El principito, el rey y el arte de saber mandar



El rey según ilustración del propio Antoine de Saint-Exupéry

 
Si j’ordonnais, disait-il couramment,
si j’ordonnais á un général
de se changer pour un oiseau de mer,
 et si le général n’obéissait pas,
ce ne serait pas la faute du général.
 Ce serait ma faute
Le petit prince, chapitre X


Ya he contado en este blog cómo descubrí, o mejor dicho me hicieron descubrir, el libro de Antoine de Saint-Exupéry, “El principito”, en la clase de literatura francesa de quinto de bachiller. Gracias a una profesora que, aunque floja en francés, no era nada mala formando personas (ver "El principito, el zorro y las Islas Molucas del Sur"). Desde entonces “El principito” ha sido uno de mis libros de cabecera, de esos a los que – de manera irremediable - vuelves periódicamente a sus líneas, a refugiarte en su lectura.

Para mí, “El principito”, más que un cuento infantil es un libro de filosofía. Cómo ya he comentado, el episodio del zorro es la mejor descripción de la amistad que he encontrado en los libros que he leído hasta ahora, la más sencilla  y la más poética. Pero el libro es mucho más y la galería de personajes que se va encontrando el principito por los asteroides permite a Saint-Exupéry mostrarnos mediante la parábola una descripción del mundo real, de una aparente simplicidad, pero con una profundidad envidiable no exenta de un punto de ironía y de crítica.

En el episodio X el principito se encuentra con un solitario rey, de un planeta tan pequeño, que su manto de armiño ocupa casi toda la superficie. Es un rey de un reino minúsculo, sin súbditos, sin embargo sabe muy lo que es dar una orden. En el diálogo que se abre a continuación entre ambos se explica lúcidamente la esencia de lo que es la autoridad, de lo que es dar órdenes para ser obedecidas.


 “-Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejecutase la orden recibida ¿de quién sería la culpa, mía o de él?
-La culpa sería de usted -le dijo el principito con firmeza.
-Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar -continuó el rey. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución. Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables.”

Si se ordena a un general que se convierta en ave marina difícilmente va a poder hacerlo. Claro, dicho así, puede parecer absurdo porque a nadie se le va a ocurrir dar una orden semejante, y lo admitimos porque se trata de un cuento, pero esconde una gran verdad, si tienes una posición de autoridad y tienes que dar ordenes, éstas han de estar en línea con la competencia y las posibilidades de la persona que tendrá que ejecutarlas. Es decir, pide lo posible. Y luego Saint-Exupéry redondea diciendo que la autoridad se apoya antes que nada en la razón, esta frase – aparte de cierta – podría estar en cualquier ensayo, digamos serio, y no sólo en un cuento infantil, aunque “El principito” es algo más que un cuento infantil.

Desgraciadamente en la vida real se dan este tipo de órdenes continuamente. La semana pasada, en este mismo blog, al hablar de la ley del tiempo de entrega de los trabajos, contaba el caso de un jefazo que me encargó un trabajo sobre legislación electoral en las repúblicas latinoamericanas, pero sólo conté el segundo acto. Realmente fue una comedia en dos actos y el primero viene ahora al pelo.

Aquel jefazo solía deambular por las tardes por la planta, en aquel momento sólo había una administrativa tecleando algún escrito en el ordenador. Mi despacho daba a esa pradera, estaba como a unos quince metros de la mesa de la administrativa y tenía la puerta entreabierta por lo que pude enterarme de toda la escena. El jefazo se dirigió directamente a ella y la espetó: “Buenas tardes, necesito que me haga usted un trabajo. Si señor dígame usted – contestó la administrativa - . Por favor hágame un estudio comparado de las legislaciones electorales de las repúblicas iberoamericanas. ¿Cómo?. Sí, que se meta usted en Internet y me haga un estudio comparado de las legislaciones electorales iberoamericanas, puede comenzar por la República Dominicana, aquí tengo unos papeles – y aquí el jefazo se explayó en detalles y términos jurídico-políticos, explicando con mucha prosapia qué es lo que quería, pero la administrativa no se estaba enterando de nada. Ponía una cara de total desamparo pero el jefazo no se daba cuenta y seguía su docta explicación.

Yo miraba la escena entre apenado, por el mal rato que estaba pasando mi compañera a la que estaban pidiendo descaradamente que se convirtiera en ave marina,  y divertido, por la falta de inteligencia social del jefe. También albergaba la certeza de que el trabajo acabaría en mi mesa.

Mi compañera se quejó al día siguiente a la directora de asuntos generales que hacía de madre, y lo hacía bastante bien, de todos los auxiliares y administrativos de aquella dirección general. Y ésta, vino a verme a continuación para pedirme que por favor me hiciera cargo del trabajo ya que – aunque sabía que no me correspondía – yo tenía el perfil adecuado para hacerlo y que si patatín, que si patatán. Y como ya conté la semana pasada realice el trabajo en un tiempo récord que tuve que ajustar para no incumplir la ley del tiempo de entrega.

Aquel señor era completamente insensible a la dificultad de mi compañera para realizar aquel trabajo, pero creo que no era por malevolencia, era una incapacidad suya. No sé si habría leído “El principito”, probablemente sí. Y además, conociéndole, es seguro que lo leyera en francés, pero ya fuera en francés, español o sueco, no se había enterado de su verdadero significado.

Más adelante en “El principito” nos encontramos con:

“No era sólo un monarca absoluto, era, además, un monarca universal.
-¿Y las estrellas le obedecen?
-¡Naturalmente! -le dijo el rey-. Y obedecen en seguida, pues yo no tolero la indisciplina.
…………………………
-Me gustaría ver una puesta de sol... Déme ese gusto... Ordénele al sol que se ponga...
…………………………
-¿Entonces mi puesta de sol? -recordó el principito, que jamás olvidaba su pregunta una vez que la había formulado.
-Tendrás tu puesta de sol. La exigiré. Pero, según me dicta mi ciencia gobernante, esperaré que las condiciones sean favorables.
-¿Y cuándo será eso?
-¡Ejem, ejem! -le respondió el rey, consultando previamente un enorme calendario-, ¡ejem, ejem! será hacia... hacia... será hacia las siete cuarenta. Ya verás cómo se me obedece.”

En este texto Saint-Exupery habla de una segunda dimensión de las ordenes justas, la primera es que la orden se ajuste a las capacidades de la persona que va a llevarlas a cabo, no se puede pedir a un general que vuele de flor en flor como una mariposa ni se le puede pedir a una administrativa - porque no tiene formación para ello – que realice estudios de derecho internacional comparado. La segunda dimensión es que la orden también tiene que ajustarse a los medios de que se dispone. No se le puede ordenar al sol que se ponga excepto cuando está anocheciendo.

Saint-Exupéry comienza por bromear sobre la figura del monarca universal, figura medieval, que designaba – basándose en los antiguos emperadores romanos – a un monarca que tenía ascendencia sobre los príncipes y reyes, que marcaba el código moral de los gobernantes, que era reconocido como “primus inter pares” entre ellos pero que no podía legislar en todos los territorios bajo su domino. En una palabra, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1). En el texto el autor habla de que no era sólo un monarca absoluto de su pequeño planetoide sino que era un monarca universal que mandaba sobre las estrellas, siempre que las condiciones fueran favorables claro está y las estrellas se movieran “per sé” siguiendo las reglas de la mecánica celeste.

Podría poner muchos ejemplos de órdenes que no se ajustan a condiciones favorables, pero típicamente pasa cuando el parlamento aprueba una ley que garantiza unos derechos, es decir, que la ley es muy justa y muy conveniente pero ninguno de los padres de la patria se ha planteado de dónde se va a sacar el dinero, los medios, o si es factible. Dicho de una manera simple y, por tanto, probablemente no del todo justa, los políticos tienen la idea feliz y, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo hacen un parto que queda muy bien en los telediarios, y luego la Administración no tiene medios para llevarla a cabo, al final se bajan las expectativas, se reducen los objetivos, se hace lo que se puede, se maquillan las cifras, los derechos que se querían garantizar quedan como derechos formales y, “sotto voce”, los funcionarios quedan como incompetentes. Este es el ciclo político.

Pero si tengo que contar una anécdota que venga al caso, diré que no hace mucho tiempo me tocó realizar un trabajo muy urgente para una personalidad muy importante en nuestro país. Tal era la alcurnia profesional del personaje que cuando acudías a las reuniones reinaba el ambiente cortesano y sumiso que yo imaginaba para la corte del rey persa, incluso – tengo una imaginación enfermiza – acertaba a intuir que alguno de los adláteres que circulaba por las estancias palaciegas sin poner los pies en el suelo era eunuco. En ese ambiente, mi jefe Juan y yo, nos movíamos temblorosos intentado también no pesar demasiado y deslizar nuestros pies sobre la tarima flotante. Pero fue en vano, caminar de ese modo requiere un entrenamiento especial de años.

En aquella situación se nos exigía que realizáramos el proyecto en quince días cuando técnicamente era imposible hacer en menos de un mes. Podríamos haber sido más cortesanos de lo que fuimos y haber engañado, haber dicho lo que querían oir. Pero haber estudiado en la Universidad Politécnica de Madrid tiene sus servidumbres. Allí te enseñan que dos y dos suman cuatro y no dos, que para eso te dan el título de ingeniero.

No hubo manera – a pesar de todas las explicaciones técnicas que dimos, a pesar de todo el esfuerzo pedagógico que realizamos para traducir del lenguaje técnico al profano – de que aquel prohombre aceptara – como el rey de “El principito” – que el sol sólo sale a las 7:40 por que es físicamente imposible que salga a las 6:40. Nos dijo muy severo “he sido presidente de esta Organización durante seis años y sé como funciona esta casa. Si me decís que estará dentro de un mes, en realidad no estará ni en dos ni en tres, sino en seis”.

Me conmovió tanta confianza y tanto Juan como yo nos callamos. Cualquiera hablaba. Recuerdo que pensé que no conocía en absoluto la organización que había presidido durante un sexenio. A la Organización la conocía yo, que tengo problemas hasta para conseguir un bolígrafo o que me arreglen el teléfono cuando se estropea, en cambio, una sola palabra suya bastaba para que salieran asesores, expertos, pelotas y curritos como nosotros que resuelven sus problemas en un mes porque no existe ninguna manera humanamente posible de hacerlo en menos tiempo.

Por cierto, tuvimos terminado el trabajo dos días antes de lo que habíamos previsto, y mi látigo – por supuesto imaginario – rezumaba sangre y sudor – totalmente virtuales – de las espaldas de los esclavos – completamente ficticios – que habían participado en su desarrollo, para conseguir que todo estuviera acabado en un mes.


Juan Carlos Barajas Martínez



  1. Dante en su tratado “De monarchia” de 1316, define al monarca universal como un prototipo o modelo de un órgano supreaestatal por encima de los distintos imperios, a los que cedía el poder de la legislación, si bien obligándoles a atenerse a unas líneas generales de conducta. Remitiéndose al antiguo Imperio Romano, Dante creía poder demostrar la posibilidad real de que gobernara un monarca universal, no imitando a aquél, sino tomándolo como ejemplo, como dato histórico. Un monarca universal que garantizara un gobierno y una paz universal. Es muy interesante ese período de la historia política de Europa que se denominó la "Gran Controversia" entre el papado y el imperio y que sienta las bases de la separación entre la Iglesia y el Estado.

Bibliografía:

El principito
Antoine de Saint-Exupéry
Edición bilíngüe
Editorial Salamandra, Barcelona 2002

Historial de la Literatura
Erika Wischer
Editorial Akal, Madrid 1989

Historia de la Teoría Política
George H. Sabine
Fondo de Cultura Económica, 3ª edición 4ª reimpresión, Madrid 1999

El próximo sábado 14 de abril, nuevo artículo en Sociología Divertida


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Sobre jefes y mandados

cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

Este artículo forma parte de un "aprendiz de libro", qué llamé provisionalmente "¡También hay vida en el planeta Burocracia", que espera en el cajón de mi escritorio a que tenga tiempo y pueda completarlo y corregirlo, a ver si me puedo jubilar pronto.

En él describo treinta y cinco leyes de funcionamiento de las organizaciones burocráticas basadas en mi experiencia y observación durante 30 años de trabajo en este tipo de organizaciones. Están escritas con humor, utilizando un lenguaje prestado de las ciencias físicas y matemáticas, poniendo -para cada ley - un enunciado y una justificación que no demostración porque, al fin y a la postre,  ni es física ni son matemáticas.

Créame el lector que yo no tengo ningún prejuicio contra esa categoría universal e inevitable de los jefes lo que pasa es que la jefatura es una institución omnipresente en las organizaciones burocráticas, todo empleado tiene un jefe por encima excepto el mandamás, si es que – hablando de omnipresencias – no consideramos a Dios. Por tanto, si se tiene que describir el funcionamiento de este tipo de organizaciones, es inevitable tener que hablar de los jefes, de los subordinados y las relaciones entre ambas categorías. Las leyes que siguen a continuación describen una parte de las siempre complejas relaciones personales entre uno que manda y otro que obedece o que aparenta obedecer, normalmente a cambio de un inmerecido salario.

Ley de la redacción-corrección

Enunciado:
Redactar un documento es mucho más difícil que corregirlo una vez está escrito

Corolario 1: Los jefes tienden a realizar correcciones innecesarias
Corolario 2: los redactores, si son subordinados, pueden meter cargas de profundidad en la redacción.

Justificación:

Todos hemos padecido el vértigo que se sufre al ver una hoja de papel en blanco que debemos de rellenar con ideas, a veces, sobre situaciones muy complicadas y que, por tanto, son muy difíciles de transcribir; o sobre situaciones muy simples y que, paradójicamente de tan simples que son, es muy difícil su  transcripción a la lengua escrita, lo evidente es siempre complicado de explicar pues no requiere de explicación.

En cualquier caso, redactar bien, de forma comprensible y lo más breve posible no es fácil y requiere de un aprendizaje dilatado en el tiempo.

En este contexto debemos convenir en que es mucho más difícil  rellenar  la hoja de papel, aunque sea con una mala redacción, que convertirse en crítico literario y corregir lo escrito por otro.

En las organizaciones burocráticas gran parte de los escritos los realiza el subordinado y los corrige y firma el superior jerárquico. De esta manera podemos afirmar que, al menos en estos casos, la labor del subordinado es mucho más difícil que la del jefe.

Esta relación dialéctica entre el jefe y el empleado tiene bastantes asperezas, incomprensiones y a veces conflictos. Lo sé bien porque yo me he hallado en ambos lados de la mesa, en la posición del jefe, corrigiendo y firmando y, mucho más tiempo y muchas más veces, en la posición del subordinado que lleva los documentos redactados para que el superior jerárquico los firme.

Si me pongo en el lugar del subordinado, tantas veces me han corregido mis escritos que a estas alturas no me ofende lo más mínimo, pero no todo el mundo lo lleva igual, hay personas que se soliviantan y más cuando las correcciones son ociosas o triviales.

Muchos jefes corrigen por el mero hecho de corregir o para demostrar – o demostrarse a si mismos - que son los jefes. Son estas las correcciones innecesarias, hijas de la falta de seguridad de algunas personas, pues no siempre la brillantez va acompañando al nivel jerárquico.

Hay personas que, en el paroxismo del ejercicio de la corrección, rehacen múltiples veces el mismo escrito. Tuve una vez un jefe de estos, hacía siete u ocho versiones antes de sacar definitivamente un documento. Una vez, a la sexta o séptima vez, le dí el mismo documento que le había entregado la primera vez – varias semanas antes – y lo firmó sin rechistar.

Pero si me pongo del lado del jefe firmante, posición en la que según he dicho  también he estado, tengo que reconocer que el hecho de llevar la firma con tu nombre te da la responsabilidad principal de los efectos jurídicos que pueda surtir el documento. Y esto te obliga a no firmar cualquier cosa. Este es el peligro que conlleva la firma, peligro que se acrecienta si tienes que firmar veinte documentos muy parecidos, te llaman por teléfono y estás pendiente de otros cinco asuntos; en estas situaciones puedes llegar a firmar cualquier cosa.

Tuve una vez un subordinado que era lo más parecido que he conocido al empleado perfectamente burocrático (1), aderezado con algunas dosis de sociopatía. Le teníamos apartado en un rincón pues nadie quería compartir despacho con él, no por su afición a seguir el procedimiento administrativo sino por su parte sociópata. Hay que reconocer que lo que consideraba “su trabajo” lo hacía sin problemas, pero si salía un milímetro de lo que marcaba la definición de su puesto de trabajo no podías conseguir que lo hiciera ni con un pelotón de fusilamiento esperando. Era clasista con las personas de categoría inferior y agresivo con las de mayor nivel. Solía decirme, “eso lo tienes que saber tú que eres el jefe, no estoy para dar cursos”, cuando le preguntaba alguna cuestión de su competencia que por inexperiencia yo no sabía. Recuerdo haber organizado, por las tardes cuando no estaba, algún que otro robo de documentación oficial de la que se consideraba dueño y señor y no me quería prestar de buena gana.

Esta persona me metió algunas cargas de profundidad dentro de los documentos que yo debía firmar – broncas a jefes de departamento por ejemplo, movido básicamente por su intolerancia a los fallos ajenos -, si las hubiera dejado pasar y las hubiera firmado hubiera tenido posteriormente grandes problemas. Gracias a Dios esta persona no era muy sutil. Pero las cargas de profundidad pueden ser muy sutiles y el firmante no darse cuenta de dónde están, pueden tener efectos retardados, explotar a mucha profundidad y hacer mucho daño en la imagen del jefe. He conocido especialistas en la materia.

En general, la situación ideal es que la corrección de los documentos debe ser moderada, el jefe debe mantener su cuota de responsabilidad sin humillar y corregir tan sólo aquello que debe ser corregido, más allá de efectos estilísticos desproporcionados y de correcciones destinadas tan sólo a mantener la autoestima. El subordinado, por su parte, debe ser leal en su redacción y no caer en el desánimo si el jefe corrige porque al fin y al cabo es el que firma.  Si se hace esto, la relación entre ambos irá como la seda, habrá química como se suele decir, en caso contrario.... aunque el jefe tiene las de ganar, nadie sale indemne.

Hay que ser relativos y dilatar el tiempo si se quiere ser un buen burócrata

Ley del tiempo de entrega de los trabajos

Enunciado:
El empleado perfectamente burocrático no entrega un trabajo cuando lo ha terminado sino que aplica una función de retardo para retrasar la entrega de acorde con las circunstancias de su entorno.

Corolario 1: la función de retardo tiene como variables independientes las características del trabajo, el tiempo medio de entrega en su departamento, la urgencia con que se pide, las características del jefe que lo encarga y el prestigio profesional que desea mantener.

Corolario 2: El premio por entregar un trabajo en tiempo y forma es obtener el encargo de otro trabajo

Una vez, hace ya algunos años, me encargaron un estudio comparado de las legislaciones electorales de las repúblicas latinoamericanas. Recurrí a la herramienta definitiva: Internet. Y tuve mucha potra porque después de unos minutos de búsqueda encontré en una base de datos de la Universidad de Princeton un auténtico filón, además en castellano. La misma tarde en que me encomendaron el informe, lo tenía hecho, cerca de cien páginas que había fusilado de un estudio que un profesor de derecho internacional de Princeton había puesto a disposición de la comunidad científica. Por supuesto siempre con respeto a la autoría del mismo, que siempre he sido muy respetuoso con los méritos de los demás.

Si a la mañana siguiente le hubiera entregado el informe al jefazo que me lo encargó lo primero que habría ocurrido es que le hubiera dado un síncope ante la sorpresa de tener el trabajo tan pronto y, por supuesto, dada la edad de aquel señor no hubiera sido cristiano someterlo a tal tensión.

Por otra parte, el resto de los compañeros de mi división me habría odiado cortésmente por batir todos los récords establecidos en  la entrega de informes. Y es que, cuando alguien demuestra mayor eficiencia que la media, sufre inmediatamente la presión de sus colegas para que reduzca su nivel de desempeño a un valor aceptable para la mayoría. Y pueden ser muy convincentes, por lo que no te queda otra que ajustarte al tiempo medio de entrega de trabajos de tu departamento.

Además, aquel jefazo no era mi jefe directo, no me podía pedir hacerlo con urgencia porque ya tenía yo otras cosas en mi bandeja de entrada rellena a 1/3 de su capacidad (2), luego lo que me había pedido es que lo hiciera sacando tiempo de mis ratos libres. Una osadía por su parte presuponer que yo tenía ratos libres claro está.

Siempre me ha preocupado tener una buena imagen como empleado pero nunca me ha obsesionado. Además, conforme pasan los años, está sensación te va abandonando, no tienes nada que demostrar.

Por tanto retuve el informe unos días, apliqué mi función de retardo en base a las variables de la urgencia, las características del jefe y el tiempo medio de entrega de los trabajos en mi unidad.

El jefe se puso muy contento, por lo bien hecho que estaba el informe y por lo pronto que lo había entregado. En virtud de la ley de la redacción-corrección aquel señor corrigió algunas cosas sin darse cuenta de que enmendaba a un profesor de Princeton.

Por último me gustaría indicar que cuando entregas un trabajo a tiempo o, peor aún, antes de tiempo, no obtienes más recompensa que otro trabajo. Nunca un ascenso o una gratificación, ni siquiera – salvo excepciones – una palmadita en el hombro. La razón es que las organizaciones burocráticas suelen ser mastodónticas y las decisiones relativas al personal están separadas de la cadena normal de mando.


Juan Carlos Barajas Martínez


(1)   Por empleado perfectamente burocrático entendemos aquel empleado cuyo fin no es trabajar con eficacia y, ni mucho menos, con eficiencia sino que busca - en cada una de sus acciones - la vía más burocrática posible. La definición completa de empleado perfectamente burocrático está en el artículo de este mismo blog : “El empleado perfectamente burocrático, los documentos malditos y los malditos documentos”
(2)   Es una referencia a la Ley de las bandejas de entrada y de salida que dice: “El empleado perfectamente burocrático, con el fin de dar imagen de trabajador, debe mantener la bandeja de entrada a un 1/3 de su capacidad y la bandeja de salida rebosante de documentos.”


Dedicatoria
Dedico este artículo – siempre que  haya tenido la inmensa paciencia de leerlo – a Juan. Es mi jefe, pero me gusta considerarlo como uno de mis amigos. Y se lo dedico porque ésta ha sido una semana muy dura, en la que ha luchado como un jabato por neutralizar los efectos de un desastre provocado por agentes externos.



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Un país satisfecho




España un país satisfecho


Cuando yo era pequeño se decía que era este un país de extremos, un invierno frío y un verano abrasador, una España de izquierdas y otra de derechas, madridistas y barcelonistas, vino y cerveza, meapilas y correcuras, seguidores de Joselito y de Belmonte, devotos de la Pilarica y devotos de la Macarena. Todo se reducía a dos imágenes contrapuestas, y digo bien reducía, porque es una reducción a una visión simple. La sociedad española, gracias a Dios, era y es mucho más compleja. No es tan fácil explicar lo que pasa sobre esta piel de toro.

Si tengo que hacer una visión simplista de mi país, prefiero decir que es una tierra de parones y acelerones. Durante muchos años España apenas se movía, apenas pasaba el tiempo mientras que en el resto de Europa, el final de la segunda guerra mundial traía grandes cambios sociales, políticos y económicos, en este país se dormía una larga siesta y el que despertaba podía encontrarse con serios problemas.

Hay sectores interesados en hacer una lectura amable de la dictadura pero yo no lo recuerdo así, precisamente amable, y eso que era un niño, y además “un niño bien”, “un niño pera” como me definió no hace mucho en un entierro un familiar de esos que solo ves en los entierros. Fulanito, ¿te acuerdas del primo Juan Carlos?, si - dijo Fulanito - ¿Tú eras aquél niño pera?, me dijo. Y me pueden contar muchas cosas, me pueden intentar engañar con muchas historias, pero lo que he vivido en primera persona no. Por ahí no paso.

Pero no me quiero desviar, algún día os contaré las memorias de un niño en la época de Franco. Lo que quería expresar es que el camino que otras naciones cercanas hicieron durante cuarenta años, nosotros lo hicimos en diez. La transición hacia la democracia, la secularización de la sociedad, el tránsito del pleno empleo al paro estructural, coyuntural y funcional, la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, el divorcio, las nuevas formas de familia, los nuevos debates morales, los sindicatos y sus reivindicaciones, los empresarios y sus reivindicaciones, las nuevas formas de ver la cultura más allá de los Coros y Danzas de la Sección Femenina, los nacionalismos, los Estatutos de Autonomía, el café para todos, el Estado del Bienestar, el destape, la revolución sexual, el aborto, la educación, la modernidad, la Movida y la posmodernidad, la Comunidad Económica Europea y cien mil cosas más. En sólo diez años, para bien o para mal – yo creo que en general para bien -, de 1975 a 1985, nos pusimos al día y a este país no lo reconocía ni su madre, no nos reconocíamos ni nosotros mismos y veíamos aquella siesta como una lejana pesadilla. Aunque dejamos algo de basura debajo de la alfombra que ahora nos empieza a molestar. Parones y acelerones.

Y la entrada en la Comunidad Europea nos trajo fondos, nos pusimos al día en infraestructuras, nos dimos cuenta de que en Latinoamérica hablaban la misma lengua y empezamos a comprar y vender. Crecimos. Fuimos nuevos ricos y nos comportamos como nuevos ricos (1). ¡Hala a construir!, ¡a llenar las calles de BMW y Porsche Cayenne!. ¡Viva el crédito!, ¡viva la libre empresa!, ¡viva la mano invisible que regula el mercado!, ¡vivan los productos financieros!. ¡Hemos superado a Italia!, ahora a por el Reino Unido.

Y vino el parón. En seco. Una burbuja financiera estalló en Estados Unidos y asoló al mundo. En nuestro suelo patrio la burbuja mundial se unió a nuestra propia burbuja y estallaron juntas. Y la economía empezó a ir mal, muy mal. Empezaron a pagar los de siempre. Había que salvar al sistema financiero que había esquilmado todo lo que había podido, pues que el Estado saque la chequera y  nueve mil millones de euros para empezar a hablar, que del crédito ya hablaremos. Otros ocho mil para obras públicas a ver si la crisis pasa pronto. Sólo invertía el Estado. Del superávit se pasó al déficit.

Grecia cayó, Portugal cayó, Irlanda cayó. Italia y España al borde del abismo. Vaya, los mercados van a por los países más civilizados. En Bruselas nos ponen firmes, en Berlín y París nos castigan, Obama coge el teléfono y desde Washington amenaza. La ortodoxia neoliberal, el dogma nos golpea en la mandíbula. Adiós Estado del Bienestar, copago, colas de espera, colegios sin calefacción y niños congelados, pensiones congeladas como los niños. Hay que darles un buen palo a los funcionarios, ¡qué se creerán esos privilegiados!. Brotes verdes, ¿pero dónde están los dichosos brotes verdes?. Adiós a los derechos de los trabajadores, hay que flexibilizar, aumentar la productividad, bajar salarios, aumentar horarios - ¿pero hay más trabajo?, no, pero hay que aumentar los horarios -,  hacer sacrificios, reforma laboral, otra reforma laboral porque la anterior era insuficiente, atrasar la edad de jubilación - ¿pero qué hacemos con los jóvenes? , no lo sé, pero hay que atrasar la edad de jubilación -. Hay que prejubilar - ¿pero no decimos que hay que retrasar la edad de jubilación?, ¡ah coño!, tienes razón, ¡hay que buscar otro nombre!, ¿separación incentivada del trabajo?. Paro y más paro. Miedo, mucho miedo.

Así que nuestro entusiasmo se nos fue por el sumidero y, como los que mandaban lo habían hecho mal, entregamos el poder absoluto a otros que no lo harán mejor.

¿Pero qué piensa la gente de todo esto?. En España tenemos el Centro de Investigaciones Sociológicas que hace un informe mensual o bimensual del estado de la opinión pública al que llaman barómetro social. Es un buen ejercicio echarle un vistazo de vez en cuando (2).

El barómetro tiene una encuesta con preguntas fijas y otras que van cambiando. Me interesa especialmente la de diciembre de 2011, porque en febrero se ha publicado otro, pero las preguntas variables no son tan interesantes.

A la pregunta de cómo calificaría el encuestado la situación económica actual, el 86,6 % piensa que es mala o muy mala, el 11,9 regular y sólo un 1,2 % piensa que es buena. Ni que decir tiene que no hay nadie que piense que la situación es muy buena.

Sólo un 3,1% piensa que la situación económica actual del país es mejor que la del año pasado. Igual el 39% y peor el 56,4%. Y, ¿el año que viene?, pues un 21,2 % piensa que será mejor, el 35,9 igual y el 29,6% piensa que será peor.

Respecto de la situación política del país los encuestados responden en el 7,8 de los casos que es buena, un 30,8% piensan que es regular y 53% piensa que es mala o muy mala.

Como es lógico la encuesta responde al estado de ánimo que uno supone que, después del bombardeo de malas noticias, el pueblo español debe tener.

Respecto a problemas concretos la encuesta pide que se elijan tres de una lista, es decir, lo que se denomina multirrespuesta. El problema del paro lo ha señalado el 83,2 de los encuestados, los problemas de índole económica  el 53,6%, los partidos políticos 17,8% y la corrupción y el fraude el 12,3%. Lejos queda el terrorismo con un 1,2%, lo que no hace mucho era el principal problema para los españoles.

Otra pregunta interesante, que también es de respuesta múltiple, es ¿Y cuál es el problema que a Ud. personalmente le afecta más?. El 45% ha señalado el paro, el 43,3 los problemas de índole económica y 8,2 % las pensiones. Es muy curioso en esta cuestión hay una tendencia más clara hacia el bolsillo de cada uno, los políticos afectan personalmente sólo al 4,3%.

Hasta aquí todo es lógico, existe un pesimismo claro, normal cuando te desayunas cada día con la prima de riesgo y las amenazas del Gobierno de turno o de la Confederación de Empresarios. De tal forma que en tu fuero interno rezas lo de aquel viejo chiste: “madrecita que me quede como estoy”. Y el miedo te hace maleable, flexible, dispuesto a aceptar recortes en lo que más te interesa, en lo que te hace menos pobre. De tal forma que nada menos que el 50,3 % está de acuerdo con que “hay que sacrificarse en el presente pensando en el futuro”, otro 19,8% opina que “hay que confiar en el futuro porque al final las cosas salen bien” y, un 25,3% - olé por ellos – piensan que “el futuro es tan incierto que es mejor vivir al día”, es decir, algo así como si  lo que  van a comerse los bancos mejor que se lo coman los cristianos.

De todas formas, si el 50% está dispuesto al sacrificio – por cierto habría que aclarar si el suyo o el del vecino – los poderes económicos pueden pensar que todavía hay margen para seguir presionando.

Y para terminar dejo el dato más enigmático, con todo lo que está cayendo, el 68% de los encuestados está muy o bastante satisfecho con la vida que lleva. Parece que es un dato de otra encuesta, de antes de 2008. Ni satisfecho ni insatisfecho se declara el 15,2% y, se declara bastante o muy insatisfecho el 16%, muy por debajo del 23,3% de parados que las estadísticas oficiales nos indican que soporta este país.

Al final, ¿es este un país insatisfecho o satisfecho?. ¿Cómo explicar esto?.  Bueno sinceramente no lo sé, pero podemos hacer alguna hipótesis. Evidentemente no es lo mismo la percepción de lo social que la percepción de lo que le pasa a uno mismo. Se suele aceptar mejor y con más realismo lo social porque es externo a nosotros. Esa sería una explicación psicológica que no acaba de convencerme porque me resulta incompleta.

De todas formas habría otra cuestión, nuestro país soporta casi 5.300.000 desempleados, pero lo hace con relativa paz social. ¿Será por la cantidad de horas de sol que tenemos que nos hace optimistas y plenos de vitamina D? (3), no lo creo, en mi opinión hay dos válvulas de escape de la tensión social. La primera es económica, existe una economía sumergida que alivia el problema, en 2008 se calculaba que era un 23% del PIB, es decir, 240.000 millones de euros. Aunque, como el sector que más contribuía a la economía sumergida era la Construcción, en 2011 se ha reducido al 17%, pero todavía es una pasta.

España, un país con mucho sol, la cifra de abajo son las horas de sol al año por provincia

La segunda válvula es la familia. En España la familia es una institución básica, por ejemplo, en la misma encuesta que estamos estudiando, un 98,9% de los encuestados opina que la familia es muy importante o bastante importante y, todavía queda un 0,5% que considera que es algo importante. No hay nada que resulte tan unánime en nuestro país. Gracias a que la familia es tan fuerte, los lazos de solidaridad familiar contribuyen a suavizar el problema de la falta de ingresos de los parados. El punto negro en este apartado es que según la encuesta de población activa correspondiente al cuarto trimestre de 2011 nos dice que hay alrededor de 1.500.000 de hogares en los que ninguno de sus miembros está trabajando. Esto, aparte de representar un enorme problema humano, es un indicador de los límites del efecto suavizante de la solidaridad familiar.

Así que mucho me temo que, de seguir las cosas así, la paz social será menos pacífica. Ojalá me equivoque, ojalá aparezcan de verdad los brotes verdes y, después de ellos, la economía resurja, y recomience el reparto – aunque sea a la manera capitalista -, para que al final nos llegue algo a nosotros, a los que estamos en la parte de abajo en la pirámide social. Madrecita que me quede como estoy.

Por cierto, ¿adónde han ido a parar los Porsche Cayenne?.

Juan Carlos Barajas Martínez


(1)   Por unificar el lenguaje he puesto la primera persona del plural y me he incluido pero te puedo asegurar, amable lector – probablemente también sea tu caso -, que yo no participé de esa algarabía económica, ojalá hubiera podido pero yo me quedé con mi utilitario, el Cayenne que me tocaba se lo llevó otro.
(2) Se puede acceder a los Barométros del CIS en la siguiente dirección: http://www.cis.es/cis/opencm/ES/11_barometros/index.jsp
(3)   Al releer el artículo me he acordado, en esta broma mía de las horas de sol,  de aquella gran película, “Los lunes al sol”, de Fernando León de Aranoa, protagonizada por Javier Bardem y Luis Tosar, en el que se contaban los problemas de un grupo de parados de larga duración de un astillero de Vigo.  No he podido resistirme a poneros una escena genial


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Porsche Cayenne GT



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Mi pequeño homenaje a la Constitución de 1812. Esta semana se cumplen 200 años de su promulgación.



¡¡Viva la Pepa!!

TÍTULO PRIMERO
DE LA NACIÓN ESPAÑOLA Y DE LOS ESPAÑOLES


CAPÍTULO PRIMERO
De la Nación española.
Art. 1º.
La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.
Art. 2º.
La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.
Art. 3º.
La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.
Art. 4º.
La Nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.


La ley del plural mayestático

Al parecer a los papas les asiste el derecho a usar el plural mayestático
El privilegio máximo es no tener jefes ni súbditos
Miguel  Ángel Aguilar, periodista


Este artículo forma parte de un "aprendiz de libro", qué llamé provisionalmente "¡También hay vida en el planeta Burocracia", que espera en el cajón de mi escritorio a que tenga tiempo y pueda completarlo y corregirlo, a ver si me puedo jubilar pronto.

En él describo treinta y cinco leyes de funcionamiento de las organizaciones burocráticas basadas en mi experiencia y observación durante 30 años de trabajo en este tipo de organizaciones. Están escritas con humor, utilizando un lenguaje prestado de las ciencias físicas y matemáticas, poniendo -para cada ley - un enunciado y una justificación que no demostración porque, al fin y a la postre,  ni es física ni son matemáticas.

Enunciado:

Cuando el superior jerárquico emplea la primera persona del plural en una conversación con el subordinado quiere decir que éste último tendrá que realizar algún trabajo sin la participación del superior.

Justificación:

Antes que nada y, a pesar de que sé de sobras que todos tenemos una idea de lo que significa el plural mayestático, me gustaría detenerme en su explicación para que todos entendamos perfectamente de qué estamos hablando. El plural mayestático o, cómo se le conoce en latín pluralis maiestatis, es el uso de la primera persona del plural por el hablante. En general, la persona que usa el plural mayestático no utiliza el pronombre "nosotros" sino "nos".

Históricamente este uso lingüístico ha sido reservado para papas, reyes y emperadores. Es evidente que si, según la antigua teoría política, al soberano le venía el poder directamente de Dios, éste no podía hablar igual que el resto de los mortales. Creo recordar que la reina-emperatriz británica Victoria lo usaba y, no lo sé seguro, pero creo que por lo menos hasta Juan XXIII se ha venido usando en el Vaticano y diría que sigue usándose ante ciertos ceremoniales, pero como hablan en latín eclesiástico se me hace difícil afirmarlo. A nuestro rey no se lo he oído nunca, cuando ha utilizado el pronombre “nos” ha venido seguido de “llena de orgullo y de satisfacción” y precedido de “A la reina y a mí”. Nuestro rey no es amigo de boatos decimonónicos y villas y cortes, se suele decir que es muy campechano, así que igual que renunció a todos los poderes del Estado que le sirvió en bandeja el generalísimo Franco ha renunciado también a tamaña muestra gramatical de majestad.

No estoy yo tan seguro de que su colega británica, la eterna Isabel – hay que ver cómo se está quedando el príncipe de Gales y, dado que los monarcas de la pérfida Albión pueden elegir nombre, sería atinado que escogiera el de Matusalén cuando acceda al trono -, haya renunciado al plural mayestático. No me extrañaría nada que siguiera usándolo porque no tiene nada de campechana y mucho de estirada. Ni tampoco tiene que hacer demostraciones de populismo, que en esto los monarcas ingleses han andado siempre un paso o ciento por delante, desde la firma de la Carta Magna (1), en eso de respetar la soberanía del pueblo.

Por estos pagos el que sí utiliza el plural mayestático es nuestro seleccionador nacional, el bueno de Vicente del Bosque, pero incumple una de las condiciones, no usa el “nos” sino el “nosotros” y me ha dado que pensar. Así que me he ido a la Wikipedia y he visto que existe otro tipo de plural, el de modestia o pluralis modestiae, este plural casa más con la personalidad del personaje, se usa cuando el hablante quiere diluir  el mérito de lo que cuenta en un hipotético grupo que en realidad no existe. A decir verdad, cuando Iniesta marcó aquel gol maravilloso en Johannesburgo, yo habría tratado a Del Bosque - de haberlo tenido cerca - de majestad, santidad o sursuncorda.

A riesgo de hacer un poco más larga esta justificación me gustaría realizar otra aclaración antes de entrar en materia, sobre todo para aquellas personas que no tienen la dicha de trabajar en una organización burocrática y no tienen el placer de conocer sus mecanismos internos. Una organización burocrática para que merezca tal nombre debe cumplir ciertos requisitos (2), quizás el principal sea que se debe respetar el principio de jerarquía. Los puestos de trabajo se organizan en función de una escala de mando, en el que cada nivel es subordinado del nivel superior. La jerarquía va en el ser de la burocracia, si no hay jerarquía en una organización formal puede ser otra cosa pero desde luego no es una organización burocrática.

Otra cuestión es si esa organización jerarquizada es un caos organizativo o no existe disciplina, de manera que cuando le das una orden a tu subordinado tienes que recurrir a lugares comunes, al espíritu de cuerpo o  al rosario y rezar todo lo que sabes. Claro que existe la ventaja, en estas mismas situaciones de poca disciplina, de que cuando tu jefe te ordena algo te entra la risa.

Es curioso que muchas veces cuando los jefes encargan alguna tarea a sus subordinados utilizan la primera persona del plural. “Tenemos que hacer el informe tal” o “tenemos que buscar el documento cual”. Pero eso no significa en absoluto que el superior jerárquico vaya a tomar parte, en realidad - todos lo sabemos -te lo está encasquetando. Estrictamente este no sería el caso del plural mayestático, aunque se le parece y por eso hago uso de él en esta ley. Ni mucho menos es el caso del plural de modestia, sería de otra clase que no he encontrado en la Wikipedia (3). Así que mantendremos el título de mayestático a falta de algo mejor.

Otros jefes hay que directamente dicen “Fulanito tienes que hacer el informe tal” o “Menganita busque usted el documento cual”.

Otras personas utilizan el impersonal, “hay que hacer el informe tal” o “hay que buscar el documento cual”.

En mi opinión, después de mucho observar y de pasar por muchas situaciones diferentes, he llegado a la conclusión de que los que ordenan directamente a una persona realizar algo, en singular, directamente, están en un contexto en el que la diferencia jerárquica entre el subordinado y el jefe es muy grande, o bien, se trata de una organización con una disciplina muy fuerte en la que - aunque la diferencia de nivel no sea grande - si se guardan las formas entre niveles o, por último, la personalidad del jefe es muy fuerte y le importan muy poco los sentimientos que pueda albergar el subordinado o la disciplina establecida. Si, además utiliza la fórmula del usted, quiere remarcar la diferencia de estatus que existe entre ambos y reforzar la autoridad.

En el caso del uso de la primera persona del plural el superior pretende, aunque sea sólo de forma léxica, integrarse con la persona o personas que van a llevar a cabo el trabajo en una especie de equipo. Se trata de una forma más democrática de actuar, normalmente, en entornos jerárquicos con poca diferencia de nivel u organizaciones con poca disposición a la disciplina, o bien si no se dan estas situaciones, que el jefe es un calzonazos y se le hace más fácil ordenar de esta manera.

Cuando se usa el impersonal es porque la diferencia jerárquica es práctica o completamente inexistente, o bien, existe poca o ninguna disciplina y no se puede ordenar nada de forma explícita. Se lanzan al espacio aéreo este tipo de pseudo-órdenes en la esperanza de que alguien recoja el testigo ya sea por profesionalidad, por vergüenza torera o por estulticia manifiesta.

Esta esperanza, la mayor parte de las veces queda frustrada, pues no es fácil encontrar a un profesional, un torero con suficiente vergüenza o alguien tan tonto como para presentarse voluntario, esta es la razón principal por la que las organizaciones tienen una estructura más o menos jerárquica con mayor o menor disposición a la disciplina.


Juan Carlos Barajas Martínez

Notas:

(1)  La Carta Magna es un documento que la nobleza británica hizo firmar a Juan Sin Tierra en el siglo XIII en el que se limitaban los poderes del soberano y se la considera como un antecedente del constitucionalismo.
(2) Max Weber ha sido el teórico principal de la burocracia. Los requisitos que debe cumplir una organización para ser burocrática según este autor son:

  1. Consiste en una organización continua de funciones (cargos) oficiales limitadas por reglas.
  2. Cada cargo tiene un grupo de competencias limitado.
  3. Los cargos están organizados de manera jerárquica
  4. Los cargos llevan aparejados unas cualificaciones técnicas que requieren de preparación o formación específica
  5. Los empleados que ocupan estos cargos no son propietarios de los mismos, no los pueden vender ni heredar ni dejar en herencia, tampoco son dueños del material que usan en su trabajo.
  6. Todos los actos administrativos están regulados por normas escritas.
  7. Los empleados  ocupan sus cargos tras haber superado un proceso de selección en el que han tenido en cuenta sus capacidades y no por adscripción a un determinado grupo social o por clientelismo.
  8. Los ascensos a posiciones superiores dependen de su competencia demostrada y de su antigüedad en la organización.
  9. Tienen como principal o única fuente de ingresos el salario que reciben según su posición en la organización.
  10. En su relación con sus clientes las burocracias aplican normas universales e impersonales con el fin de conseguir un funcionamiento predecible, eficaz, sin favoritismos ni decisiones arbitrarias
En mi artículo "burocracia y organizaciones burocráticas" existe una completa definición de la burocracia y de las organizaciones burocráticas.


(3) Según la Wikipedia existiría una tercera clase de plural que es el plural de autoría o pluralis auctoris pero sería el menos parecido al tema que tratamos pues el jefe no quiere ser autor de nada.

Autor: Omar, Fuente: Lenliblog


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El mañana me pertenece



Tomorrow belongs to me - El mañana me pertenece

Hace tres semanas publiqué un artículo, ¿Una elegía a la inteligencia o una oda a la pobreza intelectual?, en el que comenzaba hablando de la novela 1984 de George Orwell, en la que se describe al Estado totalitario perfecto. Perfecto no en el sentido positivo de la palabra sino en el sentido de que su funcionamiento como totalitarismo era de una eficacia perfecta, implacable, sin piedad, inmiscuyéndose en todos los aspectos de la vida social y en la psicología de los individuos. Imposible luchar contra ese Estado, imposible derribar el orden que establecía.

Orwell, en la misma novela, cita dos experimentos previos al Estado del Ingsoc – el partido totalitario contracción de socialismo inglés -, el nazismo y el estalinismo. Y señala el fallo en el sistema que impusieron y que supuso su fin: el Estado super totalitario no debe estar constituido sólo por su aparato represor sino que también debe formar parte de él el movimiento de resistencia, debe organizarlo, dirigirlo y mantenerlo.

Como señala Orwell (1) en su novela, el estalinismo fue más allá en su refinamiento que el nazismo. El nazismo fue como una explosión, se expandió hasta un límite y se contrajo con la misma fuerza, en parte porque se metió con todos al mismo tiempo sin considerar sus propias fuerzas. Stalin fue mucho más artero, más maniobrero, por eso murió en su cama, y la Unión Soviética tardó mucho en quitarse sus métodos y hábitos, si es que alguna vez llegó a superarlos.

Siempre me ha llamado la atención el fenómeno del nazismo. ¿Cómo aquella panda de inmorales se pudo colocar en la cima de un Estado moderno y civilizado? y, por otra parte, ¿qué fue realmente el nazismo?, ¿cuál fue su esencia más allá de la descripción de su delirante ideología?. De la primera pregunta tratan montones de ensayos, novelas y películas; de la segunda no he encontrado muchas respuestas.

El nazismo llegó al poder en Alemania por una concatenación de causas, algo así como cuando después de un accidente de aviación los técnicos descubren una serie de fatalidades que puestas en secuencia llevaron al desastre pero cada una por separado no habría pasado de ser un simple incidente. Lo mismo podemos decir del desastre histórico que supuso el nazismo.

Sin las condiciones draconianas y humillantes que se impusieron a Alemania en el Tratado de Versalles (2).  Sin ciertas características de la cultura alemana como su nacionalismo, sus mitos culturales o el militarismo prusiano. Sin el irracionalismo filosófico alemán (3) y sin el evolucionismo (4) del siglo XIX malentendidos o malévolamente interpretados. Sin el miedo al comunismo y a la revolución bolchevique. Sin la crisis económica galopante que llevó a la sociedad alemana a soportar en 1932 un 30% de desempleo y a la hiperinflación  que llegó a 1.000.000.000.000%  en 1923. Sin el antisemitismo que reinó durante siglos en toda Europa. Sin la inestabilidad política de la República de Weimar. Sin todas estas circunstancias, el nazismo no habría llegado al poder. Pero lo hizo y, además, ganando tres elecciones generales sucesivas (5). Y una vez conseguido el poder y fallecido el Presidente Von Hindenburg – única figura política que podía hacerle sombra – Hitler usó ese poder para eliminar toda oposición e instaurar su régimen totalitario.

Bien hasta aquí hemos analizado de forma muy sucinta por qué el nazismo llegó al poder, pero no hemos contestado a la segunda  pregunta, ¿qué era en esencia el nacionalsocialismo?. Yo voy a intentar explicarlo, cómo no, desde la sociología, de eso trata este blog, ¿no?. Y concretamente lo voy a hacer desde la sociología de Max Weber. A aquellos lectores – que sé que los tengo porque alguno me lo dice- que se aburren cuando me pongo un pelín serio con las descripciones sociológicas pueden hacer clic aquí y se pueden saltar lo que para ellos es un rollo.

Weber estaba muy interesado en las relaciones de dominación en las sociedades humanas. Siempre a lo largo de la historia ha habido unos que mandan y otros que obedecen. La dominación la definió como “la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos”. Para Weber esta dominación puede tener un carácter legítimo o ilegítimo, según que los dominadores contaran o no con la aceptación del status quo por los dominados, es decir, si estos últimos aceptaban su relación de obediencia el carácter de la relación era legítimo y Weber denominaba a dicha relación como “autoridad”. Es importante resaltar que Weber no está hablando sobre si lo legítimo es bueno o malo, sino sobre si es aceptado o no aceptado.

Weber consideraba que las formas de autoridad que se han dado a lo largo de la historia de la humanidad se pueden clasificar en tres tipos ideales. La autoridad tradicional, la autoridad carismática y la autoridad legal.

Max Weber 1864-1920
La autoridad tradicional se basa en la pretensión de los líderes y en la creencia, por parte de sus seguidores, de que existen virtudes en la santidad de las normas antiguas y en los poderes que encarnan esas tradiciones. El feudalismo entraría dentro de este tipo ideal.

La autoridad carismática se presenta cuando un grupo de seguidores definen a su líder como carismático, esto es, le otorgan cualidades sobresalientes – incluso sobrenaturales - aunque no las tenga en la realidad. Se da este tipo de autoridad en grupos religiosos sectarios.

Relación de Dominación
Legitimación
Organización
Funcionarios
Carismática
Cualidades excepcionales del líder
Inestable e indeterminada
patrimonial
seguidores
Tradicional
Creencia en las tradiciones del pasado
patrimonial
servidores
Legal
Creencia en el orden legal
burocrática
Burócratas profesionales
Esquema relaciones de dominación weberianas

En cuanto a la autoridad legal, descansa en una creencia en la legalidad de las ordenaciones establecidas. La autoridad legal puede tomar gran variedad de formas pero lo que Weber consideró como el tipo más puro de ejercicio de la autoridad legal fue la burocracia. La burocracia sería la expresión de un proceso más amplio de racionalización del mundo, que ha ido evolucionando a través de la historia. Esta evolución, que afectó a todas las áreas de la vida social desde la religión hasta la música, se habría manifestado sobre todo – según Weber - en el mundo occidental.

La burocracia en sociología carece del sentido peyorativo que se le da en el lenguaje usual. En el habla de la calle la burocracia es sinónimo de exceso de formalismo, de hacer trámites sin sentido, redundantes, tediosos o de resultado incierto. De este modo, la burocracia es el “vuelva usted mañana”, tan español él, que describiera Mariano José de Larra en los primeros años del siglo XIX. Representa también la ineficacia y, por supuesto, la ineficiencia atribuida casi siempre a la administración pública; en última instancia, la burocracia en el lenguaje común es sinónimo de administración pública, dejando de lado la aplicación del término a las empresas privadas y organismos no públicos, como si éstos estuvieran alejados  de tales males y sólo lo público mereciera tal vilipendio.

Por tanto, podemos apreciar dos diferencias importantes entre el concepto sociológico de burocracia y la idea que de la misma está presente en la ideología preponderante en nuestra sociedad: en primer lugar que la burocracia no es un sistema ineficaz en si mismo y, en segundo término, que no se circunscribe únicamente a la administración pública, baste recordar la burocracia existente en las grandes empresas o en la Iglesia.

¿Y todo esto qué tiene que ver con el nazismo?, Pues ahí vamos. Los nazis elevaron a Hitler a la categoría de líder carismático con cualidades sobresalientes. Era casi una religión con un dios vivo e histriónico, al que se atribuían – a través del culto a la personalidad – cualidades sobrenaturales. Era el hombre que la Providencia había puesto en el camino de Alemania para salvarla y era adorado como un dios germánico. Y a quien todavía le quepa alguna duda no tiene más que ver el famoso documental de Leni Riefensthal “El triunfo de la voluntad” (6) – es muy fácil pues está en Youtube -  para ver en toda su salsa la liturgia nazi. Por cierto, en su discurso a las Juventudes Hitlerianas se ve claramente que no engañaba a nadie, que les iba a pedir hasta la última gota de su sangre, como finalmente hizo durante la toma de Berlín.

Lo curioso es que esta autoridad carismática se puso al frente de un Estado burocrático avanzado, uno de los más avanzados de la época, y usó esa maquinaria burocrática para sus fines (7). Los medios de comunicación para la propaganda, la eficacia burocrática para la represión, la industria pesada para la guerra.

Por tanto, siguiendo la sociología de Weber, el nacionalsocialismo fue una mezcla de dos tipos de autoridad, la carismática en la cúpula del poder y debajo una fuerte base burocrática. Y los delirios de la cúpula en gran parte se cumplieron por la potencia de la máquina burocrática que la sustentaba, hasta que los delirios fueron tan grandes que ni el Estado alemán, poderoso entre los poderosos, pudo con ellos.

No obstante, la mejor explicación a las dos preguntas que nos hemos hecho, ¿cómo pudo ascender el nazismo al poder?, y, ¿qué era en esencia el nacionalsocialismo?, no la he encontrado en ningún libro sino en una película. Se trata de una explicación plástica, artística, que es mucho más significativa por lo que sugiere que por lo que dice. Se trata de un número musical de la película “Cabaret” (8) que se llama “El mañana me pertenece”.

La escena comienza con el canto de un joven muy ario, muy rubio y muy guapo. La canción es muy bucólica, pajarillos, abejitas, el Rin, las verdes praderas germánicas empapadas del sol del estío. Tan bucólica como el escenario, una cervecería alemana al aire libre en medio de la campiña bávara o tirolesa.

La canción va in crescendo. Empiezas a contemplar como el público se va a animando, aciertas a ver que el joven es miembro de las Juventudes Hitlerianas. La gente comienza a cantar se va contagiando del ambiente nacionalista, la canción sigue aumentado de volumen y de cadencia, entran los tambores, ya no es una canción pastoril por arte de magia se ha convertido en una marcha militar. El público toma protagonismo, los rostros se desencajan y el chico remata la canción poniéndose su gorra reglamentaria y haciendo el saludo fascista.

Todo el mundo ha participado, todos a excepción de un señor mayor que ya ha vivido esto otras veces, otras llamadas a la belleza de la patria y otras proclamas a defenderla y a hacerla más grande. Probablemente ya vio la guerra franco-prusiana y, seguro, que ya vivió la Primera Guerra Mundial y ya no se cree nada, y hace gestos como diciendo, ¿pero dónde vais otra vez?.

El nazismo se encontró con el apoyo de la aristocracia tradicional y de la aristocracia del dinero y la industria, pensaban que serían muy útiles para sus fines y que se dejarían manejar fácilmente.  El personaje que interpreta Michael York le dice al aristócrata –interpretado por el actor alemán Helmut Griem -cuando la canción acaba, “¿sigues pensando que les parareis los pies?”. Evidentemente no se los pararon, hay más de sesenta millones de tumbas que así lo atestiguan.



Juan Carlos Barajas Martínez

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vídeo del número musical "Tomorrow belongs to me"

Notas:

(1)    Orwell conoció de primera mano la represión estalinista durante la guerra civil española. Fue miliciano del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), partido minoritario de tendencia trotskista, que fue purgado por los agentes de la NKVD de Stalin. El Secretario General del POUM, Andrés Nin, fue asesinado. El mismo Orwell se libró por muy poco.
(2)    Max Weber fue uno de los comisionados de la delegación alemana en los trabajos del Tratado de Versalles. Adoptó una postura crítica contra el tratado postulando que Alemania no podría pagar las sanciones impuestas por los aliados y criticó a la República de Weimar por aceptar el tratado.
(3)    El irracionalismo designa genéricamente a las corrientes filosóficas que privilegian el ejercicio de la voluntad, la individualidad y los impulsos vitales por encima de la comprensión racional del mundo objetivo. Tuvo especial importancia la corriente alemana surgida en el siglo XIX en oposición al pensamiento de Hegel y cuyos autores más destacados son Arthur Schopenhauer y Fiedrich Wilhem Nietzsche. Según Sabine, aunque el fascismo y el nacionalsocialismo no eran filosóficamente valiosos, constantemente trataron de elevar su nivel haciendo referencias al pensamiento irracionalista y se jactaron de su afinidad con dicho movimiento.
(4)    En el evolucionismo se encuadran una serie de teorías filosóficas, sociológicas y antropológicas desarrolladas a partir del éxito del evolucionismo biológico de Darwin. Algunas de ellas como la filosofía de Spencer o la mucho más reciente teoría antropológica de Marvin Harris son serias, pero otras desembocarían en una especie de pseudociencia de razas superiores e inferiores de las que bebieron los ideólogos nazis.
(5)    Los resultados en 1931 fueron: Partido Nacionalsocialista (NSDAP) 230 escaños, SPD 133 y KPD (comunistas) 77. En 1932, NSDAP 196, SPD 121 y KPD 100. En 1933, NSDAP 288, SPD 120 y KPD 81.
(6)    El triunfo de la voluntad (en alemán, Triumph des Willens) es una película dirigida por Leni Riefenstahl. Muestra el desarrollo del congreso del Partido Nacionalsocialista en 1934 (el día del Partido). La película incluye imágenes de miembros uniformados del partido desfilando  al son de marchas militares, además de partes de discursos de varios líderes nazis en el Congreso como Adolf Hitler. Fue Hitler quien encargó el filme y su nombre figura en los créditos iniciales. El tema principal de El triunfo de la voluntad es el regreso de Alemania a la categoría de potencia mundial, con Hitler como una especie de mesías que devolverá la gloria a la nación.
(7)    Max Weber también fue miembro de la comisión que redactó la Constitución de Weimar. Criticó mucho la redacción del artículo 48, en el que se establecía la posibilidad de conceder poderes extraordinarios para el Gobierno en situaciones de emergencia. Él pensaba que podía ser una vía por la que los comunistas, en un momento dado, podían tomar el poder. Al final fue Hitler el que utilizó el artículo 48 para deshacerse de la oposición. Hay que decir que el Partido Nacionalsocialista no se funda hasta un año después de estos comentarios de Weber.
(8)    Cabaret de 1972, obra maestra de Bob Fosse, protagonizada por Liza Minelli, Michael York y Joel Grey, este último en el papel de aquel enigmático y ambiguo maestro de ceremonias. Ganó 8 oscars de la Academia. Y es la historia de unos personajes, un poco huérfanos y perdidos, cuyas vidas giran en torno a un cabaret berlinés en la época del ascenso de los nazis al poder.

Cartel anunciador de la película Cabaret

Bibliografía

Historia de la Teoría Política
George H. Sabine
Fondo de Cultura Económica
Tercera edición cuarta reimpresión
Madrid 1999

Teoría Sociológica Clásica
George Ritzer
Editorial McGraw-Hill
Tercera edición
Madrid 2001

El Tercer Reich 1933-1945
Chris McNab
Editorial Libsa
Madrid 2010

Burocracia y Organizaciones Burocráticas
Juan Carlos Barajas Martínez
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