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Acerca de los Himnos Nacionales





No voy a ser yo el que critique a la cantante Marta Sánchez (1) por haber compuesto una letra para nuestro himno nacional, defiendo la libre expresión de los creadores independientemente de su credo, nacionalidad, ideario y mayor o menor calidad en su obra; es más, me apena que a otros artistas les quiten las fotografías de una exposición o les condenen a penas de cárcel por expresarse con peor o mejor gusto. La osadía de la Sra. Sánchez ha venido a intentar tapar una carencia, y es que es la nuestra una de las cuatro naciones del mundo cuyo himno carece de letra.

Desde que oí la nueva versión cantada de nuestro himno no dejo de preguntarme si era realmente necesario acometer esa patriótica tarea. Entiéndaseme bien, no reniego de nada, soy español y “mucho español” como dice un filósofo de lo obvio muy sobrevalorado en las urnas, pero siempre he creído muy cierta aquella frase que se atribuye a Mathama Ghandi (2): “Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”. Por eso a mí me parece que es un signo de buen gusto y discreción no tener letra, porque para decir gilipolleces ya están las letras de los himnos de otros países.

Cierto es que, cuando la selección española se enfrenta en un partido de fútbol, acompañar la música con un tatareo de tipo “chunda chunda”(3) nos resulta un pelín humillante o ridículo, hay que tomarse un par de cervezas o estar bien oculto en una multitud antes de lanzarse a gritar las notas musicales del himno. Pero más allá de esto, si lo pensamos bien, no necesitamos letra alguna. 

Y si este resultara un problema inaguantable para una parte importante de la población siempre podríamos recurrir a una letra deportiva – con una estrofa dedicada al gol de Iniesta por supuesto (4) – exclusivamente pensada para este tipo de eventos; sin ninguna otra intención política o social. Con ello superaríamos la interminable sucesión de letras y contraletras que a lo largo de la historia han ido surgiendo de la mente de ilustres poetas – empezando por José María Pemán (5), continuando por Joaquín Sabina (6) y terminando por la Sra. Sánchez – que no nos han satisfecho puesto que no se han impuesto como definitivas.

Pero, ¿cómo habrían de satisfacernos?, ninguna letra nos resultará adecuada, han pasado los tiempos del romanticismo nacionalista salvo en los estímulos de ciertas periferias y en la respuesta de ciertos centralismos; la gente tiene otras prioridades, ya no es la época de las canciones populares que derivan en himnos, ni de las gestas heroicas del pasado que merecían cantares. Puede que vuelva la moda, pero ahora mismo parece que no van por ahí los tiros.

Para apoyar lo que afirmo, podemos estudiar los himnos de otros países y ver si nos resultan sensatos, al fin y a la postre, para los que no sabemos idiomas, las letras de los demás nos resultan tan ininteligibles como nuestro “chunda chunda” patrio, quizás en el “a-les-anfans-de-la-patrí” o “doichland-ube-ale” se encuentra escondido algún mensaje poco edificante. Me aventuro a pensar que no pondríamos ninguna de esas las letras en nuestra Marcha Real (7).

Para empezar vamos a hacer un poco de historia. Un himno es una composición musical emblemática de una nación, junto con la bandera y el escudo son los símbolos que identifican un Estado. Tienen su apogeo durante el siglo XIX, el siglo del romanticismo, el de la expansión del nacionalismo por el mundo. 

La mayoría de las letras, conforme a ese espíritu romántico son llamadas a la tradición, al lirismo, a lo bonitos que son nuestros ríos, nuestras mujeres o nuestros amaneceres de verano. Algunos más modernos tienen referencias ideológicas – no en balde el siglo XX fue el de las ideologías, al menos hasta 1989, cuando alguien decretó el fin de la historia - ¿cómo olvidar el himno de la extinta Unión Soviética?. Muchos de ellos hacen referencia al enemigo exterior que esconde aviesas intenciones invasoras o perversas maneras colonialistas; a este respecto los holandeses deberían olvidarse ya de España que ya han pasado unos cuantos siglos de las guerras de Flandes. En general se trata de mostrar la superioridad de la nación cantada sobre las otras del mundo, siendo casi siempre la más bella, la más grande y con la gente más valiente.

En este contexto la Marcha Real española es muy marginal. No nació para loa de una nación, la verdad es que podemos decir que era una música que “pasaba por allí”. Era una marcha militar de paseo de los Granaderos del Rey y era más bien apagada, con sólo pífanos y tambor, porque esta gente desfilaba con bastante parsimonia. Carlos III la convirtió en marcha de honor en 1770 y, como se tocaba en todos los actos, la gente la fue aceptando como himno oficial hasta que se oficializó de verdad en tiempos de Isabel II.

Hay quien quiere ver en esta carencia de letra un signo de que España es en cierto modo un Estado fallido. Bueno, no voy a discutir esta arriesgada afirmación, pero si tuviera que apoyar este pensamiento tendría otros muchos argumentos de mucho mayor peso. Para mí que el hecho de que no se trate de una canción popular, que no surgiera de una revolución, que no naciera en un período de unificación nacional o de esplendor imperial, o que se adoptara antes del boom de los himnos nacionales, tiene mucho que ver en la especificidad de la Marcha Real.

Empecemos por el himno de himnos: “La Marsellesa”. Es un himno de origen revolucionario por eso tiene una letra un tanto sangrienta, nada acerca de la belleza de la campiña francesa ni de los vinos ni quesos que tan buenos les salen. Eso sí, aunque militar, es una letra defensiva, ya que llama a formar batallones a los ciudadanos para defender  la patria de un furibundo invasor. “¿Oís el bramido de aquellos feroces soldados?.../ ¡vienen a degollar a vuestros hijos y esposas!…/ ¡A las armas ciudadanos formad vuestros batallones!,/ ¡qué una sangre impura inunde nuestros surcos!”. Digo yo que esta letra está muy bien cuando haces una revolución popular rodeado de reinos enemigos con monarquías absolutas, pero, en un partido de fútbol entre Francia-España en el Parque de los Príncipes se me antoja excesivo.

El himno alemán parte con ventaja musical, se limitaron a tomar prestada una pieza del gran músico austríaco Franz Joseph Haydn (8) – la “Canción del Emperador” - y a ponerle letra. Se encargó de esta labor un tal Hoffman muy comprometido con la unidad de Alemania, es decir, el himno – llamado literalmente “Canción de Alemania” – tuvo todo de su parte desde el comienzo, se impulsó durante el proceso de unificación alemana y en pleno boom de los himnos nacionales. 

La letra nos deja claro desde el principio que Alemania está por encima de todo. Es verdad que algunos dirigentes históricos se tomaron este mensaje al pie de la letra. Pero más allá, el himno es muy lírico, demuestra una pasión indisimulada por cuatro de sus ríos: el Mosa – que actualmente no pasa por Alemania -, el Niemen – que tampoco toca la Alemania actual -, el Adigio – que todavía la toca menos - y el Belt – que es un canal que pertenece a Dinamarca. ¿Y el Rhin?, ¿y el Danubio?, que sí pasan. 

Sigamos con las tonterías, la segunda estrofa dice: “Mujeres alemanas, lealtad alemana, vino alemán y canciones alemanas/ nunca deben perder en el mundo su buena fama de siempre / y deben siempre inspirarnos a hazañas nobles a lo largo de toda nuestra vida./ ¡Mujeres alemanas, lealtad alemana, vino alemán y canciones alemanas!. He sabido de bellas mujeres nacidas en Alemania y he escuchado música magnífica de aquel país, pero, ¿vino?, ¿no era Alemania un país cervecero?, comparado con Francia o España los alemanes haciendo vino son unos aficionados.

Hay una tercera estrofa añadida por la república federal actual que hoy es la parte oficial del himno y que habla de libertad y democracia, pero las dos primeras se siguen cantando. En resumen, una letra que habla de ríos que no son alemanes y de un vino que no producen. A lo de la democracia y la libertad me apunto. En fin, de todas formas, para estos mimbres prefiero no tener letra.

El británico es un himno con texto dinámico según tengan rey o reina, es el famoso “Dios salve al/a la Rey/Reina”. Es el himno monárquico por excelencia, se centra en apoyar al monarca como cabeza de la nación, que Dios le inspire para que tome buenas decisiones, lo que no deja de ser gracioso en una monarquía en la que el rey reina pero no gobierna. Tiene, ¡Cómo no!, una estrofa dedicada a los enemigos para que Dios los confunda, queden sus trucos al descubierto y los mantenga a raya.

El himno de los Estados Unidos, como el francés, es un himno bastante militar pero defensivo, no son ellos los que atacan, sino que hay un pérfido invasor que amenaza a la tierra de la libertad, lo que puede que esté en consonancia con los primeros tiempos de aquella república, pero no coincide mucho con la superpotencia de las últimas décadas. 

También hay una referencia a Dios en la tercera estrofa: “¡Oh, así sea siempre, en lealtad defendamos nuestra tierra natal contra el torpe invasor!./ A Dios quien nos dio paz, la libertad y honor, /Nos mantuvo nación, con fervor bendigamos./ Nuestra causa es el bien, y por eso triunfamos. /Siempre fue nuestro lema: «En Dios Confiamos»”.

El himno italiano, “Il Canto degli Italiani” (el canto de los italianos), tiene un texto de unificación como el alemán pues sus procesos de unión nacional se produjeron más o menos por la misma época. Pero, en vez de lírico y ensalzador de la patria como el texto alemán, es muy militar. La diferencia se podría deber a que Italia tuvo que guerrear, no sólo entre los reinos que se resistían o apoyaban la unión, sino contra el imperio austríaco y, de hecho, en la letra hay un recadito a Austria: “Ya el águila austríaca ha perdido las plumas”.

“A portuguesa” el himno de Portugal, surgió como reacción al ultimátum británico de 1890 (9) y, por consiguiente, es muy guerrero. “¡A las armas, a las armas!/ Sobre la tierra, sobre el mar,/¡A las armas, a las armas!/¡Por la patria luchar!”, dice el estribillo. Es irónico que la letra fuera un calentón ante el toque del gobierno de Lord Salisbury por un problema colonial en África, lo digo porque el tratado internacional en vigor más antiguo lo firmaron ambas naciones en 1373 (10), era un tratado de amistad y cooperación por cierto. No te puedes fiar ni de los viejos amigos.

Los himnos latinoamericanos tienen letras hijas de sus procesos de independencia. Con este origen, no es extraño que destaquen por su militarismo y su liberalismo. Con el tiempo, algunos países como Argentina han corregido el texto original dulcificándolo un poco, sin embargo mantienen - más discretamente - ese espíritu liberal y patriótico. La canción argentina no hace ninguna referencia al fútbol ni al tango, dos grandes aportaciones de ese querido país. 

La letra del mexicano es tremenda. “¡Guerra, guerra sin tregua al que intente/de la patria manchar los blasones!,/¡guerra, guerra! los patrios pendones/en las olas de sangre empapad”. Mucho cañón, mucho estruendo, mucha guerra para mi gusto y, poco liberalismo por cierto.

El de Chile, aunque cumple con los requisitos, por lo menos tiene una estrofa que habla de las bellezas del país. Venezuela y Perú hacen referencia a la independencia, los uruguayos oponen libertad y patria o morir, que digo yo que hay más opciones, y el colombiano rompe cadenas sin aclarar quién las llevaba y quién las ponía, aunque puedo suponerlo.

Podríamos continuar pero creo que es ocioso. La mayoría de los himnos hacen referencia a un mundo pasado, en el que en las guerras el valor y la moral de los hombres era esencial y no dependía tanto de la tecnología, ¿qué valor demuestra un piloto de un dron cuando bombardea Afganistán desde el centro de comando situado en Oregón?. Tiempos pasados cuando la información no fluía a la velocidad actual y la gente pensaba que la guerra era una especie de excursión hacia la gloria y no una matanza injustificable. 

Y en cuanto al lirismo, hoy sabemos lo que de bueno tiene cada país gracias a lo fácil que es viajar pero, sobre todo, a los medios de comunicación de masas. Es más eficaz un anuncio de Turismo de España que poner una letra glorificadora de las paellas, las playas, nuestros castillos y catedrales. En algunos casos, la pérdida de vigencia de los himnos llega al ridículo como en las referencias a los ríos alemanes que ya no son alemanes y muchos países han tenido que actualizar sus textos por razones parecidas. Por todo ello, creo que estamos bien como estamos, aunque tengamos que tararear el himno cada vez que ganamos a los franceses en el Parque de los Príncipes porque, que no os quepa ninguna duda, somos mucho mejores que ellos. Chunda chunda.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:

  1. Marta Sánchez López (Madrid, 8 de mayo de 1966) es una cantante y compositora española.
  2. Mahatma Gandhi (Porbandar, India británica; 2 de octubre de 1869-Nueva Delhi, Unión de la India; 30 de enero de 1948) fue el dirigente más destacado del Movimiento de independencia indio contra el Raj británico, para lo que practicó la desobediencia civil no violenta, además de pacifista, político, pensador y abogado hinduista indio. Recibió de Rabindranath Tagore el nombre honorífico de Mahatma (alma grande en hindi). En la India también se le llamaba Bāpu ( ‘padre’ en idioma guyaratí).
  3. Chunda chunda es una forma jocosa de referirse al tarareo del himno nacional español. En general se usa como onomatopeya de música repetitiva con percusión.
  4. Andrés Iniesta Luján (Fuentealbilla, Albacete, España, 11 de mayo de 1984) es un futbolista español que juega como centrocampista en el Fútbol Club Barcelona de la Primera División de España, equipo del que es capitán. Él fue el que marcó el gol que dio la victoria a la selección español en la final del mundial de fútbol de 2010 frente a la selección holandesa
  5. José María Pemán y Pemartín (Cádiz, 8 de mayo de 1897 – ibídem, 19 de julio de 1981) fue un escritor español, que cultivó todos los géneros literarios, destacando como periodista, dramaturgo y poeta, además de notable orador. Adscrito ideológicamente al monarquismo tradicional, fue uno de los principales apologistas de la Dictadura de Primo de Rivera y un ídolo intelectual de las derechas durante los años de la Segunda República.
  6. Joaquín Ramón Martínez Sabina (Úbeda, Jaén, España, 12 de febrero de 1949), conocido como Joaquín Sabina, es un cantautor, poeta y pintor español.
  7. Marcha Real es la denominación tradicional, conjuntamente con la de Marcha Granadera —o antiguamente, Marcha de Granaderos—, que recibe el himno nacional de España.
  8. Franz Joseph Haydn, conocido simplemente como Joseph Haydn ​ (Rohrau, cerca de Viena, Austria, 31 de marzo de 1732-Viena, 31 de mayo de 1809) fue un compositor austriaco. Es uno de los máximos representantes del periodo clásico, además de ser conocido como el «padre de la sinfonía» y el «padre del cuarteto de cuerda» gracias a sus importantes contribuciones a ambos géneros. También contribuyó en el desarrollo instrumental del trío con piano y en la evolución de la forma sonata.
  9. El Ultimátum británico de 1890 fue un ultimátum del gobierno británico de Lord Salisbury —entregado el 11 de enero de 1890 mediante un "Memorando"— al gobierno portugués, conminándole a retirar sus fuerzas militares existentes en el territorio comprendido entre las colonias de Mozambique y Angola, en las actuales Zambia y Zimbabue, con el pretexto de un incidente ocurrido entre portugueses y macololos, pero realmente por instigación del magnate de los diamantes sudafricano Cecil Rhodes. La zona era reclamada por Portugal, que la había incluido en el famoso mapa de color rosado, reclamando a partir de la Conferencia de Berlín una franja de territorio que iba de Angola a la contra-costa, o sea, a Mozambique. Representó el principio del fin de la monarquía portuguesa.
  10. El Tratado anglo-portugués de 1373 se firmó entre el rey Eduardo III de Inglaterra y los reyes Fernando I y Leonor de Portugal. Se estableció con su firma un tratado de «amistad, unión [y] la alianza perpetua» entre las dos naciones marítimas, constituyendo con ello la Alianza anglo-portuguesa, aún en vigor. Actualmente es el tratado activo más antiguo del mundo.




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La Estratificación Global 2

El Sistema Económico Mundial

Esta es la continuación del artículo anterior “La Estratificación Global”. En él empezamos a estudiar la estratificación social a nivel planetario. La secuencia de razonamientos es la siguiente: existe una sociedad internacional más o menos estructurada, existe una división internacional del trabajo (1), por lo tanto tiene que existir una estratificación social a nivel internacional. En está estratificación la unidad de análisis es el Estado-Nación no la clase social. Las teorías de la estratificación global corresponden a dos grupos, las de la modernización – que se basan en el nivel de desarrollo alcanzado por las distintas sociedades nacionales - y las de la dependencia – que se basan en las relaciones económicas internacionales asimétricas entre las naciones del centro (las más poderosas) y las demás-, y entre estas últimas destaca la del Sistema Económico Mundial o Sistema Mundo. 

En este segundo artículo vamos a entrar con más detalle en el estudio de esta segunda teoría. Intento hacer mis artículos autocontenidos, es decir, que contengan todo lo necesario para comprenderse sin necesidad de leer artículos anteriores, pero recomiendo la lectura del artículo anterior por la gran cantidad de conceptos que vamos a usar a continuación y que se explican en él. Tan sólo es necesario que pulses aquí para que mágicamente se abra en una ventana.

Mapa de la Guerra Fría en 1980 Fuente: Wikipedia


Como vimos en la primera parte de este artículo, la teoría de estratificación mundial de mis preferencias es la del Sistema Económico Mundial o Sistema Mundo, una teoría que podríamos calificarla de “coral”, es decir, con múltiples autores (2) y que dos de ellos, Snyder y Kick en un artículo de 1979 (3) definieron - a grandes rasgos – en tres características principales:

1.    El comportamiento y las experiencias de todos los países dependen de un sistema de carácter mundial – una economía mundial capitalista – estructurado en múltiples vínculos trasnacionales como son, por ejemplo, el comercio internacional, la presencia y actuación de las empresas multinacionales o los flujos de capitales financieros cuyas órdenes viajan a la velocidad de luz gracias a los modernos sistemas de telecomunicaciones.

2.    Los Estados, dentro del moderno sistema mundial, ocupan tres posiciones estructurales: centro, semiperiferia y periferia. El centro está formado por los países poderosos económicamente que son capaces de influir en los de la periferia mientras mantienen su independencia política y económica en niveles aceptables. Podríamos asimilar los países del centro a lo que es la clase alta cuando hablamos de una sociedad nacional.

Las naciones semiperiféricas se encuentran en una posición intermedia, se asemejan a la clase media. Están en el camino hacia la industrialización y hacia una economía diversificada. Sus estructuras políticas, sus parámetros de desigualdad están alejados de los que presentan los países centrales pero muy lejos de los países periféricos.

Las naciones periféricas tienen economías poco diversificadas que suelen dedicarse a producir materias primas. Tienen una gran desigualdad social con elites acaudaladas y una gran masa de pobres de solemnidad. Sus instituciones son relativamente débiles y poco estables. No pueden hacer frente a la influencia de las naciones del centro tanto económica como militarmente. Podríamos comparar a las naciones periféricas con la clase trabajadora de una sociedad en particular.

3.    Estas denominaciones no solo son descriptivas, expresan una división internacional del trabajo en la que el centro está ligado con la periferia de una manera dinámica y mediante una relación de explotación.

Por tanto, al igual que un sistema de clases dentro de un país, las posiciones de clase en relación con el sistema económico mundial generan una distribución desigual de las recompensas o recursos. Las naciones centrales o de clase alta reciben el trozo mayor de la tarta del excedente de producción, mientras que las periféricas apenas reciben nada. Además, debido a su potencia económica, las naciones centrales marcan las reglas del comercio internacional y fijan los precios de las materias primas producidas por las periféricas y les venden a precio alto sus exportaciones, generalmente tecnológicas, que en la periferia no están en condiciones de producir.

Kerbo (4) citando a Chirot (5) realiza una enumeración de los cinco beneficios más importantes que obtienen las sociedades centrales de su dominio sobre las naciones periféricas:

1.    El acceso a una gran cantidad de materias primas a precios bajos
2.    Fuerza de trabajo barata
3.    Enormes ganancias procedentes de inversiones directas de capital
4.    Un mercado para la exportación
5.  Trabajo profesional cualificado debido a la emigración de las personas más preparadas desde las naciones no centrales a las centrales

Este mundo recogido en estos párrafos es fácil de reconocer, son ideas suficientemente intuitivas como para que cualquier ciudadano medianamente formado las comprenda pero, para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hemos de ver unas reglas de funcionamiento que se vienen aplicando desde hace unos siglos. 

Wallerstein (6) ha afirmado que en nuestra historia sólo han existido dos tipos de sistemas mundiales. Los que denomina el imperio mundial y la economía mundial.

El imperio mundial hace referencia a los imperios agrarios de la antigüedad. Éstos, aunque nunca llegaran a abarcar una escala planetaria como el actual sistema mundial, ocuparon partes extensas del mundo entonces conocido. Estamos pensando por ejemplo en el Imperio Romano, el de Alejandro Magno o el antiguo Imperio Chino.

No obstante la principal diferencia entre aquellos imperios mundiales y el actual sistema económico mundial no es de extensión geográfica sino de la forma de dominación. Las elites centrales modernas han hecho un gran descubrimiento: no hace falta ocupar militarmente a los países de la periferia. Mientras que los imperios antiguos buscaban la dominación económica y política, los grupos económicos modernos sólo están preocupados por los beneficios. En el sistema mundial actual, un país sometido no suele estar controlado de manera completa por las naciones centrales, ni ocupado militarmente, ni se le cobran tributos cómo hacían los reyes castellanos a los nazaríes de Granada. Todo esto es muy ineficaz económicamente, mantener la dominación política a esos extremos es muy caro y reduce los beneficios de la dominación.

Y la historia lo demuestra. Cuando hacia 1450 se dieron las condiciones para que comenzara el moderno sistema mundial, España y Portugal, países abiertos al mar y con una enorme energía militar derivada del período de la reconquista, tomaron la delantera. Fueron los primeros que establecieron grandes colonias en ultramar y exploraron el mundo, pero perdieron su liderazgo porque gastaron demasiado en dominar política, militar e incluso religiosamente a un elevado número de países del mundo. Los holandeses que  les relevaron tomaron nota y se lo plantearon de otra manera, mucho menos militar, menos extensa y mucho más comercial, perdieron posteriormente su posición de privilegio a favor de los británicos (7) pero nunca abandonaron del todo el centro mientras que los españoles se enfrascaron en una larga noche del subdesarrollo. Españoles y portugueses se comportaron como imperios mundiales en una época que ya presentaba las condiciones iniciales de un sistema económico mundial.

Esto no significa que algunas naciones centrales modernas no aspiren a un dominio amplio de las naciones periféricas, la diferencia entre el moderno sistema mundial y los antiguos imperios mundiales es una cuestión de grado. Boswell (8) demostró después de estudiar las tendencias históricas desde el siglo XVII que hay cierta variedad entre el control que se ejerce sobre las naciones periféricas y las colonias, en tiempos de expansión económica la presión decrece, pero durante los períodos de recesión las sociedades del centro ejercen un mayor control colonial para evitar que otras naciones centrales tengan relaciones económicas con sus naciones periféricas.

Pero si no hay dominación político-militar, ¿cómo domina el centro a la periferia y semiperiferia?. Wallerstein considera que una nación central domina a las demás cuando tiene un liderazgo simultáneo en tres dimensiones. 

La primera dimensión es la dominación en la productividad. Se trata de producir con alta calidad y bajo precio en comparación con las demás naciones. Aquí el problema está en que las elites se suelen ir por lo fácil, que es aumentar el número de horas trabajadas y depreciar los salarios, en vez de otras formas de mejorar la productividad. 

La dominación en la productividad puede llevar a la dominación en la segunda dimensión, la dominación en el mercado. La balanza comercial se inclina del lado de la nación central pues hay más naciones que compran los productos de la nación dominante que los que ésta compra a aquéllas.

Y, del mismo modo, la dominación de mercado puede llevar a la dominación en la tercera dimensión, la dominación financiera. Con una balanza comercial favorable llega la acumulación de capital. Los banqueros de la nación dominante suelen convertirse en banqueros del mundo con un mayor control de los recursos financieros del planeta.

Cuando una nación disfruta de las tres dominaciones económicas es muy probable que consiga la dominación militar. Con una buena base económica que permita mantener una estructura militar cara y, con intereses internacionales que defender, las naciones dominantes suelen acabar por construir ejércitos poderosos, pero suele ocurrir a posteriori una vez desarrollado el imperio económico. Según Kerbo, durante el moderno sistema económico mundial ninguna nación ha podido utilizar su fuerza militar como medio para obtener la dominación económica. Las grandes naciones centrales obtuvieron su poder económico con niveles relativamente bajos de gasto en defensa en su ascenso al poder global y perdieron parte del poder económico con su posterior expansión militar.

Podemos poner varios ejemplos pero vamos a centrarnos en los más recientes: los Estados Unidos y la Unión Soviética. El ejército de los Estados Unidos antes de la primera guerra mundial y, aún antes de la segunda, no era ni mucho menos el más poderoso de la tierra sino que era reducido en comparación con su potencial económico e industrial (9). 

Con Europa y Japón en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos dominó el sistema mundial como hasta ese momento no había hecho ninguna otra nación central en la historia. Los datos son claros, producían casi la mitad de toda la producción industrial, realizaban un tercio de las exportaciones y poseían dos tercios de las reservas de oro del mundo. Junto a esta dominación económica compartieron la dominación militar con la Unión Soviética convirtiéndose en un gendarme del mundo al proteger “sus” áreas periféricas y los intereses de sus elites lo que le llevó a varios conflictos armados como Corea y Vietnam.

La Unión Soviética, a pesar de sus enormes pérdidas humanas, también salió reforzada de la Segunda Guerra Mundial. El Ejército Rojo llegó el primero a las calles de Berlín y ocupó toda la Europa Oriental a la que puso bajo su órbita. Se encontraron con un gran ejército y con un imperio territorial. Fue el otro gendarme mundial durante la guerra fría, repartiéndose el tablero de ajedrez del mundo con los Estados Unidos. Sin embargo a finales de los años ochenta y principios de los noventa la  Unión Soviética se colapsó.

La razón de esta caída hay que buscarla en la competencia que durante cuarenta y cinco mantuvo con los Estados Unidos, no pudo con los costes militares de esa competencia. Mientras los Estados Unidos desarrollaron su imperio económico durante dos siglos hasta alcanzar su fuerza militar, en el caso de los soviéticos, intentaron alcanzar la dominación en el moderno sistema mundial a través del poder militar sin lograr previamente una base económica para hacerlo.

Normalmente, las clases bajas de los países del centro viven mucho mejor que las de los países semiperiféricos y, no digamos ya, si las comparamos con las de los periféricos. Pero eso no quiere decir que no haya desigualdad en los países centrales, lo hemos visto en artículos anteriores. Y tampoco quiere decir que no haya ciclos en los que el bienestar de las clases bajas centrales no sufra un retroceso en función de los vaivenes del sistema mundial. De esta forma, con la teoría del sistema-mundo se puede explicar la revolución conservadora que sufrieron los Estados Unidos durante la década de los ochenta y por qué impusieron un programa económico neoliberal que luego se ha contagiado a la Unión Europea y al resto del mundo (10).

Probablemente casi todo lo que está pasando ahora mismo en el mundo se pueda explicar por la teoría del sistema económico mundial. Se puede explicar la pobreza y la desigualdad global; el surgimiento de las potencias emergentes, las llamadas BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (11); o cómo influyen las grandes ciudades del mundo en las cadenas en las que se extiende la división internacional del trabajo (12).

Con los postulados de la teoría del sistema mundial encuentro explicaciones plausibles a los principales fenómenos socioeconómicos de carácter mundial, pero eso es algo personal y, aunque hay mucha gente que opina como yo, no le faltan detractores, y críticas, veamos alguna de las principales.

En primer lugar, se argumenta que es falso que la riqueza de los países  de renta alta se derive una apropiación ilegítima de los recursos de los países pobres. La distribución de la riqueza no es un juego de suma nula, es decir, los excedentes generados en un área no equivalen a unas pérdidas en otra. Se aduce que la capacidad productiva del mundo se ha multiplicado por cinco desde de 1950, gracias en gran parte a los avances tecnológicos. 

A mi me parece que siendo esto cierto, no se trata de un juego de suma cero, tampoco se trata de un juego limpio. Los jugadores del centro tienen las mejores cartas, imponen las reglas y pueden apostar más porque tienen más dinero acumulado, en fin, el juego es mucho más cerrado de lo que pretenden los críticos de la teoría.

En segundo término, los críticos afirman que si la teoría del sistema mundial estuviera en lo cierto, entonces los países más pobres serían los que han mantenido vínculos más estrechos con los países desarrollados. Hay ejemplos de países periféricos como Etiopía que han tenido un contacto relativamente débil con los países ricos, también hay ejemplos de que las inversiones de capital procedente de los países del centro favorecen el crecimiento económico. 

En mi opinión, si bien es verdad que hay crecimientos económicos derivados de la inversión del capital del centro en las naciones periféricas y semiperiféricas, en la mayoría de los casos ha sido manteniendo patentes, propiedades, royalties y demás mecanismos que permiten seguir con la dirección de los asuntos económicos del lado del centro. Es más, en general, el motivo por el que se ha invertido en la periferia ha sido la deslocalización, la búsqueda de salarios más bajos para disminuir los costes de producción lo que ha afectado a las clases trabajadoras del centro. No ha sido una inversión altruista sino la búsqueda de beneficios. Por último, el caso de Etiopía no me parece relevante, sólo hay una cosa peor que ser una nación periférica en un sistema global, es ser una nación periférica aislada.

En tercer lugar, se ha calificado a la teoría del sistema mundial como simplista porque reduce, en última instancia, la desigualdad del mundo a un único factor: el impacto del sistema capitalista mundial. Al centrarse en factores externos a las sociedades no desarrolladas se tiende a considerarlas como víctimas pasivas y no se tienen en cuenta procesos que tienen lugar dentro de esos países y que contribuyen a explicar sus dificultades económicas. Por ejemplo se critica que no se tenga en cuenta los valores culturales, por ejemplo el caso de Irán,  en el que la revolución islámica cortó muchos lazos con Occidente, también se cita a los dictadores que pululan por los países en desarrollo, o la oposición a los programas de control demográfico que buscan mejorar el bienestar de las poblaciones de ciertos países de la periferia.

En este punto sí que veo motivos para la crítica, quizás porque se trate más de una teoría económica que sociológica.  Sí hay patrones culturales que se oponen al desarrollo económico tal y como lo entendemos en Occidente. El que esto sea bueno o malo ya es harina de otro costal. Aun así alguno de los ejemplos que se suelen dar no están muy justificados, cuesta admitir a muchos dictadores únicamente como productos culturales de una nación sin ninguna relación con el centro, ¿podría Pinochet haber dado el golpe de Estado sin el apoyo de los Estados Unidos?, ¿se podría haber mantenido Franco tantos años sin el consentimiento tácito y desganado de las potencias del centro?.

Por último, también se critica a esta teoría porque, frente al problema de la pobreza  y la desigualdad global, ofrece soluciones muy vagas como son la limitación de las relaciones económicas internacionales, la nacionalización de las empresas extranjeras o acabar con el sistema capitalista mundial. 

Bueno, puede ser, para mí que la función de una teoría no es tanto proporcionar soluciones como explicar los fenómenos ya sean naturales o sociales. Nuestro mundo es muy complejo, hay muchos intereses en conflicto y no creo que haya soluciones maestras pero no veo que esto se pueda achacar a la teoría del sistema mundial. Y eso es un drama en sí mismo, puesto que reduce nuestras esperanzas de conseguir un mundo mejor. Cómo dice Edgar Morín, navegamos a toda velocidad en una nave espacial, la Tierra, que está propulsada por cuatro motores asociados y a la vez incontrolados: ciencia, técnica, industria y beneficio. Como dicen por estos pagos, “la torta que nos podemos dar es morrocotuda”. Así que si yo fuera uno de esos jerarcas de las elites internacionales estaría pensando en un plan “B”.

La teoría del sistema mundial es amplia, son muchos estudios y autores que han surgido a partir de los primeros escritos de Wallerstein. He intentado dar una visión más o menos completa y comprensible de esta teoría, tengo que reconocer que no me ha resultado fácil, he consultado muchas fuentes y – alguno de los borradores se me fue a quince páginas – he tenido que resumir mucho, espero que el resultado sea comprensible. En el artículo anterior propuse algunas preguntas que he contestado en su mayoría pero no a todas, en concreto hemos visto la dinámica del sistema mundial, los mecanismos de dominación, un poco de historia y las críticas más comunes, pero alguna cosa queda en el tintero, en un futuro próximo volveremos a la teoría del sistema económico mundial.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

1.    La división internacional del trabajo hace referencia a la especialización que hay en el sistema global. Las naciones desarrolladas fabrican productos manufacturados de alta tecnología y las naciones pobres, materias primas. También hace referencia a las cadenas de distribución de los productos cuyos nodos principales dominan las naciones poderosas.

2.    Entre los autores más importantes de la teoría del sistema económico mundial están Immanuel Wallerstein, David Snyder, Edward Kick, Peter Taylor, Colin Flint, Kees Terlouw, Ben Deurdder, Terry Boswell, Carlos Antonio Aguirre, Peter Walkin, Giovanni Arrighi, Jessica Drengel y un amplio etcétera.

3.    David Snyder y  Edward Kick que publicaron en 1979 el ensayo: “Structural Position in the World- system and Economic Growth, 1955-1970: a multiple-network analysis" 

4.    Harold Kerbo es profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la California State Politechnic University (CalPol). Para más información pulse aquí

5.    Daniel Chirot es profesor de Estudios Internacionales de la Facultad de Sociología de la Universidad de Washington. Para más información pulsa aquí

6.    Immanuel Wallerstein es un científico social norteamericano, principal autor de la teoría del sistema económico mundial. Para más información pulsa aquí

7.    En el siglo XVII los Países Bajos lograron la dominación en el sistema mundial, una vez que su revolución política instauró un Estado modernizado que apoyaba a los capitalistas, un sistema financiero revolucionario para la época, así como el desarrollo de nuevas tecnologías sobre todo en el sector naval. Todo esto dio una ventaja competitiva en el comercio y en la carrera por las colonias. 

Con el tiempo los Países Bajos empezaron a sufrir un relativo declive económico. Otras naciones copiaron los nuevos métodos de producción y de banca inventados por los holandeses. La dominación de la productividad holandesa también disminuyó debido al aumento del nivel de vida lo que a su vez condujo a un incremento en los costes de producción. A partir de ahí perdió la dominación del comercio y, cómo no, la dominación financiera se vio afectada.

Sus banqueros, en busca de inversiones lucrativas, se marcharon en parte del país. Apostaron por Inglaterra y financiaron al sustituto de Holanda en la cima del sistema mundial, con lo que dañaron la posición económica de sus compatriotas pero supuso un aumento de sus ganancias. Ya sabéis como las gastan los banqueros.

8.    Terry Boswell fue profesor de sociología en la Emory University en Atlanta. Fue especialista en estratificación social, mercados de trabajo y desigualdad social. Investigó con sus colaboradores el sistema mundial, apartado en el que publicó varios estudios. Para más información pulsa aquí.

9.    Un hecho, que no por anecdótico es menos significativo, es que Dwight Eisenhower en el momento en que estalla la guerra en Europa era teniente coronel, eso sí, de estado mayor. Pocos años después era general de cinco estrellas – máximo grado que se puede alcanzar - y comandante en jefe de los aliados en Europa, un ascenso meteórico. Esto marca por un lado, lo increíblemente  pequeño que era el ejército norteamericano – de hecho era equivalente al ejército de Yugoeslavia - antes de la guerra y su no menos increíble crecimiento – según la Wikipedia llegaron a ser más de 16 millones de hombres al finalizar el conflicto-.

10.    Los años setenta no fueron muy halagüeños para los Estados Unidos, parecía que se cumplía su ciclo - Según Wallerstein y otros autores, ninguna nación ha permanecido  más de 75 años en la cima del sistema mundial - y que entraban en una relativa decadencia. Coincidiendo con la crisis del petróleo y la guerra de Vietnam, la primera guerra perdida en su historia, la productividad de los Estados Unidos creció, pero no al mismo ritmo que la de los principales países europeos y, sobre todo, de Japón. 

Los Estados Unidos estaban perdiendo la partida en la primera de las dominaciones del Wallerstein, la de la productividad, debido a – entre otras cosas –  por la falta de competencia real en una economía nacional muy concentrada, mucho gasto en defensa, la falta de reinversión, de investigación y desarrollo y al aumento del nivel de vida. 

Durante los años ochenta, la segunda dominación – la del mercado – comenzó a resentirse, su déficit comercial aumentó enormemente hasta alcanzar los 100.000 millones de dólares. Y al resentirse la balanza comercial también decayó la última de las dominaciones, la financiera. A principios de los ochenta Estados Unidos contaba con los bancos más poderosos del mundo, al final de la década, sólo contaba con dos entre los diez más importantes, el resto eran japoneses. Estados Unidos estaba flaqueando en las tres dimensiones que forjaban su liderazgo económico mundial.

Sin embargo, cuando terminó la Guerra Fría y la Unión Soviética dejó de existir, se cambió por completo el panorama. La productividad aumentó considerablemente, la inversión nacional se disparó, el sistema financiero se revalorizó y al final de la década de los noventa volvió a encabezar las listas de bancos y empresas mundiales. ¿Qué es lo que pasó?.

Según Kerbo, lo que pasó fue que se fraguó una nueva estrategia nacional de los principales empresarios y políticos conservadores con el fin de lograr que los Estados Unidos fueran más competitivos. El programa estaba constituido por las siguientes políticas: La producción ajustada, el recorte de salarios, el recorte de prestaciones sociales, la temporalidad en el empleo, el alargamiento de la jornada laboral. Queridos lectores, ¿acaso os suena esta tonadilla?. Sí, es el famoso neoliberalismo.

Al socaire del declive económico las elites económicas de Estados Unidos se hicieron más activas políticamente a finales de los años setenta y principios de los ochenta, son los años de Ronald Reagan. La presión de los lobbies para lograr del gobierno menos impuestos, menos gasto en bienestar, menor regulación laboral y bancaria continuó durante años y se intensificó a partir de 1994 cuando los republicanos consiguieron el control del Congreso y del Senado por primera vez desde los años cincuenta.

El factor diferenciador que había logrado el renacer económico de los Estados Unidos fue el dumping social, el coste total de la unidad de trabajo - los costes del trabajo incluidos los salarios, beneficios e impuestos - era al final de los noventa, el más bajo los siete países capitalistas más importantes. Las condiciones laborales en el gigante norteamericano sufrieron una revolución silenciosa que permitió a las empresas producir y vender bienes en todo el mundo y en su propio país a un coste menor que las principales naciones industriales.

Después de la Segunda Guerra Mundial  se impuso un estilo de capitalismo de rostro humano que dio origen al Estado de bienestar, en Estados Unidos nunca llegó a alcanzar los niveles europeos bien es cierto. Con esta revolución silenciosa se planteó una tensión entre ambos modelos de capitalismo, la economía neoliberal y la economía social de mercado, parece que es la primera la que está ganando el pulso. Los británicos se contagiaron enseguida, tuvieron su propio producto nacional equivalente de Ronald Reagan en la señora Tatcher. 

Hubo más resistencia por parte de la Europa continental, Kerbo en su edición de 2004 habla todavía de un modelo alemán y de un modelo francés de economía en contraposición al anglosajón, pero después de la crisis de 2008 los criterios de optimización de los parámetros macroeconómicos a base de cargar los costes sobre las clases media y trabajadora ha tomado cuerpo en la Unión Europea. Actualmente Alemania ha sufrido una revolución conservadora con la señora Merkel que aplica sus recortes a su clase trabajadora y que trata a los países del sur de Europa como países periféricos y Francia, la que otrora era uno de los ejes de Europa, está confinada en sus propios problemas y no deja de ser una comparsa del gigante económico germano.

11.    A este respecto es muy interesante el artículo “En las entrañas de los BRIC. Análisis de la naturaleza semiperiférica de Brasil, Rusia, India y China”, de Daniel Efrén Morales Ruvalcaba, publicado en “Austral”, la revista brasileira de estrategias y relaciones internacionales, v 2, n.4, Jul/Dic 2013. Copia del Artículo.

12.    En este sentido son muy interesantes las aportaciones de la red de investigación GaWC (Globalization and World Cities) que se dedican a estudiar el papel de las grandes ciudades del planeta en el sistema mundial. Pertenecen a este grupo gente selecta como Manuel Castells o Saskia Sassen. Para más información pulsa aquí.

Bibliografía:

John Mancionis y Ken Plummer
Sociología
Prentice-Hall
Madrid 2005

Conrad Phillip Kottak
Antropología
Una exploración de la diversidad Humana
McGraw-Hill
Madrid 1999, 6ª edición

Harold R. Kerbo
Estratificación Social y Desigualdad
Mc Graw Hill
Madrid 2003

Daniel Efrén Morales Ruvalcaba,
Austral, revista brasileira de estrategias y relaçoes internacionais,
Brasilia v 2, n.4, Jul/Dic 2013.

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La Estratificación Global






En este mismo blog he publicado cinco artículos sobre estratificación social (1), que no es otra cosa que el estudio de cómo se organizan las sociedades en estratos o capas con distinto poder económico y político y cómo se relacionan entre ellas ya sean clases sociales, estamentos o castas, que de todo ha habido en la historia de la humanidad. En cierto modo el estudio de la estratificación social es el estudio de la desigualdad social.

Pero estos artículos trataban sobre la estratificación en una sociedad en particular – España, Estados Unidos o Andorra - y lo que vamos a ver hoy se refiere a la estratificación mundial. Y si vamos a estudiar la estratificación social a nivel planetario es necesario que, de igual manera que sabemos que existen sociedades nacionales, nos  preguntemos si existe una sociedad internacional sobre la que realizar el estudio de la desigualdad social. 

Es esta una pregunta que dista de ser una cuestión baladí, de hecho los libros que tratan sobre relaciones internacionales dedican a menudo muchas páginas a definir a la sociedad internacional, ya que es complicado dejar claro hasta qué punto hay la suficiente cohesión entre los distintos Estados constituidos en nuestro planeta como para hablar de una entidad supranacional organizada, no es sencillo discernir hasta qué punto hay un derecho internacional con vigencia y aplicabilidad cuando los grandes poderes hacen y deshacen a su antojo sin sujetarse a ese derecho, es difícil decir hasta qué punto este conglomerado de Estados que es la Tierra se puede definir como sociedad.

No tenemos sitio en este artículo para debatir sobre el particular, tan sólo contaré que existe consenso en los especialistas en que el concepto de sociedad internacional es el más adecuado para definir la realidad compleja del mundo en que vivimos.

Pero como no soy amigo de dejar las cosas así, al menos os daré una definición personal de sociedad internacional. Durante casi cinco años me dediqué profesionalmente a la protección de los ciudadanos españoles en el extranjero, el único paréntesis en mi vida adulta en que no me he dedicado a la informática, en concreto a la ingeniería del software que es mi especialidad. Y fue toda una experiencia pues, aunque la mayoría de las veces a pesar del esfuerzo empleado no conseguías resolver la situación planteada, cuando sacabas o ayudabas a sacar a alguien de un serio problema en un país remoto era toda una fiesta, disfrutabas de una gran satisfacción personal que compensaba muchas otras penurias. 

Una de las cosas que tenía que explicar a menudo a los familiares de alguien que estaba en dificultades era por qué no se podía hacer más por el desgraciado en cuestión. “mire usted” – les decía- “el mundo está constituido por Estados con su sistema político, policial y judicial. Y da los mismo que se trate de un Estado de derecho como de un Estado fallido, da lo mismo que sea Sudán o Francia, Bangladesh que Estados Unidos. Hay que respetar las normas internacionales y no podemos actuar directamente sino a través de las autoridades locales, luego la forma de hacerlo dependerá del país, pero el respeto a la autoridades locales debe ir siempre por delante”. A los familiares les daba igual de que formalmente fuera tan respetable la sentencia de un juez federal de Estados Unidos como de un juez federal de Nigeria, naturalmente, lo que querían es ver a su ser querido saliendo por la puerta de llegadas internacionales del aeropuerto de Barajas, por eso, esto era lo primero que había que explicarles, que en diplomacia todo requiere de sus tiempos y de sus protocolos y que en ningún caso se puede organizar una expedición de comandos para sacar del país al afectado. 

En realidad les estaba dando una definición real de lo que es la sociedad internacional, un conglomerado de Estados-Nación, formalmente todos iguales, pero que en la práctica hay de todo, una especie de comunidad de vecinos mal avenidos en la que el poderoso y rico manda y el pobre y débil sobrevive, pero en la que todos son propietarios y, al menos formalmente, todos tienen sus normas de puertas adentro y, puertas afuera, en las zonas comunes, hay normas más laxas.

Por lo tanto, si queremos estudiar la estratificación global, tenemos que fijarnos en esos Estados que constituyen la sociedad internacional más que en las clases sociales que es el criterio que se utiliza cuando se analiza una sociedad en particular, aunque no renunciaremos del todo a la clase como unidad de análisis.

Existen varias maneras de clasificar a los Estados del mundo. La clasificación que se usa más en el lenguaje usual es la menos exacta. Se habla de países del primer, segundo y tercer mundo, en realidad ya nadie habla del segundo mundo ahora veremos por qué. Esta clasificación surgió inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial para explicar el nuevo orden mundial que se formaba en aquellos momentos: la guerra fría. El primer mundo estaba constituido por las naciones occidentales desarrolladas amparadas por el paraguas defensivo de los Estados Unidos, el segundo mundo lo constituían la Unión Soviética y las naciones de su órbita y, por último, el tercer mundo era el pelotón de países pobres también calificados con el políticamente incorrecto adjetivo de “subdesarrollados” sustituido más tarde por el término “países en vías de desarrollo”. Estos países, muchos de los cuales tenían su independencia muy reciente, iban de un bloque al otro sin conseguir que se les hiciera mucho caso. Esto del tercer mundo es el término que más se utiliza todavía. Evidentemente  cuando cayó el Telón de Acero y la Unión Soviética estalló en mil pedazos, esta clasificación dejó de tener sentido.

Mancionis  (2) y Plummer (3) proponen una clasificación basada en la renta per cápita. De tal forma que habría países de renta alta, los cuarenta más industrializados, que cuentan con un 15% del total de la población mundial. En segundo lugar, habría países de renta media, que han alcanzado niveles medios de industrialización con rentas per cápita entre 2500 y 10.000 dólares anuales y, en último término, los países de renta baja, en los que la mayor parte de la población vive en condiciones de pobreza extrema y que cuentan con el 50% de la población mundial (4).

Pero la clasificación que más me gusta personalmente, en general, la teoría de estratificación global con la que estoy más de acuerdo es la del Sistema Económico Mundial de – entre otros autores – Immanuel Wallerstein (5), que divide los países del mundo en naciones del centro ó núcleo, semiperiferia y periferia. Pero antes de entrar en detalle vamos a introducir las teorías principales de estratificación mundial.

Según Mancionis y Plummer hay dos grupos de teorías de la estratificación social mundial, las teorías de la modernización y las teorías de la dependencia. Las primeras se basan en que las diferencias entre los países se deben a los distintos grados o niveles de desarrollo que han alcanzado. Concede mucha importancia a la cultura de las naciones a la hora de explicar por qué unos países han llegado a niveles altos de desarrollo y otros no han despegado de la miseria. Y explica que los países desarrollados “tiran” de los países pobres colaborando a su desarrollo lenta pero firmemente. Esta teoría acumula muchas críticas (6), sobre todo en los tiempos que corren en que esos modelos de desarrollo están muy desprestigiados. A mí la teoría de la modernización no me gusta porque tiende a justificar el status quo mundial y nuestro mundo, tal y como lo hemos construido, no me gusta nada. 

En cambio las teorías de la dependencia ponen el énfasis en que la desigualdad en el mundo se debe a las pautas históricas de explotación que los países ricos han impuesto a los países pobres. Dentro de estas teorías de la dependencia destaca la idea de la existencia de un sistema económico mundial – también conocida Sistema-mundo - que Snyder y Kick (7) enmarcan en tres puntos principales.
En primer lugar, el comportamiento y las experiencias de todos los países dependen de un sistema de carácter mundial – una economía mundial capitalista – estructurado en múltiples vínculos trasnacionales como son, por ejemplo, el comercio internacional, la presencia y actuación de las empresas multinacionales o los flujos de capitales financieros cuyas órdenes viajan a la velocidad de luz gracias a los modernos sistemas de telecomunicaciones. 

En segundo término, como ya hemos comentado, el moderno sistema mundial está formado por tres posiciones estructurales, centro, semiperiferia y periferia. 

Tercero, estas denominaciones no solo son descriptivas, expresan una división internacional del trabajo en la que el centro está ligado con la periferia de una manera dinámica y mediante una relación de explotación.

Cuando nos fijamos en una sociedad nacional moderna contemplamos una sociedad estratificada en clases. Sin entrar mucho en detalle, y aun a riesgo de que me acusen de simplista, existe una clase alta que controla los medios de producción. Una clase media con escasa o nula propiedad de los medios de producción pero con una posición ocupacional alta y nos encontramos con una clase trabajadora que carece de propiedad y que realiza tareas ocupacionales para los propietarios. También sabemos que la distribución desigual de la renta se basa en estas posiciones de clase y, por último, también sabemos que existe una dinámica de conflicto de clase basada en esa distribución desigual de las recompensas y que existen múltiples mecanismos para el mantenimiento de los privilegios de los que están en la parte alta del sistema de estratificación y estrategias de subversión de ese orden establecido por parte de los menos privilegiados.

Como existen relaciones de propiedad y división del trabajo más allá de las fronteras nacionales podemos concluir que existe un sistema de estratificación internacional. Por lo tanto, cuando nos fijamos en la sociedad internacional, ya no podemos agarrarnos al concepto de clase, pues no existen clases sociales estructuradas en ámbito internacional ni siquiera en la Unión Europea si exceptuamos a la clase corporativa y no de una manera completa. Pero si nos podemos basar en el concepto de Estado-Nación  y veremos que podemos establecer analogías entre la división de clases de una sociedad nacional y la división entre naciones en la sociedad internacional.

Podemos considerar que las naciones centrales son semejantes a las clases altas. Las naciones centrales son ricas, algunas son también poderosas desde el punto de vista militar. Están industrializadas, tienen muchos recursos de información, poseen una gran acumulación de capital y una fuerte presencia en las finanzas internacionales,  tienen muy desarrollado el sector de los servicios y, en general, producen para la exportación de bienes manufacturados – como por ejemplo componentes electrónicos complejos, ordenadores, aviones, automóviles o fármacos - más que materias primas. Tienen una estructura ocupacional más compleja y menos desigualdad de renta en comparación con las naciones de la semiperiferia y periferia. Sus estructuras políticas son más estables lo que les beneficia a la hora de influir en los asuntos económicos interiores y exteriores. Por todas estas razones son capaces de influir en las naciones no centrales mientras que mantienen una cierta independencia del control exterior.

Las naciones semiperiféricas se encuentran en una posición intermedia, se asemejan a la clase media. Están en el camino hacia la industrialización y hacia una economía diversificada. Sus estructuras políticas, sus parámetros de desigualdad están alejados de los que presentan los países centrales pero muy lejos de los países periféricos. 

Las naciones periféricas tienen economías poco diversificadas. Suelen depender de un tipo de actividad económica, como la de extraer y exportar materias primas a las naciones centrales. Suelen ser economías agrarias con una agricultura poco productiva. Tienen una gran desigualdad social con elites acaudaladas, que se comportan de manera extractiva (8) y una masa de pobres sin una clase media estructurada entremedias. Sus instituciones políticas son relativamente débiles, poco estables y con estas premisas, poco pueden hacer frente a la influencia de las naciones del centro tanto económica como militarmente.

Luego podemos concluir que, como dice Kerbo (9), el sistema de estratificación mundial es un tipo de sistema de clases basado en la relación de cada nación con las fuerzas mundiales de producción. Y aunque hay muchas otras fuerzas de carácter mundial que en unos casos se oponen y en otros colaboran - por ejemplo las coincidencias culturales que hacen que el occidente cristiano tenga una cierta cohesión interna o el mundo árabe o Latinoamérica -, sin embargo, por muy importantes que sean estos lazos culturales a las que las teorías de la modernización tanto preocupan, las fuerzas económicas son cada vez más relevantes para todos los ciudadanos de esta Tierra nuestra cada vez más pequeña.

Pero, ¿Cuál es el origen de este sistema económico mundial?, ¿cómo se ha desarrollado?. Hemos entendido que existe una relación de dominación del centro respecto de la periferia pero, ¿cuál es su dinámica?, ¿qué mecanismos concretos se usan?. ¿Existen clases sociales a nivel mundial?. ¿Se han hecho críticas a este modelo?. ¿Cuál es la aplicación del modelo a la situación actual del mundo?. 

Podría seguir haciendo preguntas de este tenor. Y son buenas preguntas que merecen contestación pero no las vamos a contestar ahora – me entran ganas de decir que lo haremos después de la publicidad – pero es que corremos el riesgo de hacer muy extenso el artículo, incluso para lo que yo acostumbro. Así que lo dejamos para el siguiente. Diré tan solo lo de los folletones de los periódicos en los que se publicaban novelas por capítulos tan del gusto del siglo XIX o al terminar un episodio sin conclusión en las series de televisión: continuará.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Dedico este artículo a mis compañeros de Protección de los Españoles en el Extranjero, de Emergencia Consular y a todo el personal de las Oficinas Consulares de España, grandes en su labor sorda y poco reconocida ante detenciones, secuestros, enfermedades, desapariciones, fallecimientos, catástrofes,  crisis y desgracias de todo tipo. Y en especial a mi compañera Emma a la que oí – puerta con puerta, durante casi cinco años – luchar diariamente por los españoles encerrados en cárceles remotas.

Notas:
1)      Los artículos de este blog que tratan sobre estratificación social son:
a          a)    Oiga usted, ¡que todavía hay clases! (trata sobre las formas de estratificación social)
  b)    El Gran Montaje (trata sobre como las élites utilizan las funciones legitimadoras para mantenerse en sus posiciones de privilegio)
  c)    Yo Soy de Clase Media, ¿Y usted? (trata de la estructura social estratificada en clases sociales)
  d)    El Ascensor Social (Trata sobre la movilidad social entre clases)
  e)    Investigación sobre los Logros de las Personas (Trata de las razones de la movilidad social)
2)      John Mancionis es professor de sociología en el Kenyon College en Ohio, EEUU. Para más información pulsa aquí
3)      Ken Plummer es profesor de sociología en la Universidad de Essex, Reino Unido. Para más información pulse aquí.
4)      A todos se nos ocurren países de renta alta, media y baja. Por ejemplo, Estados Unidos, Alemania o Japón son de renta alta. México y Argentina de renta media y Níger o Sierra Leona de renta baja.
5)      Immanuel Wallerstein es un científico social norteamericano, principal autor de la teoría del sistema económico mundial. Para más información pulsa aquí
6)      Las principales críticas que se hacen a la teoría de la modernización son las siguientes:
 a)    Se le acusa ser una defensa del sistema capitalista
b)    Para muchos críticos, si los presupuestos de la teoría fueran ciertos, muchos países de África deberían desarrollarse aunque fuera a ritmo lento pero eso no está ocurriendo.
c)    Tampoco casan los presupuestos de la teoría con el crecimiento desaforado  de algunos países de Asia
d)    Según los críticos los países desarrollados no colaboran con el crecimiento de los países pobres sino que ocurre lo contrario, la pobreza se extiende.
e)    La teoría trata a los países desarrollados y a los países pobres como mundos aislados, como si no hubiera contacto entre ellos y no lo hubiera habido nunca, ignorando las relaciones internacionales.
f)    Los que critican esta teoría señalan que fue la colonización la que permitió el despegue económico de Europa
g)    Se acusa esta teoría de ser excesivamente etnocéntrica pues toma como referencia a los países de renta alta.
h)    Se ha criticado a esta teoría por echar la culpa del subdesarrollo a los propios países pobres

7)    Snyder, David y  Edward Kick que publicaron en 1979 el ensayo: “Structural Position in the World- system and Economic Growth, 1955-1970: a multiple-network analysis"
8)    Élite extractiva: ¿Por qué las Naciones fallan: Los orígenes del poder, prosperidad y pobreza es un libro escrito por dos economistas americanos: Daron Acemoglu , profesor en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y James Robinson (economista) , profesor en la Universidad de Harvard. En el libro tratan de responder a la pregunta más básica de la economía y la política mundiales: ¿por qué algunos países (por ejemplo, Noruega ) prosperan mientras que otras (por ejemplo, Malí ) no han funcionado nunca? El libro está dirigido al público general. Es una discusión detallada de por qué el éxito económico de un país está determinado por sus instituciones políticas. Incluso Estados que no tienen un solo centro de poder, pueden ser innovadores y próspero gracias a los que los intereses en conflicto se dilucidan en el marco del estado de derecho y los derechos de propiedad seguros. Las democracias inclusivas con fuertes sistemas judiciales independientes prosperan. Los autores afirman que la importancia de la política está muy por delante de la geografía, los recursos o la cultura, en cuanto a la prosperidad. Países como Gran Bretaña y los Estados Unidos se han hecho prósperos porque sus ciudadanos derrocaron a las élites que controlaban el poder y crearon una sociedad con derechos políticos más ampliamente distribuidos y el gobierno es responsable y sensible a los ciudadanos. Por el contrario, las naciones dominadas por una élite egoísta son extremadamente pobres,  estados totalitarios que se encuentran en un círculo vicioso de la plutocracia , la supresión de la innovación tecnológica y la libertad económica y personal.
9)    Harold Kerbo es profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la California State Politechnic University (CalPol). Para más información pulse aquí
a

Bibliografía:
Palomares Lerma, Gustavo
Teoría y Concepto de las Relaciones Internacionales
UNED
Madrid 2003, 3ª Edición
John Mancionis y Ken Plummer
Sociología
Prentice-Hall
Madrid 2005
Conrad Phillip Kottak
Antropología
Una exploración de la diversidad Humana
McGraw-Hill
Madrid 1999, 6ª edición

Harold R. Kerbo
Estratificación Social y Desigualdad
Mc Graw Hill
Madrid 2003


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