Para entender las críticas que han levantado las ideas del Programa Fuerte, es necesario profundizar más allá de los fundamentos, a eso he dedicado el segundo de los artículos. Y, por último, el tercero está dirigido a entender las críticas al Programa Fuerte realizadas por destacados filósofos de la ciencia y se destaca la dificultad de encontrar un punto de encuentro entre ambas perspectivas: la filosófica y la de la sociología del conocimiento.

 

Abstract

This paper begins a series of three articles dealing with the Strong Program in sociology. This is a sociological movement that studies the social influence on the development of science and that, despite having provoked great controversy, is not well known outside those interested in the philosophy of science, in the historiography of science and in the sociology of knowledge.

The first article, the one you hold dear reader in your hands, tries to explain the theoretical foundations of the Strong Program. To understand the criticisms that have raised the ideas of the Strong Program, it is necessary to go beyond the fundamentals, to which I have devoted the second article. And finally, the third is aimed at understanding the criticisms of the Strong Program made by leading philosophers of science and highlights the difficulty of finding a meeting point between the two perspectives: the philosophical and the sociology of knowledge.

Índice

  • Introducción con tintes biográficos
  • El Programa Fuerte de la sociología
  • Los cuatro postulados del Programa Fuerte
  • Conclusión
  • Continuará…

 

Introducción con tintes biográficos

 

Empezar hablando de uno mismo es algo pretencioso a la par que poco ortodoxo, pero he llegado a una edad en la que se espera de los demás cierta condescendencia. En las puertas de la ancianidad uno espera el perdón de sus pecados y, por otra parte, no se me ocurre ninguna otra manera de comenzar este escrito.

De joven estudié ingeniería informática y, aunque los ingenieros somos la retaguardia de la ciencia –en el sentido de que nosotros usamos lo que los científicos hallan antes, a veces, mucho antes- mi comprensión de la ciencia era dogmática, como algo – quizás el único aspecto de la humanidad -que era independiente de toda desviación emocional, irracional, ideológica y, por tanto, algo que carecía de cualquier influencia social.

Pasados los años ya alcanzada la madurez y, por una necesidad en aquellos tiempos inconsciente de abrazar las humanidades, estudié sociología y esto me abrió los ojos ante esa formalidad indiscutible de la ciencia.

La sociología clásica estudia la ciencia desde un punto de vista institucionalista, centrándose en el estudio de los factores sociales que influyen en la producción del conocimiento científico, tales como las influencias políticas, económicas y culturales. Esto ya fue un primer paso en un cambio personal de opinión, la ciencia ya no era un concepto tan puro como reflejaba mi ideal de juventud.

Emmanuel Lizcano (1), profesor de Sociología del Conocimiento de la UNED, continuó dinamitando este ideal personal con su análisis socio-metafórico (Lizcano, 2009). Partiendo del análisis de la metáfora que realiza Nietzsche  en su libro “Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral” (Nietzsche, 1990), el método socio-metafórico se basa en dos hipótesis, por un lado, que todos los conceptos científicos son metafóricos, y lo son en varios sentidos: nacen como metáforas, como tales son rebatidos y defendidos y como metáforas se reelaboran y refinan para resultar coherentes, como metáforas circulan de unas disciplinas a otras y, al final, como metáforas sufren el olvido cuando el uso continuado de la misma la convierte en un concepto puro sin rastro de la metáfora que le dio vida. Por otro lado, toda metáfora es social. Depende de la cultura y del momento histórico de la sociedad en la que nace.

Como ejemplo de la potencia desmitificadora de este método, baste citar uno del profesor Lizcano, “extraer la raíz cuadrada”. Este concepto tiene que ver con que el descubrimiento de esta operación algebraica fue realizado por una civilización agraria. Para las personas que vivían en la antigua Grecia, en el Medievo y en el Renacimiento, arraigados a la tierra, era natural percibir un cuadrado como algo asociado al suelo, del cual se extraen los alimentos vegetales. Para estas gentes la expresión “raíz del cuadrado” tenía un sentido casi literal que se hizo más metafórico cuando, a partir de la edad contemporánea, la gente empezó a irse del campo a la ciudad (ver “La agitada vida social de la metáfora” en este mismo blog).

El tercer paso en mi proceso de secularización de mi ideal científico de juventud lo representó el Programa Fuerte de la Sociología. El Programa Fuerte es un puñetazo encima de la mesa por parte de un grupo de sociólogos – que se agrupó en la Universidad de Edimburgo como David Bloor, Barry Barnes, Harry Collins y Trevor Pinch, entre otros - con la intención teórica de que la sociología puede ser una ciencia empírica rigurosa y objetiva, similar a la física o la biología. Esta perspectiva se contrapone a la visión más tradicional de la sociología como una disciplina que se enfoca en la interpretación subjetiva de la realidad social y cultural.

A partir de la consideración de que la sociología es una ciencia como lo son las llamadas ciencias duras, ¿por qué no hacer sociología de la ciencia yendo más allá del institucionalismo? Esto dio lugar a uno de los principales enfoques de la sociología de la ciencia: el análisis de la construcción social del conocimiento científico.

Esto implica el estudio, entre otros temas, de cómo las comunidades científicas llegan a acuerdos sobre lo que se considera como conocimiento científico válido, de cómo se resuelven las controversias entre los científicos o de las relaciones entre la ciencia y el poder, en las que el programa fuerte ve una influencia esencial de los procesos sociales y culturales.

Pero el programa fuerte ha ido más allá, ha puesto sobre la mesa un debate necesario sobre los fundamentos mismos de la ciencia, con una discusión que entra de lleno en principios que afectan a la historiografía de la ciencia, a la filosofía de la ciencia y a cómo se habían hecho las cosas hasta ese momento en la sociología del conocimiento.

Llegados a este punto, no voy a decir que abjuré de mi fe en la ciencia, pero sí que la veía de una forma diferente, creo que más real y, desde luego, lejos de mi ideal juvenil de perfección. Y lo mismo que me pasó a mí, les ha pasado a otros muchos, parece el Programa Fuerte ha puesto el dedo en más de una llaga, lo que explicaría la gran polémica que aún en nuestros días – las principales contribuciones se realizaron en la década de 1970 – sigue retumbando.

Abundaron las críticas relacionadas con un exceso de reduccionismo sociológico, radicalidad, ausencia de una teoría de la verdad que pudiera afirmar la falsedad o verdad de las teorías científicas, falta de atención a las prácticas experimentales, entre otras.

Y ya llegamos al objetivo de esta serie de artículos, el primero de los cuales tienes en tus manos. El objetivo es  analizar lo que dice el Programa Fuerte, examinar las principales críticas que se han realizado contra esta corriente de pensamiento e intentar encontrar el punto de equilibrio entre lo que dicen los detractores y los promotores, con la intención – aparte de dar a conocer esta línea de pensamiento sociológico - de encontrar cierto sosiego personal.

 

El Programa Fuerte de la sociología

 

Como ya se ha indicado, el Programa Fuerte se propone el estudio sociológico del conocimiento científico y para ello no admite la limitación autoimpuesta por la sociología clásica de circunscribirse al estudio institucionalista de lo científico, sino que se amplía el objeto de estudio a las mismísimas teorías científicas. Y esta característica involucra directamente a la filosofía de la ciencia.

En sociología, la ciencia se incluye en un campo de aplicación más grande, se suele colocar dentro de la sociología del conocimiento. De hecho, lo voy a decir como curiosidad, yo no tuve ninguna asignatura de sociología de la ciencia, pero sí tuve sociología del conocimiento, dentro de la cual, se estudiaba a la ciencia como un conocimiento humano más.

Sobre Programa Fuerte hay que hacer dos consideraciones iniciales para ver desde dónde parte su argumentario. En primer lugar, las ciencias naturales son consideradas como un caso particular – con sus especificidades – del conjunto de creencias humanas sobre cómo es el mundo. Al bajar de su pedestal a la ciencia como algo intocable, no entra en la validez de la misma, sino que se desentiende programáticamente de su justificación para adquirir más independencia en su estudio.

En segundo lugar, y en parte como consecuencia de lo dicho en el párrafo anterior, el Programa Fuerte usa el término conocimiento en el sentido de creencia aceptada y no necesariamente en el sentido de creencia correcta.

Barnes (2), uno de los autores principales de esta corriente, señala que existe todo un abanico de creencias en conflicto entre las que se consideran verdaderas, sensatas y racionales y las que se consideran erróneas. Esta manera de entender las creencias para Barnes es un error que no deja realizar un estudio adecuado del conocimiento humano (Barnes citado por Molina, 1999).

La idea de la ciencia como modelo de sistema creencias verdaderas, según Barnes, ha tenido una considerable importancia en el trabajo académico y una de sus consecuencias más importantes ha sido la concepción del conocimiento científico como una acumulación progresiva de hechos.

Frente a esta concepción de la ciencia, el Programa Fuerte propone que el conocimiento general – y el científico en particular – tiene un carácter teórico, Barnes ve en precisamente en ese carácter lo que hace posible una explicación sociológica de todas las creencias, científicas o no.

En opinión del profesor Angel Manuel Molina (3), en este argumento pueden distinguirse dos aspectos: en el primero se ataca la idea del inductivismo ingenuo y en el segundo se proyecta una relación entre lo teórico y lo social (Molina, 1999)

El inductivismo ingenuo es una posición filosófica que sostiene que el conocimiento científico se deriva exclusivamente de la observación empírica y la generalización de los hechos observados, sin tomar en cuenta el papel de las teorías, la creatividad y la imaginación en la ciencia.

Barnes expresa claramente que la mayor parte de las creencias – incluidas las científicas – no son el resultado de generalizaciones de nuestra experiencia sino de teorías anteriores que mediatizan la opinión. De hecho, sugiere que no es posible tratar la verdad o, como él dice literalmente, “las inducciones naturalmente razonables” como puntos de partida válidos, sino que el punto de partida debe ser un conjunto inicial de teorías en las que extraer la causación social que subyace en ellas (Barnes citado por Molina, 1999).

Uno podría pensar que, aunque el empirismo sea insuficiente y la ciencia sea fundamentalmente teórica, siempre nos quedan los datos, aquellos hechos que nos permitirían evaluar las teorías. Pero Barnes apunta que no es posible porque no existe un lenguaje observacional independiente, porque no hay un lenguaje natural de observación para describir la experiencia, que cualquier intento en este sentido incorpora alguna posición teórica o mediatización cultural como la metáfora o la analogía. De esta manera la cultura establecida en general - y la subcultura científica en particular - influyen poderosamente en la formación de las creencias científicas.

De todo lo anterior se puede deducir que el Programa Fuerte entiende que la ciencia es parte de la cultura. Y llegados al punto de reconocer a la ciencia como una subcultura, la primera pregunta que surge es si las ciencias naturales como formas de cultura presentan características definitorias que permitan desligarlas de otras formas de cultura.

La respuesta que encuentran los autores de este enfoque es que la ciencia presenta rasgos   diferenciales significativos. En la ciencia académica, en palabras de Barnes, se pueden roles científicos muy definidos, formas lingüísticas típicas para iniciados, ámbitos específicos de actividad y artefactos característicos.

En este contexto, no cabe hablar de un método científico universal, ni como método de producción de tesis ni como medio de constatación de dichas tesis. Es la clase científica, es decir una convención social, la que define lo que es ciencia o no a partir de un conjunto de relaciones y estructuras sociales como los roles de los científicos, grupos y subgrupos, disciplinas, procedimientos y pautas de comunicación, entre otras.

Para Barnes el mecanismo básico para la elaboración de las teorías es la metáfora. Son metáforas creadas para comprender fenómenos nuevos, sorprendentes o fuera de lo normal. Y el trabajo de los científicos es precisar, ampliar y defender mediante las herramientas definidas por las estructuras sociales creadas por la clase científica.

Con este pensamiento está claro que Barnes se encuentra mucho más cerca de Thomas Khun (4) que de Karl Popper(5). Popper mantenía que para distinguir una teoría científica de otra que no lo es debía ser falsable, es decir, debería ser posible someterla a pruebas o experimentos que pudieran demostrarla o refutarla.

De esta manera la ciencia popperiana avanza a través de un proceso de falsación. Una teoría científica se formula como una explicación provisional de un fenómeno o conjunto de fenómenos observados. Sin embargo, una teoría científica nunca puede ser aprobada definitivamente como verdadera, ya que siempre existe la posibilidad de que nuevos datos o experimentos futuros la contradigan (Tezanos, 1998).

Barnes, alineándose con Khun, no cree que la ciencia avance a través de la refutación de teorías preexistentes, sino que falsar las teorías no es algo que ocurra frecuentemente en el mundo de la ciencia. El hecho de que se puedan encontrar ejemplos de refutaciones en la historia de la ciencia lo que muestra es que es una herramienta más pero no la única.

Aquí el Programa Fuerte se separa de Khun. Para Khun la ciencia se desarrolla en períodos de "ciencia normal" y "revoluciones científicas". Durante la ciencia normal, los científicos trabajan dentro de un paradigma establecido, que incluye un conjunto de teorías, métodos y supuestos compartidos. Durante este período, los científicos se centran en resolver problemas dentro de los límites del paradigma y no buscan necesariamente falsar las teorías existentes.

Sin embargo, cuando surgen anomalías o problemas irresolubles dentro del paradigma, puede ocurrir una revolución científica. Durante estas revoluciones, los científicos pueden adoptar un nuevo paradigma que reemplace al anterior. En este proceso, las teorías científicas no se abandonan simplemente por falsabilidad, sino que se reemplazan por otras teorías que ofrecen una mejor explicación de los fenómenos observados (Tezanos, 1998).

El Programa Fuerte, congruente con su visión cultural de la ciencia, considera el cambio científico como un caso particular del cambio cultural. De esta manera, las herramientas sociológicas desarrolladas para el estudio del cambio cultural pueden usarse para el estudio de los cambios en la ciencia.

Podríamos definir el cambio cultural como la transformación de la cultura y de las instituciones sociales, de las pautas sociales, al fin y al cabo, a lo largo del tiempo. Y hay pautas culturales que son relativamente estáticas, entre las cuales el Programa Fuerte sitúa a la ciencia, y otras muy dinámicas, como la moda en el vestir o el lenguaje, pero todas están sujetas a cambio (Sekulik, 2007).

La transmisión cultural sería el mecanismo para la evolución cultural. Barnes usa esta herramienta para describir el mantenimiento y la evolución de las creencias científicas en el cual el factor explicativo esencial es el proceso de socialización de los científicos.

Para Barnes ese proceso de formación del espíritu científico es dogmático y autoritario.  Dice literalmente:

“Para producir esta uniformidad en el estilo cognitivo y procedimental, el entrenamiento científico en la universidad es generalmente dogmático y autoritario. Se desalienta la crítica y la discusión de los puntos de vista dominantes” (Barnes, 1985).

 

Los cuatro postulados del Programa Fuerte

Pero ¿cuál es el procedimiento que el Programa Fuerte propone para el estudio del conocimiento científico? Aquí hemos de recurrir a otro de los autores principales del Programa Fuerte: David Bloor (6)).

Bloor establece como Barnes que la sociología del conocimiento puede investigar y explicar la ciencia no solo como institución social, sino que puede navegar a través del mismo contenido y naturaleza del conocimiento científico y que no hay mejor manera de hacerlo que utilizar el método científico. Una especie de mirada recursiva de la ciencia a la propia ciencia (Molina, 1999).

Para ello hay que tratar al conocimiento, incluido el conocimiento científico, como un fenómeno natural. La mirada del sociólogo será por tanto necesariamente diferente de la del filósofo, en lugar de definirlo como creencia verdadera, el conocimiento será cualquier cosa que las personas convengan en definirlo como conocimiento que coincidirá con aquellas creencias que los individuos mantienen con confianza y mediante las cuales rigen sus vidas.

Si tomamos toda la historia en su conjunto, las ideas de los seres humanos sobre el modo en que funciona el mundo han variado mucho. Bloor dice que estas variaciones constituyen el punto de partida para la sociología del conocimiento, pero al mismo tiempo constituyen su principal problema.

Por lo tanto, para el estudio de la creación y mantenimiento del conocimiento hay que establecer leyes causales y aplicarse tanto a las creencias verdaderas como a las falsas con el fin de satisfacer el principio de máxima generalidad.

Bloor propone cuatro postulados acerca de la aplicación del Programa Fuerte. En primer lugar, el Programa Fuerte será causal, es decir, ocupado con las condiciones que producen creencias o estados de conocimiento.

El segundo postulado nos dice que será imparcial con respecto a la falsedad o la verdad, la racionalidad o irracionalidad, el éxito o el fracaso de las creencias.

En tercer lugar, será simétrico en su estilo de explicación. los mismos tipos de causas explicarán las creencias verdaderas y falsas.

Por, último, será reflexivo, sus patrones de explicación serán también aplicables también a la sociología.

Conclusión

Como conclusión podemos decir que este enfoque desafía las nociones arraigadas sobre la objetividad y la neutralidad de la ciencia, invitando a una comprensión más profunda y matizada de cómo se forma y se difunde el conocimiento científico.

A pesar de las controversias y críticas que ha suscitado, el Programa Fuerte ha dejado una huella duradera en la sociología de la ciencia, cuestionando la distinción entre hechos y valores y destacando la importancia de abordar la ciencia desde una perspectiva contextual y socialmente informada.

En última instancia, este enfoque nos recuerda que la ciencia es un producto de la sociedad y, como tal, debe ser examinada desde una variedad de perspectivas para una comprensión más completa y enriquecedora.

 

Continuará…

Por ahora, para no hacer muy extenso este escrito, vamos a terminar. Todavía no hemos visto las críticas que se han hecho al Programa Fuerte y, para entender esas críticas, hay que profundizar previamente en algunas características de este enfoque sociológico, lo que haremos en el próximo artículo.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo

 

Notas

  1. Emmánuel Lizcano Fernández es licenciado en Matemáticas, doctor en Filosofía y profesor titular de Sociología del Conocimiento en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Mi trayectoria de investigación y publicaciones se ha centrado en las relaciones entre el imaginario moderno y el tradicional, en particular, en los vínculos y conflictos entre saberes y prácticas locales, tradicionales, y el conocimiento científico o experto. Fruto de ello son los estudios y publicaciones sobre las relaciones entre las matemáticas académicas y las muy variadas formas de matemáticas indígenas o etnomatemáticas, los imaginarios utópicos a lo largo de la historia, o los conflictos actuales entre prácticas y saberes agrícolas locales y la agroindustria, entre los conocimientos y prácticas culinarios tradicionales y las recomendaciones expertas o entre la pesca de bajura y las políticas europeas.
  2. S. Barry Barnes (nacido el 27 de marzo de 1943) fue catedrático de Sociología en la Universidad de Exeter. Barnes trabajó en la "Unidad de Estudios Científicos" de la Universidad de Edimburgo con David Bloor desde los años setenta hasta principios de los noventa, donde desarrollaron el sólido programa de Sociología del Conocimiento Científico. En 1992 se trasladó al departamento de Sociología de Exeter. Barnes es conocido por su enfoque naturalista de la ciencia, una visión elaborada en su libro Scientific Knowledge and Sociological Theory (1974). Defendía un enfoque postkuhniano del conocimiento científico y sugería que filósofos, historiadores y otros investigadores estudiaran la práctica científica en diversos campos como tradiciones culturales cuyo desarrollo pudiera recibir explicaciones causales. Desde este punto de vista, el cambio conceptual en la ciencia normal es un proceso que se desarrolla a través del debate y la negociación entre expertos. Esta última perspectiva se desarrolló en T. S. Kuhn y la ciencia social (1982).
  3. Ángel Manuel Montoro Molina es profesor de sociología e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada 
  4. Thomas Samuel Kuhn (Cincinnati, 18 de julio de 1922 - Cambridge, 17 de junio de 1996) fue un físico, historiador y filósofo de la ciencia estadounidense, conocido por su contribución al cambio de orientación de la filosofía y la sociología científica en la década de 1960.
  5. Karl Raimund Popper (Viena, 28 de julio de 1902-Londres, 17 de septiembre de 1994) fue un filósofo, politólogo y profesor austriaco, nacionalizado británico, célebre por haber fundado el falsacionismo y por sus teorías de la falsabilidad y el criterio de demarcación. Es considerado como uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo xx.1​2​ Popper argumentó que una teoría en las ciencias empíricas nunca puede ser probada, pero puede ser falsada, lo que significa que puede y debe ser examinada por experimentos decisivos para distinguir la ciencia de la pseudociencia.3​ En el discurso político, es conocido por su vigorosa defensa de la democracia liberal y los principios de crítica social que creía que hacían posible una floreciente sociedad abierta. Su filosofía política abarca ideas de todas las principales ideologías políticas democráticas e intenta conciliarlas, como la socialdemocracia, el liberalismo clásico y el conservadurismo liberal
  6. David Bloor (Derby, 1942) es un catedrático y ex director de la Unidad de Estudios de la Ciencia de la Universidad de Edimburgo, Escocia. Comenzó su carrera académica en el estudio de la filosofía y psicología. En los años 1970, él y Barry Barnes fueron las principales figuras del llamado "Programa fuerte en sociología de las ciencias" (también traducido como "Programa radical en sociología de las ciencias"), que sustentaba posiciones contrarias al positivismo en ciencia, atribuyendo esta posición a la "Escuela de Edimburgo". Su libro ‘Knowledge and Social Imagery’ (Routledge, 1976) es uno de los marcos de referencia del programa fuerte

Bibliografía

Barnes, B (1985) Sobre la Ciencia, Editorial Labor Barcelona

Berger, P. L., & Luckmann, T. (1966). La construcción social de la realidad: Tratado de sociología del conocimiento. Amorrortu Editores.

Bloor, D (1976) Conocimiento e Imaginario Social, editorial Gedisa

Lizcano, E (1999) La metáfora como analizador social, revista Empiria, 2(1999):29-60

Montoro Molina, A.M. (1999), El Programa Fuerte de la Sociología. Un Estudio Crítico. Universidad de Granada

Sekulic, D (2007), Social Change (págs 4368-4372), The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Blackwell Publishing

Tezanos, JF (1998) La explicación sociológica: una introducción a la sociología. UNED


Licencia Creative Commons
El Programa Fuerte de la sociología por Juan Carlos Barajas Martínez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 4.0 Internacional.

La Insoportable Superioridad del Pensamiento Informal

Un viaje personal desde la lógica hasta el programa fuerte de la sociología

David Bloor

La lógica es buena para razonar, pero mala para vivir.
Remy de Gourmont.

La matemática puede definirse como aquella
disciplina en la cual ni sabemos nunca lo que 
decimos ni si lo que decimos es cierto.
Bertrand Russel
Mysticism and Logic (1901)



No sé si os ha pasado a vosotros queridos lectores – sobre todo si ya vais teniendo una edad - pero mi forma de pensar a lo largo de mi vida ha realizado todo un viaje equivalente al que ha sufrido mi cuerpo, mis sentimientos y emociones. Resumiendo, he envejecido.

Cuando yo era joven, muy joven, tenía mucha relación con un matrimonio mal avenido. Aquella pareja, tan joven como yo, se había casado demasiado pronto, sin haber alcanzado la necesaria madurez para desarrollar, de manera correcta, algo tan complicado como la convivencia entre un hombre y una mujer.

Discutían suavemente cuando conversaban, discutían con agresividad si tenían un desacuerdo sin importancia y discutían con violencia cuando había un desacuerdo con fundamento que afectaba a su forma de pensar o de afrontar los problemas. A veces una misma discusión pasaba por los tres grados que acabo de describir.

Las discusiones siempre seguían el mismo patrón, él comenzaba por establecer una serie de premisas que, en general, derivaban de su educación – hasta cierto punto tradicional - tanto familiar como académicamente. A partir de esas premisas, para él indiscutibles, establecía nuevas proposiciones e iba construyendo una teoría que se adaptaba a su visión de la realidad. Tendía a clasificarlo todo, a racionalizarlo todo. Apelaba a la economía familiar, al buen sentido, al “como Dios manda”. Intentaba no caer en contradicciones, lo que le hacía perder en flexibilidad y le llevaba muchas veces a callejones sin salida.

Ella - con una educación menos académica, por no decir directamente asilvestrada, y más apegada a lo que se vive en la calle - ponía en duda todo lo que él decía. Cambiaba de asunto si se sentía atrapada por la lógica de su marido y buscaba una nueva vía para incordiar lanzando el verbo como si se tratara de torpedos directos a línea de flotación. Sus razonamientos eran apelaciones a la emoción, a sus necesidades, no eran pensamientos construidos sino lanzados como azagayas. Y, por supuesto, no le importaba caer en contradicciones, lo que daba a su discurso mucha flexibilidad.

Fui testigo de muchas de aquellas discusiones. Cuando terminaban, pasado un rato, siempre tenía la sensación de que ella había ganado, él se quedaba sin palabras, terriblemente frustrado, con la rabia de aquél que se sabe poseedor de la verdad, de su verdad al menos, pero que no podía demostrarla porque no le aceptaban las reglas del juego que él daba como indiscutibles.

Yo no podía entenderlo, ¿dónde estaba el truco?, analizaba el pensamiento del marido y aparecía más coherente que el de la mujer, pero, tanto ellos como yo, no dudábamos que había ganado ella. ¿Por qué?.

Por aquel tiempo yo tenía una terrible afición por la lógica, malsano hábito que con el tiempo logré acomodar a proporciones más justas. Creo que todo empezó cuando era estudiante de informática, en el momento en que comencé a estudiar una asignatura que se llamaba “Lógica Informática”, aunque en realidad se trataba de lógica matemática o formal (1). Aquella pasión no sé si venía porque era una materia especialmente bonita, o porque el profesor que la impartía – José  Cuena Bartolomé (2) – era un comunicador extraordinario, uno de esos profesores que te haría amar hasta la asignatura más árida.

Recuerdo que podía estar horas resolviendo problemas, con claro abandono del resto de las asignaturas. Me aficioné hasta el punto de que,  superando el programa de la asignatura, busqué nuevos libros o artículos. A pesar de que en aquella época mi economía no era precisamente boyante compraba todo lo que caía en mis manos.

Por todo lo anterior, para mí, a los “ventipocos”, el pensamiento de tipo formal que surge de la lógica era superior a ninguna otra forma de pensar. Era de una belleza impresionante, era sutil, era una gimnasia mental divertida y apasionante, un auténtico pasatiempo. Para mi todo lo que no fuera formal era impuro, barato, fácil e incluso, craso error, despreciable.

Pero, ¿qué es el pensamiento formal?.  Vamos por partes, empecemos por la forma de pensamiento más formal que existe: por la lógica. Y, para ello, empecemos definiendo primero qué es un sistema formal.

Lo primero a destacar es que los sistemas formales están compuestos de axiomas, teoremas o fórmulas válidas y reglas de inferencia. Los primeros, los axiomas, son verdades absolutas dentro del sistema. Los teoremas o fórmulas válidas son proposiciones derivadas de los axiomas y de otros teoremas que son verdaderos en el sistema formal. Estos no son válidos por sí mismos como los axiomas sino hay que demostrarlos. ¿Cómo?, haciéndolos derivar de los axiomas y teoremas previamente demostrados mediante las reglas de inferencia. La demostración es una búsqueda, casi épica, de la verdad. Este es el proceso conocido como deducción.

Un ejemplo de axioma es el postulado de Euclides que dice que por un punto exterior a una recta sólo puede pasar una paralela. Esto es verdad absoluta en el sistema formal de la Geometría Euclídea (3), lo cual nos parece muy sensato si tenemos en cuenta nuestra experiencia diaria, sin embargo – y es aquí dónde empieza la relatividad del asunto – en las geometrías paralelas no lo es en absoluto. Esto nos lleva a la idea de que lo que es verdad en un sistema formal no tiene por qué serlo en otro.

Dentro de la Geometría Euclídea, un teorema conocido es el de Pitágoras. Aquí la cosa no es tan obvia como con el postulado del amigo Euclides, el que el cuadrado de la hipotenusa sea igual a la suma de los cuadrados de los catetos no es tan evidente. Puede parecerlo pues nos lo han machacado tanto desde pequeñitos que nadie puede dudar de él. Pero existe una demostración y en cada paso de la demostración se aplica una regla de inferencia que está admitida en el sistema formal geométrico.

Lo que está prohibido en un sistema formal es contradecirse. Un sistema para que sea formal debe ser coherente, es decir, en la Geometría puede demostrarse el Teorema de Pitágoras pero no puede demostrarse su antiteorema. Si algún chalado lo consiguiera habría una dimisión en masa de los matemáticos.

Bien, esta es la forma más extrema de pensamiento formal, no hay sitio para la informalidad en la lógica. Pero es evidente que las personas no establecemos nuestros pensamientos en términos de axiomas y teoremas. Por tanto el pensamiento formal, para nosotros que intentamos ver el problema desde una perspectiva humanista, sería un intento de las personas que lo aplican para aproximarse a la estructura y reglas de un sistema formal, pero, por la propia idiosincrasia de la mente humana, sin poder alcanzar este ideal de formalidad.

Dicho de otra manera, las emociones, los recuerdos, la experiencia, la naturaleza impide pensar formalmente de manera completa. Caemos en contradicciones continuamente por muy formal que se quiera ser. Ahora bien, admitida esta limitación humana, que - como veremos más tarde - más que limitación es ventaja, admitiremos que en general todas las personas normales, son capaces de pensar formalmente sobre todo en entornos concretos y tiempos limitados y, más aún, tendremos que admitir que todas la personas, normales o no, son capaces de pensar informalmente. Por lo tanto lo realmente maravilloso de la mente humana es que es capaz de pensar de ambas maneras.

El segundo hito importante en mi caminar por el mundo de la Lógica resultó ser el Teorema de Gödel (4). A este teorema me he referido en varios artículos de Sociología Divertida (5), así que no os aburriré mucho hablando de él.

Lo que viene a decir dicho teorema es que en cualquier sistema formal que se precie de tal se pueden construir afirmaciones que no se pueden demostrar ni refutar

Bueno, así dicho no parece mucho, pero significó una auténtica revolución en las matemáticas, hasta el punto de que es comparable a la revolución que significó la Teoría de la Relatividad en la física. Y es que de ese enunciado se han sacado muchísimas conclusiones. Conclusiones matemáticas, filosóficas, informáticas y yo creo que psicológicas y sociales, y lo cierto es que probablemente muchas de ellas estén construidas muy alegremente alejándose de lo que Gödel quiso decir.

Yo extraigo la conclusión de que si piensas formalmente puedes encontrarte con proposiciones sobre las que no puedes asegurar  su certidumbre o falsedad, lo que puede hacer que te enfrentes a decisiones que no puedas tomar en buena lógica. Gracias a Dios, una mente humana normal, puede comprender declaraciones que son inconsistentes y falsas, o quizás simplemente creer en ellas, precisamente por su capacidad de escapar de la formalidad.
.
Vamos a ver, si el pensamiento formal es una aproximación a la sistematización formal del pensamiento y, de alguna manera, podría estar afectada por la fórmula goedeliana y, al contrario, el pensamiento informal no está afectado de ninguna manera por el teorema, la conclusión es que el Teorema de Gödel representa una ventaja para el pensamiento informal.

Dicho de otro modo, si yo pienso formalmente tengo muchas oportunidades de llegar a callejones sin salida, fórmulas válidas en mi sistema formal, sobre las que no puedo afirmar la verdad o falsedad de su enunciado y me veré forzado a tomar dos posibles caminos. O bien me atasco, y mi pensamiento fallece de formalidad aguda; o bien recurro a mi informalidad natural, al fin y al cabo no soy una máquina y puedo escapar de la formalidad. Usualmente esto ocurre a costa de mi coherencia personal cosa que a algunos humanos nos molesta pero, en cambio, a otros no parece que les represente un problema y si no miren a los políticos.

En cuanto a mi paseo personal por la Lógica, el Teorema de Goedel, aparte de apasionarme durante algún tiempo, me hizo replantearme el papel de la lógica en mi vida, me enfrió la pasión lógica. Dado que no existía una solución mecánica para todos los problemas, tampoco era cuestión de perder el tiempo, había que tomar otras direcciones vitales, tales como conocer mujeres o pillar alguna melopea de vez en cuando. Aun así, a pesar de mi abandono de la lógica como forma de vida, yo seguía pensado que el pensamiento formal era  superior al informal.

El tercer episodio en esta relación personal con la lógica ocurrió bastante tiempo después cuando andaba por la cuarentena, cuando mi afición a esta disciplina estaba prácticamente olvidada. En aquel momento me hallaba terminando la carrera de sociología, cuando me encontré de nuevo con una asignatura – la Sociología del Conocimiento -  y un profesor – Emmanuel Lizcano - que supusieron toda una sorpresa para mí.

La Sociología del Conocimiento es una aplicación de la sociología que mira al saber humano y, dentro de él, a la ciencia, como una construcción social. Fue en el transcurso de esta singular asignatura cuando tuve la obligación de leer el libro “Conocimiento e imaginario social” de David Bloor (6).

Bloor se impone la tarea de cómo la ciencia de una determinada época se ve influenciada, cuando no dirigida, por la sociedad contemporánea a esa época. Esto aparentemente resulta plausible, incluso evidente, pero hay que pensar que cuando se habla de ciencia se habla de ella como la única institución humana que es objetiva. Porque de lo que estamos hablando no es que la sociedad imponga criterios y objetivos a su ciencia sino que la misma esencia de la ciencia está filtrada por la sociedad. Los científicos tienen a gala la independencia de la creación científica así que no se toman, en general, esta idea con mucha alegría.

Pero va más allá, pues su tesis es que la mejor manera de estudiar la ciencia, desde un punto de vista crítico, es mediante la sociología del conocimiento, a través de lo que el autor denomina “programa fuerte de la sociología(7). En este contexto, Bloor nos habla del pensamiento formal.

Este autor debate sobre la compulsión de los argumentos lógicos o matemáticos, es decir, por una parte la necesidad humana de disfrazar todo pensamiento con un vestido lógico-racional - estoy convencido de que más que seres racionales somos seres racionalizadores -  y, por otra parte, la creencia generalizada en que todo pensamiento lógico formal, es puramente formal, sin ningún tipo de influencia social ni psicológica que pudiera dirigirlo.

Nadie espera - como dice el profesor Emmánuel Lizcano (8) en su artículo “La metáfora como analizador social” - que en el concepto de “raíz cuadrada” haya ninguna influencia social, parece un concepto matemático, alejado de toda moda, completamente atemporal, sin embargo, la sociología del conocimiento nos demuestra que existe una clara influencia de una sociedad agrícola sumergida en el concepto, no es casualidad el uso del término “raíz”, ni del término “extraer una raíz”.

Bloor cita la curiosa teoría del filósofo británico John Stuart Mill (9) en su libro “Lógica”. Mill dejó caer indicaciones – poco tranquilizadoras pero apasionantes – sobre la naturaleza del razonamiento formal. Tomó como ejemplo el siguiente silogismo:

Todos los hombres son mortales
El Duque de Wellington es un hombre
Luego el Duque de Wellington es mortal

Según las reglas del silogismo, la primera premisa debe ser general para, por deducción, llegar a la conclusión que necesariamente debe ser particular.

Pero Mill tiene otra visión del silogismo. Si estás en condiciones de afirmar la primera premisa es porque sabemos ya de antemano que el Duque es mortal, y aquí viene su pregunta, ¿qué estamos haciendo cuándo concluimos o inferimos al final del silogismo?. El silogismo, ¿no está razonado circularmente?, la deducción real, ¿no incumple las reglas del silogismo?. La teoría de Mill es que el razonamiento procede de lo particular a lo particular, lo que denomina circularidad.

La inferencia de la mortalidad del Duque se basa en una generalización inductiva y en una asociación de ideas; la experiencia de los casos pasados permite hacer generalizaciones inductivas fiables sobre la muerte y éstas se extrapolan de manera intuitiva para respaldar casos que parecen muy similares a otros que ya acontecieron en el pasado. Mill dice que el verdadero proceso de inferencia consiste en el tránsito de los casos particulares conocidos a casos particulares del presente, por lo que el proceso de pensamiento involucrado no depende de la generalización soportada en la premisa ”todos los hombres son mortales”.

Para Mill esta forma que tiene el pensamiento de manifestarse inductivamente es consustancial a la naturaleza humana, naturaleza, añadiría yo, empírica. Si forma parte de la naturaleza humana, se trata de un acto universal y, sin duda, social. Y es ahí donde entra en juego, según Bloor, la sociología. Como ya hemos comentado una de las mayores sorpresas que proporciona la sociología es que la naturaleza social del ser humano se manifiesta tozudamente en la ciencia humana, hasta en la aparentemente más resistente a esta influencia: las matemáticas.

Para Bloor la lógica formal es un modo de expresar las cosas, una disciplina impuesta, una estructura más o menos artificial. Lo notable es el orden de causalidad y prioridad que revela el análisis de Mill. La idea central es que los principios formales de la razón son herramientas de los principios informales del razonamiento. La lógica deductiva es hija de las tendencias inductivas humanas, es el producto de una reflexión interpretativa a posteriori. Bloor define esta idea como prioridad de lo informal sobre lo formal.

¿Cómo se expresa la prioridad de lo informal sobre lo formal?. La respuesta es doble. En primer lugar, el pensamiento informal puede utilizar el pensamiento formal, puede tratar de fortalecer y justificar sus conclusiones predeterminadas fundiéndolas en un molde deductivo. La recíproca no es cierta, el pensamiento formal no puede permitirse el lujo de ser informal.

En segundo lugar, el pensamiento informal puede tratar de criticar, evadir, burlar o rodear los principios formales. En otras palabras, la aplicación de los principios formales es siempre un asunto potencial de negociación informal. Mill se refiere a esta negociación como un proceso interpretativo o hermenéutico (10), que atañe al vínculo que debe forjarse siempre entre una regla y cualquier caso que supuestamente caiga bajo esa regla.

Incorporé este relativismo lógico a mi ideología, hoy en día sigo pensando que la lógica formal es la forma más pura de pensamiento, ya que es la sistematización de la estructura del pensamiento humano. Pero no creo que sea la forma superior del pensamiento, se trata de una simplificación – en el sentido más positivo que podamos darle a esta palabra –de la misma forma que una ecuación simula un fenómeno concreto de nuestra realidad pero no refleja toda la realidad. Quizás esto sea evidente para muchos pero no ha resultado serlo para mí, hice todo un viaje que duró media vida para darme cuenta.

Y me acordé de aquella pareja con la que tanto conviví en mi juventud y me di cuenta que lo que tanto me intrigaba en aquel entonces, ahora tenía una solución matemática. El pensamiento informal es superior al pensamiento formal porque, entre otras razones, el primero engloba al segundo. Se puede usar a voluntad el uno o el otro, se puede justificar una idea informal en base a un razonamiento formal, las religiones son expertas en este arte.

No se puede ser totalmente informal porque el discurso resultante sería absurdo, pero se puede decir un absurdo y justificarlo formalmente, con lo que el discurso adquirirá “prestigio” y podrá pasar por cierto. Además te verás obligado a refutarlo formalmente necesitando un tiempo y un esfuerzo que resulta inconcebible si se tiene en cuenta la infortunada idea que le dio origen y, es posible incluso, que no puedas llegar a refutarlo. Es por esta razón por la que no se puede sustituir la metodología formal en la demostración de teoremas y, como no, en el método científico.

Lo que aquella joven esposa hacía era utilizar un técnica mixta formal-informal, mientras que su cónyuge se afanaba en razonar formalmente ella minaba el discurso de él con explosivos ilógicos que justificaba lógicamente. No podía perder. Esta estrategia la utilizaba inconscientemente, de manera natural e intuitiva, pero eso – en el fondo – da lo mismo. Las estrategias pueden ser conscientes o inconscientes pero, al fin y al cabo, son estrategias.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo


Notas especiales:

  1. Este artículo es una versión resumida de “La Manifiesta Superioridad del Pensamiento Informal sobre el Pensamiento Formal” del mismo autor, publicado en 2007 en la página de artículos de sociología de Carlos Manzano.


  1. La imagen de David Bloor está sacada del blog brasileño sobre filosofía “Colunas Tortas” del artículo “Causalidade em David Bloor”.


Notas:
  1. La lógica es una ciencia formal que estudia los principios de la demostración y la inferencia válida. La palabra deriva del griego antiguo λογική logikḗ, que significa «dotado de razón, intelectual, dialéctico, argumentativo», que a su vez viene de λόγος (lógos), «palabra, pensamiento, idea, argumento, razón o principio». La lógica tradicionalmente se consideró una rama de la filosofía. Pero desde finales del siglo XIX, su formalización simbólica ha demostrado una íntima relación con las matemáticas, y dio lugar a la lógica matemática. En el siglo XX la lógica ha pasado a ser principalmente la lógica simbólica, un cálculo definido por símbolos y reglas de inferencia, lo que ha permitido su aplicación a la informática. La lógica matemática estudia los sistemas formales en relación con el modo en el que codifican o definen nociones intuitivas de objetos matemáticos como conjuntos, números, demostraciones, y algoritmos, utilizando un lenguaje formal. La lógica matemática suele dividirse en cuatro subcampos: teoría de modelos, teoría de la demostración, teoría de conjuntos y teoría de la recursión. La investigación en lógica matemática ha jugado un papel fundamental en el estudio de los fundamentos de las matemáticas. Actualmente se usan indiferentemente como sinónimos las expresiones: lógica simbólica, lógica matemática, lógica teorética y lógica formal. La lógica matemática no es la «lógica de las matemáticas» sino la «matemática de la lógica». Incluye aquellas partes de la lógica que pueden ser modeladas y estudiadas matemáticamente.
  1. José Cuena Bartolomé 1937-1999. Doctor en Ingeniería de Caminos e Informática. Profesor de Lógica e Inteligencia Artificial en la Facultad de Informática de la Universidad Politécnica de Madrid. Dirigió sus estudios y labor académica a la lógica formal y la inteligencia artificial en esta última sobre todo al área de sistemas expertos.
  2. La geometría euclidiana, euclídea o parabólica es el estudio de las propiedades geométricas de los espacios euclídeos. Es aquella que estudia las propiedades geométricas del plano afín euclídeo real y del espacio afín euclídeo tridimensional real mediante el método sintético, introduciendo los cinco postulados de Euclides.
Euclides planteó cinco postulados en su sistema:
a)    Dados dos puntos se puede trazar una recta que los une.
b)    Cualquier segmento puede prolongarse de manera continua en cualquier sentido.
c)    Se puede trazar una circunferencia con centro en cualquier punto y de cualquier radio.
d)    Todos los ángulos rectos son congruentes
e)    Por un punto exterior a una recta, se puede trazar una única paralela a la recta dada.

  1. Kurt Gödel o también Kurt Goedel (en alemán [ˈkʊʁt ˈɡøːdəl]), (28 de abril de 1906 Brünn, Imperio austrohúngaro, actual República Checa – 14 de enero de 1978, Princeton, Estados Unidos) fue un lógico, matemático y filósofo austriaco-estadounidense. Reconocido como uno de los más importantes lógicos de todos los tiempos, el trabajo de Gödel ha tenido un impacto inmenso en el pensamiento científico y filosófico del siglo XX. Gödel, al igual que otros pensadores como Gottlob Frege, Bertrand Russell, A. N. Whitehead y David Hilbert intentó emplear la lógica y la teoría de conjuntos para comprender los fundamentos de la matemática. A Gödel se le conoce mejor por sus dos teoremas de la incompletitud, publicados en 1931 a los 25 años de edad, un año después de finalizar su doctorado en la Universidad de Viena. El más célebre de sus teoremas de la incompletitud establece que para todo sistema axiomático recursivo auto-consistente lo suficientemente poderoso como para describir la aritmética de los números naturales (la aritmética de Peano), existen proposiciones verdaderas sobre los naturales que no pueden demostrarse a partir de los axiomas. Para demostrar este teorema desarrolló una técnica denominada ahora como numeración de Gödel, la cual codifica expresiones formales como números naturales.
  1. En Sociología Divertida he publicado dos artículos que tienen relación con Gödel y sus teoremas son: El Sentido Común y El Teorema de Gödel y el Sentido de la Vida
  2. David Bloor (Derby, 1942) es un catedrático y ex director de la Unidad de Estudios de la Ciencia de la Universidad de Edimburgo, Escocia. Comenzó su carrera académica en el estudio de la filosofía y psicología. En los años 1970, él y Barry Barnes fueron las principales figuras del llamado "Programa fuerte en sociología de las ciencias" (también traducido como "Programa radical en sociología de las ciencias"), que sustentaba posiciones contrarias al positivismo en ciencia, atribuyendo esta posición a la "Escuela de Edimburgo". Su libro ‘Knowledge and Social Imagery’ (Routledge, 1976) es uno de los marcos de referencia del programa fuerte.
  3. El programa fuerte es una variante de la sociología del conocimiento científico particularmente asociado con David Bloor, Barry Barnes, Harry Collins, Donald A. MacKenzie y John Henry. Se le atribuye al programa fuerte una influencia sin precedentes en los Estudios de Ciencia y Tecnología (Latour 1999). La escuela de pensamiento, en gran parte con base en Edimburgo, ha ilustrado como la existencia de una comunidad científica, ligado a la filiación a un paradigma compartido, es un prerrequisito para la actividad científica normal. El programa fuerte es una reacción contra las sociologías previas de la ciencia, que restringían la aplicación de la sociología a las teorías falsas o fallidas, tales como la frenología. Las teorías fallidas podrían ser explicadas apelando a predisposiciones de los investigadores y las investigadoras, tales como entramados políticos o intereses económicos. El programa fuerte propuso que ambas, tanto las teorías científicas 'verdaderas' como las 'falsas' deberían ser tratadas de la misma manera, esto es, simétricamente. Ambas son consecuencia de factores y condiciones sociales, tales como el contexto cultural y el propio interés. Todo el conocimiento humano, al ser algo que existe en la cognición humana, debe contener algunos componentes sociales en su proceso de formación.
  4. Emmánuel Lizcano Fernández es licenciado en Matemáticas (en la especialidad de matemáticas puras), doctor en Filosofía y profesor titular de Sociología del Conocimiento en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Su trayectoria comprende trabajos de investigación y publicaciones centrados  en las relaciones entre el imaginario moderno y el tradicional, en particular, en los vínculos y conflictos entre saberes y prácticas locales, tradicionales, y el conocimiento científico o experto, sobre las relaciones entre las matemáticas académicas y las muy variadas formas de matemáticas indígenas o etnomatemáticas.
  5. John Stuart Mill (Londres, 20 de mayo de 1806-Aviñón, Francia, 8 de mayo de 1873) fue un filósofo, político y economista inglés de origen escocés, representante de la escuela económica clásica y teórico del utilitarismo, planteamiento ético propuesto por su padrino Jeremy Bentham, que sería recogido y difundido con profusión por Stuart Mill.
  6. La hermenéutica (del griego ἑρμηνευτικὴ τέχνη [hermeneutiké tejne], ‘arte de explicar, traducir o interpretar’) es el arte o teoría de interpretar textos, especialmente las escrituras sagradas y los textos filosóficos y artísticos. La hermenéutica moderna incluye comunicación tanto verbal como no verbal así como semiótica, presuposiciones y precomprensiones.



Bibliografía:

Lógica Informática
José Cuena Bartolomé
Alianza Informática
Madrid 1985

Conocimiento e imaginario social
D. Bloor
Gedisa
Barcelona 1998

La metáfora como analizador social
E. Lizcano
Revista Empiria nº 2 1999

Gödel, Escher, Bach un Eterno y Grácil Bucle
D.R: Hofstadler
Tusquets Editores
Barcelona 1987

Controversia sobre mentes y máquinas
Alan Ross Anderson
Tusquets Editores
Barcelona 1984

Introducción a la Metamatemática
S.C. Kleene
Editorial Tecnos
Madrid 1974





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