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La Commedia dell'Arte



No tengo mucha experiencia en esto de los congresos de ciencias sociales – soy un converso reciente o tardío según se mire - apenas puedo presumir de mi participación en una mesa redonda en el Congreso Español de Sociología de Gijón (1) y  de mi reciente asistencia al primer Congreso Internacional del Instituto Complutense de Ciencia de la Administración, ICCA (2). 

Y, al carecer de experiencia, mis ojos son inocentes y susceptibles todavía de asombrarse, de observar sin perder detalle. Supongo que como los de los estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense que asistieron a las sesiones. He de decir que ellos fueron lo que primero me sorprendió. 

Estoy llegando a una edad en que ver a los jóvenes me sorprende, me rejuvenece y me da envidia, esa envidia - absurda por imposible - que las gentes que nos encontramos a un tiro de piedra de la vejez solemos expresar como que nos gustaría volver a esa edad sin renunciar a la experiencia acumulada. Los estudiantes me sorprendieron por su actitud, por sus intervenciones y preguntas y porque había de muchas nacionalidades distintas, lejos del aspecto monocromático que presentaba mi generación en mis tiempos estudiantiles.

La propia mecánica del congreso me sorprendió. Se formaron cuatro mesas, cada una con una temática distinta, dirigida por un profesor de renombre (3). Cada ponencia – normalmente presentada por un profesor o un investigador – tenía un turno para su presentación, normalmente a golpe de PowerPoint, para después ser revisada, a veces con críticas profundas, por un comentarista o discussant, que era otro profesor o un experto reconocido. Luego quedaba una discusión breve en el que el ponente se defendía y el comentarista matizaba. Lo que realmente me asombró – proviniendo de un mundo en el que la crítica se suele tomar como un ataque personal – cómo los ponentes aceptaban los comentarios y estaban abiertos a discutir sobre su ponencia en público, a pesar de los meses de trabajo que sin duda habían empleado. ¡Qué lejos del ordeno y mando de las organizaciones burocráticas, a una de las cuales, por mis pecados, tengo el dudoso honor de pertenecer!.

Fueron muchos los trabajos que se presentaron y todos muy interesantes, desgraciadamente no puedo citarlos todos pues me extendería demasiado, así que tan sólo comentaré los más próximos a mis intereses personales. Ni que decir tiene que no tienen por qué ser los mejores, yo no soy quien para juzgar.

Así, son de destacar el trabajo de Óliver Soto en el que nos presentó una clasificación de los regímenes políticos basada en dos variables: el nº de actores que toman decisiones y el tipo de legitimidad recurriendo un continuo muy weberiano entre autoridad tradicional y autoridad legal-racional (4). O el trabajo de Carlos Fernández (5) sobre las reformas electorales en el ámbito autonómico y el desbloqueo de las listas, con especial énfasis en el caso de la reforma de la ley electoral en el Principado de Asturias. O, por último, el muy documentado trabajo de Vanesa Antolín sobre la evolución del gasto público en España en el que te llevas la sorpresa de que no existen grandes diferencias en el gasto entre los diversos gobiernos del Partido Popular y el Partido Socialista que se han venido sucediendo. Las hay, con un mayor gasto en educación y sanidad de los socialistas, pero no son grandes (6).

Pero fueron las ponencias relacionadas con la función pública,  que se presentaron en la mesa dirigida por el Profesor Jorge Crespo, las que por proximidad – dada mi condición de funcionario del Estado – me provocaron un mayor interés personal.

La ponencia de la profesora Josefa Cantero (7) me llevo a terrenos muy conocidos. Para la profesora Cantero la noción de cuerpo de funcionarios está en nuestro ADN administrativo desde el desarrollo de los primeros cuerpos en el siglo XIX. El corporativismo es un fenómeno social complejo pues el cuerpo es un grupo social y a la vez un grupo de presión política. Yo añadiría que, sobre todo, lo son los cuerpos superiores que ocupan los puestos más altos de la estructura administrativa.

Como un intento de quitar poder a los cuerpos se establecieron disposiciones jurídicas que en opinión de la profesora Cantero han creado problemas adicionales. Las medidas anticorporativas fueron la implantación del puesto de trabajo y el principio de adscripción indistinta, es decir, la no existencia de puestos de trabajo reservados para un cuerpo determinado salvo situaciones especiales. Esto ha traído – según la profesora Cantero – un problema importante de desaprovechamiento de las capacidades y experiencia de los funcionarios.

Esto se ha pretendido corregir en el nuevo marco jurídico del Estatuto Básico de Empleado Público en que, por primera vez, se trata de dar contenido al puesto de trabajo, se establece la posibilidad de agrupar los puestos para organizar la carrera administrativa, se permite establecer un itinerario de carrera y se crea la posibilidad de crear puestos polivalentes.

Muy interesantes para mí fueron, también por razones de proximidad, las ponencias de Pedro Colmenares (8) y del profesor César Polo (9) que, por mor del poco tiempo que quedaba para terminar la sesión  - circulaba por el ambiente la amenaza de que iban a cerrar la Facultad con nosotros dentro - acabaron dirigiendo su exposición a la figura del directivo público.

Colmenares pertenece a un grupo de funcionarios que se están planteando - mediante estudios, investigaciones y debates - cómo mejorar la función pública mejorando el sistema de acceso a la misma – atrayendo y captando a los mejores aspirantes -, el sistema de carrera – estimulando y fidelizando a los funcionarios - y definiendo, de una vez por todas, la figura del directivo público.

Porque tanto el profesor Polo como Colmenares hablaron de esta figura que, pese a estar recogida en la ley desde hace tiempo, no se ha desarrollado jurídicamente. A este respecto se destacó que dicho desarrollo ha de estar vertebrado sobre la profesionalidad de los futuros directivos, su selección a cargo de un órgano independiente y la garantía de imparcialidad en relación con el poder político.

El acto de clausura vino de la mano de las profesoras Blanca Olías de Lima y Gema Pastor, exdirectora y directora actual del ICCA, y del profesor italiano Luciano Vandelli. Éste último es todo un personaje. Profesor de Derecho Administrativo en la Universidad de Bolonia, poliglota, autor de numerosos libros, asesor de gobiernos regionales, miembro del consejo de treinta sabios que Giorgo Napolitano (10) convocó para la redacción del proyecto de reforma de la constitución italiana, según alguien me dijo, “es como un García de Enterría (11) a la italiana”, no sólo por su notoriedad internacional sino que también por su línea de pensamiento.

Quiso el azar que nos sentáramos juntos los dos días de sesiones. Parecía el típico sabio despistado que no se entera de nada, que iba a lo suyo manejando un motón de papeles que subrayaba e identificaba con claves que yo interpreté como referencias a párrafos de otros informes. A veces, cuando el debate tocaba un tema que le debía interesar especialmente o sonaba la palabra “Italia”, levantaba la cabeza y no perdía detalle. De vez en cuando me preguntaba, “¿qué ha dicho?”, pero me parece que era más un problema de oído que de comprensión del idioma.

Su discurso, expresado con locuacidad parsimoniosa y con claridad meridiana, comenzó con una reflexión sobre el planteamiento y el desarrollo del congreso, lo que me hizo constatar que había estado muy pendiente de las ponencias, mucho más de lo que yo le había atribuido. Y continuó con un viaje a lo largo de los últimos cuarenta o cincuenta años sobrevolando lo que ha sido el gobierno en los países occidentales. Sobre el surgimiento de los gobiernos multinivel, el impacto de la revolución conservadora de Reagan y Tatcher, los vientos de la Nueva Gestión Pública, el concepto de gobernanza, la transparencia pública y el último de los problemas que nos aqueja, la desafección de la ciudadanía ante el gobierno y la política que está produciendo monstruos – la palabra es mía – al estilo de Donald Trump. Fue un auténtico placer escucharle.

Ya en el turno de preguntas, alguien le preguntó algo en lo que curiosamente estaba yo pensando en ese momento, le preguntaron sobre si su discurso no era esencialmente optimista. El profesor Vandelli anduvo contestando las cuestiones planteadas y, cuando ya parecía que se iba a comer la pregunta sobre el optimismo, volvió la cabeza a su interrogador y le dijo algo así como: “y yo soy como Gramsci (12) cuando decía: Yo soy pesimista de la razón y optimista de la voluntad”. La verdad es que fue un gran momento.

Hubo otro momento la tarde anterior que me quedará marcado y que no puedo dejar de comentar antes de terminar, porque me pareció una mezcla de generosidad y elegancia. Una ponente, muy preparada pero muy nerviosa, quedó completa y notoriamente bloqueada durante su discurso, le llevó bastante tiempo recomponerse – realmente fueron unos segundos que se hicieron en nuestro ánimo horas - lo que hizo de la situación entre chocante y desesperada, al final, para alivio de todos, siguió como pudo y terminó su ponencia. La comentarista, una representante de la Federación Española de Municipios y Provincias, la animó, le dijo que ella también se ponía nerviosa cuando trataba un tema tan complicado e importante como el que se estaba tratando y que, dada la preparación técnica de la ponente, la federación a la que pertenece, haría bien en contratarla. Ahí es nada el capote que le echó  la señora.

Así que en aquellos días de congreso tuvimos de todo, se habló de ciencia de la administración, de ciencia política, de sociología, hubo debate de altura, se trataron temas que preocupan al ciudadano, se habló en definitiva de la vida pública, de la vida en sociedad, tuvimos incluso drama, con una dama en apuros y un caballero que salió a su defensa que resultó ser otra dama, en efecto, tuvimos de todo. 

Cuando volvía en coche a casa, ensimismado mientras conducía, pensé que en cierto modo había sido un teatro, el gran teatro de mundo, incluso tuvo un poco de auto sacramental calderoniano (13), pero me dije pensándolo mejor que, con la presencia del profesor Vandelli había sido más algo al estilo de la “Commedia dell’Arte”(14) … en Somosaguas.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo














Notas:

  1. Tuve la ocasión de participar en Encuentro sobre Blogs de Sociología, el pasado 30 junio de 2016. Evento que coordinó Roberto Barbeito de la  Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y Miembro del Comité Ejecutivo de la FES, aparte de mí que participé por el  Blog Sociología Divertida, asistieron: Mariano Fernández Enguita Universidad Complutense de Madrid (UCM), Blog Cuaderno de Campo, Imanol Zubero Universidad del País Vasco (UPV-UHU), Presidente de la Asociación Vasca de Sociología y Ciencia Política, BlogOficio de Sociólogo y  Julián Cárdenas de la Freie Universität Berlin, blog Networkianos.
  2. Para más información acerca del I Congreso del ICCA: http://www.ucm.es/icca/congresos
  3. Se constituyeron cuatro mesas. Mesa 1: Disyuntivas de los gobiernos y ajustes institucionales para mejorar la calidad democrática, coordinada por la Dra. Consuelo Laiz. Mesa 2: Crisis y reinvención de las administraciones públicas, coordinada por el Dr. José Manuel Ruano (UCM). Mesa 3: Función pública en estados complejos en crisis. Análisis y propuestas de futuro, Dr. Jorge Crespo (UCM). Mesa 4: Nuevos enfoques de política pública y la innovación en los servicios públicos, coordinada por el Dr. Ernesto Carrillo. Para más información: http://www.ucm.es/icca/mesas-de-trabajo  
  4. El trabajo de Óliver Soto (UCM) era “Rendición de cuentas y legitimidad: hacia una nueva propuesta de tipología de los sistemas políticos autocráticos y democráticos. Más información en el programa del congreso: http://www.ucm.es/icca/programa
  5. El trabajo de Carlos Fernández Esquer (Universidad Autónoma de Madrid) era: “Las reformas electorales a nivel autonómico y el desbloqueo de las listas, ¿regeneración democrática o espejismo institucionalista?. Más información en el programa del congreso: http://www.ucm.es/icca/programa
  6. El trabajo de Vanesa Antolín y Benito Cárcar (UNED) era: Evolución y análisis de las partidas de gasto público en España, período 1995-2015. Más información en el programa del congreso: http://www.ucm.es/icca/programa
  7. La ponencia de Josefa Cantero de la Universidad de Castilla La Mancha versó: sobre la necesidad de avanzar hacia una concepción técnica y más moderna de los cuerpos de funcionarios, una exigencia para la eficacia de la Administración. Más información en el programa del congreso: http://www.ucm.es/icca/programa
  8. Pedro Colmenares y Clara Mapelli (Instituto Nacional de Administración Pública), su trabajo era: Una forma de concebir la función pública. Más información en el programa del congreso: http://www.ucm.es/icca/programa
  9. El trabajo del Profesor César Polo (UCM, ICCA) era: Directivos Públicos: ¿quiénes son?¿qué hacen?¿qué perfiles profesionales presentan?. Más información en el programa del congreso: http://www.ucm.es/icca/programa
  10. Giorgio Napolitano (Nápoles, Italia, 29 de junio de 1925) es un político italiano, Presidente de la República Italiana entre 2006 y 2015, y también el primero y único en ser reelegido para el cargo, por lo que es hasta el momento el presidente más longevo de la historia de Italia. Debido a su dilatada carrera en la primera línea de la política italiana, es a menudo apodado por sus críticos como Re Giorgio, «Rey Giorgio».
  11. Eduardo García de Enterría yMartínez-Carande (Ramales de la Victoria, Cantabria, 27 de abril de 1923 - Madrid, 16 de septiembre de 2013) fue uno de los juristas españoles más notables del siglo XX, es un punto de referencia indispensable en la elaboración de doctrina e investigación sobre Derecho Público en España.
  12. Antonio Gramsci (Ales, Cerdeña, 22 de enero de 1891 - Roma, 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano. Escribió sobre teoría política, sociología, antropología y lingüística. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano
  13. El gran teatro del mundo es una obra de teatro del dramaturgo español del siglo XVII Pedro Calderón de la Barca. Pertenece al género del auto sacramental. Fue publicado por primera vez en 1655 y escrito probablemente en la década de 1630.1 Es el auto sacramental más famoso de Calderón.
  14. La comedia del arte (Commedia dell'Arte) o comedia del arte italiana es un tipo de teatro popular nacido a mediados del siglo XVI en Italia y conservado hasta comienzos del siglo XIX.

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El Ostentóreo y la Declaración de Bolonia



Don Jesús Gil y Gil alcalde de la ciudad de Marbella y presidente del Atlético de Madrid

El inefable Jesús Gil y Gil (1) parió una palabra que no se encuentra en el diccionario de la Real Academia, a pesar de que el escritor Francisco Umbral (2) porfió – no sin altas dosis de ironía- por incluirla sin éxito. La palabra es “ostentóreo”. 

Y no estuvo mal Don Jesús pues, aunque fue creación involuntaria, atinó con la palabreja ya que es fusión de otras dos que si tienen sentido: ostentoso y estentóreo. Ostentoso es adjetivo sinónimo de llamativo, que llama la atención por su apariencia lujosa o aparatosa y tiene un carácter la mayor parte de las veces peyorativo. Estentóreo se dice de aquellas voces que retumban, que suenan firmes, ruidosas y fuertes. Así que la fusión de ambas podría aplicarse a personas, animales o cosas, que son aparatosas, firmes, retumbantes, con tanto boato o firmeza que te sientes apabullado y, en el caso de las personas, son tan contundentes y de opiniones tan notorias que te callas en su presencia y, las personas como yo de natural sensatas y de buen carácter, dejan pasar como pasa el viento del norte.

Pues bien, yo conozco a personas ostentóreas. En concreto conozco a un empresario, con el que me une una de esas relaciones no muy estrecha pero si continua e inevitable, que es el prototipo de la ostentoriedad. Le veo pocas veces, siempre intento evitarle o despacharle tan pronto como pueda, para evitar tener que oír opiniones tales como “todos los funcionarios son corruptos” o “si se colgara de la cuerda a uno o a dos todo sería distinto”. 

Una vez en una fiesta de cumpleaños, con un ambiente distendido de copa en la mano y tarde veraniega, en un jardín inmaculado de los alrededores de Madrid, en aquella época en la que la aplicación del proceso de Bolonia (3) estaba en el horizonte pero todavía no había llegado, dijo de manera ostentosa con su estentórea voz: “no sé por qué protestan tanto si al fin y al cabo Bolonia está muy bien, ¿cuántas asignaturas estúpidas, que te hacían perder el tiempo, estudiamos en la carrera?”.  

Su comentario mereció cierto consenso de aquellos que no lo conocían lo suficiente – al fin y al cabo todos hemos tenido asignaturas que nos resultaron odiosas - y le animaron con respuestas de aprobación lo que dio alas al ostentóreo, que encontró en el auditorio un terreno abonado a su filosofía. Después de aumentar la radicalidad de su discurso terminó con un “¿Para qué necesita un ingeniero saber de lengua?”, “¿para qué necesita un filólogo saber de matemáticas?”.

Al llegar a este punto había perdido ya las miradas de admiración y contemplé divertido los esfuerzos de algunos de salir de aquel círculo que se había formado alrededor de él. “Hombre, no está de más que el ingeniero tenga una culturilla y que al filólogo no le engañen con las vueltas de la compra” – le dije yo dándole una salida - “No seas básico, sabes perfectamente lo que quiero decir”- contestó dándome un portazo en la cara.

El ostentóreo simplificaba mucho el asunto, tenía una forma grosera de decir las cosas pero fijaba su punto de mira en uno de los debates principales que, acerca de la Declaración de Bolonia y del proceso subsiguiente, se ha mantenido en los últimos años: las consecuencias que para la formación de los profesionales tiene la especialización de los estudios que preconiza el acuerdo boloñés.

Pero empecemos por el principio, ¿qué es el proceso de Bolonia?. La Declaración de Bolonia fue un acuerdo que en 1999 firmaron los ministros de Educación de la mayoría de los países de Europa, tanto de la Unión Europea como de otros países que en general no suelen formar parte de este tipo de convenios como Turquía o Rusia. 

La idea era poner en marcha un proceso de convergencia hasta constituir en 2010 un espacio universitario común en el que las titulaciones fueran equivalentes y directamente homologables. 

Este es el Espacio Europeo de Educación Superior que - para conseguir el intercambio de titulaciones, estudiantes, profesores e investigadores – ha establecido un grupo de  medidas entre las que destacan: un sistema de titulaciones “legible” y comparable basado en tres ciclos – grado, máster y doctor – copia del sistema anglosajón al que se le atribuye virtudes incontestables, una especie de “euro académico” el llamado crédito ETCS (European Credit Transfer System) que corresponde a unas 25 a 30 horas  lectivas y que es la herramienta con la que se homologan los títulos entre países firmantes, el aprendizaje basado en una evaluación continua del estudiante y con un carácter práctico y, por último en línea con los tiempos que corren, que las universidades se financien con medios propios y que no sea el Estado el que apechugue con las facturas o, al menos, lo haga progresivamente en menor medida.

En definitiva, se trataba de globalizar el sistema educativo y eso no es esencialmente malo ni bueno, es más, si revisas los objetivos es difícil encontrar alguno con el que estar en desacuerdo. Cómo estar en desacuerdo con que el título académico de mis hijos se homologue de forma casi automática en todos los Estados de Europa o que se les evalúe continuamente en vez de jugarse la asignatura al todo o nada de un examen final.

Luego en principio debería ser un proceso este de Bolonia bueno para los países, ciudadanos y empresas, sin embargo tuvo que soportar mucha oposición de los sectores implicados. Pero claro, todo depende de cómo se hagan las cosas, también el sueño de una Europa unida era dulce y nos estamos ahora adentrando en una pesadilla “orwelesca” con unas instituciones poco democráticas y pactos a espaldas de los ciudadanos. Precisamente una de las principales críticas al proceso ha sido, como en su día expresó el catedrático de filosofía Manuel Cruz (4), la falta de un debate abierto en el que pudieran participar todos los sectores afectados sino que las autoridades académicas designaron comisiones técnicas que decidieron sobre las cuestiones esenciales del mismo, al menos en España.

Muchos eminentes sociólogos han destacado que el sistema educativo tiene como función principal, no la educación y formación de las personas que es el objetivo reconocido, sino la selección del personal con vistas al mercado de trabajo. Talcott Parsons (5), que describe el sistema educativo norteamericano, Baudelot y Establet (6), que se centran en un caso más cercano a nosotros como es el francés, destacan que este proceso de selección comienza desde la escuela primaria, en la que se realizaría una primera selección basada en el rendimiento pero con una fuerte influencia del nivel social de las familias de los alumnos. Ya hemos visto en otros artículos que las aspiraciones educativas reciben la influencia de los padres y del grupo de compañeros. Los padres de clase alta suelen animar más  sus hijos a ir a la universidad y les proporcionan modelos de rol que les llevan a tener aspiraciones educativas altas (7).

En la educación secundaria se efectuaría la bifurcación definitiva entre los que van a proseguir los estudios y los que se van a competir al mercado de trabajo, en este proceso de selección vuelve a influir de manera primordial el estatus socioeconómico de las familias. 

Pero, ¿ahí termina la selección?. Evidentemente no, la selección continúa en la universidad. Bowles y Gintis (8) aseveran que los empleadores han aprendido por experiencia que las credenciales académicas actúan como sucedáneos de las cualidades que ellos consideran importantes. El credencialismo es un buen predictor del nivel de desempeño que el futuro empleado puede llegar a ofrecer, además es legal pues los títulos están reconocidos por el Estado y existe un amplio consenso social para su aplicación, a lo que habría que añadir que son muy baratos para las empresas pues es el Estado y las familias las  que se hacen cargo de los costes. Ahí está la raíz del fenómeno que popularmente se ha conocido como “titulitis” y de manera más profesional como credencialismo (9).

En este sentido, el proceso de Bolonia, podría plantearse como una vuelta de tuerca en este sistema de selección de personal. Veamos, el nuevo sistema ha supuesto un aumento de la especialización de las titulaciones. Uno de los objetivos de la reforma era la racionalización y reducción de las titulaciones, sin embargo el número de titulaciones distintas se multiplicado por tres, ¿por qué?. Pues porque el objetivo real perseguido era la especialización de los estudios. 

Por ejemplo, anteriormente existía un único tipo de ingeniero informático con una formación general, cuando llegaba a la empresa se especializaba por ejemplo en ingeniería del software y más concretamente, en programas de gestión de empresas. Gran parte de esa especialización corría a cuenta de la empresa, mediante cursos de formación específica y mediante la participación en proyectos concretos, dado que en vez de cobrar por un analista “senior” se tarifaba por un analista “junior”, o bien, engañaba al cliente dando gato – “junior” – por liebre – “senior” -. Si con el nuevo sistema de Bolonia se crea una titulación de grado en ingeniería de software, parte de esa formación posterior en la empresa no es necesaria. Si se crea una titulación de grado de ingeniería del software en gestión de empresas, todavía es menor el coste de formación por parte de la empresa. Y, ¿sobre quien recae el coste?, sobre los que pagan la matrícula universitaria: la familia y el Estado. Y como el Estado está en franca retirada en esto de pagar en cuestiones sociales – eso ya no se lleva - pues la gran perjudicada de todo este asunto es la familia que sufre una subida continua de las tasas académicas.

Por eso no es de extrañar que en 1995 – cuatro años antes de la Declaración de Bolonia -, la European Round Table of Industrialists o Mesa Redonda de los Empresarios Europeos que es un lobby que agrupa a las empresas multinacionales europeas, publicó un informe en el que se presentaba su visión sobre los procesos de educación y aprendizaje cuyas aspiraciones se acercan mucho a las conclusiones del acuerdo final. De esta manera la visión crítica frente al proceso de Bolonia afirma que el poder económico europeo, formado por éste y otros lobbies, ha sentado las bases de la reforma universitaria. Para los críticos, esta reforma al servicio y mayor gloria de la empresa privada, se ha querido camuflar entre los cambios que se juzgan positivos por la mayoría de los actores implicados.

El caso es que puede ser que la reforma sea buena para las empresas, pero, ¿lo es para las personas?. El gran sociólogo francés Pierre Bourdieu (10) hablaba de títulos de nobleza escolar y los definía como aquella titulación académica que aparte de garantizar formalmente una competencia específica – como el título de ingeniero – garantizaba la posesión de una “cultura general” tanto más considerable como prestigiosa era la titulación. Bourdieu ponía el ejemplo de que, en Francia, los títulos de las “Grandes Ècoles”(11) garantizaban una competencia que se extendía mucho más allá de los que se suponía que garantizaban. Todo ello porque se exigía de manera tácita a los poseedores de esos títulos que se hicieran con esa cartera de conocimientos aunque no se exigiera formalmente. Esto está en la antítesis del ingeniero iletrado que preconizaba mi ostentóreo conocido y parece que también está en la antítesis de lo que preconiza la reforma de Bolonia. Me gustaría saber de qué manera han gestionado en las “Grandes Ècoles” parisinas las reformas derivadas de la Declaración de Bolonia, supongo que habrán incrementado la parte tácita de las exigencias culturales. En cualquier caso, una mayor especialización lleva a alejar los estudios universitarios de los títulos de nobleza escolar hacia títulos académicos plebeyos. El que quiera nobleza cultural, o simplemente una culturilla general, que se la pague.

Pero voy a ir un poco más lejos. Si algo demuestra el funcionamiento de la sociedad del siglo XXI es que el entorno general en el que vivimos es terriblemente cambiante, dinámico, muy dependiente de la moda y del último grito y no estoy hablando solamente del vestido, hablo de todos los sectores sociales,  y el mercado de trabajo no es una excepción. Me gustaría saber en qué academia militar estudió el general chino que dirige esa mítica división de ciberguerra que dicen que hay en Shangai, probablemente fue cadete de caballería. El licenciado en derecho, farmacia, sociología, informática o medicina que no está al corriente de lo que se cuece en su profesión, que no lee revistas especializadas ni realiza cursos de puesta al día queda completamente desfasado. 

El mercado de trabajo está sujeto a vaivenes continuos, hoy se necesitan fisioterapeutas pero mañana pueden ser bromatólogos o neurocirujanos o fontaneros. Pero dentro de una misma profesión también ocurre, volviendo al ejemplo de antes, el perfil de un ingeniero de software cambia continuamente según el paradigma de desarrollo en boga en ese momento o el tipo de aplicación informática que se necesite, ahora por ejemplo están muy de moda las aplicaciones para dispositivos móviles. Por lo tanto, en un mundo tan cambiante, la especialización excesiva puede conducirte directamente a la cola del paro, simplemente porque la especialidad en la que eres experto ha dejado de tener interés económico. Puede resultar que para prepararte para el futuro y blindarte ante los cambios del mercado de trabajo tengas que hacer varios grados diferentes, o combinaciones de grados y másteres, que te den acceso a especialidades distintas.

Así que el proceso  puede ser bueno para las empresas pero no parece que sea tan bendito para las personas y las familias. Y esto me preocupa, porque mis hijos están en edad de merecer y me tendré que rascar el bolsillo para financiar estancias largas en la universidad, un bolsillo muy raído por la crisis. Otros habrá que no puedan pagarlo cuando antes sí podían. Como decía mi madre: “no tengo propiedades ni fortuna yo sólo podré dejar a mis hijos una cultura”. De eso se aprovechan, los padres intentamos dar a los hijos la mejor formación posible e intentar dotarles de recursos ante un mundo que estamos dejando a las nuevas generaciones, tan hostil y cambiante, tan amante de los poderosos, buscón del beneficio a corto plazo por encima de todo y de todos.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo y padre

Notas:
  1. Jesús Gil y Gil fue alcalde de Marbella y presidente del Atlético de Madrid C.F. Para obtener más información pulsa aquí.
  2. Francisco Umbral fue escritor y periodista español miembro de la Real Academia. Para obtener más información pulsa aquí.
  3. Para obtener más información acerca del Proceso de Bolonia pulsa aquí.
  4. Manuel Cruz es catedrático de filosofía de la Universidad de Barcelona. Para obtener más información pulse aquí
  5. Talcott Parsons fue un sociólogo norteamericano, máximo exponente del Funcionalismo Estructural, para más información pulsa aquí
  6. Christian Baudelot es un sociólogo francés especializado en sociología de la educación. Para más información pulsa aquí. Roger Establet es un sociólogo francés especialista en sociología de la educación. Para más información pulsa aquí.
  7. Ver el artículo en este mismo blog “Investigación sobre el logro de las personas”.
  8. Samuel Bowles es un economista norteamericano profesor de la Universidad de Massachusetts para más información pulsa aquí. Herbert Gintis es matemático, y economista norteamericano, profesor de la Universidad de Massachusets. Para más información pulse aquí.
  9. El credencialismo es un término usado para describir, a menudo despectivamente, la excesiva dependencia de las credenciales, por ejemplo los títulos académicos, a la hora de la asignación de roles o estatus social.
  10. Pierre Bourdieu fue un sociólogo francés, una figura destacada de la sociología de la segunda mitad del siglo XX. Para obtener más información pulsa aquí
  11. Grandes Ècoles son establecimientos públicos y privados franceses de educación superior en los que se forman a las élites de ese país. Para más información pulsa aquí
Bibliografía
La Distinción
Títulos y cuarteles de nobleza cultural
Pierre Bourdieu
Editorial Santillana
Madrid 1998

El fracaso universitario en la Universidad Politécnica de Madrid
Juan Carlos Barajas Martínez
Web de Sociología de Carlos Manzano

La investigación sobre los logros de las personas
Juan Carlos Barajas Martínez
Sociología Divertida

La descomposición de la universidad
José Luis Pardo
Diario El País 10/11/2008

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