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El Funcionalismo I: Talcott Parsons


Resumen
En este blog hemos hablado muchas veces del funcionalismo. Cada vez que hemos tratado algún asunto general de la sociología hemos hecho referencia a las ideas funcionalistas aplicadas a dicho asunto.
Y esto no es por casualidad, el funcionalismo ha sido durante varias décadas el pensamiento sociológico dominante y, aunque hoy en día ya no es lo que era, sigue siendo una de las tradiciones teóricas más importantes.
Otro tema recurrente en Sociología Divertida ha sido el debate entre las teorías del consenso y las teorías del conflicto. Las primeras, entre las que destaca el funcionalismo, sostienen que una sociedad no puede sobrevivir sin la aceptación de unos valores y normas colectivas que permiten construir un orden social estable, en el que el cambio social es lento y organizado.
Las segundas, como la sociología crítica y las distintas formas de marxismo, sostienen que hay unas clases dominantes y unas clases dominadas, entre las que existe un conflicto permanente que en ocasiones da paso a cambios sociales desordenados y radicales que afectan al modelo de sociedad.
En este artículo y, probablemente en el siguiente, vamos a tratar de manera monográfica el funcionalismo, algo que hasta ahora no había hecho, con ello pretendo iniciar una serie sobre las principales escuelas de pensamiento sociológico.


Talcott Parsons

Índice:
Generalidades
Talcott Parsons y el esquema AGIL
Sistema social y sociedad en Parsons
El cambio social en Parsons
Conclusión

Generalidades

Al funcionalismo también se le conoce como estructural funcionalismo o funcionalismo estructural, las tres formas hacen referencia al mismo movimiento sociológico.

Según el enfoque funcionalista una sociedad puede entenderse metafóricamente como un organismo vivo que se compone de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función o funciones necesarias para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es un sistema complejo cuyas partes - subsistemas - “encajan” entre sí produciendo un equilibrio o estabilidad social.

Para la corriente principal del funcionalismo nuestras vidas están orientadas según la dirección que marcan ciertas estructuras sociales, entendiéndose por estas, pautas relativamente estables de relaciones sociales, por ejemplo, las relaciones familiares, las conductas ritualizadas, y otras, que implican comportamientos relativamente estables y predecibles

Parten de la base de que toda sociedad tiene una estructura social concreta, sin ésta no puede sobrevivir, tiene que haber estratos sociales o clases, en definitiva, un sistema de posiciones sociales más o menos igualitario, pero en todos los casos, existe un sistema de asignación de privilegios y funciones a dichas posiciones.

Estructura y función, de ahí viene el nombre.

Está dualidad sobre estructura y función nos lleva a tener que resolver dos problemas. En primer lugar, cómo se distribuyen las posiciones sociales teniendo en cuenta que unas desempeñan funciones más importantes para la sociedad que otras. A esto responden que existen estrategias de posicionamiento, pero lo mejor de todo es que, para varios autores funcionalistas, las estrategias de posicionamiento social no son conscientes, la sociedad no desarrolla métodos específicos para alcanzar el logro social, sino que de modo natural, una especie de mano invisible, empuja los más capacitados a ocupar las posiciones idóneas para sus capacidades. Eso sí, ninguna sociedad puede sobrevivir sin aplicar esas estrategias inconscientes.

En segundo término, una vez se ocupa una posición social, surge la pregunta de cómo se consigue que las personas lleven con resignación tales posiciones “tan exigentes y tan poco agradables” y no dimitan a la primera de cambio, es por esto que lo funcionalistas justifican que estos puestos lleven aparejados mayores privilegios. A mayor responsabilidad e importancia de las funciones desempeñadas, mayores recompensas, en bienes materiales, prestigio y poder.

Bueno hemos visto la estructura social funcionalista, pero ¿qué pasa con el cambio social funcionalista? En esto el funcionalismo se encuentra muy cercano al evolucionismo, el cambio se produce como resultado de procesos graduales.

Hemos dicho ya que el funcionalismo contempla a la sociedad como un sistema complejo compuesto de subsistemas interconectados. Cada subsistema tiene unas funciones necesarias para el funcionamiento social normal, en última instancia, para que la sociedad siga existiendo. En este contexto el cambio social se entiende como la adaptación de dicho sistema social a su entorno, mediante el proceso de diferenciación y el aumento de la complejidad estructural.

Un epifenómeno es un fenómeno accesorio que acompaña al fenómeno principal, teniendo poca o nula influencia. Pues bien, el cambio social se explica como un epifenómeno de la constante búsqueda de equilibrio entre las distintas partes de la sociedad y su entorno.

La teoría funcionalista de la estratificación ha recibido multitud de críticas. Richter (1) señala varias.

En primer lugar, se le reprocha que ayuda a perpetuar la posición privilegiada de las personas con más poder, prestigio y dinero aduciendo que merecen recompensas.

Otro aspecto criticado es el de la inevitabilidad de este orden social, lo que presupone que el hecho de que porque una estructura social estratificada haya existido en el pasado implica que deba existir en el futuro.

Se ha sugerido que la idea de que las posiciones funcionales varían de acuerdo a su importancia social es difícil de sostener. Por poner un ejemplo chusco, no parece que los basureros sean menos importantes para la supervivencia de la sociedad que los ejecutivos de publicidad, sin embargo, estos últimos cobran bastante más y tienen más prestigio.

Por último, se me ocurren otras preguntas ¿Hay escasez de personas con talento capaces de desempeñar tareas de importancia social? ¿Cómo se explica la reproducción social si se accede al logro social mediante el mérito? ¿A la gente les mueve sólo las recompensas para acceder a puestos de responsabilidad o puede sentirse motivados por ayudar a la gente o por el gustazo de hacer un trabajo bien hecho? Todas estas son preguntas que se contestan difícilmente desde la teoría funcionalista.

Talcott Parsons y el esquema AGIL

Junto a Robert Merton (2), Parsons (3), ocupa una posición privilegiada en la teoría funcionalista. Richter nos avisa de que la obra de Parsons es muy extensa en el espacio y en el tiempo, y divide su obra entre temprana y madura. Vamos a fijarnos en la obra parsoniana madura y para ello debemos empezar por su concepto de función.

Parsons fijó el concepto de sistema de acción, como un ente genérico que puede incluir a  una sociedad o una colectividad o una tribu urbana, ¡vaya usted a saber!, así como su cultura, su personalidad y sus relaciones con el entorno.

Dentro de este sistema, una función es un conjunto de actividades dirigidas a la satisfacción de una o varias necesidades del sistema. A partir de esta definición Parsons identificaba cuatro funciones básicas necesarias para que un sistema pudiera sobrevivir:

En primer lugar, la Adaptación. Todo sistema debe adaptarse a su entorno y adaptar el entorno a sus necesidades. En segundo término, la Capacidad para alcanzar metas, todo sistema debe definir y alcanzar sus metas principales. En tercer lugar, Integración, todo sistema debe procurar la coordinación entre sus partes. Y, por último, lo que él denominaba Latencia, el mantenimiento en el tiempo de ciertos patrones culturales que mantengan y renueven la motivación de los individuos.

Parsons recogió las iniciales en inglés de estas cuatro funciones y denominó, como regla nemotécnica, a todo el tinglado como esquema AGIL.

Estas cuatro funciones configuran para Parsons cuatro sistemas de acción. El organismo conductual cumple la función de adaptación al entorno y la transformación del mismo entorno, la “A” – adaptación - de AGIL.

El sistema de la personalidad realiza la función de alcanzar las metas mediante la definición de los objetivos y la movilización de los recursos para trabajar por ellos, la “G” – capacidad - de AGIL.

El sistema social desarrolla la función reguladora que controla las partes constituyentes de un sistema, la “I” – integración - de AGIL.

Por último, el sistema cultural proporciona normas y valores para la motivación de los actores, la “L” – latencia – de AGIL.

Estos cuatro sistemas constituyen la estructura del sistema general de la acción. La figura siguiente ilustra todo el esquema.

Estructura del Sistema General de la Acción de Parsons

Tras ver la figura anterior, uno podría entender que son cuatro sistemas que actúan en paralelo, pero la visión de Parsons del funcionamiento de los sistemas era jerárquica. Y este orden jerárquico funciona de dos maneras. En primer lugar, los sistemas inferiores proporcionan las condiciones de funcionamiento o “energía” que necesitan los niveles superiores, por otra parte, en sentido descendente los niveles superiores proporcionan información o “control” a los inferiores. La figura siguiente ilustra este funcionamiento jerárquico.

Jerarquía del Sistema General de la Acción

Un sistema social, según las propias palabras de Parsons, “consiste en una pluralidad de individuos que interactúan entre sí en una situación que tiene, al menos, un aspecto físico o de medio ambiente, actores motivados por una tendencia a obtener un óptimo de gratificación… y cuyas relaciones con sus situaciones – incluyendo a los demás actores – están medidas y definidas por un sistema de símbolos culturales estructurados y compartidos”.

A pesar de que en esta definición se intuye un cierto interaccionismo, Parsons no puso la unidad mínima de estudio en la interacción social (4)- es decir, la relación con los otros - sino en una estructura de mayor complejidad: el par estatus-rol.

El asunto de los roles sociales y de los estatus que llevan aparejados ya lo hemos visto en Sociología Divertida. Los roles, son los papeles que nos toca jugar en nuestro día a día, rol de funcionario, marido, padre, seguidor del Real Madrid o cofrade de una procesión de Semana Santa. El estatus es la posición social derivada del rol que estás desempeñando.

A partir del estudio de los roles y estatus se interesó por los grandes componentes de los sistemas sociales como los valores, las normas y, montando una especie de Lego, a partir de estos componentes, se interesó por aquellas funciones que eran necesarias para que sistema social sobreviviese: los prerrequisitos funcionales.

En primer lugar, los sistemas sociales deben estar constituidos de manera que sean compatibles con otros sistemas. En segundo lugar, el sistema social debe contar con el apoyo de otros sistemas. En tercer término, deben satisfacer hasta cierto punto las necesidades de los individuos que forman parte del sistema. Como cuarto prerrequisito, los sistemas deben promover un cierto grado de participación de sus miembros. En quinto lugar, los sistemas deben controlar, de manera flexible pero eficaz, la conducta de los miembros y, si surgen los conflictos, debe reconducirlos. Por último, un sistema social necesita de un lenguaje común.

Hasta ahora todo el planteamiento que hemos visto es genérico y un tanto abstracto. La idea de sistema social hace referencia a cualquier colectividad, pero hay un caso particular de sistema social especialmente importante, se trata de la sociedad.

Parsons definió a la sociedad como una comunidad relativamente autosuficiente cuyos miembros obtienen la satisfacción de sus necesidades individuales y colectivas y – esto es muy importante – vivir dentro de su marco. De hecho, la cofradía de Semana Santa es un sistema social pero no se puede vivir dentro de ella.

A estas alturas nos decepcionaría mucho si Parsons no hubiera encontrado subsistemas en la sociedad. Distinguía cuatro subsistemas o grandes estructuras en toda sociedad que merezca tal nombre. Estos cuatro sistemas funcionan cooperativamente y constituyen lo que podríamos llamar “sociedad mínima” o la parte imprescindible de una colectividad para poder llamarla sociedad.

En primer lugar existe un sistema de reproducción y socialización (5) básica de los individuos, lo que Parsons denominaba “Sistema Fiduciario”. En segundo término, toda sociedad debe contar con unas estructuras económicas que proveen de bienes y servicios, que promueven la manufactura y el comercio y dan trabajo a las personas. En tercer lugar, debe existir un sistema que proporcione y mantenga el orden, un sistema de poder, de articulación territorial y de uso legítimo de la fuerza. Y, por último, un sistema de creencias, de valores, en el que habría que incluir a la religión, lo que Parsons llamaba “Comunidad Societal”.

Para realizar cada una de estas funciones básicas de la sociedad es dónde Parsons coloca a las instituciones. Las sociedades se han dotado de un conjunto de instituciones sociales específicas para cumplirlas que estarían encuadradas en los sistemas que hemos descrito. Mediante estas instituciones se regulan los comportamientos de los individuos y los orientan al cumplimiento de fines determinados. Las instituciones sociales no son compartimentos estancos, no son verticales sino transversales, operan en sistemas parsonianos diferentes, tienen múltiples relaciones y dependencias y cuanto más evolucionada es una sociedad, más complejo es este entramado de relaciones. En la figura se pueden apreciar los sistemas y algunos ejemplos de instituciones.



El cambio social en Parsons

El cambio social en Parsons es una teoría de la madurez de su vida, iniciada después de las críticas surgidas por la falta en sus ideas de una explicación sólida de la dinámica social.

En este sentido, las ideas de Parsons sobre el cambio social tienen una orientación evolucionista. A medida que pasa el tiempo la sociedad evoluciona, se van creando o dividiendo nuevos subsistemas según el grupo social se va a adaptando a su entorno. Por supuesto, los nuevos subsistemas son mejores que los anteriores, es lo que se llama el ascenso de adaptación.

El que los subsistemas nuevos sean mejores que los anteriores es realmente optimista, intrínsecamente supone que a medida que se evoluciona aumenta la capacidad para resolver problemas. No estoy muy seguro de que esto haya sido siempre así a lo largo de la historia.

Este proceso de diferenciación requiere de capacidades nuevas para manejar los nuevos subsistemas que van surgiendo y evitar, en la medida de lo posible, los problemas de integración que puedan aparecer.

Los valores y las normas sociales deben cambiar también, para ajustarse a las nuevas demandas surgidas de la diferenciación de subsistemas con nuevas estructuras sociales y nuevas funciones. Esto crea conflictos, pues este proceso de aceptación de nuevos valores no se produce a la misma velocidad para todos los sectores sociales, encuentra la resistencia de grupos que están muy identificados con los valores tradicionales.

Por tanto, algunas sociedades evolucionan más rápidamente que otras, en función de los conflictos internos que brotan al diferenciar los subsistemas sociales y los valores que los sustentan, cuanto mayor sea la resistencia interna al cambio menor será la velocidad del mismo y, con más obstáculos, se encontrará la evolución social.

Richter señala una curiosa contradicción en Parsons. Por un lado, se cuidó de asegurar que la evolución social no era unilineal – idea que ya estaba muy en desuso en la década de los sesenta - pero, por otro lado, distinguió tres etapas evolutivas generales: primitiva, intermedia y moderna. Parece ser que esa generalidad de las etapas y su complejidad superaba la idea de linealidad, pero que Dios me perdone, a mi me sigue pareciendo una evolución lineal.

El paso de la etapa primitiva a la intermedia fue el nacimiento del lenguaje escrito. El paso entre la intermedia y la moderna se produjo con los códigos normativos institucionalizados, dicho de otra manera, con el invento del Derecho.

Al final, como nos dice Richter, Parsons se orientó hacia la teoría evolucionista porque había sido acusado de que no era capaz de realizar un análisis del cambio social, pero acabó dando la razón a sus detractores, porque no realizó un análisis de los procesos del cambio. sino un intento de “ordenar tipos estructurales y relacionarlos secuencialmente”, en realidad, hizo un estudio estructural comparado.

Conclusión

No me considero especialmente ungido para juzgar la obra de los grandes autores, pero si que tengo mi modesta – lo digo completamente en serio -, mi modesta opinión. Si se trata de estudiar la estructura social en un momento histórico concreto creo que el funcionalismo y Parsons son muy útiles, pero si se trata de estudiar el cambio social, podemos afirmar siendo muy comedidos, que Dios no llamó al funcionalismo por ese camino. Estoy más de acuerdo con los conceptos críticos de la sociología del conflicto.

En artículos posteriores vamos a seguir hablando de funcionalismo, de la obra de Robert Merton y del neofuncionalismo que estuvo muy de moda en los años ochenta del pasado siglo.

Sociólogo

Notas:
  1.  George Ritzer nació en 1940 en la ciudad de Nueva York, se graduó en sociología en la Escuela Superior de Ciencia del Bronx en 1958. En la actualidad es profesor de sociología de la Universidad de Maryland. Sus principales áreas de interés son la Teoría Sociológica y la Sociología del Consumo. Fue director de las secciones de Teoría Sociológica (1989-1990) y de Organizaciones y ocupaciones (1980-1981) de la Asociación Americana de Sociología.
  2.  nacido Meyer Robert Schkolnick (Filadelfia, 4 de julio de 1910 - Nueva York, 23 de febrero de 2003) fue un sociólogo estadounidense. Es padre del Premio Nobel de Economía Robert C. Merton. Padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975), Merton es uno de los clásicos de la escuela estadounidense de esta disciplina. También fue importante su labor en el campo de la sociología de la Ciencia.
  3.  Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia.
  4.  En sociología denominamos interacción social al proceso según el cual una persona actúa y reacciona en relación a otras personas. La interacción social nos permite crear y recrear la realidad que percibimos. En nuestra vida cotidiana estamos continuamente interactuando con otras personas, pero no de cualquier modo, sino, como veremos ahora, según pautas sociales determinadas. Esa interacción entre dos personas puede realizarse por múltiples medios como el lenguaje hablado, la vestimenta y la apariencia en general, los modales o el lenguaje corporal y gestual. Y múltiples contextos sociales como en casa, en el trabajo, por la calle, en una situación cara a cara o en una conversación por teléfono o en un chat de WhatsApp.
  5. Socialización es el proceso, según el cual, los individuos aprenden e interiorizan los valores y normas de la cultura en la que les ha tocado vivir, convirtiéndose en personas socialmente competentes. La socialización es proceso continuo que sólo termina con la muerte del individuo, ya que – a lo largo de sus vidas – las personas van desempeñando nuevos roles sociales.

Bibliografía:
George Ritzer
Teoría Sociológica Moderna
Mac Graw-Hill
Madrid 2001

Roberto Garvía
Conceptos fundamentales de Sociología
Ciencias Sociales
Alianza Editorial

Encyclopedia of Sociology
Coordinada por George Ritzer
Blackwell
Londres 2010


Licencia de Creative Commons
Creado a partir de la obra en http://sociologiadivertida.blogspot.com/.

La Evolución de los Partidos Políticos. Puesta al Día




Cuatro ladrones con sombreros de copa y cuatro matones,
Ésta suele ser la plana mayor de un partido.
Joaquín Costa 
El Ribagorzano, 30-IX-1908


The best party is but a kind of conspiracy 
 Against the rest of the nation
El mejor de los partidos políticos no es otra cosa
Que una conspiración contra el resto del país
George Savile, marqués de Halifax 1633-1695


I do not think  that joining a Party one necessarily abrogates
the use of one's reason
No creo que por adherirse a un partido uno abandone forzosamente la razón 
Bertrand Russell, Autobiografía, carta a A. Amos 16-VI-1930

Introducción

En noviembre de 2013 hice una primera versión de este artículo que publiqué en este mismo blog y en el portal de análisis político Debate21. En estos cuatro años que han pasado desde la primera versión, el panorama social de nuestro país ha cambiado mucho como consecuencia de la agotadora crisis económica que llevamos padeciendo desde 2007 y que nos afecta en todos los órdenes de la vida social, en este contexto, el sistema de partidos no es una excepción. 

Y me he decidido a ampliarlo y volver a publicarlo por dos razones principales. En primer lugar porque, aunque ya en aquel momento conocía el trabajo de Gunther y Diamond (1), me parecía que su explicación sobre los partidos-movimiento no tenía reflejo en el sistema político español. Hoy en día, creo que hay reflejos de este tipo de estructuras políticas en nuestra sociedad.

Por otro lado, este artículo ha resultado ser uno de los que más interés ha despertado entre los lectores de Sociología Divertida, así que me interesa personalmente tenerlo al día.

Los Orígenes

El primer país que se dotó a sí mismo de un sistema de partidos fue el Reino Unido. A finales del siglo XVII se fueron configurando dos grupos políticos con cierta organización, muy lejos todavía de la idea que se tiene hoy de un partido, los “whigs” (2) y los “tories” (3), que mucho más tarde acabarían por ser el partido liberal y el partido conservador respectivamente. Ambos términos, whig y tory, eran en un principio despectivos, whig – que viene del gaélico escocés – significa cuatrero y tory – que deriva del gaélico irlandés - significa bandolero. Como vemos, la identificación de los políticos con ladrones, hoy tan en boga, viene de lejos.

Los whig eran más progresistas, la izquierda de la época, y los tories, la derecha, aunque ambos términos entonces no existían, nacieron durante la Revolución Francesa. En una votación el 11 de septiembre de 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente, en la que se decidía sobre el veto absoluto de la corona a las leyes que emanaran de la futura Asamblea Legislativa. Los que estaban en contra, y por tanto estaban a favor de que la soberanía residiera efectivamente en el pueblo por encima de la autoridad real, se situaron a la izquierda del presidente, y los partidarios de que el rey fuera un soberano en toda la magnitud del término se colocaron a la derecha. Así el término “izquierda” quedó asociado a las opciones políticas que propugnaban el cambio político y el término “derecha” se asimiló a los grupos conservadores que se oponían a los cambios. No creo que los diputados del “Jeu de Paume” (4) pudieran ni imaginarse la repercusión que tendría en la historia de la humanidad aquella sencilla toma de posición. ¿O quizás no fue tan sencilla?.

Desde aquellos tiempos los partidos fueron tomando protagonismo en el desarrollo de la vida pública de todos los países. Ya sea en las democracias liberales, en las que varios partidos se disputan los distintos niveles de gobierno en elecciones libres o en las dictaduras, que suelen apoyarse en un régimen de partido único. En estos últimos casos, siempre me ha parecido una incongruencia el término “partido”, pues la palabra designa un grupo de personas agrupadas en torno a una misma ideología por oposición a otros grupos similares, si es único – en buena lógica – no puede ser partido. Así que ya sea de una manera o de otra los partidos políticos son los vehículos a través de los cuales se organiza la participación política en todas las sociedades que han desarrollado con mejor o peor fortuna un Estado. 

Y se ha hablado y escrito mucho acerca de su futuro, de su posible desaparición, se habla del ocaso de los partidos. Muchos lo hacen desde la decepción con el sistema, se sienten excluidos de las decisiones políticas, ven en ellos estructuras al servicio de los intereses de los grandes grupos de presión. Mientras que a los ciudadanos sólo se nos consulta cada cuatro años, las élites económicas tienen línea directa con el poder político. Desde estas plataformas se incide en la necesidad de usar las nuevas tecnologías para fomentar formas de democracia directa, otros piensan que los grupos sociales y la acción colectiva serían los sustitutos ideales de los partidos como agentes de representación. Y sin quitarles la razón, al menos en el diagnóstico, el asunto no me deja de dar desasosiego pues recuerdo otros partidarios de la superación de los partidos con los que no me siento nada identificado. Como tengo esta memoria caprichosa e increíble o increíblemente caprichosa, no lo sé, me acuerdo de ver – con ojos de un niño de once años - un telediario en blanco y negro que se dedicó casi monográficamente al “Crepúsculo de las Ideologías” del diplomático y ministro franquista Gonzalo Fernández de la Mora (5), que aunque se recicló en la Transición para muchos era el filósofo de los inmovilistas. No sé si alguien de aquel telediario de 1971 se había leído el libro pero, con la excusa de la presentación de esa obra, recuerdo tal alegato en contra de los partidos que no se me ha olvidado mi infantil alivio por vivir en aquel país que tenía una frontera – los Pirineos – infranqueable para las peligrosas ideas que venían de Europa.

Pero, ¿cómo se ha llegado hasta aquí?, ¿han sido los partidos políticos siempre iguales?. Antes de contestar a esa pregunta vamos a hacer dos cosas que me parecen imprescindibles. Por un lado vamos a definir qué es un partido político, por otro, vamos a ponernos de acuerdo en una metodología para analizar su evolución. En ambos casos no vamos a inventar nada, sino que nos vamos a aprovechar de que existe una ciencia política que desde fecha muy temprana se ha ido ocupando de estos asuntos.

Para Edmund Burke (6), que por cierto era “whig”, un partido es un cuerpo de hombres unidos para promocionar, por medio de la unión de sus esfuerzos, el interés nacional sobre la base de un principio concreto respecto del cual todos se muestran de acuerdo. Para el politólogo británico Alan Ware (7), un partido político es una institución que busca influencia en el seno del Estado, a menudo para ocupar posiciones de gobierno, que representan varios intereses sociales y que hasta cierto punto están dispuestos a agregar más intereses. He puesto estas dos definiciones porque la primera está muy de acuerdo con lo que se pensaba que eran los partidos en el momento en que Burke participaba en el parlamento allá por el siglo XVIII y la segunda es actual y ambas marcan muy bien el camino que han seguido los partidos en estos dos siglos de diferencia, sobre todo en la parte de los intereses.

Respecto de la metodología a seguir hay estudios profundos y sistemáticos en diversas partes del mundo que han hecho ese trabajo por nosotros. En general, la mayoría de las tipologías o clasificaciones de los partidos se basan en el espectro ideológico, es un clásico el enfoque de familias espirituales de Von Beyme (8), pero hay muchas otras. Me gustan las investigaciones de  Richard Katz (9) y Peter Mair (10) que se basan en el estudio de la evolución de tres variables: los militantes, la organización central del partido y los cargos públicos, me parece una clasificación muy original porque no tienen en cuenta la ideología y aportan la idea de los partidos cártel que veremos más adelante aunque, por supuesto, no le faltan los críticos.

Según este esquema el primer tipo de partidos que surgió fueron los partidos de cuadros. Era la época del sufragio censitario, siglos XVIII y XIX, lo que significaba en la práctica que sólo tenía el derecho al voto una parte de la población que cumplía una serie requisitos económicos, sociales, educativos y, por supuesto dada la época de la que hablamos, de género. Estos partidos carecían de organización central, las funciones que normalmente desarrollan este tipo de estructuras las realizaban los que estaban en el parlamento, es decir, los cargos públicos, sin el apoyo de lo que también se denomina a veces “el aparato”. No había empleados del partido. Los militantes eran grupos sociales locales, gentes con recursos e influencia, con derecho al voto, que daban su apoyo al candidato y éste debía representar sus intereses en caso de ser elegido, aquella era la época dorada de la representación que suponía casi un contrato entre elector y electo. Aunque este formato de partido no difiere mucho entre los distintos países, se dio tanto en Europa como América, a  finales del siglo XIX se conforma en el sur de Europa una versión propia que fue el caciquismo en España y el transformismo en Italia.

El siglo XX

El paso de sufragio censitario al sufragio universal afectó al modelo de partido. El cambio fue gradual como lo fue la extensión del voto. La necesidad de movilizar a los nuevos electores, el aumento de la complejidad de las campañas electorales, el incremento de los costes y de los recursos de todo tipo para conseguir que un candidato saliera elegido, requirieron del establecimiento de una organización central y de la existencia de una militancia de base. La organización establecía una ideología y una estructura más o menos jerárquica en la que se integraban los militantes. Éstos, a su vez, sostenían con sus cuotas las finanzas de la organización. Son los partidos con organización o partidos de masas, típicos del siglo XX.

Los cargos públicos se vieron envueltos a partir de entonces en una peligrosa dualidad fuente de conflictos. Por un lado eran cargos públicos, por tanto debían seguir una determinada ética y una fidelidad a los intereses de los ciudadanos, y por otro lado, eran cargos del partido, con otra ética y otras fidelidades. En los partidos de izquierda además se solía dar la presencia de cargos sindicales, en los derecha se confundían los intereses de grupos privados con los públicos. Los conceptos de partido de cuadros y partido de masas se deben al politólogo francés Maurice Duverger (11, 12).

Durante la segunda mitad del siglo XX los cambios económicos, culturales y tecnológicos se fueron sucediendo a un ritmo extraordinario, modificaron la forma y la frecuencia que toman las demandas ciudadanas. Se produjo un aumento de la importancia de los medios de comunicación  y sobre todo de la televisión, que hizo que el lenguaje de la propaganda política cambiara radicalmente. Las mejoras en el Estado de Bienestar supusieron una mejora en las condiciones generales de la población, surgiendo con fuerza unas nuevas clases medias heterogéneas y de límites difusos que provocó que aparecieran estrategias electorales interclasistas en un intento por captar el mayor número posible de electores, en un ambiente muy competitivo entre las distintas opciones políticas.
Todos estos cambios han influido en las estructuras de los partidos, dando lugar a una nueva clase que Otto Kirchheimer (13) y otros llaman partidos “atrapalotodo” ("catch-all"), también se les conoce por partidos multicomprensivos. 

En el partido de cuadros los cargos públicos eran dominantes y en el de masas predominaba la fusión entre la organización central y los militantes, en el modelo atrapalotodo es difícil determinar en la práctica cómo se jerarquizan y ordenan las relaciones, parece que la militancia de base pierde peso a favor de la estructura organizativa y los cargos empiezan a surgir de dicha estructura, los cargos públicos hacen primero carrera dentro del partido. Ya no es tan importante que los militantes peguen carteles electorales, que participen en las decisiones del partido, la ideología pierde también importancia en aras de un mayor pragmatismo, ya no tienen sentido los planteamientos utópicos, la política se convierte – más que nunca – en el arte de lo posible.

La financiación se convierte en un problema, las grandes maquinarias electorales son muy caras y los partidos buscan fondos en muy diversas fuentes y no sólo en las contribuciones de los militantes.

Los partidos en la sociedad posindustrial

A finales del siglo XX se ha entrado en una nueva fase de desarrollo tecnológico. El sociólogo norteamericano Daniel Bell (14)  acuñó el término “sociedad posindustrial” para referirse al impacto de las nuevas tecnologías de la información sobre la sociedad. Si las sociedades industriales se caracterizan por sus fábricas y maquinarias que sirven para la producción de bienes a gran escala, las sociedades posindustriales se caracterizan por el uso extensivo de las tecnologías que sirven para procesar, almacenar y transmitir información y conocimientos.

El mundo posindustrial esta en continuo cambio, es variable, flexible, líquido – como diría el sociólogo polaco Zygmunt Bauman (15) - y no está asociado a un territorio concreto sino que es global. La globalización supone un cambio enorme. Todos los cambios provocan crisis, los grandes cambios provocan grandes crisis. La globalización ha traído una crisis de crecimiento inmensa, de nivel planetario, múltiple en sus efectos, Edgar Morin (16) la define como la “policrisis”. Y, evidentemente, dentro de esa policrisis no podemos obviar la existencia de una crisis política. 

En este contexto, el proceso de pérdida de peso de los militantes que se inició en la segunda mitad del siglo XX ha continuado hasta nuestras fechas. Aleja a los partidos actuales del partido de masas y los acerca a la estructura original de los partidos de cuadros. El punto culminante de este proceso de “desmilitantización” es el que Katz y Mair denominan partido cártel, pero que también se conoce como partido de cuadros moderno o partido electoral-profesional. 

Un cártel cómo sabe el lector – y aunque la primera acepción del diccionario de la Real Academia es organización ilícita vinculada al tráfico de armas o drogas – es término prestado de la ciencia económica que designa un convenio entre varias empresas similares para evitar la competencia mutua y regular la producción, la venta y los precios en determinado campo industrial. Para los autores del concepto, precisamente lo que caracteriza este tipo de partido es que ya no es tan importante conseguir el Gobierno de la nación como formar parte del sistema, el objetivo es tener cargos públicos en los distintos niveles gobierno como base con la que obtener influencia, capacidad de decisión y financiación pública. Los partidos mayoritarios forman una clase política homogénea que impide la competencia de nuevas formaciones, lo que maximiza su financiación y los beneficios para sus miembros acumulando las ayudas públicas, que no siempre son dinerarias. Este tipo de estructuras, según los autores de este enfoque, favorecen el bipartidismo.

Y es que la financiación pública es la forma de financiación más habitual, en muchos países cobran según los cargos públicos obtenidos en las elecciones o directamente cobran fondos del Estado. Es el caso de España.

En la misma medida en que la militancia está en declive, el partido se profesionaliza. Los políticos son profesionales de la política, muchos de ellos no conocen el mundo de la empresa ni el mercado de trabajo. Los empleados del partido son también profesionales y la organización central se llena de asesores de muy diverso cuño. Este amor por la asesoría lo trasladan los cargos públicos hacia las administraciones con la contratación de múltiples consejeros en detrimento de los funcionarios.

Ya no se discute el modelo de sociedad, no hay diferencias ideológicas destacables aunque el lenguaje parlamentario y político mantiene diferencias mucho más radicales de lo que la práctica real de la política demuestra. Todo lo que se dice y lo que se hace se realiza pensando cara a la galería. La preocupación por la imagen llega a la obsesión mientras que la preocupación  por los contenidos no va más allá de vagos planteamientos, sólo hay que leer los programas electorales, que son meros folletos que – después de su lectura – resulta difícil distinguirlos de los folletos de publicidad de una inmobiliaria.

Todo esto se combina con un fuerte dominio de los grupos parlamentarios mediante la disciplina de voto y una subordinación de las cámaras a los gobiernos dejando a la separación de poderes moribunda.

Como reacción a este panorama que se suele describir en nuestro país como “vieja política”, desde los años ’90, quizás a partir la crisis política italiana – que fue pionera en esto de la desafección ciudadana respecto de la política - y del advenimiento Partido Verde alemán, ha ido surgiendo una nueva clase de partido a medio camino entre el partido político y el movimiento ciudadano, que rechaza ciertas características de los partidos políticos tradicionales. Empezando por cierta resistencia a utilizar la palabra “partido” en su nombre (17), pero también rechazando en cierta manera la constitución de aparatos organizativos típicos de los partidos de toda la vida. 

Gunther y Diamond denominan a estos partidos “Movement Parties”, es decir, partidos-movimiento e incluyen en esta categoría a movimientos de izquierda filo libertarios y grupos de extrema derecha posindustrial. Estos autores denominan - a la  orientación, actitudes y comportamientos de estos partidos - como “posmaterialista”. Es decir, rechazan el status quo económico y mantienen un “consenso negativo” en contra del predominio de los mercados y de las burocracias que deben ser sustituidos a favor de las relaciones económicas solidarias y las instituciones participativas. Como no tienen consenso en apoyo de una ideología concreta o un conjunto de preferencias programáticas, este “consenso negativo” funciona como el mínimo denominador común compartido por sus heterogéneos miembros y la agenda del partido gira en torno a una multiplicidad de problemas sin limitarse a un solo ámbito.

En los partidos-movimiento la militancia resurge formando corrientes que evolucionan muy rápidamente, y la media de edad es baja, son partidos formados en gran parte por jóvenes y su voto también es joven. La organización del partido se desprofesionaliza, se da el caso de profesionales que ceden su tiempo al partido. Desembarcan con fuerza en internet y en las redes sociales como medios de propaganda y buscan nuevas fuentes de financiación como el “crowdfunding” (18).



El gran problema en estos partidos es mantener su estructura, es decir, no desembocar en un partido tradicional. Es conocida, por ejemplo, la lucha de los verdes alemanes para mantener su esencia antes de entrar en el gobierno federal con los socialdemócratas, sin acudir a ejemplos más recientes y próximos a nosotros que no cito porque están evolucionando muy rápidamente y no quiero tener que volver a modificar este artículo en unos meses. Está por ver si los partidos que se pueden clasificar como partidos-movimiento, sólo pueden moverse - hablando de su estructura y funcionamiento - entre el extraparlamentarismo manteniendo su esencia o la representación parlamentaria descafeinándose en tránsito hacia un partido tradicional. Veremos.

Comparación entre modelos de partidos


Unas palabras sobre la militancia

Hemos hablado mucho de la militancia como un parámetro esencial que ha ido sufriendo  cambios según han ido evolucionando los partidos. Creo que es interesante dedicar una reflexión final a este fenómeno social. Para Ware los militantes se afilian debido a tres clases de incentivos que los partidos les ofrecen: materiales, solidarios y teleológicos.

Los incentivos materiales son muy fáciles de comprender, serían – por ejemplo – el pago de ciertas tareas necesarias durante las campañas; el ofrecimiento de puestos de trabajo de diversa importancia, dependiendo de la categoría del militante, en los distintos niveles de la administración pública y, por último, el ofrecimiento de contratos públicos a cambio de aportaciones a las arcas partidarias.

Los incentivos solidarios son más intangibles pues tienen que ver con lo que al afiliado le gusta y el partido puede ofrecerle. Por ejemplo, la realización de actividades colectivas, la camaradería o la sensación de hacer algo efectivo para resolver los problemas comunes. Yo tuve un compañero que se afilió a un partido siguiendo a las faldas de una chica, el motivo era frívolo, pero la chica lo merecía.

Los incentivos teleológicos tienen que ver con la atracción por una ideología concreta o el programa del partido, estos militantes son los típicos de los partidos de masas.

En el siglo XXI, en un entorno en el que el modelo de los partidos cártel parece ser el que más se ajusta a los partidos reales, ¿existen todavía militantes que valoran los incentivos solidarios y teleológicos, o bien, sólo hay gentes que buscan su propio beneficio?.

Un domingo antes de las elecciones de 2011 caminaba por una plaza de Las Rozas (19) y vi un grupo con banderas rojas del Partido Socialista. Al doblar una esquina me topé con uno de ellos que me entregó un folleto y me contó una historia. Después de aquella legislatura en que el gobierno de Zapatero había metido la pata hasta el fondo, estando en un feudo del Partido Popular por lo que se arriesgaba a una salida de tono de alguno de los viandantes, aquel hombre defendía unas ideas que no estaban en consonancia con la praxis real de su partido. Aquel hombre no era ningún cargo importante, no llevaba escolta, iba a pecho descubierto. Sentí ternura por aquel idealista. Le di una palmadita en el brazo y le dije: “¡qué valor tienes con la que está cayendo!”, y me fui. 

Pues sí, todavía quedan militantes idealistas y, tomando como ejemplo de nuevo al Partido Socialista, sus militantes han recuperado su partido, al menos en parte, en los últimos tiempos. Es pronto para hacer un análisis pero, por este caso y otros que se están dando en otros países, parece que se está dando una lucha constante - a veces sorda, a veces con luz y taquigráfos -  entre los aparatos y los militantes, ya volveremos sobre el asunto.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:

  1.  Larry Diamond es Asociado Senior en la Hoover Institution, co-editor del “Journal of Democracy”. Es autor de “Developing Democracy: Toward Consolidation” y editor de numerosos libros sobre la democracia. Richard Gunther es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Ohio. Entre sus publicaciones más recientes están: “Democracy and the Media” (Cambridge, 2000); “Parties, Politics and Democracy in the New Southern Europe” (Baltimore, 2001); “Political Parties and Democracy” (Baltimore, 2001); and “Political Parties: Old Concepts and New Challenges” (Oxford, 2002).
  2. El término whig corresponde al antiguo nombre del Partido Liberal británico
  3. Tory es el nombre con el que se denomina a quien pertenece o apoya al Partido Conservador británico o a varios partidos conservadores de Canadá, como el Partido Conservador de Canadá, el Partido Conservador Progresista, entre otros
  4. El Juramentodel Juego de Pelota (en francés: Serment du Jeu de Paume),(también llamado el Juramento del Frontón), fue un compromiso de unión presentado el 20 de junio de 1789 entre los 578 diputados del Tercer Estado(o Estado Llano) para no separarse hasta dotar a Francia de una Constitución (a ellos se les unirán otros 2 diputados de la nobleza y 149 diputados del clero), haciendo frente a las presiones del rey de Francia Luis XVI.
  5. GonzaloFernández de la Mora y Mon (Barcelona, 30 de abril de 1924 – Madrid, 10 de febrero de 2002) fue un político, diplomático y ensayista español de signo conservador. Desde la década de 1960, fue el principal teórico de la tecnocracia en España. Ministro de Obras Públicas con la dictadura de Franco (1970-1974), durante la transición fue uno de los fundadores de Alianza Popular, de la que se apartó por su oposición a la Constitución de 1978.
  6. Edmund Burke (Dublín, Irlanda, 12 de enero de 1729 – Beaconsfield, Buckinghamshire, Inglaterra, 9 de julio de 1797) fue un escritor, filósofo y político, considerado el padre del liberalismo-conservadurismo británico, tendencia que él llamaba old whigs (viejos liberales), en contraposición a los new whigs (nuevos liberales, de ideas progresistas), quienes, al contrario de los old whigs, apoyaban la Revolución francesa, de la que Burke fue un acérrimo enemigo. Alan Ware es profesor de ciencia política en el Worcester College de Oxford
  7. Alan Ware es profesor de ciencia política en el Worcester College de Oxford
  8. Klaus Gustav Heinrich von Beyme (nacido el 3 de julio de 1934 in Saarau, Alemania ) es profesor emérito de Ciencia Política en la Facultad de Economía de la Universidad de Heidelberg
  9. Richard Katz es profesor del departamento de ciencias políticas de la Universidad John Hopkins de Baltimore, EEUU.
  10. Peter Mair es profesor en el European University College de Florencia.
  11. Maurice Duverger (Angulema, 5 de junio de 1917-París, 17 de diciembre de 2014)​ fue un jurista, politólogo y político francés.
  12. En su clasificación Duverger habla de partidos híbridos como tercer tipo de partido. Esta clase de partidos tiene características de los partidos de cuadros y los partidos de masas. Sería el caso de partidos en la transición histórica de los partidos de cuadros a los de masas, como por ejemplo el partido conservador británico a finales del siglo XIX, y de los dos grandes partidos norteamericanos, los republicanos y los demócratas. En opinión de Duverger el hecho de que estos partidos no hayan tenido la competencia de un gran partido de izquierdas como los socialdemócratas en Europa ha provocado que no hayan evolucionado de modo completo a modelo de partido de masas.
  13. Otto Kirchheimer (Heilbronn, 11 de noviembre de 1905 – Washington, 22 de noviembre de 1965) fue un jurista y politólogo alemán. Participó de la Escuela de Frankfurt con trabajos sobre el Estado y los Partidos políticos
  14. Daniel Bell (Nueva York, 10 de mayo de 1919 - Cambridge, Massachusetts, 25 de enero de 2011), fue un sociólogo y profesor emérito de la Universidad de Harvard. En "El advenimiento de la sociedad post-industrial", su obra más conocida, advierte de un cambio histórico, de la transición hacia un modelo basado en la información y el conocimiento, cuyas consecuencias alcanzan a las relaciones de poder, la estratificación social y la reconfiguración de los valores políticos, sociales y culturales.
  15. Zygmunt Bauman (Poznań, 19 de noviembre de 1925 — Leeds, 9 de enero de 2017)​ fue un sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío. Su obra, que comenzó en la década de 1950, se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones como las clases sociales, el socialismo, el holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza. Desarrolló el concepto de la «modernidad líquida», y acuñó el término correspondiente.2​ Junto con el también sociólogo Alain Touraine, Bauman recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010
  16. Edgar Morin, de nacimiento Edgar Nahum (París, 8 de julio de 1921), es un filósofo y sociólogo francés de origen sefardí
  17. Esa moda de no poner la palabra “partido” en el nombre de los partidos está cada vez más presente, incluso en los partidos de corte más tradicional. En España han surgido muchos: Ciudadanos y Podemos son los ejemplos más claros.
  18. El micromecenazgo,​ crowdfunding o financiación colectiva, es un mecanismo colaborativo de financiación de proyectos. El mismo prescinde de la tradicional intermediación financiera, y consiste en poner en contacto promotores de proyectos que demandan fondos mediante la emisión de valores y participaciones sociales o mediante la solicitud de préstamos, con inversores u ofertantes de fondos que buscan en la inversión un rendimiento. En dicha actividad sobresalen dos características, como son: La unión masiva de inversores que financian con cantidades reducidas pequeños proyectos de alto potencial y el carácter arriesgado de dicha inversión.
  19. Las Rozas de Madrid, ciudad de 90.000 habitantes al noroeste de Madrid, forma parte de la zona metropolitana de ésta última. Para más información pulse aquí

Bibliografía:

Partidos Políticos y Sistemas de Partidos
Alan Ware
Ciencia Política
Editorial Istmo
Madrid 2004

Comportamiento político, partidos y grupos de presión.
Sociología Electoral
Irene Delgado Sotillos y Lourdes López Nieto
UNED
Madrid 2004

Richard Gunther y Larry Diamond
Species of Political Parties.
A New Typology
Party Politics Vol 9. No.” Pp. 167-199
SAGE Publications
Londres 2003



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