Andamos muy enredados

Los grupos y redes sociales desde la sociología

Este artículo es una descripción, lo más amena y asequible posible, de lo que la teoría sociológica ha aportado al estudio de los grupos y redes sociales y su conexión con las redes sociales digitales. Las redes sociales han existido siempre, Internet y su tecnología no las han inventado pero han tenido un efecto multiplicador sobre ellas. Hay una segunda parte de este artículo que trata sobre cómo las redes sociales se han beneficiado de la tecnología imperante en cada momento hasta llegar a las redes sociales digitales




 
Me fastidia que clausuren una serie de televisión cuando me gusta. La última vez que me pasó fue con la serie norteamericana “Rubicón” (1). Era ésta una magnífica serie de espías, pero no de espías tipo de James Bond sino de espías de lupa y fotografía, de consulta de archivos, de interpretación de hechos. Se trataba de una institución de investigación de ciencia política presuntamente independiente, aparentemente ajena a la CIA y a toda actividad de espionaje, pero en realidad aconsejaba a las fuerzas de seguridad norteamericana cuando realizar operaciones de guerra sucia contra movimientos terroristas internacionales o Estados díscolos a los ojos del gobierno de los Estados Unidos.

Lo más curioso de la trama es que, de manera casual, un equipo de analistas descubría un complot político al más alto nivel para llevar a los Estados Unidos a una guerra contra Irán que satisfacía los intereses de un grupo social reducido compuesto por hombres de negocios, políticos, banqueros que se conocía desde los tiempos en que eran unos adolescentes, alumnos de un colegio de élite. El director de esta agencia paralela de inteligencia pertenecía al grupo. El grupo social conspirador usaba una red social más amplia formada por periodistas, senadores, militares entre otros para realizar todo tipo de acciones, desde el tráfico de influencias y hasta el soborno o el intercambio de información privilegiada o secreta, con el fin de llevar a su país una guerra que satisfacía sus intereses económicos. Una lástima que sólo permaneciera una temporada en pantalla.

El hecho de que el objetivo fuera Irán todavía le daba mayor realismo a la serie. Todos hemos leído las noticias sobre las intenciones de Estados Unidos e Israel, sólo paradas – aparentemente - por las tendencias más pacifistas del presidente Obama en comparación con administraciones anteriores.

Esta serie de televisión describía muy bien el funcionamiento de los grupos sociales y de las redes sociales en las élites norteamericanas. El lector podría argumentar que se trata de teorías de la conspiración sin fundamento y, si, se trata de teorías de la conspiración, y por tanto hay que ponerlas en el estante de la duda, pero no sin fundamento.

La clase corporativa se puede definir como un grupo de personas que ocupan posiciones clave de autoridad en las principales corporaciones. Forman una red de asociaciones que crean un tejido interpersonal de relaciones. Llamamos clase al grupo porque tiene intereses económicos comunes y los medios para dominar la economía y el sistema político (2). Suelen ser miembros de clubes sociales, frecuentan los mismos centros de vacaciones, han ido a las mismas universidades, han pertenecido a las famosas fraternidades que se denominan con letras del alfabeto griego y envían a sus hijos a las mismas escuelas preparatorias exclusivas. Y no son tantos, debido a la concentración accionarial (3) son solo unas 3.500 personas las que ejercen autoridad formal sobre la mitad de las acciones corporativas que hay en el país más poderoso de la Tierra. Y si no son tantos, ¿es muy descabellado pensar que pueden ponerse de acuerdo en sus estrategias?.

Grupo social,  red social y su dinámica  son conceptos muy conocidos y estudiados tanto en la sociología como en la psicología social (4). Un grupo social podría definirse como un conjunto de personas en el que cada una de las cuales cuenta con una identidad reconocida por el resto y mantiene una relación o vínculo entre sí. Todos los seres humanos formamos parte de diferentes grupos de muy distinta naturaleza, características y extensión o tamaño. Incluso podemos tener una visión de la estructura de una sociedad en base a los grupos que la conforman, de manera que ésta está formada por una tupida red de grupos sociales en la que los individuos se encuentran implicados en diferente grado.

El sociólogo norteamericano Charles H. Cooley distinguía entre grupos primarios y secundarios. Los grupos primarios se distinguen por ser de tamaño pequeño, lo que posibilita relaciones cara a cara entre sus miembros, que implican conocimiento mutuo e intimidad. Estos grupos tienen conciencia grupal, distinguen entre los miembros del grupo, lo que se denomina intragrupo, es decir, “nosotros”, del resto de la humanidad, el exogrupo, “los demás”. El grupo proporciona a sus miembros gratificaciones personales y emocionales.

Este tipo de grupos cumplen funciones sociales fundamentales como la socialización de los individuos (5), el control social o el estímulo para el desempeño de los roles sociales de los miembros (6). Ejemplos típicos de estos grupos sería un matrimonio o una familia nuclear o grupo de amigos y, por supuesto, podría aplicarse la definición a un grupo de colegas desde la infancia, que ocupa puestos importantes en las empresas y en la administración y que se dedica a perseguir sus intereses como el grupo ficticio de la serie “Rubicón”.

Los grupos secundarios, según Cooley, serían de tamaño grande, con relaciones formalizadas, impersonales, con vínculos contractuales, no permanentes y no necesariamente formadas por vínculos estrechos e íntimos. Un buen ejemplo de grupo secundario sería una empresa. Fijaos en que, según Cooley, las relaciones no tienen que ser permanentes pero, en cambio, el grupo si tiene vocación de permanencia.

Las redes sociales en cambio, ya son otra cosa. Formalmente una red social es un entramado de vínculos sociales que une, temporal o superficialmente, a distintas personas entre sí. No implica relaciones estrechas o permanentes entre la personas, en eso son iguales  a los grupos secundarios de Cooley, pero las redes son más porosas o difusas que los grupos pues sus límites no están bien definidos y tampoco se reclama a sus miembros que cultiven un sentimiento de lealtad o pertenencia. Mientras el grupo – como un círculo de amigos, por ejemplo – suele estar orientado hacia adentro, una red social sirve para conectarse hacia el exterior.

En algunas redes sociales los contactos entre sus componentes son regulares, suele pasar entre compañeros de estudio o de profesión. Son redes amplias que no llegan al grado de compromiso de los grupos. Los vínculos que unen a las personas en las redes sociales pueden ser débiles, pero pueden ser importantes para ellas. Por las redes sociales circula información útil, información acerca de trabajos por poner un ejemplo o se pueden establecer influencias o contactos políticos.

Normalmente en estos ámbitos existe un núcleo duro, que es el grupo social, formado por relaciones más fuertes e íntimas y que se amplia con una red social externa al grupo, formada por otros grupos y personas interesadas en los mismos asuntos.

Algunas redes agrupan a personas de mayor poder o prestigio social que otras. Por eso, si alguien forma parte de esas redes se dice que tiene “buenos contactos”. Si la red es extensa las posibilidades de obtener algún beneficio son mayores. Los estudios de Marsden y de Moore en los años ’90 revelaron – antes de que se inventara la tecnología actual de redes sociales en Internet - que las redes sociales  más extensas están formadas por jóvenes profesionales con alto nivel de estudios y que viven en centros urbanos.

Podemos representar tanto los grupos sociales como las redes sociales mediante grafos (7), en las que cada nodo es una persona y los arcos marcan las relaciones entre personas. Como se puede apreciar en la figura, los grupos primarios tienen relación entre todos sus miembros pero en las redes no.






Las relaciones de una red social se crean en algún momento de la vida de las personas, pueden deshacerse por múltiples circunstancias o permanecer latentes y volverse a activar por múltiples causas. Es muy importante entender que para que la red social se active debe existir algún tipo de incentivo  para las personas que la conforman. Les debe interesar de alguna forma que la red exista, debe haber algo interesante para ellas pues de lo contrario las redes mueren, no ocurre eso en los grupos ya que sus vínculos son mucho más fuertes.

En el artículo “Yo, Rafael, Gastón, León… y ¡Oh Dios!, Hitler” ya hablamos de las redes sociales. Discutimos acerca de la teoría de los seis grados de separación o “del mundo es un pañuelo”. Formulada por primera vez por el escritor húngaro Frigyes Karinthy, fue recogida por sociólogo norteamericano Duncan Watts en su libro “Six degrees: the science of a connected age”. Dicha teoría sostiene que todas las personas de nuestro mundo están conectadas por una inmensa red de relaciones, de manera que, entre una persona cualquiera “A” y otra persona cualquiera “B” sólo hay 5 intermediarios, lo que supone 6 tramos, rangos o grados de separación entre ellas. La figura ilustra esta propiedad.



En realidad lo que hace la teoría es considerar a toda la humanidad como una red social relacionada por el vínculo “A conoce a B”, vínculo biunívoco pues necesariamente también  “B debe conocer a A”. Como teoría, no está demostrada, pero se acumulan muchas evidencias de su veracidad o, por lo menos, de que es plausible, de eso tratamos en dicho artículo.

Y si hablamos de una sociedad global organizada en red, hay que citar al gran sociólogo español Manuel Castells que ha desarrollado el concepto de “sociedad red”. Para Castells la sociedad en red es una estructura social constituida por redes de información propulsada por las tecnologías de la información que pertenecen al paradigma de lo que él denomina el “informacionalismo” (8).

El que una red exista puede ser  independiente de la voluntad de los que forman parte de ella. Ahora bien, como decíamos en párrafos anteriores, el que la red se active y se establezca una comunicación entre A y B, separados entre sí,  sí depende de la voluntad de cada uno de los nodos intermedios y éstos necesitan algún tipo de incentivo para pasar el testigo al siguiente nodo. Ese incentivo puede ser un interés profesional común, un correo electrónico gracioso o un pásalo de SMS para protestar contra un gobierno opresor.

Como hemos podido observar a lo largo del artículo, las redes sociales existían mucho antes de que se desarrollara la tecnología que ha permitido construir una red de ámbito mundial como es Internet – el informacionalismo de Castells -, han existido desde que el hombre es hombre, pues nuestra especie es esencialmente social, vive en sociedad y construye estructuras sociales de forma natural. Se habla tanto de las redes sociales en Internet que parece que ha sido el advenimiento de estas aplicaciones las que han provocado el nacimiento de las redes sociales. El sustrato relacional existía, pero la sociedad de la información ha proporcionado unas herramientas que han activado como nunca antes las comunicaciones interpersonales, creando además los incentivos suficientes como para que la gente las utilice de forma masiva y, a veces, compulsiva.

Cuando estás herramientas se crean gracias a las distintas plataformas existentes – Facebook, Twitter, Linkedin, etc – las redes se desarrollan a escala global en muy poco tiempo. Yo mismo soy usuario de estas tres redes, he recuperado amigos del cole, de la mili, me comunico regularmente con un amigo que vive en China y veo las fotos de su familia, tengo contactos con miembros de los clubes de Star Trek de Venezuela, o clubes de Tintin franceses, tengo lectores de mi blog en Albania o en Mountain View, en California (9) y, a través de la red profesional Linkedin, estoy a dos grados de separación – a día de hoy - de 2.116.263 personas repartidas por este mundo cada vez más pequeño. Es maravilloso.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo e… informático

Este artículo se continua en Estamos muy enredados II. Las redes sociales digitales

Notas:

(1)    “Rubicón” es una serie de televisión norteamericana de la magnífica productora de televisión AMC. El argumento trata de un analista de una institución de investigación de ciencia política y relaciones internacionales de Nueva York llamada “American Policy Insitute” que descubre que está trabajando en realidad para una sociedad secreta que manipula acontecimientos mundiales en su propio beneficio. Para más información pulsad aquí

(2)    Existe una gran porosidad y complicidad entre el mundo político y el mundo de las finanzas. Y no sólo en los Estados Unidos. A este respecto es muy interesante el artículo del profesor Geoffrie Geuens de la Universidad de Lieja en “Le Monde Diplomatique”, titulado “Los mercados tienen nombre y apellidos”. En este artículo se cuenta de dónde vienen al ser nombrados y en dónde se retiran después de ser cesados muchos cargos políticos europeos. El artículo termina con la frase lapidaria: “Las finanzas tienen rostros: se los puede ver desde hace mucho tiempo en los pasillos del poder”. Si os interesa el artículo pulsad aquí

(3)    En Estados Unidos hay cerca de 202.000 corporaciones industriales, pero casi el 75% del total de las acciones corporativas está en manos de 100 corporaciones. Hay 12.345 bancos comerciales, pero sólo 10 tienen la mitad de las acciones de la banca. De todas las corporaciones sólo cerca de 3.500 personas (presidentes y miembros de los Consejos de Administración) ejercen autoridad formal sobre la mitad de todas acciones corporativas que hay en el país.
(4)    Existen numerosas aportaciones al estudio de los grupos sociales, desde la psicología social son interesantes las investigaciones de Asch, Milgram o Stouffer. Desde la sociología, son interesantes las aportaciones del sociólogo alemán Georg Simmel y sus estudios del comportamiento de los grupos en función del número de miembros o los estudios de Elton Mayo en grupos de trabajo. A este respecto ver Macionis y Plummer págs. desde la 178 hasta la 190.
(5)    En sociología y psicología, la socialización es el proceso mediante el cual los individuos pertenecientes a una sociedad o cultura aprenden e interiorizan un repertorio de normas, valores y formas de percibir la realidad.
(6)    En sociología por rol social se entiende los distintos papeles sociales que se pueden desempeñar en una sociedad. Por ejemplo el rol de madre, de maestro, de juez, de hijo, de médico, de estudiante, etc. El numero de roles que se desempeñan es muy numeroso. Cada rol social implica determinadas formas de comportarse y de actuar y todo el mundo espera que los individuos se adapten a las características de sus roles. Cada persona desempeña varios roles con distintos comportamientos en distintos contextos, así el profesor de universidad desempeña también el rol de padre o de esposo en su hogar o de hincha en el estadio de fútbol.
(7)    En matemáticas y ciencias de la computación, un grafo (del griego grafos: dibujo, imagen) es un conjunto de objetos llamados vértices o nodos unidos por enlaces llamados aristas o arcos, que permiten representar relaciones binarias entre elementos de un conjunto. Son objeto de estudio de la teoría de grafos. Desde un punto de vista práctico, los grafos permiten estudiar las interrelaciones entre unidades que interactúan unas con otras. Por ejemplo, una red de computadoras puede representarse y estudiarse mediante un grafo, en el cual los vértices representan terminales y las aristas representan conexiones (las cuales, a su vez, pueden ser cables o conexiones inalámbricas). Prácticamente cualquier problema puede representarse mediante un grafo, y su estudio trasciende a las diversas áreas de las ciencias exactas y las ciencias sociales.
(8)    “Informacionalismo y sociedad en red” de Manuel Castells. El informacionalismo es un paradigma tecnológico. Concierne a la tecnología, no a la organización social ni a las instituciones. El informacionalismo proporciona la base para un determinado tipo de estructura social que Catells denomina la 'sociedad red'. Sin el informacionalismo, la sociedad red no podría existir, pero esta nueva estructura social no es producto del informacionalismo, sino de un patrón más amplio de evolución social. Sobre los fundamentos del informacionalismo, la sociedad red surge y se expande por todo el planeta como la forma dominante de organización social de nuestra época. La sociedad red es una estructura social hecha de redes de información propulsada por las tecnologías de la información características del paradigma informacionalista. Por estructura social se entiende las disposiciones organizativas de los seres humanos en las relaciones de producción, consumo, experiencia y poder, tal como se expresan en la interacción significativa enmarcada por la cultura. Las redes sociales son tan antiguas como la propia humanidad, pero han cobrado nueva vida bajo el informacionalismo porque las nuevas tecnologías realzan la flexibilidad inherente a las redes, al tiempo que solucionan los problemas de coordinación y gobierno que, a lo largo de la historia, lastraban a las redes en su competencia con las organizaciones jerárquicas. Las redes distribuyen el rendimiento y comparten la toma de decisiones en los nodos de la red según un modelo interactivo.
(9)    Los blogs no son redes sociales, son más bien un mecanismo de difusión cultural y de información como los libros o los periódicos. Pero ya que estábamos, me he venido arriba y así presumo de lectores en lugares lejanos.



Bibliografía

Sociología
John J. Mancionis y Ken Plummer
Pearson Prentice Hall
Madrid 2005

La explicación sociológica: Una introducción a la sociología
José Félix Tezanos
UNED
2ª Edición Madrid 1998

Estratificación Social y Desigualdad
Harold R. Kerbo
McGraw Hill
5ª edición
Madrid 2003

La Sociedad Red
Manuel Castells
Alianza Editorial
2ª edición Madrid 2000




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¿Pero cómo vas a ir tu sola?



María López Baeza, mi abuela, hacia 1910

Corría el verano de 1930, el calor seco típico de Madrid caía a plomo sobre la ciudad de manera que los pocos madrileños pudientes que había escapaban a la sierra o a la costa, pero a la mayoría no le quedaba más remedio que aguantar a base de tragos de botijo. Aquel Madrid todavía se parecía al de la zarzuela “Agua, Azucarillos y Aguardiente”. Con apenas un millón de habitantes y las dimensiones a la medida de las personas, con la Gran Vía todavía inacabada, con tranvías “cangrejo”, un metro en plena infancia y pocos coches. Con personajes curiosos, locos conocidos – hoy los dementes son anónimos -, policías con quepis o casco colonial, modistillas, obreros con gorra de visera y amplias camisolas grises, caballeros con bombín y capa española. Un Madrid ya hace mucho perdido en el tiempo.

Vientos de cambio soplaban por España que asistía a los momentos finales del reinado de Alfonso XIII en una sociedad polarizada entre muchos pobres,  pocos ricos y una débil clase media entre ellos. Mucha religión y mucha tradición por un lado y mucho anticlericalismo y ganas de revolución por el otro.

Gobernaba entonces en España el general Dámaso Berenguer, el del famoso artículo de Ortega y Gasset “El error Berenguer” que terminaba con la frase “Delenda est monarchia” (1), que tenía el encargo de restaurar la constitución de 1876 después de la dictadura de Primo de Rivera pero que se quedó a medio camino, sin contentar ni a tirios ni a troyanos, en lo que la oposición democrática denominó la “dictablanda” de Berenguer.

En medio de esta situación política el papel de la mujer era secundario. Todavía no se había producido uno de los hechos sociales más importantes de las últimas décadas: la incorporación de la mujer al mundo del trabajo y la mayor igualdad entre los hombres y mujeres política y socialmente.

La mujer no tenía derecho al voto, un derecho que trajo la República. Respecto del trabajo, sólo  podían ejercer – siempre que no estuvieran casadas - como maestras, enfermeras, modistas, dependientas, amas de casa y poco más. Había algunas intrépidas que se aventuraban a ir a la universidad a estudiar medicina, filosofía o literatura, pero eran una minoría que chocaba con mucha incomprensión y discriminación o, en el mejor de los casos, eran consideradas como una extravagancia o rareza.

Pero es que hasta en las cosas más simples había discriminación,  no podían ir de viaje sin su marido o padre, ni siquiera ir al cine solas o entrar en una cafetería o fumar sin que fueran tachadas de mujeres de vida alegre o cosas peores.

En aquel momento en el hogar de mis abuelos paternos se vivía un drama repetido en muchos hogares de aquel entonces. Su hijo pequeño Antonio – que en el futuro sería mi padre - estaba pasando el sarampión. Era dramático porque de eso los niños entonces morían, ya habían perdido dos hijos, Juan Elías y Carlos, de unas fiebres similares. Así que de cuatro niños que había parido mi abuela María, sólo le quedaban dos, y tenía mucho miedo de perder a su pequeño de cuatro años (2).

María no se había separado en ningún momento de su niño y había seguido todos los consejos que le había dado su médico de toda la vida, Don Arsenio, que en aquel tiempo todavía era joven, debía estar en torno a los treinta. Antes de él, fue el médico familiar otro Don Arsenio, su padre, pero ya había pasado a mejor vida. Este segundo Don Arsenio también fue mi médico durante mi infancia, pero el recuerdo que tengo es de un señor muy mayor con dedos fríos y estetoscopio más frío todavía.

Ya había pasado lo peor y María estaba más tranquila, la fiebre había remitido y ya se había aventurado a ir al mercado y a dejar al pequeño al cuidado de su marido Elías. Aquella mañana se hallaba haciendo las labores de casa, su marido había salido muy temprano al trabajo y su hijo mayor, Rafael, estaba en el cole, el pequeño Antonio todavía no había despertado de los sopores y agotamiento de la fiebre.

De pronto un grito de Antonio le desagarró el corazón, se llegó hasta el dormitorio corriendo. El niño gritaba, “no puedo ver mamá”. El pobre tenía los ojos soldados por las legañas de la fiebre, se había formado una costra y no podía separar los párpados.

Lo tranquilizó como pudo, se tranquilizó a si misma en la medida de lo posible. Vistió al niño y se fue corriendo a casa de D. Arsenio a sabiendas de que aquellas horas no tenía consulta. Así recorrió corriendo y llorando, con el niño en brazos,  la distancia que hay desde la calle de la Libertad, en el número 7, – que eran donde vivían – y la calle del Piamonte número 6 – que era donde vivía el médico-. No era más de un kilómetro pero María llegó sin aliento. La recibió la madre de D. Arsenio, que era su enfermera y su guardián, y hubiera pasado por encima de su cadáver, de poco sirvieron las excusas de la señora de que fuera a hora de consulta, Don Arsenio acabó atendiéndola con el batín puesto.

Lo primero que hizo D. Arsenio fue reconvenir a María por no haberle limpiado los ojos con frecuencia. “Lo hice” – contestó mi abuela entre lloros – “pues no lo suficiente”. El médico intentó quitarle la costra con una solución salina que él mismo preparó, pero no consiguió demasiado, el niño tenía los párpados tremendamente soldados. Al cabo de un rato desistió.

“Podemos llevarle al cirujano pero puede hacerle una escabechina para algo que podría arreglarse de otro modo, pero cuesta dinero y tiempo lo que voy a proponerle” – dijo Don Arsenio.

“Lo que sea necesario, usted cuente y yo ya veré la manera de hacerlo” – contestó mi abuela.

“Creo que lo mejor sería que hiciera unos baños de mar, sumergiera la cabeza y a ver si consiguiera abrirlos él mismo”.

“Pero el mar está muy lejos y hay mucha costa. ¿Adónde le llevaría usted?”

“Bueno yo veraneo en El Pinet, en Alicante, de hecho mi madre y yo nos vamos en unos días, allí las aguas son cálidas y muy medicinales. Si pudiera llevarlo allí estaría bien. El agua de mar obra milagros”

“¿Y cómo se va hasta allí?” – preguntó María – “en tren y luego en taxi u ómnibus” – contestó el médico.

De vuelta a casa María iba tomando decisiones. Dijera lo que dijera su marido, ella iba a llevar a su hijo hasta Alicante, bueno a los dos, pues no podía dejar a Rafael sólo en casa. Su marido querría acompañarla pero no lo dejaría, no podían permitirse una pérdida de los jornales que Elías llevaba a casa. Tendría una discusión con su marido pues no le gustaría que su mujer fuera sola a un viaje tan largo, ¡qué dirían los vecinos!.

Mandó recado a la chocolatería en la que trabajaba Elías y éste se presentó en un santiamén. “¿Pero cómo vas a ir tu sola?”, fue la primera vez que oyó esta pregunta. A pesar de las reticencias de Elías y del problema económico que representaba el viajecito, compró tres billetes de tercera en la estación de Atocha y esa misma noche, en el tren nocturno, salieron los dos niños y ella hacia Alicante. Los vecinos con los que habló le advirtieron de que no fuera sola, que no era misión para una mujer, que tendría encima un montón de dinero y sería víctima de algún desaprensivo, pero ella no hizo caso, ni que fuera tonta.

¿Pero cómo va usted sola y hasta Alicante? – le dijeron los compañeros de viaje, estaba visto que no la iban a dejar en paz - ¿y no ha podido venir con usted su marido? – “pues miré usted no, si no estaría aquí”. Al menos recibió el apoyo y comprensión de otras señoras diciéndole que era muy valiente. “Yo por mi hijo haría lo mismo”.

Gracias a Dios no sólo recibió comentarios impertinentes, también le dieron consejos prácticos. Así se enteró de que el autocar de Torrevieja que pasaba por El Pinet no salía hasta la tarde, por lo tanto - ya que ellos llegaban a primera hora de la mañana- era más práctico, aunque bastante más caro, contratar un taxi. Incluso le salió un compañero de viaje, un estudiante, que ayudaría a pagar el viaje.
También le dijeron que el viaje ahora era peligroso, que había un bandido – no recuerdo el nombre pero tenía un apodo muy sonoro algo así como el “Garnacho” – que asaltaba los coches que pasaban por las carreteras de las provincias de Alicante y Murcia, y que una señora indefensa podría ser una víctima fácil de sus desmanes. Esto provocó un comentario de protesta por parte del estudiante - que andaba medio dormido todo el rato - que iba a acompañarles, según él, ninguna señora que viajaba con él estaba sin protección.

A la mañana siguiente llegaron a la estación de Alicante, en un santiamén contrataron un taxi que solía hacer este recorrido y se pusieron en camino. El conductor tomó el camino de la costa, a la media hora o así el taxista paró en una venta con el pretexto de que tenía que comprar picadura de tabaco para liarse sus cigarrillos. Era de buena mañana pero aún así hacía calor. En un poyo al lado de la puerta estaba sentado un guardia civil que hizo un gesto al taxista al entrar en la venta. Estaba medio dormitando con las manos y la barbilla apoyados sobre la bocacha de su fusil Mauser.

Pasaron cinco, diez minutos y el taxista no salía. Mucho tiempo parecía para comprar picadura. Entonces María se fijó en que el guardia civil llevaba alpargatas, eso unido al hecho de que el taxista no salía hizo que la imaginación se le disparara. ¿Y si el bandido ese, el “Garnacho” o cómo se llame, estaba asaltando la venta y el guardia civil era un vigilante disfrazado?.

“¿Es normal por aquí que los guardias civiles vistan alpargatas?” – le preguntó al estudiante que estaba dormitando sobre la otra ventanilla del coche. El estudiante entreabrió los ojos y miró al guardia civil – “si es completamente normal, tranquilícese” – y volvió a su siesta.

Quince minutos. Aquí pasa algo, pensó María. No podía perder más tiempo, no podía consentir que su pequeño siguiera ciego ni un minuto más, aunque se estuviera acostumbrando y jugara en aquel momento con su hermano mayor. A los veinte minutos ya no pudo más y salió del coche.

Le dijo “buenos días” al guardia civil de las alpargatas y éste le hizo un saludo militar cansino, llevando la mano al tricornio con parsimonia. Entró en la venta, con mucho temor, ya no sólo porque era una mujer casada entrando en una especie de bar, sino porque se había convencido de que el “Garnacho”, o como se llamara el bandido ese, estaba asaltando el local.

Se acostumbró poco a poco a la oscuridad del local y fue entrando, a la derecha de la puerta había un mostrador como el de unos ultramarinos, a su izquierda había tres mesas con sus correspondientes sillas, supuso que para que los parroquianos bebieran y comieran. Del techo colgaban tiras de bacalao en salazón y había toneles de sardinas arenques, en las estanterías había todo tipo de latas de conserva y botellas de vino y cerveza, una balanza romana, cuchillos de diverso tamaño sobre una tabla de cortar llena de migas de diversa procedencia completaban el ajuar. Nadie atendía el mostrador.

De repente oyó un ruido intenso que provenía de la trastienda, como si alguien golpeara con un martillo una mesa y voces muy altas como de discusión. Con más miedo que vergüenza se dirigió a la trastienda, ya se imaginaba víctima del famoso bandido, al final su marido y todos los que le habían hecho ver que no era un viaje para una señora sola iban a tener razón. Entró en la trastienda y lo que vio la indignó como nunca antes lo había estado. El dueño de la venta, el compañero del guardia civil de la puerta, un parroquiano -  probablemente el ventero - y el conductor del taxi estaban jugando una partida de dominó con cuyas fichas daban los golpes que había oído.

Aquel taxista nunca había recibido una bronca como aquella, se puso la chaqueta como pudo, apuró la copa de “Anís del Mono” que se estaba tomando - pues no era cuestión de echar a perder el preciado líquido porque una loca le estuviera gritando de aquella manera – y salió escopetado hacia el taxi.

Una hora y pico más tarde el taxi les dejaba en el camino que llevaba a la playa, pagó su parte, le dio las gracias al estudiante – que había resultado, a pesar de su sueño retrasado por sus recientes exámenes, un buen compañero de viaje - y lanzó una mirada asesina al conductor que no sabía dónde esconderse.

Mi tío Rafael y mi padre, Antonio, con bañadores prestados, en la playa de El Pinet en 1930

Ya en la playa, alquiló una de las casetas que estaban al borde del mar y, después de comer unos bocadillos y de esperar las tres horas que Don Arsenio recomendaba para hacer la digestión (3), puso a los niños los bañadores que le había dejado la vecina rica del quinto de Libertad 7, se arremangó la falda y se fueron al mar.
Después de muchas inmersiones, con los labios cortados por la sal, con los dedos de las manos y los pies completamente arrugados, después de infinitos intentos por abrir los ojos debajo del agua, con mucho esfuerzo, consiguió abrir el ojo derecho y dejó el izquierdo ligeramente pegado, unos lavados más y abrió los dos entre risas y sollozos de los tres y de todos los bañistas de la playa que se habían ido añadiendo, como público algunos, y como ayudantes para sostener al niño otros.

“Mamá, mamá, ¡ya tengo los ojos abiertos!, ¡pero lo veo todo oscuro!”.

“No te preocupes mi vida – dijo mi abuela estrechando a su hijo entre sus brazos – es que ya es de noche”.

Juan Carlos Barajas Martínez

Notas:

(1)    “El error Berenguer” fue el título de un afamado y muy influyente artículo de José Ortega y Gasset, publicado el día 14 de noviembre de 1930 en el diario “El Sol” de Madrid, aparecido después de unos disturbios debidos a un accidente truculento en el sector de la construcción, en dicho artículo se criticaba la falta de constitucionalidad de la situación política.  No resisto la tentación de colocar aquí un párrafo del histórico artículo pues aunque su letra no se corresponde del todo con la situación actual, su música me parece tremendamente al día:

“Volvamos tranquilamente a la normalidad por los medios más normales, hagamos ‘como si’ aquí no hubiese pasado nada radicalmente nuevo, sustancialmente anormal. Eso es todo lo que el Régimen puede ofrecer, en este momento tan difícil para Europa entera, a los veinte millones de hombres ya maltraídos de antiguo, después de haberlos vejado, pisoteado, envilecido y esquilmado durante siete años. Y, no obstante, pretende, impávido, seguir al frente de los destinos históricos de esos españoles y de esta España (...) Pero esta vez se ha equivocado. Éste es el error Berenguer. Al cabo de diez meses, la opinión pública está menos resuelta que nunca a olvidar la gran viltá [gran vileza, en italiano] que fue la Dictadura. El régimen sigue solitario, acordonado, como leproso en lazareto.”

Y el artículo terminaba de esta manera:

"¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo! Delenda est Monarchia [paráfrasis de la frase "Carthago delenda est" (Cartago debe ser destruida), de Catón el Viejo].

Una de mis posesiones más querida es un ejemplar del diario el Sol que me regaló mi tío abuelo José López Baeza (ver “El revolucionario vitalicio”), por cierto, hermano de mi abuela María.
(2)    La mortalidad infantil en España durante la primera mitad del siglo XX, aunque constantemente decreciente, seguía siendo muy alta. Siendo de 185,9‰ en 1901, al 136,5‰ en 1925 y al 64,2‰ en 1950 (fuente: Jordi Nadal i Oller, La población española (siglos XVI a XX). Barcelona, 1976; Editorial Ariel). Actualmente se cifra en 3,71‰ (fuente: CIA World Factbook).
(3)    Esas tres horas de digestión que recomendaba el bueno de Don Arsenio me persiguieron durante toda la infancia. Mientras el resto de los niños podía bañarse a las dos horas – que era el tiempo estándar -, nosotros los Barajas, por imposición paterna, teníamos que quedarnos una hora más viendo como los otros niños no se morían de un corte de digestión y, en cambio, disfrutaban de un baño refrescante y muy divertido. Me pasé los veraneos esperando que le diera un síncope a un amiguito. No me liberé de las tres horas dichosas hasta bien entrada mi mayoría de edad y cuando lo hice, lo que suele pasar, me fui al otro extremo, me bañaba nada más comer, lo que tampoco me parece especialmente sano. Por cierto, aquí estoy Don Arsenio.


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Extraños en un tren

Anagrama del tren de cercanías en España


Unos días antes de las elecciones generales de noviembre del año pasado asistí, sin quererlo, a una conversación entre dos señoras muy peripuestas. No pude evitar oír ciertas fases de la charla por estar confinados los tres en asientos contiguos del tren de cercanías. Normalmente en estas situaciones echo mano de mis auriculares y escucho música y me pongo a leer, o  a escribir o, simplemente, a pensar mientras cruzamos el monte del Pardo y asistimos al insólito espectáculo de ver – al lado justo de Madrid – a los gamos y jabalíes pacer a pocos metros de la vía. Pero aquella mañana me los había dejado en casa con lo que tenía que hacer el esfuerzo de sobreponerme a la corriente de palabras que fluía entre aquellas dos mujeres concentrándome en la lectura de mi "ebook". No lo conseguí del todo.

Las señoras eran bastante representativas de un cierto sector muy común en Las Rozas (1), de aparente clase media pudiente, bien vestidas, de mediana edad, de esa edad en la que la juventud empieza a retirarse de los rostros, en su caso, bien pintados y arreglados. La conversación hacía referencia a asuntos familiares, casi siempre quejándose de alguien o de algo, y denotaba cierta amargura, la amargura de las personas que ven que las cosas en su vida no salen como uno quiere y  a estas alturas ya no hay manera de enderezarlas. Yo también suscribiría algo de esa amargura.

Al llegar a Chamartín siempre hay atasco de trenes, los trenes que vienen del norte pugnan por entrar en los andenes ocupados por los que vienen del sur, o viceversa. El caso es que siempre se espera algo de tiempo antes de entrar en la estación y los viajeros, como tenemos prisa, nos ponemos de pie – como si eso nos hiciera llegar antes - y esperamos a que se abran las puertas, con cara de circunstancias, mirando a rincones en los que confiamos no encontrar la mirada de otros compañeros de viaje, algo así como lo que ocurre en un ascensor lleno de gente. Yo tenía a las damas justo delante y no podía evitar oírlas.

En aquel momento una de ellas se acordó de que había elecciones y lo comentó con la otra. Y entonces esta segunda explicó por qué iba a votar a la derecha – como si a alguien pudiera creer que esa señora hubiera votado otra cosa que a la derecha durante toda su vida - mientras la primera asentía completamente de acuerdo con lo que decía su amiga.

La señora vino a decir que ella votaría al Partido Popular porque ya eran ricos y, por tanto, robarían menos que los socialistas. Éstos, desarrapados ellos, aprovechaban la legislatura para llenarse los bolsillos mientras que los populares no albergaban esa necesidad pues ya tenían dinero, por lo tanto robar, robarían, pero robarían menos.

Lo primero que pensé es que era una lástima la cultura política que tenemos en nuestro país. El razonamiento de la señora roceña era más bien simplista, reduccionista pero indudablemente los políticos se lo habían ganado a pulso. 

Luego pensé que además era incorrecto. ¿Qué le hacía pensar a la señora que los ricos robaban menos por el hecho de ser ricos?. ¿Habría oído hablar de lo en que ha venido pasando en la Comunidad Valenciana?. La mayoría de los ricos que he conocido tenían un sentido de la ética que no me hace albergar la esperanza de que siempre buscaran la riqueza por medios legales o lícitos. Pero es que los muy ricos solo aspiran a ser más ricos todavía y poco importa que ya sean tan ricos que apenas tengan vida para poder gastarse todo el dinero que tienen. Por lo tanto esa avaricia que va inmersa en la propia esencia de tener mucho dinero me hace pensar que si se trata de eso, si se trata de que el político es esencialmente corrupto, para mí no es garantía de que ya sea rico al acceder a un cargo público para que no robe todo lo que pueda.

Así que para aquellas señoras no había programas políticos, soluciones más keynesianas o más liberales a los problemas económicos, mayor o menor respeto por la sanidad, por la cultura, por la educación, la investigación y el desarrollo o el respeto por las normas democráticas y cien mil asuntos más que debieran preocuparnos cuando decidimos nuestro voto. Todo se reducía  a ver quien roba menos y a filosofar sobre quien está en condiciones económicas de partida para robar más o menos. 

Y lo peor es que no puedo culparlas. Pues es la imagen que hemos recibido en los últimos años ha sido de corrupción cuando no de comportamientos insoportablemente soberbios, como si estos señores estuvieran por encima del bien y del mal y la cárcel no fuera con ellos. Esa imagen de soberbia, corrupción e impunidad nos ha calado bien dentro, nos ha hurtado el resto del debate político y nos hace prácticamente inconcebible que haya políticos honrados. 

Yo expresaría el pensamiento de aquella señora de otra manera, y desde luego no me atrevería a especular con quien roba más. Yo la expresaría diciendo que los socialistas han demostrado un sentido instrumental del Estado mientras que los populares han alardeado de un sentido patrimonial del Estado. 

¿Qué es lo que quiero decir con esto?. Algún amigo me ha dicho que no llamo a las cosas por su nombre, que debería dar más caña. Puede que tengan razón, porque casi todos los que me lo dicen están en una valerosa lucha diaria por mantenerse en pie a una edad en la que nuestros padres ya tenían las cosas más seguras. Otros en cambio me reprochan haber caído en el pesimismo y me envían escritos y vídeos optimistas quizás porque ellos los necesitan más que yo porque sin ese optimismo no podrían mantenerse en pie en sus proyectos vitales mucho más arriesgados que los míos. En todo caso si atendiera a las peticiones de unos y otros me traicionaría a mí mismo, no sería yo y entonces no escribiría estos artículos.

Huyo de los razonamientos simples precisamente porque son simplistas pero, por el contrario, los razonamientos complejos, a los que suelo abonarme, requieren de explicación y no siempre se consigue ser claro, vamos a intentarlo. En la propia tradición ideológica socialista está el utilizar los medios del Estado para cambiar la realidad, para conseguir una sociedad más justa e igualitaria pero, en cambio, a la sociedad la han cambiado poco, unas pequeñas reformas de agradecer pero a cambio nos han dejado una imagen de que ese instrumento que es el Estado ha servido a intereses más personales. Hay por ahí prominentes políticos socialistas que no se sabe dónde están, a quien sirven y por dónde se mueven. Han confundido el sentido de la palabra instrumento, el Estado es un instrumento para servir no del que servirse. Me duele mucho, pero salvo excepciones, en ayuntamientos, comunidades y gobierno han dado una imagen de pactismo, compadreo y sumisión al poder económico. Ahora mismo me asalta el recuerdo de una entrevista de Jordi Évole a ex ministro de industria Sebastián que tras un asalto de honestidad en la televisión y decir que ya habían tenido mucha paciencia con los bancos recibió la llamada de José Blanco diciéndole que con los bancos no hay que meterse. 

En cambio, entre la derecha de este país está la tradición de considerar que el Estado es propiedad privada. Suya por supuesto. Y eso se ve en sus actitudes, en su manera de contestar a las preguntas en el Congreso, en sus acciones de gobierno, en el reparto del pastel del poder, en el nombramiento de familiares como asesores o cuando hacen obras públicas que parece que hacen obras en su casa. Ese sentido de la propiedad se ve en mil y un detalles.

Durante unos meses estuve pasando, camino del trabajo, por delante del Ayuntamiento de Madrid y veía llegar a los jerifaltes en sus coches oficiales – en número inconcebible para un ayuntamiento –. Les veía bajarse de los vehículos con una actitud que parecía que el chófer era su sirviente y el policía municipal de la entrada era su portero.  Ahora han cambiado los coches anteriores por automóviles híbridos “Prius” de tal forma que los alrededores del antiguo Palacio de Correos parece la fábrica de Toyota.

Este sentido patrimonial del Estado no les ofusca tanto como para confundirles hasta el punto de pensar dónde están sus negocios privados de verdad. Para ellos el Estado es como el banco malo al que deben ir a parar las pérdidas y compartirlas entre todos, mientras que los beneficios deben ser exclusivamente suyos y de su órbita. Por lo tanto el Estado es suyo como usufructo, para su uso y disfrute, pero sin responsabilidad.
Así, ellos hablan sin ambages de herencia recibida, refiriéndose al estado de las cosas cuando han accedido al gobierno, como si se tratase de la herencia de los antepasados. ¿ Pero cómo osan esos realquilados que son los socialistas dejarles la propiedad así de mal?. Menos mal que están ellos para arreglarlo todo. De esta manera, un año después ellos en efecto lo han arreglado todo, la prima de riesgo está peor que nunca, estamos más endeudados, hay muchos más parados y la unidad del país corre más riesgo que nunca. Bonito panorama y eso que, según decían, la sola presencia del Sr. Rajoy en el gobierno iba a arreglarlo todo.

Yo que ya voy teniendo unos años he vivido varias crisis económicas. Hay ciclos nos dicen los economistas. Si nos centramos en la percepción que de la crisis tienen la gente, la diferencia con crisis anteriores es que en ésta una inmensa mayoría de la personas piensa que ha sido una estafa organizada. Y eso ha penetrado en todas las capas de la población. Aquellas señoras del tren tenían conciencia de ello. Todos tenemos conciencia de ello independientemente de cuál sea nuestra ideología o nuestra tendencia política de base y deberíamos todos actuar al unísono independientemente de a quien hemos votado en el pasado. Hemos sido estafados casi todos.

Se necesita una regeneración. El diario El País decía en su editorial hace unos días que había que hacer “reset”, el famoso “apagar y encender” que según el saber popular proponen los informáticos para arreglar los desatinos de sus maléficas máquinas. Pero eso es fácil en esas máquinas, la memoria de un ordenador es volátil, se borra el estado de la máquina en el momento del error y se vuelve a un estado inicial al volver a arrancar. ¿Cómo se hace eso con un país?.

Quizás debiéramos, antes de nada, realizar todos y cada uno de nosotros una revolución ética personal. Hacernos “reset” a nosotros mismo. Deberíamos hacer examen de conciencia y ver hasta qué punto estamos impregnados de la misma miasma posmoderna de la corrupción. Tendríamos que ver si nos fastidia que nuestro sistema político económico sea corrupto porque es un sistema inmoral e ineficaz o porque nosotros no tenemos acceso a la distribución del reparto del botín. Una vez contestada esa pregunta interior, deberíamos juramentarnos para no volver a tolerar comportamientos de ese tipo a nuestro alrededor. A no reír las gracias de los defraudadores de vía estrecha que nos rodean y a afearles su conducta, ya que no sé si se puede conseguir la limpieza en el ámbito de lo público si no estamos dispuestos a limpiar el ámbito más cercano a nosotros mismos.

Una vez convenientemente  “reseteados” deberíamos pedir cuentas a nuestros políticos. Deberíamos comprometernos con nuestro voto. La única parcela de poder que nos dejan y, como ya he señalado en artículos anteriores, no abstenerse y no votar en blanco porque al final, gracias al sistema electoral, es como votar a los partidos mayoritarios pues aunque vote solo el veinte por ciento del electorado los escaños se siguen repartiendo. Deberíamos votar a un partido que todavía no ha gobernado, el más coherente posible con nuestras ideas y, si no es posible, al que más rabia nos dé. Deberíamos hacerlo al menos una vez y ver que tal nos va (2).

La única manera de demostrarles que no hablamos en broma es reducir su poder. Y reducir su poder es reducir su representación parlamentaria. En una democracia parlamentaria todo el poder acaba saliendo del parlamento: el gobierno, las leyes, los presupuestos, la justicia, todo. Además, en la política moderna aunque el gobierno sale del parlamento se da la paradoja de que éste está mediatizado por el propio gobierno y por los grupos parlamentarios que usan la disciplina de voto como disciplina del acero. La división de poderes en la práctica por desgracia es cosa del pasado. Así que si la fuente del poder son los escaños de voto cautivo de los grupos parlamentarios, démosles ahí  mismo, donde más les duele, todavía tienen que contar con nosotros para constituir el parlamento. 

Si se redujera el poder de los partidos mayoritarios se verían avocados a cambiar y quizás comenzara el “reset”, quizás cambiarían la forma de hacer política, quizás todos estarían más proclives a la negociación y a escuchar a la gente, quizás se regeneraría la vida pública y quizás de esta manera podríamos centrarnos en el debate político real, en el que se solucionan los problemas de España. Ya sé que es mucho “quizás”, por ahí me he dejado muchos más “quizás” deseables. Y que se cumplan todos ellos es muy difícil. Pero también sé que si no se hace nada, ellos no van a cambiar. Tienen muy bien organizado todo el cotarro.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

El título "Extraños en un tren" lo tomo prestado de la genial novela de Patricia Highsmith tan magistralmente llevada al cine por Alfred Hitchcock
(1) Las Rozas de Madrid, localidad de 90.000 habitantes situada al noroeste de la capital. Forma parte de su área metropolitana. Tiene un alto nivel de renta per cápita.
(2)    En el artículo “El discreto encanto de la abstención…” desarrollé esta tesis ampliamente.

Nota final 

Querría desear a todos los lectores un feliz año nuevo. Que 2013, a pesar de los presagios, sea mejor que el 2012. Ya va siendo hora que los sucesivos años dejen de ser annus horribilis y podamos permitirnos el lujo de ser optimistas.

Un abrazo virtual a todos y mucha salud, mucho amor y dinero suficiente.

¡Feliz año nuevo!




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Investigación sobre el logro de las personas



Este es el quinto y último de los artículos que dedico a la estratificación social. A la estratificación social podríamos definirla como el estudio de cómo se organizan las sociedades en estratos o capas – a lo largo de la historia han sido castas, estamentos o clases – con distinto poder económico y político, y cómo se relacionan entre ellas, dicho de otro modo, es el estudio de la desigualdad social.

El primero de estos artículos, “¡Oiga usted que todavía hay clases!”, trataba sobre las distintas formas de estratificación social que se han dado a lo largo de la historia. El segundo, “El gran montaje”, explicaba el proceso de legitimación o cómo las élites logran justificar la desigualdad social. El tercero, “Yo soy de clase media, ¿y usted?”,  explicaba el funcionamiento de la sociedad de clases, las clases sociales actuales y cómo se puede clasificar a una persona en una clase determinada en función de su posición socioeconómica. En “El ascensor social”, cuarto de estos artículos, trataba de la movilidad social, o cómo unos pocos afortunados pasan de una clase social a otra superior, o al revés, lo que suele ser menos divertido.

En este quinto artículo vamos a tratar sobre el proceso del logro y con ello pretendo dar el punto final de una visión bastante completa, dentro de mis limitaciones, de cómo funciona nuestra sociedad en términos de su estructura social.

Si con el estudio de la movilidad social se pretende contestar a la pregunta de cuántos y de que manera ascienden o descienden por la pirámide social, con la investigación del logro obtenemos las causas por las que las personas ascienden o descienden a lo largo de dicha pirámide. Nos ayuda a comprender por qué el sistema de estatificación favorece a algunas personas más que a otras.

Para saber lo que ha conseguido una persona, para conocer el nivel que ha alcanzado es necesario medir su posición socioeconómica. En “Yo soy de clase media y usted” hablamos de que para medir dicha posición el gran sociólogo alemán Max Weber proponía tres dimensiones: clase, estatus y poder. La clase hace referencia al poder económico, la renta o ingresos; el estatus al honor o al prestigio social y a los privilegios que derivan de dicho estatus y, el poder, al poder político o a la autoridad derivada de la posición que se ocupa, sería asimilable a lo que más modernamente se denomina autoridad ocupacional. De manera que la posición de una persona en las clases sociales dependerá del cálculo de su posición dentro de cada una de las tres dimensiones. Dicho de modo más claro, un líder sindical probablemente no tenga unos ingresos elevados pero si disfruta de una posición elevada en la dimensión de poder y su posición socioeconómica será más alta que la de cualquier persona que obtenga sus mismos ingresos. Los investigadores posteriores han tomado el análisis multidimensional de Weber añadiendo o modificando dimensiones como el nivel educativo, si el trabajo es  manual/intelectual, la cualificación ocupacional y otros. De manera que se adaptan a las distintas sociedades y distintos tiempos históricos, pero en la raíz, es la misma metodología que inventó Weber.

Así que analizando dichas dimensiones y comprobando hasta donde llegan las personas y desde dónde parten llegaremos a las causas que impulsan hacia arriba a los que suben con movilidad social ascendente o bajan con movilidad social descendente. Harold Kerbo, en su famoso libro “Estratificación Social y Desigualdad”, publica un gráfico muy clarificador de las causas de la movilidad.

En el gráfico, Kerbo incluye todas las causas halladas por las distintas investigaciones que se han realizado acerca del logro de las personas. Me he permitido modificarlo un poco para hacerlo más claro.



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Lo primero que observamos es que hay unas dimensiones personales que influyen en la posición socioeconómica del individuo y que dependen del origen familiar y de la trayectoria personal y, unas dimensiones generales, que dependen del contexto social en el que vive el individuo.

Empecemos por las dimensiones personales que afectan a la posición del individuo moviéndonos en el sentido contrario de las agujas del reloj. En primer término tenemos la cualificación profesional, ésta viene definida por las credenciales académicas, es decir sus estudios, y por la experiencia de trabajo que posea el individuo. Dicho de una manera sencilla, sería su currículo personal.

Todas las investigaciones coinciden en la importancia de la educación tanto para promover el logro como para reproducir las desigualdades de clase. Desde la escuela primaria los niños de las clases superiores tienen más probabilidades de tener un entorno familiar que les impulsa educativamente y, a su vez, esto hace que sea más probable que alcancen la universidad. También es sabido que los estudiantes que acceden a un título universitario tienen un 49% de ventaja ocupacional sobre los que no lo tienen.

Por tanto, las aspiraciones educativas reciben la influencia de los padres y del grupo de compañeros. Los padres de clase alta suelen animar más  sus hijos a ir a la universidad y les proporcionan modelos de rol que les llevan a tener aspiraciones educativas altas. Pero su grupo de compañeros y las diferentes subculturas juveniles influyen de manera tan importante como los padres. Cuando el grupo está formado por niños o jóvenes cuyos padres son médicos, abogados y otros profesionales superiores, las altas aspiraciones del grupo influyen en el resto del mismo.

Si la asistencia a la universidad se basara fundamentalmente en las capacidades intelectuales, habría muy poca herencia de clase. Pero la desigualdad de clase opera de modo que reduce la relación entre la capacidad intelectual y la asistencia a la universidad.

Como hemos venido indicando en los artículos de Sociología Divertida hay dos escuelas fundamentales en la sociología, el funcionalismo y la sociología del conflicto (1). La teoría funcional hace hincapié en el aspecto del logro que tiene la educación: los más talentosos adquieren importantes cualificaciones y se preparan así para ocupar las posiciones importantes en la sociedad, sin embargo como estamos viendo, esto no es del todo cierto. La perspectiva del conflicto sobre la educación, por su parte, nos dice que, en el conflicto por alcanzar las posiciones sociales más valoradas, los miembros de la clase alta tienen más capacidad para asegurar a sus hijos una ventaja a través de la educación.

A este respecto es muy curioso el estudio de Collins (1971) que ha proporcionado la evidencia de que el aumento de los requisitos técnicos de las ocupaciones, más que explicar el aumento real de los requisitos educativos de estas ocupaciones, sirve para mantener las fronteras de clase. Por ejemplo, cuando los títulos universitarios estaban más limitados y la clase media solía obtener sólo títulos de educación secundaria, las ocupaciones típicas de clase media requerían un título de estudios secundarios. Pero, al aumentar los hijos de clase media que obtenían títulos universitarios, las ocupaciones típicas de clase media ascendieron para pasar a exigir un título universitario. Desde la perspectiva del conflicto la educación certifica la pertenencia a una clase antes que las capacidades técnicas.

Si, como indican los datos, el sistema educativo no sirve fundamentalmente para enseñar las capacidades que se relacionan con las ocupaciones, sí certifica que la gente ha aprendido a respetar la autoridad y a aceptar los valores, ideales y el sistema de desigualdad de la estructura ocupacional (2). Así, la educación proporciona dos servicios importantes a los miembros de clase alta: es un medio para la herencia de clase y un medio para seleccionar nuevos miembros responsables para que ocupen las posiciones ocupacionales superiores. Por tanto, una de las dimensiones que más influyen en el proceso del logro es el sistema educativo y éste está muy influenciado por la clase a la que se pertenece.

Además de los estudios académicos realizados, la cualificación profesional está influenciada por la experiencia profesional. La calidad – y en menor medida la cantidad - de los puestos de trabajo desempeñados por una persona proporciona una serie de conocimientos que no pueden impartirse en las universidades porque derivan directamente la solución de problemas del día a día y de la adecuación de lo aprendido en la universidad a la vida real.

El primer o primeros puestos de trabajo tienen una gran importancia en la vida profesional pues suelen especializar en algún área concreta y marcan el ritmo de ascenso social o estancamiento del profesional. El que los primeros puestos de trabajo sean mejores o peores también está muy relacionado con el origen de clase. Las clases altas tienen acceso a redes sociales más poderosas y eficientes, dicho en román paladino tienen más y mejores enchufes y tráfico de influencias, por lo que les es más fácil colocarse en posiciones de partida mucho mejores.

La segunda variable que influye en la posición socioeconómica es el estatus ocupacional. Es decir cuanto mayor es el prestigio social del puesto de trabajo, suelen ser mayores los ingresos y los privilegios asociados. Los primeros modelos de estudio del proceso del logro, realizados en los años ´60, estudian el proceso del logro de estatus. Son los modelos de Blau y Duncan y el modelo de Wisconsin.

Blau y Duncan investigaron los efectos que tenían la educación y la ocupación del padre, y la educación y el primer trabajo del hijo en el estatus ocupacional del hijo. El modelo de Wisconsin, es más completo, añade algunas variables sociopsicológicas al modelo de Blau y Duncan. Específicamente las aspiraciones educativas y ocupacionales del hijo, la influencia de otras personas importantes en la vida del hijo. También incluye indicadores de capacidad mental y de rendimiento académico.

La conclusión más importante del modelo es que el estatus socioeconómico de los padres influye en las aspiraciones ocupacionales y educativas de los hijos y que existe una combinación de factores adscritos, es decir debidos a la posición de los padres,  y de logro, debidos a los méritos del hijo, que explican el logro ocupacional (3).

La autoridad ocupacional del padre es la tercera variable de tipo personal que influye en la posición socioeconómica de las personas. Podríamos asociar esta dimensión a la variable weberiana del poder. Varios estudios han aportado datos acerca de esta influencia. Curiosamente, aunque una autoridad ocupacional del padre alta influía en el logro de estatus y de ingresos, lo hacía en mayor grado en el logro de la autoridad ocupacional del hijo (4). 

Estos mismos estudios indicaron la influencia de la dimensión de propiedad de los padres en el logro del hijo. Los hijos de propietarios tienen mayor facilidad de alcanzar posiciones sociales altas. Es bastante evidente, por poner un ejemplo gráfico,  que los hijos de la Duquesa de Alba lo han tenido más fácil que los hijos del portero del Palacio de Liria (5) si es que existe esa función en dicho palacio.

La suerte, como sabemos todos por experiencia, influye poderosamente en el éxito profesional. Estar en el momento justo en el sitio adecuado puede ser la diferencia entre tener una trayectoria exitosa o una menos brillante. El sociólogo norteamericano Christopher Jencks ha estudiado mediante modelos estadísticos, en su libro “Desigualdad”, que indican que casi la mitad de la varianza en el logro educativo y en el logro de ingresos se debía a la suerte. La suerte tiene mala prensa pues huele a excusa en los que no han alcanzado sus metas, y los que las han alcanzado suelen recurrir al argumento de que ha sido su trabajo y su preparación, y no la potra, a las que debe su posición. Sin trabajo ni preparación – algunos sin padrinos – no se llega a nada; pero, qué duda cabe, la suerte juega su papel.

Pasemos ahora a las dimensiones generales. Existen fuerzas económicas que explican buena parte de la varianza en el logro ocupacional y de ingresos y que no dependen en absoluto de la voluntad de las personas. Como ya vimos en el artículo “El ascensor social”, en épocas de expansión económica o, a nivel sectorial, con el desarrollo de una nueva tecnología se produce una alta movilidad social ascendente, al contrario en épocas de crisis – como la que ahora padecemos – se produce una alta movilidad social descendente, el aumento de la pobreza en España ahora mismo es un claro indicador de este fenómeno.

También hay causas económicas estructurales, independientes del ciclo económico, que afectan al logro de las personas. La investigación sobre la economía dual ha descubierto que las corporaciones se dividen en organizaciones centrales y organizaciones periféricas (6). Las centrales son más grandes, obtienen más beneficios y pagan sueldos más altos.

La investigación sobre la economía dual ha descubierto también que hay trabajadores con el mismo estatus ocupacional que reciben diferentes ingresos dependiendo del tipo de empresa en que trabaja, si central o periférica. Asimismo, los ingresos que proporciona la educación también pueden variar dependiendo de la situación del trabajador en el centro o la periferia.

En el proceso del logro ocupacional y de ingresos influyen otras características de las empresas: si están más o menos burocratizadas, que sea una industria nueva y próspera o una en decadencia, etc. Cuando las empresas están más burocratizadas, hay más rangos ocupacionales y mayor autoridad de línea – fenómeno que estudiamos en el artículo “El síndrome del Cabo Cuartel”-, algo que permite a los empleados moverse más en términos de logro ocupacional y de ingresos.

Por último, el racismo y el sexismo, influyen en el logro ocupacional y de ingresos. Se ha mostrado que el proceso del logro de ingresos en el caso de las mujeres y los negros difiere al de los varones blancos, sus ingresos tienden a ser más bajos porque su autoridad ocupacional suele ser menor. Con especto a la educación, a igual nivel educativo, las mujeres y los negros obtienen menos autoridad ocupacional que los varones blancos.

Hay personas que se reprochan a si mismas no haber alcanzado la posición que anhelaron cuando eran jóvenes. En los que te imaginas en la cima del mundo pero no sabes muy bien cómo la alcanzarás. En contextos culturales en los que la ideología de la igualdad de oportunidades es muy fuerte, como pasa en los Estados Unidos, esta frustración por no alcanzar el nivel socioeconómico deseado provoca problemas personales, de autoculpabilidad, de adaptación y fuerza a una categoría especial de clasismo, hay estudios sobre ello. Sin embargo, no conviene ser demasiado duro con uno mismo, la mayoría de las causas que nos han colocado en la posición socioeconómica que tenemos no dependen de nosotros mismos, así que ni el autorreproche ni el autobombo tienen mucho sentido. Más nos vale disfrutar de lo que hemos conseguido, de lo que tenemos y de recurrir a una ética que se ha perdido, el que no es tan importante la categoría de tu trabajo como lo bien que lo haces y que todo trabajo, cualquiera, tiene dignidad y merece respeto.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo


Notas:

(1)    Según el enfoque funcionalista una sociedad puede entenderse metafóricamente como un organismo vivo que se compone de distintos órganos o estructuras cada uno de ellos con una función o funciones necesarias para que el organismo social pueda vivir. La sociedad es un sistema complejo cuyas partes “encajan” entre sí produciendo un equilibrio o estabilidad social. Es una concepción optimista de la sociedad.
En el paradigma de la Sociología del conflicto se agrupan las teorías sociológicas que analizan a la sociedad desde el punto de vista de la desigualdad, el conflicto y el cambio social. Se resaltan las relaciones de dominación que enfrentan a las diferentes categorías de personas y, en el ámbito internacional, a los conflictos entre distintas sociedades que compiten entre sí. Se analizan también las estrategias que emplean los dominadores para mantener su posición y de los dominados para intentar mejorar su situación. Ver ¿Pero hubo alguna vez una Escuela de Viena en Sociología?, o si se quiere ampliar más en “¿Qué es la sociología?".
(2)    A este respecto es interesante, perdonad mi inmodestia, el estudio que hice sobre el fracaso universitario en la Universidad Politécnica de Madrid. En él llegue a la conclusión de que el sistema en el que basaba el prestigio esta universidad consistía en parte en preparar a titulados disciplinados que respetaban la autoridad, valores, ideales que se aplican en la mayoría de las empresas y de respetar los acuerdos no escritos como el concepto de “apretón de manos invisible” desarrollado por  Bowles y Gintis. El artículo se puede descargar aquí
(3)    Los modelos de Blau y Duncan y de Wisconsin, que medían el logro de estatus ocupacional han sido criticados por investigaciones posteriores. Las principales críticas son:
  1. Los modelos del logro de estatus tienen una capacidad explicativa limitada, alcanzan valores modestos en la varianza del logro de estatus
  2. Intentan explicar un aspecto que no es el más importante en la definición de la posición socioeconómica, el estatus.
  3. Se centran en las características individuales dejando de lado las dimensiones generales o estructurales.
  4. La mayoría de los descubrimientos de esta investigación se explican mejor por la perspectiva del conflicto que por la teoría funcional de la estratificación social.
(4)    Las investigaciones que han estudiado este punto según Kerbo son Kallerberg y Griffin, Robinson y Kelley y Wrigth
(5)    El Palacio de Liria es un gran edificio del siglo XVIII, residencia de la Casa de Alba en Madrid, y principal sede de su colección de arte y de su archivo histórico, ambos de incalculable valor. De esta mansión se cuenta que es el domicilio particular más grande de Madrid (200 estancias en 3.500 m2) y que sus jardines son los únicos de propiedad particular que figuran destacados en color verde en muchos planos de la ciudad. Es muy parecido al Palacio Real (con 2.000 estancias) pero en pequeño, si los comparas. Si lo comparas con mi casa, mi querido hogar no resistiría la comparación.
(6)    Este enfoque considera a la Economía como muy dividida entre grandes grupos industriales cuasimonopolistas (industrias centrales) e industrias sometidas a más competencia, con menos beneficios, menor sindicalización y salarios más bajos (industrias periféricas).

Bibliografía:

Estratificación Social y Desigualdad
Harold R. Kerbo
5ª Edición
McGraw-Hill
Madrid 2003

Teoría Sociológica Clásica
George Ritzer
3ª Edición
McGraw-Hill
Madrid 2001




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Investigación sobre el logro de las personas por Juan Carlos Barajas Martínez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://sociologiadivertida.blogspot.com.es/.


NOTA FINAL NAVIDEÑA


En Zamora (Castilla y León, España) en una mañana fría de narices por no decir partes más pudendas que vendrían muy al caso, os deseo unas felices navidades. En la esperanza - por desgracia muy pequeña, casi infinitesimal - de que los buenos deseos de hermandad que en esta época del año se renuevan se hagan realidad de una vez por todas y consigamos un mundo mejor. Y ahora, en un terreno más real y próximo, os deseo que paséis una buena noche en la nochebuena, acompañados por vuestros seres queridos, abundantes viandas, excelentes caldos, besos, achuchones, buenas conversaciones y mucho amor. Si tenéis a alguien próximo lejos de vosotros lo sintáis próximo y no lejano. Y dejad un ratito, pequeño, para el recuerdo de los que ya no están, sin penas, recordando lo mejor de ellos, agradeciendo todo lo que nos dieron, pensad que ellos viven en nosotros y contad a los que no los conocieron lo que de bueno tuvieron. Resumiendo que me enrollo, agradeceros de todo corazón vuestra fidelidad a este modesto blog, agradeceros cada una de vuestras lecturas ya que cada de ellas representa un apoyo inconmensurable. Recibid el más fuerte de los abrazos y mejores deseos de vuestro amigo Juan Carlos, también conocido inmodestamente como Kurt Goedel, y de su familia.
Gracias
Juan Carlos Barajas Martínez (Madrid)