El Algoritmo del Museo Británico

La sala de lectura del Museo Británico según el gran dibujante belga Edgar P. Jacobs 



Nuestros recuerdos eran traidores y marchitos
Edgar Allan Poe, Ulalume

Tiene razón Poe, no hay nada más traidor que un recuerdo. Hay algunos tremendamente fuertes y muy lejanos en el tiempo que te parecen ciertos y a lo mejor son producto de tu imaginación, tengo muchos recuerdos de la infancia que pertenecen a esta categoría. Otros en cambio, son próximos en el tiempo pero débiles y te parecen propios de tu imaginación y sin embargo son reales. En todo caso, los recuerdos son flores marchitas en nuestra mente.

Tengo un recuerdo sobre el Museo Británico muy fuerte y, sin embargo, lo recuerdo en una atmosfera tan onírica que me parece producto de mi imaginación. Corría la primavera del año de 1976, Semana Santa, y yo andaba por Londres con el sexto de bachillerato del Colegio Salesiano San Rafael de Elche.

Me recuperaba de la emoción de la visita del museo, con tantas obras que había visto en las fotos de mi libro de texto de historia del arte, como el código de Hamurabi (1) o la piedra Rosseta por poner dos ejemplos. También me recuperaba de mi hambre adolescente y canina, estaba en la cantina del semisótano, hasta recuerdo que me estaba comiendo un “roast beef sandwich” que me estaba sabiendo a gloria - aunque claro puede ser invento de mi imaginación – y una “Pepsi(2). Cuando terminé llevé mi bandeja a un aparador de la pared y caí en la cuenta de una puerta de cristal, cerrada por una cadena y un candado. Me acerqué a mirar y vi algo maravilloso.

Era una biblioteca, una enorme sala de lectura circular, con una magnífica cúpula, con anaqueles llenos de libros hasta el comienzo de la cúpula y con pupitres para que los lectores se sentaran a leer dispuestos de forma radial, en el centro un mostrador de forma circular servía para que los bibliotecarios pudieran atender a los lectores. Nunca en mis dieciséis años de vida había visto nada igual.

Salí de la cantina corriendo y busque la puerta de aquel templo del saber, la encontré y la traspasé, pero no mucho, me quedé unos pasos más allá, boquiabierto, asombrado, supongo que con los ojos bien abiertos, intentando quedarme con el mayor número de detalles e incapaz de avanzar por si me pedían algún carné o alguna autorización y me echaban.

No sé cuanto tiempo estuve así, mirándolo todo, pudo ser un minuto o quince, me despertó de mi ensoñación un compañero que me dijo: “joer Barajas todos te estamos buscando, que el Danone  dice que nos vamos” y, con mucha pena, le seguí hasta donde estaba el resto de la clase, con el “Danone” – mote por el que era conocido el  director del colegio – a la cabeza (3).

La sala de lectura en la actualidad

Pocos años después, cuando estudiaba informática en la Universidad Politécnica de Madrid, oí hablar del algoritmo del Museo Británico que, como veremos más adelante tiene que ver con aquella magnífica biblioteca, y me retrotrajo al momento asombroso en que la descubrí desde la cantina del semisótano del museo.

Un algoritmo (4), como dice el diccionario de la Real Academia, es un conjunto ordenado y finito de operaciones que permiten resolver un problema. Si es finito, ordenado y constituido por operaciones concretas, puede ser realizado por una persona, o bien, se puede diseñar un programa de ordenador que lo lleve a cabo.

El concepto que hay detrás del algoritmo del Museo Británico es un procedimiento que consiste en generar todas las soluciones posibles a un determinado problema partiendo desde las más pequeñas o sencillas hasta las más complicadas y con más operaciones. Es un procedimiento iterativo que consiste en probar cada solución alternativa y si no funciona continuar con la siguiente así hasta que encuentras una solución que resuelve el problema (5).

El algoritmo del Museo Británico se refiere a una técnica conceptual no a una técnica que pueda ser llevada a la práctica, pues el número de veces que habría repetir el procedimiento sería enorme. En teoría, con tiempo suficiente, se lograría encontrar la solución óptima. Pero ese tiempo suficiente tendería a ser infinito, con lo que el algoritmo es intratable computacionalmente. Se utiliza mucho para desechar soluciones costosas, se dice “esa solución es como aplicar el algoritmo del Museo Británico”, con eso esta todo dicho, hay que buscar otra manera de hacer las cosas.

De hecho, Newell, Shaw y Simon (6) – los autores que formularon el algoritmo en 1958 – dejaron escrito: “Ya que les parecía que era tan razonable como colocar monos delante de máquinas de escribir para reproducir todos los libros de la biblioteca del Museo Británico”. Y de ahí le viene el nombre.

La idea es que el algoritmo en cuestión es como sentar un grupo de monos delante de máquinas de escribir, si tienen todo el tiempo del mundo, llegarán a escribir todos los libros que vi cuando era joven en aquella sala circular del Británico. Pero claro, ¿cuanto texto ininteligible producirían?.

No es la primera vez que en la historia de las matemáticas se utiliza el símil de los monos delante de máquinas de escribir para expresar una idea muy parecida. El matemático francés Émile Borel, en 1913, en su libro “Mécanique Statistique et Irréversibilité” usó la metáfora de los monos para ilustrar la magnitud de un acontecimiento extraordinariamente improbable. De hecho esa idea desembocó – y no es cachondeo - en el Teorema del Mono Infinito que afirma que un mono pulsando teclas al azar sobre un teclado durante un período de tiempo infinito “casi seguramente” (7) podrá escribir cualquier libro que se halle en la Biblioteca Nacional de Francia. Como podéis observar cada uno arrima su formulación a su biblioteca nacional. Por cierto este teorema es serio y tiene demostración.

En cualquier caso, tanto la formulación anglosajona – que se refiere más a la búsqueda de una solución computacional a un problema – como la formulación francesa – que se refiere a un teorema de la teoría de la medida – se basan en la misma idea: con tiempo infinito, de manera aleatoria, se puede conseguir cualquier cosa.

Y es ahí donde yo quería llegar. A mi me da que la Naturaleza en su desarrollo emplea el algoritmo del Museo Británico. Al parecer, si hacemos caso de la teoría cosmológica que más cuadra con la observación científica y las matemáticas aplicadas a la física – es decir la teoría del Big Bang -, todo comenzó hace 13.700 millones de años – aproximadamente mil millones arriba o abajo - a partir de una singularidad espaciotemporal de densidad infinita, a la que el dedo creador del demiurgo puso en expansión, y desde entonces se expande.

El caso es que vamos desde formas más simples y mayor orden cósmico a formas más complejas y mayor desorden cósmico. Aquí la cuestión del orden no tiene un sentido peyorativo ni moral pues no estamos pensando en orden público u orden social, estamos hablando de orden físico, de entropía (8). El Universo se autodefine combinando soluciones que, unas funcionan y siguen en su evolución, y otras que son caminos cerrados y se extinguen.

Cierto que el Universo no ha dispuesto de un tiempo infinito, sólo de 13.700 millones de años, pero no está mal el ratito, sobre todo si lo comparamos con la vida media de una persona.

Pareciera que el buen Dios puso al mono infinito del teorema a teclear sobre una galáctica máquina de escribir a redactar la historia del Universo y después se retiró a observarnos desde una dimensión a la que nosotros no tenemos acceso, si no es – como todo el mundo sabe – por medio de la oración. Eso si, existen restricciones en la aleatoriedad, deben cumplirse las leyes naturales y existe causalidad en la evolución hasta que se llega al final de uno de los caminos posibles.

Así que cuando los pobres humanos miramos una flor y la vemos tan bella, nos sentimos conmovidos, al menos los que hemos nacido con sensibilidad, y elogiamos a la Creación por haber llegado a hilar tan fino en el brocado de la vida. Pero si pensamos en todas las pruebas y errores realizados en estos últimos 13.700 millones de años hasta llegar a la flor la cosa pierde romanticismo y no dejas de pensar que así se las ponían a Felipe II (9).

En dónde mejor se puede apreciar lo que quiero decir está descrito en los últimos tramos de la historia del Universo, cuando el Sol – no olvidemos que es una estrella de tercera generación y que las galaxias ya habían dado muchas vueltas para cuando nació – se montó el chiringuito del Sistema Solar y entró en ignición, dando luz y calor al tercer planeta.

Y en ese astro pequeño, inocente y azul, durante años y años, se hicieron continuos experimentos – el mono seguía dándole a la tecla – con sustancias orgánicas y todo tipo de catalizadores hasta que, ¡puf!, apareció la primera célula capaz de crecer, reproducirse y morir, y desde entonces todo fue rodado. De las células simples a los organismos pluricelulares, de ahí a moluscos gigantes con aspecto de escudo normando, los peces teleósteos, los anfibios con forma de pez, los reptiles con forma de anfibio, los dinosaurios “espilberguianos”, los mamíferos entrañables y peludos, y todas las demás criaturas de la Creación.

Los humanos tendemos a pensar que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y, por tanto, todo estuvo organizado desde el principio en espera de que llegáramos nosotros. De hecho pensamos en un desarrollo lineal cuando la naturaleza ha usado una estructura en árbol y nosotros salimos de una de sus innúmeras ramas. No sé si Dios se basó en Él mismo para nuestro diseño, bajando el nivel de las especificaciones claro está, de lo que si estoy seguro es que hasta nuestra aparición no se siguió una línea maestra sino que de la máquina de escribir surgió un reglón con sentido, o bien, quizás seamos un renglón torcido, en cualquier caso somos unos de los infinitos renglones escritos.

Una de las cosas que nos distinguen a los humanos del resto de los seres vivos conocidos es nuestra capacidad para desarrollar una cosa que llamamos cultura. La cultura es un conjunto de conocimientos que permiten a las sociedades adaptarse al medio en el que viven con la utilización de todo un arsenal de medios materiales e instrumentos muy diversos que permite a las personas elevarse por encima de las posibilidades originarias fijadas por la lógica natural. Mediante la cultura los humanos recreamos un ambiente propio, que nos proporciona una gran autonomía sobre la naturaleza, con la cultura nos separamos de nuestra propia evolución, aunque a su vez – y paradójicamente – quedamos atrapados por la nueva lógica de nuestra obra histórica. Como dice el sociólogo español José Félix Tezanos, el ser humano es al tiempo artífice y esclavo de sus creaciones culturales.

Con el invento de la cultura las personas intentamos  rebelarnos contra la naturaleza, seguir nuestro propio camino para resolver nuestros problemas y en un momento dado empezamos a pensar – allá por los tiempos de Bacon y Galileo (10) - que éramos lo suficientemente fuertes como para dominarla, explotarla y someterla.

De esta manera, siguiendo nuestra lógica cultural, cuando resolvemos un problema concreto, no aplicamos el algoritmo del Museo Británico, no disponemos de tiempo infinito – la esperanza de vida en el planeta Tierra es de 69,6 años (11) -, no ponemos una hoja de papel en nuestra máquina y empezamos a teclear sin tino, sino que - cuando hacemos las cosas bien porque de cuando las hacemos mal más vale no hablar - estudiamos los problemas, los analizamos, los sintetizamos y parimos la mejor solución que encontramos.

Y así buscamos siempre la solución menos costosa, la que menos esfuerzo requiere, buscamos maximizar y minimizar según el caso, optimizar según las circunstancias. Pero, al hacer las cosas de esta manera y no poder hacerlas de otro modo, perdemos la visión que la Naturaleza tiene de las cosas, perdemos la perspectiva completa, holística, de cada cosa en función de todas las demás del Universo y claro, producimos los efectos colaterales.

Creamos el motor de combustión interna, magnífico para desplazarnos a velocidades muy superiores de las que podemos alcanzar con las características físicas que la Naturaleza nos dotó, pero contaminamos el aire. Curamos con un medicamento un tumor pero fastidiamos al hígado. Y, al contrario, buscamos un sustituto del marfil y encontramos el celuloide, buscamos algo para criar bacterias y descubrimos la penicilina que las mata, buscamos las Indias y encontramos las Américas (12). Creamos un motón de efectos no deseados, no como la Naturaleza que tardará millones de años pero encuentra la manera de criar bacterias o de matarlas de forma natural, y lo hace como nadie.

Quizás por eso lo natural tiene tanto prestigio en nuestra sociedad. En la publicidad, por poner un ejemplo, hasta el producto más artificial está elaborado de forma natural. De esta manera, los cosméticos, los medicamentos, la comida preparada, que tienen detrás complejos procesos de elaboración, se convierten en productos naturales. Sospecho que los publicistas, de manera inconsciente, intuyen que detrás de lo natural está el poderoso algoritmo del Museo Británico y saben que eso vende.

El caso es que vamos tirando, pero no sé por cuanto tiempo, Dios dirá. Le hemos ganado y le ganaremos miles de batallas a la Naturaleza, pero al final nos extinguiremos, ya veremos cómo, ya se apuntan maneras. Un buen día la Naturaleza cerrará nuestro experimento y el mono seguirá escribiendo como si nada.

Al final el buen Dios tenía razón, más sabe por viejo que por dios, hubiera sido un error poner a un hombre infinito delante de la máquina de escribir, hubiera querido escribir cosas con sentido desde el principio. El Universo ya habría colapsado hace tiempo. Un fanático religioso a los mandos de la máquina universal habría construido planetas como catedrales; un ingeniero, galaxias cuadradas que son más fáciles de guardar en un refrigerador y un banquero, ¿qué planeta tendríamos si escribiera los renglones torcidos un banquero?, ¡coño!, ¿a ver si Dios quitó en algún momento al mono y puso a un banquero?.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo



(1)    Luego descubrí que el código de Hamurabi era una copia, que el original está en el Museo del Louvre
(2)    Tengo un fuerte recuerdo de aquel rosbif pues no estaba comiendo muy bien desde mi llegada a Londres. En cuanto a la Pepsi, tengo que decir que estaba cabreado porque yo he sido siempre más de Coca Cola y no había manera de encontrar un sitio en el que me la vendieran.
(3)    El “Danone” era el mote del director del colegio, D. José Luis Mélida creo que se llamaba, sacerdote salesiano, se le llamaba el Danone por el yogur de está marca y porque según la mayoría del alumnado tenía mala leche. Tenía la costumbre de dar palmetazos en la espalda cuando se enfadaba con alguien y al tiempo que daba el golpe gritaba: “¡hermanito!”. Era un tipo alto y fuerte, norteño y daba un poco de miedo. Yo lo recuerdo como un buen profesor pero hay personas que guardan malos recuerdos de él.
(4)    Según el DRAE, la palabra algoritmo viene latín tardío “algobarismus”, y este del árabe clásico “hisabu igubarq”que significa cálculo mediante cifras arábigas. Según otras fuentes, la palabra algoritmo vendría del matemático persa Al-Juarismi versado en álgebra e introductor de los números árabes en nuestra vida.
(5)    La formulación del algoritmo del Museo Británico podría ser la siguiente: Generar todos los posibles códigos fuente de la longitud de un carácter. Para cada uno, comprobar para ver si se soluciona el problema. Si no es así, generar y comprobar todos los programas de dos caracteres, tres caracteres, Hasta que se encuentre un programa que solucione el problema. Conceptualmente, este algoritmo encuentra el programa más pequeño que resuelve el problema, pero en la práctica tiende a tomar una cantidad inaceptable de tiempo (más que la vida del universo, en muchos casos). (Fuente Wikipedia en inglés)
(6)    Herbert Simon, fue un auténtico personaje, economista, politólogo, teórico de las ciencias sociales y especialista en inteligencia artificial, premio Nobel de Economía en 1978 y premio Turing en 1975, curriculum impresionante con múltiples aportaciones en múltiples disciplinas científicas distintas. Para más información pulsad aquí.
Allen Newell fue un investigador en informática, inteligencia artificial y psicología cognitiva en la corporación RAND y en la escuela de informática de Carnegie Mellon, para más información pulsad aquí.
John Cilfford Shaw, informático y especialista en inteligencia artificial en Carnegie Mellon, para más información pulsad aquí.
(7)    “Casi seguramente” es un término matemático para expresar certeza dentro de un conjunto de valores que cumplen una propiedad, pero que no existe dicha certeza fuera del conjunto. No es que lo entienda muy bien pero aquí os pongo el enlace de la Wikipedia en francés por si queréis ampliar pulsad aquí y dentro ir a “presque sûrement”.
(8)    En termodinámica, la entropía (simbolizada como S) es una magnitud física que, mediante cálculo, permite determinar la parte de la energía que no puede utilizarse para producir trabajo. Coloquialmente, suele considerarse que la entropía es el desorden de un sistema, es decir, su grado de homogeneidad. La segunda Ley de la Termodinámica dice: la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo.
(9)    Por si esta frase coloquial no se usa en Latinoamérica, “A si se las ponían a” seguido del nombre de un monarca, que suele ser Felipe II, casi todos los Carlos (I, III, IV y V), y Fernando VII, viene a significar que cuando se es poderoso todo son facilidades. El origen más serio de la frase, según el académico José María Iribarren de la Real Academia de la Lengua y de la Real Academia de la Historia, es el siguiente: Fernando VII era un gran aficionado al billar, y no por ello buen jugador, pese a que consumía muchas horas taco en ristre. Sus colaboradores más directos sabían de la incurable egolatría regia y aprovechaban los 'descuidos' del monarca para recolocar las bolas en una disposición más sencilla para el 'lucimiento' del monarca. Éste, aparentemente ajeno a la maniobra, se dedicaba a rematar la faena con el aplauso de los pelotas de turno.
(10)    Me refiero a Francis Bacon (1561-1626) y Galileo Galilei (1564-1642) por sus aportaciones al concepto moderno de ciencia y al método científico.
(11)    Según datos del Banco Mundial
(12)    Al hecho afortunado de ir buscando una cosa y descubrir o encontrarse con otra se le conoce como serendipia. No es voz admitida por el DRAE.

Bibliografía:

La explicación sociológica
Una introducción a la sociología
2ª Edición
José Félix Tezanos
UNED
Madrid 1998

Apuntes de clase de Teoría de la Programación y Algoritmica que todavía conservo.

Wikipedia en español, inglés y francés.

El porqué de los dichos
11ª edición
José María Iribarren
Gobierno de Navarra
Pamplona 1998

La Conexión Permanente

El presente artículo es una reflexión sobre la nueva forma de vivir  que supone la posibilidad de estar conectado a Internet desde cualquier sitio y a cualquier hora, sin entrar a valorar si estos cambios sociales son buenos o malos que para eso habrá tiempo y otro artículo


 
Según la etnóloga y socióloga francesa Martine Segalen (1), que se ha especializado en la antropología de la familia, hasta tiempos históricos recientes la casa era un lugar exiguo y sombrío que sólo servía para el descanso y la comida.

Los hombres escapaban en cuanto podían, o bien a trabajar, o bien, en sus ratos libres, a tomar algo a la taberna a vacilar con sus amigotes o a jugar una partida de naipes o de dominó.

Las mujeres no escapaban del hogar porque no podían. Ellas eran las encargadas de los críos, de la limpieza de aquellos oscuros cuchitriles y de la preparación de las comidas. Estaba muy mal visto que una mujer casada y decente frecuentara tabernas, sobre todo solas o por la noche. Los papeles estaban asignados, el hombre traía el jornal a casa y tenía derecho a tener su rato de esparcimiento antes de retirarse a dormir.

El advenimiento sucesivo de diferentes tecnologías hizo de la casa, a lo largo del siglo XX, un lugar más limpio, iluminado y agradable. Gracias a los detergentes y a los electrodomésticos las casas son más higiénicas y limpias,  la luz eléctrica las ilumina y, gracias a la radio primero y después a la televisión, el hogar se fue convirtiendo en un lugar de entretenimiento en familia. El hombre regresó al hogar al menos en parte, la competencia del bar en España siempre ha sido muy fuerte, este es un país meridional con una cultura abierta a la calle, lo cierto es que ahora se suele ir a la taberna en pareja.

Este regreso masculino se vio reforzado por la mejora del nivel de vida. El esposo efectuó inversiones en la vivienda para mejorarla, compró bienes de consumo útiles para toda la familia. En lugar de conservar un peculio para sus finalidades personales, el esposo consagró una mayor cantidad de sus ingresos a la compra de bienes de uso colectivo. Así, en la década de 1960 en España, las familias empiezan a reunirse en torno al televisor y en la década de 1970 ya es un fenómeno completamente normal.

Mi madre, que en paz descanse, se quejaba mucho en aquella época de que no hablábamos, de que nos limitábamos a sentarnos en la salita a ver “Bonanza”, “Ironside”, “El Último Café” o “1, 2, 3, responda otra vez”. Yo creo que más que anularla, lo que hacía la tele era dirigir la conversación hacia las vicisitudes de la familia Cartwright o lo bien que lo hacía Kiko Legard ocultando la calabaza a los concursantes.

Todo esto estaba pensando yo el otro día cuando estaba en el salón de mi casa viendo la televisión con mi familia. Y me preguntaba que diría mi madre si pudiera vernos ahora, probablemente pensaría que estamos locos. Los cuatro estábamos viendo la tele pero, al mismo tiempo, mi mujer estaba con el portátil, mi hijo mayor con una “tablet”, y mi hijo pequeño y yo estábamos con nuestros teléfonos móviles. Mi mujer y yo "tuiteábamos" (2) y mis hijos “guasapeaban(3). Si, mi madre hubiera pensado que estamos rematadamente locos.

Sin embargo se trata de un comportamiento muy normal, no somos en mi familia unos bichos raros. Según los laboratorios de consumo de Ericsson (Ericsson Consumer Lab), en un estudio realizado en doce países de los cinco continentes entre los que se incluye España, el 62% de las personas que ven la televisión están conectadas al mismo tiempo a las redes sociales. Y el porcentaje de personas que ven la televisión y navegan por Internet al mismo tiempo sube hasta el 80%. Curiosamente este comportamiento se da más en las mujeres que en los hombres, un 69%, debe ser por la famosa capacidad de las féminas de hacer varias cosas al mismo tiempo. En cambio son los hombres los que más comentan en las redes sociales lo que están viendo en ese momento, va a resultar que somos más cotillas.

Si nos centramos en España, según el Informe de 2011 para la sociedad de la información de Telefónica, un 36,2% de los internautas están accediendo a contenidos multimedia, es decir, escuchan música o ven películas, al mismo tiempo que navegan por Internet. Y agarraos, un 37,4% está dándole a un videojuego y navegan al mismo tiempo, que para mí es el colmo de la conectividad por distintos canales a un mismo tiempo y del “friquismo(4) más absoluto.

El desembarco de todas estas tecnologías en nuestros hogares  tiene necesariamente que cambiar los comportamientos sociales y familiares, a este respecto me gustaría contar con un libro de Martine Segalen pero mucho me temo que se quedó en los tiempos en que la televisión mató a la estrella de la radio, o al menos, yo no he encontrado ningún trabajo de ella en este sentido.

La radio y la televisión devolvieron al marido al hogar, le cautivó la posibilidad de disfrutar del ocio en su propio hogar, en una época en la que todavía estaba socialmente aceptado que dictara el comportamiento familiar sin contar con la mujer. Pero hoy en día no veo peligro de que la gente se quede cautiva en casa, enamorada de sus aparatitos, como parecía que iba ocurrir cuando a Internet sólo se accedía desde conexiones fijas. La gran revolución de los últimos tiempos, sobre la revolución anterior representada por la tecnología ADSL – vivimos en un mundo de revoluciones tecnológicas sucesivas y tremendamente rápidas - ha sido la movilidad.

De los 47 millones de habitantes que tiene España, el 69,2% son internautas, si nos fijamos en el segmento de edad de entre los 16 y los 24 años, el porcentaje sube hasta el 96,6. De todos los internautas, el 55,4% se conecta desde un dispositivo móvil, es decir, aproximadamente unos 16 millones de personas se conectan a Internet desde cualquier parte, no sólo en la tranquilidad de su domicilio. Internet, tiene la propiedad que antes sólo se atribuía a Dios, de ser ubicuo. De esta forma, sólo tienes que mirar a tu alrededor, en cualquier parte que estés, en el autobús, en el metro, en la sala de espera del médico, en un partido de fútbol o en un concierto, siempre verás a alguien escribiendo sobre una pantalla táctil en un teclado increíblemente pequeño para el tamaño medio de los dedos de un adulto normal.

Eso en lo referente al espacio, pero también hay – si es posible utilizar este término en este sentido - ubicuidad en el tiempo. La conexión es permanente en el espacio y en el tiempo. El 24,5% de los internautas está conectado las 24 horas del día, en realidad esto no significa que no duerman o que no vayan al baño o que no realicen ninguna otra tarea que no sea navegar por Internet, sino que tienen la conexión activada continuamente, ya sea realizando tareas de descarga o simplemente permaneciendo a la escucha de alguna aplicación. Uno de cada cinco jóvenes se conecta a Internet después de acostarse, de hecho yo he tenido palabras al respecto en casa. Muchos de nosotros vivimos una vida digital paralela a nuestra vida real conectándonos en cualquier sitio, a cualquier hora y por múltiples canales diferentes.

El teléfono móvil – o celular como se dice por América – inteligente o telefonía móvil de tercera generación (5), más conocido por “smartphone”, es el centro de la vida digital, el 63,4% de los dispositivos móviles son “smartphones”. Entre 2011 y 2012 el número de conexiones desde el móvil ha crecido más de un 300%.

Pero los dispositivos móviles no son nada sin las aplicaciones, las famosas “apps". Las “apps” son programas que se ejecutan en el dispositivo móvil pero van a buscar sus datos a Internet. Las hay a miles para las cosas más variopintas, desde las que nos dicen los horarios de trenes de cercanías o el tiempo que va hacer, pasando por todo tipo de videojuegos, por las fuentes RSS (6) que nos mantienen informados segundo a segundo, hasta el último grito, las aplicaciones de lo que ha venido en llamarse “realidad aumentada” (7), que permiten combinar la información del mundo real que nos rodea superponiéndola con información virtual, por ejemplo, situado en un punto concreto de Madrid te informa de todos los establecimientos de tu interés que tienes por los alrededores de esa posición.

Todas estas aplicaciones, gratuitas o no, se descargan de tiendas virtuales como Apple Store o Play Store, tan solo con pulsar unos pocos clics. En 2012, en España, se produjo una media de 2,7 millones de descargas diarias y los usuarios diarios de este tipo de aplicaciones han pasado de 5 millones en 2011 a 12 millones en 2012.

También han cambiado nuestros hábitos de compra o la manera de comunicarnos con nuestros amigos o la forma que tenemos de relacionarnos con las administraciones públicas. El 27% de los internautas son compradores “online”, mi mujer entre ellos que le ha cogido el gusto a alguna tienda “online” y a veces encargamos la compra vía Web al supermercado. El 67% de los usuarios busca en Internet información sobre productos y el 62% buscan recomendaciones. La gente confía más en las recomendaciones de foros y redes sociales que en los anuncios de la televisión. Ahora se da el caso de que antes de reservar en un hotel o de recurrir a cualquier servicio se echa una ojeada a lo que dicen otros consumidores, de manera que el boca a boca adquiere un nuevo significado y los negocios han de preocuparse por tener una buena imagen en Internet. Las compras mediante comercio electrónico han aumentado en un 19,3 % en el último año.

También Internet es una fuente de información en cuestiones relativas a la sanidad, en 2011, el 46,6% de los usuarios ha utilizado los recursos de información de la red en actividades relacionadas con la salud, de los cuales, el 82,5% buscaba información, pero existen servicios para pedir cita médica o para compartir información hospitalaria. Conozco el caso, no muy habitual todavía, de un médico de familia de la Seguridad Social que se comunica con sus pacientes mediante redes sociales, de manera que les proporciona información útil, como que un determinado día no tendrá consulta porque está en un congreso médico o les da consejos de profilaxis ante la epidemia de gripe. En las redes sociales, en los foros especializados, las personas comparten experiencias incluso se opina sobre la cocina de los hospitales de la misma manera que, como hemos comentado antes, se opina de la calidad de los hoteles.

El 91% de las personas sigue opinando que la conversación cara a cara, el hablar con el semejante teniendo al semejante delante, es la forma de comunicación mas agradable y reconfortante, como se puede ver todavía no nos hemos deshumanizado. No obstante, la conexión permanente en la que vivimos muchos, nos permite recuperar gentes de nuestro pasado que hacía tiempo que no sabíamos nada de ella y, resulta también, una herramienta – sobre todo mediante las redes sociales – que fomenta la comunicación entre las personas. Según el estudio para la sociedad de la información de 2012 de la Fundación Telefónica, el usuario medio comunica por el teléfono fijo con 7,2 personas al día, por SMS con 9,6, 10,3 por conversación telefónica móvil, en persona con 22,7 y a través de las redes sociales con 25. Es decir, que se contacta, se intercambia información con más personas mediante redes sociales que a través de cualquier otro medio.

A este respecto de la comunicación interpersonal me gustaría dar dos datos más que considero muy significativos. En primer lugar señalar que el mayor uso que se da a Internet no es la descarga de archivos, ni la consulta de contenidos, ni cualquier otro servicio de los que tenemos en mente, la causa por la que la gente se conecta más es para comunicarse con otras personas, 4 de cada 5 internautas utiliza la red para este fin.  El segundo dato resalta que esa comunicación emplea varios canales diferentes, se calcula que los usuarios utilizan una media de 4,2 canales distintos en esas comunicaciones.

En los últimos años las Administraciones Públicas han hecho un considerable esfuerzo por estar al día y han desarrollado la Administración Electrónica. De esta manera los organismos públicos han puesto en marcha el concepto de sede electrónica que consiste en un espacio en Internet en el que se pueden realizar trámites desde casa o desde el dispositivo móvil sin tener que pasarse por la sede real a hacer colas, con la ventaja adicional de poder resolver asuntos a cualquier hora del día. Los datos indican que las personas que utilizan estos servicios electrónicos están más satisfechas que con los servicios presenciales. El año pasado 14,7 millones de ciudadanos obtuvieron información de los puntos de acceso electrónico de las administraciones, se descargaron 10,2 millones de formularios y, de ellos, el 80% fue cumplimentado y enviado por medios telemáticos. Se calcula que en 2011 la administración electrónica ahorró a las empresas 3000 millones de euros y generó negocios por importe de 600 millones.

La importancia económica de Internet es impresionante, representa el 3,4% del PIB mundial y el 2,2 del PIB español. No deja de ser sorprendente que, a pesar de que España tiene la economía estancada por no decir en franca recesión, las cifras de desarrollo de actividades relacionadas con Internet estén creciendo en los valores porcentuales que hemos visto en los párrafos precedentes. La pregunta inmediata que surge es, ¿qué pasaría si siguiéramos en aquella juerga económica que acabó en 2008?, ¿qué ocurriría con las cifras si no estuviéramos inmersos en esta terrible crisis?.

Internet se ha metido en nuestras vidas. Nos relacionamos de forma diferente en nuestras familias, con nuestros amigos, en nuestro trabajo y nuestro ocio, en nuestra forma de consumir, en nuestra manera de ver a la administración, en general en todo nuestro entorno vital. Hasta el punto de que podemos hablar de que llevamos una doble vida, una real y otra digital o virtual paralela, o mejor dicho, de paralela nada, están ambas imbricadas e inseparables. Todavía es posible vivir sin Internet, de espaldas a la sociedad de la información, pero cada vez es más difícil. Se habla de brecha digital para referirnos a las diferencias que hay entre grupos de población según su capacidad de utilizar las tecnologías de la información y de las comunicaciones de forma eficaz, debido a los distintos niveles de alfabetización, edad, carencias, problemas de accesibilidad o de medios tecnológicos, constituyendo una nueva forma de desigualdad y marginación. No está lejos el día en que dicha brecha suponga una barrera infranqueable.



Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo e informático

Notas:

(1)    Martine Segalen es profesora y directora del departamento de sociología y antropología de la Universidad de Paris X desde 1996, diplomada del Instituto de Estudios Políticos de París en 1960, Doctora en Etnología en 1984, investigadora del Centre National de Recherche Scientifique entre 1986 y 1996, directora del Centro de Etnología Frances desde 1986 a 1996. Es especialista en antropología histórica de la familia.
(2)    “Tuitear” es enviar mensajes, “tuits” o “tweets”, mediante el programa Twitter. Twitter es una red social para el intercambio de mensajes cortos.
(3)    “Guasapear” es una forma españolizada de expresar la acción de enviar mensajes mediante el programa de mensajería instantánea “WhatsApp”.
(4)    Friki o friqui (del inglés freak, extraño, extravagante, estrafalario, fanático) es un término coloquial para referirse a una persona cuyas aficiones, comportamiento o vestuario son inusuales. La Real Academia Española ha acabado, en 2012, por añadir la entrada «friki» al avance de la vigésima tercera edición de su diccionario. Dicho diccionario define «friki» con tres acepciones, una de ellas refiriéndose a toda "persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición".
(5)    En España hay varios operadores que han empezado a ofrecer servicios de telefonía móvil de cuarta generación que está completamente orientada a proveer servicios de Internet – se trata de una red IP - a altas velocidades de transmisión – hasta 100 Mbps en movimiento y 1Gbps en reposo, lo que supone anchos de banda digital equivalentes a una red de área local Ethernet.
(6)    Fuentes RSS, se utiliza para difundir información actualizada frecuentemente a usuarios que se han suscrito a la fuente de contenidos. Por ejemplo si te suscribes al servicio RSS de El País recibirás en tiempo real las noticias que el periódico vaya publicando. A este sistema se le denomina también como redifusión web o sindicación web (una traducción incorrecta, pero de uso muy común).
(7)    Realidad aumentada. Si quieres obtener más información pulsa aquí


Bibliografía

Martine Segalen
Antropología histórica de la familia
Editorial Taurus
Madrid 1992

La Sociedad de la Información en España 2011
Fundación Telefónica 2012

La Sociedad de la Información en España 2012
Fundación Telefónica 2013

Enlace para ambos informes:
http://www.fundacion.telefonica.com/es/que_hacemos/conocimiento/publicaciones/index.htm?serie=informe

Muy Interesante
El 62% de las personas que ven la televisión usan al mismo tiempo las redes sociales
http://www.muyinteresante.es/tecnologia/articulo/el-62-de-las-personas-que-ven-la-television-en-el-mundo-usan-al-mismo-tiempo-las-redes-sociales

Wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portadarg

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La sociología: La ciencia que molesta




La sociología es como un deporte de combate:
Se utiliza para defenderse, no para dar golpes bajos
Pierre Bourdieu (1)

Para la sociología ha llegado el momento de renunciar
a los éxitos mundanos, por decirlo de alguna manera, y
de adquirir el carácter esotérico que conviene a toda ciencia
Émile Durkheim (2)
Las reglas del método sociológico. Conclusión

Durante muchos años, durante muchos siglos, desde que se inventó la agricultura y el ser humano se hizo sedentario hasta que el mundo se industrializó, la forma de vivir de las personas era más bien sencilla, lo que no quiere decir que fuera fácil. 

Se vivía en comunidades estables. La gente nacía, crecía, trabajaba, se casaba y moría como había hecho la generación anterior, como sus abuelos y bisabuelos. No había grandes cambios, se obedecían a los mismos poderes, el señor era el señor, al señor lo sucedía su hijo y a éste el nieto. Las ideas que gobernaban el mundo eran prácticamente las mismas, Dios te había puesto en tu lugar y Él sabía por qué, y a ver quién era el guapo que discutía ese orden divino. Y en las creencias lo mismo, no diré que al cura le sucedía el hijo del cura por motivos obvios, pero al cura le sucedía otro cura semejante que amenazaba con los mismos castigos ante los mismos pecados y ofrecía el mismo consuelo ante los mismos sufrimientos, consuelo y resignación, una buena receta para mantener el status quo. El parroquiano de aquellos entonces no viajaba, raramente salía de su comarca, conocía su aldea, las aldeas vecinas y el pueblo importante más próximo, en donde se celebraban, los días de mercado, las ferias donde colocar los productos que obtenía de la cosecha o del ganado.

¿Para qué se necesitaba entonces una ciencia como la sociología?, pues francamente para nada. Bastaba con los escritos sociales de unos cuantos filósofos griegos actualizados con la visión cristiana de la vida.

A finales de siglo XVIII concurren dos hechos que cambiaron el mundo, estos acontecimientos no fueron espontáneos sino que venían gestándose desde el renacimiento e incluso desde finales del medievo.

Desde el punto de vista político se produjeron las revoluciones liberales, la americana y la francesa, que supusieron el derrumbe del Antiguo Régimen y advenimiento de la burguesía como clase social dirigente. Y desde el punto de vista económico y social se produjo la revolución industrial que cambió para siempre el modo de producir.

En pocos años, las personas se vieron afectadas por estos cambios, se mudaron de lugar de residencia, el campo se empezó a vaciar y las ciudades a llenar, las gentes cambiaron su forma de trabajar, sus estilos de vida, sus costumbres y sus ideas. No estoy seguro de que las nuevas formas de vivir fueran más fáciles que las de antaño pero estoy seguro de que la sencillez de la sociedad preindustrial se fue perdiendo. La sociedad se hizo mucho más compleja.

Tal complejidad, la cuestión social decían, hizo que entre los pensadores  se fuera difundiendo un sentimiento de “sociedad en crisis”. La reflexión sobre la sociedad se convirtió en foco de atención del pensamiento en un momento en que la ciencia estaba alcanzando un enorme prestigio como explicación del mundo, e incluso, como solución a los problemas prácticos. La ecuación estaba planteada y la solución era inmediata, la aplicación del método científico al estudio de la sociedad: la sociología.

Y desde entonces, desde mediados del siglo XIX, la sociología ha ido estudiando los problemas sociales, elaborando teorías – y alguna certeza - que explicaban comportamientos y estrategias de los grupos sociales, de las clases sociales, de instituciones, de las religiones, de la ciencia y el conocimiento, en definitiva de cualquier actividad humana de carácter social. Y en eso seguimos cuando nos acercamos a los dos siglos desde que el bueno de Augusto Comte (3) inventara el término “sociología”.

La ciencia, en general, representa la búsqueda de la verdad admitiendo que la verdad absoluta es una quimera. Se trata de aproximarse lo máximo a la verdad, según el conocimiento de que se disponga en cada momento, reconociendo que se puede estar equivocado y dejando una puerta abierta para corregir las ideas que se tenían sobre algún fenómeno por otras que se aproximen más a la verdad buscada. Es un proceso continuo de perfeccionamiento del conocimiento que tenemos de la naturaleza a sabiendas de que la perfección no es de este mundo. Y esto es así, al menos en teoría, en la práctica habría que decir que hay más resistencia al cambio de lo que queremos reconocer. Hay que pensar que incluso en el mundo de la ciencia, más predispuesto por idiosincrasia al cambio de opinión, hay mucha resistencia dicho cambio.

Y es que la verdad, aparte del asuntillo de que a mi me da que en términos absolutos es inalcanzable, tiene otro problema. La verdad tiene sus propietarios, los dueños de la verdad. Para mí que ser dueño de la verdad es como ser dueño de los océanos o amos del espacio interestelar, pero ellos se lo toman muy en serio, una propiedad al fin al cabo es una propiedad. Los dueños de la verdad, en cualquier ámbito de la actividad humana, reaccionan mal ante la crítica inteligente, ante la disensión fundamentada.

En los casos en que la ciencia ha dinamitado viejas verdades el abanico de reacciones ante la crítica ha sido de lo más variopinto, respuestas que van desde la mera agresividad hasta la violencia. La historia está llena de ejemplos, recordemos al pobre Galileo (4) desdiciéndose ante la perspectiva de la hoguera o a Miguel Servet (5) cuyo libro “Restitución del Cristianismo” le llevo tanto a la hoguera católica como a la calvinista, sólo que fueron estos últimos los que le pillaron. Ahora no te llevan a la hoguera gracias a Dios - que hemos progresado un poquito - pero todavía hay opiniones que no sientan muy bien. No hace mucho Stephen Hawking (6) vino a decir que había otras explicaciones más sencillas a la creación que el dedo creador de Dios y el Vaticano no reaccionó con alegría a la ocurrencia.

Si las declaraciones de astrónomos, físicos, médicos, e incluso, matemáticos no han sentado bien en algún momento a ciertos sectores, con los sociólogos es el pan nuestro de cada día. El sociólogo siempre fastidia a alguien, menos mal que – como hemos visto - la sociología se inventó cuando ya se habían desmontado las hogueras, en caso contrario hubiéramos tenido algún mártir en nuestra profesión al que dedicar el patronazgo de los colegios profesionales.

¿Y por qué el sociólogo y su ciencia provocan ese efecto?. En  primer lugar por el objeto de la sociología: el estudio científico del funcionamiento de las sociedades humanas. Tengamos en cuenta que cualquier poder esta montado sobre una especie de mitología, sobre una ideología justificativa.  Puede ser por ejemplo que la democracia representa a todas las personas, que la justicia es ecuánime, que los puestos se reparten según reglas meritocráticas o que los líderes son infalibles. Y hay mucha gente cómoda con estos mitos, para empezar los propios interesados en que el status quo se mantenga pero no solo ellos.

Esto hace que ya de partida cuando se ponen en cuestión esas “verdades”, la sociología moleste porque nos enseña lo que una gran parte de la gente prefiere no ver, al menos en los tiempos de bonanza económica, porque ahora mismo existe un fuerte sentimiento de indignación, en parte porque las élites exhiben sus miserias sin ningún pudor.  Pero hasta no hace mucho los barómetros sociales indicaban que la gente tenía en muy buen concepto a las principales instituciones del país, se encontraban razones incontrovertibles sobre lo buenas que eran las mayorías absolutas y de los beneficios que aportaba un sistema bipartidista. Sin embargo, cuando estudias esas mismas instituciones con la mirada del sociólogo, analizas su funcionamiento real no el funcionamiento pretendido, profundizas en las estrategias que siguen para el mantenimiento de privilegios y desigualdades y no te crees la ideología que desarrollan para su legitimación. Y esto, haya o no haya crisis.

En segundo lugar, ese mismo estudio del funcionamiento de la sociedad entra de lleno en el terreno de la ideología de las personas. La mirada sociológica cuando analiza como funciona toda actividad social realmente y no como desearíamos que funcionara, lo quiera o no, interviene en las luchas por las distintas concepciones del mundo. Cuando se analiza a una religión - o a la propia ciencia para que no se diga que sólo me meto con la religión - como una construcción social con una historia concreta y no como algo de origen divino o cuasi divino se levantan ampollas, sobre todo en las instituciones religiosas o en las instituciones científicas.

En tercer término se me ocurre que a los que detentan el poder no les gusta la sociología, la quieren en los departamentos de las universidades, en los círculos académicos, de manera que puedan aprovechar sus aportaciones teóricas y prácticas que puedan serles útiles, pero lejos de divulgarlas con carácter general pues contienen ideas que de extenderse pueden resultar peligrosas.

Por último, la sociología parece que hace a veces de una especie de Pepito Grillo, de una suerte de conciencia social que no sienta muy bien a los que se sienten aludidos. Esto se ve favorecido por las constantes preguntas que reciben los sociólogos con predicamento a golpe de micrófono, preguntas a las que se ven obligados a dar una respuesta sin darles tiempo a reflexionar, hay incluso sociólogos de cabecera listos siempre para dar una opinión de urgencia y, por supuesto, hay sociólogos comprometidos con multitud de causas diferentes. Y todo esto hace que sea fácil argumentar que qué clase de ciencia es esa que permite en su seno tanta variedad de opiniones y tantos juicios de valor diferentes sobre un mismo hecho. Pero la razón última vuelve a ser el objeto de la sociología.  El sociólogo observa los fenómenos sociales perteneciendo o formando parte de la sociedad, es como si el físico estudiara el choque de móviles montado dentro de uno de ellos en vez de observar desde el exterior mediante instrumentos de medida. ¿Hasta que punto el sociólogo es independiente de los problemas que estudia?.

El gran sociólogo Max Weber (7), era partidario de una sociología libre de valores. El sociólogo debía apartarse de los valores de su sociedad, debía hacer un esfuerzo por observar los fenómenos sociales desde la distancia, como el físico y los móviles. Muchos piensan que por mucho esfuerzo que se realice esto no es posible del todo. En el otro extremo se colocan los sociólogos de la Escuela de Francfort (8) que opinan que el sociólogo ha de inmiscuirse en los problemas, proponen una sociología militante. Este es un debate inagotable y el mejor argumento de los que opinan que la sociología no es una ciencia.

¿Y que pasa cuando la sociología incomoda con sus explicaciones?. ¿Cómo se comportan las instituciones cuando su verdad se ve amenazada?. ¿Cómo reaccionan los particulares cuando una teoría o un concepto desmitifica una creencia muy firme?.

Pues ocurre con demasiada frecuencia que no atacan a la teoría o al concepto con contraargumentos que sería lo aceptable. Es un mecanismo muy común la descalificación. ¿La sociología es acaso una ciencia?, ¿este o aquel autor tienen suficiente rigor?, ¿dónde están las ecuaciones que describen ese comportamiento?, ¿para qué sirve la sociología?, ¿es útil?, ¿acaso cumple una función?, ¿es que cura a la gente o sirve para construir casas?.

Yo mismo que soy sociólogo a tiempo parcial, un pobre escribidor que pretende divulgar conceptos sociológicos, he recibido este tipo de críticas, que no entran en las razones y argumentos que expongo sino en mi propia identidad, se me suele calificar de autor poco riguroso. Lo cual además, al menos cuando me dedico a divulgar, es totalmente falso, primero porque cuando divulgo un concepto no soy un autor en sentido estricto y, segundo, porque el rigor que empleo es el rigor y la autoridad del científico social cuya teoría o concepto estoy explicando no del mío propio. ¡Oiga usted métase con Weber si se atreve y no conmigo!.

Pero hay que reconocer que estas críticas no caen en saco roto. Existe una clara obsesión por dejar claro que la sociología es una ciencia. José Félix Tezanos (9) en su libro “Introducción a la Sociología” dedica casi 30 páginas a demostrar que la sociología es una ciencia, pero no es una excepción, se publican con frecuencia artículos y libros que explican la naturaleza científica de la sociología. Que Emilio Durkheim dedicara su libro “las reglas del método sociológico” a hacerlo es lógico pues se trataba de poner en el mundo académico a una disciplina nueva, pero que sigamos a estas alturas con lo mismo sólo está justificado como respuesta a este tipo de ataques.

Es muy común estudiar en los primeros cursos de las facultades de sociología – lo que por cierto no me parece mal - filosofía de la ciencia, que yo sepa esto no se estudia en la Facultad de Ciencias Físicas – lo que me parece mal -, claro que también es cierto que nadie duda de la física como ciencia al primer revés que se sufre. No se suele oír: “Oiga usted que la fuerza es la masa por la aceleración”, “¡no estoy de acuerdo!, ¿Es acaso la física una ciencia?”.

También está detrás de esa permanente puesta en cuestión de la misma esencia de la sociología, nuestro amor por las encuestas y por la estadística como ciencia en general. A veces da la sensación que más que como método de análisis de la realidad como justificante de que lo que hacemos es ciencia de verdad. Durante la carrera, la estadística es la asignatura más temida, más que nada por la falta de base matemática de los estudiantes de sociología, pero cuando ya eres sociólogo es la herramienta fundamental. Como dice la socióloga Rosana Claver (10), la estadística se ha convertido en un método efectivo para describir con exactitud los valores de datos económicos, políticos, sociales, psicológicos, biológicos o físicos, y son la herramienta fundamental para relacionar y analizar dichos datos. Hasta tal punto ocurre esto que pareciera que sin investigación cuantitativa no hay sociología que valga sino en todo caso filosofía social.

Al final vamos a tener que dar las gracias a nuestros descalificadores pues nos hacen andar con pies de plomo, nos hacen ser más formales en nuestros métodos y a estar armados contra la crítica fácil, ahora bien, seguimos y seguiremos molestando.

La sociología es molesta, ¡qué le vamos a hacer!, pero muy necesaria. Alguna herramienta tiene que haber para describir los procesos sociales en unos momentos en que tenemos disciplinas científicas para todo. Si la sociología se hizo necesaria después de unas décadas convulsas de revoluciones políticas y socioeconómicas, hoy es más necesaria que nunca en un mundo que vive de nuevo revoluciones políticas y socioeconómicas. En una sociedad que es preindustrial, industrial y postindustrial, global y local, moderna y postmoderna, de la información y del conocimiento, adhocrática, burocrática, postburocrática y mcdonaldizada, del pensamiento único y multipolar, y, ¡todo al mismo tiempo!. Evidentemente, si no la tuviéramos ya,  deberíamos inventarla.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo


Notas:

(1)    Pierre Bourdieu fue uno de los más destacados representantes de la sociología de nuestro tiempo. Si deseas ampliar información sobre su vida y obras pulsa aquí
(2)    Emile Durkehim, sociólogo francés, uno de los padres de la sociología, el primer catedrático de sociología. Para consultar más pulsa aquí.
(3)    Augusto Comte, filósofo positivista y para algunos el primer sociólogo, lo que si está confirmado es que inventó el nombre de sociología. Si quieres saber más pulsa aquí.
(4)    Galileo Galilei fue un astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano que estuvo relacionado estrechamente con la revolución científica. Para ampliar información sobre Galileo pulsa aquí.
(5)    Miguel Servet  fue un astrónomo, metereólogo, geógrafo, jurista, teólogo matemático y médico español del siglo XVI que descubrió la circulación pulmonar. Para ampliar información pulsa aquí.
(6)    Stephen Hawking, físico teórico y cosmólogo británico famoso por sus trabajos en el campo de las singularidades espaciotemporales en la relatividad general y en el estudio de los agujeros negros. Para más información pulse aquí.
(7)    Max Weber, sociólogo alemán considerado otro de los padres de la sociología. Para más información pulsa aquí.
(8)    La Escuela de Francfort, grupo de investigadores que formaron parte del Instituto de Investigación Social de Francfort que desarrollaron la teoría crítica en sociología. Formaron parte de este grupo Adorno, Habermas y Horkheimer entre otros. Para obtener más información pulsa aquí.
(9)    José Félix Tezanos, sociólogo español, catedrático de sociología de la UNED. Dirige la Fundación Sistema y es miembro de la Academia Europea de Ciencias, Artes y Letras de Paris, así como de los Consejos de Redacción de las revistas REIS (Revista Española de Investigaciones Sociológicas), RIS (Revista Internacional de Sociología) y EMPIRIA (Revista de Metodología de Ciencias Sociales), es autor de más de una treintena de libros y de cientos de monografías científicas sobre temas de estructura social, sociología política, tendencias sociales y ciencia, tecnología y sociedad.
(10)    Rosana Claver Fraile, socióloga española, investigadora de la Fundación IS+D para la Investigación Social Avanzada y autora del blog “Mi profe de estadística”

Bibliografía

La explicación Sociológica
una introducción a la Sociología
2ª Edición
José Félix Tezanos
UNED
Madrid 1998

Teoría Sociológica Clásica
George Ritzer
3ª Edición
McGraw-Hill
Madrid 2001


Los orígenes de la Teoría Sociológica
María C. Iglesias, Julio R Aramberri y Luis R. Zúñiga
2º Edición
Akal
Madrid 1989

¿Para qué sirve la sociología?
Marina Oybin
Revista Ñ (periódico Clarín de Buenos Aires)
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/politica-economia/Marx-Durkhiem-Weber_0_921507854.html


¿Qué es la sociología?
Juan Carlos Barajas
http://sociologiadivertida.blogspot.com.es/p/articulos.html

Para qué sirve la Estadística
Rosana Claver Fraile
Mi profe de Estadística

http://miprofedeestadistica.blogspot.com.es/p/blog-page_23.html


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El Taichi

El autor en el campeonato de España de Wushu realizando la forma de 42 movimientos Yang
 
Cuando en los años ’70 cursaba yo el bachillerato en el Colegio Salesiano San Rafael de Elche, tenía un profesor de Educación Física de cuyo nombre no me acuerdo pero de su apodo sí. Le llamábamos “el Lute” como el famoso forajido español de la segunda mitad del siglo XX (1).

No es que el “Lute” fuera mala persona, no venía de ahí su mote, es que  era un portento de la naturaleza, un hombre muy fornido, más dotado de músculo que de inteligencia abstracta. Parecía un legionario veterano de las guerras de África, un Millán Astray sin mutilaciones (2).

Yo no estaba precisamente entre sus favoritos, pues – aunque siempre me gustaron los deportes de equipo, se me daba bien el fútbol – nunca entendí el correr por el correr sin llegar a ninguna parte, ni el subir una cuerda para volver a bajarla, ni el saltar al potro porque todo lo que sube inevitablemente baja e intentaba convencer con razones lógicas a aquel hombretón de la inconveniencia de tales ejercicios, y él respondía a este esfuerzo con cincos pelados porque en aquel entonces en la asignatura de gimnasia no se suspendía a nadie.

Un día insistió en que había que saltar un instrumento de tortura conocido como “plinto”, consistente en una serie de cajas rectangulares de madera que se encajaban una encima de otra hasta alcanzar una altura variable dependiendo del número de cajas que se pusieran. La última caja tenía pegado un colchón de “skai” para evitar daños mayores.

Aquel día el “Lute” había decidido que ya éramos mayores y añadió una caja más. Una vez montado el artilugio se puso a buscar una víctima entre sus adolescentes pupilos para probar las nuevas dimensiones del plinto. Yo me sentí un candidato con muchas probabilidades pues había hecho algún comentario de fina ironía acerca de ciertas actividades de la clase. Y así fue. Pero no se lo puse fácil, dotado para el camuflaje de forma natural, me despisté entre los muchachos de mayor tamaño, aún así, con mucha constancia me supo encontrar y me dijo – cómo a él le gustaba comunicar las malas noticias – mirándome a los ojos y señalándome con el dedo: “Barajas tu serás el primero”.

No me supe negar. Todavía mandaba en España el invicto caudillo, un profesor podía darte una bofetada y quedarse tan ancho, y una bofetada del “Lute” era más de temer que el salto que se me solicitaba.

Así que me apresté para el salto, corrí y me la pegué. La cajita que había añadido resultó decisiva. Caí del lado opuesto llevándome el colchón de “skai”. Al dolor de la costalada se unió el dolor al amor propio a resultas de la carcajada general de toda la clase de 3ºB.

Y en el suelo me dí cuenta de que o hacía algo o iba a convertirme en el hazmerreír para el resto del bachillerato. Y me vino la inspiración. Los ejercicios gimnásticos siempre se acababan poniendo los brazos en cruz. Así que me levanté, hice como que me limpiaba el polvo y extendí mis brazos como si hubiera saltado perfectamente. La clase advirtió en el gesto toda la intencionalidad que yo quería darle y continuó riéndose pero de otra manera, dejaron de reírse de mí para reírse conmigo haciendo comentarios acerca de lo cachondo que era “el Barajas”.

Pero lo más sorprendente es que el “Lute”, que había permanecido impasible hasta ese momento con cara de pocos amigos, no pudo contener la carcajada, me dio un abrazo agarrándome por el cuello y me frotó la mano por encima de la cabeza – allí dónde años después perdería el pelo – y me dijo: ¡eres la hostia Barajas!”. Aquella evaluación me puso un ocho.


El cuerpo del delito, un plinto estándar

Cuento esta anécdota porque yo no he sido - como podéis comprender por esta historia que os he contado – un gran deportista. Correr, saltar o colgarme no han sido actividades de mi gusto - me han parecido siempre pertenecientes a un estado evolutivo anterior de las personas - a no ser que fuera por una razón de peso como el hecho de introducir un balón esférico en una portería. Y sin embargo, en plena madurez, con sobrepeso, con mil cosas en las que pensar, con decenas de compromisos ineludibles, un deporte me ha atrapado y lo practico desde hace trece años. Este deporte se llama taichi o taichi chuán (3).

El taichi es una de las artes marciales internas chinas (4) y, como arte marcial, todos los movimientos corresponden a defensas y ataques, sólo que, con el tiempo ha ido adquiriendo un cierto sentido – me da un poco de miedo el decirlo por que no se me malinterprete – físico-espiritual.

Físico porque es un ejercicio, un deporte con claros beneficios para la salud. En China, el país de origen del taichi, es un deporte que practican gentes de todas las edades, desde niños a ancianos. Es muy común verles en los parques públicos, en los trabajos, en las azoteas de las casas, en las encrucijadas de las calles haciendo los movimientos de taichi con la armonía, la fluidez y la naturalidad del que ha aprendido su técnica desde muy temprana edad.

El sentido espiritual – aunque podríamos calificarlo también de intelectual - del taichi viene de que constituye una técnica de meditación en movimiento. Cada movimiento requiere de un enorme trabajo de concentración: la posición de los pies y de las rodillas, la colocación de la cadera, el movimiento de las manos y la mirada acompañándolas, la relajación de codos y hombros, el cuello y la respiración acompasada, profunda. Tienes que estar tan pendiente de todos estos elementos que el tiempo no pasa, los problemas no existen, tú eres el único que vive en el Universo conocido. De hecho, cuando se hace el taichi en grupo y te tienes que ajustar al ritmo general de los otros, el taichi para mi pierde parte de su esencia, pues tu respiración no es igual a la de los demás, tu centro de gravedad no está exactamente en el mismo lugar que el de tu vecino y tienes que ceder parte de la satisfacción en aras de la sincronía del grupo, aunque resulta también una actividad reconfortante, aparte de ser  un bonito espectáculo.

Lo esencial de la práctica del taichi está representado por las llamadas formas, consistentes en secuencias de movimientos que se siguen unos a otros en una sucesión, que si se hace bien, debe ser fluida; de manera que el observador no distinga cuando termina un movimiento y cuando empieza el siguiente. Las formas representan una lucha contra un adversario imaginario y los movimientos son ejercicios de defensa y ataque.

Los movimientos tienen distintos nombres que nos permiten identificarlos. Los nombres, herederos de la civilización y la filosofía china, son de una belleza poética sin par. Por ejemplo, entre otros muchos tenemos, “la grulla blanca extiende sus alas”, “separar la crin del caballo”, “rechazar al mono”, “acariciar el cielo con manos como nubes” y, mi preferido, “clavar la aguja en el fondo del mar”. Al parecer estos nombres tienen un significado hermético imposible de trasladar a otras lenguas y culturas cuando se traducen del chino.

El taichi no es único, existen multitud de estilos que se han ido formando a lo largo de la historia. Unos son más marciales y otro más suaves, pero todos son taichi. Las formas se identifican generalmente por el número de movimientos de que constan y por la escuela o estilo al que pertenece. Así por ejemplo tenemos la forma de 24 movimientos del estilo Yang, la forma de 18 movimientos de estilo Chen o la forma de 18 movimientos de estilo Wudang.

Existen también formas con arma (5), son especialmente bonitas las formas con abanico y con espada. El lector aceptará sin problemas a la espada como arma, hay abundante tradición histórica en esto de causar daño al prójimo con una espada, ahora bien, el uso del abanico como arma no deja de ser una novedad. En la China antigua los caminos no eran muy seguros y los monjes y otras personas, de natural pacíficas, debían protegerse con aquello que tenían más a mano. Los abanicos de los que hablamos tenían filos de cuchilla en sus varillas, pero tranquilos, los que usamos nosotros no, si no a estas alturas no me quedarían dedos y no estoy dispuesto a sacrificar tanto por la práctica de este deporte.

También existe la modalidad de taichi a dos o “tuishou”  en el que ambos practicantes se enfrentan tocándose con sus brazos o manos. En un ciclo continuo, uno de ellos ejerce presión sobre el otro, que cede a esa presión y la neutraliza, para pasar él mismo a continuación a ejercer presión sobre su compañero (6). Es complicado pues no sólo tienes que controlar los movimientos propios sino interpretar los del compañero. Conseguir fluidez y armonía en estos movimientos representa una gran labor de concentración y de conocimiento del otro.

En general todas estas técnicas requieren de mucho tiempo de aprendizaje. El que no tenga paciencia no está muy preparado para la práctica del taichi. La buena noticia es que uno puede aprender lo básico de cada forma, lo que nosotros llamamos “el gran movimiento”, e irse perfeccionando poco a poco. Nunca dejas de perfeccionar, esa es precisamente otra de las cosas que me hacen atractivo este deporte, siempre hay detalles que aprender o mejorar.

A mí personalmente, las formas largas, digamos que a partir de 18 movimientos, me ha costado aproximadamente un año aprenderlas. Las cortas, aproximadamente seis meses. Pero ese es el principio, debes seguir practicándolas para mejorarlas.

Para mí, hay dos principios básicos en el taichi. En primer lugar está la suavidad. La suavidad entendida como la necesidad de moverse de manera natural, relajada, suelta, fluida y con la respiración acompasada al movimiento. Si en el movimiento estiras el cuerpo y los brazos, expiras, si encoges el cuerpo y los brazos, inspiras.

En segundo lugar está conseguir adaptar el taichi a tu cuerpo. Es evidente que todos tenemos unas condiciones físicas diferentes. Unos somos más bien gordos, otros flacos, unos jóvenes, otros no tanto. Yo no puedo bajar tanto como un joven, ni subir la pierna hasta la altura de mi pecho, pero eso no significa que no pueda hacer taichi bien. Es más, si yo, que no puedo, intentara llevar a mi cuerpo a posturas que no me puede dar, entonces no estaría haciendo taichi. El taichi no se ha hecho para sufrir sino para disfrutar. El taichi se ha hecho para conocer tu cuerpo y darte equilibrio, en el sentido físico y ético, no para castigarte con disciplina de acero.

Podría hablaros de la filosofía que rodea al taichi, podría hablaros de lo que medicina tradicional china dice acerca de los beneficios que aporta una buena gestión del “chi” – esa energía cósmica de cultura china que circula por nuestros meridianos, que captamos telúricamente del suelo a través de los pies y del Cosmos a través de la cabeza -, incluso podría hablaros de los beneficios que la práctica de este deporte ha aportado a mis amigos; pero resulta que yo soy occidental, cartesiano, la única energía que conozco se mide en julios y las experiencias de los demás son de ellos, yo no las he vivido, así que ese es un camino que yo no puedo transitar.

Pero lo que si puedo hacer es contaros mi experiencia personal. Practico taichi por las noches, después de una jornada de trabajo y de vida en una ciudad bastante estresante como es Madrid, llego agotado y de mal humor al tatami. Después de hacer varias formas, soy otra persona, como si me acabara de levantar, lleno de energía como si me hubiera tomado un bote de azucarillos y, sobre todo, con la mente libre de runrunes y con un punto de optimismo, que ya es difícil con el carácter más bien pesimista que tengo.

Cuando durante el verano dejo de hacer taichi con asiduidad me vuelven los torticolis, los dolores musculares y las tensiones. Pero sobre todo, hace unos años pasé por un serio problema de salud que me afectó, entre otras muchas cosas a la musculatura. Me hicieron muchas pruebas médicas. Me dijeron que tenía los músculos de las piernas anormalmente desarrollados, que eso me salvaba de quedarme postrado, que qué deporte practicaba, cuando les dije que tan solo hacía taichi me dijeron que sería otra cosa, rugby o fútbol o algo así me dijo la analista, “¿pero me ve usted edad de hacer rugby?”, le contesté. Por cierto que me salvó la medicina occidental, que todo hay que decirlo.

En general hay en nuestra sociedad bastante ignorancia acerca de lo que es el taichi. Hay algunos que directamente no saben lo que es, otros recuerdan una especie de baile lento que hacen los chinos y acompañan el comentario con gestos grotescos - al menos para nosotros los iniciados - que quieren parecerse a los movimientos que alguna vez han visto en algún documental o a algún loco solitario en la playa o en el parque. Por ahí me he encontrado con alguno que piensa que los que practicamos taichi somos una especie de secta, vegetarianos, budistas y no sé cuantos disparates más, y les sorprende que alguien como yo – tan poco dado a lo que ellos consideran extravagancias - se dedique a estos menesteres. Pocos saben que es un arte marcial y tienen una idea que, aunque leve y superficial, sea más o menos exacta de lo que es el taichi.

Esta ignorancia generalizada se produce a pesar de que desde los años ’60 ha habido un florecimiento en Occidente de algunas características culturales que provenían de Oriente. De alguna manera se buscaba en las culturas orientales lo que faltaba en la nuestra, una cierta orientación hacia el interior de nosotros mismos. La cultura occidental, se decía, busca dominar el entorno externo, Oriente nos lleva a buscarnos a nosotros mismos, representa una mirada a nuestro interior, luego hemos visto que también se les da bien esto de dominar el mundo. A esta tendencia no fue ajena el acercamiento a la cultura india de los “Beatles” y del movimiento “hippie”. Y con este acercamiento se empezó a hablar del yoga como medio para alcanzar esos beneficios internos o, al menos, como medio para la relajación ante una civilización que cada vez más exigía soportar unas buenas dosis de estrés.

A este movimiento se añadió una mayor publicidad de cultura china en los ’70. Cierto romanticismo revolucionario que contemplaba con buenos ojos a la revolución maoísta, mezclada con notas de filosofía taoísta que nos llegaban a través de series de televisión como Kung-Fu (7), Frontera Azul (8) – aquella serie japonesa sobre la novela homónima china – o las películas de Bruce Lee y su “be water my friend”. Todo esto nos hizo saber que había una filosofía, una antiquísima sabiduría china, muy lírica pero respetable, y una serie de artes marciales que cultivaban el espíritu y el cuerpo. Este fue el sustrato cultural sobre el que muchos de mi generación nos acercamos a lo chino.

Hoy en día, el tremendo poder político, económico y militar de China, hacen que veamos a todo lo que proviene de allí de otra manera. Todavía entendemos que tienen que mejorar el control de calidad de sus productos, que tienen que distribuir mejor la riqueza – aunque quiénes somos nosotros para dar lecciones -, y que un poquito de democracia no les vendría mal, pero vemos a los chinos de otra manera. Hay más respeto por su cultura milenaria.

En China la gente practica taichi a todas las edades, cuando son jóvenes como complemento a la práctica de artes marciales que exigen de mayor agilidad y fuerza, los mayores lo hacen como técnica medicinal que aporta múltiples beneficios. La práctica del taichi forma parte de su cultura. En España es distinto, es un deporte minoritario, lo suelen practicar personas de edad madura, algunas influenciadas por alguien para resolver algún problema físico, o para evitar el deterioro de las articulaciones, para lo que el taichi es idóneo. En cualquier caso yo se lo recomiendo a todo el mundo, independientemente de la edad, sexo y condición. Es realmente saludable.

A veces pienso que si el “Lute” pudiera verme hacer esos extraños movimientos sinuosos y sínicos, se partiría de la risa y me diría al oído: “Barajas, eres la hostia”.


Juan Carlos Barajas Martínez
Practicante de taichi y sociólogo



Dedicatorias

Al “Lute” dondequiera que esté, por haberme hecho correr, saltar, arrastrarme más allá del mero hecho de seguir a una pelota.

A Presen, mi maestra de taichi - la reina de la armonía de la mano con el pie, el codo con la rodilla y el hombro con la cadera – que me ha enseñado todo lo que sé y sé que me enseñará mucho más todavía en el futuro.

A todos los compañeros del club de taichi Jie-Shao, sobre todo, a mi querido grupo y en especial a Gerardo y María Eugenia, el taichi no sería lo mismo sin compañeros como ellos.


Notas:

(1)    Eleuterio Sánchez Rodríguez (El Lute) fue un famoso fugitivo español de los años ’60 y que actualmente es abogado y escritor, después de estudiar derecho en la cárcel. Fue tan famoso que se han hecho películas y canciones sobre él, una de las más conocidas internacionalmente fue la del grupo disco “Boney M”. Mi recuerdo sobre él está unido a una noche de vuelta en el coche a Miraflores de la Sierra con mi familia y en la llamada “Cuesta de los pobres”, una pareja de la Guardia Civil nos detuvo y lo primero que hizo el guardia fue meter la metralleta por la ventanilla del conductor mientras nos apuntaban con sus linternas, nos dieron un susto de muerte, y recuerdo que mi padre se quejó gritando “oiga que somos una familia” y el guardia, avergonzado, decir “es que buscamos al Lute”. Para ampliar información sobre el Lute pulsad aquí.
(2)    José Millán Astray fue un militar fundador de la Legión española que fue herido varias veces en combate y tenía varias mutilaciones. Para ampliar información acerca del Millán Astray pulsad aquí.
(3)    Como todas las palabras procedentes del chino la palabra taichi tiene muchas transliteraciones al alfabeto latino. Yo he utilizado la forma taichi que es la admitida por el diccionario de la Real Academia. Por cierto, según dicho diccionario, taichi es: “m. tipo de gimnasia china, de movimientos lentos y coordinados, que se hace para conseguir el equilibrio interior y la liberación de energía”. Lo de gimnasia chirría un poco la verdad.
(4)    Para saber más sobre las artes marciales internas pulsad aquí
(5)    Las armas son: espada recta, sable, vara larga, vara corta, vara de tres metros, el abanico, la lanza y la alabarda china
(6)    Las cuatro fuerzas básicas de taichi son peng (la fuerza que sube), lu (la fuerza que desvía), ji (la fuerza que presiona) y an (la fuerza que empuja), las cuatro fuerzas se usan en la práctica del tuishou y alguna o varias están presentes en todos los movimientos de las formas.
(7)    La serie de televisión Kung-fu contaba las andanzas de un monje Shaolin por los Estados Unidos en el siglo XIX. Fue una serie tremendamente popular que mezclaba recuerdos en el templo con retazos de filosofía con una acción en tiempo presente en la que el monje tenía que reparar alguna situación y dar algún mamporro. Para ampliar información acerca de esta serie pulsad aquí
(8)    La Frontera Azul – ¿quién de mi edad no se acuerda del Liang Shang Po? -, otra serie mítica de los años ’70. Trataba de guerreros invencibles en la antigua china. Inolvidable su comienzo cuando una voz en “off” decía: “no desprecies a la culebra porque no tenga cuernos, quizás se reencarne en dragón”, que no sabíamos muy bien lo que quería decir pero impresionaba un montón. O aquella otra frase genial “los templos tienen las puertas abiertas y están vacíos, las cárceles tienen las puertas cerradas y están llenas”.  Para ampliar la información pulsad aquí.

Notas adicionales:

1. Hay múltiples páginas web que hablan de taichi basta con googlear un poco. A mi me gusta aprendetaichi.com
2. Si quieres empezar a practicar taichi yo buscaría un club serio ya que en esta historia hay mucho fraude y mucho aprendiz metido a maestro. El taichi está integrado como deporte asociado en la Federación Española de Judo. Yo buscaría en las páginas web de las federaciones regionales, por lo menos en la de Madrid hay una lista de clubes. Yo pertenezco al club Jie-Shao de Las Rozas.
3. Aunque es un poco discordante con la filosofía del taichi, al menos yo lo veo así, si estás federado puedes acceder a grados o cinturones. Los cinturones en taichi son amarillo, naranja, verde, azul, marrón y negro. Para alcanzar estos grados tienes que dominar diversas técnicas y realizar correctamente distintas formas, evidentemente cada vez más complejas conforme vas avanzando.
4.  Se puede competir en taichi, a mi personalmente también me parece un poco discordante con la filosofía de este deporte, pero se puede hacer. Hay diversos campeonatos. Destaca el campeonato de España. La competición consiste en la realización de una forma ante un jurado de árbitros que puntúan la ejecución, la técnica, la armonía, etc. 
5. La Wikipedia tiene artículos bastante correctos acerca de el taichi, wushu, etc.

La forma de 10 movimientos Yang, la más fácil y corta.
(La chica lo hace realmente bien)

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