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| Morfeo ofrece a Neo una pastilla roja y una verde |
Del
guion de The Matrix (1999)
(Neo
observa el pasillo a su izquierda. Un gato negro camina con calma de fondo a
primer plano y desaparece por la derecha. Neo lo sigue con la mirada, casi sin
interés. Luego, en el MISMO lugar, un gato negro IDÉNTICO repite EXACTAMENTE el
mismo recorrido, al mismo ritmo. Neo pestañea, confundido. Mira a Trinity, que
ha estado observándolo a él, no al pasillo).
NEO:
(Con voz baja, perpleja)
¡Guau!
TRINITY:
¿Qué?
NEO:
(Señalando débilmente hacia el pasillo)
Un gato... acaba de pasar ahí.
TRINITY:
(Con calma,
sin inmutarse)
¿Y?
NEO:
(Sacudiendo la cabeza, como si dudara de su cordura)
Nada... solo que he visto lo mismo un momento antes. Fue como un... “déjà
vu”.
(La
palabra "déjà vu" actúa como un disparador. La expresión de Trinity
cambia instantáneamente de curiosidad a alerta máxima. Su mirada se endurece).
TRINITY:
¿Un déjà
vu? ¿Qué hiciste? ¿Qué viste exactamente?
NEO:
(Desconcertado por su reacción)
Un gato negro. Pasó por ahí, y luego... pasó otra vez.
TRINITY:
¿Cómo "otra vez"? ¿Viste al mismo gato dos veces?
NEO:
(Ahora inseguro)
No... no lo sé. Quizás no era el mismo gato. Fue raro.
(En ese
momento, Mouse, el joven y nervioso programador del grupo, que ha estado
escuchando, se acerca. Habla con un tono de fascinación técnica, como
explicando un bug de software).
MOUSE:
(Con una sonrisa ligeramente torcida)
Eh, eh... Un déjà vu. ¡Eso es! ¡Suele pasar cuando cambian algo!
(Neo lo
mira, sin comprender).
TRINITY:
(Explicando a Neo, con seriedad absoluta)
Un déjà vu es, por lo general, un error en Matrix. Ocurre cuando
ellos alteran una parte del código.
(La
cámara se acerca al rostro de Neo, que empieza a entender la gravedad de lo que
eso significa. No es un fallo de su mente; es un fallo en el mundo mismo).
TRINITY: (continuando)
Significa que las defensas están levantadas. Nos han localizado. Tenemos que
irnos. ¡YA!
Resumen
Abstract
From an inexplicable personal experience —the impossible disappearance of a runner in a park— the author embarks on an intellectual journey that goes from cinema to philosophy, through physics and digital culture. If Plato once spoke of shadows in a cave, today we speak of “glitches” in a possible simulation. This article explores that modern disquiet through the relentless logic of Bostrom’s trilemma: three possible futures, each more unsettling than the last, which force us to question the solidity of reality.
Índice
- Una experiencia extranatural
- La racionalización de una situación irracional
- "Glitch on the Matrix"
- El trilema de Bostrom
- Anexo 1: Cálculo de velocidades
- Anexo 2: Críticas a Bostrom
No he llevado una vida excesivamente interesante y
aventurera, sino más bien pequeñoburguesa, y no ha sido casualidad:
ha sido una decisión consciente. Lo mío ha sido la búsqueda de la felicidad por
medio de la conquista de la normalidad. Soy epicúreo, partidario del “aurea
mediocritas” (ver en este mismo blog: Aurea
mediocritas)(1). Pero a veces, la realidad se obstina en llevarnos por otro
camino; el Universo siempre se las arregla para acabar con tu tranquilidad.
Hace unos días —apenas una semana en el momento en el que
estoy escribiendo— paseaba plácidamente por los alrededores de mi casa con mi
perra. Tengo que abrir un paréntesis para explicar al lector cuál es el
carácter de Alexia: apacible y bonachón en casa, el diablo de Tasmania (2)
en la calle. Es por esto que siempre debo andar vigilante cuando paseo con
ella, para que no se arranque ante la presencia de alguna persona vestida de
negro (un color que odia) u otro perro que considere ella digno de sus ladridos.
Ante esta conducta, miro posibles dianas cercanas y tomo medidas: la desenfoco
de su objetivo, la tranquilizo con mimos, la siento o, simplemente, la cambio
de acera. Con Alexia estoy siempre pendiente de lo que pasa a mi alrededor.
En estas, un señor paseaba por la acera contraria con un
perrito chiquitín, una chica caminaba delante de nosotros con dirección a la
A-6 y alguien tiraba la basura en un contenedor: una escena cotidiana. Orienté
a Alexia hacia nuestro destino, el “pipí-can” (3) más cercano,
en un parquecito aledaño.
A dos pasos de la entrada al “pipí-can”, de repente,
apareció andando un señor a mi espalda. Tendría unos cincuenta años, era muy
alto, bastante atlético y llevaba ropa deportiva cara de color negro, unas
zapatillas deportivas de un color amarillo fosforito como los
rotuladores esos que se usan para subrayar y un gorro de invierno del mismo
color. Mientras nosotros entrábamos en el “pipí-can”, él se fue hacia la valla
del recinto y se puso a hacer ejercicios de estiramiento.
La perra no le hizo ni puñetero caso a
pesar de llevar puesta ropa del color que más la encabrita; se puso a husmear
cerca de él, al otro lado de la valla, sin prestarle atención. Esto, ya de por
sí, me llamó la atención. Alexia hizo sus cosas de perrita y, unos cinco
minutos después de entrar, se dirigió a la puerta del recinto indicándome que
ya se quería largar. Al mismo tiempo, el corredor había dejado de hacer sus
ejercicios y se dirigía también a la puerta por el otro lado de la valla.
Llegamos los dos al mismo tiempo a la puerta del “pipí-can”,
yo por el interior y él por el exterior, camino de la calle. En ese momento, me
agaché para ponerle la correa a Alexia y, al levantar la vista, el señor en
cuestión había desaparecido. Cuando bajé la vista, estaba a cinco
metros de mí; mi mente no podía comprenderlo. Miré en todas las direcciones
hasta donde me alcanzaba la vista y no estaba.
Pensé que podía haberse caído en el parterre, por lo que
salí del “pipí-can” corriendo, alarmado. Busqué entre las plantas y no estaba.
Me llegué hasta la calle, hasta el punto de mayor cobertura visual, y allí
estaba el señor con el perro chiquitín en la acera de enfrente; la chica que
iba hacia la A-6 probablemente ya estaría en la estación del tren, por lo que
no había ni rastro de ella; y había gente nueva paseando hacia
mí, pero del corredor no había señal alguna. Incluso registré los árboles que
hay en el centro de la rotonda, por si estaba jugando al escondite. Se había
esfumado.
Al llegar a casa, lo primero que le dije a mi mujer
fue: “He vivido un fallo en Matrix”.
La racionalización de una situación irracional
Posteriormente, más sereno, me puse a racionalizar lo que
había pasado. Descartando la combustión espontánea con evaporación incluida,
que me pareció una opción más bien delirante, supuse que se había ido corriendo
pues, al fin y a la postre, era un corredor.
Lo primero fue sacar a pasear a la física. Medí las
distancias mediante Google Maps. Repetí mis movimientos con mi perra para medir
los tiempos que empleé.
Entre en el punto donde dejé de verle y el punto más corto
en el que se pudo ocultar (La esquina del instituto Federico García Lorca) hay 65.44
metros. Y el tiempo medio que tardo en quitarle y ponerle la correa a la
perra es de 7 segundos. Usando las ecuaciones del movimiento uniformemente
acelerado para recorrer esa distancia en ese tiempo resulta una velocidad final
de 62 kilómetros por hora y una aceleración de 2.2 metros por segundo al
cuadrado (para ver los cálculos que he realizado ver “Anexo: cálculo de
velocidades”, al final del artículo).
Bien, nuestro corredor era sobrehumano: la aceleración es la
misma que la de un BMW 320i (4) y la velocidad final es imposible para una
persona. Entonces, solo son posibles dos soluciones: un error en mi mente o
un error en la realidad.
Soy una persona muy lógica, he hecho de ella una guía para
mis decisiones y, después de la física, saqué a pasear a la Navaja de Ockham
(5): “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la
correcta”. Entre atribuir un fallo a mi mente o al Universo, decidí ser
humilde y pensar que es mucho más fácil que mi percepción del mundo falle a que
sea el mismo mundo el que incumpla las leyes de la física —sus
propias leyes, a las que de sobra sé que tiene mucho cariño—.
Ni que decir tiene que pasé el resto de la tarde buscando
acerca de alucinaciones, pérdidas de la noción del tiempo y recuperando la
tarjeta de mi psicóloga por si la cosa se repite.
No obstante, pensé: ¿por qué no adentrarme en la idea de un
mundo falible? Y por eso me propuse escribir este artículo, para analizar mi
experiencia desde otros puntos de vista y, de paso, no perder la cordura.
"Glitch on the Matrix"
Al parecer, el término “glitch” entró en el inglés
desde el alemán “glitschen” —que significa “resbalar”— en la década de
1960, inicialmente en el contexto de la industria aeroespacial y la
electrónica, para describir pequeños fallos en equipos de radio, radar y naves
espaciales.
Actualmente tiene mucho predicamento en el mundo de los
videojuegos para describir comportamientos no intencionados o fallos, como
personajes que atraviesan paredes, aceleraciones imposibles (¿os suena de
algo?), objetos que flotan en el aire o texturas inverosímiles.
"Glitch in the Matrix" significa "un
fallo o error en Matrix". El término se popularizó masivamente por la
película The Matrix (1999), donde el protagonista, Neo, ve un gato negro
idéntico pasar dos veces seguidas por el mismo sitio. Un personaje lo explica
como una "falla" en la simulación que controla su realidad. Os puesto
al principio un segmento del guion con la escena en cuestión.
Por extensión, en la cultura popular actual se refiere a
cualquier evento extraño, coincidencia increíble o anomalía en la realidad que
nos hace cuestionar brevemente si el mundo es real, estable y consistente. Es
la sensación de que "algo no encaja" en la trama de la realidad. Algo
como los fallos en los videojuegos, pero que te ocurren en un parque de tu
pueblo.
En siglos anteriores se podría atribuir a un milagro o a la
magia; cada cultura, en cada época, acude al estado del conocimiento disponible
en ese momento. También la filosofía, desde los griegos, se ha ocupado de
preguntarse qué es real o sobre la falta de fiabilidad de nuestra percepción.
La frase de Descartes “Pienso, luego existo” es una manifestación extrema de
desconfianza en los sentidos.
En nuestro tiempo, el concepto de “glitch” está muy
ligado a la hipótesis de la simulación, pues cada vez más los juegos de
ordenador simulan mejor la realidad, con lo que la comparación entre el mundo
virtual y el real surge naturalmente. Hay multitud de foros, conversaciones y
vídeos en las redes sociales que hablan de ello, la inmensa mayoría de muy poca
credibilidad.
Pero más allá de los foros y las teorías conspirativas, esta inquietud moderna —la sospecha de que nuestra realidad podría tener “errores de programación”— encontró una formulación lógica seria y despojada de misticismo en el trabajo del filósofo Nick Bostrom.
Si el glitch es el síntoma anecdótico que nos hace
desconfiar del sistema, el trilema de Bostrom es el diagnóstico estructurado
que explora las implicaciones últimas de esa desconfianza. Ya no se trata solo
de preguntarnos si un evento extraño fue un fallo en Matrix, sino de afrontar
una disyuntiva mucho más profunda y desconcertante sobre el destino de nuestra
civilización y la naturaleza de lo real. De la cultura pop a la filosofía de la
ciencia: es hora de cambiar el chip y examinar el argumento que convierte nuestra
inquietud en un puzle lógico con tres piezas, todas igualmente incómodas.
El trilema de Bostrom
Nick Bostrom (6) es probablemente el filósofo más conocido
de la corriente transhumanista. Pero ¿qué es el transhumanismo?
El transhumanismo (7) es una corriente filosófica que busca
mejorar la condición humana mediante la aplicación de la ciencia y la
tecnología. Su objetivo principal es ampliar las capacidades humanas en
términos de inteligencia, resistencia y longevidad. Para lograr esto, propone
el uso de diversas tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica, la
nanotecnología, la biotecnología y la realidad virtual y aumentada.
Estas tecnologías buscan superar las limitaciones
biológicas y mejorar aspectos como la memoria, la capacidad cognitiva, la
resistencia física, la longevidad y la calidad de vida en general. Además, el
transhumanismo plantea la posibilidad de fusionar la inteligencia humana con la
inteligencia artificial.
Para el transhumanismo, la última fase en la evolución
humana sería la del ser “posthumano”, que se imagina como una especie
completamente nueva y radicalmente diferente, basada en tecnologías avanzadas
como la inteligencia artificial, la robótica y la nanotecnología. Se cree que
esta nueva especie podría tener una inteligencia y capacidades mucho mayores
que los seres humanos actuales, y podría ser capaz de superar muchos de los
problemas y limitaciones que enfrentamos (ver en este mismo blog: ¿Qué
es el transhumanismo?).
Es importante reconocer que el transhumanismo encuentra su
razón de ser en el progreso científico y tecnológico actual. La posibilidad de
modificar controladamente a los seres humanos no parece una mera locura,
ya que existen argumentos sólidos respaldados por el estado actual de la
ciencia. Aunque ahora resulte un poco fantasioso, cada vez resulta menos
fantástico.
Una vez comentado quién es Bostrom y qué es el
transhumanismo, deberíamos recordar lo qué es un trilema (8). Un trilema
es una estructura argumentativa que presenta tres proposiciones mutuamente
excluyentes y, en su formulación clásica y más potente, se supone que
colectivamente exhaustivas. Es decir, se plantea que no hay una cuarta opción
posible dentro del marco establecido.
Por lo tanto, la fuerza lógica del trilema reside en que, si
aceptas sus premisas iniciales, estás forzado a concluir que al menos una de
las tres debe ser verdadera. No puedes rechazar las tres sin contradecir las
premisas.
El enunciado es el siguiente:
1. La humanidad se extinguirá antes de alcanzar una etapa "posthumana".
2. Cualquier civilización posthumana avanzada tendrá cero interés en ejecutar simulaciones de sus ancestros.
3. Casi con toda certeza, estamos viviendo dentro de una simulación por computadora.
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| Gráfico del trilema de Bostrom |
Su potencia radica en una premisa simple: si asumimos
que la tecnología computacional puede avanzar hasta simular universos enteros
con seres conscientes como nosotros, entonces solo hay tres destinos posibles.
De las tres proposiciones del trilema, una debe ser verdadera.
La primera proposición afirma que la humanidad se
extinguirá antes de alcanzar una etapa "posthumana" capaz de crear
tales simulaciones. Representa el fracaso existencial, en el que sucumbimos a
nuestros propios riesgos —guerra nuclear, inteligencia artificial descontrolada,
patógenos de diseño— o a una catástrofe cósmica. Un final prematuro que corta
de raíz cualquier sueño en el futuro de la humanidad.
La segunda proposición es más sutil: supone que
logramos sobrevivir y alcanzamos ese poder tecnológico casi divino, pero que
cualquier civilización así de avanzada no tendrá ningún interés en desarrollar
simulaciones de sus ancestros. Quizás por aburrimiento, por ética, o porque les
resulte un ejercicio trivial. En este escenario, el universo está lleno de
civilizaciones maduras e inmensamente poderosas que, en su sabiduría o apatía,
deciden no crear mundos simulados.
La tercera proposición es la que captura la
imaginación popular: si las dos anteriores son falsas —si sobrevivimos y si
tenemos interés en simular—, entonces el número de realidades simuladas sería
astronómicamente mayor que la realidad original. Por pura estadística, es abrumadoramente
más probable que seamos una de las incontables conciencias simuladas que el
puñado de seres "originales". Algunos piensan entonces que, casi con
toda certeza, ya estamos viviendo dentro de una simulación por computadora.
Aquí es donde nace la verdadera inquietud intelectual. No es
un miedo superficial, sino un vértigo ontológico que sacude los
cimientos de nuestra percepción. Esta inquietud surge porque cada alternativa
del trilema ataca un pilar de nuestro sentido de la realidad y el significado.
La primera opción aniquila nuestro futuro; la segunda, nuestra relevancia; y la
tercera, nuestra autenticidad. Nos reduce de ser los potenciales amos del
cosmos a ser, en el mejor de los casos, personajes de una narrativa cuyo guion
desconocemos, o el pasatiempo de una inteligencia incomprensible. Es la
desestabilización última: si todo es simulación, ¿el esfuerzo, el amor, el arte
y el sufrimiento son solo datos? ¿Es la realidad una mentira bien construida?
Sin embargo, la filosofía no nos deja desamparados frente a
este abismo —una manera de poner nuestras barbas a remojar antes de que nos las
corten—. Existen perspectivas valiosas para enfrentar esta inquietud y, quizás,
hallar un terreno firme desde el cual contemplar el vacío. La perspectiva
pragmática o estoica nos recuerda que, si no podemos distinguir la
diferencia entre una realidad simulada y una de base, no hay diferencia
práctica alguna. Nuestra experiencia es real para nosotros; sus consecuencias nos
moldean. Debemos vivir y actuar como si esta fuera la realidad fundamental,
porque es el único marco que poseemos para la ética y la acción. El amor
importa porque lo sentimos; el dolor duele porque lo padecemos.
La perspectiva del asombro propone un cambio de
mirada radical: en lugar de ver la simulación como una degradación, podemos
verla como la mitología fundacional de una nueva era: un nuevo creacionismo.
Que nadie se me ofenda, pero en el fondo, en la idea básica es la misma: si el Universo
ha sido creado por un programador Java tirando código a destajo o un demiurgo
que trabajó seis días y al séptimo descansó. Significaría que la conciencia y
la belleza pueden emerger de la información, que el universo es, en esencia,
matemática y código hecho experiencia. Es una visión tan poética y poderosa
como cualquier mito de la creación.
Finalmente, la perspectiva ética, defendida por
pensadores como David Chalmers, añade una capa de responsabilidad. Si somos una
simulación, nuestros simuladores podrían tener deberes morales hacia nosotros.
Y de manera crucial, si nosotros algún día nos convertimos en los creadores de tales
simulaciones, cargaremos con una responsabilidad divina y terrible sobre las
vidas conscientes que engendremos. El trilema se convierte así en una llamada a
la humildad y a la prudencia tecnológica extrema.
En última instancia, el verdadero poder del Trilema de
Bostrom no reside en darnos una respuesta, sino en forzarnos a plantear las
preguntas muy incómodas e importantes. Nos arranca de la inercia cotidiana
y nos coloca frente al espejo del cosmos y del tiempo. Ya sea que lo veamos
como una advertencia sobre los riesgos existenciales, un ejercicio de humildad
cósmica o un misterio por resolver, su valor perdurable es ese: despertar en
nosotros un asombro reflexivo y profundo, esa misma inquietud que es,
irónicamente, una de las señales más vibrantes y genuinas de estar vivo, sea lo
que sea lo que la vida, al final, termine siendo.
Yo sigo pensando, siguiendo a Ockham, que lo más probable es
que vi a alguien que no estaba o que me entretuve en pensamientos espirales
mientras colocaba la correa a Alexia, dejando pasar más tiempo que esos 7
segundos, pero Bostrom no me deja indiferente.
Juan Carlos Barajas Martínez
Anexo 1: cálculo de velocidades
Si calculo la velocidad media, siendo la distancia de 65.44
m y el tiempo 7s:
Que es una velocidad a la que solo puede llegar un velocista
de élite. Pero esto es la velocidad media, nuestro corredor partió de unos 5
kilómetros por hora porque estaba andando y, si se puso a correr como un
desesperado con el único fin de dejarme confuso, debió hacerlo con un
movimiento uniformemente acelerado.
La velocidad inicial sería entonces:
La aceleración:
Y la velocidad final:
Anexo 2: Críticas a Bostrom
Para no hacer excesivamente extenso el artículo, para
no dejar cojo el texto y contestar a los más interesados en el tema, expongo en
un apéndice las críticas que ha sufrido el trilema.
Aunque el argumento de Nick Bostrom es lógicamente elegante
e intelectualmente provocador, no está exento de críticas sólidas desde la
filosofía, la ciencia e incluso la epistemología (9). Estas objeciones no
buscan desacreditarlo por completo, sino poner en perspectiva sus supuestos
y limitaciones.
2. Crítica al supuesto computacional. El trilema asume que una civilización posthumana podría simular mentes conscientes como las nuestras. Esto presupone que la conciencia es funcionalmente replicable en un sustrato digital. Este argumento me convence más porque simular un cerebro átomo por átomo no garantizaría la aparición de la experiencia subjetiva.
3. Crítica antropocéntrica. El argumento proyecta nuestra psicología humana actual (nuestra curiosidad por simular ancestros, nuestro interés en videojuegos) sobre mentes posthumanas que, por definición, serían radicalmente distintas. Es una falacia de composición extrapolar nuestro comportamiento al de una inteligencia que podría haber trascendido la biología, la mortalidad y quizás incluso la curiosidad histórica. En mi opinión, si los posthumanos llegan existir algún día, si tienen un poquito de humanos, querrían simularnos.
4. Crítica a la premisa tecnológica inicial. Bostrom asume que el progreso computacional puede continuar casi sin límites hasta permitir simulaciones de universos enteros con seres conscientes. Sin embargo, existen límites físicos teóricos que podrían hacer que tal emulación a escala cósmica sea energéticamente inviable. Como informático que soy, sé que se puede construir un escenario suficientemente grande pero parcial, no necesariamente del tamaño del Universo y dar el pego a los seres conscientes simulados.
5. Crítica estadística. El núcleo probabilístico del argumento (si hay muchas simulaciones, es más probable que estemos en una) ha sido cuestionado. Algunos filósofos argumentan que comete una falacia de muestreo: para que el cálculo probabilístico sea válido, deberíamos poder situarnos como observadores aleatorios entre todas las mentes conscientes posibles. Creo que Bostrom se sitúa en otro plano, el de las civilizaciones no en el de las mentes, pero no tengo una opinión muy desarrollada al respecto.
6. Crítica de la Navaja de Ockham. Muchos críticos apelan al principio de parsimonia. La hipótesis de que estamos en una simulación añade una capa ontológica (10) enorme e innecesaria (los simuladores, su hardware, su realidad, sus motivos) para explicar una realidad que, hasta donde sabemos, se rige por leyes coherentes y autosuficientes. La explicación más simple y que requiere menos supuestos es que la realidad es tal como parece ser: fundamental. Esta crítica me parece impecable.
7. Crítica Ético-Existencial. Algunos pensadores advierten que tomar en serio la tercera proposición podría tener un efecto paralizante o nihilista en nuestro compromiso ético y científico. Si todo es una simulación, ¿qué importan la injusticia social, el sufrimiento o la búsqueda de conocimiento? En mi opinión hay que tomarse muy en serio la tercera proposición.
Estas objeciones no anulan el valor del trilema. Lo convierten en lo que probablemente siempre fue: un magnífico experimento mental que obliga a examinar nuestros supuestos sobre la realidad, la conciencia y el futuro tecnológico.
Notas:
- El epicureísmo es un movimiento filosófico fundado alrededor del 307 a. C. basado en las enseñanzas del antiguo filósofo griego Epicuro de Samos, el cual fundó una escuela llamada "El Jardín" y cuyas ideas fueron seguidas por otros filósofos, llamados "epicúreos". El Jardín se hizo famoso por el cultivo de la amistad y por estar abierto a la participación de las mujeres, en contraste con lo habitual en la Academia fundada por Platón y en el Liceo de su discípulo Aristóteles. De hecho, Epicuro se opuso a platónicos y peripatéticos, y sus enseñanzas quedaron recogidas en un conjunto de obras muy numerosas, según el testimonio de Diógenes Laercio, pero de las que ha llegado hasta nosotros solo una parte muy pequeña, aunque significativa, compuesta esencialmente por fragmentos. Con todo, el pensamiento de Epicuro quedó inmortalizado en el poema latino De rerum natura (De la naturaleza de las cosas), del poeta latino Tito Lucrecio Caro.
- Alexia es una perrita mestiza a la adoptamos hace dos años y cuya infancia no fue, al parecer, muy fácil. Tiene mucho miedo a todo y reacciona agresivamente. Tengo que decir, porque si no mi mujer me mata, que ha mejorado mucho y que los paseos no son como al principio. (Ver en el blog microsociología divertida el post: Biografía inventada de Alexia)
- Pipí-can es como se denominan, al menos en el municipio de Las Rozas de Madrid, a los espacios reservados para el solaz de perros y dueños.
- IA dixit
- La navaja de Ockham (a veces escrito Occam u Ockam), principio de economía o principio de parsimonia (lex parsimoniae) es un principio filosófico y metodológico atribuido al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham (1285-1347) (aunque investigaciones más profundas sugieren que este se puede rastrear más atrás, al menos hasta Aristóteles), según el cual «en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable». Esto implica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.
- Nick Bostrom (en sueco, Niklas Boström) es un filósofo sueco de la Universidad de Oxford, nacido en 1973. Es conocido por sus trabajos sobre el principio antrópico, el riesgo existencial, la ética sobre el perfeccionamiento humano, los riesgos de la superinteligencia y el consecuencialismo. Obtuvo un PhD en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres en el año 2000. En 1998, Bostrom cofundó junto a David Pearce la Asociación Transhumanista Mundial.
- Un trilema es una elección entre tres opciones, que son (o aparentan ser) contradictorias entre sí, o bien, conducen aparentemente a resultados distintos. Un trilema se puede expresar de dos formas lógicamente equivalentes: como una elección entre tres opciones contradictorias en la que solo se puede elegir una, o como un problema con tres proposiciones aparentemente favorables pero en la que solo dos son posibles al mismo tiempo. Deriva del término mucho más antiguo «dilema», formado por dos proposiciones contrarias y disyuntivas.
- El primer uso registrado del término fue en 1672 por el predicador inglés Philip Henry, y más tarde, en 1725 y aparentemente sin relación con el anterior, por el predicador Isaac Watts.
- La epistemología, del griego ἐπιστήμη ─epistḗmē («conocimiento justificado como verdad»)─ y λόγος ─lógos («estudio»)─, es la rama de la filosofía que estudia el conocimiento: su naturaleza, posibilidad, alcance y fundamentos. Algunos autores distinguen a la epistemología, de la gnoseología (estudio del conocimiento en general), al circunscribirla al conocimiento del tipo científico; otros, en cambio, consideran que el término «epistemología» ha ido ampliando su significado y lo utilizan como sinónimo de «teoría del conocimiento», sobre todo en el mundo anglosajón.
- La ontología (del griego antiguo ὄν [on] —genitivo ὄντος— [ontos], 'ente'; y λόγος [lógos] 'ciencia, estudio, teoría') o metafísica general es la rama de la filosofía que estudia lo que hay, así como las relaciones entre los entes (por ejemplo, la relación entre un universal —como el rojo— y un particular que lo "tiene" —como una manzana—) o la relación entre un acto (como el que Sócrates bebiera la cicuta) y sus participantes (Sócrates y la cicuta).
Bibliografía
Bostrom, Nick (2003). Are you living in a computer simulation?
Philosophical Quarterly. http://www.simulation-argument.com/simulation.html
Alonso-Finn, (1976). Física Volumen 1 Mecánica.
Fondo Educativo Interamericano
Barajas, Juan Carlos (2023) ¿Qué es el Transhumanismo?
Sociología Divertida. Sociología
Divertida: ¿Qué es el transhumanismo?
Barajas, Juan Carlos (2014). Aurea
Mediocritas. Sociología Divertida. Sociología
Divertida: Aurea Mediocritas


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