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La Pregunta Tabú de David Broncano




La preguntita de marras

Es difícil clasificar a David Broncano (1). Es humorista pero no cuenta chistes. Es monologuista, que yo sepa, en al menos dos idiomas. Es un entrevistador y presentador pero no hay noticias de que sea periodista, de hecho, recomiendo que se vea en “Youtube” la antientrevista que le hizo al  escritor Ken Follet en televisión (2) para comprobarlo. Es un tipo culto aunque lo oculta o – al menos – no presume de ello. Al final, el resultado de tanta ambigüedad es asombroso, o le quieres o ….

Es tan famoso en España, que yo creo que ya no sabe dónde meterse para que no le roben una foto, y lo sé por experiencia porque yo le pedí una en una falla geológica – una especie de zanja basáltica - que separa Europa de América en un recóndito lugar del planeta. Allá dónde David coincida con un español, se verá obligado a hacerse una foto con él, y lo hará amablemente a pesar del cansancio que la fama debe acarrearle.

“No es un humorista, es un chico simpático”, me dijo una vez un compañero de trabajo. Puede ser, pero yo me río mucho con sus actuaciones y en mi casa todos somos fanes suyos. Lo de mis hijos es normal, son millenials (3) el público objetivo de David, pero de lo mi mujer y yo es más raro, somos chicos del baby boom (4) y aceptamos menos bromas con los límites del humor.

El caso, querido lector, es que te supongo intrigado por saber qué pinta David en un blog dedicado a las ciencias sociales. Bien, ahí voy. David Broncano estrenó un programa propio la pasada temporada, lo que llaman late show los enemigos de la lengua. Y acostumbra a preguntar a todos los invitados sobre el dinero que tienen, la panoja que dice él en su dialecto jienense.

Es muy curioso ver las respuestas de las personas entrevistadas. Las reacciones son de lo más diverso y los entrevistados, a estas alturas de la emisión, ya vienen preparados. Unos, simplemente, se niegan a responder no sin embarazo. Otros vienen armados con los saldos de sus cuentas bancarias. Otros dicen una cantidad desorbitada, escondiendo de esta manera el dinero que tienen. Otros dan una cantidad insignificante aduciendo que invierten todo lo que ganan.

El denominador común es que nadie dice la verdad, todos ocultan su renta lo que, por cierto, son muy dueños de hacer. A excepción del propio David, que lo ha dicho en varias ocasiones. Inevitablemente surge la pregunta, ¿por qué nadie quiere decir la verdad en este tema?.

El dinero como tabú

Cuando existe un cierto consenso social para no hablar de algo se le califica como tabú. Un tabú es algo prohibido, o bien, algo de lo que no se puede hablar. Por lo tanto, el dinero sería un tabú de la segunda especie. Esto se dice mucho en internet, encontraréis muchas entradas al respecto, pero no se explican las razones que hay detrás de ese comportamiento.

Lo único que puedo reprochar a mis padres, en lo que a mi educación se refiere, está relacionado con el sexo y el dinero. No recibí una educación adecuada en ambos asuntos. Mis padres nunca me hablaron de la economía doméstica, de las penalidades que podíamos estar pasando o de las épocas de vacas gordas, lo deducías por el contexto. A los niños solo nos llegaba la información cuando la cosa no tenía remedio. Pero más allá de esto, es que tampoco me explicaron nada sobre cheques, bancos, gastos corrientes, acciones y demás zarandajas, quizás por eso de mayor he sido un inútil integral en mi relación con los bancos, menos mal que la economía de mi casa la lleva mi chica.

En el primero de los temas me prometí a mí mismo no caer en los mismos errores, y lo intenté sin mucho éxito, la aversión a hablar de mi sexualidad con mis hijos era sólo comparable a la que tenían ellos de hablar conmigo de la suya. En el segundo de los casos, ni siquiera caí en su momento de que debía educarles en esa materia. Así que, papá, mamá, no tengo nada que reprocharos.

Voy a ir más allá, no sé lo que ganan o tienen mis mejores amigos, sí conozco de sus propiedades y sus gastos aparentes, con lo que me puedo hacer una idea, pero no sé nada de sus sueldos ni de sus saldos. Es curioso no saber una cuestión íntima de las personas con las que más intimidad tengo.

En un entorno laboral competitivo puedo entender que la información sobre los sueldos sea una cuestión conflictiva. Así que filtrar y manejar esta información puede aportar ventajas competitivas y puede ser normal no hablar de ello. Pero yo soy funcionario, no es un entorno laboral especialmente competitivo, nuestros ingresos son públicos y, si no lo son, mala cosa, algo no está funcionando. Sin embargo, tampoco hablamos de lo que ganamos. Esta experiencia mía en relación con el dinero es muy parecida a la de otras personas con las que he hablado de este asunto.

 Después de estos cuatro últimos párrafos, va a ser que sí, que tiene pinta de que al dinero podemos considerarlo como un tema tabú.

Al menos en España, porque hay por ahí gentes muy viajadas que dicen que esto forma parte de nuestra idiosincrasia que, si te vas a Estados Unidos, es tema normal de conversación porque el rasero social que mide el prestigio no es “quién eres” (médico, juez, fontanero o cupletista) sino “cuánto ganas”.

Puede ser, no he estado en muchos saraos norteamericanos y cuando he estado, ha sido entre hispanos, por lo que no puedo opinar. Por otra parte, encuentras muchos datos y opiniones contradictorias. Desde una hipotética encuesta de una empresa financiera que dice que sólo 1 de cada 10 norteamericanos (5) está cómodo hablando de sus ganancias a quienes afirman que un norteamericano medio no tiene ningún reparo en decirte sus ingresos anuales. Lo que sí puedo afirmar, es que después de ver muchos late shows de ese país en la tele, no he visto un tipo como David Broncano preguntándole a la basca sobre su peculio. No he visto a Conan O’Brian (6) o Jimmy Fallon (7) preguntándole a un actor de Hollywood cuánta pasta tiene en el banco, debe ser que no tiene la misma gracia decirlo en televisión ante millones de espectadores.

Ante tanta pregunta sin respuesta lo primero que hice fue buscar en mi biblioteca algún autor consagrado que hubiera hablado del asunto, ya sabéis que recurro siempre a las autoridades en busca de amparo. Me releí la “Filosofía del Dinero” de Simmel (8), algún compendio de Marx (9) porque Marx directamente es inabarcable, desempolvé a mi querido Weber (10) y sus “Ensayos sobre Sociología de la Religión” e, incluso, me aventuré a leer la “Psicología del Dinero” de Claudia Hammond (11), que está más cercano a un libro de autoayuda que a un tratado serio. Y no obtuve nada que me permitiera contestar la pregunta.

Mucha simbología, significado, mucho sobre cómo funciona, cómo usarlo bien, cómo protegerte de las alteraciones psicológicas que produce por exceso o por defecto, incluso, por qué razón monetaria la selección inglesa de fútbol pierde siempre cuando se recurre a la tanda de penaltis. Realmente se ha escrito mucho sobre el dinero y lo sabemos casi todo de él. Pero yo no he encontrado nada que pudiera relacionarlo directamente con la cuestión que nos ocupa. Entiéndaseme bien, no digo que no haya nadie que haya tratado el tema, simplemente que yo no lo he encontrado. Así que me he puesto a pensar por mi cuenta, con el riesgo que eso siempre entraña para la salud.

¿Qué es lo que nos impide hablar de lo que ganamos o de lo que tenemos en el banco?. Lo primero en lo que pensé es en la seguridad, es decir, el hecho de que si soy gente de posibles y lo hago público, estén detrás de la próxima esquina esperándome para robarme o ser víctima de un secuestro exprés.

No creo que sea esta la razón, si así fuera los ricos no harían pública ostentación de sus bienes. Los ricos tienen miedo de los pobres recalcitrantes poco dados a aceptar de buen grado la desigualdad, pero esa es la razón de que existan empresas de seguridad no del silencio dinerario.

Dinero, religión y cultura

Luego pensé en una cuestión cultural, que el tabú del dinero fuera algo peculiar nuestro y no un universal cultural. Este camino resulto ser más productivo.

Supongamos que el tabú del dinero en España es incontrovertible y supongamos, asimismo, que la encuesta que nos dice que el 10% de los norteamericanos se sienten cómodos para hacer público el dinero que tienen es cierta, entonces debemos concluir que el tabú del dinero no se da en los Estados Unidos pues, que uno de cada diez ciudadanos diga sin complejos lo que gana, significa que está lejos de ser un tema completamente prohibido.

Entonces pensé en la religión. Algún lector puede decir que tengo con la religión una monomanía, pero es que la religión tiene una influencia enorme en la cultura de una sociedad y, poniendo el foco en la religión, se suele acertar.

Mi admirado Max Weber opinaba que el dinero es lo más abstracto e impersonal que existe en la vida humana. Las religiones de salvación han mirado con gran desconfianza la expansión de los poderes económicos, igualmente impersonales y opuestos a la fraternidad.

Para Weber, ante esta situación de tensión, la ética religiosa de los virtuosos – que los no virtuosos ya sabemos que siempre estuvieron del lado de los poderosos -  reaccionó del modo aparentemente más radical, rechazando la posesión económica de bienes. Pero la paradoja de toda ascética racional, en la que ha tropezado de igual forma el monacato de todos los tiempos, consiste en que ella misma ha creado la riqueza que rechazaba. En todas partes los templos y los monasterios se convirtieron en sedes de una economía racional.

La Iglesia entonces se movía entre la complacencia de la jerarquía con el dinero y la economía racional de las órdenes cuyos monjes habían renunciado individualmente al dinero y que, sin embargo, generaba riqueza. El problema era la tensión en el ámbito de los principios y en el ámbito interno, la contradicción entre lo que se predicaba y lo que se poseía.

Cuando llegó la Reforma de Lutero, Calvino y compañía dieron una nueva solución al problema, es decir, la paradoja de la ética profesional puritana, que renunció al universalismo del amor y aceptó así también, como decía Weber, la objetivación del cosmos económico como querida por Dios. Es decir, que ser rico no era pecado sino obrar en consonancia con la voluntad del Señor.

Mientras que las Iglesias de la Reforma abandonaron el voto de pobreza. La iglesia de la Contrarreforma siguió predicando que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos (12). Y, por tanto, mantuvo la tensión entre prédica y práctica.

Los Estados Unidos fueron fundados por un grupo de puritanos protestantes que llevaron consigo su ética y que todavía empapa su idiosincrasia política y económica. Sus católicas majestades, en cambio, dirigieron el brazo armado de la Iglesia de la Contrarreforma.

No hace mucho tiempo, España – o una parte de ella - se creía la reserva espiritual de Occidente. Esto no pasa de un día para otro y, aun siendo una sociedad compleja y moderna, quedan contradicciones no resueltas como que los tribunales todavía persigan la blasfemia.

Así que no es extraño, por su impronta cultural, que los norteamericanos hablen del dinero que ganan con más liberalidad que los españoles. Para los primeros, el acumular capital no es inmoral sino todo lo contrario, es una manera de colaborar con la obra divina, mientras que para los segundos, independientemente de sus creencias actuales, tienen un acervo cultural en el que el dinero pesa moralmente. Eso no quita para que muchos hagan pública ostentación de su riqueza, personas que no confesarían su sueldo ni el potro de tortura luego son los primeros en comprarse un coche de gama alta. Al fin y al cabo, la propia Iglesia – amante de la pobreza como ideal de Salvación - cae en ostentaciones y contradicciones de parecido cuño.

El dinero y las tres ideologías básicas del español

Hace ya algunos años publiqué un artículo en este mismo blog – “Las tres ideologías básicas del homo hispanicus” – en el que manifestaba mi convencimiento de que hay tres ideologías que influyen en la cultura española por encima de otras que, o bien, tienen menor antigüedad, o bien, han sido importadas. Son: el hidalgo, el tendero y el aldeano.

Aquí no uso el término “ideología” en el sentido político, sino en el sentido sociológico, sinónimo de visión del mundo, como conjunto de creencias que – construidas socialmente – moldean la forma de pensar de la gente.

Estas tres ideologías comparten el mismo sustrato religioso del catolicismo, por tanto, parten con idea de que el dinero merece la pena pero que tiene un peso moral que hay que asumir y las tres, de igual manera, hunden sus raíces en la Edad Media.

La mentalidad hidalga, es una forma de pensamiento tributaria de aquella nobleza pobre y autóctona, que fue el sostén de las guerras de reconquista e imperiales de la monarquía hispánica.

Da un valor desmedido al honor, no tanto como conjunto de valores a mantener, como un código moral interior con el que conducirse por la vida, sino como creencias que hay que mantener ante el otro. Por eso tanta preocupación por el qué dirán, así, le gusta ostentar signos externos de riqueza, pero no de dinero en efectivo, ya que el vil metal mancha las manos y hablar de él es una ordinariez. El hidalgo te enseñará el Mercedes que se acaba de comprar, pero no de dónde lo ha sacado, lo mismo su familia lleva seis meses comiendo macarrones o ha rehipotecado su casa.

El tendero es cortoplacista por definición, invierte en la mercancía que ofrece y la vende en el menor plazo posible sacando la ganancia de su margen comercial. De eso vive y por eso necesita un capital mínimo permanente. El tendero no está preocupado por el honor sino por el fisco. Tenderos de todas las épocas han sido las víctimas de los recaudadores de todos los tiempos, así que, la mentalidad del tendero es poco proclive a hablar de dinero, nunca dirá que su tienda va bien, no hará grandes ostentaciones en público y después de tres minutos de conversación se quejará amargamente de la Hacienda Pública.

Por último, está la ideología del aldeano, el tipo ideal de mentalidad más influyente en nuestra cultura. No olvidemos que hasta hace poco tiempo, hablando en términos históricos, el nuestro era esencialmente un país de economía agrícola con miles de pueblos pequeños repartidos por el territorio. Si me pongo de ejemplo, todos mis bisabuelos eran gente de campo. Yo soy fundamentalmente un aldeano con trazas de hidalgo y nada de tendero.

Al describir al aldeano me siento reconfortado por el hecho de que es un tipo de ideología muy bien descrita desde la antropología, al contrario de los otros dos tipos que son criaturas de mi observación personal. Y, como he dicho al principio, me gusta ampararme en autores consagrados. La ideología del aldeano coincide básicamente con la ideología campesina descrita por el antropólogo George Foster (13).

George Foster descubrió que las comunidades campesinas en el sur de Europa se caracterizan por una determinada ideología o visión de mundo. Foster citó diversos casos etnográficos para ilustrar esta visión de mundo campesina, a la que denominó la imagen del bien limitado.

En esta ideología, todo se percibe como finito: tierra, riqueza, salud, amor, amistad, honor, respeto, estatus, poder, influencia, seguridad. Al ver todo como escaso, los campesinos creen existe una reserva común, un fondo imaginario de todo aquello que tiene valor en su comunidad. En este sistema de ideas, los individuos sólo pueden descollar en algo porque se apropian de una parte mayor de la que les correspondería en términos proporcionales de esa especie de reserva común, lo que implica privar a otros de lo que sería su parte.

Los campesinos aceptan la riqueza diferencial que procede de fuera de la comunidad (por ejemplo el trabajo asalariado realizado fuera de la localidad) ya que resulta evidente que no ha supuesto extraer nada de la reserva común finita de carácter local. Los beneficios pueden proceder también de la pura suerte (por ejemplo la lotería). En todos estos casos la reserva de bienes de la comunidad permanece intacta.

Sin embargo, los campesinos prósperos que no salen de su localidad pueden convertirse en el blanco del chismorreo, la envidia, el ostracismo y la violencia física. Pues su prosperidad representa que ha tomado una parte mayor de la que le corresponde de la reserva común. Dadas tales respuestas, se intenta ocultar la buena fortuna: las ropas, el interior de la casa, la dieta y, por supuesto, el dinero.

Conclusión, despedida y cierre

Pues ya llegamos al final. Podemos concluir que nadie o casi nadie va a contestar a David. Más que nada porque vivimos en una sociedad cuya religión mayoritaria que considera el dinero como una carga moral, que se puede atesorar pero que ya verás tú como te las arreglarás cuando dejes este valle de lágrimas y te presentes ante el Padre. Y si esto no fuera suficiente, nos educan en una cultura en la que las principales ideologías - por miedo a la envidia, a las recaudaciones o la vulgaridad – hablar del dinero propio representa un problema.

Claro que - como decía el policía Hernández del Comic Tintín - "esta es mi opinión y yo la comparto", la he hecho pública sin ningún ánimo de hacer proselitismo, cada uno que piense lo que quiera.

Y, precisamente querido lector, ahora la pelota está en tu tejado. ¿Contestarías la pregunta tabú de David Broncano?, yo no.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:

  1. David Broncano Aguilera (Santiago de Compostela, La Coruña, 30 de diciembre de 1985) es un cómico y presentador de televisión y radio español.
  2. Entrevista en “Late Motiv” del canal #0 de Movistar a Ken Follet conducida por David Broncano. En esta entrevista se puede apreciar el estilo enloquecido de David. https://www.youtube.com/watch?v=8XDCsFoFpY0
  3. La generación Y, también conocida como generación del milenio o milénica o millenials​ —del inglés millennial generation —, es la cohorte demográfica que sigue a la generación X. No hay precisión o consenso respecto de las fechas de inicio y fin de esta generación. Los comentaristas utilizan la década de 1980 como referencia y la de 1990 cómo la de desenlace.
  4. Explosión de natalidad es la expresión en lengua castellana equivalente a la expresión baby boom o baby boomer en lengua inglesa, surgida tras la Segunda Guerra Mundial, para definir el fenómeno demográfico durante el período comprendido entre 1946 y 1964, y caracterizado por un incremento notable de la natalidad. A los miembros de esa generación se los conoce como baby boomers
  5. “Hablar de dinero, un tabú en las conversaciones de los americanos” artículo en Telemundo: https://www.telemundo.com/el-poder-en-ti/2018/08/13/hablar-de-dinero-un-tabu-en-las-conversaciones-de-los-americanos?image=8734192
  6. Conan Christopher O'Brien (n. 18 de abril de 1963) es un presentador de televisión, comediante, escritor, productor, músico y actor de voz estadounidense. Es principalmente reconocido por haber presentado el programa de conversación nocturno Late Night with Conan O'Brien en la cadena estadounidense NBC entre el 1 de junio de 2009 al 22 de enero de 2010.
  7. James Thomas Fallon, Jr., más conocido como Jimmy Fallon (Brooklyn, Nueva York, 19 de septiembre de 1974), es un humorista, presentador de televisión y actor estadounidense. Es el conductor del programa de televisión The Tonight Show Starring Jimmy Fallon, un talk show nocturno que se transmite de lunes a viernes en el canal NBC
  8. Georg Simmel (Berlín, 1 de marzo de 1858 – Estrasburgo, 28 de septiembre de 1918) fue un filósofo y sociólogo alemán. Simmel formó parte de la primera generación de sociólogos alemanes: su enfoque neo-kantiano sentó las bases para antipositivismo sociológico, a través de su pregunta "¿Qué es la sociedad?" en una alusión directa a la pregunta de Kant "¿Qué es la naturaleza?", y la presentación de análisis pioneros sobre la individualidad y fragmentación social. Para Simmel, la cultura se refería a "la cultivación de los individuos a través de la acción de las formas externas que han sido objetivadas en el curso de la historia". Simmel analiza los fenómenos sociales y culturales en términos de "formas" y "contenido" con una relación transitoria; desde el contenido, y viceversa, en función del contexto. En este sentido, fue un precursor del estilo estructuralista de razonamiento en las ciencias sociales. Con su trabajo en Metrópolis, Simmel se convirtió en precursor de la sociología urbana, el interaccionismo simbólico y análisis de redes sociales.
  9. Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra  en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y la economía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.
  10. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  11. Claudia Hammond es una autora británica, ocasional presentadora de televisión y presentadora de radio frecuente en BBC World Service y BBC Radio
  12. Errores de traducción históricos (I): El camello y la aguja, blog Ab Absurdum https://adadabsurdum.blogspot.com/2014/05/errores-de-traduccion-historicos-i-el.html
  13. George M. Foster (9 de octubre de 1913 – 18 de mayo de 2006) fue antropólogo en la Universidad de California, Berkeley, mejor conocido por sus contribuciones al estudio de las sociedades campesinas y como uno de los fundadores de la antropología médica.





Bibliografía:

María C. Iglesias, Julio R. Aramberri, Luis R. Zúñiga
Los Orígenes de la Teoría Sociológica
Akal Editores
Madrid 1989

George Ritzer
Teoría Sociológica Clásica
McGraw Hill
Madrid 2001

Max Weber
Ensayos sobre sociología de la Religión I
Taurus
Madrid 2001

Roberto Kroker y Fernando Múgica
Georg Simmel: Civilización y diferenciación social II
Cuadernos Anuario de Filosofía
Universidad de Navarra
Pamplona 2003

Claudia Hammond
La Psicología del Dinero
Ebook Taurus
Madrid 2016

Conrad Phillip Kottak
Antropología 
Una exploración de la diversidad humana
McGraw Hill
Madrid 1999



Licencia de Creative Commons

¿Pero hubo alguna vez una Escuela de Viena en Sociología?

Viñeta de "Las Joyas de la Castafiore" de Hergé



Hay una viñeta muy graciosa y de una gran riqueza narrativa, en el álbum de Tintín “Las joyas de la Castafiore”. El profesor Tornasol – el del bigote y la perilla - es sordo, y normalmente no se entera de nada. En la viñeta Tintín le presenta a una cantante de ópera, una diva italiana con un ego enorme, la Castafiore. En su presentación ante la dama el profesor hace un elogio sobre su pintura mientras la Castafiore pone una cara de asombro inenarrable, pues espera una loa sobre su interpretación más conocida: el “aria de las joyas” de Gounod. Tintín contempla la escena, en segundo plano, con las cejas levantadas por la sorpresa.

Mi mujer tiene - qué se yo por qué, debió de haber una epidemia de inspiración en su cole  -  varios amigos de la infancia que son artistas. Algunas veces nos ha tocado ir a estrenos de las exposiciones en galerías y yo me encuentro en estas fiestas completamente fuera de lugar. A veces te preguntan qué opinas de las pinturas y es un gran aprieto, porque hay que decir algo ingenioso, algo que diga muchas cosas sin decir nada, así es el mundillo del arte.

En una ocasión, y a partir de entonces lo he usado muchas veces, me acordé de la presentación de Tornasol y me fijé en un cuadro, vi que los trazos eran gruesos y los colores, una gama de marrones. Ni que decir tiene que el cuadro era abstracto. Entonces aplique el sistema Tornasol y dije: “lo marcado de la línea se aúna a lo sobrio del color” y no quedé mal. La siguiente vez, el cuadro había sido elaborado dando brochazos de colores vivos y mi comentario fue “la ausencia de línea se aúna a lo atrevido del color”. No sé si en estos casos digo alguna tontería, probablemente, pero al menos logro que mis interlocutores vuelvan a observar el cuadro con ojos críticos y después me miren con interés.

Me gustan este tipo de recetas, de heurísticos que me permiten salir del paso en situaciones que no domino. En estos casos es muy importante hablar muy serio y aparentar saber lo que dices. En un porcentaje muy alto de los casos sales airoso. En otros te miran de arriba abajo, entonces, debes reconocer que te han pillado y refugiarte en la bebida que nunca suele faltar en estos actos.

Receta para salir airoso de una exposición
Línea


Se aúna /
se conjuga
Color
Definida
Lo marcado de la línea
Vivos y con variedad
Con lo atrevido del color
Difusa
La ausencia de línea
Pocos o en escala de un color
Con lo sobrio de color
intermedia
La línea se sugiere y


Según sea el cuadro elige una primera frase y su frase subordinada, se puede completar con los adjetivos y calificativos que se deseen para dar más profundidad al comentario
Fuente: el autor

Cuando era joven había una receta que usaba muchas veces en situaciones en las que debía contestar a una pregunta difícil o deseaba, simplemente, vacilar a alguien. La secuencia era la siguiente: primero alguien hacía la pregunta y a continuación yo contestaba “depende”, “¿depende de qué? – y ahí veía el cielo abierto – “depende de si eres seguidor de la Escuela de Viena o te basas en los presupuestos de la Escuela de Praga”. Mi interlocutor se quedaba planchado. A mi me parecía que debía de haber una Escuela de Viena o de Praga para todo[i]. ¿No había en Viena hasta una escuela para caballos?, entonces cómo no iba a haberla para trigonometría, escultura, fútbol o prótesis dentales.

Así que cuando empecé a estudiar sociología busqué desesperadamente una Escuela de Viena pero no la encontré, la más cercana estaba en Francfort del Meno. Mi gozo en un pozo, ¡qué bien habría quedado yo en mis charlas!.  Pero a cambio, si que encontré escuelas de teoría sociológica para poder disertar aunque no tuvieran asignada una ciudad mítica como Viena. Y es lo que voy a hacer a continuación si Dios no lo remedia.

Así que si fijamos el foco en el estudio de la sociedad de manera global y  analizamos la historia de la Teoría Sociológica con ánimo sintetizador podemos establecer dos grandes escuelas: el funcionalismo y todos sus derivados y la sociología del conflicto y todas sus manifestaciones. Y no nos costaría mucho trabajo etiquetar a la mayoría de los autores en una u otra escuela.

Según el enfoque funcionalista una sociedad puede entenderse metafóricamente como un organismo vivo que se compone de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función o funciones necesarias para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es un sistema complejo cuyas partes “encajan” entre sí produciendo un equilibrio o estabilidad social.

Para la corriente principal del funcionalismo nuestras vidas están orientadas según la dirección que marcan ciertas estructuras sociales, entendiéndose por éstas pautas relativamente estables de relaciones sociales, por ejemplo, las relaciones familiares, las conductas ritualizadas, y otras, que implican comportamientos relativamente estables y predecibles. Así para Talcott Parsons, el máximo representante de este paradigma, la sociedad tiende al equilibrio y a la estabilidad. Pero para que puedan permanecer en el tiempo, las sociedades deben cumplir una serie de requisitos que denominó prerrequisitos funcionales como la adaptación al entorno, la satisfacción de los objetivos o la cohesión social entre otros.

Para los críticos del funcionalismo la idea de un orden natural en las sociedades no casa bien con las grandes variaciones que vemos entre distintas sociedades y, dentro de la misma sociedad, entre distintos momentos históricos. También se opina que se pone tanto énfasis en la estabilidad y el equilibrio social que se corre el peligro de olvidar la otra cara de la moneda: la desigualdad y el conflicto social.

Y es precisamente esta otra cara de la moneda, la que protagoniza el estudio de la otra gran corriente de la sociología, la sociología del conflicto. En este paradigma se agrupan las teorías sociológicas que analizan a la sociedad desde el punto de vista de la desigualdad, el conflicto y el cambio social. Se resaltan las relaciones de dominación que enfrentan a las diferentes categorías de personas y, en el ámbito internacional, a los conflictos entre distintas sociedades que compiten entre sí. Se analizan también las estrategias que emplean los dominadores para mantener su posición y de los dominados para intentar mejorar su situación.

Al hablar de sociología del conflicto es inevitable citar a Carlos Marx, cuyas ideas han ejercido una notable influencia en los autores de esta corriente hasta nuestros días. Se trata del Marx filósofo y sociólogo y no del revolucionario que tanta polémica levanta, hasta el punto de que muchos sociólogos norteamericanos reconocen que no han podido estudiar a Marx de una manera independiente; muchos de ellos se consideran “marxianos”, para evitar usar el término “marxista”, equivalente a “comunista” o “revolucionario”. Pero aparte de Marx hay muchos sociólogos importantes en esta corriente como Althusser, Dahrendorf y los miembros de la Escuela de Fráncfort.

Los críticos de esta corriente opinan que, al destacar tanto la desigualdad y el conflicto, dejan de lado aquellos mecanismos – como los valores compartidos y la interdependencia – que favorecen la paz y la cohesión social. Por otra parte, al poner en entredicho una sociología libre de valores y proponer objetivos políticos, se les reprocha que no se puede entonces decir que realizan una observación científica.

Si me preguntan a mi dónde me encuadraría, yo diría que en ninguna de las dos corrientes. Para mí son las dos útiles, si se trata de estudiar la estructura social en un momento histórico concreto yo creo que sería más bien funcionalista, pero si se trata de estudiar el cambio social, aplicaría los conceptos críticos de la sociología del conflicto.

Aunque en los párrafos anteriores hemos descrito las dos principales corrientes de la Teoría Sociológica no hemos acabado del todo. Ambas corrientes de pensamiento entienden la sociedad desde una visión macroscópica, en términos de agregados, de generalizaciones abstractas. ¿En que lugar queda el individuo?.

De esta manera, desde los años ’20 del pasado siglo, se ha venido desarrollando un nuevo paradigma, el de la acción, esto es, el nivel de análisis ya no se centra en las grandes estructuras sociales sino en las interacciones cotidianas de las personas que van dotando de significado al mundo social que les rodea.

Dentro de esta visión microscópica de la sociedad destaca un enfoque denominado, el Interaccionismo Simbólico, cuyo máximo exponente es el filósofo norteamericano George Herbert Mead. Las reflexiones de Mead se centraron en explicar cómo las personas van construyendo su propia identidad y definiéndose a si mismas a través de sus experiencias sociales. Para este enfoque la sociedad es el resultado de las interacciones cotidianas de las personas, que van dotando de significado al mundo social que les rodea. Por supuesto no hay garantías de que este proceso de interacción continua haga que las personas terminen imputando los mismos significados al entorno en el que viven y, así, aún reaccionado de la misma manera, un policía puede hacer sentirse seguro a un individuo y nervioso a otro. De modo que la sociedad sería un mosaico de definiciones subjetivas y reacciones variadas.

Otro enfoque importante que centra su atención en el individuo y que ha causado un gran impacto en la sociología de las últimas dos décadas son las teorías de la Elección Racional[ii]. Es un grupo  teorías que se han tomado prestadas de la ciencia económica, que las usa para estudiar fenómenos como la acción colectiva o la conducta estratégica en instituciones y organizaciones.

Se parte de la proposición consistente en que la unidad de análisis sobre la que debe descansar la explicación sociológica es el individuo o más concretamente los cursos de acción que emprenden los individuos en función de sus intereses y prioridades. Con ello se sustituye la imagen sobresocializada del ser humano, según la cual, éste actúa en conformidad con los valores y normas sociales de los que resultan el consenso y  el orden social, idea ésta muy querida por los funcionalistas. En términos estrictos la acción racional de los individuos es el resultado de una evaluación de los costes y beneficios que entraña, de manera que, son capaces de priorizar las alternativas de que disponen. Decisión en la que cuentan con la información necesaria para ello.

Pero esto en la vida real no es cierto, existe siempre un grado mayor o menor de información disponible y también es variable el número de alternativas posibles. De esta forma surgió la escuela de la Racionalidad Limitada, según la cual, los individuos disponen de una visión limitada del mundo en la que solo cabe un número reducido de alternativas de acción, eligiendo entre ellas las que le parecen más satisfactorias.

Todas estas teorías que ponen el objeto de estudio en el individuo son un buen contrapeso a las sociologías de visión macro como el funcionalismo o la sociología del conflicto.  Sin negar las estructuras sociales, las sociedades están constituidas por individuos, de esta forma proponen soluciones a ciertos problemas de análisis que desde una visión completa de la sociedad no se pueden alcanzar. Pero cuando la investigación social se centra en el individuo es fácil perder de vista la influencia de las variables sociales o estructurales en los fenómenos sociales. De manera que podemos echar mano de un grupo de teorías o de otras según el tipo de fenómeno que se desea estudiar.

Así que, como puedes apreciar querido lector, no nos faltan escuelas en sociología, la guinda, o quizás mejor, una recompensa del destino ante la vida fatigada que llevo, hubiera sido que hubiera habido una escuela de pensamiento sociológico en Viena. ¡Cuánto habría vacilado!. En fin, manías que tiene uno.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Bibliografía:

La explicación sociológica: una introducción a la sociología
José Félix Tezanos
2ª edición, 4ª reimpresión
UNED
Madrid 1998

Estratificación Social y Desigualdad
Harold R. Kerbo
5ª Edición
Mc Graw-Hill
Madrid 2003

Sociología
John J. Mancionis y Ken Plummer
Prentice Hall
Madrid 2005




[i] Ha habido varias escuelas de Viena, a saber:
§   Primera Escuela de Viena, un grupo de compositores y su estilo musical de la segunda mitad del s. XVIII entre el Barroco tardío y el Clasicismo vienés, a ella pertenecen Franz Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart e incluso Ludwig van Beethoven.
§    Segunda Escuela de Viena, un grupo de compositores surgidos alrededor de la figura de Arnold Schönberg a principios del s. XX en Viena.
§     Escuela austríaca o escuela vienesa de Economía, una corriente de las ciencias económicas.
§     Escuela de Viena del realismo fantástico, una corriente del Arte austríaco cercana al Surrealismo.
§     Escuela de Viena de Historia del Arte, al desarrollo de las Bellas Artes desde mediados del s. XIX en la Universidad de Viena.
§    Círculo de Viena, un grupo de filósofos y científicos teóricos que se reunían semanalmente desde 1922 coordinados por Moritz Schlick.
En cambio de Praga, que yo sepa, ha habido únicamente una escuela de lingüistas. A mi lo que más me suena es “la defenestración de Praga” relativo al hecho de que la nobleza de Bohemia lanzara por las ventanas a los enviados del emperador, que cayeron –literalmente – sobre un montón de mierda, con lo cual quedaron muy sucios pero sin daño físico. Ahí empezó la guerra de los 30 años.
[ii] Estas teorías tienen su origen en la ciencia económica

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¿Pero hubo alguna vez una Escuela de Viena en Sociología? por Juan Carlos Barajas Martínez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Yo soy Tintín y mi hermano el Capitán Haddock



Capitán Haddock, Hernández y Fernández

“Yo aún diría más, la cosa está clasra. Esta es mi opinión y yo la comparto” (Fernández)
Hergé, Las Joyas de la Castafiore, 1963


Varias personas, sabedoras de mi afición por las novelas gráficas de Tintín, me han pedido que comente – no me atrevo a calificarlo de crítica – la reciente película de Spielberg sobre el cómic de Hergé. Pero antes de hacerlo debo, para que entendáis mi forma de ver la película, tratar de explicaros qué significa Tintín para mí.

Cuando yo tenía seis años, mi familia tenía una casa en la galdosiana calle de Santa Teresa, para los que conozcan Madrid, muy cerca de la Glorieta de Santa Bárbara y de Alonso Martínez. Si galdosiana es la calle no podéis imaginaros lo galdosiana que era la casa. Del siglo XIX, la escalera de madera, con peldaños irregulares, barandilla de hierro forjado, las puertas de madera maciza con un rosetón como mirilla para ver quién llama sin abrirla. Parecía que Fortunata o Jacinta fueran a salir de una de esas puertas.

La vivienda – que había sido la de mis abuelos - estaba en el séptimo, era pequeña, con un salón-comedor-cocina, con un retrete sin baño y tres habitaciones. En el centro del salón había un pequeño hundimiento que yo aprovechaba para tomar velocidad con el triciclo. Cómo no vivíamos allí, las visitas para mí eran una fiesta y me dedicaba a buscar y escudriñar cada rincón.

Había una habitación en especial que era mi preferida, carecía de ventanas, sólo una lastimera lámpara que se encendía con un cordón daba luz en el cuarto. Estaba llena de trastos amontonados apoyados en la pared del fondo, era un como un desván mágico. Allí encontramos un cilindro de plomo que contenía la hoja de servicios de mi bisabuelo en el ejército de Cuba, fotos centenarias de antepasados que mi padre apenas podía identificar, juguetes de hojalata de mi padre, entre ellos, un coche que él llamaba “el pájaro azul”[i].

Una vez encontré, rebuscando en la zona en donde estaban los objetos más recientes, un ejemplar de un libro, un tebeo de tapas duras con unos dibujos increíbles. Mi hermano Antonio, que tenía 12 años, dijo: ¡mamá Juan Carlos ha encontrado “el tintín”!. Al parecer lo había perdido de vista hacía tiempo y  lo había buscado por todas partes. Aquel tintín era “Objetivo: La luna”, de la Editorial Juventud, la primera edición en español[ii] de diciembre de 1958. Fue el primero que tuve en mis manos, poco a poco fuimos comprando uno a uno hasta tener toda la colección.

Como yo todavía no sabía leer, mi hermano me leyó un montón de veces aquel tintín, poniendo las voces del capitán, Tintín y del profesor que en aquella versión de 1958 no se llamaba Tornasol sino Mariposa. Y ese mismo año aprendí a leer en el colegio, combinando la cartilla del “mamá me mima” con la preparación a aquel maravilloso viaje a la Luna.

Así que yo aprendí a leer con Tintín, crecí con Tintín, leí sus álbumes cientos de veces, durante las meriendas, en la cama antes de dormirme y en lugares menos confesables como el baño. Con Tintín aprendí que había un lugar llamado Tibet, que a un amigo no se le deja en la estacada, que había que proteger al débil y que siempre había que estar del lado de la justicia. Me enrolé en el Unicornio con el capitán Hadoque, busqué el tesoro de Rackham el Rojo y lo descubrí a mi lado, dentro de un globo terráqueo en una escultura, después de viajar hasta una isla desierta cerca del fin del mundo y no encontrarlo. Con Tintín llegué a la Luna sin moverme del sofá de mi salón.

Pero lo mejor, lo auténticamente bueno, fue que con Tintín creé un vínculo indisoluble con mi hermano que siempre funcionó, incluso cuando ya éramos adultos, incluso cuando vinieron los golpes con que la vida nos obsequia para que no olvidemos del todo que esto es un valle de lágrimas.

Nos repartíamos lo papeles y la mayor parte de las veces yo era Tintín, cuando era bueno, pues Tintín sólo se puede ser cuando uno es bueno, es el ser humano perfecto. Y cuando no era bueno no era nadie, nunca he podido ser otro personaje. Antonio era Haddock la mayor parte de las veces, capaz de lo mejor y lo peor, comedor y bebedor, valiente hasta la muerte unas veces y otras asustadizo con las cosas más nimias, colérico inventor de mil insultos, creyente en paraísos terrenales, era el ser humano real.

Es por todo esto por lo que es tan importante para mi Tintín, porque forma parte de mi vida, y, siendo tan importante no me puede gustar lo que ha hecho Spielberg con su película. Spielberg ha hecho uso de tres álbumes: “El cangrejo de la pinzas de oro”, “El secreto del Unicornio” y el “Tesoro de Rackham el Rojo” para su sofrito.

Del “Cangrejo” ha tomado la historia del barco “Karadboujan”, en donde el contramaestre Allan secuestra a Tintín, pero en el orginal éste no estaba buscando un tesoro sino persiguiendo a una banda de traficantes de estupefacientes que disimulaba la droga dentro de latas de cangrejo y, cuyo jefe era Omar Ben Salaad, que no era el Sultan de Bagar de la película sino un rico comerciante del norte de Marruecos. Lo que si coincide es que en el Karadboujan Tintín y el capitán se encuentran por primera vez.

Del “Unicornio” Spielberg toma la parte principal de la trama, desaparecen los hermanos “Pájaro”[iii] – anticuarios y villanos de la historia – y convierte en gran villano a Sakharine que tiene un asombroso parecido al propio Spielberg. A este personaje - que en original de Hergé es un simple coleccionista de maquetas de barcos –lo hace nada más y nada menos que descendiente de Rackham el Rojo con unas ansias de venganza que superan las varias generaciones que hay entre ellos.

Y para terminar, coge del “Tesoro” – el tercer álbum – el episodio de la localización de las joyas y monedas de Rackham en el globo terráqueo de la estatua  de San Juan, en el castillo de Moulinsart, cambiándole totalmente el sentido. Según la película, esta parte del tesoro servirá para financiar la expedición para buscar el resto, según el original de Hergé, era el tesoro – todo el tesoro – que habían ido a buscar al sitio donde explotó el Unicornio y no lo habían encontrado. De esta manera Spielberg se asegura por un lado que si la película tiene éxito puede hacer una segunda parte y, si no lo tiene, la película tiene un final.

Sumadle a todo esto las peleas de grúas portuarias, la persecución tipo Indiana Jones y la batalla de los galeones – que en el original ya era espectacular y de una belleza gráfica irrepetible – pero que en la película de tan espectacular resulta imposible.

Por tanto Spielberg no ha hecho el Tintín de Hergé sino el Tintín de Spielberg. Lo ha matado y lo ha hecho resucitar, con otra forma, una especie de Frankenstein con mechón rubio.

Tan sólo me parecen destacables los cinco primeros minutos, que suponen un maravilloso homenaje a Hergé, me refiero a los títulos de crédito y al episodio del mercado viejo, en donde un Hergé muy conseguido hace un cameo dibujando un retrato al joven periodista.

¿Merece la pena ir a verla?, yo creo que sí. Si eres tintinólogo, para poder abominar de ella, y si no lo eres, pues hasta te puede gustar, hay que reconocer que calidad técnica no le falta.

¿Y por qué parezco tan enfadado?. A ver si consigo explicarlo fácilmente. Hergé dijo una vez “Tintín soy yo”, se refería a que estaba creado a partir de su personalidad, de sus vivencias, de la gente a la que conoció. Con ello expresaba su intención de no permitir que después de su muerte se continuaran publicando sus libros. Según él, otros miembros de su equipo como Bob de Moor o Jacques Martin, podían continuar la saga – incluso mejor que él - pero ya no sería Tintín, sería otra cosa y eso es precisamente lo que ha ocurrido con la película, que es otra cosa. De hecho, dejó inacabado el último de los libros, que se ha publicado tal y como lo dejó, como un bosquejo. Y la viuda Fanny Remi, actualmente Rodwell, y la empresa propietaria de los derechos – Moulinsart – ha perseguido cualquier intento de continuación de la obra de Hergé ante los tribunales de varios países. Pero esto parece que no va con el cine.

Lo más positivo de todo es que con la película, Tintín vuelve a estar en el candelero, se despierta de la languidez en la que estaba, sólo circunscrito al ámbito de los aficionados de toda la vida, que somos una legión pero que vamos envejeciendo. Espero que muchos chavales no se queden en la película y descubran los libros y pasen a ese universo paralelo en el que yo estoy atrapado desde un día de 1966 en el que encontré aquel libro en aquel trastero de la calle Santa Teresa de Madrid.

Juan Carlos Barajas Martínez

En recuerdo de mi hermano, Antonio Luis Barajas Martínez 1954-1997, el protector de mis días infantiles bajo la divisa de “el único que te puede pegar soy yo”. Un Capitán Haddock que terminó su singladura demasiado pronto.

Notas:


[i] El Pájaro Azul (Blue Bird) era el coche de Sir Malcolm Campbell  que batió en 1930 el récord mundial de velocidad (396 Km/h). Mi padre lo llamaba así porque se parecía mucho, pero el de mi padre era gris.
[ii] Creo recordar, hablo de memoria debería consultar mis notas, que hubo una doble edición de “El Secreto del Unicornio” y de “El Tesoro de Rackham el Rojo” en 1952, pero fue de tirada muy limitada y no tuvo mucho éxito. Fue un experimento de la Editorial Casterman. En la mayoría de la documentación sobre Tintín en español se pone este libro de 1958 como la primera edición en nuestro idioma.
[iii] Loiseau en la versión en lengua francesa


El verdadero caballero de Hadoque luchando en la cubierta del Unicornio.
 Hergé, El secreto del Unicornio, 1943
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Cartel anunciador de la película de Spielberg



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