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Función Pública Inclusiva

Juan Carlos Barajas Martínez

Instituto Complutense de Ciencia de la Administración

Resumen

Este artículo es una reflexión acerca de hasta qué punto la administración estatal es una buena muestra como representación de la sociedad española. Para ello se va a hacer una comparación entre ciertas características de la estructura social de España y cómo los sectores identificados están representados en la Administración Pública Estatal, sobre todo, en la Administración General del Estado. Ni por capacidad del autor ni por tamaño del texto se pueden abordar todas las características de nuestra sociedad, sería una labor ímproba, simplemente, se va a poner énfasis en variables que tienen una gran importancia social, como son la estratificación social, el género, la edad, la renta, la distribución territorial y la discapacidad.

Índice:

Estructura Social

¿Cómo podríamos definir el concepto de función pública inclusiva? Una buena contestación a esta pregunta sería que el conjunto de los funcionarios de una administración pública representase de forma fidedigna todos los sectores de la sociedad a la que sirven. Es de suponer que una administración de este tipo estaría mejor adaptada, respondería mejor a las necesidades y demandas de los ciudadanos, es de esperar que lo haría mejor que una élite ilustrada por muy bienintencionada que fuera.

Si lo que quiero es calibrar hasta qué punto la función pública es imagen de la sociedad a la que sirve, se me ocurre que lo que hay que hacer es fijarnos en las personas que constituyen tanto la administración como la sociedad, alejándonos de las actuaciones y las políticas públicas como objeto de estudio. En la medida en que consigamos hacer un retrato colectivo de las personas que constituyen la sociedad española, por una parte, y de los empleados públicos que constituyen su administración, por otra, seremos capaces de ver similitudes y diferencias y acercarnos a una respuesta.

El gran sociólogo funcionalista Talcott Parsons (1) definió a la sociedad como una comunidad relativamente autosuficiente cuyos miembros obtienen la satisfacción de sus necesidades individuales y colectivas y – esto es muy importante – vivir dentro de su marco.

En sociología se suele hablar de Estructura Social y de estructuras sociales, es muy confuso porque no son del todo conceptos sinónimos. La Estructura Social no es más que el conjunto de relaciones sociales que se forman entre los individuos de una sociedad. Debemos ver a la Estructura Social – quizás sería más apropiado hablar de infraestructura social pues se trata de un término genérico – como un entramado de estructuras sociales más particulares.

Así, estas múltiples estructuras sociales hacen referencia a, por ejemplo, la organización en clases u otras formas de estratificación social, o bien, a su composición en grupos y redes sociales, o a sus procesos o formas de interacción, o al estudio de los roles sociales, o bien, al análisis de las instituciones sociales.

Las administraciones públicas son instituciones sociales, forman parte de la estructura social, por tanto, es de esperar que de alguna forma repitan las características de la sociedad a la que pertenecen, nos proponemos ver en qué medida ocurre para el caso español.

Estructura de la Administración Pública en España

Para que los lectores latinoamericanos - que, gracias a Dios, tengo muchos – no se armen un lío, quizás deberíamos detenernos un momento y contar algunas cosas sobre España, más allá de los hechos conocidos de que contamos con buenas selecciones de fútbol y baloncesto y no tenemos un presidente sino un rey.

España es un estado descentralizado, no es una federación - aunque en algunos casos las regiones tienen competencias por encima de las de un estado federado estándar -, pero tampoco es un estado unitario jacobino como Francia. Para mí que somos una federación de facto, aunque no de iure. La distribución territorial española es muy difícil de entender para los extranjeros, si hemos de ser sinceros, tampoco los españoles la comprendemos muy bien.

En resumen, España se divide en diecisiete comunidades autónomas y dos ciudades autónomas, cada una de ellas con su gobierno propio, su parlamento, su tribunal superior que no supremo, su presupuesto y con algo muy parecido a una constitución denominado “estatuto de autonomía” que se llamaron así por no llamarlos “constitución” directamente. Cada una de ellas tiene asignada una serie de competencias políticas que son diferentes dependiendo de su estatuto y los acuerdos con el Gobierno de la nación. A esto se le ha llamado federalismo asimétrico, lo que tampoco ayuda mucho a la comprensión pues jurídicamente no es un federalismo, aunque sí que es muy asimétrico.

En cualquier caso, si las autonomías tienen competencias políticas tienen su propia administración pública como es natural. Por lo tanto, en España, las administraciones públicas tienen tres niveles de administración.

La Administración Pública Estatal da servicio a la sociedad española en su conjunto, es la que depende del Gobierno de la nación. Las administraciones autonómicas dan servicio a las sociedades regionales y dependen de los consejos de gobierno de cada autonomía como la Generalitat de Cataluña, el Gobierno vasco o la Xunta de Galicia. Por último, están las administraciones municipales – ayuntamientos, cabildos o concejos – que dan soporte a los ciudadanos en sus municipios.

Bien, ya vamos llegando, la Administración Pública Estatal está compuesta por la Administración General del Estado, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, las Fuerzas Armadas, la Administración de Justicia – que es independiente del Gobierno – y el Sector Público Empresarial. La Administración General del Estado está formada por los ministerios y sus organismos autónomos dependientes.

Pues, debido a mi experiencia personal, llevo casi treinta y cinco años trabajando para el Estado, la comparación la vamos a realizar entre la sociedad española y la Administración General del Estado. 

Estratificación Social en la Administración General del Estado

La estratificación social se define como una clasificación o jerarquización de los individuos según la categoría a la que pertenecen o se les asigna. En la historia ha habido múltiples formas de estratificación social pero las sociedades contemporáneas se organizan en clases sociales.

Así que España, un país moderno donde los haya, no puede ser menos y está estratificada en clases sociales, a las que se pertenece en función de la posición socioeconómica que se ocupa. Esta posición se puede calcular en función de diversas variables, hay estudios que usan múltiples variables – sé de algunas investigaciones que usan hasta dieciocho variables - pero vamos a simplificar, tomemos las tres variables que proponía el gran sociólogo alemán Max Weber (2): el estatus – o privilegios asociados a la posición social -, el poder – o como la posición social permite tomar decisiones que afectan a mayor o menor número de personas – y la clase – es decir, renta e ingresos, cuánto dinero se gana o se atesora -.

La pregunta entonces es, ¿existen clases sociales en la administración pública? Mi respuesta es un tanto ambigua: no, pero sí. No existen clases sociales como tales, pero si existe una estratificación social propia, derivada de los grupos en los que se ordenan por ley los empleados públicos.

Estos grupos se ordenan según la titulación académica que exige la normativa y la entrada en estos grupos depende de los resultados de una oposición. A mayor nivel educativo mayores responsabilidades, mayores atribuciones, mejor estatus y retribuciones mayores.


Grupos de funcionarios y laborales

En este sistema están presentes las tres variables de Weber, estatus, clase y poder. Si hacemos una equivalencia entre grupos y clases sociales no hay correspondencia uno a uno, pero básicamente se podría hacer corresponder los grupos con las clases medias (alta y baja) y la clase trabajadora. En el caso de los empleados públicos existe mayor diferencia en estatus y poder que en ingresos.

La Administración General del Estado y el género

Si comparamos los empleados de la Administración General del Estado con la población activa española vemos que existe más paridad entre hombres y mujeres en el sector público que en la sociedad en general.

Para empezar, según la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística, el 54,5% de los empleados son hombres y el 45,5% mujeres. En el caso de la Administración Pública los efectivos masculinos son el 48,33% mientras que las mujeres representan el 51,57%. Por lo que hay mayor igualdad en cuanto a número en la Administración General del Estado que en la sociedad española.

Distribución de mujeres y hombres en la AGE


En cuanto a la calidad de los puestos desempeñados por las mujeres, en la Administración General del Estado, en puestos directivos y predirectivos – grupo A1 - hay 51,05% de hombres y un 48,95% de mujeres. Cifras estas muy paritarias con respecto a la sociedad en general, además el dato varía con la edad, hay más mujeres que hombres en el grupo de edad de 30 y 40 años. De manera que cuanto más joven se es, hay más mujeres en los puestos de decisión.

En los mandos intermedios – grupo A2 – hay más mujeres que hombres. El 51,85% son mujeres y el 48,15% son hombres. En el grupo de los trabajadores cualificados – grupo C1 – hay más hombres que mujeres, un 44,11% por un 55,89%. Y por último, en el grupo de los trabajadores menos cualificados – grupo C2 – hay considerablemente más mujeres que hombres, un 67,68% y un 32,32 % respectivamente.

En el apartado de género, la administración parece más igualitaria que la sociedad española, no parece existir un “techo de cristal” o es menos evidente, las remuneraciones son las mismas para los mismos trabajos y es más fácil la conciliación familiar que en otros sectores, estas son entre otras – como la vocación de servicio a los demás – las razones por las que lo público es atractivo como salida profesional para las mujeres.

La Administración General del Estado y la edad

La edad es muy fácil de medir y puedo afirmar, si se comparan las estadísticas de la Administración General del Estado con la Encuesta de Población Activa del INE, que los trabajadores de la administración son 10 años más viejos que los de la sociedad en general.

El mayor grupo de edad en la administración es la generación que está entre los 50 y 59 años de edad y menos de treinta años sólo hay un 1,11%. En la sociedad en general, el grupo de edad más común entre los trabajadores es el de los 40 a los 49 años que suman un 30% del total, en mientras que, en cambio, los menores de 30 llegan al 14%.



A mí se me ocurren dos razones básicas para esto. En primer lugar, el funcionariado ha sufrido un envejecimiento acelerado desde la crisis de 2008, cuando los sucesivos gobiernos – intentando capear el temporal – no renovaron las plantillas, de manera que la gente se fue jubilando pero no entraban nuevos empleados públicos, lo que supuso en la práctica una reducción de efectivos y un aumento de la edad media.

La segunda razón tiene que ver más con las cohortes más jóvenes. En general, para los puestos de empleados públicos se requiere de una acreditación académica y esto hace que se tarde más en optar por entrar en la administración pública. Esto explica la gran diferencia de porcentaje en el rango de los menores de 30 años, entre la Administración General del Estado y la sociedad española.

La Administración General del Estado y la distribución territorial

Como hemos indicado párrafos más arriba, España es estado cuasifederal y su administración tiene tres niveles: el estatal, el autonómico y el municipal. Además, también hemos dicho que existe asimetría entre las competencias de unas autonomías y otras, esto hace que la administración central esté más presente en unas comunidades autónomas que en otras, aunque hay excepciones a esa regla general. Otro factor que interviene en la distribución de efectivos es la diferencia de población y tamaño entre las distintas comunidades.



La Comunidad Autónoma de Madrid, es con mucho, la comunidad con mayor número de empleados públicos de la administración estatal. Esto es el resultado lógico de la capitalidad de España, en Madrid tienen su sede el Gobierno, los ministerios y los órganos constitucionales.

Sorprende el caso de Andalucía en la que la Administración General del Estado está sobrerrepresentada aunque pertenece al grupo de Autonomías que disfruta de mayor nivel de autogobierno. La razón podría ser que es el territorio que está en segundo lugar en cuanto extensión y el primero en población. En Cataluña, otra de las comunidades con mayor nivel de autogobierno y población, el número de funcionarios estatales es mucho más discreto como se puede apreciar en los gráficos adjuntos.

Las remuneraciones en la sociedad española y en la Administración General del Estado

En general, después de todo lo que ha pasado desde la crisis económica de 2008 agravada en 2011, los datos nos dicen que existe una cierta mejora de las retribuciones de los niveles bajos de la administración estatal con respecto a la empresa privada, hay toda una controversia sobre hasta qué punto ocurre esto (3). Eso no quiere decir que los funcionarios ganen mucho, significa que han bajado los salarios y ha aumentado mucho la precariedad en el empleo en la sociedad española.

Sin embargo, conforme vamos subiendo en la escala jerárquica, el diferencial entre la empresa privada y la empresa pública se dispara a favor de los primeros. Lo que quiere decir que existe más igualdad económica dentro de la administración que fuera de ella, es decir, la diferencia entre el que más gana y el que menos gana es bastante mayor en la empresa privada.

Si comparamos lo que gana anualmente el director general de una empresa media española con lo que gana el presidente del Gobierno de la nación encontraremos una diferencia de 38.000 € anuales a favor del primero.

Y si nos fijamos en la desigualdad de ingresos máxima, es decir, la diferencia anual entre el que más gana y el que menos gana en una empresa media y la Administración General del Estado veremos que en el primer caso, la empresa media privada, la diferencia es de 106.465 €, mientras que en el sector público la diferencia es de 66.980 €. Lo que indica que la Administración General del Estado es más igualitaria económicamente que la sociedad en general. Los gráficos que se detallan a continuación proporcionan más datos al respecto.


La Administración General del Estado y la discapacidad

Si se habla de inclusividad no se puede dejar de lado el asunto de la incorporación de las personas discapacitadas en la administración pública. Según el Comité español de Representantes de Personas con Discapacidad, el sector de los discapacitados lo forma un 7,3% de la población, lo que en términos absolutos vienen a ser 3.380.000 personas.

La ley obliga a las administraciones públicas a introducir un 7% de puestos para discapacitados en los procesos selectivos de personal. Esta medida estará presente hasta que se llegue al 2% de los efectivos de cada administración pública (estatal, autonómica y municipal).

Ese 7% de las nuevas plazas de empleados públicos se debe distribuir de la siguiente manera: un 2% para las personas con discapacidad intelectual y un 5% para el resto de las discapacidades.

En general, el cumplimiento de esta medida está siendo complicado sobre todo en los municipios. No obstante, según datos del INE correspondientes al año 2014, el 23,2% de los discapacitados ocupados trabajan en el sector público.

Según el último informe “anual” de responsabilidad social de la Administración General del Estado correspondiente a 2016, el porcentaje total de personas con discapacidad, de todo tipo, en plantilla, es en torno al 1,36% acumulando ambos tipos de discapacidad. El peso de la discapacidad intelectual en este conjunto es muy minoritario y no llegaría al 0,05% de la plantilla. Vamos camino del 2% exigido en la legislación, pero nos falta un trecho para llegar.

Hasta qué punto influye la selección de personal

Desde el principio de este artículo hemos analizado diversas características sociales y hemos estudiado hasta qué punto están presentes en la sociedad española y en su Administración General del Estado. Falta analizar cómo influyen los procesos selectivos, es decir, la puerta de entrada en la administración, en el mantenimiento de una estructura social pareja entre la administración y la sociedad a la que sirve.

Lo primero que hay que señalar es que existe muy poca documentación al respecto. Lo más destacable es el trabajo de los profesores Ruano(4), Crespo (5) y Villar (6) de 2014, titulado: “Los funcionarios ante el espejo. Análisis del ciclo de selección de personal en la Administración General del Estado”.

El estudio es un análisis de los procesos de selección llevados a cabo por el Instituto Nacional de Administración Pública en el período 2007-2011 para seis cuerpos de funcionarios.

Como conclusiones generales, el estudio afirma, en primer lugar, que existe un sesgo importante en cuanto a la procedencia geográfica de los funcionarios. Los nuevos empleados públicos proceden principalmente de Madrid, a continuación, a mucha distancia, ingresan en la Administración General del Estado personas procedentes de Castilla y León, Galicia y Andalucía.

Sin entrar en las razones de este desequilibrio - pues nos daría para otro artículo -en este apartado la Administración General del Estado no refleja la distribución territorial de España, hay pocos catalanes y vascos proporcionalmente entre los empleados públicos. Es preocupante como indicio de una falta de cohesión territorial.

El perfil del funcionario español recién nombrado es una persona de 36 años, con experiencia laboral previa – excepto en el Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado que son titulados recientes -.

Existe sobretitulación, es muy común poseer una titulación por encima del nivel exigido.

Existe una tasa de reproducción social muy significativa. Un importante número de los funcionarios medios y superiores son hijos de padres funcionarios (sobre todo de los padres). El estudio nos indica que esto es especialmente común en los administradores civiles y, según mi experiencia, entre los diplomáticos.

Así que sí parece que las oposiciones actúan como un filtro que de alguna manera – está por ver si el filtrado es por el propio proceso selectivo o por condicionantes sociales previos – producen un sesgo en el origen de los nuevos funcionarios de la Administración General del Estado.

Cualquier reforma del sistema de selección de personal de la Administración General del Estado, que ya va haciendo falta, debería incidir en suavizar estas diferencias.

Conclusión

Las administraciones públicas emanan de la sociedad, por lo tanto, son una imagen más o menos desdibujada de la sociedad matriz. Uno reconoce cuando la observa que la Administración General del Estado es española, reconoce aspectos en su constitución y en su forma de proceder que son netamente ibéricos, sin embargo, cuando hemos mirado con detenimiento hemos visto diferencias sensibles.

Unas diferencias son positivas, la Administración General del Estado es más igualitaria en ingresos y género que la sociedad civil, otras no lo son tanto, como la procedencia geográfica de los funcionarios o la edad media o la tasa de reproducción social alta.

Cualquier reforma de la administración es una labor penosa y polémica por definición, exige una valentía de las autoridades políticas que no suele darse ni aquí ni en ningún país; no obstante, se deberían tomar medidas para suavizar las diferencias pues, es de esperar que cuanto mayor sea la similitud entre la sociedad y la administración, más democrática serán ambas. ¿Será más funcional también? o ¿una administración elitista “tiraría” con mayor fuerza de la sociedad hacia el progreso? Pienso que, si nos consideramos a nosotros mismos parte de una sociedad avanzada, la repuesta está clara.

Juan Carlos Barajas Martínez

Sociólogo y funcionario






Notas:

  1. Talcott Parsons (13 de diciembre de 1902 – 8 de mayo de 1979) fue un sociólogo estadounidense. Cursó estudios en el Amherst College, el London School of Economics y la Universidad de Heidelberg (Alemania). Dio clases de sociología en la Universidad Harvard de 1927 hasta 1974 como director del Departamento de Sociología de dicha universidad (1944). Más tarde fue nombrado presidente del nuevo Departamento de Relaciones Sociales 1946 y posteriormente presidente de la American Sociological Association en 1949. Es uno de los mayores exponentes del funcionalismo estructural en Sociología. Dicha teoría social sostiene que las sociedades tienden hacia la autorregulación, así como a la interconexión de sus diversos elementos (valores, metas, funciones, etc.). La autosuficiencia de una sociedad está determinada por necesidades básicas, entre las que se incluían la preservación del orden social, el abastecimiento de bienes y servicios, la educación como socialización y la protección de la infancia
  2. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  3. Ha habido mucha controversia sobre hasta qué punto los funcionarios cobran de media más que el resto de los empleados del país. Según la encuesta anual de estructura salarial del INE más de 5.000 euros anuales de media. No niego que los funcionarios cobremos más, en realidad no lo sé a ciencia cierta, y me gustaría saberlo. La encuesta salarial del Insitituto Nacional de Estadística incluye a los empleados de las empresas públicas – que no son empleados públicos y que tienen remuneraciones medias mayores – y excluye a los funcionarios de carrera que cotizan a las mutualidades – es decir a la mayoría de los empleados públicos y que cobran sueldos más moderados. Esto ya de partida introduce un sesgo importante. Luego están los intereses de ciertos sectores , representados en medios de prensa, que con respecto a esta misma encuesta dicen que los funcionarios ganan un 37% o un 50% más; no sé realmente cómo hacen la regla de tres estos muchachos. No puedo resistir la tentación de poner aquí lo que dice el Profesor Marco Celentani: "aun cuando en las cifras que a veces se barajan, parezca que el sueldo medio del empleado público es superior al del sector privado, para hacer una comparación sensata hay que tener en cuenta las diferentes características de los individuos, entre ellas su formación. No tiene sentido comparar el sueldo de un neurólogo que trabaja en el sector público con el de un empleado del sector privado sin apenas estudios y que realiza un trabajo poco calificado. Pero tampoco hay que olvidar que los empleos públicos son distintos a los privados por una razón fundamental: son más estables y que generan unos ingresos menos variables". Celentani cita un estudio de la Universidad de Bristol del que resultaría que, tomando en cuenta las distintas variables y que el estudio se realiza sobre toda la vida laboral, las diferencias salariales entre el sector público y el sector privado en España son pequeñas o nulas
  4. José María Ruano de la Fuente es profesor Gobierno y Administración Pública de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.
  5. Jorge Crespo González es Doctor en Ciencia Política, de la Administración y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid, profesor entre otras asignaturas de Teoría de la Administración Pública, Ciencia de la Administración, Ciencia Política, Gobierno y Administración en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.
  6. César Polo Villar, sociólogo, profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología.

 Bibliografía:


Los funcionarios ante el espejo. Análisis del ciclo de la selección de personal en la Administración General del Estado
Jose M. Ruano de la Fuente
Jorge Crespo González
César Polo Villar
Instituto Nacional de la Administración Pública
Madrid 2014

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociología Divertida
Madrid 2012

Encuesta de Estructura Salarial
Instituto Nacional de Estadística
Madrid 2017

Boletín estadístico de personal al servicio de las AAPP 01/01/2019
Registro Central de Personal
Madrid 2019


Encuesta de Población Activa
Instituto Nacional de Estadística
Madrid 2019


Evolución Salarial 2007-2018
Escuela de negocios EADA Business School.
Consultora de Recursos humanos ICSA 2019

Libro banco empleo público para personas con discapacidad
Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad
Madrid 2015

Empleo público de personas con discapacidad en las administraciones públicas
CCOO
Madrid 2019

La responsabilidad social en la Administración General del Estado
Ministerio de Hacienda y Función Pública
Madrid 2016

Cuantías de los distintos artículos del Real Decreto-Ley 24/2018, de 21 de diciembre, por el que se aprueban medidas urgentes en materia de retribuciones en el ámbito del sector público, una vez aplicado el incremento adicional del 0,25%, aprobado por el gobierno con fecha 21 de junio de 2019
Ministerio de Hacienda
Madrid 2019
 


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Creado a partir de la obra en http://sociologiadivertida.blogspot.com/.

Los Años del Hambre


 

Sello de correos de Carpanta (1) producto cultural representativo del pobre de posguerra

Madres y hermanas, esposas e hijas en una paciente,
sufrida, dolorosa y desalentadora tarea de hogar y de familia.
llegaron a confeccionar tortillas sin huevo, guisos sin carne,
fritos sin aceite, dulces sin azúcar, café con trigo tostado;
hicieron pucheros con huesos, cocidos sin semilla ni patatas,
embutidos de pescado”.
Claudio Gondrona, periodista


Corría el año del Señor de 1941 y Paquita, a sus catorce años, volvía una tarde a su casa en el barrio de Las Ventas desde su trabajo, aprendiza en una fábrica de corsetería. Hija de un zapatero remendón de mal carácter, con poca clientela, y la poca que tenía no le pagaba, pasaba hambre. Todo el barrio pasaba hambre. Gran parte de la población de aquel Madrid de posguerra, autarquía (2) y estraperlo (3) pasaba hambre, un hambre feroz.

En las calles aledañas a la Plaza de Toros, Paquita se encontró con que en la calzada había algo que parecía materia orgánica y, por tanto, susceptible de ser comestible. Se fijó bien y parecía una sardina arenque aplastada sobre el pavimento por algún vehículo pues el aplastamiento tenía cierta apariencia geométrica, la que le daba la huella del neumático que probablemente había pasado por encima. Paquita despegó la sardina del suelo, la limpió como pudo y se la comió. Y le supo tan rica.

Si hubierais conocido a Paquita, quien bastantes años después me pariría, no habríais dado crédito a esa historia. Mi madre era una maniática de la limpieza. Por poneros un ejemplo os diré que durante años, al entrar a mi casa, nos hacía – a mi padre, a mi hermano y a mí – andar sobre unos paños de gamuza con dos fines primordiales, por un lado, no ensuciar con los zapatos recién venidos de la calle, por otro, sacar brillo al parqué. No tuve nunca deseos de practicar patinaje artístico durante mi infancia. Así que mucha hambre debía tener mi madre cuando se comió la sardina en esas condiciones teniendo en cuenta su escrupuloso sentido de la limpieza.

Yo soy de los que no deja nada en el plato, lo que no ha sido especialmente bueno para mi sobrepeso, pero es que cada vez que me encuentro lleno y todavía queda comida, me acuerdo de mi madre diciéndome a voz en grito rayana en la histeria: “¡Ojalá pasaras aunque sólo fuera un día de hambre para que aprendieras a no tirar la comida!”, que era la sentencia que me espetaba cuando yo no me quería comer las acelgas. Mi madre, a quien le faltó qué comer durante los años del hambre, concedía un valor sacro a la comida, hasta el punto que transmitió sus obsesiones a sus hijos y yo, como hijo suyo, no puedo dejar nada en el plato aunque reviente.

La descripción de aquellos años que hacía mi madre se completaba con los sabañones por el frío sin calefacción, los cortes cotidianos de fluido eléctrico, los piojos en el pelo y las chinches en la cama, la tuberculosis endémica (4), los calambres, el Auxilio Social (5), los sucedáneos, el arte de la cocina sin ingredientes. Todos trabajaban en algo, había pleno empleo, sin embargo pocos podían evitar la pobreza.

Mi madre, con discurrir del tiempo, pasó de la desnutrición a la malnutrición y, de ahí, a una nutrición básica sin lujos para pasar a comer lo que le diera la gana. Pero nunca se llegó a recuperar de aquellos años y no sólo psicológicamente, la falta de alimentos en su infancia y adolescencia le pasaron factura y nunca dejó de estar enferma, acaparando males diversos. No la recuerdo nunca sana, ”soy mas desgraciaíta que María de la O”, decía. Conocí los hospitales desde niño yendo a visitarla hasta que, de adolescente, me tocó cuidarla. Murió a los cincuenta y tres (6).

Los años ´40 fueron los del hambre en España. Se juntaron la posguerra española con sus descensos en la producción de alimentos, la segunda guerra mundial que estranguló el comercio de todo aquello que no se pudiera disparar contra el enemigo, la autarquía económica por la guerra y – después de la guerra – por que nadie quería comerciar con la dictadura manchada con una nada clara relación con Hitler, el régimen de racionamiento (7), la acaparación para desviar los productos a un mercado negro mucho más lucrativo y la opacidad y desorganización de la administración de Franco. Como resultado, una hambruna que con mayor o menor intensidad afectó a amplias capas de la población que no podía permitirse los precios que cobraban en el mercado negro para los productos de primera necesidad. Hasta 1952 no se recuperaron en la alimentación de los españoles los valores calóricos de la época anterior a la guerra.

Y ahora cuando veo los telediarios y leo los periódicos vienen a mi mente resonancias de aquella época que creía superada para siempre. Oigo de casos de tuberculosis y de otras enfermedades de posguerra. Los piojos - a los que no había visto hasta mi edad adulta - los recuperamos hace años no sé muy bien cómo  y se vuelve a hablar de chinches en un barrio de Madrid. Me llegan noticias de pobreza energética, gente que no puede encender la calefacción o tienen que apagar la luz para poder pagar el recibo. Al parecer, para muchas personas, el disponer de un trabajo ya no es garantía de evitar la pobreza. Oigo de niños que pasan hambre, tenemos en los medios un debate acerca de que cerrar los comedores escolares en verano supone que muchos chavales pierdan su única comida decente y equilibrada y he visto, con mis propios ojos, como un grupo de personas revolvía la basura de un supermercado de mi pueblo - de los que tienen la renta más alta en España – hasta que dejaron de tirar los deshechos ahí, llevándoselos a no sé dónde para que nuestros ojos pequeñoburgueses no vieran tan poco edificante espectáculo.

Claro que todo esto podría ser sensacionalismo de los titulares de los periódicos o ser comentarios exagerados propios de una mente sensible como la mía, de esas personas que lloran con “¡Qué Bello es Vivir!” cada Navidad. “Es que mi Juan Carlos es muy sentido  decía mi madre. Así que todo esto podrían ser delirios de una mente impresionable.

Por tanto, la pregunta que nos debemos hacer es: ¿existen maneras objetivas de cuantificar la pobreza de un país?. Pues sí, las hay, la ciencia siempre está ahí para redimirnos (8).

En primer lugar tenemos el concepto de pobreza absoluta. Es el porcentaje de la población cuya renta familiar se encuentra por debajo de una línea o nivel absoluto llamado umbral de pobreza. Esta línea refleja el valor de los recursos necesarios para mantener un mínimo bienestar. El objetivo es medir el coste que supone la adquisición de una cesta de productos esenciales - bienes y servicios - que permita alcanzar los niveles mínimos de satisfacción en lo que a las necesidades básicas se refiere.

Ahora bien existen varias maneras de fijar ese límite. Hay una muy popular que es la que fija un dólar per cápita al día como el valor de los recursos mínimos que se necesitan para no considerar que una persona está sumida en la pobreza. Esta línea se puede utilizar en el contexto mundial, entendiendo por tanto que cualquier persona que viva con menos de un dólar al día es pobre, pero este tipo de medida tiene un interés limitado en los países desarrollados, pues no es representativa del nivel de desigualdad de este tipo de sociedades, un dólar parece poco. De hecho, en España el Instituto Nacional de Estadística no la calcula.

El segundo tipo de indicador es la pobreza relativa. Dicho de manera simple, las líneas de pobreza relativa clasifican a las personas de la sociedad objeto de estudio en dos grupos, las que se encuentran más desfavorecidas, a las que se denomina pobres, y el resto. 

Si se produce en la sociedad un aumento homogéneo del nivel de ingresos, por ejemplo una subida del 5% de los ingresos para todos los hogares, las líneas de pobreza relativas proporcionan las mismas tasas de pobreza antes y después de este aumento. El umbral de pobreza será mayor, pero la proporción de personas pobres permanecerá invariable. El número de pobres depende de la posición relativa de cada hogar o individuo en la sociedad. Si estas posiciones relativas se mantienen, las líneas de pobreza relativa no reflejan los cambios que pueda producir un desarrollo económico repartido por igual. Para que disminuyan los porcentajes de pobres calculados con este tipo de líneas es necesario que se produzcan cambios en la distribución de la renta. Por tanto se trata de un buen indicador de la desigualdad pero no es perfecto, lo veremos con más detalle un poco más adelante.

Habitualmente, las líneas de pobreza relativa utilizan indicadores basados en variables monetarias como son el ingreso o el gasto. En ambos casos se fija un nivel mínimo de la variable por debajo del cual las personas serán clasificadas como pobres y, por encima, como no pobres. Suponiendo, por ejemplo, que la variable elegida es el ingreso, el nivel dependerá de la distribución de los ingresos en la población,  de hecho se suele fijar en un tanto por ciento de alguna medida de la distribución, habitualmente la media o la mediana (9).  

Pero, ¿cuáles son estos valores para España?. El Instituto Nacional de Estadística publica anualmente la Encuesta de Condiciones de Vida. En ella se realizan el cálculo de varios indicadores de pobreza relativa, siguiendo los criterios del Eurostat (10).

Lo primero que hemos de decir es que todos somos más pobres. El ingreso medio anual neto por hogar se situó en 2012 en 26.775 € con una disminución del 3,5% respecto al año anterior. En 2009 fue de 30.045, la disminución desde entonces ha sido de casi un 11%.

El primero de los indicadores de pobreza de la encuesta es el umbral de riesgo de pobreza, que se fija en el 60% de la mediana de los ingresos por unidad de consumo de las personas. Por ejemplo, en España, en hogares compuestos por una sola persona es de 8.114 € y en hogares compuestos por dos adultos y dos niños es de 17.040 €, es decir, que por debajo de ese ingreso las personas son pobres. Este indicador no ha hecho más que bajar desde que comenzó la crisis, en 2009, fueron respectivamente 8.877 y 18.641 €.

A partir de este dato se calcula la población en riesgo de pobreza, es decir, cuantas personas tienen ingresos bajos en relación con el conjunto de la población. Así, en la encuesta de 2013, correspondiente a los ingresos de 2012, la tasa de riesgo de pobreza se situó en el 20,4% de la población residente en España. No está mal el porcentaje porque si lo traducimos a personas no salen un poquito más de nueve millones y medio.


Si observamos las cifras, parece que la pobreza ha disminuido ya que hay un 0,4% menos de personas con ingresos bajos. Precisamente hace unos días, la ministra Ana Mato – probablemente premio Nobel de economía en un futuro cercano - se agarró a estas cifras para afirmar que la pobreza infantil – 26,9 en 2012 a 26,7 en 2013 - está descendiendo. Haciendo gala de unas dosis desmesuradas de optimismo, pues uno de cuatro niños se encuentra en situación precaria, Mato consideraba que es el "primer indicador" que devuelve a España a "antes de la crisis".

La trampa está en lo que aludíamos en párrafos anteriores, se trata de una medida relativa. El valor de la tasa de riesgo de pobreza depende de los ingresos de los hogares del conjunto de la sociedad. Si, por ejemplo, los ingresos de las clases medias descienden, probablemente el umbral de pobreza también lo haga - porque hogares cuyos ingresos se situaban por encima de la mediana pasen a situarse por debajo, empujando la nueva mediana y el umbral de pobreza hacia abajo-. Si descienden fundamentalmente los ingresos de las clases más desfavorecidas, como ha sucedido en esta crisis, la mediana de ingresos permanece inalterada y la tasa de riesgo de pobreza en el umbral del 60% apenas se mueve, aunque los pobres se empobrecen y su vulnerabilidad acarrea graves problemas sociales.

No es extraño que a este respecto la socióloga Saskia Sassen, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, hable de “limpieza económica” – término que usa por comparación con la “limpieza étnica” que tantos disgustos ha dado históricamente en Europa-. La limpieza económica estaría causada por el bajo crecimiento, el desempleo, la desigualdad y la pobreza que asolan a nuestro continente, sobre todo al sur (11). Este proceso se manifestaría de dos maneras. Por un lado porque estas personas en riesgo de pobreza quedan excluidas de los límites del sistema económico real por la pérdida de sus trabajos, de sus casas y otras necesidades vitales y, por otro lado porque, por las mismas razones, quedan expulsados de los indicadores económicos, se hacen invisibles para las estadísticas. Así que no solo se les empobrece sino que se les ignora.

Por esta razón conviene acudir a indicadores agregados de varios conceptos como el indicador AROPE (12) de riesgo de pobreza o exclusión social. Este indicador combina tres conceptos: la tasa de riesgo de pobreza  -que hemos visto antes -, la carencia material (13) – que es un indicador de la falta de bienes y servicios básicos -  y la baja intensidad en el empleo – entendida como hogares sin empleo o la que sus miembros en edad de trabajar lo hicieron menos del 20% del total de su potencial de trabajo -. De manera que, a mayor valor del indicador AROPE, hay mayor incidencia de la pobreza o exclusión social.
En 2013 el indicador AROPE se sitúa en el 27,3% de la población residente en España, más de 12 millones y medio de personas, frente al 27,2% registrado el año anterior, siguiendo la tendencia ascendente de los últimos años.

Para terminar, si examinamos los datos de pobreza relativa según las características de la población tampoco nos llevaremos sorpresas. Los hogares con mayor riesgo de pobreza son los formados por un adulto y uno o más niños dependientes cuyo porcentaje sube al 38%, 18 puntos por encima de los datos relativos a toda la población. Es decir, que separaciones, divorcios, solterías con hijos y viudedades no son un buen negocio. Del mismo modo los segmentos de población con mayor riesgo de pobreza son las personas con estudios primarios y los extranjeros no comunitarios. Otro dato significativo que lleva resonancias de los años del hambre es que ya no es garantía tener un trabajo para evitar a la pobreza. Según el Instituto Nacional de Estadística un 11,7% de los ocupados se encuentra en riesgo de pobreza.

Las cifras siempre esconden los padecimientos de las personas. Los resultados macroeconómicos siempre esconden a las víctimas de las políticas económicas. La vida moderna se pinta sola para ocultarnos las más de las veces la desigualdad y la pobreza, se pinta sola para crearnos paraísos artificiales en los que aislarte de la realidad, basta con cambiar de canal, irte por otra calle, que alguien se tome la molestia de quitar los contenedores de tu camino para que no veas la fealdad del hambre, tomar una autopista con pasos elevados sobre las chabolas por las que puedes ir a toda velocidad sin preocuparte por otras realidades. 

Hasta que nos toque a nosotros, empezamos a vivir todos en un mundo gobernado por la precariedad en la que nadie está seguro. Es el reino del miedo a caer, y por tanto, el reino de los dóciles. Pero, ¿y los que han caído ya en la pobreza?, ¿realmente tienen algo que perder?, ¿qué ocurre en las sociedades con gran desigualdad y marginalidad?. Todos sabemos las respuestas.

¿Soy tan exagerado cuando la situación actual me recuerda aquella época terrible de nuestra posguerra?, ¿no estaremos quizás en una posguerra sin guerra previa? o ¿es que realmente estamos en medio una lucha sin cuartel?. No, si al final, después de dar muchas vueltas con la ideología, a lo mejor volvemos a la cabeza a Marx y nos damos cuenta de que lo de la lucha de clases no era una tontería. A ver si somos capaces, unos de despertamos de nuestro sopor, otros los más desfavorecidos, de no caer en la violencia y, todos, de encauzar nuestra protesta desde la democracia. Podemos.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

A mi querida suegra Basi, una segunda madre para mí,  y en su nombre, a todos los de su generación quienes de niños sobrevivieron a nuestra guerra y a nuestra paz.


Notas:

  1. El personaje de cómic Carpanta fue creado por José Escobar Saliente, (1908 - 1994). Carpanta apareció por primera vez en 1947 como protagonista de una plancha del semanario infantil Pulgarcito, de Editorial Bruguera. Desde entonces sus peripecias no han dejado de publicarse y tras el fallecimiento de su creador otros artistas continúan con el personaje. Tras Pulgarcito pasó a otras revistas de la casa, formó parte de las series de álbumes unitarios de los protagonistas cómicos de la editorial, tuvo una versión televisiva con actores reales en los años 60 en TVE de Barcelona, llegó a contar con revista propia y en la actualidad aparece en tomos de tapa dura.
Carpanta es el símbolo del hambre insatisfecha, una denuncia precoz del hambre de la posguerra española. Vagabundo que vive en el ojo de un puente, al principio se cubría con sombrero de ala ancha, poco después pasó al hongo y finalmente estabilizó sobre su cabeza el "canotier" que todavía conserva. Lleva levita, bajo ella una vulgar camiseta a rayas y un gigantesco cuello duro, que le oculta el mentón y parte de la boca que jamás se han llegado a ver.
  1. La autarquía, autarcía (ambas del griego αὐτάρκεια) o autosuficiencia es un término comúnmente usado en la economía que indica la condición de las personas, lugares, mecanismos, sociedades, sistemas industriales o naciones que luchan por su autoabastecimiento o que rechazan toda ayuda externa.
  2. El término estraperlo o straperlo es usado en España para referirse al comercio ilegal de bienes sometidos a algún tipo de impuesto o tasa por el Estado. Por extensión, es una actividad irregular o intriga de algún tipo, y se usa como sinónimo de mercado negro. A quien practica el estraperlo se le llama estraperlista.
  3. El cuadro siguiente muestra las muertes por tuberculosis en esa época:
Año
Tuberculosis pulmonar
Tuberculosis meníngea
Total
1940
23.871
5.665
29.536
1941
26.633
6.147
32.780
1942
26.062
6.012
32.074
1943
26.530
6.225
32.755
1944
26.850
6.084
32.934
1945
27.050
6.100
33.150
1946
27.100
6.650
33.750
1947
27.250
6.721
33.971

  1. Auxilio Social fue una organización de socorro humanitario constituida durante la Guerra Civil Española y posteriormente englobada dentro de la Sección Femenina de la Falange Española.
  2. María de la O es el título de una canción de la Copla española que alude a los amores malhadados de una gitana y un señorito andaluz. Hay múltiples versiones de la tonadilla, una zarzuela del mismo nombre y se han rodado dos películas a partir de la canción.
  3. Acabada la guerra civil se implanta el racionamiento de la población y pronto se comprobó que los alimentos suministrados carecían del mínimo valor nutritivo necesario para la subsistencia ya que estaban compuestos de forma predominantes por garbanzos, patatas, boniatos, pastas para sopas, bacalao y muy de tarde en tarde por carne de membrillo, chocolate terroso incomestible y jabón. Como se puede comprobar el déficit de hidratos de carbono y grasas, así como la carencia de vitaminas, calcio y hierro era evidente. El pan, que antes era el alimento base de las familias modestas, se convirtió en otro apreciado artículo de lujo ya que su racionamiento, en el mejor de los casos, para aquellos que tenían una cartilla de racionamiento de tercera, las cantidades oscilaban entre los 150 y 200 gramos. Existe un estudio efectuado por el médico Pedro Blanco Grande referido  a lo que fue la alimentación en Madrid a lo largo de 1941 que pone de manifiesto la carencia de todo en la población, pese a tener en cuenta la cantidad de toda clase de alimentos suministrados mediante cartilla de racionamiento, así como los consumidos procedentes de la venta libre. El resumen del contenido en elementos nobles procedentes de todos los alimentos ingeridos (carnes, verduras, pescado, huevos, leche, etc.) los comparó con el valor estimado para una dieta normal, valor que según la Comisión Consultiva de Alimentación del Ministerio Británico de Higiene se sitúa en 100. De esta comparación resultó:

Alimentos
Debían tener
Tenían
Déficit
Albúminas
100
55,40
44,60
Grasas
100
38,50
61,50
Hidratos de carbono
400
135,17
264,83
Calorías
3.000
1.002
1.938

  1. Entre la pequeña constelación de medidas de la distribución de la renta y de la pobreza vamos a centrarnos en las que usa el Instituto Nacional de Estadística en su Encuesta de Condiciones de Vida
  2. La mediana es el valor que, ordenando a todos los individuos de menor a mayor ingreso, deja la mitad de los mismos por debajo de dicho valor y a la otra mitad por encima. Por tanto, por tratarse de una medida relativa, su valor depende del nivel de renta y de cómo se distribuya la renta entre la población.
  3. El Eurostat (Statistical Office of the European Communities, oficina europea de estadística) es la oficina estadística de la Comisión Europea, que produce datos sobre la Unión Europea y promueve la armonización de los métodos estadísticos de los estados miembros.
  4. Saskia Sassen también sostiene que este fenómeno se da no sólo en España, Grecia y Portugal sino que es global. Concretamente dice: “El lenguaje del crecimiento bajo, el desempleo, la desigualdad, la pobreza, no es suficiente para captar lo que está pasando en la fase actual de las economías políticas capitalistas. Todos estos elementos están presentes, siempre han formado parte del capitalismo. Pero hay una diferencia específica, quiero resaltar algo mucho más brutal y agudo que no podemos captar con el lenguaje habitual. Además, quiero argumentar que estas dinámicas no son sólo golpean Grecia, España y Portugal, sino que de hecho están presentes en toda Europa, incluyendo Alemania y los admirados países escandinavos.
…………………………………….
Yo sostengo que no podemos asumir que Grecia, España y Portugal son casos únicos. Tenemos que examinar si lo son. Lo que lleva a una forma extrema en Grecia, y, en cierta medida, en Portugal y España, bien puede también estar presente en el resto de Europa y más allá. Esto debería alertarnos de una condición estructural más profunda en esta fase del capitalismo avanzado, que se inició en la década de 1980 y se afianzó en la década de 1990. La explicación no estaría confinada a condiciones excepcionales, como la pobreza y la corrupción de Grecia, sino que tendría que  dirigirse a las características estructurales de la economía política presentes en toda la Unión Europea”.
  1. La tasa AROPE (siglas de “At Risk Of Poverty or social Exclusion”) forma parte de los            indicadores de la estrategia Europa 2020 de la Unión Europea (para más información:             http://ec.europa.eu/europe2020/index_es.htm.
  2. En situación de carencia material severa. Son los hogares con carencia en al menos cuatro conceptos de una lista de nueve. Los conceptos considerados son:
1) No puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año.
2) No puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos
días.
3) No puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada.
4) No tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos.
5) Ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal
(hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad...) o en compras a plazos en los
últimos 12 meses.
6) No puede permitirse disponer de un automóvil.
7) No puede permitirse disponer de teléfono.
8) No puede permitirse disponer de un televisor.
9) No puede permitirse disponer de una lavadora.  


Blbliografía

Historia del hambre en España después de la guerra civil
Carlos Azcoytia
Historia de la Cocina

La Ciberniz
Página web de la Academia del Humor

Encuesta de Condiciones de Vida 2013
Instituto Nacional de Estadística

La pobreza y su medición
Presentación de diversos métodos de obtención de medidas de pobreza
Instituto Nacional de Estadística

What all is getting expelled...and once expelled is invisible
Saskia Sassen
26 June 2014
Open Democracy

Historia Económica y Social Moderna y Contemporánea de España
Tomo II
Santos Juliá Díaz
UNED
Madrid 1997

Principios de Economía
N. Gregory Mankiw
McGraw-Hill
Madrid 1999

Wikipedia
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