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Los Tipos de Sociedades II. La Sociedad Industrial

Este artículo es continuación de "Los Tipos de Sociedades I. Sociedades Preindustriales"




En la primera parte de este artículo, comenzamos el trabajo de describir los tipos de sociedades reales que han ido sucediéndose en la historia.

Utilizamos para ello el enfoque del sociólogo norteamericano Gerhard Lenski (1) que se basa en lo que él denomina  evolución sociocultural, es decir, el estudio de los cambios sociales que se suceden cuando una sociedad adquiere nuevos conocimientos, sobre todo, los cambios tecnológicos.

De esta forma se han ido sucediendo las sociedades de cazadores recolectores - que se dedicaban a cazar animales y recolectar los alimentos silvestres que la naturaleza proporciona -, las primeras sociedades agrícolas y de pastores – que desarrollaron la horticultura y el pastoreo – , las sociedades agrarias o estados tradicionales – que desarrollaron la agricultura extensiva. Estos tres son los tipos de sociedades que hemos visto hasta ahora. En este artículo haremos una descripción de las sociedades industriales.

Antes de la sociedad industrial se vivía en comunidades estables. La gente nacía, crecía, trabajaba, se casaba y moría como había hecho la generación anterior, como sus abuelos y bisabuelos. No había grandes cambios, se obedecían a los mismos poderes, el señor era el señor, al señor lo sucedía su hijo y a éste el nieto. Las ideas que gobernaban el mundo eran prácticamente las mismas, Dios – o los dioses paganos anteriormente - te había puesto en tu lugar y Él sabía por qué, y a ver quién era el guapo que discutía ese orden divino. Las personas de aquellos entonces no viajaban, raramente salían de su comarca, conocían su aldea, las aldeas vecinas y el pueblo importante más próximo, en donde se celebraban, los días de mercado, las ferias donde colocar los productos que obtenían de la cosecha o del ganado.

A finales del siglo XVIII tuvo lugar una gran transformación tecnológica con el empleo de maquinaria especializada que venía a sustituir a la fuerza muscular de las personas y de los animales de carga. Esta revolución vino marcada por el desarrollo de la máquina de vapor y por las fábricas como lugares de producción de los bienes llenando el paisaje con altas chimeneas humeantes.

En pocos años, las personas se vieron afectadas por estos cambios, se mudaron de lugar de residencia, el campo se empezó a vaciar y las ciudades a llenar, las gentes cambiaron su forma de trabajar, sus estilos de vida, sus costumbres y sus ideas. No estoy seguro de que las nuevas formas de vivir fueran más fáciles que las de antaño pero estoy seguro de que la sencillez de la sociedad preindustrial se fue perdiendo. La sociedad se hizo mucho más compleja.

Tal complejidad, la cuestión social decían, hizo que entre los pensadores  se fuera difundiendo un sentimiento de “sociedad en crisis”. La reflexión sobre la sociedad se convirtió en foco de atención del pensamiento en un momento en que la ciencia estaba alcanzando un enorme prestigio como explicación del mundo, e incluso, como solución a los problemas prácticos. La ecuación estaba planteada y la solución era inmediata, la aplicación del método científico al estudio de la sociedad: la sociología. Y desde entonces, hace casi doscientos años, andamos los sociólogos dando explicaciones acerca de esa “sociedad en crisis”.

A finales del siglo XIX se volvió a dar una nueva vuelta de tuerca a esto de la industrialización. Se desarrollaron nuevas tecnologías basadas en el uso industrial de la electricidad y de los combustibles fósiles como fuentes de energía. Las ciudades crecieron más y el desarrollo de los transportes -  los barcos de vapor y el ferrocarril -  empezó a empequeñecer el mundo. Nació el capitalismo financiero y los holdings de empresas. Es lo que algunos autores denominan la segunda revolución industrial.

Y todavía habría de venir una tercera. Durante el siglo XX, el teléfono, la radio y más tarde la televisión explican la emergencia de la cultura de masas. La aviación comercial empequeñeció más aún al mundo dejando casi todos los destinos a golpe de unas horas.

Y al final del siglo, el uso cada vez más extensivo de los ordenadores que han multiplicado la capacidad de proceso de la información hasta límites insospechados, es lo que ha dado lugar a la revolución informática – esa tercera revolución de la que hablábamos - que nos está llevando a otro modelo de sociedad, la sociedad posindustrial, pero de eso hablaremos en el artículo siguiente.

Pero, ¿cómo afectaron estos cambios tecnológicos a la vida de las personas?. En las sociedades industriales el trabajo se ha transformado radicalmente. Si en la mayoría de las sociedades agrarias las personas trabajaban en el campo o en sus casas, en las sociedades industriales la mayoría de las personas comenzó a trabajar por cuenta ajena y en fábricas. Gracias a ello, los vínculos de parentesco, la familia patriarcal extensa de las sociedades agrarias, los valores tradicionales, las creencias, las costumbres y si me apuráis, esa forma lírica de expresarse y esa sabiduría secular que tiene el campesino, todo ello característico del mundo rural, perdió importancia hasta casi desaparecer y parece tan solo interesante para los antropólogos y los folcloristas.

La industrialización ha creado sociedades más prósperas, si bien, al principio de la revolución industrial las condiciones sanitarias en las ciudades y en los núcleos industriales de Europa y Norteamérica eran muy malas, los salarios muy bajos, horarios de trabajo eternos y empleo infantil muy generalizado. En definitiva,  las condiciones de vida de la primera fase de la industrialización eran  muy malas.

Sin embargo, en el período que transita entre los siglos XIX y XX, las condiciones sanitarias mejoraron con el perfeccionamiento de las medidas higiénicas y de la tecnología médica, lo que produjo un descenso notable de la incidencia de las enfermedades infecciosas, un aumento de la esperanza de vida y, con ello, un aumento de la población. Todo un cambio en el régimen demográfico.

La industrialización produjo también fuertes movimientos migratorios del campo a la ciudad que es dónde se concentraron las fábricas. Así, mientras que en las sociedades agrarias sólo una de cada diez personas vivía en la ciudad, en las sociedades industriales tres de cada cuatro personas viven en centros urbanos.

Se produjo una mejora notable en el nivel de la vida de las clases trabajadoras y un aumento del tamaño de las clases medias, pero no fue por generosidad o magnanimidad, sino que fue consecuencia de una estrategia de expansión del mercado debido al aumento en la producción de bienes. La razón era que si había mayor volumen de unidades de un producto cualquiera - debido a la tecnología de ensamblaje - había un excedente de lo producido que superaba la capacidad de consumo de la élite económica, de las clases altas que eran hasta entonces las  tradicionales y únicas consumidoras de tecnologías. Es decir, se daba un fenómeno que la socióloga Saskia Sassen (2) denomina lógica de inclusión en el sistema. Al sistema político-económico le interesaba incluir a los trabajadores como consumidores. Por lo tanto, tenían que disfrutar de mejores condiciones, entre ellas, un salario más alto.

Tampoco fue ajena a esta mejora en las condiciones de los trabajadores la lucha del Movimiento Obrero, que comenzó a mediados del siglo XIX con vocación internacionalista, protagonizando la lucha contra las clases dominantes de los distintos países – todavía éstas, divididas por las fronteras y ocupadas en la dominación de sus respectivas economías – facilitando la consecución de las conquistas sociales, desde la jornada de ocho horas a las vacaciones pagadas, de las que disfrutamos hoy en día y que, como biznietos mimados, miramos como si estuvieran ahí desde el momento de la creación del mundo.

El sistema alcanzó su madurez después de la Segunda Guerra Mundial bajo el Estado del bienestar en el que se desarrolló una forma de capitalismo de rostro humano. Gracias al Estado del Bienestar, por primera vez en la historia, las pensiones, la seguridad social, el seguro de desempleo, la educación gratuita y otras medidas de este tenor establecieron una red de cobertura que permitió que las familias, sin tener en cuenta diferencias de renta, pudieran vivir el presente sin la angustia de un porvenir incierto. La pobreza seguía siendo un problema importante, siempre hubo una subclase  (3) que no acabó de entrar en el sistema, pero comparada con situaciones anteriores las cosas mejoraron notablemente.

Aparece entonces un obrero especializado con un estatus mayor al proletariado de la primera industrialización y también surge la clase media del modelo norteamericano que se transformará en la cara visible del arquetipo del “american way of life”. 

La idea de la producción en cadena produjo transformaciones sociales y culturales que podemos resumir en la idea de la cultura de masas. Se produjo una expansión interclasista del consumo que derivó en nuevos estímulos y códigos culturales, la sociedad del consumo la llamamos.  La movilidad geográfica y laboral generó una mayor diversidad cultural, esto se muestra en la formación de una enorme variedad de culturas, subculturas y contraculturas (4).

La industrialización ha transformado la institución familiar. Ha perdido importancia la familia extensa, que incluye a los abuelos, a los hermanos y las esposas, las hermanas y los esposos, tíos y sobrinos. Estas familias extensas, antes de la revolución industrial, tenían un interés económico, eran unidades de producción, todos trabajaban el campo compartiendo recursos, como propietarios, como arrendatarios o, simplemente, como jornaleros; y trabajaban desde niños hasta ancianos. A veces incluso la aldea entera estaba formada por familias extensas que formaban un clan (5). Por lo que los lazos de parentesco eran muy importantes y no se deshacían a no ser por los fallecimientos que por otra parte eran muy comunes, sobre todo eran muy altas la mortalidad infantil y la de las mujeres.

Las familias nucleares, formada por la pareja y los hijos, han sustituido a la familia extensa. Las familias han dejado ser unidades de producción para convertirse en unidades de consumo. Su papel como agente de socialización - es decir, como ámbito de transmisión de conocimientos, valores y creencias de generación en generación – ha disminuido a favor de otras instituciones como el sistema educativo. 

Otro cambio social muy importante que ha surgido en las sociedades industriales a partir de mediados del siglo XX es la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, que ha brindado la oportunidad a las mujeres de salir de su casi única condición de ama de casa. Este cambio ha traído a su vez una disminución de las diferencias de género, sin acabar del todo con ellas pues todavía subsisten áreas de la vida en las que la secular posición subordinada de la mujer no ha sido resuelta. Se ha producido un aumento de la presencia de la mujer en puestos que antes le eran inalcanzables.

La independencia económica alcanzada por las mujeres también ha modificado el equilibrio de poderes en las parejas y, en combinación con el desarrollo de los métodos anticonceptivos,  ha introducido cambios en los comportamientos sexuales, así como en la educación de los hijos y en la estructura de las familias, fenómeno al que no es ajeno un aumento en el número de divorcios y una disminución de los índices de natalidad.

Todo esto se ha visto favorecido por el surgimiento de una ideología específica en la defensa de las aspiraciones de la mujer, el feminismo, movimiento social cuyo objetivo ha sido terminar con la discriminación por razón de género. El feminismo comenzó a finales del siglo XIX luchando por cuestiones que hoy nos parecen básicas como el voto femenino o la admisión de las mujeres en las universidades y, según se iban cumpliendo hitos, ha ido añadiendo nuevas reivindicaciones a sus programas hasta nuestros días.

A partir de la década de 1950, las sociedades industriales han tomado conciencia de que la producción en masa implica un consumo desaforado de recursos naturales y con esta idea se ha desarrollado una ideología  de protección de la naturaleza: el ecologismo. Una parte importante de la sociedad es sensible a esta necesidad de protección de los recursos naturales y de la naturaleza en general y propugna un desarrollo económico sostenible de manera que nuestros descendientes no reciban un planeta esquilmado y yermo. Este es un problema que todavía no está resuelto, el balance entre consumo y recuperación de los recursos sigue estando inclinado del lado del consumo y no parece que se le vea solución inmediata. Algunos autores, como Ernst Von Weizsäcker (6), piensan que, mientras el siglo XX ha sido el siglo del dinero - y yo pienso que todavía estamos en ello -, el siglo XXI acabará siendo el siglo de la ecología.

Por último, no querría dejar de hablar de los sistemas políticos de las sociedades industriales, que comenzaron siendo regímenes liberales a principios de la revolución industrial y acabaron transformándose – no todas por desgracia - en democracias liberales. En cualquier caso, democracias o no, las sociedades industriales han construido sistemas políticos mucho más desarrollados y concentrados que las formas de gobierno de los Estados agrícolas tradicionales. La interacción entre las sociedades industrializadas y sus sistemas políticos puede contemplarse desde dos puntos de vista.
En primer lugar, en opinión de Anthony Giddens (7), se ha producido un reforzamiento del estado-nación que había visto sus inicios con el comienzo de la Edad Moderna. Con la industrialización y la consiguiente mejora de los transportes y las comunicaciones- de la que ya hemos hablado en párrafos anteriores como causa de otros fenómenos sociales – favoreció la creación de una comunidad nacional más integrada dando lugar a estados-nación cuyos gobiernos disfrutan de amplios poderes sobre numerosos aspectos de la vida de los ciudadanos y desarrollan leyes que se aplican a todos los que viven dentro de sus fronteras. De manera que las autoridades políticas tienen influencia directa en las costumbres y hábitos de la mayor parte de los habitantes de sus territorios.

En segundo lugar, en opinión de Macionis y Plummer (8), la industrialización trajo consigo la necesidad de trabajadores más cualificados lo que a su vez ha provocado que las sociedades industriales dedicaran una parte de sus recursos a la educación de sus miembros. De aquí a la exigencia de derechos políticos hay sólo un paso y existe una correlación entre las sociedades industriales  y  las sociedades consideradas como democráticas cuyos ciudadanos cuentan con unos derechos políticos desconocidos en épocas anteriores. Y en aquellas sociedades industriales que no han desarrollado formas de gobierno democráticas se han producido demandas y expectativas de democratización, baste señalar como ejemplo uno que nos toca muy de cerca, las demandas democratizadoras durante los últimos años del franquismo, pero hay muchos otros ejemplos en Europa del Este y Asia.

Con la industrialización las sociedades han experimentado el mayor cambio desde el neolítico. Desde la revolución industrial parece como si la historia hubiera pisado el acelerador y,  en las últimas décadas, los cambios se sucedan tan rápidamente que los que ya tenemos unos años apenas reconocemos a la sociedad de nuestra infancia y nos cuesta cada vez más adaptarnos a los cambios que nos toca vivir. Algunos autores consideran que hemos cambiado a un nuevo modelo de sociedad, a un nuevo paradigma, la sociedad posindustrial, que veremos en el siguiente artículo. 

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Este artículo se continúa en "Los Tipos de Sociedad III. L Sociedad Posindustrial"

Notas:

  1.  Gerhard Emmanuel Lenski (nacido el 13 de agosto 1924 en Washington DC) es un sociólogo norteamericano conocido por sus contribuciones a la sociología de la religión, la desigualdad social y la teoría ecológico-evolutiva.
  2. Saskia Sassen (La Haya, Países Bajos, 1949) es una socióloga, escritora y profesora neerlandesa. En 2013 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.
  3.  El concepto de subclase fue acuñado por el sociólogo norteamericano Charles Murray, pero ha recibido varios nombres a lo largo de la historia de la sociología, Marx hablaba de “proletariado lumpen” o lumpenproletariat, otros han hablado de “clases peligrosas” formadas por indigentes, mendigos y marginados. Marx daba bastante caña a este colectivo, no le parecía que fueran a hacer ningún tipo de revolución, eran casos perdidos. Últimamente se está manejando el término “precariado”
  4.  Sabemos por experiencia que muchas sociedades son multiculturales, en muchas naciones existen múltiples creencias, visiones del mundo, formas de hacer las cosas. En España, por ejemplo, tenemos diferentes lenguas, culturas y tradiciones no exentas de tensiones entre ellas, pero es que además, con los grandes procesos migratorios, hay comunidades musulmanas, latinoamericanas que han traído sus propios patrones culturales convirtiendo a la sociedad española en claramente multicultural compuesta de distintas subculturas. El término subcultura hace referencia a las manifestaciones culturales que distinguen a un segmento de la población. Se puede hablar de subcultura de la juventud o de subcultura gay pero otras subculturas tienen su origen en la etnicidad,  la religión o clase, como por ejemplo, las subculturas judía, católica o protestante en una sociedad multirreligiosa como la de los Estados Unidos. A menudo consideramos como cultura dominante a la cultura de los segmentos dominantes de una sociedad, pero este término no es muy del agrado de muchos sociólogos y antropólogos pues de alguna manera el término menosprecia al resto. La diversidad cultural también puede manifestarse en forma de rechazo u oposición a los valores de una sociedad. Este tipo de manifestaciones culturales contrarias a los valores dominantes de una sociedad se le denomina contracultura.
  5. Según el diccionario de la Real Academia un clan es un grupo predominantemente familiar unido por fuertes vínculos y con tendencia exclusivista. Para la antropología social es un grupo de gente unida por lazos de parentesco y ascendencia, vinculado por la percepción de ser descendientes de un ancestro común.
  6. ErnstUlrich von Weizsäcker (nacido el 25 junio de 1939 in Zürich, Suiza) es un científico y político alemán
  7.  Anthony Giddens (Londres, Inglaterra, 18 de enero de 1938) es un sociólogo inglés, reconocido por su teoría de la estructuración y su mirada holística de las sociedades modernas. También adquirió gran reconocimiento debido a su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía. Es considerado como uno de los más prominentes contribuyentes modernos en el campo de la Sociología, es autor de al menos 34 libros publicados en no menos de 29 idiomas —publicando en promedio más de un libro por año—. También se lo ha descrito como el científico social inglés más conocido desde John Maynard Keynes.
  8. JohnMacionis es profesor de sociología en el Kenyon College en Ohio, EEUU. KenPlummer es profesor de sociología en la Universidad de Essex, Reino Unido.

Bibligrafía:

Sociología
Anthony Giddens
3ª Edición
Alianza Editorial
Madrid 2000

Sociología
John J. Macionis y Ken Plummer
Paerson-Prentice Hall
Madrid 2005

Conceptos Fundamentales de Sociología
Roberto Garvía
Ciencias Sociales
Alianza Editorial
Madrid 2003

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¿Un mundo feliz?

Portada de una edición antigua obtenido del blog "una pizca de cine.."



¡Oh qué maravilla!
¡Cuántas criaturas bellas hay aquí!
¡Cuán bella es la humanidad!
¡Oh mundo feliz,
en el que vive gente así!


William Shakespeare
La Tempestad, acto V


Mi primer contacto con la famosa obra de Aldous Huxley fue a través de una serie de televisión, correría 1980 ó 1981. Y ya entonces me atrapó. Bastantes años después leí el libro y me atrapó más todavía. La novela, escrita en 1932, es una sátira futurista sobre la sociedad surgida de la segunda revolución industrial basada en el maquinismo, la eficiencia, la medición de tiempos de trabajo, la producción en cadena y todas las características que constituyeron la base de lo que se denominó el fordismo, en honor de Henry Ford (1) el industrial norteamericano que puso en marcha la primera cadena de montaje.

En esta sociedad futurista hasta a los seres humanos se les fabrica en serie como a los automóviles y en vez de clases sociales hay categorías (2), a las que se pertenece de por vida según sales de la cadena de montaje. Los alfa, los beta, los gamma, los delta y los epsilones - las distintas clases de seres humanos que salen de la cadena - tienen sus características físicas e intelectuales concebidas como especificaciones técnicas – igual que las especificaciones de los automóviles o de los programas de ordenador - y que les hacen apropiados para las distintas funciones en la sociedad. Directivos, empleados, trabajadores en una sociedad cuyas autoridades consideraban perfecta. Desde un punto de vista de la teoría sociológica sería la sociedad funcionalista llevada al extremo, sin conflictos, cada uno con su posición y función asignada.

La religión oficial del Estado Mundial huxleyano consagra a Henry Ford como Dios, como el referente religioso supremo, al estilo de Jesucristo para nuestra civilización; de hecho, la novela transcurre en el siglo VII después de Ford y, en esta era inventada por Huxley, el año cero es 1908, año en el que Ford inventa la cadena de montaje y la producción en serie. La obra está repleta de frases en donde la palabra "Ford" reemplaza a lo que en vida real se utiliza como Dios. Por ejemplo: "¡Por Ford!", "¡Ford! Eso es increíble", o "Su Fordería" para referirse a las autoridades en lugar de “Su Excelencia” o “Su Eminencia”.

Los nombres de los personajes son composiciones de nombres de personas reales, por ejemplo el personaje “Primo Mellon” es composición de Primo de Rivera – el dictador de España en los años ’20 – y de Andrew Mellon – un millonario filántropo norteamericano (3).

Es una obra llena de ironía y de crítica mordaz hacia un tipo de economía industrial que se había puesto de moda en los países desarrollados, que había provocado cambios sociales y culturales, y que a Huxley parece que no le gustaba nada.

¿Pero qué tipo de ideología o de pensamiento había detrás de este modo de producción?. ¿Cuándo y por qué surgió?. Bien, para contestar a estas preguntas y, antes de hablar del fordismo, hay que referirse a un movimiento teórico previo que se conoce como taylorismo.

La segunda mitad del siglo XIX es un período de notables innovaciones tecnológicas, científicas, sociales y económicas que propiciaron un gran desarrollo de la industria siderúrgica, química, eléctrica y del transporte, así como la utilización de nuevas formas de energía diferenciadas del clásico carbón. Este proceso de desarrollo industrial a su vez propició un nuevo desarrollo del capitalismo, nace el capitalismo financiero y nacen las grandes combinaciones horizontales y verticales de empresas, se acrecienta velozmente, sobre todo a partir de 1890, el proceso de fusión y concentración, aparecen los grandes cárteles, trusts y holdings.

Si la primera revolución industrial se caracterizó por su carácter eminentemente británico, su dependencia energética del carbón y la máquina de vapor como exponente tecnológico, la segunda se caracteriza por su extensión geográfica – se desarrolla, además de en el Imperio Británico en Alemania, Italia, Francia, Países Bajos y, sobre todo, en Estados Unidos que emerge como superpotencia en los albores del siglo XX – , se caracteriza también por el uso intensivo del petróleo y la electricidad como fuente de energía y por el motor de combustión interna como exponente tecnológico.

La complejidad y tamaño crecientes de las empresas, unido a la acentuación de la división del trabajo, crearon agudos problemas de coordinación. Apareció entonces una urgente necesidad de racionalización de las relaciones hombre-hombre y hombre-máquina en la industria.

Con la mecanización de la producción los ingenieros industriales pasaron a ocupar una posición estratégica en la estructura social de la empresa. Y éstos, elevados a posiciones de autoridad en el esquema de las empresas, empezaron a aplicar los principios de la ingeniería – que tan bien habían resultado para la resolución de los problemas técnicos – a la administración y organización del trabajo en la fábrica.

El taylorismo surge en este período histórico como consecuencia de todo este proceso de aplicación de la ingeniería a la organización. Su autor, Frederic W. Taylor (4), que de simple obrero llegó a ser ingeniero, tuvo el mérito – no de inventar  técnicas de ordenación científica del trabajo – sino de haber llegado a integrar en un sistema coherente las diversas técnicas e ideas ya existentes que andaban desperdigadas por manuales de organización de distintas instituciones y empresas.

Por tanto, el taylorismo no es una teoría sociológica, no se interesa por los problemas de la sociedad en su conjunto sino  que trata acerca de los problemas prácticos de eficiencia, basa su campo de estudio en el individuo, estudia al obrero como unidad aislada. Si ha llegado a influir de un modo notable sobre la sociedad en su conjunto no ha sido por su vocación intelectual comprensiva de la sociedad sino por su aplicación generalizada en el mundo de la empresa.

El fin del taylorismo es el incremento en la productividad de la organización. Para ello aboga por una aproximación empírica y experimental a los problemas de gestión del trabajo en una fábrica. Taylor pensaba que detrás de cada puesto de trabajo había leyes que se podían descubrir a partir de la observación y la medición y, que una vez conocidas esta leyes, podrían ser aplicadas a un puesto de trabajo concreto. Creía que el conocimiento científico podía reemplazar los métodos improvisados o dejados a la intuición o experiencia del trabajador.

Dejar de lado el conocimiento del trabajador implicaba la separación radical entre el planteamiento de los trabajos y la ejecución de los mismos. El nuevo papel del obrero sería, por tanto, la simple ejecución del trabajo y esto nos lleva a que la selección del trabajador no puede ser hecha al azar, sino que tiene que estar también científicamente realizada para lograr que para cada tarea sea elegida la persona idónea. Es en este momento cuando empiezan los procesos de selección del personal en las empresas.

La filosofía subyacente en el taylorismo se completa con otro importante principio: la cooperación de los trabajadores y directivos. Taylor pensaba que, una vez descubiertas las leyes “naturales” que describen el trabajo y la producción, una vez determinado – en bases a tales leyes – el tiempo idóneo para la ejecución de una tarea y medido el esfuerzo necesario, se podía definir el salario exacto para cada puesto de trabajo de una manera objetiva y científica. Por consiguiente, no queda lugar para el conflicto y ni para las querellas puesto que nadie puede contestar los hechos científicos.

Siguiendo con este razonamiento no tiene ya sentido la lucha de clases y, desde luego para Taylor, el papel de los sindicatos es pernicioso y anacrónico. Los trabajadores conseguirían mucho más en sus ambiciones personales actuando de manera aislada que recurriendo a soluciones colectivas.

¿No os suena toda esta canción?. ¿No hay en este discurso argumentos recurrentes que el nuevo – no tan nuevo como puede verse – liberalismo utiliza machaconamente?. El taylorismo considera al trabajador como un instrumento más de la producción, como una máquina con sus especificaciones, sus condiciones de trabajo, sus costes. Y como tal tiene que ser manejado. Esta concepción del trabajador no toma en cuenta los sentimientos, las actitudes, los fines personales de los individuos y, por tanto, ni entra a considerar la posibilidad de la incentivación de las personas. No hay conciencia de que el obrero es un ser social, influido en su comportamiento por su vinculación con la estructura social general y la cultura de los grupos a los que pertenece. Y, por otra parte, peca de una inocencia pueril pues no considera la posibilidad de que estalle el conflicto entre el empresario y el obrero porque hay unas leyes naturales – en un contexto completamente artificial por cierto – que son indiscutibles. El taylorismo ha despreciado las variables psicológicas y sociológicas del comportamiento organizacional y sobreestima las posibilidades de la ciencia para resolver todos los problemas.

Y ya, para terminar con el taylorismo, hay que señalar que no todo lo que dijo Taylor es falaz, el invento se le desmadró cuando más allá de medir y organizar se puso a filosofar.

El fordismo aplicó parte de las ideas de taylorismo pero fue menos militante en sus aspectos más mecanicistas. Apareció en el siglo XX promoviendo la especialización, la transformación del esquema industrial y la reducción de costes pero, a diferencia del taylorismo, ésta innovación no se logró principalmente a costa del trabajador sino a través de una estrategia de expansión del mercado.

Pero no fue por generosidad o magnaminidad, la razón era que si hay mayor volumen de unidades de un producto cualquiera - debido a la tecnología de ensamblaje - y su costo es reducido - por la razón tiempo/ejecución - habrá un excedente de lo producido que superará numéricamente la capacidad de consumo de la élite económica, de las clases altas que eran hasta entonces las  tradicionales y únicas consumidoras de tecnologías. Es decir, se daba un fenómeno que la socióloga Saskia Sassen denomina lógica de inclusión en el sistema. Al sistema político-económico le interesaba incluir a los trabajadores como consumidores. Por lo tanto, tenían que disfrutar de mejores condiciones, entre ellas, un salario más alto.

Aparece entonces un obrero especializado con un estatus mayor al proletariado de la primera industrialización y también surge la clase media del modelo norteamericano que se transformará en la cara visible del arquetipo del “american way of life”. Pero el sistema excluye del control de la producción a los trabajadores, como solía ocurrir cuando el obrero además de poseer la fuerza de trabajo, poseía los conocimientos necesarios para realizar su trabajo de forma autónoma, de esta manera el capitalista quedaba fuera de los tiempos y modos de producción.

El fordismo - con ayuda anterior del taylorismo - llega para romper con ese monopolio del trabajo, por un trabajo alienante con características que llevan al obrero a perder ese "monopolio" y, por ende, a perder el control de los tiempos de producción.

La idea de la producción en cadena produjo transformaciones sociales y culturales que podemos resumir en la idea de la cultura de masas. Se produjo una expansión interclasista del consumo que derivó en nuevos estímulos y códigos culturales, la sociedad del consumo la llamamos. En general, la clase trabajadora de los países desarrollados empezó a vivir mejor, al menos materialmente.

El sistema alcanzó su madurez después de la Segunda Guerra Mundial bajo el Estado del bienestar keynesiano en el que se desarrolló una forma de capitalismo de rostro humano competidor, como modelo de sociedad, con los socialismos reales en medio de una guerra fría que enfrentaba a ambos modelos.

¿Y qué ha pasado desde entonces?. Ha habido una nueva revolución industrial, la revolución que ha traído la invención del ordenador y la mejora en las comunicaciones, tanto en el aspecto de la comunicación de la información como en el transporte de personas y mercancías. El mundo se ha hecho más pequeño, se ha convertido en una “aldea global “, según el término acuñado por el filósofo canadiense Marshal Mcluhan (5). Las consecuencias de esta revolución de la información se agregan a las anteriores revoluciones industriales como las capas de los estratos en geología. De manera que vivimos en una sociedad con características de la sociedad industrial y de la sociedad postindustrial o de la información.

Con la economía global han perdido importancia los mercados nacionales y, por tanto, los consumidores nacionales. Ahora el mercado es mundial. También ha perdido importancia dónde se produce, se puede producir en cualquier parte del mundo, en dónde sea más barato. Tampoco hay dos modelos de sociedad, el capitalismo quedó como modelo triunfante, como pensamiento único. Y surgió el fenómeno de la economía financiera predominando sobre la economía real, ya no es tan necesario producir para ganar dinero basta con especular. Han surgido poderes emergentes en el tercer mundo que antes no contaban para nada con una clase obrera más barata que la de los países desarrollados. De tal forma que los consumidores ya no son tan necesarios y la clase trabajadora no tiene porque vivir tan bien como solía, ya no es una condición para el funcionamiento del sistema o, mejor dicho, ya no es una condición para ganar dinero pues el sistema se me antoja más inestable.

Todos estos acontecimientos que he resumido en los párrafos anteriores han provocado un cambio muy importante que Saskia Sassen denomina “lógica de la expulsión”(6). Ya no es prioritario integrar a las masas en el sistema económico como consumidores, sigue siendo importante, pero ya no es lo más importante. Por lo tanto, se pueden bajar sueldos y recortar beneficios sociales con lo que las clases trabajadoras y medias viven peor, incluso en los países más desarrollados.

¿Y que ha quedado del fordismo?. Como señalamos anteriormente vivimos en unas sociedades muy complejas que incorporan elementos del industrialismo y del postindustrialismo. El fordismo sigue ahí, en las fábricas, pero con menor influencia. Hay autores que señalan que ha sido sustituido, a partir de la crisis de los años ’70, por el toyotismo, que se caracteriza por estar pensado para economías con crecimiento aceptable y apertura a mercados exteriores y que se basa fundamentalmente en los principios de fábrica mínima, es decir, personal mínimo y capaz de rotar y realizar múltiples funciones, burocracia mínima, producción adaptada a la demanda con almacenaje cero y robotización y automatización de los procesos de producción.

El toyotismo no ha tenido el predicamento de las teorías anteriores. Nadie ha escrito una novela cuyos protagonistas digan: ¡por Toyota! o ¡gracias a Toyota!. No me parece ahora mismo que la sociedad del mundo feliz de Huxley esté de moda como posibilidad futura. La novela, aparte del poso de cachondeo que dejaba detrás de su ironía, describía una sociedad - más que alienada – ñoña. Al menos sus miembros se lo pasaban aparentemente muy bien entre banalidades y unos hábitos sexuales despreocupados y promiscuos. Llamadme pesimista pero ahora mismo mi visión personal del futuro es otra, más cercana a la obra maestra del expresionismo alemán: la película muda Metrópolis de Fritz Lang de 1926(7). 

Cartel anunciador de la película obtenido del blog (1+1 una historia...)


Vi esta película en el cine en 1985 en una versión remozada con música de Giorgo Moroder e imágenes resaltadas con un solo color, escala de rojos o de azules o de grises dependiendo del dramatismo de la escena. Me recuerdo en mi butaca totalmente anonadado por la potencia de las imágenes y por aquel argumento desolador de la ciudad de la superficie llena de tecnología, riquezas y comodidades en contraste con la ciudad subterránea, en donde los obreros trabajaban sin descanso, en condiciones alienantes y suma pobreza. Por cierto, al final, cómo no, todo terminaba con una revolución, así que, apliquémonos el cuento y cambiemos el rumbo, porque por el camino que llevamos…



Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo



Escena de la película con música de Kraftwerk

Notas

(1)    Para ver una biografía de Henry Ford pulsad aquí
(2)    He puesto categorías por no llamarlas castas. Pero hay que admitir que a lo que más se parecen es a las castas.
(3)    Para ver más nombres compuestos y otros detalles de la obra “Un mundo feliz” pulsad aquí
(4)    Para ver una biografía de Frederic Taylor pulsad aquí
(5)    Más información sobre “aldea global” aquí
(6)    Para consultar más información acerca de Saskia Sassen pulsad aquí
Video de una entrevista muy interesante con Saskia Sassen



(7)    Para ver más información acerca de la película Metrópolis pulsad aquí

Nota final: Brown, Lauder y Ashton hablan de taylorismo digital.  Taylorismo digital o taylorismo informático, referido a la organización del trabajo, se denomina a la organización global del trabajo profesional y técnico del conocimiento -tradicionalmente desempeñado por las clases medias profesionales- bajo las condiciones de automatización mediante la digitalización e informatización, reducción de salarios, deslocalización y competencia en los mismos términos a los que en su día fueron sometidos los trabajos artesanales o manuales por el taylorismo. Es un tema en el que he profundizado poco y el término es muy nuevo, pero se parece a lo que expresaba yo en el artículo "La proletarización de los informáticos", aunque yo reducía el fenómeno al ámbito español y mi tesis es que la informática no ha llegado a ser una profesión en el sentido sociológico del término sino una semiprofesión.

Bibliografía

Organización y Burocracia
3ª Edición
Nicos P. Mouzelis
Ediciones Península
Barcelona 1991

Administración de la producción como ventaja competitiva
Eduardo Jorge Arnoletto
Eumed.net (Universidad de Málaga)
Málaga 2007

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El Ascensor Social




Hasta ahora he escrito tres artículos sobre la estratificación social, es decir, sobre cómo se organizan las sociedades en estratos o capas, unas con más poder económico y político que otras. El primero de estos artículos, ¡Oiga usted que todavía hay clases!, trataba sobre las distintas formas de estratificación social que se han dado a lo largo de la historia. El segundo, El gran montaje, explicaba el proceso de legitimación o cómo las élites logran justificar la desigualdad social. El tercero, Yo soy de clase media, ¿y usted?,  explicaba el funcionamiento de la sociedad de clases, las clases sociales actuales y cómo se puede clasificar a una persona en una clase determinada en función de su posición socioeconómica. Estaría bien leerse estos artículos porque, aunque intento que todos ellos sean autocontenidos y no necesiten de lecturas previas, muchos conceptos se entenderán mejor. El artículo presente habla de la movilidad social, o como unos pocos afortunados pasan de una clase social a otra superior o, al revés, lo que suele ser menos divertido.


 El Ascensor Social

A un muy buen amigo mío, de los que hay pocos, de esos que no te fallan, le llamo con el amable apodo de “estratosférico”. El término, que hay que tomarlo como una apelativo cariñoso, alude a su estatus actual, es un directivo de una multinacional norteamericana muy importante, y claro, esta diferencia que existe entre nuestras respectivas posiciones socioeconómicas, él arriba y yo más abajo, hace que yo lo vea allá por la estratosfera. El caso es que este buen amigo no es hijo de un terrateniente, ni de un profesional liberal, ni de un alto funcionario. El padre de mi amigo era un trabajador. Por lo tanto, su caso en sociología se describe como un ejemplo de movilidad social ascendente, ya que su clase de destino está por encima - en la pirámide social - de su clase de origen.

En cambio, mi padre era un cuadro intermedio en una empresa, incluso durante una época de su vida fue propietario de un negocio, y yo también soy un cuadro intermedio en una organización. Por lo tanto, mi clase de origen es la misma que mi clase de destino: la clase media. Todo esto es independiente de que yo tenga un mayor nivel educativo que mi padre o que tenga una casa más grande, ya que esas son cuestiones estructurales que afectan a toda mi clase social y que tienen que ver con que se ha producido un cierto progreso desde que mi padre llegó a la edad de trabajar hasta nuestros días, a pesar del bajón que venimos sufriendo en los últimos tiempos que parece que se van a merendar a la clase media. Así que mi caso no es de movilidad social ascendente sino de inmovilidad, herencia o reproducción social, que de las tres formas se conoce.

También me acuerdo del caso de un señor que fue director en España de una multinacional tecnológica que no consiguió que su hijo siguiera sus pasos y éste no pasó de ser un discreto comercial. En este caso se habla de movilidad social descendente por las mismas causas que hemos visto en los dos párrafos anteriores.

Esta movilidad social que hemos visto hasta ahora es la movilidad intergeneracional, que compara la situación del padre como punto de partida y el estado al que llega el hijo como punto de llegada. Existiría otra movilidad, la intrageneracional, que es la que tiene lugar a lo largo de la vida de la misma persona, conocida también como movilidad de trayectoria (1).

En todas las sociedades industriales la posición de clase, es decir, a qué clase pertenece a una persona, es una combinación de adscripción – cuál es la clase en que se nació - y logro – hasta dónde has podido llegar. Y es frase de mi amigo el estratosférico, sin ser él sociólogo por cierto, que no es tan importante ver hasta dónde has llegado como saber desde qué punto partiste.

La sociología estudia este fenómeno desde dos puntos de vista, en primer lugar, la investigación de la movilidad social se centra en el grado y las pautas del movimiento vertical ascendente y descendente dentro de la estructura ocupacional, lo que hemos visto en los párrafos anteriores. En segundo término, desde lo que se llama investigación del logro de estatus se aborda la cuestión de por qué se produce o no esta movilidad social.

Tanto Carlos Marx como Max Weber – viejos conocidos nuestros de otros artículos – consideraron que la movilidad social era uno de los determinantes en los procesos de formación y acción de las clases sociales, pues éstas necesitan de un determinado grado de estabilidad, es decir, de inmovilidad social para que la clase se forme y exista. Aún así los clásicos de la sociología no estudiaron el asunto con mucha profundidad, al menos no con la insistencia con que abordaron otros problemas sociales, fundamentalmente debido a que es después de la Segunda Guerra Mundial cuando los grandes cambios económicos, tecnológicos y sociales que tuvieron lugar en aquella época modificaron profundamente la estructura ocupacional de las sociedades.

En el artículo de hace dos semanas, ¿Pero hubo alguna vez una Escuela de Viena en Sociología?, decíamos que podíamos incluir a casi todos los sociólogos en dos escuelas, el funcionalismo y la sociología del conflicto, y la investigación de la movilidad social no es una excepción.

Para el funcionalismo, la sociedad está formada como un campo continuo y homogéneo formado por individuos que desempeñan funciones de mayor o menor prestigio y remuneración. Desde este punto de vista, definen la movilidad social como cualquier movimiento de una ocupación a otra cuyo prestigio social o nivel de ingresos fuera diferente.

En cambio para la sociología del conflicto,  la sociedad está formada por clases sociales que se definen por la posición de sus miembros en las relaciones de producción, de mercado, de autoridad u otros principios de clasificación. La pertenencia a una clase de origen condiciona las posibilidades de optar por posiciones de otras clases sociales. En este enfoque la movilidad social es el paso de una clase social de origen a otra de destino diferente. Como habréis podido observar hemos utilizado este segundo enfoque para contar los casos de mi amigo el estratosférico y el mío propio.

Los investigadores utilizan las llamadas tablas de movilidad para registrar y contabilizar los movimientos entre clases (2). A la movilidad neta entre las diferentes categorías de la tabla se la denomina fluidez social. La fluidez social hace referencia a la propensión que existe a pasar desde determinados orígenes a determinados destinos, independientemente de los cambios que se hayan producido en la estructura de clases.

Cuando las tasas de movilidad en una tabla son prácticamente iguales, la probabilidad de pasar de cualquier origen a cualquier destino es la misma, entonces decimos que estamos en una situación de máxima apertura social, que es tanto como decir que apenas influye la clase de origen en la pertenencia a la clase de destino. La sociedad de clases perfecta estaría basada en esta máxima apertura social y en el ascenso basado en el mérito. Esta situación, como podréis sospechar, no es la situación más común, pues todos sabemos que el sistema de clases es bastante estable…  y desigual.

Evidentemente lo contrario a la apertura social es el cierre social, que se produce cuando la clase de origen, la del padre, es un lastre para cualquier aspiración de movilidad social, debido a que las élites aplican toda una serie de métodos para que sea de esta manera (3).

¿Y cómo son los regimenes de fluidez social en los países de nuestro entorno?. ¿Qué tan alejados estamos de la máxima apertura social?. Bien podemos afirmar, si nos fijamos en el siglo XX, que en lo referente a la movilidad ascendente hay pocas diferencias entre los países excepto en los casos de Gran Bretaña, por su industrialización temprana, Suecia, que disfrutó de un régimen especial de alta movilidad entre los años ’30 y ’60 gracias a las políticas sociales llevadas a cabo por los sucesivos gobiernos socialdemócratas y, España, por su industrialización tardía.

En general, el patrón que se suele seguir es un aumento de la movilidad ascendente durante el período de industrialización y expansión económica cuya expresión básica fue el período desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la mitad de la década de 1970, a partir de este momento se produce un mayor estancamiento, un mayor grado de cierre social (4).

Hay varios estudios para el caso de España, pero destacan a mi modesto entender dos, que aportan conclusiones parecidas, son el de Javier Echevarria en 1991 y la más reciente investigación de Ildefonso Marqués y Manuel Herrera-Usagre de 2010.

Resumiendo estos estudios, durante la posguerra, mientras en el resto de Europa se evidenciaban signos de movilidad ascendente, en España no se manifiestan mejoras en las tasas de fluidez social, el país es todavía una sociedad agraria. A partir de 1960 la rápida industrialización crea espacios de movilidad social y se produce una notable mejora en las tasas de fluidez social. A partir de 1970 no hay mejora en las tasas de fluidez social que Echevarría asocia a fenómenos históricos vinculados al advenimiento de la sociedad postindustrial. Luego a grandes líneas se repite el modelo de los países industrializados pero el ritmo de las transformaciones socioeconómicas en España fue más corto y más acelerado.

¿Y ahora?, ¿qué está pasando ahora mismo?. Bueno es un poco pronto para saber de manera profunda e incontestable de qué manera está afectando la crisis económica a nuestra sociedad. Parece que hay que situar esta crisis dentro de un período histórico mayor que empieza a mediados de la década de 1970. Dicho movimiento por llamarlo de alguna manera, es un conjunto de hechos sociales – que hemos venido analizando en varios artículos anteriores – consecuencia del apogeo del neoliberalismo más dogmático, de la falta de un modelo alternativo de sociedad, de la globalización y de la supremacía de la economía financiera sobre la economía real. Todo ello ha conducido a una mayor desigualdad, a que la clase trabajadora sea más pobre, la subclase (5) se nutra de excedentes de la clase trabajadora empujados por la caída de las prestaciones sociales, por el paro y la precariedad y la clase media soporte un peso que apenas puede sobrellevar y que pone a muchos de su miembros en ruta para abajo. Todos somos más pobres menos los más ricos. Así que, si hay movilidad, esta es descendente. Dios nos pille confesados.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Dedicatoria
A mi amigo Jesús al que la estratosfera se le queda pequeña y en memoria de su padre José Antonio (q.e.p.d.) quien me acogiera más de una vez en su casa cuando más lo necesitaba


Notas:

(1)    En mi caso por ejemplo, en cuanto a movilidad intergeneracional mi punto de partida es la clase media y mi punto de llegada es la clase media, pero si examino mi movilidad de trayectoria el resultado es una pequeña montaña rusa, pues por vicisitudes de la vida, en mi juventud estuve un período en la lampancia más absoluta, para luego remontar. En todo caso, las personas que disfrutamos de la vida somos historias inacabadas y aún hay tiempo de dar bandazos. Esperemos que Dios confunda a Rajoy y no nos joda mucho más.
(2)    La mayor parte de los recursos metodológicos que utilizan los investigadores de la movilidad social provienen de un libro muy afamado y reconocido, “El flujo constante”, de 1993,  de los sociólogos británicos Erikson y Goldthorpe.
(3)    En la sociedad de clases la movilidad ascendente es reducida pero existe. En otro tipo de sociedades el juego está mucho más cerrado hasta hacer prácticamente imposible la movilidad social, estos asuntos fueron tratados en el artículo “¡Oiga usted qué todavía hay clases!”.
(4)    Weber lo llamaba cierre de clase, el sociólogo británico neoweberiano Frank Parkin define el cierre social como el proceso mediante el cual las colectividades sociales buscan ampliar al máximo sus recompensas limitando el acceso a los recursos y oportunidades y a un número restringido de candidatos. Ello supone la necesidad de designar ciertos atributos sociales o físicos como bases justificativas de tal exclusión entre los que destaca el origen familiar. Por supuesto este cierre social tiene como contrapartida estrategias de usurpación practicadas por los agentes excluidos del proceso.
(5)    La subclase abarca a todas aquellas personas que sobreviven entre el desempleo y el empleo precario. Para más detalles sobre ésta y otras clases sociales ver el artículo “Yo soy de clase media, ¿y usted?”

Bibliografía:

Estratificación Social y Desigualdad
Harold R. Kerbo
5ª Edición
McGraw-Hill
Madrid 2003

Sociología
John J. Mancionis y Ken Plummer
Paerson-Prentice Hall
Madrid 2005


¿Somos más móviles?. Nuevas evidencias sobre la movilidad intergeneracional de clase en España en la segunda mitad del siglo XX
Ildefonso Marqués Perales y Manuel Herrera-Usage
Revista Española de Investigaciones Sociológicas
Nº 131, 2010, pp. 43-73

Ascensor social: fuera de servicio
Ricardo Iori/Jorge Berástegui
Diario El País 11 de agosto de 2010

Adiós, clase media, adiós
Ramón Muñoz
Diario El País 31 de mayo de 2009





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